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Estaba enfocado a una sola cosa, ganar, llevarse ese premio de su propia casa, junto a las miles de personas que estaban ahí siempre para apoyarlo tan devotamente. Sergio no miro a otra parte, sólo al frente, pisando el acelerador a fondo para conseguir ese primer lugar y así jamás bajar el ritmo por el resto de la carrera. Sin embargo, nunca hay que ser tan apresurados.
Tenía razón, tenía que haberse tomado con calma esa curva; arriesgar era bueno, pero en esta ocasión todo salió mal. Sergio no sabe como pasó, sólo que su auto se levantó de la parte trasera y sintió temor. El corazón bombeando errante como loco, preocupado cuando su mirada estuvo fija al asfalto, esperando un golpe aparatoso; pero gracias al cielo el auto no se volcó, pero su cabeza punzaba en un zumbido que impedía escuchar a su equipo en el audífono.
No tuvo tiempo para procesar nada, con urgencia y pánico volvió a la carrera dando un vuelta bastante brusca en su volante. El corazón le latía preocupado cuando vio como los demás monoplaza estaban pasando con velocidad dejándolo atrás, a él y sus esperanzas.
Escucha a lo lejos a su técnico, no podía escucharlo bien, tan sólo quería seguir la carrera, pero se lo impiden.
─ ¡Pérez, regresa, es una orden!
Mordiéndose los labios acata la orden regresando a boxes. En cuanto para sabe que algo anda mal, en el equipo de garaje se ven preocupados y hablan en lo bajo tapando sus micrófonos para que no los escuchara. Le cambian inmediatamente las llantas, pero no le dan pase para que pueda reanudar la carrera, y eso le pone cada vez más ansioso.
Al ver la mirada decaída de su técnico, la tristeza en el equipo, y la frustración en la cara de Horner sabe que todo va mal.
─ Lo siento, Sergio. Vamos a dejar la carrera aquí.
Esa simple frase pesa más que una tonelada de hierro. Sergio iba a preguntar, estaba completamente confundido, había podido manejar el auto hasta aquí, no debía de haber sido tan grave. Pero de pronto apagan el motor.
─ Debemos de revisar bien el auto, tenemos un agujero muy grande en la parte trasera; tememos que sea algo serio y arriesgue tu vida.
Checo no sabe que decir, en verdad no pudo decir nada ya que un nudo en su garganta se forma; el llanto estaba a nada de llegar, sus ojos le pican y el pecho se le oprime; una presión como una daga hirviente justo en su corazón. Golpea el volante frustrado, y baja la mirada antes de que la cámara que tiene en frente capté su momento de vulnerabilidad.
Llora en silencio mientras se pregunta ¿por qué en ese preciso momento había ocurrido este incidente?, en dónde su gente esperaba lo mejor de si y todos los ojos estaban puesto en él. Por qué seamos sinceros, todo mundo esperaba el más mínimo error de Pérez en este circuito para abuchearlo y decirle lo incompetente que era como piloto. Sergio no llora por la tristeza, sino de frustración, necesitaba los puntos para demostrarle a todo el mundo (a si mismo) que el podía dar su mejor esfuerzo; que sin importar los obstáculos él podía seguir dando más, pero éste evento es una baja total a su autoestima.
Sale inmediatamente del coche, quiere esconderse, no le importa nada fuera de su cabeza nublada por la crítica hacia sí mismo. Todos respetan su decisión de irse, esto es bastante fuerte y difícil de asimilar; había sido expulsado de su propio premio de casa, un premio que rompía el ego de cualquiera en su situación.
Soltando un suspiro de frustración, Checo se deja caer al pequeño sillón de su driveroom junto a su casco el cuál aún sostiene en sus manos temblorosas; ve los relieves y detalles que habían hecho los diseñadores para esta ocasión tan especial con sus ojos lagrimosos; un año en el cual había salido con todo, se estaba desbordando en pedazos con cada carrera.
Ya no quiere llorar, se seca las lágrimas con furia con las mangas de su traje, pero es tan difícil cuando su corazón se oprime cada vez más, su respiración se acelera por la contención y tiembla ante la impotencia.
En otro lado, también soltando un suspiro, Charles está en las mismas condiciones. Después de que le informaran por radio del pequeño incidente de la primera curva, había dejado al mexicano fuera. El monegasco se sintió muy mal por lo ocurrido. No fue intencional, todo mundo lo sabía; había estado entre la espada y la pared; el espacio que le dejaron tan reducido, acechado como un cervatillo entre los faros de los dos imponentes toros rojos. Charles estaba recuperándose de esa terrible escena; siempre le había aterrado cuando los autos se amontonaban y terminaban encerrándolo haciéndolo sentir como una basura insignificante.
Su equipo le dice que se concentre, y a pesar de estar triste y aturdido por lo sucedido con Sergio, la carrera tenía que continuar. Así que agarrando con más fuerza su volante, Charles se centra sólo en la carrera, en ganar no sólo para él, sino para los dos...
█▓▒░ FLASH-BACK ░▒▓█
Después del fin de semana en Austin, los chicos habían insistido en ir a cenar; ahora no había una fiesta ya que aún no se recuperaban de las otras carreras agotadoras y emocionantes que habían cruzado; una cena tranquila pareció reconfortar a los pilotos amigos.
Ya habían acabado la cena, por lo que estaban conversando entre ellos mientras tomaban copas refinadas de vino o cerveza local de la mejora calidad.
Charles había salido un poco para tomar aire al balcón. Había sido una terrible carrera para él, una decisión que no pudo controlar le terminó cruzado factura recibiendo una penalización por parte de FIA, y con ello los puntos perdidos como si no hubiera corrido. Cada fin de semana se estaban volviendo caótico, y eso lo estresaba como no tenían idea.
Había sido suficiente el atormentarse a si mismo con lo ocurrido, sabía que el día de mañana debería de dar vuelta a la página y seguir como si nada, superar este mal evento y venir con todos para México; sin embargo, había un vacío en su corazón, una sensación de preocupación y nerviosismo en él cuando pensaba en la siguiente semana, por que como si fuera un novato otra vez, Charles creía que el siguiente fin de semana sería igual de horrible que este.
Para su mala suerte alguien llega hasta el balcón junto a él, y sumándole más sal, era nada más y nada menos que Sergio, esa personita que hacía que el corazón de Charles se agitara sin querer, porque para su fortuna (o desgracia), el estaba terriblemente enamorado del mayor.
