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Aioria se quedó en estado de shock, todo sucedió más rápido que un ataque suyo a la velocidad de la luz. Athena le había encomendado una misión junto al caballero de Capricornio con quién había retomado su amistad recientemente, luego de que Athena los regresará a la vida como un pago a su valiente acción de dar sus vidas por la de ella.
El quejido lastimero de Shura lo sorprendió, temió haberlo golpeado mientras trataba de eliminar a su enemigo, pero el escenario frente a él era más horroroso que haberlo dañado con su "plasma relámpago".
El enemigo estaba muerto a unos escasos centímetros donde se encontraba Shura sosteniendo su cuello.
Incrédulo, llegó hasta el pelinegro, que estaba arrodillado en la fría nieve del norte de Siberia, donde un par de espectros al igual que ellos habían sido revividos.
Lo más sensato era que Camus o Hyōga se encargaran de esa misión, sin embargo ellos dos fueron llamados por Athena y como tal debían obedecer sus órdenes sin objetar nada en contra.
La poderosa Excalibur exterminó a tres de los cinco espectros y Aioria se encargaba del quinto y último espectro con vida, cuando todo sucedió a una velocidad mayor a un parpadeo.
—¡Oh, no…!
El león dorado negó rotundamente con la cabeza al descubrir la herida en el cuello del español que por primera vez en mucho tiempo luego de lo ocurrido en Asgard estaba a punto de soltar sus lágrimas al sentir que la poca dignidad que le quedaba se iba al completo carajo al haber sido mordido por un espectro.
El líquido rojo se esparce por su cuello, manchando la sagrada armadura divina de Capricornio, sus ojos verdes observan las pequeñas gotas que caen sobre la nieve. Eso le trae recuerdos dolorosos de sus entrenamientos en las gélidas montañas de los Pirineos donde su sangre impura manchaba el manto blanco de la capa de nieve.
—Esto no puede estar pasando.
Aioria se quitó la armadura, solo para romper su camisa, tomar un poco de la fría nieve y llevarla directamente a la herida del décimo caballero para reducir el dolor, evitar la hinchazón y los moretones.
Para este momento, Shura ya estaba llorando, se sentía sucio y miserable.
Como Omega, que un Alfa externo a sus deseos lo mordiera significaba más allá de lo que alguien pudiera imaginar pues sus derechos eran pasados por alto y se rebajaban a nada. Un Omega mordido por un Alfa indeseado significaba su deshonra y la reducción de su valía ante la sociedad.
Shura ya había cometido tantos errores a lo largo de sus años que ya nada importaba y ahora lo único que verdaderamente lo hacía valer, se había esfumado.
—Debemos regresar al Santuario lo antes posible, Athena seguramente puede ayudarte.
Pedir más misericordia de su Diosa lo haría ver como un aprovechando, Athena ya le había devuelto la vida y perdonado cada uno de sus pecados como para pedirle además de eso remover la reciente marca de su cuello.
—No le tomes importancia, Aioria.
Estaba marchitó, su vida ya no tenía sentido después de sentirse engañado por trece años.
Aioria se preocupa, su amigo es quien sufre y no solamente él… Cuando Aioros se entere de lo que le pasó al cabrito también sufrirá.
Es un secreto a voces en todo el Santuario que su querido hermano, Aioros alberga sentimientos por el décimo caballero, un secreto que solo el león dorado sabe que es verdad.
—Lo tomaré con la importancia que se merece, Shura. Sé lo que significa que estés en esta situación y créeme si estuviera en mis manos yo removería esa marca.
El sufrimiento es visible en los ojos del hispano, así como la rabia y la impotencia que siente. Excalibur puede quitar ese trozo de carne infectada por los caninos de una escoria, pero también marcaría su muerte.
El león le da su espacio no hablando más de lo necesario y esperando a que dé su consentimiento para retornar al refugio de Athena.
