Actions

Work Header

Sweet Omens

Summary:

Su primer día como docente con un futuro prometedor, no parecía que algo malo fuera a pasar, quizás era el anuncio de que Dios le retribuía por sus buenas obras.
Ah, si supiera todo lo que se aproximaba...consideraría que Dios ama las novelas.
De otra forma, ¿Cómo podría explicar lo que pasó?
Papeleo interminable, gajes del oficio al ser un alfa bastante peculiar e inexperto, una peligrosa conspiración, muchas coincidencias y falsas apariencias.
Afortunadamente, a Dios a veces le gustan los finales felices.
Y bueno, él no se quejaría...
Aunque para ello tuviera que aprender a saborear lo agridulce. ¿De qué otra calificaría lo que salió a la luz?
Amor, odio, resentimiento, arrepentimiento... tantos sentimientos al igual que estrellas.

Chapter 1: Novato

Chapter Text

Aziraphale finalmente había sido aceptado para impartir clases en el colegio Santa Agnes la chismosa iluminada, en su mente era una manera de retribuir a Dios todo lo que le había otorgado y ser parte del plan inefable de aquel ser omnisciente y omnipresente.

Ese día se preparó con todo lo necesario dentro de su maletín, a su punto de vista…
Una pequeña biblia para la lectura de versículos, un sándwich, un toper con crepas, un termo con chocolate y café, una libreta y una caja con supresores en caso de ser necesarios.
Sin embargo, ¿Acaso Aziraphale podría sufrir un celo repentino?
No, realmente era por si alguien más los necesitaba.

Aunque su apariencia y carácter solían ser asociados con los omegas, en realidad Aziraphale era un alfa, uno bastante débil a consideración de otros alfas, especialmente porque sus carácteres secundarios todavía no aparecían, un hecho extraño considerando que solo los alfas los poseían, pero existían excepciones y bueno, él era una excepción en toda la palabra.
Además, no era muy alto en comparación a la media de estatura entre los alfas quienes con facilidad alcanzaban el metro ochenta o noventa, su cabello era blanco como la nieve, su cuerpo era algo regordete y detestaba la violencia, eso y vestirse como si estuviera atrapado en el siglo pasado, le causó muchos problemas en su juventud.
Afortunadamente Dios siempre estuvo para el amable alfa, escuchando sus plegarias y respondiendo a ellas, ante los ojos de Aziraphale.
Aún así, había una plegaria que el alfa siempre recordaba y se preguntaba si alguna vez vería realizada, considerando que su tardanza era parte del plan inefable que Dios tenía para su persona y que tal vez necesitaba más esfuerzo y dedicación para ser acreedor de ese milagro.

Después de tomar un taxi y un trayecto de veinte minutos, finalmente llegó a un antiguo edificio, sus paredes mantenían un color marrón sepia de Reinaldo desde su fundación en el siglo XV, el jardín estaba impoluto y un letrero anunciaba con letras doradas "Colegio Santa Agnes la chismosa iluminada, dónde Dios mora en cada uno de nosotros"
—Esto es magnífico— dijo Aziraphale para ingresar, intentando contener la emoción que se escapaba por su radiante semblante.
Al cruzar la puerta un largo pasillo lo recibió, en sus paredes se podían ver representaciones de varios pasajes de la biblia pintados a mano por el cardenal Pulsifer el casto de Castilla cuando fundó la escuela junto a Agnes la chismosa iluminada.
Sus ojos turquesa brillaron ante los exquisitos frescos que permanecían intactos por gracia divina, siendo el primer milagro de Santa Agnes la chismosa iluminada que se tenga registrado en una fuente confiable.
Avanzó lleno de alegría y cruzó varios pasillos, escuchando a la lejanía algunos versículos siendo revisados, su corazón se sentía feliz y en paz hasta llegar a la oficina directiva.
En este lugar el ambiente se había vuelto más lúgubre y el encargado parecía estar disgustado con la vida en general o por lo menos tener pereza de existir.
—Soy Aziraphale Beaumont, he sido contratado para impartir clases.
—Furfur— se presentó un beta sin ánimo alguno, mientras tomaba un panfleto y pintaba unos garabatos —Su salón es el doce, la siguiente clase acaba en cinco minutos, si quiere puede darle un vistazo. Recuerde que a las tres de la tarde hay reunión con el resto del personal en este lugar.
—Oh, es muy amable de su parte— dijo Aziraphale con una sonrisa.
Furfur intentó sonreír, pero no tenía ánimos así que solo hizo una mueca.
Cuando Aziraphale se marchó, Furfur encendió la computadora, para la hora de la reunión deberían estar las listas que utilizaría el nuevo profesor.
No obstante, cuando intentó recordar su nombre hubo un gran problema.
¿Cómo diantres se escribía?
Después de meditarlo un poco y no tener éxito en su búsqueda por internet, el nombre impreso en las hojas fue: "Azirafalala Beumon"

