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Language:
English
Stats:
Published:
2023-12-29
Completed:
2023-12-29
Words:
36,561
Chapters:
4/4
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1
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12
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385

Everything that could not be until now

Summary:

A lo largo de los años Shin y Young Hoon han arrastrado en la oscuridad sus sentimientos por el otro creyendo que algo como lo suyo, jamás sería posible. No es hasta cuando no existe ningún obstáculo entre ellos más que el miedo a ser sinceros de verdad, que deciden dar un paso adelante para ser felices.

Chapter 1: About closing cycles

Notes:

Como referencia para una mejor lectura:

El presente está escrito con letra normal.
Flashbacks y pensamientos están escritos con cursiva.
Los pensamientos van dentro de estas comillas: ' '

Chapter Text

"Buenos días estimada tripulación. El comandante y todos nosotros les damos las gracias por elegir este vuelo de la compañía FastAir con destino a Corea del Sur. La duración estimada del vuelo será de 12 horas. Por motivos de seguridad y para evitar interferencias con los instrumentos de vuelo, les recordamos que los teléfonos móviles deberán permanecer desconectados desde..."

Shin dejó de prestar atención para escribir apresuradamente un mensaje a Young Hoon: 

“Estamos por despegar. Nos vemos pronto”

Tras enviar el mensaje lo apagó y guardó en el bolsillo de su chaqueta con manos temblorosas. Estaba nervioso. Iba a ver a Young Hoon después de 2 meses. Esta vez pensaba regresar para quedarse... Había tomado una decisión.

No había sido una decisión fácil. Sabía en su interior que su corazón siempre supo a donde pertenecía. Pero Shin era un tipo con demasiados problemas encima como para poder permitirse ser feliz tan fácilmente.

Ya hacía poco más de un año en el que una pesadilla terminaba para dar comienzo a otra, ya hacía hace poco más de un año en el que casi moría y que su madre había muerto.

'Por mi culpa...' Se acusó mentalmente. 'No, no fue mi culpa'. Se corrigió inmediatamente. Últimamente estaba trabajando en dejar de culparse por todo lo malo que había ocurrido hace un año.

Tras la muerte de su madre, Shin apenas tenía claro lo que había hecho y dejado de hacer. Había empacado algunas cosas y tomado el vuelo que lo enviara lo más lejos de Corea.

En ese momento no podía lidiar con la situación, lo único que alcanzó a hacer fue huir. Huyó sin voltear atrás, sin pensar siquiera un segundo más de lo necesario porque sabía que se derrumbaría.

El vuelo lo había llevado a un país extranjero muy lejano. Fue un mes frío, solitario y agobiante en las tierras nevadas de Canadá. Se ocultó en una cabaña en las montañas y esperó a que algo sucediera... Un milagro, un cambio, algo...

No hacía mucho, se había escondido bajo las cobijas de su cama y sólo salía para ir al baño y comer algo. En realidad, no comía demasiado, no hacía demasiado. Incluso evitaba pensar demasiado. Sus movimientos eran escasos ya que todavía estaba adolorido por la paliza que le habían dado los hombres de Seo Jong Gil y las secuelas del accidente seguían manteniéndolo débil y mareado. Pero dentro de todo el malestar físico prevalecía el miedo y vergüenza de enfrentarse a su pasado y a su futuro incierto. 

Justo cuando estaba a punto de rendirse y decidir que ya había tenido suficiente de esta vida, sucedió lo que tanto ansiaba, pero a la vez temía.

Young Hoon una vez más, lo encontró.

Verlo fue como un bálsamo a su alma lastimada pero también un recordatorio de todo el caos que había provocado... Todo lo que había perdido. La decepción que le había causado.

Lo que experimentó al verlo otra vez era complicado de expresar y de sentir... Había resentido a Young Hoon por todo lo ocurrido esos últimos meses, había odiado que lo reemplazara por ese pedazo de metal a pesar de tener claro que lo había hecho por su propio bien y sintió que su mundo se desmoronaba cuando se había puesto del lado del robot en esa reunión de accionistas.

Creyó que Young Hoon por fin se había ido de su lado. No lo había hecho durante los 13 años que llevaban juntos a pesar de todas las locuras y malos ratos que le había hecho pasar y tras haber sido usado como el saco de boxeo del presidente. Había vivido todo eso, y sin embargo no había abandonado su lado.

Estaba seguro que por fin lo había decepcionado lo suficiente y que su tiempo de benevolencia hacia él se había terminado hasta que volvió a él con la noticia de la muerte de su madre, cuando corrió una vez más en su rescate esa noche en el puerto y también durante su breve recuperación en el hospital al estar presente a su lado la mayoría de las noches. Pero creyó que todo había sido inspirado por la lástima. Fue entonces cuando decidió marcharse del país sin siquiera avisarle.

 

"No sabes lo preocupado que estaba... Tenía miedo de que... No pudiera volver a encontrarte". Mencionó Young Hoon al lado de la chimenea. Había caminado por bastante tiempo por la montaña hasta llegar a donde se escondía Shin y el frío se había colado en sus huesos. “Te escapaste del hospital y todavía no estás completamente recuperado, Shin-ah”.

Shin no preguntó cómo había dado con su paradero. Hace mucho había dejado de preguntarse eso, estaba seguro de que su hyung tenía un poder especial para localizar personas.

"No te obligaré a volver otra vez a Corea... Creo que ya has tenido suficiente de esto, pero... Quería decirte que lamento mucho lo que pasó, lamento tanto haberte lastimado. No era mi intención, pero resulté haciéndote más daño que bien. Pensé que asegurar tu puesto en la compañía era lo que tenía que hacer y lo que te ayudaría... Fui realmente estúpido al creer que eso te haría feliz. Por favor, perdóname". Murmuró con sinceridad en dirección a Shin. Sus ojos estaban lagrimosos.

Young Hoon se veía agotado, como solía verse siempre. Shin también veía cierta calma en él, calma por haberlo encontrado sano y salvo. No tan sano pero lo necesario para seguir pareciendo una persona viva.

Escuchar esas palabras le habían devuelto el alma al cuerpo. Fue como si todas las piezas desperdigadas volvieran a su lugar: el cielo nocturno había vuelto a ser ocupado por estrellas, el sol alumbraba los días de verano y Young Hoon había vuelto a su lado. En realidad, nunca había dejado su lado.

"Está bien, sé que lo hiciste por mi bien, es solo que... No sé cómo continuar. No sé cómo debo de actuar o qué hacer a continuación". Shin carraspeó mientras se abría hacia el mayor, hace tiempo que no hablaba con alguien. "Tengo miedo... Creí que sin el abuelo podría comenzar a ser libre, pero libertad es lo que menos siento en este momento. Por mi culpa, mi madre...." Un nudo en la garganta le impidió continuar. 

Young Hoon dejó su lugar al lado de la chimenea y se sentó al lado de Shin. Una distancia prudencial que deseaba acortar para sentirlo más cerca de él. 

