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Estaba seguro de que eran más de las dos de la madrugada, y aún no lograba conciliar el sueño. Tenía pensamientos demasiado presentes en su cerebro como para dejarle descansar en paz y tener una buena noche de sueño reparador.
Hace ya unas 3 horas que había dejado la habitación de Katsuki, quien, contra todo pronóstico, es hoy, gracias a los cielos, oficialmente mi novio.
Hace 2 meses que empezamos a salir, luego del fin de la guerra contra Afo. Hemos ido poco a poco, muy lentamente, pero eso no es un problema. Es solo que hoy, después de dos meses de abrazos y besos superficiales e inocentes, fuimos un poco más lejos.
Katsuki me invitó a su habitación para terminar de repasar un tema de la clase y hacer la tarea. Y como siempre, a pesar del cambio en nuestra relación, aún mantenemos esa competividad, así que se convirtió en una competencia de quién terminaba más rápido. Kacchan ganó con dos ejercicios sobre mí, aunque en realidad habría sido por uno. Pero dejé que aumentara la brecha porque quería verlo sonreír triunfante. Su sonrisa, que pocos privilegiados han logrado apreciar, y yo la tengo al alcance cediendo en un ejercicio o dos de literatura inglesa. No podría haber persona en la tierra más feliz que yo ante esa realización.
Después de su victoria, ambos nos acostamos a ver una serie que Katsuki quería ver. Al principio estábamos separados, pero poco a poco fuimos acercando nuestros hombros y rostros hasta estar uno frente al otro, simplemente ignorando la serie de fondo.
Sé que Katsuki no lo admitiría, pero vi ese momento en sus ojos, vi que esperaba algo. Como soy un novio muy complaciente, le dejé obtener lo que quería sin que tuviera que pedirlo. Por supuesto, no es porque yo estuviera deseando lo mismo.
Cuando acerqué mi rostro al suyo, cerró los ojos con anticipación. Entrelacé mis manos con las suyas, acerqué mis piernas a las de él hasta que quedamos hechos un enredo de manos, piernas y torsos, sin poder estar más juntos. Iniciamos una pequeña sesión de besos.
Primero fueron apenas roces, luego besos más duraderos, pero aún sin dejar de ser inocentes. Fue en medio de uno especialmente duradero que Katsuki, quien usualmente cierra los ojos y solo los abre al finalizar mientras sus labios persiguen el momento como si no quisiera que acabase, abrió sus ojos carmesí, dándome esa señal, esa señal de que tenía permitido seguir adelante.
Así fue como junté aún más nuestras bocas y abracé su espalda, finalmente dándonos un beso provocativo, largo, seductor, de esos que te dejan sin aliento pero aún así no quieres que termine.
Cuando terminó el primero, él me miró con sus preciosos ojos siempre expresivos, con cierta timidez que tampoco admitiría jamás, acercando su boca una vez más. Estuvimos horas, minutos, besándonos de la misma manera, segundos quizá. Pero besar esos labios rosados y dulces parecía hacerte perder la conciencia del tiempo, siendo capaz de percibir únicamente esa agradable y única sensación.
Cuando nos detuvimos, ya era tarde. Katsuki y yo teníamos los labios hinchados. Cualquiera que nos viera podría intuir lo que ocurrió, pero eso qué más daba. Lo único que quería era gritarle al mundo que amo a Katsuki y que, asombrosamente, Katsuki me ama de vuelta.
Lo mejor de todo fue el sentimiento cálido y agradable que sentí al ver cómo Katsuki me miraba al terminar de besarnos cada vez. Sus ojos eran dos ventanas a sus emociones. No tuvo que decirlo para que supiera que estaba realmente feliz, al igual que yo. Para cuando salí de su habitación ya había oscurecido, y puedo decir bajo mis observaciones que Katsuki quería que me quedara.
Quizás, si la próxima vez lo pide, o es en mi habitación, lo haré, y dormiremos abrazados confortablemente el uno al otro hasta el amanecer.
Era este sentimiento de afecto y cariño tan grande lo que no le dejaba despejar su cabeza de la agradable sensación de recordar, una y otra vez, esa dulce mirada, que le decía tímidamente lo mucho que lo amaba.
