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Fundirse

Summary:

Hay fracturas en tu cerebro que no deberían estar, o no deberían dejarte vivo, y aquí estás. Como una bombilla fundida que no deja de dar luz.

Notes:

El prompt era "melting" que es más derretirse que fundirse, pero nos lo tomamos como una licencia poética ;)

Work Text:

Si no te mata el aire tóxico, lo harán los monstruos. Calla, escucha, muévete. No toques las raíces. Aquí las heridas no curan, el sol nunca sale, hay agua en el bosque y aunque sabe a alquitrán no mata, joder, joder, gracias, menos mal. Comida enlatada. Del supermercado no, que está lleno de monstruos. De las casas. De la suya, por ejemplo, que se la conoce bien. La ventana de su habitación es accesible y sabe entrar y salir sin hacer ruido. Manda cojones, tanto tiempo deseando que haya silencio en casa, que Max se calle la boca y Neil desaparezca y lo que haga Susan le da exactamente igual. Y ahora. Ahora daría lo que fuera por ver a Neil entrando por la puerta. Mierda, joder. Comida enlatada. En la despensa de la cocina, lentejas en lata porque según Susan son saludables y lo que diga la señora de la casa es misa a oídos de Neil y por tanto son palabras de Dios para él. Calla, escucha, entra, esquiva raíces, roba en tu propia casa, esquiva raíces, sal por la ventana y piensa por un momento que vas de camino a una fiesta con alcohol y fuego y gente a la que le importas una mierda pero al menos son personas, personas que hablan  y gritan y sudan y bailan y sonríen y mueren y- No. Céntrate. Su casa es un buen sitio para esconderse. Se tumbaría en la cama y ¿lo es? Demasiados recovecos para que se escondan, demasiadas puertas, demasiadas ventanas por las que entrar. Solo no puede sobrevivir, aunque solo es lo único que ha estado, está y estará y-

—Billy.

Una taza de porcelana entre las manos. ¿Desde cuándo existen las piezas de porcelana en el mundo gris? Hay agua caliente y una bolsita de té en ella. Una mano sobre el hombro. Una cara con el ceño fruncido. Harrington. La mano se mueve hasta la mejilla. Es cálida y callosa y algo en esa rugosidad suave le tranquiliza. Steve. Steve, Steve, Steve. Está en casa.

—¿Otra vez?

Billy asiente.

A Billy se le funde el cerebro a veces. « No digas eso , Billy ». Steve odia cuando dice las cosas como son. Soy un asesino. «No lo eres, no digas eso ». Tengo el cerebro frito. « Déjalo ya , tío ». No merezco estar vivo. «Billy ». A veces, cuando se siente especialmente lúcido, le gusta jugar a irritar a Harrington. Le trae recuerdos lejanos, de la vida que perdió hace meses. Le gusta ver cómo se transforma la frustración en sus ojos en enfado cuando Billy sonríe y se da cuenta de que le está tomando el pelo. Le gusta verle rechistar y le gusta que coja el cojín más cercano para estampárselo en la cabeza y le gusta oírle mumurar entre dientes « por qué te soporto » porque aunque Billy cree que Steve debería cuestionarse seriamente esa pregunta, siente una satisfacción enorme cuando en el timbre de Steve se oye esa risa escondida, ahogada en indignación, parte de él divertido.