"No tienes porqué saber con certeza todo lo que harás en el futuro y qué camino tomar. Tienes tiempo y... Me tienes a mí. Siempre me has tenido a mí, Shin-ah". Acercó cuidadosamente su mano helada al puño cerrado del menor. Un deja vú, ambos lo pudieron sentir. "No fue tu culpa lo que le ocurrió a tu madre, ella estaría destrozada de saber qué piensas de esa forma". 

Y entonces Shin lo supo. Young Hoon no se había rendido con él y en ese momento le tendía la mano… Y si Young Hoon no se había dado por vencido con él, ¿por qué él debería darse por vencido con él mismo?

Las fortalezas de Shin se derrumbaron y lloró. Lloró todo lo que había reprimido en su pecho por tantos años, lloró la impotencia y furia que tenía hacia su abuelo, lloró la vergüenza por sus actos desagradecidos, lloró porque nunca más podría comer algo que su madre le preparara y dormir en las sábanas que ella lavara, lloró porque había extrañado demasiado a Young Hoon y porque creyó que lo había perdido para siempre.

Young Hoon estuvo ahí para contenerlo... Como siempre lo había estado.

 

Shin interrumpió su pequeño viaje de recuerdos para abrocharse el cinturón. Estaban a punto de despegar. Vio por el rabillo del ojo a una pareja con un niño pequeño.

El niño sostenía contra su pecho un robot de juguete bastante bonito. Al parecer tenía miedo a los aviones y abrazar a su robot le daba valor. Era un consuelo.

Para Shin en realidad no había sido tan difícil decidir querer reconstruir al robot abandonado en las profundidades del agua. Tras haber sido salvado por él, algo cambió en su interior. Agradecimiento lo llaman. 

Luego de la renuente partida de Young Hoon de Canadá tras la promesa de parte de Shin de que asistiría con un fisioterapeuta local y que atendería sus llamadas y se reportaría como mínimo una vez a la semana para que viera que estaba cuidándose y comiendo adecuadamente, Shin volvió a quedarse solo. La diferencia es que ya no sentía que estuviera solo.

Pasó un poco más de tiempo en la tranquilidad de las montañas para ordenar sus pensamientos, asistiendo a rehabilitación en el pueblo más cercano y luego regresó a Corea con una misión: recuperar y reconstruir al robot.

Young Hoon, David y Shin hicieron un pequeño e improvisado equipo. Los tres acordaron que lo mejor sería no contarle nada a Kang So Bong, en caso de que no lograran repararlo y la chica se ilusionara en vano.

A Shin en realidad no le interesaba en nada participar activamente en la reconstrucción del robot así que contribuyó dando escandalosas sumas de dinero para comprar materiales y construir un laboratorio en donde David pudiera "traer de vuelta a la vida a su amado hijo".

Mientras tanto él viajó alrededor del mundo, se había convertido en una especie de nómada del siglo XXI. No se quedaba mucho tiempo en cada lugar, estaba en búsqueda de distracciones y de tiempo para encontrarse a sí mismo. Regularmente volvía a Corea para monitorear el progreso de la reconstrucción del robot y para visitar a un Young Hoon con una nueva posición en la compañía: la de presidente interino.

Ambos acordaron junto con la junta directiva que esa era la mejor opción para todos mientras se votaba por un presidente fijo. Así la compañía no terminaba de arruinarse, Shin no la vendía, Young Hoon la reestablecía tras tanto problema con sus excelentes aptitudes y así la junta directiva estaría feliz... En fin, una propuesta favorable para todos. 

Luego de 10 meses en los que David desbocó todos sus conocimientos y esmero, Nam Shin III había regresado.

Con algunos cambios y limitantes, pero al pequeño equipo le pareció que era lo suficientemente bueno.

 

"Gracias, Nam Shin. No tenías por qué hacerlo, pero gracias a ti ahora tengo la oportunidad de volver con Kang So Bong". Agradeció el robot a Shin tras salir del auto en dirección a reencontrarse con la chica.

Shin chasqueó la lengua sin interés mientras agitaba la mano con desgana hacia el robot. "No te sientas especial, no lo hice por ti... Fue por mamá, a ella no le gustaría que te pudrieras en el fondo del mar".

David y Young Hoon rieron discretamente del otro lado del auto.

Todavía le era complicado distinguir todos los sentimientos que tenía hacia su fallecida madre… Por un lado, sabía que nunca podría perdonar el hecho de que no luchara por él y lo reemplazara por un robot, pero seguía siendo su madre. Su racionalismo no tenía espacio en esta cuestión y el amor que siempre había sentido por ella ganaba y le susurraba sus deseos. Y uno de ellos era que el robot viviera. 

"Aun así. Gracias de verdad". Dijo con una sonrisa en el rostro hacia el muchacho apoyado en el auto.

Justo cuando Nam Shin III emprendía camino hacia el restaurante en la playa en donde sabía que encontraría a Kang So Bong, Shin lo interrumpió.

"Oye, por cierto, quería agradecerte por esa vez en la que me salvaste de Seo Jong Gil. Fue muy valiente de tu parte". Shin masculló el agradecimiento mientras mantenía la vista fija en un punto muerto del cielo.

El robot entornó los ojos con curiosidad hacia Shin y cuando estaba a punto de hacer un comentario amable que incomodaría más al humano, Shin lo interrumpió:

"Bueno, por última vez. Como paga por haber gastado tanto en tu reconstrucción, déjame fingir ser tú frente a Kang So Bong. Todavía no olvido lo mucho que me desagrada esa farsante". Antes de obtener una respuesta de los presentes, Shin desapareció de sus vistas para encontrarse con la joven.

Después de todo, Shin tenía que mantener su fachada de indiferencia. A pesar de tener presente claramente que había decidido reconstruir al robot porque sabía que todo mejora cuando tienes a alguien que te consuele en tu vida y que Nam Shin III y Kang So Bong eran eso el uno para el otro. Así como lo era Young Hoon para él y así como esperaba convertirse en eso algún día para Young Hoon.

 

Usualmente un viaje tan largo lo desesperaría a morir. Shin odiaba tener que mantenerse en un solo lugar por demasiado tiempo. Cuando viajaba con Young Hoon por negocios al menos podía conversar con él u obligarlo a jugar alguna partida de videojuegos con él, pero cuando lo hacía él solo se impacientaba demasiado.

Pero esta vez deseaba que esas 12 horas fuesen más. Había tomado una decisión, estaba seguro de esa decisión, pero eso no evitaba que los nervios le comieran el estómago. Era momento de ser sincero, sincero de verdad.

Iba a confesar sus sentimientos a Young Hoon.

Si le pidieran que contara el momento exacto en el que se había enamorado de él, se quedaría en blanco. No fue algo instantáneo, no fue un sentimiento producto de una acción específica o de un día en particular.

Era algo ya tan normal para él que había perdido el interés en descubrir cuando había comenzado.

Shin nunca pensó mucho en su orientación sexual. No estaba realmente interesado en todo el asunto del romance. Ocupaba la mayor parte de su tiempo en rebeldía y en desobedecer a su abuelo. Después vinieron las obligaciones: graduarse de la escuela de especialización con buenas notas, entrar a la universidad y estudiar una "carrera de verdad" y después todo lo que la compañía esperaba de él pues se trataba del heredero de la compañía multimillonaria número 1 en Inteligencia Artificial de Corea.

