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Far off memory

Summary:

Hay sueños que pueden parecer recuerdos, y recuerdos que pueden parecer sueños.
¿Crees en la reencarnación?
¿Puedes recordarme, Megumi?

GoFushi A.U.

Notes:

Es la primera vez que escribo algo para este fandom y para esta ship.
Esto es algo fugaz que tomó forma en mi mente mientras hacía la limpieza y está pensado como un two-shot. Así que ahí vamos.
Aquí Megumi y Gojo no se llevan tantos años y Megumi ya es mayor de edad, nada más aclaro por si acaso.
Sin más que decir, espero disfruten esto como yo disfruté escribiéndolo.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

“... 𝑐𝑜𝑛 𝑒𝑙 𝑡𝑖𝑒𝑚𝑝𝑜, 𝑚𝑖𝑠 𝑙𝑎́𝑔𝑟𝑖𝑚𝑎𝑠 𝑏𝑟𝑖𝑙𝑙𝑎𝑟𝑎́𝑛 𝑒 𝑖𝑙𝑢𝑚𝑖𝑛𝑎𝑟𝑎́𝑛 𝑚𝑖 𝑚𝑎𝑛̃𝑎𝑛𝑎…”

La canción en el parlante del local reprodujo sus últimos acordes, pero no estaba prestando real atención. Había algo extraño ahí, algo que desde que empezó dicha canción le dejó un extraño sentimiento que no sabía bien de qué forma podría describir.
Era tristeza y alegría, era miedo y era anhelo.
En un abrir y cerrar de ojos, por un breve instante, la figura de una persona parpadeó frente a él. Fue algo fugaz, tan pronto como apareció se esfumó pero dejó un rastro doloroso y cálido en su corazón. Le dejó una inquietud que, casi de forma instantánea, se instaló en su pecho.
¿Quién era esa persona? No lo sabía.
No lo conocía, pero a su vez, tenía la sensación de que lo hacía.
Agridulce, agridulce e intenso, casi asfixiante. ¿Qué clase de sentimiento era este?

ㅤ—Hey, Gumi —, la voz de su mejor amigo lo sacó del breve trance en el que se hallaba desde hace algunos minutos—. ¿Qué te sucede?

ㅤ—Sí, pareces estar ido —, y Nobara era quien tenía más curiosidad sobre lo que mantenía en otro lugar la mente de su amigo.

Y es que para cualquiera que lo conociera, Megumi era la persona más centrada que podía existir. Rara vez, o mejor dicho nunca, llegaba a estar tan ensimismado en sus pensamientos como en ese momento. ¿Qué podía arrancarlo de la tierra y hacerlo volar por quién sabe dónde? Ellos querían saberlo pero, por supuesto, sonsacarle algo al pelinegro era más que difícil.

ㅤ—No es nada —, negó y pasó su mirada al reloj de muñeca que llevaba. Iban a dar las 8 de la noche en siete minutos y creía que empezaba a ser hora de retirarse. Había estado en esa cafetería charlando con sus amigos durante más de tres horas.

ㅤ—¡Mentiroso! — reclamó la chica y su amigo la secundó. Ambos prácticamente se estiraron por sobre la mesa para sujetarlo de las mejillas y halar de ellas, por supuesto, con el cuidado suficiente para evitar lastimarlo.

Megumi sacudió la cabeza y luego les dio un suave manotazo para apartarlos. Siempre era reservado con su vida privada, era algo de lo que sus amigos estaban más que conscientes. Y aunque él no tuviera problema alguno en comentarles cualquier situación, en esta ocasión prefería mantenerse en silencio. Estaba más que seguro que recibiría burlas de su parte si llegaba a mencionar algo sobre la extraña ola de emociones de hace un momento y que aún se mantenía en su pecho.

ㅤ—Ya se está haciendo tarde. Tengo que regresar a casa —, mencionó a la par que se ponía de pie. Dejó sobre la mesa el dinero correspondiente a lo que había consumido y levantó la mano en gesto de despedida.