Es una amor unilateral desde que fue un aprendiz; Charles quedó cautivado por la sencillez y calidez que emanaba el mexicano; su fortaleza devota y luchar a no rendirse que admiraba mucho, no fue para nada difícil para el joven Leclerc enamorarse incondicionalmente de Pérez, de su sonrisa radiante como el sol y pecas hipnotizantes como constelaciones.
─ ¡Hey, te estaba buscado! ─ dice el mayor al estar a su lado como forma de saludo, con una alegría y sonrisa que pone nervioso al castaño.
─ ¿A-a mi? ─ pregunta Charles, casi crédulo y lleno de duda, el mayor casi nunca hablaban con él a solas, siempre lo hacía cuando Max o Carlos estaban en medio, por razones obvias. Escuchar que estaba ahí buscándolo especialmente a él le sorprende y hace que su corazón lata todo ilusionado.
─ Sí... notamos que estabas un poco apartado de todos en la cena, ¿todo bien?
El nerviosismo del castaño está más arriba, el tan sólo pensar que el mayor le había prestado atención en el toda la cena lo tenía mal; el tan sólo pensar que no se había visto educado mientra comía lo llenaba de vergüenza. Pero una parte realista de él, un vocesita burlona le decía que no era cierto, el mexicano sólo estaba siendo amable; seguramente alguien más había sido el curioso. Así que poniendo su barrera para no decepcionarse, inmediatamente pregunta la causa.
─ ¿Carlos te dijo que me preguntaras?
─ En verdad fue Lando ─ no sabe porque se decepciona, pero no le sorprende que sus amigos hayan arrastrado a un tercero para preguntar; son un trío de cobardes para consolar a un frustrado Charles.
Suelta un suspiro y le da un trago largo a su cerveza mirando al horizonte; no quería ser grosero con el mayor, pero en verdad no sabía que decirle después de enterarse que estaba ahí sólo de compromiso; eso sólo lo hace deprimir.
Y cuando pensó que el mayor se cansaría e iría como todos lo hacen cuando él se cerraba en sus sentimientos, Checo se acerca más al menor. Apreciando ese manto oscuro en el cielo, con sus bonitas estrellas y enorme luna iluminándolos, ambos hombres aprecian un momento cotidiano, con calma, algo que en sus vidas es extraño al vivir a un ritmo apresurado.
─ No puede felicitarte hace rato, pero buen trabajo el de hoy; aunque lo siento por lo ocurrido después.
─ Descuida ─ la FIA siempre avisando todo horas después ─, no es culpa de nadie... igual, felicidades por ese cuarto lugar, ha sido una temporada difícil.
─ Ni lo menciones ─ suena un poco cansado, pero la sonrisa cálida en sus labios le tranquiliza ─. Escuche que ustedes también no se las han visto bien.
Era extraño hablar de su ambiente laboral con sus demás compañeros, mucho más cuando era rivales directos; sin embargo, sabe que el moreno no tiene malas intenciones en su comentario, es simplemente amistoso y curioso como cualquier otro amigo; un amigo que más que nadie sabe lo que es perder mucho a pesar de estar en un lugar que muchos dicen que es el mejor, pero que al parece sólo tú no encajas.
─ Simplemente mala racha ─ dice el menor con profesionalidad, no soltando mucha información; pero él levantando sus hombros y haciendo un puchero inconsciente le quita toda la seriedad.
─ Sí... ─ Ahora es el momento de que Sergio se pierda en sus pensamientos, algo que inmediatamente nota Charles y se pone un poco incómodo.
El viento de Texas es fresco por la noche, un fresco que no te hace temblar, pero si te hace encogerte en tu lugar cuando una ráfaga de viento fuerte sopla por el lugar. Charles se abraza a sí mismo cuando esto pasa, y Checo con un movimiento rápido ya lo está cubriendo con la chamarra que el menor había dejado en el respaldo de su silla; Charles se sorprende ya que no había visto que el mexicano la trajera consigo.
─ Ya esta serenándose, no sería bueno que enfermaras ─ le dice con un tono amable y de preocupación que pone mal a Charles.
Agradece con todo su ser que la iluminación aquí no es tan buena, su rostro sonrojándose como un tomate sería una escena que no quisiera que viera Sergio, mucho menos cuando este era el causante de ella, podría raras las cosas.
─ Gracias ─ Dice pasando sus brazos por las mangas con ayuda del mayor, una escena extraña pero entrañable; estaba apareciendo el lado paternal de Sergio Pérez.
─ La siguiente semana tendremos una buena carrera, ya veras ─ le da una palmadita en la espalda para animarlo.
─ Es tu carrera en casa, debes de estar emocionado.
─ ¿Se me nota mucho? ─ No puede contener una risita avergonzado.
El menor es contagiado por la risa del mayor, una melodía tan reconfortante que quería escuchar todo el tiempo. La alegría de Checo hacía olvidar cualquier tormentoso pensamiento en Charles sin que este se diera cuenta.
─ En verdad estoy algo nervioso, debo de admitirlo ─ confianza el mayor cuando termina de reírse, sin embargo su sonrisa jamás desaparece.
─ Tranquilo, verás que te irá bien.
─ Gracias. A ti también te irá bien ─ es más un hecho que un comentario amistoso.
─ Eso espero ─ dice algo vago, nervioso jugando con sus anillos.
─ Venga, ya veras que nos veremos en el podio ─ amistosamente Sergio le aprieta el hombro acercándolo en un abrazo de costado, acción que hace estremecer al castaño; era el contacto más íntimo que había tenido con el mayor en toda la noche.
─ Sería un honor ─ Dice con una vocesita, que si no fuera por su cercanía temía que no lo hubiera escuchado; Chales no podía dejar de sonreír ahora.
─ ¿Promesa? ─ el mayor extiende su meñique al menor, algo que le causa gracia pero al mismo tiempo ternura a monegasco.
─ Promesa ─ Sus meñiques se cierran en un pacto secreto y lleno de esperanza para ambos.
─ Me lo enseñó Carlota, ¿a qué no es tierno? ─ Comparte con alegría haciendo el momento más relajado.
─ Si, muy lindo ─ admite con ternura. A Charles le gustaba mucho cuando Sergio hablaba de sus hijos, era la cosa más tierna del mundo, y dichos momentos los conservaba con devoción en su corazón.