0 presiones.

Tras la muerte tan inesperada de su padre y el abandono de su madre, Shin guardó su ilusión y todas sus emociones en una caja polvorienta en el fondo de su corazón.

No tenía a nadie a su lado, recordaba haberse hecho amigo de algunos trabajadores de su abuelo en sus primeros meses viviendo en esa mansión, pero fueron necesarias ciertas decepciones al descubrir que todas esas personas le pasaban reporte a su abuelo sobre todo lo que hacía y dejaba de hacer un Shin de 7 años para darse cuenta de que no podía confiar en nadie. 

No era necesario acercase y dejar que alguien se acercara a él porque al final lo dañarían de nuevo, todos tenían sus propios intereses cuando se trataba del nieto de Nam Gun Ho. Shin no podía ofrecer mucho también, no podía ofrecer un afecto que le había sido arrebatado a tan temprana edad.

Nunca pensó en tener una pareja a la que amara de verdad cuando al final tendría que casarse con quien su abuelo eligiera. Yena había sido la escogida.

Recordaba haber conocido a la niña en una fiesta por la asociación con una compañía extranjera cuando tenía 14 años. Su abuelo lo había obligado a asistir y ahí había conocido a una mocosa muy engreída más joven que él.

Desesperante desde el primer minuto, ella se obsesionó con Shin y con la idea de casarse en un futuro con él.

Shin supo desde el primer momento que nunca podría llegar a amarla. A partir de ese encuentro se reunió con ella constantemente a lo largo de los años y no la vio más que como una hermana pequeña.

Hace un mes exactamente había decidido visitarla en Estados Unidos ya que después del accidente ella había decidido vivir con su madre. Shin nunca conversó con ella después de eso. Ya estaba claro para ambos que no se casarían bajo ninguna circunstancia y la chica estaba demasiado dolida por la situación de su padre, así que vivir en Estados Unidos lejos de todo, era la mejor opción. 

Aun así, Shin sentía que tenía que verla y disculparse para poder estar bien con ella. Nunca la amó, pero era consciente del cariño que le profesaba la pelirroja y además él también le tenía aprecio. 

 

"No esperaba tu visita oppa". Yena comentó ofreciéndole una taza de té. "¿Cómo has estado? Yo... Lamento mucho lo de tu madre". 

"Gracias, he estado mejor estos días. Estuve viajando los últimos meses, ha sido lindo supongo..." Shin dejó la taza de té sobre la mesilla tras darle un sorbo. Demasiado dulce. "Quería verte para poder disculparme contigo. Nunca tuve la intención de casarme contigo, pero eso no era excusa para tratarte tan mal. Mi comportamiento después de haber despertado del coma tampoco estuvo bien, te involucré en cosas peligrosas e inmaduras. Lo siento, Yena-ah..."

Yena lo miró asombrada, pero con agradecimiento. Ambos necesitaban esto para seguir adelante.

"Está bien oppa. No hay resentimientos. Lamento lo de mi padre también... Me siento tan avergonzada por lo que hizo". Yena lagrimeó y se frotó con suavidad los ojos.

Shin sonrió tristemente. "Creo que hemos sido víctimas de los intereses de los adultos por bastante tiempo. Es momento de dejar eso atrás". Se inclinó hacia ella y le frotó la cabeza con cariño.

Los dos rieron y con esa risa el pasado quedó sellado. Sólo tenían buenos sentimientos hacia el otro y esperaban por un futuro más prometedor.

"Y dime oppa, ¿qué piensas hacer ahora? ¿El presidente Ji te ha dejado viajar por el mundo? Wow, es raro llamarlo así ahora... Creí que te tendría trabajando en la compañía". Yena indagó.

"No tiene la intención de obligarme a tomar responsabilidad de la compañía, él... Quiere que sea feliz, que encuentre mi camino. Esperará a que esté listo para volver a Corea". Shin tenía esa mirada en su rostro al hablar de Young Hoon, como si escondiera un hermoso secreto, como si hablar de Young Hoon fuera algo que encendiera sus sentimientos más ocultos. Yena lo había notado desde hace mucho pero no indagó o cuestionó demasiado aquello. Creía que podría ganarse el corazón del joven.

'Qué tonta fui. Sí es tan claro ahora que lo pienso detenidamente'. Pensó Yena mientras lo escuchaba hablar de Young Hoon.

"Deberías volver. No deberías dejarlo esperando por mucho tiempo". Murmuró Yena con un tono cómplice. Shin la observó detenidamente. "Siempre se han preocupado tanto el uno por el otro, ya es momento de que empiecen a ser felices. Juntos".

Shin se sonrojó, creyó que sus sentimientos habían estado resguardados perfectamente, pero al parecer no. La joven estalló en una carcajada y Shin no tardó en unírsele.

Había sido una buena idea visitarla.

 

"Estimados pasajeros. Estamos atravesando una ligera turbulencia. Les pedimos que mantengan la calma y se mantengan en sus asientos con el cinturón abrochado".

Shin despertó de su pequeña siesta por el movimiento del avión segundos antes de que la sobrecargo diera las indicaciones necesarias. 

Había estado soñando con Young Hoon.

Había sido una mezcla extraña de recuerdos que preferiría borrar.

De la vez en la que casi moría por una sobredosis. 

Shin era un experto en llevar su cuerpo al límite excediéndose en el licor y las drogas. Desde el momento en el que descubrió que no tenía por qué quedarse encerrado todo el tiempo en la casa, él buscó todas las excusas necesarias para pasar el tiempo lejos de su abuelo.

Hizo malas amistades que lo incentivaron al vicio y salía con ellas todas las noches posibles a emborracharse y drogarse. Algunas veces iba a casas de apuestas y terminaba involucrado en peleas. Luego estuvieron las chicas. Al inicio fue por presión social, luego le encontró la entretención.

Compartió besos y caricias vacías para llenar el hueco en su interior, pero nunca llegó a más. No se atrevía a dar el siguiente paso, siempre lo vio como algo demasiado íntimo, demasiado peligroso. Él nunca quiso dar ese paso con nadie. 

A menudo las amenazaba para que no esparcieran rumores sobre esa pequeña vulnerabilidad suya. Algunas aceptaban fácilmente, con otras se ganaba un buen bofetón, pero al final ese secreto no salía a la luz.

A pesar de su renuencia en llegar más allá en la cama, hubo un momento en el que el licor y las drogas desbarataron toda su oposición y consciencia y terminó en la cama con una chica desconocida al lado. Nunca supo exactamente qué había pasado durante ese espacio muerto de sus recuerdos y la chica no fue de ayuda pues también había olvidado todo. 

Ese momento de incertidumbre que lo acompañaría por siempre lo hizo sentir tan vulnerable y atacado que se prometió a sí mismo, nunca más beber hasta este punto en el que no pudiera distinguir entre simples besos y caricias con tener sexo. 

Así que tras una pequeña sesión de afecto solía despedirlas de su habitación. Ahí descubrió lo bueno de salir con chicas, ya que después de despedirlas de la habitación de hotel, él podía pasar toda la noche ahí tranquilamente.