El caso es que a Billy cuando se le funde el cerebro, confunde la realidad. El tiempo, el espacio. Todo, en general. Al principio pasaba siempre. Salió del mundo gris, recuerda pasar por una especie de portal (no toques las raíces, que no me toquen las putas raíces Harrington o te juro que ) y ver color en las paredes y en la cara de Harrington y en las salpicaduras de sangre de su cara, respirar oxígeno y no esa cosa que quema en los pulmones ( como te mueras ahora, Hargrove, te saco de la tumba para matarte otra vez, me cago en todo, joder, hostia puta ), ¿esa sangre era suya? Dejó de hacer frío y cerró los ojos ( Hargrove, Hargrove no te duermas, no, Billy, joder, Billy no te duerm ) y pensó que qué calentito se estaba en el mundo. Cuando los abrió estaba de nuevo en el mundo gris. Se levantó con la agilidad de un bombero en medio de un edificio en llamas. Hizo lista mental. Dónde estoy, en el bosque, en qué parte, no lo sé, qué tengo conmigo, nada, joder, ¿no estaba cerca de mi casa? Calla, escucha, cuál es el escondite más cerca . De repente, algo le tocó la espalda y lanzó el puño antes de girarse para ver quién er- ¡Pero qué cojo-! Hargrove. ¡Hargrove! Estás en el hospital, estás a salvo, Billy . Un hombre le detuvo el puño. Otros dos le retenían por la espalda. Olía aséptico y había color en el mundo. Era un blanco casi radioactivo que le dejó cegado un buen rato hasta que logró enfocar. Es un milagro que estés vivo, muchacho . El hombre le soltó la mano. Era viejo y tenía sonrisa afable, y los monstruos no sonreían nunca así, como si se alegrasen de ver a Billy, sino de la otra manera, de esa hostil y horripilante que les deforma la cara en un agujero infinito lleno de dientes. 

Tardaron semanas en dejarle salir. Billy entraba y salía del mundo gris a menudo mientras tanto, mientras le hacían pruebas en el cuerpo y en la cabeza y le soltaban  preguntas, una tras otra, cómo has sobrevivido ahí tres meses , y Billy recitaba su lista mental una y otra vez. A veces le decían tecnicismos de médicos, esperando que los comprendiese, tienes síndrome de estrés postraumático pero es que además la posesión del especimen X-5678NUC ha hecho algo más, Billy, hay fracturas en tu cerebro que no deberían estar, o no deberían dejarte vivo, y aquí estás. Como una bombilla fundida que no deja de dar luz. Los plomos fundidos, sí. Billy no entendía nada de lo que decían los médicos porque solo podía pensar en que ojalá poder quedarse aquí en ese mundo donde el pan olía rico y el pecho le dolía por la herida y no porque estaba solo, porque en ese mundo no lo estaba, no lo está, no si Max le abrazaba de esa manera (te voy a matar, Billy, pensé que habías muerto ) y Billy la oyó sollozar con la cara enterrada en su cuerpo y tuvo un flashback de sí mismo, de otra época, de otro Billy que la hubiera apartado con un comentario mordaz, cruel desde cuándo te importo tanto, hermanita. Neil sería mucho mejor papaíto si yo no estuviera . Te estoy haciendo un favor . Billy, sin embargo, ya no era Billy y cuando se lo dijo a Max « se me funde el cerebro » y ella le preguntó « qué dices » con los ojos imposiblemente azules y el pelo imposiblemente naranja, Billy repitió « soy una bombilla rota» . No cree que Max lo entendiera. La respuesta de su hermanastra fue abrazarle más fuerte, hundir la cabeza en su cuello y mojarle la piel con lágrimas. Max no dijo nada y Billy está seguro de que su hermana no entendió nada porque a día de hoy está seguro de que él tampoco entiende nada. 

Su padre tardó tres días en visitarle al hospital. « ¿Dónde estabas?» Se lo preguntó nada más cerrar la puerta de la habitación. Billy se encogió. Había sobrevivido al mundo gris pero el gris del mundo seguía con él, le perseguiría a todas partes. Podría haberle dicho la verdad, no lo sé, pero las palabras habían muerto en la garganta porque su padre le miraba como le miraba el monstruo, el experimento lo que sea, con desprecio y rabia. Podría haberle dicho he matado a gente y quizás en otra época, en una realidad diferente, podría haberle dicho podría haberte matado a ti y en ese otro mundo, tan lejano y cercano a la vez, podría haberse alegrado. En esta dimensión, Billy no le dijo nada. Neil le dejó sus cosas en el hospital un par de días más tarde. « Si tienes 18 para desaparecer y volver… en este estado, también los tienes para independizarte ». Se marchó y Billy no le dijo adiós porque estaba demasiado ocupado haciendo una lista mental de las reglas. Tenía que recordarlas. Las reglas le habían salvado la vida. Corre, calla, escucha, márchate.