Suspirando por igual, ambos sueltan una risita por la coincidencia. La atmósfera se vuelve cómoda y ambos beben del resto de sus bebidas. Ellos saben que el automovilismo es un deporte del cual no tienes control, tan impredecible, pero del cual ilusionados, esperan ganar. Charles le gustaría ver a Sergio en lo más alto de los puestos en su país, amaría la cara que pondría. Pero lo que no sabía era que el mexicano estaría en los mismos términos, feliz de ver a Charles también ganando; se veía a kilómetros que el chico necesitaba ese empujón para no rendirse.
█▓▒░ FIN DEL FLASH-BACK ░▒▓█
La carrera concluye en un parpadeo. Un merecido tercer lugar para Charles, quien emocionado baja de su auto; las extremidades aún le tiemblan de la emoción. Todo su equipo se le acerca para felicitarlo; sin embargo, aún persiste un sabor amargo en la boca cuando escucha las felicitaciones de todos; porque al mismo tiempo, el abucheo y los gritos en un español que gracias al cielo no entiende es coronado en su podio.
El sabor de la victoria en esta ocasión sabe amarga, deprimente y con mucha culpa. Charles se incrimina cuando baja con su vacío premio; no sentía nada por él, porque no lo había ganado con Sergio, como lo prometieron.
Tiene que lidiar con los medios, los comentarios tergiversados para hacerlo quedar mal, pero su único pensamiento en ese momento es ir hasta con Sergio, disculparse cuanto antes, y aunque su equipo se lo quiere evitar, ya que si se le veía paseando al chico de equipo rojo por haya, serían linchado con trincheras. Charles igual corre el riesgo como un tonto sentimental, pero quien lo detiene antes de que llegue al garaje de Red Bull es Max, el cual con su rostro serio y molestia a la vez, vino a detener a su impulsivo amigo.
─ Max, ¿dónde está Checo?, yo quería disculparme... ─ suena apurado, nervioso, buscando con la mirada al moreno quien parecía como si lo estuvieran escondiendo en alguna parte para que no lo encontrara.
─ Se fue con su familia hace una hora ─ Dice neutral, pero en el fondo el neerlandés está fingiendo; tenía un poco de recelo al castaño por lo ocurrido.
─ Oh... ─ No sabe que más decir, no se le había ocurrido que el mayor ya se había ido, porque pensándolo bien, quién querría estar aquí después de arruinar tu carrera.
─ ¿Estás bien? ─ Pregunta con un tono de preocupación, Charles se veía un poco pálido.
─ Sí, yo... me tengo que ir, adiós ─ Apresurado sale de ahí sin mirar a su amigo el cual con muchas dudas se queda.
De pronto un pensamiento enfermo de que Sergio estaba molesto con él no dejaba de atormentar al monegasco cada minuto. No persiste ni cuando regresa a su hotel; o cuando estaba en la pequeña cena con sus compañeros; ni mucho menos cuando se encuentra en la soledad de su cuarto de hotel. No puede dejar de ver su teléfono, en los mensajes que aún no ha leídos Checo a pesar de que han pasado horas, y la ansiedad lo consume.
Trata de mantener su mente ocupada, la película que puso en la televisión no sirvió, el baño que se dio hace rato no lo relajo, ni el juego en su switch lo logró distraer; toda su atención estaba en ese maldito teléfono cargándose en la mesita de noche. Y a pesar de que quiere ser fuerte, Charles no puede evitarlo más y termina perdiendo la dignidad hablando él primero con el mayor.
Los tres tonos que tarda en contestar son eternos, pero al escuchar la voz de Sergio, no sabe que decir, se queda paralizado como un tonto.
─ ¿Hola, Charles?
─ Checo... ─ Es lo primero que puede decir, su mente esta hecha un desastre, olvidó por completo todo lo que había ensayado antes de hacer esta llamada.
─ ¿Estás bien, suenas nervioso? ─ y claro que lo estaba. Su corazón no dejaba de latir como loco, y al parecer a sus pulmones se le olvidaron como respirar, así su cerebro como pensar. Era como si estaba tomando la curva más peligrosa del mundo, una donde su vida dependiera de ella, y el no tuviera volante.
─ Yo... si, estoy bien... pero no llame para eso ─ Se aclara tragando duro, si el mayor lo interrumpía temía que su cabeza se volviera un desastre de nuevo ─... quería disculparme por lo de la carrera, no fue mi intención...
─ Charles, no tienes por que disculparte ─ Su voz suena tranquila, pero a la vez cansada. Charles se encoge en su lugar, de alguna forma se siente regañado; sabía que no debía de llamar ─. Jamás pensaré que lo hiciste a propósito, así es el deporte; a veces se gana y a veces se pierde.
─ Lo siento, se que estabas muy emocionado; debí haberme hecho a un lado.
─ ¡No digas eso! ─ inmediatamente lo interrumpe, Checo estaba sorprendido de sus palabras; algo impensable para un atleta de élite como lo son ambos, como lo es Charles. Sin embargo, Sergio jamás se imaginaría que el predestinado de la escudería italiana le daría su puesto en el trono si se lo pidiera.
─ Sabes que es imposible, yo debí de haberme concentrado en la carreras y no en mis emociones; tranquilizarme y no haber cometido esa imprudencia... ─ El mayor suelta con sinceridad, soltando un suspiro para ocultar la rabia en sus entrañas cada vez que recordaba lo sucedido hace horas.
─ Sergio... ─ su voz cada vez más diminuta y frágil, sus ojos cristalizándose.
─ Por cierto, felicidades por ese P3. Te dije que ibas a lograrlo ─ no lo podía ver pero podía sentir que Checo estaba sonriendo, su palabras llenas de sinceridad, y eso sólo deprime más al monegasco.
─ Gracias... ─ suelta un suspiro tembloroso, debía de calmarse o solo se humillaría más ─ pero como hubiera querido que..
La voz de un niño diciendo 'papá' saca de la atmósfera a ambos hombres. Charles recuerda que el mayor estaba con su familia y se golpea mentalmente porque seguramente lo estaba distrayendo de su momento familiar. Bien sabe que la vitamina y fortaleza para Pérez era su familia; sus hijos eran su motivo para seguir siempre adelante y no rendirse, por lo tanto no debería de estar interrumpiendo ese momento tan sagrado del mayor con sus lamentos. Así que esperando que Checo terminara de hablar con su hijo (una conversación que medio entiende Charles y la cual es tan adorable), vuelve al teléfono.
─ Lo siento, ¿qué ibas a decirme?
─ Ehm... nada. Perdón, creo que hablé en un mal momento.