Nobara hizo un mohín y luego empezó a quejarse de él, amenazando con ir a sacarlo a rastras de sus clases o de sus prácticas si no le respondía las llamadas o si se negaba a salir con ellos la próxima vez bajo cualquier excusa. El pelinegro solo asintió, diciendo que ya le escribiría más tarde.
Itadori solo se despidió con un gesto y le deseó suerte.
Megumi se marchó y, en lugar de tomar un taxi o el transporte público, optó por caminar hasta el departamento en el que residía, que quedaba aproximadamente a 40 minutos si iba a pie.
Pensaba que esto podía ayudarlo a aclararse y a disipar esta extraña sensación de nostalgia que lo acechaba pero, en su lugar, la caminata solo consiguió que terminara dándole más vueltas al asunto.

Había suspirado por quinta ocasión cuando alcanzó la puerta del departamento, y se sintió molesto consigo mismo. Debería dejar de rumiar esos pensamientos o solo conseguiría agobiarse, cosa que no necesitaba. Ya tenía suficiente con todo el estrés que le provocaba la universidad como para aumentarlo gracias a un sinsentido.

Como no tenía hambre, sólo tomó una ducha y se dispuso a estudiar un poco. Aproximadamente a las diez de la noche dejó el estudio de lado y tomó un libro al azar para leer. Se perdería en sus páginas una hora y luego se iría a dormir.
Tenía que ser de esta forma o si no terminaría despertando de madrugada y perdería el sueño. Ya le había pasado en otras ocasiones cuando iba a dormir temprano.
Solo deseaba tener un descanso tranquilo y reponer energías suficientes para la pesada jornada que tendría al día siguiente pero, para su desgracia, no fue eso lo que obtuvo.

Tuvo un sueño extraño.
Había alguien ahí. Lo llamaba una y otra vez, con insistencia y de diversas formas. En su tono de voz podía asegurar que sentía impreso un inmenso cariño en cada “𝑀𝑒𝑔𝑢𝑚𝑖-𝑐ℎ𝑎𝑛”, “𝑀𝑒𝑔𝑢𝑚𝑖” y “𝐺𝑢𝑚𝑖”, que pronunciaba. Su corazón latía con fuerza, el anhelo y la desesperación creciendo sin cesar en su pecho.
Sentía que lo conocía más que a nadie, sentía que conectaba con esta persona de una manera especial, y también estaba seguro de haber visto su rostro tan claro como el agua. Sin embargo, para cuando despertó no podía recordarlo.

Era frustrante, sabía que había visto su rostro y sabía que sabía quién era, pero cuando cerraba los ojos, lo único que veía era un traje azul oscuro, una silueta sin cabeza.
Bufó, sintiéndose estúpido por sentirse de esta forma tan solo por un simple sueño.
Llevó una mano a sus ojos para frotarlos y aclarar un poco su visión, todavía nublada por haber despertado recién, y al momento de hacerlo se quedó paralizado. Sentía humedad en ellos, como si hubiera estado llorando.

Su frustración creció aún más. ¡Esto era ridículo! ¿Por qué lloraría?

ㅤ—No, no pienses en eso, Megumi —, se dijo a sí mismo. Si volvía a caer en ese ciclo de pensamientos, solo acabaría mortificado.

Trató de olvidarlo y alistarse. Tenía el tiempo justo para hacerlo, para desayunar algo rápido y ponerse en camino a la universidad si no quería perderse la primera hora de clase.
Casi no llegó, se sentía un poco lento y sin energía. Tal vez también un poco triste.

Los días siguientes fue un poco de lo mismo. No dormía bien, se despertaba cansado y empezaba a sentirse melancólico, como un día nublado y gris.
Apenas tenía la energía suficiente para tomar apuntes en clase y realizar sus prácticas en la veterinaria.
Había hablado con Nobara sobre esto, omitiendo el hecho de que no dormía bien debido a esos extraños sueños, y obtuvo un regaño por no ir al médico apenas empezó su insomnio.

ㅤ—Iré cuando tenga un día libre —, le aseguró y ella, no del todo convencida pero sí un poco más tranquila, advirtió que lo arrastraría al hospital si no iba por su cuenta apenas tuviera tiempo disponible.

Le creía, claro que lo hacía. La veía muy capaz y, por sobre todo, sabía que estaría atenta. Después de todo tenía sus horarios y ya de paso, también los de Itadori. Prácticamente los había obligado a dárselos para así poder concretar sus salidas.
Colgó después de intercambiar unas cuantas palabras más y se encaminó a casa.