Claro, cuando Young Hoon no lo encontraba, y Young Hoon tenía una tasa de aprobación para encontrar al más joven del 95%.

Entonces ambos solían pasar las noches en habitaciones de hotel lujosas. En esas noches se dieron las conversaciones más profundas y las que los acercaron cada vez más al punto en el que Young Hoon pasó de ser un simple secretario contratado por su abuelo a ser el único verdadero amigo de Shin, en su confidente y la persona que siempre querría a su lado, aunque nunca lo dijera en voz alta.

Hablaban de cualquier cosa que se les pasara por la cabeza. Desde ponerse al día sobre los estudios respectivos de cada uno, sobre las ganas de Shin de abandonar la universidad y las reprimendas de Young Hoon cada vez que el más joven insinuaba abandonar todo. Fue en una de esas noches cuando Young Hoon le contó sobre la primera vez que lo había visto y posteriormente debatirían sobre quien había resultado más insoportable: Shin apostaba todo a que Young Hoon con su incesante integridad y obediencia hastiaría a cualquiera, Young Hoon se quedó corto al mencionar el sinfín de barbaridades que había hecho (seguía haciendo) el más joven.

Algunas otras veces iban más profundo y llegaban a abrirse acerca de sus pasados, Young Hoon le habló de su vida en el orfanato y de los inexistentes recuerdos que tenía de sus padres, y fue también durante una de esas noches que Young Hoon vio a Shin verdaderamente feliz al hablar sobre sus padres y lo mucho que se divertían al salir de excursión o al pasar tardes en casa horneando galletas. 

Young Hoon envidiaba a Shin por al menos tener recuerdos de sus padres. Shin envidiaba a Young Hoon por no tenerlos, porque así no sufría por la pérdida de los buenos momentos junto a ellos. 

Algunas otras noches, Shin estaba tan ebrio que era imposible tener una conversación decente con él así que Young Hoon se dedicaba solamente a alejarlo del alcohol, darle agua para que se le bajara la borrachera y acostarlo en la cama contra la voluntad de un Shin completamente trastornado por el licor.

Afortunadamente Shin no se ponía violento cuando bebía, al menos no con Young Hoon, pero si tendía a ponerse completamente descarado y coqueto con el mayor. Se le lanzaba encima y se colgaba de él mientras intentaba abrazarlo y farfullaba tonterías sobre lo apuesto que lucía vestido de traje. Al día siguiente ambos fingirían demencia al respecto. 

Esas solían ser sus noches, llenas de altibajos y subidas. Pero nada los había preparado para la noche de la sobredosis. Había sido una completa pesadilla.

 

Shin se sentía hundido en una bruma densa y agobiante de sensaciones. El pecho le quemaban y sentía que había corrido una maratón. El suelo frío del baño bajo él no le ayudaba a bajar la temperatura de su cuerpo.

Lo último que recordaba era haberle pegado a un tipo en el bar, el tipo le había devuelto el golpe y luego las cosas se habían descontrolado. Su otro recuerdo era el de su amigo Dong Min arrastrándolo a la habitación de hotel. "Ya, tranquilo viejo, ya verás que un poco de lo que conseguí hará que te olvides de todos tus problemas". Le había dicho mientras lo adentraba a la habitación. 

Estaba claro que lo que sea que le hubiera dado, en vez de resolverle los problemas lo había involucrado en más problemas de los que podía manejar.

"¡Shin! ¡¿Qué has hecho?! MALDICIÓN". 

El joven apenas logró distinguir esa oración antes de que todo cayera en picado. Tuvo un severo incremento de su presión cardíaca. 

Su visión estaba demasiado borrosa. Con esfuerzo logró ver a Young Hoon arrodillado a su lado con el teléfono en la mano llamando a urgencias. En ningún momento apartó la vista del joven tirado en el suelo. 

Nunca había visto a Young Hoon de esa forma. Su mirada estaba cargada de enojo, preocupación y terror puro. Hasta el día de hoy esa imagen estaba grabada en su memoria.

Afortunadamente Young Hoon lo había encontrado a tiempo, los de Urgencias lo trasladaron al hospital y le dieron el tratamiento necesario para que no muriera. Cuando estuvo más consciente se dio cuenta de que Young Hoon nunca había dejado su lugar al lado de la camilla.

Creyó que iría a prisión por el consumo de drogas ilegales pero su abuelo metió las manos y movió contactos para que ese fatídico suceso quedara lejos de la vista de las autoridades. 

Tras un par de días internado, pudo regresar a casa. Todavía se sentía débil, confundido y adolorido, sus ojos seguían irritados y tendía a quedarse dormido con facilidad, pero el médico dijo que era normal y que con descanso y tiempo volvería a estar bien.

"Y recuerda lo que dijo el médico: nada de actividades demasiado exigentes y bajo ninguna circunstancia debes consumir alcohol o drogas. ¿Me estás escuchando verdad?". Recordó Young Hoon mientras ayudaba a Shin a bajar del auto. 

"Entiendo, entiendo. Nunca volverá a pasar. Pero te juro que no sabía que era tan fuerte, Dong Min me dijo que era la droga que usualmente consumimos". Se defendió mientras tomaba el brazo de Young Hoon. 

"Pues está claro que te mintió y luego te abandonó a tu suerte. Si tienes siquiera un mínimo de consideración por tu vida y por la mía, nunca más vuelvas a verlo o a ingerir cualquier cosa que te ofrezcan, ¿quieres?"

Shin asintió obedientemente temeroso de molestarlo más, si es que eso era posible.

"Muy bien, luego de dejarte en tu habitación me encargaré de ese chico, esta vez me oirá". Masculló lo último con un grado alto de amenaza en su voz. "Tú sólo preocúpate por descansar". 

Shin había creído que la pesadilla había terminado, pero al entrar a la casa fueron citados los dos por su abuelo y lo que sucedió después quedaría latente en su interior por el resto de su vida. 

El abuelo había golpeado a Young Hoon por primera vez. 

“¡Abuelo!”

Nunca había odiado al anciano tanto como ese día. 

“Así es. Golpeé a alguien que es 100 veces mejor que tú… Fue por tu culpa”.

Por su culpa…

“¿Por qué lo golpeas a él? Si lo golpeas, me golpeas a mí. Si lo maltratas a él, me maltratas a mí”. 

Shin había sentido con todo su ser esas palabras. Podía soportar todo, casi todo, pero no que Young Hoon sufriera las consecuencias de sus acciones.

Lo que iba a ser una tarde de descanso para él terminó siendo un tiempo al lado de Young Hoon sanando sus heridas. 

Hielo en la mejilla del mayor y vendas en su mano ensangrentada. Esa vez algo había cambiado en su relación. 

Shin era más que consciente de lo importante que era él para Young Hoon. Esa certeza estaba presente en su mirada angustiada al verlo agonizar en el suelo del baño, en la caricia sobre su mano al ver que Shin había despertado en el hospital, en su mirada tranquila cuando le decía que estaba bien tras ser golpeado por sus acciones riesgosas y estaba claro en el pequeño botiquín de primeros auxilios que le había extendido con preocupación.