"Como hubiera querido ganar contigo", piensa con tristeza ya que eso es lo quería decirle, pero sonaba incorrecto y tan patético ahora que lo pensaba. De una manera dramática se arroja a sus almohadas, no quería que el mayor supiera del gran anhelo que tenía de que ambos ganarán juntos... seguramente Sergio ni si quiera se acordaba de esa tonta e infantil promesa.
─ No tienes nada de que disculparte. Escuche que ya te ibas a Brasil.
─ Si, tengo promociones que grabar ─ "en verdad mi equipo quiere sacarme cuanto antes del país ya que temen por mi seguridad después de la carrera", es la verdadera razón, pero suficiente tenía Checo de que pensar como para preocuparse por algo que no puede controlar.
─ Bueno, espero que tengas un buen viaje.
─ Si, gracias.
Ambos se quedan en un tenso silencio, incómodo pero del cual no quieren soltarse. Ninguno quiere decir las palabras para terminar la llamada; una sensación de abandono los invade al pensar en que esto se iba a acabar.
─ Bien, nos estamos viendo ─ dice Sergio un poco incómodo.
─ Si... adiós.
─ Adiós, Charles.
Otro segundo más y Charles es el valiente para cortar con la llamada, antes de que diga una estupidez; antes de que se ponga a llorar por la manera tan melancolía que Sergio dijo su nombre al final.
"¡¡OH CHECO, SERAS MI MUERTE!!" piensa en su cabeza mientras se trata de ahogar con una almohada en la cara; su rostro ardía de la pena y su corazón no daba para más. Había sido una muy extraña conversación; entre bajadas y subida de presión, la llamaba había sido un caos, una que pensó que le haría sentir mejor ya que se había disculpado con el mayor, pero que sorprendentemente se sentía más triste y deprimido.
Viendo el contacto de Sergio unos minutos más, como con la esperanza de que el mayor le llamara, Charles se rinde forzándose a dormir unas pocas horas antes de su vuelo (lo cual no logra), pero con una sensación de vacío y opresión que no podía sacarse de la cabeza por mucho tiempo.
Sergio estaba igual, viendo los mensajes que hace horas el menor le mandó, viendo que era incorrecto contestar ya. No sabía porque, pero sentía que el chico estaba algo raro, más afectado del suceso a lo que pensaba que estaría, y eso le hace preocupar.
En medio de eso, recuerda un comentario que soltó un chico del staff cuando iba pasando para contestar preguntas a los periodistas. Sergio iba un poco más sereno, pero en cuanto lo escuchó hablando mal del monegasco, algo nuevo y repentino arde dentro de su pecho; como si se hubiera encendido con gasolina, una rabia y enojo que no sabe porque.
─ Ojalá sancionen a Leclerc por esto ─ Había mencionado aquel tipo de forma amenazante y despectiva.
─ ¡Hey!, no quiero a nadie diciendo eso ─ el chico se estremece ante la orden del mayor; Sergio no levantó la voz en ningún momento, pero su tono como mirada tan intensa puso helado a cualquiera que estuviera en la sala ─, él no tuvo la culpa ─ "fue mía", quiere concluir con rabia, pero aún era muy pronto para admitirlo.
Nadie tenía la culpa de lo sucedido, todo había sido suya, por querer hace esa remontada tan peligrosa antes de tiempo. Nadie debería de pagar por su error, mucho menos Leclerc, que por desgracia se había llevado todos esos insultos y abucheos en su premio.
[...]
En Brasil las cosas aún seguían tensas para Checo, de nuevo los ojos puestos en el piloto mexicano quién para desgracia de muchos estaba dando una remontada desde inicio a fin.
En todo el fin se la había pasando haciendo promociones, entrevistas y entrenaba duro tanto mental como física. En ningún momento se encontró con el piloto de Ferrari, del cual los medios chismosos e inmorales aún no se cansaban de hablar de los sucedido en México. Sin embargo, aunque Sergio estaba con la duda de si el castaño estaba bien, no lo buscó, por una razón desconocida de que se sentía incorrecto preocuparse tanto por el otro piloto.
El día de la carrera llegó, venía de ganar en los Sprint, un tercer lugar; pero un arranque no favorecedor podría arruinar su buena racha. Sin embargo, toda su concentración se esfuma cuando ve a lo lejos a Charles. El chico estaba hablando con Carlos cuando de pronto siente la mirada imponente de Pérez que lo desconcentra también. El monegasco se queda paralizado, el corazón le late como loco y quiere huir, pero Carlos lo arruina todo llamando al mexicano quién en un pequeño trote ya esta con ellos.
No hablan mucho, pero hay un brillo en los ojos del mayor cuando hablaba con ambos. Charles tiene el mismo brillo, pero es exclusivo sólo para el moreno, y se siente un poco tonto ya que no hay una pista de interés personal de Checo hacía él.
Despidiéndose y deseando buena suerte para ambos, Charles se siente más nervioso, Carlos lo nota y no tarda en burlarse.
─ Tranquilo Charles, sólo fue Checo.
El menor le da una mala cara, el español bien sabía sobre sus sentimientos por el mexicano (lo averiguo por accidente), y no desperdiciaba ninguna oportunidad para ponerlo de nervios con eso.
Haciendo un par de estiramientos, Charles trata de sacarse de la cabeza lo que pasó la semana pasada. Los comentarios maliciosos a su persona por el incidente con Sergio no lo abandonaban. Lo que le importaba ─ que Checo no estaba molesto con él ─ se había resuelto, así que no entendía porque se sentía tan desconcentrado y afectado.
Será porque a pesar de los buenos puntos aún no estaban para nada cerca de alcázar al siguiente equipo; las sanciones, las desfavorecidas estrategias, las críticas, todo estaba invadiendo la cabeza del monegasco en el momento menos oportuno, y aunque trataba de despejar su mente con cualquier cosa ─ la hermosa sonrisa de Checo hace unos minutos, por ejemplo ─, no importaba nada porque caía siempre en lo mismo.
Ya siendo hora, se ajusta su traje de carreras y va hasta el garaje en dónde ve un revuelo de mecánicos por el lugar haciendo ajustes al auto, algo que por supuesto le desconcierta. Le pregunta a su técnico de estrategias que es lo que pasaba, a lo que el hombre aclara que son revisiones finales. Un tanto convencido, Charles termina subiendo a su auto esperando la señal de salida.
