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Por fin había llegado el día de su boda, tan solo en un par de minutos saldría al altar a contraer matrimonio.
Sus damas se encargaban de arreglar los últimos detalles, ¿se encontraba emocionada?, claro que lo estaba, pero no por las razones que todos creían.
Intentaba reprimir una pequeña risa al escuchar a sus damas hablar con gran emoción de lo afortunada que era, si ellas supieran.
-Te ves hermosa, hermana- La dulce voz de su hermana menor, la sacó de sus pensamientos y rápidamente dirigió su mirada a ella, sonriendo al verla vestida con un bonito vestido color lila.
-Gracias... Chicas ¿Les importaría dejarnos unos momentos?- Preguntó con suavidad, mirando a sus damas, quienes de inmediato asintieron y se retiraron de la habitación.
Una vez solas, ambas hermanas se dieron una sonrisa de complicidad.
-¿Crees que aún están aquí?- Pregunto curiosa Sofía, a lo que Leonor tan solo negó con una sonrisa.
-Ahora mismo ambos deben estar lejos, lo suficiente como para que no los encuentren-
-Dios, ya quiero ver las caras de todos, se hará un gran escándalo...-
-Lo sé, y es por eso que debo dar mi mejor actuación de novia abandonada...- Una risita escapó de los labios de ambas chicas, a pesar que muy en el fondo temían que todo lo que habían planeado sefuera al caño.
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El momento de salir llegó, y con él los nervios de todos los presentes, sobre todo de los actuales reyes y padres de su prometido.
Leonor se encontraba en la entrada de la iglesia acompañada de su padre, quien parecía furioso.
-Debe estar por llegar, padre... Solo esperemos unos minutos más, quizás hubo un contratiempo-
-Cariño, llevamos esperando más de 20 minutos, además no hay noticias de él, ni de su guardaespaldas-
-Debe haber una razón... Voy a llamarlo- Sin esperar alguna respuesta, se alejó de su padre, solo para marcar el número de su prometido.
Tal como lo pensó este no estaba disponible, marcó un par de veces más.
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Una hora había pasado y no había rastro del novio, todos los invitados se encontraban asombrados, murmuraban entre ellos lo obvio.
Los reyes y los padres del novio estaban más que furiosos, intentaban por todos los medios contactar con él.
El revuelo no se hizo esperar, la princesa aprovechó esto para escapar a su habitación, bajo la excusa de sentirse avergonzada por lo sucedido, como era de esperarse su hermana la acompañó.
Una vez en la habitación ambas chicas suspiraron alividas de haber huido del caos que se estaba generando en el gran salón.
Unos ligeros toques en la puerta hicieron que ambas se alarmaran, aunque rápidamente supieron de quién se trataba, sin hacerse del rogar abrieron la puerta dejando pasar al chico.
-Tardaste mucho Pedri- Reclamo la menor de las chicas.
-Lo siento mucho Infanta Sofía, pero fue difícil escapar de todo el revuelo, se supone que yo fui la última persona que estuvo con Gavi-
-Sabes que puedes llamarme solo Sofía, pero si, abajo es todo un caos-
-Bueno es lo normal, no todos los días dejan plantada a la futura reina- Con aquel comentario de la princesa, los tres soltaron una pequeña carcajada.
Tal y como lo decía la Princesa Leonor, no todos los días se dejaba plantado a alguien de la realeza, sin embargo su amigo Gavi nunca era bueno siguiendo las reglas y como era de esperarse, debía hacer algo grande el día de su boda.
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Por las bonitas calles de Varsovia transitaba un Ford Focus color blanco, el cual llevaba, a los que ahora mismo eran los hombres más buscados de España.
Pablo Martín Páez Gavira y Robert Lewandowski, se encontraban visitando los lugares más bellos que ofrecía la ciudad natal de Robert.
Gavi había insistido en ello y Robert no era nadie para negarse a sus peticiones.
Sabían que lo que estaban haciendo era una completa locura, pues no sólo se estaban arriesgando a ellos mismos, sino que también arriesgaban a sus amigos.
Sin embargo, lo hecho, hecho estaba, no había marcha atrás en su decisión, tanto Robert como Gavi lo tenían claro, ninguno sentía la más mínima pizca de arrepentimiento por sus decisiones, mucho menos cuando estas les estaban dando la oportunidad de por una buena vez estar juntos.
Pablo era el hijo de un importante político en España, su padre era un hombre poderoso y astuto, que no dejaba pasar ninguna oportunidad de sacar cualquier situación a su favor, incluso si está involucra a sus hijos.