—Es suficiente Aioria. No tienes que devolverme el favor de salvar tu vida de la propia ilusión mía que creaste en Asgard.— sus pálidas manos apartaron al castaño casi rubio.
—Creeme Shura, no te estoy devolviendo el favor.
Por supuesto que no lo hacía, había una razón más grande detrás de brindarle su ayuda pura y sincera.
—¿Entonces?
—Descúbrelo por tu cuenta.— alzó los hombros.
El segundo ángel del Santuario se puso de pie, para Aioria era un gran misterio que las armaduras divinas de Aioros y Shura se parecieran tanto por el detalle de las alas, obviamente eran compañeras, pero de igual manera no dejaba de ser un enigma. La armadura de Saga también tenía ciertos aires parecidos con alas dobles, pero no, era sumamente incomparable con la de esos dos tontos que en un pasado se reunían con él como una familia.
—Regresemos al Santuario y de esto ninguna palabra a nadie.— advirtió el pelinegro, limpiando sus lágrimas y volviendo a poner su rostro serio como si nada hubiese pasado en ese corto instante.
Ante la mirada afilada, el león no pudo argumentar ni una sola palabra más por lo que con la misión totalmente cumplida, los dos brillaron como dos cometas en el cielo y a la velocidad de la luz regresaron al Santuario.
Frente a Athena ambos caballeros presentaron su reporte, ambos vistiendo sus respectivas armaduras, ninguno sintió una energía superior a la de los espectros.
Shaka mostró su rosario de 108 cuerdas regresando completamente a su tono oscuro mostrando que los espectros fueron derrotados por completo y que las estrellas de Hades que poseyeron a las pobres víctimas humanas finalmente estaban selladas nuevamente en su totalidad.
Tal y como se le advirtió. Aioria omitió mencionar algo al respecto sobre la mordida que Shura había recibido en Siberia. Sin embargo, antes de salir del décimo tercer templo, el español colapso sobre la alfombra roja de terciopelo.
Shaka que todo ese tiempo permaneció con los ojos cerrados al lado de Athena y del patriarca Shion, se dignó a abrirlos mostrando su tono azul como las aguas del mar Egeo.
—Les faltó mencionar algo, Aioria.
El hombre más cercano a Dios fue más rápido que él para auxiliar a Shura, cosa que resultó en el descubrimiento de la marca realizada por el espectro.
—Yo lo siento Athena, Shura me pidió guardar silencio.
Los ojos del león dorado observaron a su diosa que curiosa por lo sucedido se acercaba lentamente a su Santo más "leal".
Shura es el caballero más fiel a su disposición, tanto así que si pidiera besar sus blancas zapatillas, lo haría sin argumentar nada en contra.
—Tiene fiebre, Athena. Su cuerpo está rechazando la mordida en su cuello.
Saori, la reencarnación de la diosa Athena que había herido a Hades de muerte y la que ahora gobernaba la Tierra y el Infierno, encendió su cosmos.
—¿Qué pasó, Aioria?— esa voz fue de Shion quien antes de que Athena tocará el cuerpo del caballero le quitó la armadura con el simple toque de sus dedos.
—Yo estaba luchando con uno de los espectros y este se movió tan rápido que no pude verlo y atacó a Shura. Cuando ambos nos dimos cuenta, ese infeliz ya había clavado sus dientes.
Aioros quien iba a informarle a la Diosa Athena sobre el estado del caballero de Pegaso, escuchó perfectamente las palabras de su hermano menor.
La furia creció en su interior, apartando a Shaka del Omega inconsciente y dejando a todos esperando una explicación que no era sumamente necesaria.
La diosa de cabellos lilas sonrió tranquilizando al intrépido Alfa que se atrevió a tomar entre sus brazos al joven pelinegro.
—Su mismo cuerpo rechaza la marca.
Sagitario sintió la temperatura elevada en el cuerpo contrario. —Tiene fiebre.