A medio camino se topó con una familiar silueta que, en un principio, confundió con Itadori pero terminó siendo ni más ni menos que su gemelo, Sukuna.
Tenía menos ánimos todavía para lidiar con él, así que trató de hacerse el despistado, como si no lo hubiera visto.
Para su mala suerte, cuando el susodicho le puso los ojos encima no tardó ni medio segundo en encaminarse en su dirección. Sus intentos de ignorarlo fueron en vano cuando le cerró el paso parándose delante suyo.

ㅤ—¿Qué tal? Fushiguro Megumi —saludó. Una sonrisa arrogante curvaba sus labios.

ㅤ—Sukuna —mencionó en respuesta y luego trató de evitarlo—. Tengo prisa, así que hablaremos otro día.

No había avanzado más de un par de pasos cuando el tirón en su brazo lo obligó a retroceder de nuevo. Frunció el ceño cuando la diestra del contrario se arrastró por su cintura, sujetando y atrayéndolo hasta quedar casi pegados en una posición bastante incómoda y molesta, a su parecer.

ㅤ—Te ves tenso, ¿por qué no vamos a divertirnos un rato? —mencionó, llevando la mano que se encontraba libre para levantarle el rostro del mentón.

ㅤ—Deja de molestar y suéltame —reprochó Megumi, contando internamente desde diez hacia uno en busca de calmarse. Si no lo dejaba libre en esos diez segundos, le soltaría un buen golpe. Aunque odiaría tener que hacer un alboroto en plena acera.

Para su suerte, no tuvo que recurrir a tales medidas, pues su salvador apareció en ese instante.

ㅤ—Eres su exnovio. 𝐸𝑋𝑛𝑜𝑣𝑖𝑜 —la voz de Itadori llegó fuerte y clara a los oídos de ambos, y acto seguido, un tirón en el brazo de Megumi lo arrancó de los brazos de Sukuna y fue a parar a los de su mejor amigo. Esto fue apenas por un breve momento, Itadori estaba consciente de que Megumi apreciaba mucho poder contar con su espacio personal intacto, y no dudó en soltarlo—. Ten algo de dignidad y deja de molestarlo. Ni por error volvería a enredarse contigo.

El gemelo malo, como lo solía llamar Nobara, todavía discutió con Yuji antes de marcharse, pasando junto a ellos y sin dejar pasar la oportunidad de soltar una fuerte nalgada en el trasero del pelinegro.
Itadori todavía soltó algunas amenazas hacia su hermano mientras lo veía alejarse.

ㅤ—¿Te encuentras bien, Fushiguro? —cuestionó mientras lo recorría de arriba hacia abajo con la mirada en busca de algún signo de que no lo estuviera o de que algo hubiera pasado. Por suerte, todo parecía estar normal. O al menos casi todo. Pudo notar las manchas oscuras bajo los ojos del pelinegro y se preocupó. También le parecía como si estuviera decaído.

Megumi no respondió su pregunta de inmediato, prefirió considerar algunas cuestiones antes de finalmente abrir la boca para hablar.

ㅤ—¿Tienes tiempo ahora? —Ante el enérgico asentimiento que obtuvo en respuesta, le indicó que lo siguiera hacia una cafetería cercana.

Esto ya le estaba afectando más de lo que pensaba y necesitaba contárselo a alguien, recibir una opinión o algún consejo de qué hacer. Y la persona perfecta para esto era Yuji.
Claro, también lo era Nobara pero ella se burlaría a más no poder antes de ayudarlo, y no estaba de ánimos para aguantar algo así.
Después de haberle hecho prometer que no se reiría de lo que le iba a contar, soltó todo. Todo aquello que había estado guardando, todo aquello que había estado sintiendo, y se sintió bien hacerlo. Desahogarse le sentaba de maravilla y fue aún mejor ya que Itadori parecía prestarle toda la atención del mundo, y no había rastro alguno de burla en su expresión.

ㅤ—¿Eso es lo que te tiene con esa cara de zombie? —preguntó el pelirrosa una vez que el relato finalizó. Megumi solo asintió en respuesta—. Sabes, pienso que deberías ir con un médico, como dijo Kugisaki. Tal vez también con un psicólogo.

ㅤ—No estoy loco.

ㅤ—No digo que lo estés, pero ya sabes, puede ser algo como un trauma de la niñez o cualquier cosa que te afectó de alguna manera antes y se presenta ahora —trató de convencerlo—. Diría que es mejor que vayas, solo para descartar cualquier cosa.