Shin fue consciente también de lo hondo que habían calado sus sentimientos por él. Ya no había vuelta atrás. Nunca había desafiado a su abuelo de esa forma, nunca se había atrevido, él no poseía esa valentía… O eso creía hasta que Young Hoon fue golpeado.

Creyó que largarse de la casa mantendría a salvo a Young Hoon, pero en cambio resultó siendo amenazado una vez más con la otra persona que más amaba en el mundo: su madre.

Tuvo que quedarse.

 

A partir de ese momento Shin reguló sus acciones. No más drogas fuertes e ilegales. No más peleas públicas. No más apuestas. Menos alcohol. No quería que su hyung sufriera las consecuencias, aunque después su abuelo siempre encontraría más de algún motivo para volver a golpearlo. Shin nunca era suficiente para los estándares del anciano y Young Hoon pagaba por ello.

Interferir emporaba las cosas, así que aprendió a tragarse sus crudas intenciones contra su abuelo y a mantener una bolsa de hielo siempre en la nevera.

Por todo eso, Shin había tenido por seguro que algo con Young Hoon nunca sería posible. Así que se conformó con tenerlo a su lado, él estaba bien con eso. Pero si Young Hoon algún día decidiera hacer su vida por aparte y alejarse de él… No sabría cómo sobrellevarlo. Porque él era su ancla, quien lo mantenía cuerdo y de pie cuando lo único que quería era rendirse.

Ahora que ambos eran libres sintió verdaderamente que era posible. Sabía que era querido por Young Hoon, no tenía la suficiente confianza para atribuirles a esos sentimientos la grandeza de los suyos, pero sabía que era importante para el mayor.

Selena y Sebas habían intentado persuadirlo de que Young Hoon sentía lo mismo que él y fueron los principales promotores de la idea de que volviera a Corea a formalizar el asunto. Selena y Sebas eran los amigos que había hecho en su viaje a Portugal, posteriormente los tres habían viajado a Italia y ahí la pareja confrontó a Shin para que dejara de ser tan cobarde y siguiera sus sentimientos. 

 

“¡Pero es que te lo digo Shin! Es imposible que no esté enamorado de ti después de todo lo que nos has contado que ha hecho por ti, joder” Le dijo por enésima vez la joven mientras golpeaba contra la mesa su tarro de cerveza. “¿Eres tonto o qué?”

Shin había perdido la cuenta del tiempo en el que habían estado dándole vueltas al tema de Young Hoon en la taberna a la orilla del mar. Le parecía gracioso que hace unos meses cuando recién los conocía pensaría que sería lo más estúpido del mundo que hablara con alguien tan abiertamente de lo que sentía por Young Hoon y todo lo que lo rodeaba. Pero simplemente hicieron click y se ganaron su confianza, y lo que comenzó como pequeñas confesiones dispersas sobre su enamoramiento entre conversaciones de otros temas había terminado en que les contara absolutamente todo. 

“Oye, míranos a nosotros”. Interrumpió Sebas. “Creíamos que no le gustábamos al otro y por poco nos perdíamos de lo que sería la mayor aventura de nuestras vidas. Pero al final decidí confesar mis sentimientos y Selena los correspondió”. Se acercó a Selena y le plantó un beso demasiado exagerado. Shin rodó los ojos abrumado por el afecto tan apasionante que se tenían y la pareja rio. 

“Pero para eso tienes que arriesgarte chico. Nunca sabrás lo que podría pasar si no tomas el riesgo. Por lo que sé Young Hoon te quiere demasiado como para alejarte de su vida si no es mutuo el sentimiento. Lo que es una completa tontería porque es que ¿quién realiza un plan tan peligroso sólo para proteger al nieto de su jefe? Es que yo no pue…”

“¡Ok! ¡Ok! Ya lo tengo claro, ¿sí?” Shin interrumpió a la chica rizada, se empinó lo que le quedaba de cerveza y procedió a dar su veredicto:

“Volveré… Volveré a Corea y hablaré con él, ¿contentos?” 

Ambos gritaron de emoción, lo felicitaron y abrazaron. La noche prosiguió y se convirtió en día con ellos hablando de sus planes a futuro y molestando a Shin por una posible boda. 

Shin los extrañaría, habían sido un gran soporte y alegría estos últimos meses, por fin había encontrado buenas amistades. Pero tenía que volver. No podía evitarlo por más tiempo.  

Volvería a Young Hoon.

 

“Estimados pasajeros, bienvenidos al aeropuerto de Incheon. Por favor, permanezcan sentados, y con el cinturón de seguridad abrochado hasta que el avión haya parado por completo los motores y la señal luminosa de cinturones se apague…”

Oh dios… No estaba listo. 

El pánico comenzó a invadirlo y el constante recordatorio por los altavoces de que habían aterrizado en Corea no ayudaba a calmarlo.

'Rélajate, maldición. Sólo es Young Hoon. Young Hoon quien te conoce desde los 10 años. Young Hoon quien sabe todo de ti. Young Hoon quien nunca te abandonó y siempre te dio una segunda oportunidad'.

Young Hoon quien ya había visto absolutamente todo de él. Había visto sus colores más oscuros y era el único que lograba vislumbrar sus mejores colores, su lado cálido, su verdadero ser… Incluso cuando el mismo Shin no lograba verlo.

¿Qué podía salir mal?

Tras desabordar el avión fue en búsqueda de su maleta y nunca había agradecido tanto que la maleta tardara en aparecer.

Mientras la esperaba se vio en la cámara de su teléfono. Se aplastó un poco el pelo desordenado y se arregló la chaqueta. 

Se veía espantoso.

Shin siempre había cuidado de su aspecto, incluso en los vuelos largos, pero el tener la cabeza en otro lado y haberse pegado una larga siesta lo había dejado con un aspecto deplorable.

En realidad, no estaba mal, pero en ese momento Shin todo lo veía trastornado por los nervios.

Luego de arreglarse, entró al chat de Young Hoon y leyó los mensajes que le había dejado antes de despegar y uno más reciente.

“Está bien Shin-ah, ten un buen vuelo.”

“Ya estoy aquí.”

Iba a vomitar. ¿Pero por qué era siempre tan puntual? Se tragó sus nervios y emprendió camino hacia la salida con la maleta en mano. Le gustaba esa maleta, había sido un regalo de Young Hoon y por eso la había escogido para sus viajes de los últimos meses.

El pasillo por algún motivo se sentía eterno, comenzaba a impacientarse.

“¿Te vas otra vez? Creí que… Habías vuelto para quedarte”. La sorpresa en el rostro de Young Hoon no le pasó desapercibida.

“Volví para felicitarte por tu puesto fijo como presidente y por lo de la restauración del robot, quería verlo reunirse con Kang So Bong y ver si su amor era tan cierto como solían presumir”. Respondió con burla.

La verdad no había querido alejarse de él otra vez. Pero sus sentimientos no confesados lo estaban matando y le costaba mantenerse al lado de Young Hoon, recordó Shin mientras iba a mitad del pasillo.

“No te preocupes Young Hoon-hyung, voy a regresar. Sabes que me canso fácilmente de las cosas, ¿no? En algún momento me hartaré de estar viajando tanto”. Le dijo mientras intentaba ocultar la verdad de su partida.