—No hay una unión, su cuerpo la rechazó. La mordida en su cuello puede tratarse como la mordida de un perro rabioso, se debe desinfectar adecuadamente, en unos días cicatrizará y…
Athena tocó la herida, su cosmos impidió que la sangre siguiera saliendo de los agujeros en el cuello de Capricornio.
—Después me pones al tanto del avance que hayas visto en Seiya, por ahora llévalo hasta su templo y coloca un parche curativo sobre la mordida. No te preocupes, después de tres días no quedará ni una sola marca sobre su piel debido al cosmos que he utilizado y a su sistema inmunológico.
Las palabras de la diosa son dirigidas a Aioros quien asiente tomando al Omega desmayado en brazos y se dirige a la salida.
Aioria que siente que le debe una explicación va detrás de él con la caja de Pandora de la armadura de Capricornio en sus manos.
Por suerte para el Sagitario, Afrodita de Piscis y Camus de Acuario no están en sus respectivos templos por lo que nadie más se entera de lo que le ha sucedido al hombre que alberga el templo de la cabra montés.
—Lo siento, Aioros. Debí protegerlo en todo momento de nuestra misión, yo sé cuán importante y valioso es él para ti.
Deja la armadura al lado de la estatua de la diosa Athena y sigue a su hermano a través de las escaleras que los llevan al segundo piso de la casa de Capricornio donde se encuentra la habitación de Shura.
—No tienes por qué pedir disculpas, Aioria. No es tu culpa, después de todo fue un espectro buscando venganza con uno de nosotros.— responde dejando el cuerpo del guapo hombre sobre su lecho. —Yo soy el que lamenta no haber estado con él en ese momento. Se lo prometí. Le dije que lo cuidaría con mi vida para que nunca más volviera a sufrir. Shura aún carga con las cadenas que unen nuestro pasado.— con ternura acaricia el sedoso cabello rebelde del Santo. —Ve a descansar de tu misión, yo tomaré esto en mis manos como Athena me lo ha ordenado.
Incluso si la diosa no se lo ordenará, él lo haría.
—Aioros, sé claro con tus sentimientos y no tengas temor de expresarlos. Si Shura hubiera estado vinculado a ti ahora…
—Gracias por el consejo hermano, pero decirlo es más fácil que ponerlo en práctica.
Aioria se da la media vuelta y se marcha dejándolo solo con el amor de su vida que poco a poco va abriendo sus ojos dejándolo observar ese precioso color verde olivo.
—Prometí que te cuidaría y que no dejaría que nadie más te hiciera daño con mentiras o engaños, lo cual lo estoy cumpliendo, pero nunca conté con que algo como esto pasaría. Gracias a Athena no quedará ninguna cicatriz que te recuerde esto y por fortuna la mordida fue realizada lejos de tu glándula de aroma.
Shura lo observa, sus ojos no tienen ese brillo característico y afilado de siempre.
—¿Dónde estoy?
Toma asiento en la cama.
—Estamos en tu habitación.— pese a su furia, todavía puede ser suave y amable con el chico. —Descuida, yo me encargo.
—¿Y Aioria?
—En su templo.
Shura baja la mirada, no puede ver al Alfa a los ojos por más tiempo, ya que tiene miedo de ver como se convierte su dulce mirada en una llena de decepción, otra vez por su culpa.
—¡Ey, no!— toma su mentón. —No te culpes por esto, eres un caballero de Athena y estás expuesto a estos peligros.
—Olvide ponerme el collar de protección, pensé que mi armadura me protegería.
—Y lo hizo, por eso la mordida no llegó al lugar donde debía.
Está haciendo un gran esfuerzo para controlar todo lo que siente por dentro sobre todo controlando a su Alfa que le grita internamente que borre esa marca y haga la suya propia en ese cuello blanco.