ㅤ—No creo que sea eso —se negó, sin saber exactamente de qué manera explicarlo—. ¿Cómo decirlo? Es solo un sueño pero a la vez se siente diferente, ¿sabes? Un sueño disperso que es como un recuerdo lejano.

Se sintió estúpido porque ni él mismo entendió a lo que estaba refiriéndose.
Abrió la boca para pedirle a su amigo que olvidara lo que acababa de decir cuando otra voz lo interrumpió, colándose en la conversación.

ㅤ—𝘛𝘢𝘭 𝘷𝘦𝘻 𝘱𝘰𝘥𝘳𝘪́𝘢 𝘴𝘦𝘳 𝘶𝘯 𝘳𝘦𝘤𝘶𝘦𝘳𝘥𝘰 𝘭𝘦𝘫𝘢𝘯𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘦 𝘴𝘪𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘶𝘯 𝘴𝘶𝘦𝘯̃𝘰 𝘥𝘪𝘴𝘱𝘦𝘳𝘴𝘰.

Tanto él como Itadori voltearon a ver a la persona que ahora se encontraba parada a un costado de la mesa, con una sonrisa en los labios. Era alguien extremadamente apuesto, alto, seguramente rondando el metro noventa, de cabello blanquecino y piel pálida, cuyos ojos se encontraban ocultos tras unas gafas oscuras. Y mientras el de cabello rosa se encontraba confundido, Megumi estaba paralizado.
Su corazón había dado un vuelco ni bien la primera palabra abandonó los labios del extraño, y su propio nombre flotó como un fantasma en su mente, una y otra vez, con el tono de voz de esta persona.

ㅤ—Discúlpenlo, tiene la mala costumbre de interrumpir conversaciones ajenas —junto a este hombre apareció otro, de cabello negro y sonrisa agradable.

Esta persona se disculpó otra vez antes de arrastrar al peliblanco hacia otra de las mesas del local. Parecía estarlo regañando mientras el albino se quejaba.
Tanto Megumi como Itadori se quedaron observando la escena durante unos segundos más. Para cuando este último volteó de regreso a su amigo, se sorprendió tanto que se puso de pie. Estaba preocupado.

ㅤ—¡Gumi! ¿Qué te sucede? —su amigo parecía estar en un trance, un par de lágrimas caían de sus ojos mientras tenía la mirada perdida en dirección a esta persona y parecía murmurar algo—. ¿Qué dices?

ㅤ—𝑇𝑜𝑟𝑢… —Mencionó, todavía un poco perdido.

ㅤ—¿Me llamaste, Gumi? —Yuji no se dio cuenta en qué momento esta persona regresó, pero se puso a la defensiva al instante, listo para proteger a su mejor amigo aunque tuviera la mesa entre los dos—. ¿Te encuentras bien?

La mirada del desconocido pasó a Itadori por un instante, mientras le daba una sonrisa confiada.

ㅤ—No te preocupes, no le haré nada.

Yuji no tuvo tiempo de responder cuando repentinamente Megumi se levantó de su lugar y salió corriendo. No pasó ni un segundo antes de que él corriera tras suyo, no sin antes haber dejado el dinero de lo que consumieron durante su plática sobre la mesa.
Era peligroso que Megumi fuera corriendo en ese estado, algo podría pasarle y eso nunca se lo perdonaría.

Megumi parecía alguien de complexión delgada y, en palabras de algunas desagradables personas que había conocido alguna vez, parecía frágil. Sin embargo, era una de las personas más atléticas y en forma que conocía.
Le tomó un rato darle alcance, por suerte sin que ningún incidente ocurriera. Y aunque Megumi no era alguien que mostrara sus sentimientos tan abiertamente, en el momento en que Itadori lo sujetó, se dio la vuelta y lo abrazó con fuerza.

Fue algo en verdad inesperado y a la vez alarmante.
Sin nada más que se le ocurriera, hizo parar un taxi y los embarcó a ambos rumbo al departamento del pelinegro. No hizo ninguna pregunta durante el trayecto y se limitó a dejar caricias tranquilizantes en la espalda de su amigo. Ya podrían hablar tranquilamente después.

Para cuando se bajaron del taxi en la dirección indicada, Megumi parecía estar un poco más calmado. Incluso diría que se encontraba molesto, aunque sabía que no era con él. Abrió la puerta del departamento y ambos ingresaron, dirigiéndose a la sala y dejándose caer en el sofá en silencio, mismo que duró unos cuantos minutos antes de que Itadori decidiera romperlo cuando se levantó a encender la luz.

