Work Text:
Lo que menos esperaba Paul encontrar en la academia, era el amor.
Y, sin embargo, aquí estaba otro día más; sus dedos deslizándose por las teclas del piano como si fuera suyo, tocando un ritmo aleatorio, pensando en aquel chico una vez más. Inevitablemente la canción “Can’t help falling in love“ pasó por su mente y se dirigió hacia sus manos, sabiendo que podía tocarla incluso con los ojos cerrados. La verdad que la sensación de que alguien volviera a invadir su mente a cada minuto era algo que no experimentaba desde que estuvo con su última pareja, meses atrás. Y que la primera persona la cual le volviera a hacer sentir de esa forma fuera Álvaro, su compañero y amigo, era algo bastante chocante.
Realmente desde el primer momento que lo vio en los castings y entre los 18 últimos seleccionados, sabía que ese chico tenía algo único y especial. Su voz le parecía espectacular (y no le gustaba nada recordar el día que lo pusieron en duda en la gala zero), su humor, su esencia, su luz… Todo ese conjunto de detalles que hacía que Álvaro fuera él era algo que tenía cautivado al granadino. Pero no fue hasta un par de días atrás donde se planteó realmente qué significaban sus pensamientos constantes hacia el castaño, agradeciendo tener el apoyo incondicional de Lucas en cuanto le contó su situación y éste le hizo abrir los ojos (aunque muy en el fondo ya sabía lo que era, solo que no quería admitirlo). Aún así sigue sin saber con exactitud si fue un error o un acierto, ya que a cada que tenía la oportunidad, le hacía ciertos comentarios a Paul sobre el chico que le ponían más que nervioso y rojo.
Lo que él no sabía era que Álvaro se sentía de la misma forma, que fue más que solo un encuentro casual; fue como si sus almas hubieran estado bailando juntas mucho antes de que sus cuerpos se encontraran. Por su parte, no le sorprendió demasiado llegar a desarrollar sentimientos hacia un compañero, ya que era bastante enamoradizo. Aunque esta vez… esta vez sentía que era distinta, esta vez de verdad. Obviamente la única persona que sabía sobre esta situación era Bea, quien era la mayor fan de la pareja.
Las primeras notas de la canción empezaron a sonar, así como también la particular voz de Paul. Sabía que todos los demás estaban en la sala de ensayo jugando y bailando como siempre hacían los sábados por la noche, pero hoy no estaba particularmente activo como para participar. El motivo era bastante estúpido, más aún sabiendo la situación emocional de la persona implicada, pero no podía evitarlo. Solo… ¿por qué Martin no podía dejar las manos quietas y tocar a su novio en vez de a Álvaro? sabía que era una rabieta de niño pequeño, así que prefería ensimismarse en sí mismo antes de hablar mal a gente que no se lo merecía. Recordando de nuevo la situación de apenas una hora atrás su mente olvidó los acordes por unos segundos, equivocándose de nota. Inevitablemente golpeó con fuerza las teclas del piano al equivocarse, resoplando frustrado.
—Vas a cargarte el teclado así, Paul.
El mencionado se sobresaltó al escuchar aquella voz que tenía más que calada en su cuerpo, sintiendo un pequeño escalofrío mientras la vergüenza se apoderaba de él. No estaba preparado para verlo después de tragarse su pequeño ataque de celos, más aún sabiendo que no era justificado.
—¿Hace cuánto estás ahí? Pareces un acosador —trató de bromear como siempre en respuesta, alzando por fin la vista para poder conectarla con su compañero. Esperaba que el otro rompiera el contacto visual primero, porque estaba seguro que no podría apartar la mirada de sus ojos.
—Desde casi el comienzo de la canción. ¿Puedes seguir tocándola?
Alzó una ceja algo extrañado ante aquella petición, observando atento como el contrario cogía uno de los bancos de la sala y se sentaba al lado del piano, observándolo fijamente. —¿Por qué prefieres quedarte aquí escuchándome antes que estar con todos jugando?
—Siempre te prefiero a ti antes que a cualquiera —aquel tono de coqueteo que últimamente tenía más activo salió a la luz en esa última frase, poniendo más que nervioso al contrario, quien se removía incómodo en su banco. No se veía capacitado de tocar ahora mismo, no teniéndolo tan cerca y estando los dos solos en aquella sala, que cada vez le parecía más pequeña. Cogió aire de forma temblorosa antes de intentar formular una frase, pero fue interrumpido por las voces de todos que se escucharon a través de los cristales, dirigiéndose hacia el salón. Ambos siguieron al grupo con la mirada antes de volverse a mirar, dos sonrisas esta vez tímidas asomándose en sus labios.
—Veo que te ha comido la lengua uno de los entes de Juanjo. ¿Por qué no te despejas un rato, nene? ven, vamos.