Aziraphale por su parte buscó aquel salón, fijándose en los números fijados en cada una de las puertas debajo de una pequeña ventana que permitía ver el interior, mirando al resto de docentes Aziraphale quería creer que serían buenos amigos.
Al llegar al número doce y mirar en su interior algo en su corazón se congeló.
El profesor en aquel aula era un alfa demasiado familiar para Aziraphale.
Este alfa era Gabriel James Le Brun, uno de sus bullies de la infancia.
Aziraphale tembló ante los recuerdos que golpearon su mente, de forma instintiva retrocedió y tropezó con otro docente.
Una mano rodeó con firmeza la cintura de Aziraphale y evitó su caída, los ojos turquesa se encontraron con unos lentes de sol que reflejaron su rostro confundido.
—Por tu cara, eres el nuevo, ¿Verdad?— dijo una voz serena.
—Soy Aziraphale Beaumont, perdona mi torpeza— se disculpó, notando que el pelirrojo tenía un tatuaje de serpiente en el lado derecho del rostro.
Desafortunadamente al intentar dar un paso hacia atrás su maletín se abrió dejando caer todo su contenido y el rostro del recién llegado se iluminó de rojo. Su cuerpo se tensó mientras esperaba una burla ajena.
—¿Eres un Omega?— preguntó el misterioso docente de gafas y ropas negras al agacharse, dejando ver un par de pequeños cuernos ocre entre su cabello.
—Las llevo por si alguien las necesita, no quiero que sufran por un celo repentino, he leído que es muy doloroso— respondió Aziraphale.
—Eso es muy considerado, ¿Entonces qué eres?—preguntó el profesor de gafas oscuras.
La intriga y curiosidad era entendible, alfas y betas nunca cargaban con supresores así que ver a alguien tomándose esa molestia era interesante.
—U-Un alfa, a-aunque sé que no parezco uno, eso siempre me ha traído problemas— tartamudeo Aziraphale, intentando sonar tranquilo pero su semblante mostraba que le dolía ese automenosprecio.
—Soy Anthony J. Crowley y viendo cómo te has preocupado por los omegas, eres mejor alfa que el promedio— esbozó una sonrisa mientras entregaba los supresores y la libreta, permitiendo que un par de colmillos fueran visibles por un instante —Puedes llamarme Crowley, no me gusta mucho Anthony aunque todo el mundo parece predispuesto a usarlo.
—¿Y qué hay de la J? ¿Qué significa?— preguntó Aziraphale quien intentaba mantener a raya una sonrisa de alegría ante el cumplido de Crowley.
—Adivina— respondió el pelirrojo en un tono juguetón.
—¿Jesús?
Corwley soltó una carcajada y antes de que alguien saliera a callarlos, tomó a Aziraphale de la muñeca y lo llevó a un salón vacío.
Un poco más calmado, Crowley respondió —Buen intento, pero en realidad es una simple J, a la persona del registro se le hizo muy largo Juventino y decidió colocar la J con un punto, yo dudo que haya sido el empleado del mes.
—Vaya, que desafortunado— dijo Aziraphale.
Un par de segundos después, sonó un timbre indicando el cambio de clase
Crowley sonrió —Aziraphale, espero verte más tarde y ten cuidado, los alumnos de la clase doce son muy tranquilos, podrías aburrirte hasta la muerte.
Aziraphale soltó una risita nerviosa —¿Cómo podría suceder eso?