ㅤ—¿Te encuentras bien? —preguntó de forma tentativa, a lo que recibió un asentimiento en respuesta, que luego pasó a ser una negación. Parecía que no se ponía de acuerdo con respecto a cómo se sentía—. ¿Puedes decirme qué ocurrió? Así encontraremos una solución entre los dos.

Megumi permaneció en silencio por un tiempo, y varios minutos después, cuando Yuji pensaba que no obtendría palabra alguna de su parte, finalmente habló.
Fue algo confuso.

ㅤ—Era él.

ㅤ—¿Quién? —preguntó, pero entonces recordó a la persona que les habló en la cafetería. Era extraño, pero Megumi había reaccionado de esa forma después de ello. Tal vez podría significar algo—. ¿El sujeto de la cafetería? ¿Lo conoces?

Recordaba que había dicho “𝑇𝑜𝑟𝑢” y esa persona preguntó si lo había llamado.

ㅤ—Te digo que es él —hizo una pausa larga. Sabía que esto era una completa estupidez, pero ¿qué otra explicación tenía? Ninguna. No sabía qué hacer, ni qué decir al respecto, más que lo siguiente—. Es la persona que aparece en mis sueños. Puede sonar como lo más estúpido del mundo, pero estoy seguro.

ㅤ—¿Ah? ¿Estás seguro? —se abstuvo de preguntar cómo lo sabía, porque sólo Megumi podía hablar con certeza sobre algo de esto, después de todo, se trataba de 𝑠𝑢𝑠 sueños recurrentes, aunque él luego no recordara el rostro de la otra persona.

ㅤ—Estoy seguro… No puede ser nadie más.

Cubrió sus ojos con el antebrazo, bloqueando la luz del foco.
Hablaron durante un rato más, desvariando y tratando de encontrar alguna explicación lógica a lo que sentía, pero ninguno de los dos dio con alguna razón sobre lo que podría ser, pero Itadori aseguró, antes de marcharse, que investigaría lo que pudiera sobre el asunto.

Esa noche, al irse a dormir, nuevamente tuvo uno de esos extraños sueños.
En esta ocasión la voz de esta persona y su semblante, que luego recordó de forma un poco borrosa, lo llamaban con tristeza.
“𝑅𝑒𝑐𝑢𝑒́𝑟𝑑𝑎𝑚𝑒, 𝐺𝑢𝑚𝑖. 𝑀𝑖 𝑝𝑒𝑞𝑢𝑒𝑛̃𝑎 𝑏𝑒𝑛𝑑𝑖𝑐𝑖𝑜́𝑛.”
Abrió los ojos en la mañana solo para descubrir que había estado llorando otra vez. Se sintió molesto por eso.

Trató de restarle importancia al asunto, pero resultaba en verdad complicado. Debido a esto no conseguía concentrarse en sus estudios y cada día se veía más cansado por la falta de sueño reparador.

Nobara le había escrito para decirle que se saltara las clases por un día si se encontraba mal y, de paso, que aprovechara ese tiempo para visitar un doctor o un psicólogo. Según parecía, Yuji la había puesto al corriente de lo que había ocurrido ese día en la cafetería.
Él solo respondió que así lo haría y eso fue todo. En realidad no tenía intenciones de hacerlo, estaba seguro de que lo llamarían loco e incluso intentarían internarlo si hablaba sobre esto con alguien más.
Solo necesitaba mentalizarse para olvidar esos sueños y tratar de rendir lo suficiente durante la jornada.

Pasaron varios días de esta forma, y al cuarto después de escribirse con Kugisaki decidió tomárselo libre de la universidad. Se sentía agotado y realmente necesitaba un descanso.
Eran las 7 a.m. y pensó que dormir durante un par de horas más le vendría bien. Con algo de suerte podría recuperar algo de energía.

Volvió a soñar con él.
Su voz angustiada lo llamaba una y otra vez, desesperado, y una y otra vez le pedía perdón. "𝑆𝑒 𝑠𝑢𝑝𝑜𝑛𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑜𝑦 𝑒𝑙 𝑚𝑎́𝑠 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑡𝑒, 𝑑𝑒𝑏𝑒𝑟𝑖́𝑎 ℎ𝑎𝑏𝑒𝑟 𝑝𝑜𝑑𝑖𝑑𝑜 𝑠𝑎𝑙𝑣𝑎𝑟𝑡𝑒".
¿Salvarlo? ¿De qué?
Tenía la sensación de que esta persona nunca había lamentado nada de esta forma, pero ahora sufría y se arrepentía.

