Chapter Text
Satoru Gojo, amante de la vida fitness, siempre se obligaba a correr de forma equilibrada, regulando su respiración, manteniendo su ritmo, aguantando grandes tiempos y distancias, sabía correr y hoy todo se había ido al carajo, corría erráticamente por la calle llena de personas, esquivando, respirando fuertemente, apretando el celular en la mano, sintiendo un calor sofocante pero sin tiempo de quitarse el abrigo, corría con prisa, con miedo e incertidumbre.
Llegó frente a las enormes puertas de cristal del hospital y siguió corriendo en los enormes escalones y no paró hasta llegar a la recepción enfermería, donde se detuvo azotando la mano izquierda.
- ¡¿Shoko Ieiri?!
- ¿Señor?
Satoru quiso gruñir de frustración pero suspiró fuerte y dijo: - Soy Satoru Gojo y soy el contacto de emergencia de Shoko Ieiri, acaban de llamarme hace... - miró la pantalla del celular mientras respiraba ruidosamente - hace 15 minutos... ¿Dónde está ella?
- Señor Gojo, necesitó pedirle que llene unas formas, porfavor; mientras verifico que ella pueda recibir visitas y buscó a su médico para que reciba informes. ¿Esta bien? - Gojo asintió deprisa - Ok, Aquí tiene.
Satoru recibió la tabla con hojas, se secó el sudor con la manga y guardó el celular, la cabeza le punzaba...
"Soy el contacto de emergencia de Shoko Ieiri"
Lo había dicho y aún no podía procesarlo. Ni siquiera lo sabía, si, lo que sea que le pasó a Shoko, no hubiera pasado... tal vez nunca se hubiera enterado. Empezó a garabatear la información de Shoko, lo sabía todo de ella... si "sabía" era la palabra porque ahora justo se daba cuenta de que en realidad no sabe nada de los últimos meses de la vida de Shoko.
Conocía a Shoko desde niños, pero a pesar de su cercanía hace años... desde que ambos trabajaban casi no se veían.
¿Por qué lo había puesto ella como contacto de emergencia?
- Señor Gojo, ¿Puede acompañarme?
- Si - Gojo caminó detrás de la enfermera, juntos pasaron a una sala de espera donde él se sentó, se quedó solo un momento y luego entró un doctor que tenía el rostro sombrío.
- ¿Señor Gojo?
- Oh si. Mucho gusto. Lo escucho - el médico apenas se había presentado y la mente de Satoru se había perdido en el debate interno de necesitar oír lo que el médico tenía que decir contra el miedo de no querer oírlo.
Las palabras fueron captadas por su mente y se clavaron una a una en su corazón.
"agresión" "fractura del maxilar" "hematomas" "traumatismo cráneoencefalico" "muy golpeada" "violencia intrafamiliar"
La boca de Gojo estaba seca, trató de tragar inútilmente, sentía que el llanto estaba atorado en su pecho y su garganta. Se quedó congelado en la misma posición, abstraído de la situación, pero no pudo evitar reaccionar a lo que dijo el médico después.
- La buena noticia es que el bebé está fuera de peligro.
Gojo sintió una punzada en el estómago y el vello se erizó en su espalda.
- ¿El bebé? ¿Shoko está embarazada?
- Si. Tiene 6 semanas de embarazo, ya pudimos encontrar latido fetal.
- Gracias... ¿Puedo verla?
- Si. Sígame...
Gojo caminó sintiendo dolor en las piernas, haber corrido esos casi 3 kilómetros a toda velocidad desde el trabajo hasta el hospital le estaba pasando la factura, pero no se arrepentía. Era la hora pico, un taxi hubiera tardado el doble de tiempo.
El médico lo dejó en la puerta y le señaló la cama de Shoko, una cortina impedía verla. Satoru saludó con una inclinación de cabeza a la paciente embarazada y su familiar que se encontraban al lado y caminó hasta pararse frente a la cama de Shoko. Tuvo que sujetarse de la orilla de la cama o iba a terminar en el suelo.
El rostro de Shoko estaba irreconocible... parecía una bola de carne molida, hinchada, amoratada, con la mascarilla de oxígeno sobre ella, de no ser por él cabello castaño y su lunar en la mejilla derecha pudo fácilmente no reconocerla.
Se acercó un poco y pudo ver moretones en sus brazos, la herida abierta de su labio... y entonces las lágrimas cayeron silenciosas.
Sabía perfecto quién había hecho esto... Shoko estaba en una relación tormentosa con un narcisista agresivo llamado Ryomen Sukuna, el idiota se había obsesionado con Shoko cuando ella obtuvo su primer trabajo, había entrado a trabajar como Doctora en una aseguradora y Ryomen era uno de los directores regionales. Ella le rehuyó varios meses pero al final cayó, Satoru se opuso a la idea pero no había mucho que hacer al principio sin bases más que un mal presentimiento.