Una hora más tarde, Aziraphale estaba al borde de dormirse leyendo la historia de Job.
Se sorprendió de encontrar que sus alumnos eran muy tranquilos, comparables con una tumba.
Sus participaciones eran precisas y hasta cierto punto monótonas, como si estuvieran programados.
Ni siquiera cuando pasó a la parte de literatura clásica hubo un cambio, mucho menos una broma y eso era extraño, muy extraño considerando que sus alumnos rondaban los quince años.
A esa edad debían ser rebeldes, llenos de curiosidad o por lo menos hablar entre ellos.
Esto solo dejó desconcertado a Aziraphale, quién soltó un pesado suspiro cuando fue el receso.
Sin demasiado ánimo camino hacia la oficina central, pues ya era momento de la reunión e intentaba mantenerse optimista, quizás podría congeniar con alguien más.
Al entrar a la habitación tragó saliva al sentir la pesada presencia del resto de la planta docente, al instante fue capaz de sentir las miradas de desprecio y técnicamente no era culpa de nadie.
En su mundo era implícita la competencia, el instinto natural de los Alfas sería aplastar a sus oponentes y cuando estuvieran frente al escalón más débil lo someterán para afirmar su poder al punto de que la mayoría de alfas, betas y omegas consideraría a los alfas más débiles como omegas algo extraños a primera vista, siendo habitual que los evitaran.
Asimismo, los omegas solían elegir a los Alfas más fuertes de esa manera se "aseguraban" que su descendencia sea sana.
Aunque había contadas excepciones, dónde un beta sobresaliente era capaz de ganarse el respeto de los Alfas y con ello conseguir a un Omega o Alfa como pareja, en caso contrario estarían con otro beta.
Y bueno, el carácter de Aziraphale nunca le ayudó a sobresalir, al contrario, lo puso en la posición perfecta para ser víctima predilecta de alfas más grandes y de peor humor.
Gracias a la humillación recibida a lo largo de su vida, Aziraphale tenía grabada la idea de que ningún omega podría amarlo en condiciones normales.
¿Quién querría a un alfa tan débil y blando de carácter como compañero?
Las pocas veces que se armó de valor para confesar sus sentimientos en su juventud, fue rechazado cruelmente, ya fuera por su apariencia, su personalidad apacible o porque no cumplía con ninguno de los estereotipos de alfa.
Por ello se aferraba a la leyenda de las parejas predestinadas por Dios.
Aziraphale le pedía a Dios ser afortunado de tener a alguien que pudiera amarlo con todos sus defectos, quizás de esta manera podría hallar el valor suficiente para enfrentar a los fantasmas del pasado y los espectros del presente, porque siempre que creía haber avanzado, algo en las profundidades de su alma lo arrastraba al pozo de inseguridades que fue alimentando por años.
En cualquier caso, de los tres pisos de la escuela y los veintisiete salones, había un total de veinte maestros y la mitad mostraban desprecio en su mirada ante el recién llegado, claramente esta parte de la planta docente eran alfas.
Estos alfas pensaban que Aziraphale era un bicho raro que solo traería problemas.
Aziraphale pensó en huir, hasta que un brazo pasó por detrás de sus hombros y se convirtió en una pequeña zona de seguridad.
—Tranquilo, no muerden aunque tengan esa cara de amargura— le dijo Crowley en un tono bajo y con una pequeña sonrisa.
Aziraphale sintió un gran alivio su voz fue suave y solo pronunció un "gracias" para entrar acompañado de Crowley.
Aunque era la segunda vez que se veían, Aziraphale consideraba que Crowley era un alfa muy agradable y gracias a su intervención el resto de la reunión fue soportable.