Todo iba normal, estaba haciendo la primer vuelta de calentamiento cuando de pronto Charles comenzó a sentir el auto un tanto extraño; en especial el volante el cual se volvió tan rígido, tanto que le era difícil doblar para las vueltas.
─ Charles, estamos detectando un problema en el auto.
Pero antes de poder decir algo, el auto se bloquea automáticamente, las ruedas traseras dejaron de funcionar, y con la poca movilidad en el volante, Charles termina estrellándose en una barrera de la sexta curva. Todo fue tan repentino, el público contiene el aliento por el imprevisto choque. El impacto no había sido grabe para el piloto, pero si lo había desconcertado y dejado un dolor en la cabeza momentáneo a pesar de la protección del casco.
─ ¡Mierda! ─ sisea con frustración y dolor.
─ ¡Charles, ¿estás bien?! ─ Le preguntaba inmediatamente ya llamando a alguien para resguardar.
─ ¡Pero que mierda. Esto debe de ser una broma. Que puta mala suerte! ─ grita con enojo, golpeando el volante.
La reacción frustrada del menor no fue normal, no sólo era porque se había estrellado, sino toda esa pena y estrés que había estado cargando en los último meses. Se quería poner a llorar, perderse por algún lugar de ahí y que nadie lo viera en su momento más vulnerable.
─ ¡Hey, ¿qué pasó?! ─ Pregunta Checo en su radio al ver el auto de asistencia delante de todos haciéndolos disminuir de velocidad, ¿tan pronto había ocurrido un accidente?
─ Charles Leclerc chocó contra una valla, está fuera.
─ ¡¿Qué?¡, ¿pero cómo?, ¡¿él está bien?! ─ No puede evitar preguntar con mucha preocupación.
─ Si, no pasó nada, hay que concentrarnos en la carrera.
Pero ya era un poco tarde, la cabeza de Sergio no dejaba de pensar en sí el menor estaba herido; fue tan repentino, seguramente no se lo esperaba. Y por otro lado Charles estaba pateando piedras como un niño pequeño mientras regresa a pie al garaje de Ferrari. Está mañana antes de llegar al paddock se había propuesto hacer una buena carrera, lograr los primeros lugares y conseguir esos puntos que en verdad necesitaban para no quedarse atrás... pero también, en una fantasía divina, una en donde ganaba un lugar junto al mexicano; ambos rociándose con Champaña; risas y diversión, ninguna amargura u enojo; un abrazo por la victoria. Sin embargo, sus planes fueron desechados en un parpadeo, el auto estaba hecho una mierda, y había sido más grave a lo que pensaban.
─ Es una falla en el sistema hidráulico ─ Escucha decir de uno de los técnicos después de revisar a profundidad el problema ─. Si notan aquí, se encuentra un desnivel anormal ─ trata de explicar con sencillez mientras apunta la pantalla del monitor ─; si el sistema de seguridad no hubiera reaccionado a tiempo, temeríamos un sobrecalentamiento y con ello...
El hombre se termina callando en la última frase, todos sabían lo que significaba eso, y el corazón de Charles se acelera fuerte por el susto. Ese auto había sido por un minuto una bomba de tiempo, ese mismo auto que había utilizado en toda la temporada, siendo un riesgo mortal para el piloto.
─ Está bien, no pasó nada, no hay que asustarnos. Chicos, tenemos que arreglar ese problema cuanto antes; aún nos quedan dos carreras y nosotros no nos rendimos hasta el final, ¿entendido? ─ Todo el equipo asintió y sin esperar más ordenes de Vasseur, se pusieron a trabajar ─ Charles...
El menor, quién estaba perdido en sus pensamientos, un poco entrando en pánico, es interrumpido por Fred, quien lo ve un tanto preocupado.
─ Cálmate hijo, todo estará bien.
─ Si ─ Dice un poco perdido haciendo una inhalación fuerte, no se había dado cuenta de que había retenido el aire por unos segundos.
─ Charles, necesito que nos hagas un favor; se que no estas bien, pero a los periodistas eso no les importa ─ El menor presta suma atención a lo que le dirá el mayor, el cual es tranquilo y paciente aunque en su interior estaba muy tenso ─. Sólo queremos que no les digas toda la verdad. Di que perdiste el control del auto, pero que no sabes que pasó; ya nosotros nos encargaremos después de dar un comunicado.
El menor sólo asiente, y como se lo dijeron más adelante su equipo de relaciones públicas, fue cuidadoso con lo que dijo, y también lo fue enmascarando su rostro lleno de preocupación y miedo que sintió, por una imagen confusa y quizá ingenua que convenció bastante a los periodistas.
Por suerte lo dejan en paz rápidamente, lo que le da oportunidad de acercarse a las pantallas para ver como estaba yendo la carrera. Y él mal momento es opacado un poco al ver a Checo deslizándose por la pista con maestría que no había visto del mayor hace tiempo; estaba llegando a la posición cinco.
La remontada estaba dando esperanza a todos, hasta al propio Charles quien veía la pelea que estaba teniendo el mexicano con el español Fernando Alonso para ese tercer lugar. Cruzo los dedos, rezó por qué el mayor se ganará ese lugar, pero al parecer la suerte no estaba de nuevos de su lado.
Luchó hasta el final, un final de fotografía, un suceso que opaco la pelea entre Norris y Verstappen por el primer lugar. Las gradas estaban llenas de gritos, eufóricos por el momento, lleno de coros para todos los pilotos, y Charles estaba muy feliz de ver a Checo, quién desafortunadamente no había ganado un puesto top tres, pero se notaba más feliz y motivado como si hubiera ganado el primer lugar; un brillo en su mirada que el piloto había perdido por tantos fracasos, había vuelto a renacer para dar un buen cierre de temporada.
Checo está celebrando con el equipo, felicita a los tres pilotos ganadores, en especial a Alonso quien le había dado una buena carrera, una que le hizo revivir el automovilismo; sin embargo, en su mente jamás desapareció Charles; debería de ir a verlo, ver que estaba bien después de la desastrosa salida.
Escabulléndose de Alice, la cuál le plantea que es una mala idea que se le vea vagando en el lugar de Ferrari, Checo toma el riesgo e igual va topándose con Carlos en el camino quien va hablaba con Lando; el español lo saluda y le da curiosidad verlo por aquí, hasta que el mismo hombre le dice su causa.
─ Oye, ¿sabes dónde está Charles? ─ el español sonreír de lado divertido.
─ Claro, está en su camerino.
─ Gracias ─ Y el mayor estaba a punto de irse cuando Carlos lo detiene.
