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Dulce aroma

Summary:

Will está enfermito y Hannibal lo quiere cuidar.

Notes:

Este es mi primer fanfic de los murder husbands, espero que les gusto y se aceptan críticas constructivas ♡

Work Text:

El cielo cubierto de un manto esponjoso y gris dejaba caer una delgada lluvia que golpeaba el techo de lata del hogar del detective Will Graham.

El clima había estado oscuro y lúgubre durante todo el día, y la exposición a la humedad había hecho que Will se resfriara luego de una larga sesión mañanera de paseo con sus mascotas.

El hombre se encontraba postrado en la cama, mientras trataba de tomar una siesta que sabía que lo ayudaría a sentirse mejor, pero que no lograba concretar por el calor que irradiaba su cuerpo. Tenía fiebre. Esa fiebre penetrante con la que no puedes ni siquiera pensar por la presión que se acumula en la cabeza. Sólo se quedó ahí, contemplando el sonido que hacían las gotas de agua al golpetear contra la ventana de su habitación y rezando para que pronto pudiera levantarse y continuar estudiando uno de los casos que Jack Crawford le había asignado. El trabajo era lo más importante para él, luego de sus cachorros, claro.

Las horas pasaron y la lluvia se intensificó, el viento se colaba por entremedio de las latas del techo haciendo que estas se golpearan estruendosamente y su estómago rugió al recordar que en la alacena había un pequeño envase de sopa instantánea. Tenía que comer si quería sentirse mejor.

Se levantó a duras penas y se tambaleó, un mareo lo invadió haciendo que su vista se pusiera borrosa pero rápidamente se compuso y avanzó descalzo a la cocina para prepararse algo de comer. Encendió el hervidor y esperó a que el líquido en el interior bulliera, pero cuando estaba a punto de vertir el líquido en el envase alguien golpeó la puerta.

Will miró el reloj en la pared y se dio cuenta de que ya era relativamente tarde para que cualquier visita fuera a verle. Dejó lo que estaba haciendo y caminó desganado hasta la puerta.

Abrió cauteloso, ¿quién podría ser a esta hora y con este clima?

— Will, buenas noches.

Al ver esos familiares ojos, penetrantes pero cálidos que lo escaneaban Will abrió la puerta por completo, sin comprender que hacia el Dr. Lecter ahí parado en su puerta, algo empapado pero sin perder el estilo y la elegancia en ningún momento.

— Hannibal, buenas noches — Will contestó aclarando su garganta y mirando a su psiquiatra algo nervioso y confundido, no hallaba razón alguna para que él estuviera ahí — ¿a qué debo su visita?

Hannibal bajó la mirada para analizar el estado del joven de cabellos rebeldes y desaliñados. Primero posó su mirada en sus cuencas ojerosas y algo irritadas, luego bajó por su torso para ver las marcas de sudor atrapadas en su camiseta de dormir, sus manos temblorosas y blancas, la piel pálida, esa piel delicada y apetecible que lo había mantenido despierto varias noches, debatiendo su sabor. Alzó su mirada nuevamente para toparse con la mirada azulina e intrigada de Will, aclaró su garganta.

— Will, no asististe a nuestra cita de hoy — dijo en su tono neutro y con una pequeña sonrisa esbozada en sus delgados labios. Fuera de su pasión por la elegancia, había algo en el aspecto completamente contrario de Will que le gustaba admirar.

Will frunció el ceño y sacó su celular del bolsillo para fijarse en la fecha, Hannibal tenía razón. Se apartó de la puerta haciendo un ademán para que pasara, mientras volvía a meter el celular en su bolsillo sin antes fijarse en las incontables llamadas perdidas de su psiquiatra.

— Disculpa, Hannibal – contestó bajando la cabeza mientras sobaba su nuca — Lo olvidé.

El hombre mayor se quitó el vestón y la bufanda mientras caminaba al interior de la humilde y acogedora morada de Will, dejandolos a continuación sobre el sofá. Sonrió compasivo.

— Veo que no te sientes muy bien — caminó hacia él a paso lento. Casi como un cazador.

Will asintió con la cabeza mientras evitaba el contacto visual, estar enfermo lo hacia sentirse... vulnerable, y por alguna razón eso lo avergonzaba. No supo decir nada más.

El psiquiatra alzó su mano y la posó sobre la frente de Will.

— Estás hirviendo, Will. — la preocupación en su voz se dejó oír, y a continuación deslizó su mano callosa pero gentil por la mejilla del chico — Será mejor que te recuestes y descanses, tu temperatura está muy alta, puede ser peligroso.

Sus miradas se juntaron al sentir el inesperado tacto del doctor, el rostro de Will quería enrojecerse completamente pero este intentó pasar desapercibido bajando la cabeza una vez más, un gesto común de él. Hannibal lo notó al instante.