No sabía si se despertó igual o más cansado que antes, pero claramente dormir no le supondría ningún bien si continuaba así.
Ya que no tenía ánimos suficientes para nada, ni siquiera para preparar su propio desayuno, optó por salir a un local pequeño que se encontraba a la vuelta de la esquina. A veces le gustaba comer ahí, tenían unos panqueques deliciosos y el café tenía un aroma fuerte. Le gustaba mucho.
Se cambió el pijama y después de arreglarse lo suficiente, tomó su billetera y salió.

Al llegar, no esperaba toparse con esa persona precisamente en ese lugar. Tal vez debería reconsiderar la idea e ir a otro sitio.

ㅤ—Espera, Megumi —había dado media vuelta pero se detuvo en seco al escucharlo.

Solo debería ignorarlo y marcharse, pero el pensar en ello lo entristecía todavía más y detestaba ese sentimiento. Odiaba estar tan melancólico todo el día, todos los días, por algo que ni siquiera entendía.
Si acaso hablar con esa persona podía ayudar a mejorar su situación, tal vez debería intentarlo.
Volteó nuevamente con toda intención de preguntarle qué quería y, de paso, pedirle que lo dejara en paz, sin embargo al ver sus ojos, porque ese día parecía no llevar las gafas oscuras de la vez anterior, y la tristeza que parecía emanar de ellos, se quedó en silencio. El contrario aprovechó esto para invitarlo a desayunar con él.

ㅤ—Acompáñame, ¿si? Podemos hablar un poco mientras tanto —al ver la mirada de sospecha que le daba Megumi, se apresuró a agregar—. Te juro que solo quiero hablar contigo. Sólo un momento.

ㅤ—... —todavía dudaba, pero ¿qué más daba a estas alturas?—. Está bien.

Los dos tomaron asiento en una de las mesitas más alejadas del local, para evitar que cualquiera espiara su conversación.
Megumi se sentó frente a esa persona, quien lo miraba con una sonrisa en los labios. Parecía feliz, aunque esa expresión se desvaneció después de un momento dando paso a una de genuina preocupación. Sus ojeras eran notorias.

ㅤ—No te ves bien. ¿Has estado comiendo bien? ¿Durmiendo bien? —estiró la mano para tocarle el rostro y Megumi lo esquivó. Había olvidado que su Megumi era así y no gustaba mucho del contacto físico—. Lo siento.

ㅤ—¿Quién eres? —preguntó sin rodeos, casi sonando agresivo, lo que sorprendió por un instante a su acompañante, que pronto le dio una sonrisa a medias antes de responder.

ㅤ—Gojo Satoru.

Gojo Satoru. Gojo-san. 𝐺𝑜𝑗𝑜-𝑠𝑒𝑛𝑠𝑒𝑖. 𝑆𝑎𝑡𝑜𝑟𝑢. 𝑇𝑜𝑟𝑢.
Como una secuencia, se fue repitiendo una y otra vez en su cabeza. Ese nombre se sentía tan familiar, como si siempre hubiera estado en sus labios.

ㅤ—Gojo-san… —ignoró por un momento la mueca que resplandecía en el rostro del albino cuando lo nombró y continuó con lo importante—. ¿Cómo conoces mi nombre? ¿Qué es lo que quieres de mí?

Satoru parpadeó un par de veces, como si no entendiera bien a qué se refería.

ㅤ—Solo quiero que estés bien —era sincero, eso era lo que quería. Claro, también deseaba que Megumi estuviera a su lado, pero no quería asustarlo diciéndole eso—. Y tu nombre… Es porque…—no tenía una buena excusa para eso, así que soltó lo primero que se le vino a la mente—. Es porque Megumi es mi alma gemela.

El pelinegro soltó un suspiro, cansado, frustrado, pero extrañamente aliviado también.
Estúpidos sentimientos ambivalentes.

ㅤ—Hubiera sonado más creíble si decías que conoces mi nombre porque escuchaste a Itadori llamarme ese día.

ㅤ—¡Cierto! Hubiera sido creíble, pero no sería la verdad.