─ Sergio, ten cuidado, el no está muy bien ─ Dice en un tono lamentable.
Aún más preocupado, el mayor asiente entendiendo la situación y se va despavorido, algo que sólo provoca gracia en el español y no puede evitar soltar un carcajada en el hombro del inglés para evitar que se escuchara su escándalo.
─ ¿Por qué le dijiste eso a Checo?, Charles ya está bien ─ le pregunta Lando confundido ya que hace unos minutos habían hablando con el castaño y este aunque estaba triste, se notaba más tranquilo.
─ Será divertido Landito ─ Dice risueño pasando sus brazo por los hombros del menor aún confundido, yéndose para otro lado.
Decir que estaba nervioso era quedarse corto, ¿qué le diría a Charles?, ¿qué tal si no estaba de humor para visitas?, ¿qué tal si se enojaba con algo que dijera?, el nerviosismo que había sentido en la carrera vuelve pero en esta ocasión en forma de un lindo chico de ojos grandes esmeralda. Algunos del personal que pasaban por el pasillo se le quedan viendo con extrañeza, haciéndolo sentir más nervioso y fuera de lugar, ya que entre un mar de rojo, su vestimenta azul resaltaba. Debió de haberle hecho caso a su subconsciente cuando este le dijo que se fuera a cambiar, pero el pensamiento de Charles yéndose, y el no teniendo la oportunidad de verlo hasta dos semanas después, lo preocupó.
Sin vuelta atrás ya está en frente de la puerta del roomdrive de Charles; una puerta y quizá una habitación no tan diferente a las demás, pero al mismo tiempo tan destacada e intimidante. Se lo piensa un par de segundos, quizá minutos, y esta a punto de golpear la superficie de madera cuando está se abre tan de repente, es Charles, quien con un rostro de confusión y sorpresa ve a Checo.
─ Yo... hola ─ Es lo primero que se le ocurre decir al mexicano con la cabeza toda hecha vueltas.
─ Hola... ─ Dice el menor confundido y también en blanco.
Ambos estaban llenos de incertidumbre, duda de porque están aquí, pero Charles no se le ocurrió otra cosa más que dejar pasar a Sergio, el cual aún sin sabes como iniciar una conversación, se sienta en el pequeño sillón de la habitación. El silencio es sepulcral, casi sofocante; están como tontos mirando a todas partes menos a si mismos, y cuando sus miradas se encuentran, un estremecimiento y taquicardia en sus corazones, como revolotea en sus estómagos, los hace apartarse inmediatamente; quizá son los nervios, ambos no son los mejores conversadores cuando están a solas.
─ ¿Deseas agua, o... ─ pregunta Charles sin más que decir.
─ Estoy bien ─ el menor asiente, desviando su mirada a su escritorio para mantener su visión ocupada ─. En verdad vine aquí para saber cómo estabas.
─ Oh... ─ lo toma de sorpresa, su bella cara y expresivos ojos lo hacen ver ─, estoy bien,... el choque no fue la gran cosa ─ Responde con simpleza pero la verdad le hace sentir el corazón oprimido recordar.
Charles trata de ocultar sus emociones, sin embargo, con Checo en frente hacía algo en él que siempre su máscara se deslizaba; como si fuera un libro abierto que fácilmente lo podían leer, y eso lo pone nervioso, porque no quiere verse descubierto en frente del moreno.
─ Un choque es un choque, no lo minimicen ─ Dice como un pequeño regaño, observando atentamente al menor, una posible lesión, un moretón o raspón, pero gracias al cielo no hay nada ─. Me alivia ver que estás bien.
El corazón de Charles se agita, ¿Checo había estado genuinamente preocupado por el, o de nuevo alguien le había dicho que viniera hasta aquí para preguntar?, un poco de decepcionan se apodera de su mente, pero su corazón se regocija en la idea de que Checo estaba aquí por voluntad propia.
─ Sí... gracias por preocuparte por mi, pero estoy bien ─ le regala una sutil y tímida sonrisa ─. Por cierto, vi tu carrera con Alonso, muy buena, se que podrás remontar la siguiente...
Mientras Charles se debatía en que debía de decir, sus palabras y pensamientos estaban entrecruzados; Checo está de pie ahora, tan cerca que puede oler su aroma almizclado, el sudor cambiando con su colonia, un aroma que no era desagradable, al contrario, lo tenía hipnotizado y le hacía temblar las piernas; agradecía estar recargado en el escritorio, sino caería vergonzosamente de rodillas al suelo.
─ ¿Estás bien?
─ ¿Uhm? ─ Exclama confundido, pero al sentir las manos ásperas del mayor en su frente, Charles se estremece.
El mayor jamás había hecho un movimiento tan repentino, nunca había sido un toque tan delicado y cálido como está ocasión; una dónde no tenía sentido ya que no había nada como una celebración o una muestra de cortesía; esto lo había hecho porque si, porque podía y quería, y se siente tan bien, tan incorrectamente bien. Charles cierra sus ojos por inercia, las manos del moreno son cálidas y reconfortante que quiere inclinarse más a ellas como un gatito abandonado en un día lluvioso, pero un segundo de raciocinio hace que se aparte abruptamente asustado; aunque fue en vano, ya que al estar encima del escritorio no tenía como retroceder, así que sólo ocasiona que el mueble de madera se agite, así como las cosas en el.
Se quedan paralizados, sus ojos fijos en el otro en una fracción de tiempo tan amplia que para ambos son escasos segundos. Sin embargo, Checo es quién se aparta, avergonzado y con un pensamiento intruso que lo hace ponerse nervioso: Charles se veía tan hermoso en está tan escasa cercanía.
─ Yo... estabas pálido, creí que... ─ Sergio trata de aclarar su acción completamente alterado, él tampoco sabía lo que había hecho; tan sólo lo hizo sin pensar, como si fuera lo que debía de hacer.
─ No te preocupes, sólo estoy cansado ─, desvía la mirada a otra parte, ese acercamiento había sido tan intenso.
Sin embargo, de su mente nunca deja de rondar el malestar que trató de contener todo este rato.
"En verdad estoy enfermo de lo sucedido, sólo quiero irme y dormir, no pesar más en está horrible carrera", es lo que piensa el menor con un anhelo grande por algo suave y reconfortante en que refugiarse.
─ Lo siento, te estoy reteniendo aquí... yo sólo quería verte, pero si ya estabas por irte...