Ryomen era encantador con sus regalos caros, viajes y miles de atenciones, supo endulzarle el oído a Shoko, se la llevó a vivir con él y luego lo siguiente que supo Gojo fue que él la engañó. Una madrugada Shoko tocó a su puerta cuando se escapó de donde vivía con Ryomen, solo duró una semana fuera y terminó volviendo. Los consejos de Gojo fueron echados en saco roto... Sukuna supo usar las debilidades de Shoko contra ella y la enredó en una red de autodestrucción y dudas... tal vez hasta de amenazas y golpes, Satoru lo sospechaba, Shoko lo negaba y él nunca pudo comprobar nada... y tampoco insistió por miedo a que ella - o Ryomen - cortaran la pobre relación que aún quedaba entre ellos después de conocerse tan bien de casi toda la vida.
Shoko llegó un día de verano a vivir a la casa de al lado, Gojo tenía 8 años y Shoko 7... Fue instantáneo, Gojo se enamoró de la niñita de pelo corto y un lunar en la mejilla que se la pasaba atrapando escarabajos en el jardín de su casa, la miraba todo el tiempo desde la ventana de la cocina. Un día se decidió a hablarle y se convirtieron en compañeros de juegos y más tarde en compañeros de clase. Iban y venían juntos de sus casas a la escuela, a la biblioteca, al parque, al planetario... Satoru hablaba todo el tiempo de Shoko a sus padres, Shoko esto, Shoko aquello... Un día en la escuela, hablando de las emociones, la maestra preguntó de manera juguetona si alguien estaba enamorado, todos los niños negaron con la cabeza pero Satoru levantó la mano y gritó:
- ¡Yo maestra! ¡Yo estoy enamorado de Shoko!
Todos se rieron, Satoru se descolocó un momento y se giró a ver a Shoko que se sentaba detrás de él mientras las risas seguían, estuvo a punto de sentir vergüenza pero Shoko lo miraba con la barbilla recargada en su palma y sonriendo.
Era algo tan infantil como genuino y solo el paso del tiempo pudo hacer que Satoru se diera cuenta de lo que había llevado a Shoko a su vida... Hija de una madre soltera que se suicidó, Shoko cargaba con un peso impropio para su edad, sufrió muchos malos tratos hasta que el destino la llevó a casa de su tía, una solterona que tampoco tenía mucho que ofrecer a una "carga" no deseada...
Durante la adolescencia, Gojo se dio cuenta de lo difícil que lo tenía Shoko y... de lo bonita y rebelde que se había puesto. Todas las noches, ella se colaba por la ventana en un movimiento peligroso y estúpido de escalada hasta el cuarto de Satoru y lo despertaba para meterse entre las sábanas y dormir tranquila. Gojo solo quería protegerla y compartir un poco de la situación afortunada en la que él vivía con una familia amorosa a la cual no le faltaba nada.
Pero, los 14 años y las hormonas le pegaron fuerte a Satoru y de pronto no pudo ignorar el crecimiento en el pecho de Shoko que lo abrazaba por la espalda después de entrar a su cuarto en la madrugada para dormir un rato.
Fue así como Shoko le dio muchas de sus primeras experiencias a Gojo, sin que él las pidiera pero sin que las rechazara ni un poco.
Shoko le extendió su primer cigarro con una sonrisa, su primera cerveza, su primera escapada en bicicleta a ver las estrellas en la presa cercana, su primer beso y el segundo y el tercero, su primera caminata de regreso de la escuela tomados de las manos, su primer rechazo a los 16...
"No podemos ser novios Satoru, las parejas terminan y tú y yo tenemos que estar siempre juntos"
Al principio no lo entendió, incluso lloró en su habitación por eso, pero ella seguía ahí para él, ella lo necesitaba, ella seguía sufriendo y él quería seguirla protegiendo, así que guardó sus niñerías y siguió junto a ella. Incluso en las solicitudes para la universidad, ella quiso estudiar medicina y el decidió estudiar ingeniería biomédica para estar cerca, en la misma facultad.
En ese último año de preparatoria, después de que Shoko cumplió 17... una tarde de invierno mientras estudiaban... Shoko le regaló su primera vez y tal como solía hacerlo siempre que se trataba de ella, Satoru Gojo se dejó hacer lo que ella quisiera para él. Fue un último año bastante intenso, descubriendo todo lo que puede descubrirse del sexo adolescente.
Al entrar a la universidad, los padres de Gojo le alquilaron un departamento y gracias a su beca de estudios Shoko pudo obtener una habitación en el campus. Gojo hizo todo lo posible para estar cerca, pero no fue sencillo, la vida universitaria no era lo que imaginaron, Shoko metió distancia entre ellos debido a lo pesado de su carrera y a la presión de mantener la beca.