ㅤ—Sé serio, por favor. ¿Qué es lo que quieres?

Gojo se quedó en silencio un momento, sopesando su respuesta. Después de un par de minutos, finalmente habló.

ㅤ—Quiero alinear todas las piezas. Las tuyas y las mías.

Sonaba enigmático y estaba seguro de que no debería creerle a alguien que no responde de forma clara sobre sus intenciones.
Sin embargo, se sentía curioso al respecto.

ㅤ—¿Qué piezas? ¿De qué estás hablando?

Antes de que pudiera responder, la mesera llegó a tomarles la orden, siendo Gojo quien ordenó por los dos. Le sorprendió que fuera tan preciso con el pedido que hizo para él, como si lo conociera de toda la vida y supiera perfectamente qué le gustaba.

ㅤ—Megumi, ¿no has tenido esos sueños? —Satoru recostó el torso sobre sus brazos en la mesa, observándolo con ojos de cachorro. No podía apartar la mirada de él, mucho menos después de lo que había escuchado—. ¿No recuerdas?

Se lo notaba en verdad afligido.
Megumi no supo por qué, pero deslizó su mano hasta colocarla sobre el cabello ajeno. Se sentía suave y agradable al tacto, e inconscientemente dejó varias caricias en él.
Satoru se veía contento, calmado, tanto que incluso llegó a cerrar los ojos en lo que duraba ese gesto que Megumi tenía con él.
Por su parte, Megumi se encontraba todavía un poco confundido. Era extraño que esto se sintiera tan familiar, casi parecía un 𝑑𝑒́𝑗𝑎̀ 𝑣𝑢.

ㅤ—¿Has tenido esos sueños? —preguntó el pelinegro después de un rato.

ㅤ—Los he tenido. Son los recuerdos de mi pasado con Megumi —comentó el otro en respuesta, todavía relajado por las caricias que recibía—. Tú… ¿En verdad no recuerdas nada?

Ahí estaba de nuevo esa mirada de cachorro.
Esos ojos que parecían dos pedazos de cielo estrujaron algo en su interior.

ㅤ—No recuerdo —aseguró. La decepción en el rostro ajeno lo entristeció un tanto más—. No recuerdo, pero esos sueños están ahí todo el tiempo. Todos los días. No me dejan seguir con mi vida en paz.

ㅤ—Ya veo. Parece como si te hubiera maldecido.

Satoru guardó silencio después de esas palabras. Poco después soltó un suspiro y se incorporó en su lugar.
Observó la hora en el reloj de muñeca que traía y luego se puso de pie. La expresión en su rostro había sido ilegible por unos instantes, antes de volver a mostrarle una sonrisa a Megumi. Aunque no era ni por asomo una sonrisa que denotara alegría sino más bien todo lo contrario.

ㅤ—Me tengo que retirar, pero nos veremos después, Megumi —para ese momento, la camarera estaba acercándose con su orden. Satoru ayudó a colocar en la mesa lo que había pedido para su acompañante y pidió que pusiera para llevar el resto del pedido—. Cómelo cuando estés en casa. Estoy seguro que te gustará.

“Después de todo, es mi platillo favorito”. Y recordaba que aunque Megumi se quejara de ello y de lo dulce que era, había terminado por tomarle un extraño gusto.
Tal vez eso podría ayudarlo a que recuerde un poco más.

Se había encaminado hacia la salida y se encontraba ya en la puerta, cuando algo se le vino a la mente y regresó corriendo hacia donde se encontraba el pelinegro, que no se había movido ni un centímetro de su lugar. Parecía estar un poco desconcertado.

ㅤ—Olvidé esto —, dijo al entregarle una tarjeta de presentación—. Es para que nos mantengamos en contacto. Si te parece bien, claro.

No le dio oportunidad de responder cuando corrió de regreso a la puerta, la abrió y gritó desde ahí mientras agitaba el brazo en señal de despedida.

ㅤ—¡Nos vemos después, Gumi!

Mi querido alumno. Mi pequeña bendición.

Notes:

Megumi irá recordando algunas cosillas más conforme pase el tiempo, y Satoru buscará cómo mantenerse cerca porque es como un cachorrito con él hahaha.

Gracias por leer hasta aquí.

* La canción que se menciona al inicio del fic es Rokutousei no yoru, el ending de No. 6, cuz era lo que estaba escuchando cuando empecé a escribir esto.