─ Está bien Checo, no te estoy corriendo ─ Sonríe dulcemente para tranquilizarlo, pero sólo ocasiona que el corazón de Checo siga siendo un lío.
─ Yo estaba preocupado, Carlos me dijo que no te encontrabas bien ─ admite temeroso de hacerlo recordar una mala pasada.
─ ¿Carlos?... oh ─ Unió rápidamente las piezas en su cabeza, ya sabia el plan de ese maldito ─, es un mentiroso, estoy bien.
El mayor sonríe aliviado, y aunque Charles parecía normal (normal para tratarse de un DNF), Checo duda un poco de si no le estaba mintiendo. Charles había crecido fingiendo sus emociones, un mecanismo de defensa para no quedar vulnerable contra las personas que quisieran lastimarlo; eran contadas la ocasiones en las cuales demostraba al verdadero Charles, el frágil y tierno chico que sólo quería ser consolado. Sólo con unos pocos solía mostrar al verdadero chico de amorosa y torpe personalidad, sólo a pocos le había abiertos su corazón, y sin que lo supiera, Checo estaba incluida en esa escasa lista.
─ ¿Seguro que no me estás mintiendo?, digo, tengo un radar de mentiras que jamás se equivoca ─ Amenaza juguetonamente el moreno ganándose una sonrisa sincera del menor.
─ No estoy mintiendo, estoy bien.
─ Uhmm... bien te creo ─ Claro que no lo hacia, pero tampoco quiso insistir ─ Charles... ─ El menor presta suma atención a Sergio, en sus ojos que lo atrapan y se lamenta en caer en ellos tan fácilmente ─ No sé como decir esto para que no suene como algo repetitivo u vacío, pero... no te rindas. Eres un excelente piloto, se que puedes más y todos estos tropiezos no te definen, tú eres mejor, eres el mejor. No dejes que esto te afecte, se que eres fuerte y puedes ganar, apuesto todo por ti.
Y Charles quiere llorar, arrojarse a los brazos de Checo y besarlo por decirle cosas tan bonitas que lo dejan azotado; aún más enamorado e idiota. Sin embargo, se contiene clavando sus uñas en la superficie de madera, regresando su mente a la tierra; tomando una fuerte respiración antes de hablar un poco abrumado.
─ Pero que cosas dices ─ suelta una risita amarga, agachado la mirada para que Checo no vea como sus ojos se cristalizaban ─. Si apuestas por mi seria sólo una perdida... Creo que es el karma ─ limpiándose las lágrimas sigue con ese tono juguetón pero asido que no le causa ninguna gracia a Sergio ─ El karma por lo que te hice en México.
Está frase pone tenso el ambiente, más de lo que ya estaba. Checo está lleno de sorpresa, enojo y tristeza por que el chico pensara de esa forma de si mismo, como si no tuviera ningún valor; sin embargo no lo juzgaba, lo entendía como a ninguno, y sabe que Charles está en uno de esos momentos bajos y llenos de confusión. Sabe que no esta diciendo la verdad, sus palabras son el veneno, la bilis que está conteniendo en su interior ante tantas malas pasadas... la derrota nos hacía decirnos cosas hirientes y tan irreales a la vez de nosotros mismos que no lo juzgaba.
Charles había bajado la mirada, nervioso y un tanto molesto por su palabras tan agresivas. Quería disculparse, decir que era solo una broma para después ambos reírse como tontos e irse cada quien por su camino, pero todo se esfuma cuando en un movimiento desprevenido Checo ya lo tiene en sus brazos.
El monegasco abre los ojos como platos, sorprendido y sin mover ninguna fibra de su cuerpo totalmente confundido. Checo estaba haciendo cosas tan imprevistas, aunque aquí se cuestionaba Charles cuando fue que alguna vez pudo descifrarlo. Sergio era un hombre enigmático a pesar de su simpática personalidad; el hombre sabía guardar sus secretos, un hombre que sorprendentemente sólo conocían de él pocas caras, ya que él verdadero Sergio Pérez estaba siempre escondido en lo más profundo de su ser... o así lo era hasta que unos ojos como una marea del agua más cristalina de mediterráneo lo sumergía en un movimiento que lo dejaba perplejo ante sus movimientos tan atrayentes, de acercarse, de admirarlo por horas, de quererlo ver sonreír.
Checo se excusaba antes este sentimiento tan nuevo diciendo que no le gustaba ver a ninguno de sus amigos con la cara larga. La carrera de un automovilista estaba llena de caídas y de victorias; sin embargo, la cara llena de miseria del monegasco era algo que el moreno no le gustaba. Y a pesar de que Charles y él no fueran los amigos más cercanos, había una conexión magnética, innegable e inexplicable que los unía que daba escalofríos.
Checo abrazaba al menor quién esta inmóvil y rígido, como una estatua, la estatua más hermosa del planeta. Su corazón errante y lleno de dudas, siente que arruinó todo, y estaba a punto de apartarse del menor, disculparse hasta la muerte por haberlo incomodado, cuando de pronto el sonido de un sollozo lo saca de sus pensamientos caóticos sólo concentrándose en lo que era más importante, consolarlo.
Es inesperado, Charles no sabe porque las lágrimas lo invadieron de pronto; quizá era el momento lleno de tensión, de tener a Checo en frente de el recordándole su malestar en toda la semana; la espantosa temporada que estaba teniendo; lo que sea, simplemente es desconcertante como su cuerpo en un arrebato de comodidad y confianza que desconocía, se estaba desahogado con el mayor. Estaba en su etapa más vulnerable y vergonzosa, quería que parara, no quería llorar, aunque esto estaba proporcionando un alivio en su pecho oprimido y tensión en sus hombros que necesitaba..., quería detenerlo. Pero Sergio no estaba siendo de ayuda, simplemente sosteniéndolo con fuerza, con un claro mensaje de que lo estaría sosteniendo todo el tiempo que necesitara, acariciando su espalda con una delicadeza que le hace temblar, simplemente no ayudaba en nada.
─ Jamás vuelves a decir una cosas así. Lo de México fue mi culpa, sólo mía ─ Dice con completa sinceridad, angustiado y arrepentido de no haberlo dejado en claro la semana pasada cuando hablaron.
Charles le cree, porque esta cansado tanto mental como físicamente, confiando plenamente en que el mayor no sería alguien malvado como para mentirle a la persona que estaba llorando en sus brazos. Asiente en repuesta y con más fuerza llora en el hombro del mayor aferrándose a él como si su vida dependiera de ello.
