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LOVE CRIME ━❝ Hannibal Lecter

Summary:

𝐋𝐂: | ❝ Sobreviviré, viviré y prosperaré.

 

Tras la incursión de Abigail en el automóvil de Hannibal y su confrontación sobre una antigua fotografía, Hannibal se ve inmerso en un viaje de recuerdos que pensó haber enterrado en lo más profundo de su palacio de la memoria. Un trayecto donde la verdad, el pasado y un trágico romance lo llevan de vuelta a los tiempos pasados con la mujer a la que más amó.

 

━ Fuiste una experiencia maravillosa. ━

━ Tú fuiste.. todo. ━

 

⟪ Two-Shot ⟫ Historia de dos capítulos.

 

📍 Hannibal Series. No sigue la historia original.
📍 No es un fanfic Hannigram.
📍 Hannibal Lecter x OC Female!

Chapter 1: Parte Uno.

Chapter Text

El sol se desvanece, aproximadamente alrededor de las seis de la tarde, y Abigail colabora con Hannibal para limpiar los utensilios utilizados en la comida.

—Hannibal.— La melodiosa voz de Abigail capta la atención del hombre.

—¿Sí?— Responde mientras guarda los platos en la despensa.

—¿Alguna vez te has casado?— La pregunta toma desprevenido a Hannibal; Abigail puede ser entrometida, pero nunca imaginó que le preguntaría algo así.

—No.— Hannibal se voltea para observar a la joven.

—¿Por qué? Digo... Creo que serías un excelente candidato para el matrimonio. Apuesto a que muchas habrían deseado casarse contigo.— Abigail se apoya en la isla de mármol detrás de ella.

Hannibal esboza una pequeña sonrisa y coloca la esponja para secar a un lado.

—Ya es tarde, debemos volver.— Hannibal comienza a caminar por la cocina.

—Por favor, quiero saber.— Abigail insiste mientras lo sigue.

—Vamos, ponte la bufanda.— Hannibal se dirige hacia la entrada de su hogar, recogiendo la ropa del perchero.

Abigail frunce el ceño y se queda parada detrás de él.

—¿Pregunté algo inapropiado?— Abigail persiste.

Hannibal sonríe una vez más y mira a la joven.—No, Abigail, es hora de irnos.— Hannibal coloca la bufanda alrededor del cuello de Abigail y toma las llaves de su automóvil y de la casa.

—Encontré esto en tu vehículo.— Abigail extrae una fotografía de la bolsa de su chaqueta.

Hannibal se siente desconcertado, reconociendo con demasiada familiaridad la imagen que le provoca náuseas. Gastada, rayada y con una esquina quemada, identifica la fotografía.

Su expresión es seria, amarga; puede saborear la sangre en su boca. Sus ojos viajan de la mano de Abigail a su rostro.

—Es de mala educación tomar cosas ajenas.— Hannibal extiende su mano, esperando que Abigail le entregue la fotografía.

—¿Quién es?— Pregunta la joven, ansiosa por conocer la verdad y entender por qué Hannibal se niega a hablar.—¿Por qué está quemada?— Abigail insiste.

Hannibal comprende que Abigail no cederá, pero él tampoco lo hará.

—Vamos.— Hannibal abre la puerta y espera a que Abigail salga de la casa.

El trayecto de vuelta a casa transcurre en silencio. No puede siquiera encender la radio y sumergirse en música clásica; sus pensamientos son ruido suficiente. Desciende del auto, cierra la puerta de su casa, apaga las luces y se prepara para dormir. Entre las sábanas, cómodo pero incapaz de conciliar el sueño, su mente se ve perturbada por recuerdos.

Amelia Hitch, el nombre resuena como una dulce melodía en su cabeza, y no puede evitar repetirlo una y otra vez en voz alta. Aún puede percibir el olor de la fotografía quemándose con una vela aquella noche, recordando lo desgarrador que fue despedirse de ella.

Sus manos arrugan las sábanas, comienzan a sudar y su corazón late con fuerza abrumadora, no por felicidad, sino por tristeza y anhelo.

Recuerda su cabello rubio, largo y sedoso, el aroma a rosas que siempre la caracterizaba. También rememora el sonido de sus tacones al caminar, la forma en que se movían sus caderas y los hermosos vestidos que solía llevar.

Hannibal nunca olvidará a la única mujer que lo hizo sentir amado; jamás olvidará a Amelia Hitch.

 

 

 

No era la primera vez que la observaba; de hecho, estaba en la segunda semana en que la veía a la misma hora, en la misma mesa, con la misma comida, el mismo peinado y aquel aroma delicioso que cautivaba a Hannibal.

Sentado dos meses al frente, Hannibal observa a la mujer, pero esta vez algo es diferente: la pequeña sentada en la otra silla.

¿Quién es esa niña? ¿Qué hace aquí? ¿Por qué está con ella?

Estas preguntas invaden la mente de Hannibal. Mientras espera su cuenta, observa a la mujer, su espalda delgada y la caída de sus cabellos.