“De que estaba completa, absoluta y locamente enamorado de ti”. Murmulló Shin para sus adentros con una sonrisa tonta. 

Young Hoon se mantuvo en silencio, no esperaba que decidiera irse otra vez y tan pronto. “Está bien, te esperaré. Haz todo lo que quieras hacer, te lo mereces, pero… Vuelve, vuelve a mí Shin-ah”.

Y lo había hecho, 2 meses después estaba de vuelta. 

Por fin había llegado al final del pasillo. 

Buscó ansiosamente con la mirada a Young Hoon y luego de unos segundos lo encontró. Estaba como lo recordaba: postura recta, manos en los bolsillos de su abrigo azul oscuro, el cabello peinado prolijamente hacia atrás y semblante sereno mientras lo buscaba con la mirada. Cuando se dio cuenta de los ojos ámbar de Shin sobre él, detuvo su búsqueda y sonrió suavemente en su dirección. 

No era hasta que lo volvía a ver que recordaba lo mucho que lo había extrañado.

Aceleró el paso para llegar hasta él. Los detalles que tanto adoraba de su rostro y a los que estaba tan acostumbrado se hacían más visibles mientras más se acercaba. Todas las personas a su alrededor desaparecieron y sólo estaban ellos dos. 

Siempre habían sido solo ellos dos. Contra su abuelo, contra el mundo. Siempre se habían tenido el uno al otro.

“Bienvenido a casa, Shin-ah”. También había extrañado su voz.

Shin detuvo abruptamente su caminata hacia él y luego de unos segundos de compartir una mirada que lo decía todo, se lanzó a sus brazos. 

Young Hoon tardó unos segundos en salir de la impresión, pero terminó rodeándolo con sus brazos como una cálida manta.

Había extrañado sus abrazos. Se habían abrazado unas cuantas veces en el pasado, pero no las suficientes. Shin esperaba que eso cambiara de ahora en adelante y se abrazaran con más frecuencia. Para siempre si fuera posible.

“Volví. Ya volví a casa, Young Hoon-ah”. Dijo contra su cuello mientras lo abrazaba con más fuerza sin ser consciente del apodo cariñoso que usaba por primera vez con él.

“Gracias Shin-ah… Gracias”. Murmuró el mayor con voz profunda.

Mientras se abrazaban, ambos compartieron el mismo pensamiento: las cosas por fin estaban tomando el lugar que debían tener. 

 

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“¿Cómo estuvo el viaje? Debes estar cansado.” Comenzó Young Hoon mientras conducía. 

Luego del abrazo las cosas se habían tornado incómodas, especialmente por la actitud rara de Shin pero afortunadamente para él, Young Hoon lo había dejado pasar y se dirigieron al auto.

“Aburrido, pero bastante tolerable supongo…” Le respondió mientras jugueteaba con sus manos en su regazo. “¿Has estado bien? El clima ha empezado a enfriar y te sueles resfriar con facilidad así que estaba preocupado… Digo, eres el presidente ahora, no puedes permitirte enfermarte con facilidad, ¿qué dirían los demás? Te tacharían de incompetente, aunque claramente no eres para nada incompetente. Serían tontos si dijeran que eres incompetente. A lo que iba, ¿recuerdas a Selena? Ella me compartió una receta de un té que previene resfriados y pensé que te funcionaría. ¿Debería preparártelo? O puedo pedirle que envíe un po…”

“Shin”, Young Hoon interrumpió el desboque verbal del menor con cierta gracia y extrañeza en su voz, “he estado bien, no tienes por qué preocuparte”. Dijo desviando por un momento la vista del camino para posarla en Shin.

'¿Pero qué le sucede ahora? ' Pensó extrañado Young Hoon mientras devolvía la vista al camino.

El camino a casa fue un total fracaso para que Shin se confesara ya que le abordaban los nervios y terminaba hablando de cosas tan dispersas y tontas como el nuevo aromatizante del auto de Young Hoon (en verdad no había ninguno), el estofado de cordero que había comido en el avión (Shin odiaba el cordero) o la calidez de la noche (estaba helando).

Mucho después Shin agradecería no haberse confesado en el auto de Young Hoon. 'No podría haber algo menos romántico'. Pensaría.

Luego de llegar a casa y bajarse del auto, Young Hoon inmediatamente fue por la maleta de Shin guardada en el maletero del auto, la bajó y empezó a caminar hacia Shin quien lo veía perplejo.

Esa simple acción detonó algo en su interior, en una fracción de segundo fue consciente de una verdad tan clara que le explotaba en la cara. Ese pequeño descubrimiento cambiaba las cosas y alteraba sus planes de confesión.

“¿Qué crees que haces?” Preguntó abruptamente hacia el mayor. La sonrisa de Young Hoon desapareció mientras veía la expresión molesta del otro. “Ya no eres mi maldito secretario”.

Lo que Shin creía que sería esa noche había cambiado por completo. En un buen escenario Young Hoon aceptaba sus sentimientos y en el malo simplemente lo rechazaba por no sentir lo mismo. Pero en ese momento se había dado cuenta de una tercera variable:

¿Y si Young Hoon lo aceptaba por lástima?

Pero qué tonto había sido. Estábamos hablando de Young Hoon. Young Hoon quien había aceptado ser tratado como una simple sombra de él para poder tener un futuro estable asegurado y salir de ese orfanato. Young Hoon quien había sacrificado tener una vida tranquila para seguir al revoltoso y problemático de Shin. Young Hoon quien había aceptado participar en los planes inmaduros de Shin en donde engañaba a Kang So Bong fingiendo ser el robot mientras el verdadero robot se encontraba sin batería… Todo para demostrar que estaba de su lado.

'Sería muy fácil' pensó Shin, 'aprovecharme de la situación y exigir abiertamente el cariño que tanto deseo de él… Y probablemente me sería concedido'. Shin sintió asco de sí mismo.

Pero a diferencia de lo que el resto del mundo pensara de él (a excepción de Young Hoon quien siempre aprovechaba cualquier noche de insomnio a la orilla de la piscina en compañía de latas de cerveza para expresarle lo que él consideraba la verdadera forma de ser de él), Shin ya no era y no pretendía ser nunca en su vida, mezquino con los sentimientos de la persona en la que más confiaba y a la que más amaba. 

Young Hoon carraspeó extrañado. “¿Sucede algo? ¿Por qué te molestarías por algo tan sencillo como est…”

“¡POR QUÉ NO ES ALGO SENCILLO YOUNG HOON- HYUNG!” Le gritó mientras el dolor se reflejaba en su rostro, mantuvo su mano contra su rostro por un momento hasta que tomó el valor para enfrentarlo: “Ya ni siquiera eres mi secretario, no tienes ninguna obligación conmigo porque me deshice de mi abuelo entonces ¿por qué…? ¿Por qué sigues actuando como un empleado mío? ¿Es por la costumbre? ¿Porque crees que eso es lo único que puedes hacer para mantenerte a mi lado?”

“Hace frío, hablemos adentro Shin-ah”. Young Hoon intentó acercarse a él.