No sabe cuanto tiempo pasó, pero fue lo bastante y lo suficiente para hacerlo sentir bien. También ese momento estuvo pensando en muchas cosas: en su corazón adolorido; en que ningún camino estaba libre de obstáculos; y en como estaba complicando sus sentimientos con la persona que tenia en frente.
Se separa lentamente, porque en primer lugar no quiere hacerlo, no quiere alejarse, ambos estaban cómodos dándose consuelo... o bueno, esa es su percepción, pero sentía que era suficiente.
No podía aferrarse a Checo, porque era tonto e infantil. No tenía el coraje suficiente como para apagar sus sentimientos, y mucho menos tenia algún tipo de esperanza el alimentar cada vez más su ensoñación absurda.
Checo esta sorprendido, un poco confundido ante la manera en la que el menor se aparta y toma su distancia, sin embargo no hace nada por temor a alterarlo provocando empeorar las cosas. Charles se aleja con la escusa de buscar pañuelo para limpiarse el resto de lágrimas y mocos en su nariz; sus ojos estaban irritados, inflamados y su linda nariz roja así como sus mejillas por la pena.
─ Lo siento, no debí de invadir tu espacio así.
─ Está bien, no te disculpes, ¿te sientes mejor? ─ El menor siente sin mirarlo a la cara, algo que sólo estruja el corazón del moreno. Sergio quería tener la atención de esos ojos verdes.
─ Gracias. En verdad aprecio que hayas venido; nadie viene a ver a una persona que haya perdido. Agradezco que me haya prestado tu hombro para llorar, pero... ¿podrías no decírselo a nadie? ─ pide con vergüenza, con una sonrisa amarga ya apartando inmediatamente sus ojos; su pensamiento es que seguramente se veía muy feo así todo lloroso y roto.
─ Tranquilo, no le diré a nadie. Además... tu no perdiste Leclerc. Escuche que fue el sistema del auto quien falló, no es tu culpa.
Y no sabía porque sonaba tan reconfortante cuando el mayor lo dice que no puede evitar sonreír, pero esta misma dura nada cuando recuerda todo el lío en su cabeza.
Los ojos jamás pueden mentir, son el alma de las personas, Sergio sabe que el alma de Charles es gentil, ese verde con aguamarina en el centro, un océano de dudas, de incertidumbre; y los ojos de Checo, avellana con un toque de almendra, son esa luz que guían al menor al otro lado de un camino oscuro.
─ Si... creo que tienes razón... sólo tratare de olvidarlo ─ Es un mentiroso descarado.
─ Anímate, tenemos una semana libre, seguramente te verás con algunos amigos. Lo mejor será que te concentres en eso y voltees la página.
─ Tú... ¿te iras a México? ─ No sabe porque lo preguntan, la respuesta es tan obvia, pero el pensar que el mayor se quedaría en otra parte le daba la tonta esperanza de seguirlo.
─ Sí, le prometí a Chequito llevarlo a un lugar,... pero sabes, a él le gustaría tener un nuevo amigo ─ El corazón de Charles late ante su pensamiento a la indirecta ─. Si tu quieres, si no puedes no hay problema, pero... podrías venir, conmigo.
─ Yo... ─ Charles está a punto de gritar con alegría que sí, que quería acompañarlo, conocer más de cerca a los Pérez, pero el pensamiento de que eso era incorrecto lo invade.
La mirada ansiosa del mayor pone nervioso al castaño. Se notaba que Checo lo estaba invitándolo de buena forma, sin ninguna mala intención o por una razón de lástima; sin embargo sabía que no podía estar invadiendo esa familia, porque sabía que no podía soportar ver a Sergio tan feliz, y que en un arrebato de celos arruine esto que no sabe como llamar... ¿nueva amistad?, no lo sabe, pero lo que si sabe es que sería muy doloroso y poco saludable para él observar lo que jamás tendría con Sergio.
Así que tomando todo el valor que puede, y la poca dignidad que le queda (ya que todo quedó en esas lágrimas derramadas humedeciendo el traje azul marino del mayor), se niega educadamente.
─ Gracias por la invitación, pero tendré que declinarme, lo s-siento... quizá la próxima vez, me gustaría ir ─ Dice nervioso, pero también firme de su decisión.
Checo le regala una sonrisa indulgente, una tranquilizadora que le dice que esta bien, y eso hace que Charles se siente un poco más tranquilo.
─ Está bien. Ahora, ¿qué tal si salimos de aquí?
El menor asiente y rápidamente toma sus cosas yendo hasta el umbral de la puerta dónde Checo lo espera con una sonrisa muy dulce y compasiva.
Esa noche salen a cenar con los demás chicos, y agradece que nadie pregunta ante sus ojos hinchados. La comida es común, sin embargo está cotidianidad da inicio a algo más profundo en ambos hombres.
Es sorprendente su acercamiento en las últimas semanas, mensajeandose de vez en cuando ─ poniéndose al día de lo que hacían; mandándose vídeos o imágenes tontas; o fotos de los lugares dónde estaban; que no es por presumir, pero Charles tiene una foto exclusiva de checo con sus hijos muy bonita ─; sin embargo, un acontecimiento rescatante ocurre en la siguiente carrera, en Las Vegas.
Fue un circuito muy poco esperanzador, aterrador y desafortunado para muchos, pero en medio de todo ese fracaso, una chispa de esperanza iluminó al monegasco, como lo había soñado. Fue hasta en el gran premio de las Vegas que había sido su carrera más extraña pero a la vez la más feliz de la temporada; una en donde por fin compartió el podio con el moreno y del cual lo dejo muy sorprendido y sonrojado tal como el color del traje de ambos.
─ Te dije que lo lograríamos, como lo prometimos ─ Le había susurrado Checo al oído cuando lo abrazo enseguida bajando del coche.
Aquel comentario lo deja congelado, y si no fuera porque el mayor lo conduce en su caminata se hubiera quedado como un tonto ahí en medio de las cámaras hambrientas de los paparapzzi. Sergio jamás había olvidado su promesa, y eso hace que el amargo segundo lugar sea más especial de lo que esperaba.
Le devuelve el abrazo más adelante, en dónde las cámaras no alcanzan a verlos, y se permite soltar unas traviesas lágrimas las cuales después justifica que son de alegría y emoción por los buenos resultados de ambos. Checo se burla de él, pero no se molesta... siente que jamás podría molestarse con él... Mucho menos cuando este venía y lo abrazaba