Con el dorso de su mano toca la frente y mejillas del Omega. —Sigues teniendo fiebre y es mejor que comience a limpiar esa herida antes de que se infecte o generé más problemas a tu salud debido al rechazo de tu cuerpo.
Los ojos verdes siguieron su figura hasta que salió de su campo de visión, este no era un momento para actuar de manera celosa, pero sentía su sangre hervir al ver al joven Capricornio sufriendo por aquella mordida. De manera rápida tomó lo que necesitaba para bajarle la fiebre y el botiquín de primeros auxilios donde Shura guardaba las cintas curativas que solía utilizar para cubrir los cortes cuando entrenaba con su poderosa Excalibur.
—No tienes que hacer esto, yo puedo encargarme.— replicó al sentir el paño frío que era colocado sobre su frente.
—Acordamos en que no te ibas a negar a mi presencia.— sumerge los demás paños de tela que encontró para después exprimirlos y ponerlos en los puntos claves como axilas e ingles. —Shura, déjame cuidarte como hace trece años no pude.
La razón de sus palabras solo era por lo acontecido en el pasado donde Shura se vio envuelto en una red de mentiras en su contra.
—Es que no es necesario y no tienes ninguna responsabilidad conmigo, debes ocuparte de los asuntos de Athena.
—Lo haré cuando vea que estás mejor.
Limpió la herida con agua y con jabón constantemente empapando otro paño, cuando sintió que era suficiente secó el área para poner un ungüento antibacteriano, colocar una gasa estéril y finalmente un parche adhesivo.
—Gracias.
Para Aioros es volver en el tiempo atrás cuando curaba los raspones de sus rodillas.
—No es nada, por ahora descansa y no te preocupes por nada. Todo esto solo será parte de un mal recuerdo.— acaricia su mejilla derecha.
—Yo siempre tengo que vivir con ellos, ya debería estar acostumbrado.
—No quise que lo tomarás de esa manera, me refería a…
—Entiendo, no necesitas darme más explicaciones.
Aioros deja un suave beso en la frente del azabache, no logró controlar ese pequeño impulso de hacerle saber que quiere procurarlo para siempre.
—Cuando todo esto pase, quiero hablar contigo Shura.— sus mejillas se ruborizan.
Declararle ahora mismo sus sentimientos sería algo cruel para ambos.
Shura podría pensar que sus palabras solo eran un efecto secundario de los delirios de su fiebre, por ello prefería que el Capricornio estuviera en sus sentidos lúcidos, además eso sería más reconfortante para ambos. —Iré a traerte un vaso con agua.
El décimo guardián del templo de la cabra montés cerró sus ojos, divagando en medio de sus pensamientos.
Un sentimiento cálido se instaló en su pecho, que Aioros lo ayudará a tratar la mordida de otro Alfa solo le hizo pensar en cómo se comportaría el Sagitario si la mordida hubiera venido de sus caninos hasta su cuello. ¿Sería más amable? ¿Se quedaría con él o simplemente se comportaría de la misma manera en la que ya lo está haciendo?
En el fondo desea que esa marca sobre su cuello hubiera sido hecha por el Sagitario, su cuerpo la recibiría gustoso y podría presumirla con galantería.
—Regresé.
Sus mejillas tomaron un bello color escarlata, pensar en aquel escenario era un pecado teniendo al fornido Alfa a escasos centímetros.
Bebió del vaso que Aioros puso sobre sus labios, sinceramente estaría eternamente agradecido con sus atenciones luego de haber obtenido su indulgente perdón.
—Puedes quedarte un poco más.
Su voz débil detuvo al castaño que estaba a un paso de poder abrir la puerta para irse. Deseaba su compañía.
—Todo el tiempo que lo desees.
Y así fue, Sagitario se quedó a hacerle compañía hasta que sus párpados se cerraron por el cansancio, es un Santo de Athena, pero todavía su cuerpo es como el de cualquier otro ser humano.