“¿Sabes por qué volví? ¿Tienes siquiera una idea de por qué últimamente te escribo tanto a pesar de saber que estas muy ocupado trabajando? ¿Sabes por qué actué como un tonto del aeropuerto para acá?” Shin lo cuestionó mientras se apartaba de su intento de adentrarlo a la casa. 

Young Hoon suspiró y respondió a la primera pregunta: “No sé, supongo que ya comenzabas a cansarte de viajar. Sabes que te cansa hacer una sola cosa por mucho tiempo”.

“¡FUE PORQUE TE AMO, TONTO!” La confesión salió de los labios de Shin sin pensarlo demasiado, fue liberador. “Te amo… Desde hace mucho y… Quería confesártelo por fin. Por eso volví a ti”. Culminó con los latidos de su corazón desenfrenados amenazando con salir de su pecho.

La cara de Young Hoon era un poema. Tenía los ojos demasiado abiertos, las cejas curvadas con sorpresa y mientras más hablaba Shin más abría la boca hasta terminar en una “O” perfecta. Estaba quieto en su lugar, demasiado inmóvil como para parecer un humano, brazos sueltos a sus costados, la maleta olvidada a un lado. Parecía que nunca se repondría de esto.

Shin se impacientó y siguió hablando: “Llevamos años de conocernos, pero no fue hasta ahora que creí que podría ser sincero contigo. Nunca creí que sería posible hasta ahora, estaban mi abuelo y el compromiso con Yena como sabes… Pero justo cuando decido ser sincero vienes y… Y actúas de esa forma, ¡Siempre actúas de esa forma! Como si estuviera por encima de ti y fueras capaz de hacer cualquier cosa por mí como si de una obligación se tratase cuando claramente ya no lo es. Joder eres el maldito presidente ahora, ¿por qué sigues viviendo en esa habitación tan pequeña? ¡NO ES QUE TE ESTÉ ECHANDO ES SÓLO QUE…!” Shin perdió el hilo de sus ideas, a este punto ya no sabía que estaba diciendo y más confusa era la expresión de Young Hoon.

“Olvídalo, olvida lo que dije, yo… Yo iré a mi habitación”. Sentenció el joven aturdido, tenía que irse de ahí. 

Huía otra vez, como un cobarde. 

Selena y Sebas estaban equivocados, Shin no era capaz de ser algo bueno en la vida de Young Hoon.

“¡Shin-ah espera!”. Fue necesario que Shin desapareciera por la puerta de la casa para que Young Hoon despertara de su impresión. Algún día Shin terminaría con los pocos nervios que le quedaban a Young Hoon. El hombre trajeado corrió detrás de Shin y lo alcanzó por la sala de estar ubicada de su lado de la mansión. “Espera, hablemos”. Sujetó con fuerza a Shin por el brazo impidiendo que se encerrara en su habitación.

“Dije que lo olvides, fue un error. No debí haberte dicho nada…” Dijo entre dientes mientras rehuía de la mirada de Young Hoon.

“No. Ahora tú escúchame. Siempre te apartas cuando comienzas a ser vulnerable y no lo permitiré esta vez”. Young Hoon suspiró con fuerza. “Ahora tienes que escucharme tú a mí”.

Shin dejó de forcejear con el agarre de Young Hoon y se volteó ligeramente hacia él aun evitando su mirada.

Young Hoon suspiró nerviosamente y luego de unos segundos en donde elegía las mejores palabras para hablarle, confesó: 

“Hace un rato, afuera… Me tomaste por sorpresa. No sabía que tenías esos sentimientos por mí”. Young Hoon tomó valor con un respiro y se desahogó: “Creí que era el único que los tenía”. Confesó con los ojos cerrados.

Ahora sí, Shin se volteó completamente y fijó sus ojos esperanzados en Young Hoon. Shin ya lo sospechaba, nadie trata a otra persona con tanto cariño como el que Young Hoon expresaba discretamente a Shin por nada. Ya lo sospechaba y en su interior lo sabía, pero aun así escucharlo de la propia boca de Young Hoon era como darse cuenta por primera vez de la dulzura que puede existir en el mundo.

“Los he tenido por bastante tiempo de hecho Shin-ah, aunque nunca creí que pudiera hacer algo con ellos más que guardarlos para mí y quedarme a tu lado como un simple asistente. Pero ahora… Las cosas han cambiado”. Young Hoon abrió con lentitud los ojos, aflojó su agarre en el brazo de Shin y deslizó su mano hasta llegar a la mano apretada del joven, la acarició con cuidado. “Entonces no entiendo por qué piensas que no podría devolverte el afecto de la misma forma”.

Shin sentía como las cuerdas atadas con demasiada fuerza en su interior se aflojaban con cada palabra dicha por Young Hoon.

Young Hoon prácticamente le había dicho que lo amaba. Su cabeza estaba revuelta por la impresión y su temor, pero tomó valor y le explicó todo lo que rondaba por su mente: 

“Tengo miedo… De que, así como aceptaste hacer cosas horrendas bajo mi manipulación, aceptes mis sentimientos. De que… Me ames porque crees que eso es lo que tienes que hacer y no porque lo hagas de verdad”. Para este punto las lágrimas en los ojos de Shin eran visibles y con esfuerzo las contenía. “Creo que… Nos hemos vuelto muy dependientes del otro... No, no lo creo. En realidad, somos muy dependientes emocionalmente del otro. No lo digo como reclamo o algo por el estilo. La situación fue la apropiada para volvernos de esa forma con el otro. Todas las cosas malas que he hecho, todo el daño que te he causado, nunca hubiera sido tan grave si mi abuelo no te hubiera hecho creer que tu único valor estaba en ser mi sombra”.

“Shin-ah…”  A Young Hoon le dolía ver tan afectado a Shin, su corazón se rompió.

“Te amo hyung, como nunca creí amar a alguien en esta vida, y por eso quiero lo mejor para ti. Tú eres lo único de lo que no me cansaría nunca, ¿sabes? Pero… Si bien me siento mejor ahora, todavía no estoy seguro de poder darte lo que te mereces. No quiero que me aceptes por lástima o algo por el estilo. No digo que seas esa clase de persona, pero sí sé que siempre antepones mi bienestar al tuyo y no quiero que esta confesión sea una carga para ti que tengas que tomar y aceptar”. Culminó Shin entre lágrimas silenciosas para terminar bajando la mirada.

La mano de Young Hoon sobre la de Shin se afianzó y la otra se dirigió a la tarea de limpiar las lágrimas que se deslizaban por las mejillas del joven. Se acercó al joven y plantó un beso casto en su frente.

“Shin… Te conozco como nadie en el mundo, sé que no me has confesado cómo te sientes para aprovecharte del hecho de que siento lo mismo”. Siguió limpiando sus lágrimas mientras nuevas se deslizaban hasta su mentón. “Es verdad que has cometido errores, pero sé que no eres el mismo de antes. Sólo tengo que verte a los ojos para saber que cada día te conviertes en una mejor versión de ti mismo”. Rio con suavidad, Shin sintió el movimiento de su risa en la mano apoyada en su rostro.