Harrington. Steve, Steve, Steve. Apareció, quizás, una o dos o tres semanas más tarde. El tiempo en el hospital se diluía como una pastilla en el agua, lento y constante, y para Billy, que transitaba este mundo y el mundo gris tanto dormido como despierto, perdió el significado rápidamente. Harrington trajo a Max. Max se lanzó a sus brazos, como siempre desde que salió del mundo gris, y Harrington le miró desde la puerta, los ojos de cervatillo, « Te queda bien el pelo corto » fue lo que le dijo. Billy se tocó la cabeza con una mano mientras la otra apretaba a Max contra el pecho, justo donde las cicatrices, porque dolía y el dolor le ancla a la realidad. Tenía el pelo corto. Casi rapado. Una cicatriz le adornaba el cogote, regalo de uno de los monstruos, en el mundo gris las heridas no curaban. No estás en el mundo gris, allí las heridas no cierran, el dolor es una constante, agua con sabor a petróleo y aire en los pulmones como inspirar fuego, ardiente e intrusivo y demoledor. Se vio a sí mismo en tercera persona. Rapado, en el hospital, lleno de cicatrices. Se sintió avergonzado, de pronto, un sentimiento profundo y sorprendente, un recuerdo vívido de la persona que había sido hacía unos meses. Rey del instituto . Pero Billy había matado y el mundo gris le había robado la llama de su espíritu y el monstruo le había fundido el cerebro. Harrington se retractó enseguida, « O sea, quiero decir… » porque Billy estaba demasiado roto como para responder a un cumplido tan estúpido. Carraspeó, un gesto tan ruidoso que de haber estado en el mundo gris hubieran aparecido dos o tres monstruos por la ventana. En el mundo real, en un hospital blanco aséptico, solo estaba Harrington y su enorme, gigantesca incomodidad, tan grande como asfixiante. Billy debería haberle dado las gracias pero era incapaz, ahogado en el ambiente espeso y tenso que rodeaba a Harrington. « El pelo largo no se lleva en el mundo gris ». Harrington rió. Fue una risa incómoda pero le hizo algo, esa risa hizo algo dentro de Billy, hizo algo más que el dolor agudo de las cicatrices contra el peso de Max, ¿cuándo había sido la última vez que había oído reír a alguien? Se aventuró, se aventuró igual que en el mundo gris, cuando decidió que no podía quedarse encerrado para siempre en los vestuarios del gimnasio del instituto. « ¿No has traído nada al desvalido, Harrington? Pensaba que en Hawkins, Infierno teníais mejores modales».  

Harrington volvió al día siguiente. 

—Otra vez —le responde. 

Una vez las raíces le atraparon en el mundo gris. Llevaba tres meses huyendo y Billy pensó « A la mierda » y cargó contra ellas porque qué más da , siempre había estado solo. Morir solo era una consecuencia lógica de su vida. Las raíces tardaron apenas unos minutos en replegarse sobre él. Le apretaron manos y piernas y luego el pecho y la cintura y lo envolvieron entero, se enredaron en su cuello y en su frente y apretaron y apretaron y el oxígeno que era fuego en los pulmones se volvió una necesidad, que alguien me saque de aquí, socorro, socorro, socorro pero nadie iba a venir, Billy siempre estaba solo.

Excepto.

Las raíces se aflojaron de repente, le dejaron caer al suelo con un golpe sordo, se hizo daño en el tobillo. Cuando Billy abrió los ojos pensó en los monstruos y su sonrisa llena de dientes y se preguntó si los monstruos en el mundo gris eran tan crueles como en el real, si no querían matarle, simplemente, sino hacerle devolver todo el daño que había hecho. Lloró, y alguien dijo «Hargrove» y no podía ser, no podía ser , los monstruos no hablaban. Una mano en el hombro.

El abrazo de Steve no duele. No se ahoga, le envuelve el cuello con delicadeza, murmura «Billy » contra sus labios y es esa respiración, la brisilla que sale de su boca y le acaricia la suya, el olor a champú de pijos y colonia cara, le derrite el cerebro y de la misma manera le ancla, le mantiene en la realidad, no está en el mundo gris, no está en el mundo gris.

Está en casa.

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