Aioros finalmente sale de Capricornio para regresar hasta el templo de Athena para darle los progresos que ha tenido el caballero de Pegaso después de ser herido por la espada de Hades, progresos que son casi nulos. Cuando la Diosa lo despide él regresa nuevamente hasta el décimo templo.
—Lo siento Aioros, no puedo ayudarte con ello, todas las flores que crecen en mi jardín son venenosas.— contesta el doceavo caballero que se encarga de regar las flores de su jardín. —Sin embargo, puedo recomendarte una florería de Rodorio si deseas hacerle un presente a la señorita Athena.
—¡Oh! No son para la diosa Athena.
Afrodita arquea su ceja derecha, pero tampoco trata de inmiscuirse en los asuntos privados del Sagitario, así que solo le indica dónde se encuentra la dichosa florería.
—Afrodita… de casualidad, ¿Conoces las flores favoritas de Shura?
Piscis oculta su sonrisa, él no buscó la información al contrario la información llegó por sí sola de la boca de Aioros. —Suerte con ello Aioros, porque nadie en todo este Santuario conoce los gustos de la cabra dorada, Shura es un misterio para muchos.
Sin haber obtenido los datos que necesita, Aioros baja a Acuario donde Camus y Milo sostienen una conversación que gira en torno a las guerras que ha librado el Santuario y sin querer interrumpirlos cruza el templo hasta llegar a Capricornio, donde Shura está recargado en una de las columnas, observando el paisaje a lo lejos.
Han pasado cuatro días desde el accidente, la mordida ha desaparecido por completo gracias al cosmos que la diosa Athena empleó y por ende el parche adhesivo se ha ido por completo.
—Extrañas las montañas cubiertas de nieve en los Pirineos, ¿Cierto?
Esa mirada afilada de tono verde lo observa. —Han pasado tantos años que no puedo recordarlas con exactitud, así que no puedo extrañar lo que no recuerdo por completo.
Un suspiro sale de sus labios, al menos a él en trece años no lo olvidó.
—Recuerdo que mencionaste que querías hablar conmigo cuando estuviera mejor… Ahora lo estoy.
No podía hacerle esto, tenía las manos vacías y el collar que siempre usó, Athena se lo había dado a Aioria y el tonto de Aioria se lo dio a Lyfia.
—Podrías esperarme hasta el atardecer, necesito atender un asunto que requiere mi presencia.
—No tengo otra opción más que esperarte, así que en ese caso te estaré esperando para la cena.
Las palabras de Shura son reconfortantes para su alma, si el caprino acepta sus sentimientos esas últimas palabras suyas podrían repetirse todos los días, lo cual sería una gloriosa bendición.
—Seré puntual.
Se despidió y continúo su camino ascendiendo por los demás templos que le faltaban para llegar a la florería que el caballero de Piscis le había recomendado.
Ya en la florería sus ojos observaron todo tipo de flores diferentes así como colores y olores, pensó en Shura e inmediatamente su vista viajó a las rosas de una tonalidad parecida al de las flores de lavanda, el vendedor le dio el significado que estás tenían y no pudo estar más de acuerdo con elegirlas para que las arreglaran adecuadamente en una cajita en forma de corazón, una elección demasiado cursi de su parte, pero confiaba en el proceso de que a Shura le gustará tal detalle.
El alto precio de las flores debido a la rareza del color no le importó pagarlo, deseaba lo mejor para aquel ilustre caballero que estaba demasiado metido en su corazón y pensamiento.
La puesta de sol ya se hacía presente en el horizonte así que regresó lo más rápido que pudo.
—Te has decidido, hermano.
Aioria lo detuvo en el quinto templo solo para decirle aquello y después dejarlo ir.
En la décima casa, frente a la majestuosa puerta Shura lo esperaba y sus nervios se hicieron evidentes.