Tal fue el caso que logró acordar un matrimonio arreglado entre la princesa y su hijo.
Pablo siempre había sido un espíritu libre, odiaba que las demás personas decidieran o actuarán por él, a pesar de esto, había logrado reprimir aquella parte de él solo para agradarle a su padre, aunque nunca importo lo que hacía su padre no estaba satisfecho.
El asunto del matrimonio había sido la gota que derramó el vaso, era algo que no iba a aceptar, mucho menos cuando su corazón pertenecía completamente al hombre que estaba a su lado.
Robert era el hombre de sus sueños, era quien había estado a su lado en sus peores y mejores momentos, siendo su guardaespaldas hace algún tiempo, se conocían bastante bien.
En algún punto su relación, meramente profesional, cambió, Robert se había convertido en el lugar seguro de Gavi, al español le había sido imposible no desarrollar sentimientos por el polaco, sobre todo cuando este era tan dulce con él.
Robert por su parte siempre había visto a Gavi como un chico necesitado de cariño y amor, en un inició le fue difícil no cruzar la línea que separaba lo profesional con algo más.
Lewandowski sabe que su punto de quiebre fue cuando vio al chico llorando tras una pesada discusión con su padre, ese día Robert no pudo evitar cruzar la línea y ofrecerle al menor el consuelo que tanto necesitaba.
Gavi no lo rechazó, en cambio terminó llorando en sus brazos hasta quedarse dormido. Ese día sin duda marcó una diferencia para ambos.
Fue cuestión de tiempo para que los sentimientos entre ambos crecieran hasta que les fue imposible callarlos más.
Su relación se mantuvo en secreto todo el tiempo, Gavi tenía la esperanza de poder alejarse pronto de sus padres, aunque dicha ilusión se vino abajo con la noticia de su matrimonio.
Fue en ese momento que tomó la decisión de irse, no podría vivir con eso, Leonor era encantadora, una amiga desde hace años, pero solo eso, su amiga, no era la persona con la que Gavi soñaba para pasar el resto de su vida.
Su plan al inicio fue rechazado por todos, sobre todo por Robert, quien temía por su seguridad, pero Pablo no era alguien que aceptara un "no" tan fácilmente.
Siendo así que tras unos pocos días había convencido a sus conocidos de mayor confianza para que lo ayudarán en su locura.
Lo que lo llevaba hasta su situación actual, por fin consiguió la libertad que tanto soñó y al lado del hombre que tanto amaba.
El auto se detuvo en un semáforo, en ese instante Gavi apartó su mirada de la ventanilla del auto pasándola a su pareja, quien rápidamente le devolvió la mirada.
-¿Aún quieres seguir con esto?- Preguntó en un tono serio Robert, mirando fijamente a su copiloto. Sabía que era tarde para arrepentirse, pero necesitaba confirmar una vez más que no había dudas en el menor.
Gavi rodó los ojos ante la pregunta, pero le regalo una burlesca sonrisa al mayor -Creo que es un poco tarde para decir que no-
Aquello era todo lo que necesitaba Lewandowski.
-Aún puedo llevarte y decir que te a trape escapandote de tu boda- La burla era clara en el tono del mayor, a lo que Gavi suelta una risita.
-Claro, quedarías como el héroe de la situación, solo hasta que yo abra la boca y diga que me secuestraste-
-Técnicamente es lo que estoy haciendo, secuestrando al prometido de la Princesa Leonor-
-Y al casi príncipe de España- Agregó con gracia.
La suave risa de Robert lo hizo sonreír y animarse a robarle un casto beso, dicho beso fue correspondido casi al instante.
Al separarse, con delicadeza el español llevó sus manos a las mejillas del polaco, tomando su rostro de forma suave, para que lo mirara fijamente a los ojos.
-Te amo Robert, y nada cambiará eso- Seguro de sus palabras, el menor dejó un nuevo beso en los labios ajenos, sellando aquella sincera confesión.
Sin duda lo que habían hecho era una locura, pero estaban juntos en ella y eso era lo que importaba.
El semáforo por fin cambió y dejó que los autos siguieran su camino, aquel Ford Focus blanco continuó recorriendo las calles de Varsovia con la pareja de amantes, aún tenían tiempo antes de su próximo vuelo.
Alemania sonaba como un lugar agradable para vivir durante algún tiempo, Robert tenía buenos conocidos en ese país, que sin duda los ayudarían, Y Gavi estaba emocionado por conocer el país.