"No quiero perderte Satoru pero necesito esto, es mi pase a una vida mejor, dime que lo entiendes... por favor"
Satoru asintió y la besó sin saber que era la última vez que lo haría.
Shoko era hermosa, fuerte, perseverante, inteligente, divertida, tierna... Shoko es una joya que había sido arrojada a los cerdos para diversión del estúpido de Ryomen Sukuna, ese maldito manipulador que la hizo añicos, que la había mandado a esta cama de hospital... La sangre de Gojo hervía y sus ojos empezaron a cuajarse de lágrimas mientras sujetaba suavemente la mano amoratada de Shoko entre las suyas, se notaba que había luchado con todo... estuvo a punto de llorar hasta que la escuchó.
- 'Toru... - apenas y podía abrir el ojo izquierdo y las lágrimas empezaron a correr por su amoratado e hinchado rostro.
- Shou... shhh tranquila, estás a salvo... Estarás bien, yo te voy a cuidar.
- Soy una idiota...
- Nada de eso linda, eres la chica más inteligente que conozco, esto no es tu culpa.
Shoko empezó a llorar con angustia, aunque su condición sólo le permitía derramar grandes lágrimas con unos sollozos muy bajos.
- Shoko, estoy aquí, dime que hacer...
- Abrázame...
Satoru se sentó en la orilla de la cama y con sumo cuidado, como si tuviera entre sus brazos una mariposa con las alas rotas la aproximó a su pecho, sintiendo como su camisa se mojaba. No podía dejar de repetirse como si fuera un mantra...
"Te voy a matar Ryomen Sukuna"
Al otro día por la mañana ayudó a Shoko a bañarse, a ponerse la bata de paciente, a tomar un poco de papilla y antes de que llegara la visita de los médicos le pidió que sentará.
- Hay algo que tengo que decirte bonita...
- Dilo y ya 'Toru, no estoy para rodeos. Por favor - ella hablaba lento, se notaba que tenía dolor con cada palabra que decía y aún así su tono de voz no estaba mancillado en lo más mínimo.
Gojo dudó un momento pero se acuclilló junto a ella y tomando su mano dijo:
- Estás embarazada, tienes 6 semanas, el bebé está sano.
Satoru supo de inmediato que eso era algo que ella no quería por lo que la abrazó suavemente sin decir nada más. Sintió de nuevo como se mojaba su camisa y su corazón se partía un poco más de verla sufrir así.
- Lamento darte así la noticia pero quería decírtelo yo y no que te enterarás por los médicos.
- Satoru... yo... no sé como pasó... yo tomaba los anticonceptivos religiosamente...
- Te creo linda.
Estuvieron abrazados en silencio por unos minutos hasta que ella se echó un poco hacia atrás solo para separarse lo suficiente y mirar a los ojos celestes de Satoru.
- No lo quiero... no quiero nada de Ryomen.
- Está bien Shou, será como tu quieras. Aún hay tiempo para resolver esto, cuenta conmigo...
Tres días y una tomografía de cráneo de control después, el médico dio de alta a Shoko con una receta de vitaminas maternales y analgésicos suaves.
Satoru sabía que Shoko tenía ganas de aventarle las vitaminas al médico en la cabeza así que recogió todo dando las gracias.
Al llegar a casa de Shoko, ella se desplomó en el sillón y Satoru se sentó a su lado.
- Gojo, sé que ya has hecho mucho pero necesito que me ayudes con otra cosa.
- Dime...
- Hagamos una maleta. Necesito irme de aquí y deshazte del chip de mi celular. Tengo que desaparecer o Ryomen vendrá a buscarme.
- ¿A dónde irás?
- No sé - la voz de Shoko se quebró por primera vez desde que todo sucedió - Pero necesito que vengas conmigo por favor, tengo miedo, esta vez no puedo hacerlo sola, por favor - su tono era suplicante.
Satoru se hincó frente a ella y la abrazó de la cintura, nada le importaba si se trataba de Shoko, no le importaba mandar su trabajo al demonio o tener que buscar una nueva casa, de verdad nada le importaba si se trataba de hacer feliz a la mujer que amaba.
- Por supuesto linda, iré contigo a donde quieras, no hay perro más fiel que Satoru Gojo - dijo él con una sonrisa de comercial.
Ella quiso reírse pero el dolor la detuvo.
- Lo siento, no debí hacerte reír, soy un idiota.
- Y así te quiero 'Toru, idiota y todo.
Una semana después estaban a 2 distritos de distancia. Gojo había pedido una transferencia que progresó fácilmente debido a que su carrera tenía pocos integrantes, así que sin problemas se colocó en el hospital local para diseñar prótesis y ortesis, mientras Shoko se recuperaba en casa y arreglaba un poco lo que pudieron salvar de mudanza.