Por lo menos hasta que pudo leer su nombre en las hojas que Furfur le entregó.
—Deben estar bromeando— murmuró Aziraphale un poco molesto y preocupado.
Crowley dió un vistazo a la hoja y sin decir algo se la arrebató a Aziraphale, aún en silencio avanzó hacia Furfur.
—¿No deberías haberle dicho que escribiera su nombre? Aziraphale no puede usar esto— dijo Crowley con firmeza mientras le estampaba la hoja en el pecho al beta.
Furfur rodó los ojos y fingió sorpresa —¿No se escribe así?
—No, pequeño imbécil y más te vale hacerlo bien— respondió Crowley para sonreír.
Furfur lanzó un pesado suspiro y sacó de su bolsillo un bolígrafo —Bien, dame un momento para cambiarlo, mientras corrígelo en la hoja.
Las miradas de desaprobación entre los alfas eran notorias a excepción de dos.
Aziraphale sintió sus mejillas calentarse, era la primera vez que alguien se apresuraba a ayudarlo con un pequeño problema.
Normalmente tendría que esperar a que la reunión terminará para informar de aquel error y no podría garantizar que tendría éxito al buscar una solución.
Pronto los profesores comenzaron a marcharse, a excepción de uno el cual se acercó a Aziraphale e hizo desear al alfa ser invisible.
—Gabriel— dijo Aziraphale con una sonrisa amable, aunque era visible su incomodidad.
Hubo una sonrisa como respuesta —Bienvenido a bordo— dijo Gabriel antes de extenderle la mano —Quiero disculparme contigo por mis actos, fui un mocoso arrogante.
Aquello desconcertó a Aziraphale, quién con cautela aceptó el apretón de manos y se vio en la necesidad de preguntar —¿Sucedió algo?
Gabriel respondió al instante—¿Recuerdas que durante una excursión nos explicaste varios tipos de plantas?
Aziraphale asintió y su sonrisa mostró algo de incomodidad —Ustedes me hicieron probarlas todas para demostrarles que no eran venenosas, ese día tuve una terrible indigestión. Afortunadamente no me hicieron subir a los árboles a recoger los pequeños frutos o beber agua directamente del río.
Gabriel intentó no mostrarse avergonzado por aquellos tiempos, pero era imposible y se podía ver reflejado en la forma en que apretó sus manos hasta que palidecieron.
—Hace tres años tuve un accidente, mi auto se salió de la autopista y tardaron una semana y media en encontrarme, durante ese tiempo pude sobrevivir al recordar ese viaje escolar y me di cuenta de lo cruel que fui contigo. Sé que no cambiaré el pasado pero deseo ser tu amigo y mostrarte que en verdad he madurado— dijo Gabriel intentando ser breve, su tono fue más amable de lo que recordaba Aziraphale, incluso su mirada no mostraba ese desprecio inconsciente de los Alfas.
—Por supuesto que podemos ser amigos— una sonrisa adornó el rostro de Aziraphale al pensar que esa era una buena noticia—Me alegra que mis consejos sirvieran de algo.
Gabriel soltó un suspiro, el alivio era notorio en su rostro, realmente parecía que se quitó un peso de los hombros.
—No tienes idea de cuánto me sirvieron tus consejos, me tengo que retirar, mi horario de hoy acaba de terminar y necesito ver a alguien, te veré mañana—dijo Gabriel.
Con aquello, Gabriel se marchó y momentos después apareció Crowley con una nueva lista para Aziraphale.
—Lo escuché todo, ¿Realmente estás bien con eso de ser amigo de Gabriel?— le preguntó Crowley un tanto extrañado.
—Creo que todos merecemos una segunda oportunidad y muchas gracias por ayudarme — respondió Aziraphale.
Crowley negó —No es nada, tómalo como una cortesía.