“No tienes que preocuparte de que aceptaré tus sentimientos por obligación o algo así. Eso es lo más tonto que has dicho mocoso”. Shin lo interrumpió para abrazarlo con torpeza. Sintió como las grietas en su interior comenzaban a llenarse. El miedo desaparecía poco a poco. Young Hoon le devolvió el abrazo con fuerza. 

'Con que así se siente ser sincero' pensó Shin mientras se hundía más en los brazos del mayor.

Mientras permanecían abrazados, Shin no paró de pensar en lo increíble que era Young Hoon y en lo afortunado que era al tenerlo a su lado, y a Shin le sorprendía inmensamente, lo consideraba uno de los misterios más profundos y arraigados de la Tierra, el hecho de que Young Hoon lo amara tan tiernamente, sin pedir nada a cambio, sin intentar cambiar más de lo que fuera necesario para su propio bien.

Shin nunca había padecido de fastidio por su propia forma de ser, pero aun así sería el último en votar por él mismo como una persona agradable al trato diario, por eso mismo aceptar el amor que Young Hoon le había guardado por años y manifestaba por medio de pequeños actos y grandes decisiones, lo aturdía por completo.

Estaba aturdido. Aturdido de amor. Aturdido por Young Hoon.

Cuando los brazos comenzaban a acalambrárseles por estar tanto tiempo en la misma posición y cuando Young Hoon creyó que por fin podrían dejar las idas y vueltas y los malentendidos atrás, Shin una vez más, lo sorprendió. 

“¡Deberías irte de viaje Young Hoon-ah!” Exclamó tras zafarse repentinamente del abrazo. 

“¿Irme de viaj…? ¿Qué? ¿De qué hablas?”. Young Hoon claramente no estaba entendiendo este cambio tan abrupto en la situación.

“¡Sí! Eso es lo que tienes que hacer. Se me acaba de ocurrir. No te imaginas lo mucho que me ayudó salir de Corea y viajar, sirve para distraerse y aclarar la mente. ¡Eso es lo que necesitas!” La cara de Shin era como si hubiera descubierto la cura al cáncer y golpeó sin fuerza con el puño el brazo del mayor. “Cuando vuelvas tendrás la mente clara y podrás decidir si lo que quieres es estar conmigo”.

Parecía que habían sacado a Young Hoon de un buen sueño por la expresión que le daba al menor. “Shin-ah, no es necesario. Ya te dije que no correspondo tus sentimientos por obligación. Yo en verdad te a…”

“¡NO! No lo digas. Dímelo al regresar. Créeme, así como tú sacas a relucir en cada momento que me conoces como nadie en el mundo te digo yo lo mismo, Young Hoon-ah, te conozco más que nadie”. La mirada de Shin le decía que iba en serio con esto. “En los últimos años siempre has hecho lo que te exigía mi abuelo o yo. ¿Nunca has querido hacer algo por tu cuenta? ¿Nunca has querido viajar y dejar de ser lo que te impuso mi abuelo y ser simplemente tú mismo? Maldición que ni siquiera te pregunté si querías asumir la presidencia, solamente lo di por sentado… Lo siento”. Últimamente a Shin se le estaba haciendo costumbre comunicarse en una marea rápida de ideas.

Young Hoon levantó los hombros. “En realidad nunca lo he pensado, siempre he estado ocupado con el trabajo o contigo…”

“¡Justo a eso me refiero! Te lo dije, quiero lo mejor para ti hyung. No quiero que me digas que me amas por la emoción del momento…” Young Hoon hizo un indicio de interrumpirlo, “¡No! Ya sé lo que dirás: que no es por la emoción del momento, que tienes mucho trabajo como para tomarte un descanso y un montón de excusas más… Esto no funcionará, dame tu teléfono”. Shin extendió la mano hacia Young Hoon.

“Creo que entiendo a lo qué te refieres, pero aun así no creo que sea necesario todo esto, Shin-ah”. Shin le arrancó el teléfono de la mano cuando recién lo sacaba de su bolsillo y comenzó a manipularlo. “¿Es esto una clase de abstinencia antes de concretar el asunto?” Preguntó con burla en la voz, pero con un poco de diversión. Shin levantó la mirada del teléfono y lo vio con cansancio para seguir tecleando apresuradamente. “¿Es una costumbre que aprendiste en Europa, mmh?”

“No seas ridículo, no será hasta que te vayas de viaje que lo entenderás. Así es cómo me sucedió a mí”. Shin sonrió hacia Young Hoon con una sonrisa maliciosa y le devolvió el teléfono. “Considérate un hombre libre por un mes, disfruta de tus vacaciones”

Young Hoon tomó el teléfono que le extendía Shin y con curiosidad revisó el contenido de este: 

“Secretario Kim

Hola. Para informarte que por motivos personales estaré fuera por aproximadamente un mes. Encárgate de hacerle saber a la junta directiva, de mover todas las citas programadas y resolver lo que puedas por tu cuenta. 

Byebye

Pd: ni se te ocurra contactarme a menos que sea de vida o muerte”

Young Hoon cerró con fuerza los ojos… No lo podía creer. Shin…

“¡Shin-ah! ¿En serio?” Lo vio aturdido mientras sentía que el mundo se le venía encima.

“Ay vamos, no es para tanto. Si yo fuera el presidente me ausentaría por meses, tú solamente lo harás por un mes. Es momento que demuestren que son lo suficientemente capaces para salir adelante sin toda tu coordinación”. Shin lucía una expresión tan despreocupada mientras se encaminaba a la habitación de Young Hoon.

“¿Y crees que el secretario Kim lo creerá? Lo trataste de y te despediste con un… ¿Byebye?”

“No te preocupes por eso. Si quieres mañana llamo a cada integrante de la junta directiva para informarles que te ausentarás”. Gritó desde la habitación de Young Hoon hacia la sala en donde todavía se encontraba el mayor. “¡Ven aquí, tenemos que armar tu maleta!”

Shin encontró rápidamente la maleta de Young Hoon y la lanzó sobre la cama, se sentía por las nubes debido al transcurso tan exitoso de la noche, pero algo brillaba en su interior opacando todo: estaba comprometido en ser alguien que mereciera a Young Hoon. No le bastaba con que sus sentimientos fueran correspondidos, quería que Young Hoon estuviera en paz y quería ayudarlo a lograrlo, así como lo había hecho él cuando estaba hundido en lo profundo con sus demonios.

Luego de unos segundos en los que lanzaba lo que encontraba a su paso dentro de la maleta y no ver que llegara Young Hoon, corrió hacia la puerta y desde ahí apuró a un hombre con todas las emociones existentes corriendo por su rostro mientras veía su teléfono.

“¿Vienes o no? ¿Confiarás en mí para armar tu maleta o qué?” Le sonrió.

Young Hoon salió de su estupor y lo miró desde la distancia, a Shin le daba gracia ver cómo el mayor intentaba seguirle el paso tras lanzarle una bomba tras otra. Con expresión resignada, pero con una gran cantidad de cariño en ella caminó hacia él.

Un cariño que siempre estuvo ahí pero que tuvo tanto miedo de aceptar, un cariño que le profesaba él también. Un cariño que nunca más sería ocultado.