Y sin poder Paul objectar nada Álvaro sujetó su muñeca con delicadeza, tratándolo tan suave como si él pudiera romperse de alguna forma. Resignado se levantó de su asiento y siguió al contrario hacia la sala de ensayo, la cual ahora permanecía vacía. Se preguntó qué hacían allí, ya que el resto estaba en otro sitio, hasta que escuchó por toda la sala la melodía que estaba tocando apenas unos minutos atrás. Se giró confuso hacia su amigo, quien se acercaba a él en suaves movimientos, bailando por la sala hasta llegar a su lado. Le animó a hacer lo mismo y Paul no podía negarle nada a esos ojitos que le suplicaban un baile, así que ambos compartieron un pequeño momento íntimo en aquella gran estancia, tan solo los dos sintiendo aquella canción que, sin saberlo, les recordaba al otro.
Llegando al segundo estribillo, ambos dejaron de revolotear por la sala y se acercaron instintivamente más, quedando cara a cara. Los dos se sentían más ligeros, más tranquilos, y se miraban con una de las sonrisas más sinceras que habían mostrado hasta entonces en aquella academia.
Fue en aquel momento, donde ambos se miraron a los ojos, que uno de ellos decidió dar un paso más sin saber que éste cambiaría el rumbo de su relación. Álvaro sorprendido por ver la mano alzada de Paul, la sujetó sintiendo la propia algo temblorosa. Y juntos comenzaron a moverse al compás de la música.
El baile era lento y apasionado, como si cada nota de la canción estuviera sincronizada con los latidos de sus corazones. Paul sostenía delicadamente la mano de Álvaro mientras lo guiaba con gracia por la sala, creando una conexión que iba más allá de las simples notas musicales. Por un momento se olvidaron incluso de las cámaras y micrófonos, eran solo ellos. Los dos se miraron a los ojos, sumergiéndose en el profundo abismo de las emociones compartidas.
La proximidad entre ambos generaba una sensación de calor y comodidad. Los movimientos eran suaves, como si estuvieran bailando en su propio mundo, ajeno a todo lo demás. Cada paso estaba lleno de ternura, y la química entre ellos se manifestaba en la forma en que sus cuerpos se desplazaban unidos. A medida que la música fluía, el tiempo parecía detenerse, tanto que ambos empezaron a cantarse al unísono. En ese momento, la sala de ensayo se convirtió en un escenario donde sus corazones se expresaban con la misma belleza que la melodía que los envolvía. Una vez acabó se quedaron unos segundos mirándose, antes de apartarse llenos de la vergüenza y timidez que no habían mostrado en ese baile.
—Pensaba que no sabías bailar, eh. A lo mejor vas a tener que enseñarme tú a mí.
Álvaro rompió aquel silencio extraño después de unos segundos donde ambos solo sabían mirarse fijamente, soltando una de sus típicas bromas que consiguió que ambos se pudieran relajar, aunque la tensión en el ambiente era palpable. Cogiendo aire Paul se volvió a acercar al contrario, tapando ambos micros y tomándose unos segundos para mentalizarse de la posible tontería que estaba a punto de decir. Porque seguía sin creer que esa conexión en el baile podía significar algo más.
—Álvaro yo… uh, últimamente, no puedo dejar de pensar en ti de una manera diferente.
La vergüenza se apoderó de Paul mientras luchaba por encontrar las palabras adecuadas. Álvaro, por su parte, le observaba con la misma sonrisa amistosa y comprensiva de siempre, lo que alivió un poco la tensión que cargaba el granadino. —Lo siento si esto suena extraño, pero creo que me estás empezando a gustar, y no puedo evitar sentirme un poco raro al respecto.
Paul soltó un suspiro de alivio al haber confesado eso, desconectando durante unos segundos al escuchar algunos de sus compañeros más cerca de lo que le gustaría. Álvaro, lejos de burlarse o hacer que Paul se sintiera incómodo, soltó una suave risa y colocó una mano reconfortante en su mejilla.
—Paul, no tienes porqué disculparte. Tal vez estaba esperando que dijeras algo así—. Paul levantó la mirada, sorprendido, pero el brillo en los ojos de Álvaro estaba lleno de sinceridad y afecto. —Yo también he estado sintiendo algo similar… pero no estaba seguro de cómo decírtelo, pero parece que estamos en la misma página.
Esta vez la risa nerviosa de ambos rompió la tensión, y ambos compartieron un momento cómplice. La confesión, que había comenzado con una vergüenza abrumadora, se convirtió en un puente que conectó aún más a ambos. Paul por fin liberó sus micrófonos y esta vez sin saber mucho cómo proceder, Álvaro volvió a sujetar su muñeca para esta vez tirar de él y volver con los demás. Lo que las cámaras no captaron fue cómo ambos entrelazaron sus dedos mientras caminaban, siendo vistos por sus dos amigos más cercanos, los cuales compartieron una mirada cargada de complicidad.
Más tarde, donde ambos por fin tuvieron un momento de intimidad sin las cámaras ni micrófonos de por medio, compartieron el primero de los tantos besos que se llegarían a dar entre las paredes de aquella academia. Y todos aquellos que les esperarían una vez salieran de aquel lugar. Aquello fue más que un baile lento; fue un testimonio de la conexión profunda entre dos almas que encontraron una armonía perfecta; una sinfonía de emociones que comenzó con un solo y eterno acorde.