— Estoy bien, Hannibal — se apartó y volvió a caminar a la cocina con el paso pesado.

Hannibal lo siguió.

Will continuó lo que estaba haciendo antes de que el visitante inesperado lo interrumpiera. Giró la vista y pudo notar a su invitado con la mirada fija en su envase de sopa instantánea.

— ¿Quieres? — alzó la ceja y esbozó una sonrisa algo burlona, sabiendo de que Hannibal jamás comería algo que se prepara sólo con agua hervida en un envase de plástico, el era más refinado que eso.

— No Will, eres muy amable — sonrió al ver la expresión del joven — ese tipo de comida, si así se le puede llamar, no entra en mi dieta, muchas gracias.

El joven soltó una pequeña risa con la mirada fija en su cena y asintió.

— Está bien. ¿Te puedo ofrecer algo más?

— Estoy bien.

Ambos se sentaron en la mesa de la cocina, Will se saboreaba antes de comenzar a cenar. Hannibal lo miraba, aún estudiandolo.

Cuando el detective terminó su cena, lo cual no fue en más de diez minutos, volvió su atención a Hannibal, quien lo miraba en silencio.

— ¿Qué? — dijo limpiándose los labios con una servilleta, luego de darse cuenta de que su acompañante tenía los ojos fijados en ellos.

— ¿Eso es todo lo que vas a comer?

— Bueno, ya me siento mejor.

— Así no funcionan las cosas, Will — contestó después de una pequeña pausa.

— Así funciono yo.

Hannibal sostuvo la mirada contra la de Will, como si fuera un desafío, una discusión silenciosa y tensa. Luego de unos segundos Hannibal volvió a romper el silencio:

— Deberías ir a descansar, sigues demasiado pálido.

Will gruñó y rodó sus ojos, se estaba comportando como un niño y Hannibal comenzaba a perder la paciencia, su terquedad le molestaba tanto como le intrigaba, tenía sentimientos encontrados al respecto.

— Dije que estoy bien... — dijo él levantándose de golpe y tambaleándose una vez más, esta vez perdiendo el equilibrio.

Hannibal se levantó del otro lado de la mesa y lo sostuvo rápidamente poniéndose de soporte bajo el hombro del enfermo, unos segundos más tarde y quizás hubiera ocurrido un accidente. Will apoyó su peso sobre su psiquiatra para rápidamente recomponerse, sin apartarse de él. Lo miró directamente a los ojos, su rostros estaban tan cerca que podia sentir el calor de la respiracion del doctor, sólo atinó a tragar saliva sin quitarle la vista de encima.

— Vamos, te llevaré a tu cama.

Aunque Will no quisiera Hannibal lo hizo apoyarse sobre él y lo acompañó a su cuarto, lo recostó en la cama, y lo tapó. Volvió a colocar su mano sobre la frente de Will y comprobó que la temperatura seguía alta, quizás hasta más alta de lo que ya estaba antes. Le dio algo de medicina que siempre llevaba consigo. Algo para aliviar el dolor y algo para dormir. Ambas funcionaron.

La noche cayó de manera tenue y finalmente la casa se sumió en completa oscuridad. Will dormía plácidamente y Hannibal se sentó junto a él luego de haber limpiado la cocina y alimentado a los cachorros que lloraban hambrientos.

Contempló a Will Graham dormir. Miraba como su pecho se inflaba y bajaba de una manera tan tranquila, tan pacífica, tan inofensiva. Se sentó apoyando su espalda contra la silla y cruzó sus piernas sin quitarle la vista de encima. Will Graham, el detective que lo estaba buscando, al Destripador de Chesapeake, el hombre que desde el primer momento llamó su atención y le intrigó por su curiosa forma de actuar frente a los demás, sonrió ante el recuerdo de su primer encuentro. ¿Qué iba a ser de él cuando el detective descubriera quien era él en realidad? Por qué ciertamente él lo iba a descubrir tarde o temprano, no había duda de ello. ¿Qué iba a ser de ellos? Will Graham lo entendía como nadie más, pero también sabía que su pasión por su trabajo era fuerte. Demasiado fuerte.

Se inclinó sobre la silla y comprobó su temperatura, finalmente estaba más baja, sonrío para si mismo. Deslizó su mano y encontró la de Will, la tomó con ambas manos y la alzó despacio, tratando de no despertar al joven. El aroma de Will penetró las fosas nasales de Hannibal, un aroma tan dulce que salivó. Acercó sus labios a la mano del chico y la besó. Eso fue suficiente para saciar las ganas de probar a Will.

Pasara lo que pasara, que Will descubriera el secreto del doctor ya era un problema para el Hannibal del futuro. Volvió a su posición original y ahí se quedó, sentado cuidando a Will hasta que este despertara.