—¿Qué estás haciendo?— Puede escuchar su voz, su melodiosa voz, la forma en que ríe y mira a la niña.—¿Quieres bajar?— Hannibal está anonadado, obsesionado con ella.

Amelia toma a la pequeña entre sus brazos y la baja de la silla. La niña debe tener al menos dos años, balbucea, sus palabras no son entendibles y camina por sí sola.

Apenas sus pies tocan el suelo, corre hacia la mesa de Hannibal.

Siente sus pequeñas manos en sus piernas, tomándolo por sorpresa. Los ojos de la niña son brillantes, grandes y castaños; su cabello, de un tono castaño oscuro, está recogido en dos coletas altas.

—¡Papá!— La niña grita emocionada, viendo a un joven Hannibal.

—¡Haley!— Amelia se apresura a tomar a la pequeña en sus brazos.—¡Lamento la molestia!— Amelia se disculpa rápidamente; Hannibal no puede creer que la tenga tan cerca, que le esté hablando.

—No te preocupes, es una hermosa niña.— Hannibal esboza una tierna sonrisa que tranquiliza a Amelia, quien le sonríe de vuelta.

—Vamos, Haley.— Amelia sonríe por última vez mientras se retira a su mesa.

Hannibal piensa que la niña no es suya, tal vez sí, tal vez Haley se parece más a su padre. La simple idea de que la mujer que observa ya tenga pareja lo enoja, pero no ve un anillo en su mano, así que decide pensar que tal vez ha funcionado como niñera ese día.

Cuando la mujer se va, aún con la cuenta en la mesa, inhala el aroma a rosas que ha dejado en el lugar. Tan embriagador, tan delicioso. Esta vez, decide salir de la cafetería por su lado derecho, con pasos lentos, esperando que ella lo note, que lo mire como antes lo hizo y le vuelva a sonreír. Sin embargo, solo es la pequeña Haley quien le sonríe cuando pasa a su lado.

En su mesa hay una libreta, algunos colores y hojas con garabatos. Al lado, un café americano y, junto a la niña, un pequeño plato con galletas.

Sin ver más, sale de la cafetería y espera con suerte verla de nuevo mañana.

 

 

 

—¿Tienes información sobre ella?— Abigail le ofrece la imagen a Will, quien la recibe entre sus manos y la examina por unos segundos; la cara le resulta familiar, pero no logra recordar de dónde.

—Me suena, pero no recuerdo exactamente de dónde la conozco.— Will devuelve la foto a Abigail.—¿Por qué la preguntas?— Will indaga mientras observa a la joven frente a él.

—Es de Hannibal.— La confusión se refleja en la mirada de Will.—La encontré en su auto el otro día, no quiso decirme quién es.— La historia capta la atención de Will; no conoce a fondo al Dr. Lecter, y saber que guarda la imagen de una mujer en su auto lo intriga.

—Quizás sea algún familiar, o tal vez...— Will se interrumpe repentinamente.

—¿Will?— Abigail pregunta ante el súbito silencio de Will, quien observa la imagen de la mujer en las manos de Abigail.

—Creo que alguien puede ayudarnos.—

 

 

 

 

—¿Tienes información sobre ella? ¿Quién es? ¿La reconoces?— Will presenta la foto a Beverly, quien la toma entre sus manos y la examina, girándola para observar las letras en la parte posterior y notando que una parte de la imagen está quemada.

"A.H. y H.L, segundo aniversario."

Beverly estudia la imagen unos segundos más y luego dirige la mirada hacia Will.

—¿Por qué preguntas?— Beverly devuelve la foto.

Will encoge los hombros y observa la foto.—La encontré en una antigua caja de mi padre.— Una mentira.

Beverly lo mira y luego sonríe.

—Es Amelia Hitch, abogada y criminóloga, especializada en casos de violencia contra la mujer.— La respuesta desconcierta a Will.—Se ve muy joven en esta foto.— Beverly se acerca a su computadora y comienza a investigar.

—¿Lo dices en serio?— Will pregunta mientras observa la imagen.

—Sí, es ella.— Beverly se aparta y permite que Will vea la pantalla. Will se acerca y examina la página web.

 

"Amelia Hitch, de treinta y siete años, abogada y criminóloga, especializada en violencia contra la mujer. Activista y fundadora del hogar para mujeres..."

Will no sabe qué decir; está impresionado por la información que lee.

—¿No encuentras extraño que tu padre tuviera esa foto?— Beverly comenta mientras observa la foto en manos de Will, quien sigue frente a la pantalla. Will está tan inmerso en sus pensamientos que no nota la llegada de Jimmy y Brian al lugar.—¿Will?— Lo llama de nuevo.

—La foto no es de mi padre...— Will admite mientras se gira y observa a los recién llegados, guardando rápidamente la foto.

—¿Entonces, de quién es? —Beverly pregunta con duda y confusión.

Will no sabe qué decir; no entiende lo que está sucediendo.—Es de alguien... él...—Will titubea al hablar, sin estar seguro de si debería revelar de quién se trata.—Olvidémoslo, no importa.—Will toma su gorro y se apresura a salir del laboratorio, bajo la mirada confundida de sus compañeros.