Desde Rodorio hasta Capricornio estuvo pensando en su declaración y ahora que por fin estaba frente al hombre dueño de sus desvelos, las palabras se iban.
—Entremos.
No, antes de entrar y degustar su comida, primero debía exponer sus sentimientos.
—Desearía que primero habláramos, después de lo que te diga no sé si seré bienvenido en tu templo.
—¿Es algo grave?— su expresión facial demostró su preocupación.
Sagitario redujo la distancia. —Nada de eso.— sus nervios lo obligan a sonreír. —Esto es para ti.
La forma de la caja causa extrañeza en el rostro del español, pero aun así se toma su debido tiempo para desatar el moño de la caja color blanco.
—¿Rosas moradas?
—Cuando alguien no encuentra la manera de expresarse deja que las flores hablen por si solas.
Los ojos verdes brillan como dos gemas preciosas, Aioros comprende que debe seguir hablando porque Shura no entiende el lenguaje de las flores.
—Yo era solo un niño al igual que tú cuando te conocí la primera vez, pero el sentimiento que provocaste en mi interior fue demasiado fuerte, cuando volví a verte y a tenerte a mi lado en el muro de los lamentos recordé ese momento específico en el que nos conocimos… Entonces comprendí ese sentimiento, te ame desde el primer momento en que nos encontramos, por eso mismo no podía tomar represalias contra ti.— sus palabras son su corazón hablando. —El color de estas rosas es un tono lavanda, significa "amor a primera vista" o "encantamiento" y se utilizan para expresar intenciones románticas.— sus ojos se encuentran. —También significan respeto.— el rostro pálido adquiere una suave tonalidad rojiza. —Estoy enamorado de ti, Shura.
Espera una respuesta sin desviar un solo segundo su vista del pelinegro, si va a romper su corazón está preparado.
—Es un lindo detalle y siempre le has buscado un significado a todo, Aioros.
No sé cómo después de todo lo que yo te he hecho te presentas aquí y me dices todo esto.
—Es lo que siente mi corazón.
—Y lo entiendo, comprendo tus sentimientos porque yo no soy ajeno a ellos.
La felicidad se expande por todo su cuerpo.
—¿Tú?
—Yo hubiese deseado que quien me marcará primero fueras tú.
No puede con tanto, es algo tan comprometedor hablar de ello.
—Eso significa que…
—Que me alegro de que hayas dado el primer paso como siempre.
Los dulces labios de Shura están sobre los suyos, es tan irreal el momento que puede pedirle al español que lo pellizque para comprobar que es una realidad y no solo un sueño.
Capricornio toma su mano para adentrarse al comedor de la casa, una cena los espera… Su primera cena siendo pareja, porque no necesitan preguntar sobre el estatus de su relación después de esas palabras y el corto beso que han compartido.
Shura luce aún más atractivo con esa flor morada que cuidadosamente se dedicó a colocar sobre su oreja para adornar su cabello. —Eres muy valioso para mí y sobre marcarte como mi Omega…
—Puedes hacerlo cuando gustes.— ladea su cabeza dejando a la vista su cuello ante los ojos jade. —Ten por seguro que cuando realices la curación de esa marca voy a lucir el parche adhesivo de una manera orgullosa así como la cicatriz que quede después porque estoy seguro de que mi cuerpo recibirá gustoso todo lo que quieras hacerme.
Aioros no puede estar más sonrojado por las propuestas que Shura le está haciendo en su primer día como pareja.
—Shura, no pensé que pensarías en cosas como esas.
—¿Es incómodo para un Alfa como tú que hablé de lo que estoy seguro de que pasará?
—No es incómodo, pero me estoy sonrojando.
Ambos sonríen mientras degustan la cena que el Omega preparó con la intención de que fuera del agrado del Alfa.
Solo se trataría de dos amigos compartiendo una cena, pero ahora el panorama es diferente, es una cena entre dos amantes que se aman intensamente.
•Fin•
