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Ganar o perder. La vida en sí misma se reducía a sólo eso aparentemente, blanco y negro, sin matices grises, y mientras yace en el suelo por unos instantes considera la idea de mandar todo al demonio y aceptar la muerte.
Después de todo ¿qué caso tiene ahora?
Al menos si Kronika reescribe la historia, tendrá una oportunidad de nuevo junto a él…
Hanzo.
Podrían simplemente reencontrarse aún si la historia era reescrita una vez más, podían estar juntos, pero entonces ¿de qué habría servido el sacrificio de Hasashi?
Ese pensamiento fue lo suficiente para obligar al criomante a ponerse de pie una vez más, con una determinación de acero y acabar con Kronika de una maldita vez.
Kuai Liang está ahí ahora, delante del reloj de arena sin entender del todo qué diablos debería hacer.
Ha vencido, sí ¿pero valió la pena realmente? Apenas se ha tomado realmente el tiempo ahora que está a solas para procesar todo lo ocurrido.
Para pensar en Hanzo.
Su Hanzo. No el espectro que Kronika había traído de regreso. Aunque eran físicamente iguales, esos ojos blancos distaban del intenso color chocolate de los ojos de su amado. Su amigo. Su protector. Su amante…
No, no existía ese sentido de pertenencia con el espectro que le había informado que la otra mitad de su corazón le había sido arrancada de su lado.
Por primera vez realmente se dio el tiempo de sentir el dolor y dejarlo fluir, salir por sus ojos en forma de lágrimas, por su garganta en forma de desgarradores gritos, cayendo de rodillas, demasiado cansado por todo.
¿Es así como Hanzo se habría sentido por la muerte de Harumi? Bueno, debió ser aún más intenso el dolor, Scorpion había perdido más de lo que cualquiera debería.
¿Cómo diablos entonces había siquiera concebido la idea de poder enamorarse de nuevo?
A Kuai le resultaba imposible siquiera pensar en buscar algún sustituto para Hanzo. Jamás podría amar a alguien de nuevo, o hacer cualquiera de las cosas que hacía junto al piromante.
No podría aún si quisiera.
Si tan solo no hubiera asistido al torneo para buscar justicia para Bi-Han ahora no estaría sintiendo ese agujero negro arremolinandose en su pecho; consumiéndolo desde dentro.
Había bajado estúpidamente la guardia, y su enemigo se había colado por su piel y huesos.
¿Y ahora? Estaba sólo completamente, tomándose un poco de tiempo para sí mismo. Hanzo se lo había dicho más de una vez; veía por todos antes que sí mismo, y ahora ahí estaba, tumbando sobre sus rodillas con las manos en su pecho, como si eso fuera suficiente para apaciguar el dolor de perder lo último que le quedaba.
Nunca se había quejado de su vida, aún cuando Sektor le arrebató la humanidad y lo convirtió en un montón de láminas, tornillos y cables. Se resignó a perder a Bi-Han; no podía salvar a su hermano si este simplemente no quería ser salvado en primer lugar. Había sido reducido a un mero matón de Quan Chi…
Y había aprendido a tomar lo que la vida le daba.
Se había resignado a perder una y otra vez, pero no estaba listo para que el único atisbo de felicidad le fuese arrebatado también.
Finalmente fue capaz de recoger un poco de los pedazos que quedaban de sí mismo, ponerse en pie y tomar el control.