Después de eso, ellos dos se separaron.
El resto del día Aziraphale estuvo impartiendo otras clases a los grupos 15, 17 y 20, los cuales a diferencia del grupo 12 tenían un comportamiento más apegado a la adolescencia.
Pronto la luz del día se extinguió y la iluminación de la escuela era lo único que la mantenía a salvo de la oscuridad del exterior.
Cuando la última clase terminó a las nueve, Aziraphale se apresuró a llenar sus informes, podría hacerlo después pero quería llegar a su casa a comer una rebanada de pastel con un poco de té.
Los pasillos pronto dejaron de ser bulliciosos, cuando el último autobús escolar se marchó, un silencio absoluto se apoderó de la escuela.
Era un tanto extraño que no hubiera insectos o animales que hicieran ruido en los alrededores pero tampoco era para tanto,¿Verdad?
Aziraphale consideró poner música clásica en su viejo celular, no era la misma calidad en comparación al antiguo tocadiscos que le esperaba en casa pero sería suficiente para amenizar el silencio, en lo que terminaba de escribir.
Apenas abrió la aplicación de música, pudo escuchar que algo golpeaba al otro lado de la pared, intentó no prestarle atención pero una silla fue arrastrada en el salón contiguo.
Un pequeño escalofrío recorrió el cuerpo de Aziraphale, quién se levantó con cautela de su asiento.
Todavía no tenía miedo, estaba en un recinto de Dios así que no debería haber algún espíritu del mal, lo que significaba que había alguien a altas horas de la noche y probablemente sin permiso.
Miró su celular y ya eran entradas las once, por precaución dejó marcado el número de emergencias por si las cosas salían mal.
Aún en silencio se acercó al salón 19, conforme más se acercaba pudo escuchar murmullos, la luz estaba apagada y la puerta entreabierta.
Desde su posición pudo ver a dos siluetas en el fondo del salón, su respiración se congeló al verlas tan cerca una de la otra y su mente intentó crear un plan para interrumpir ese momento íntimo y aclarar que era inmoral hacer algo así dentro de la escuela.
No obstante, pronto un suave y dulce aroma llegó a su nariz, era como si el más exquisito pastel hubiera sido horneado, junto a ese aroma pudo distinguir que una de las figuras intentaba alejar a la otra sin mucho éxito.
—Parece que alguien olvidó tomar sus supresores, este mes se adelantó tu celo pero no te preocupes yo me encargaré de ti— dijo la figura dominante en el interior del salón con una voz petulante.
Aziraphale no necesitó escuchar más y entró corriendo al salón con la única intención de embestir a quien quiera que fuera el arrogante.
Su fuerza fue considerable, consiguiendo que el otro alfa fuera arrojado contra las bancas.
De inmediato la mirada turquesa mostró sorpresa al darse cuenta que Crowley era un omega, pero su corazón se preocupó al verlo tan agitado y con el rostro enrojecido.
Aziraphale no sabía qué hacer especialmente al ver que el otro alfa se levantaba, nunca había peleado pero, ahora Crowley dependía de su ayuda, así que arrojó su viejo celular con todas sus fuerzas, consiguiendo noquear al oponente.
Cuando el alfa fue derribado por segunda ocasión, Aziraphale se dió cuenta que Crowley estaba a punto de entrar en la peor fase del celo, así que le tomó entre sus brazos y se apresuró a regresar al salón 20.
Crowley fue dejado en uno de los asientos mientras Aziraphale se apresuraba a tomar tres pastillas supresoras y las machacaba para agregarlas a lo que restaba de su café.
—Por favor bebe esto— le pidió Aziraphale.
Crowley obedeció, sus manos temblaban al intentar controlarse y mantener a raya ese calor y deseo interno.
El alfa se apresuró a ir por su celular, aunque al presionar las teclas, ninguna funcionaba y la preocupación crecía en su semblante.
—Dios mío, ¿Qué tengo que hacer?— murmuró Aziraphale antes de revisar al alfa que había dejado inconsciente, recordaba su nombre, Asfodelo, y ya que no parecía tener heridas graves, lo dejaría ahí.
La prioridad era Crowley.
—¿Tienes batería? Creo que mi celular ya no sirve— dijo Aziraphale algo nervioso.
—No tengo batería— respondió Crowley antes de temblar —Odio esto— maldijo al sentir un profundo deseo de enlazar su vida con un alfa.
Lo último que necesitaba era estar solo con un alfa, si hubiera sido un beta u otro Omega, estaría más tranquilo.
Cuando la última gota fue bebida, Aziraphale se apresuró a limpiar con un pañuelo las gotas de sudor de Crowley, en su mirada era notoria la preocupación y aquello solo intrigó al pelirrojo.
—¿Vives cerca? Así puedo llevarte a tu casa si es que no tienes problemas— dijo Aziraphale con timidez y nerviosismo.
Crowley no tenía muchas fuerzas y teniendo en mente que en el peor de los casos su alfa sería la persona que tenía enfrente, le dió las llaves de su preciado auto.
Cualquiera era mejor que Asfodelo.
—Es el Bentley, solo sigue el camino hasta la primera desviación, pasando el cuarto complejo de departamentos, mi casa parece florería— le respondió.
Aziraphale asintió y después de entregarle su maletín, lo cargó en brazos hasta el estacionamiento. La respiración de Aziraphale se había agitado casi tanto como la de Crowley, aunque por motivos completamente distintos, ambos sudaban profusamente y sentían que su cuerpo ardía.
El alfa se las ingenió para abrir la puerta del copiloto y con cuidado dejó a Crowley, asegurándose de ajustar bien el cinturón de seguridad, lleno de nervios y bastante adolorido de los brazos se apresuró a encender el auto.
No le gustaba conducir rápido, era más del tipo tranquilo al conducir pero esto era una emergencia.
Apenas los faros del Bentley fueron encendidos, salió a toda velocidad del estacionamiento. Siguiendo fielmente las indicaciones de Crowley, Aziraphale llegó en apenas cinco minutos a la casa del omega que desgraciadamente ya comenzaba a gemir del dolor al intentar controlar sus impulsos mientras las feromonas se extendían.
Esos fueron los cinco minutos más largos para Aziraphale, una tortura que lo obligó a rezar una y otra vez a Dios por su guía.
Quería ayudar a Crowley y que estuviera a salvo.
Apenas el Bentley frenó, Aziraphale se abalanzó contra la puerta y probó la otra llave disponible, cuando una pesada puerta de metal se movió, el alfa regresó al auto y de nueva cuenta cargó a Crowley.
—¡¿Dónde tienes tus supresores?!— preguntó Aziraphale sin poder ocultar sus nervios al entrar, topándose con una pequeña sala y tres pasillos.
—Llena la bañera con a-agua caliente… detrás del espejo hay un bote de color verde, va-vacía su contenido y méteme ahí— respondió Crowley al apuntar al pasillo central mientras intentaba mantener su mente serena ante la idea de besar a Aziraphale.

Aziraphale obedeció y corrió al baño para preparar todo, agradeciendo al cielo porque el agua caliente no tardase en caer y que el bote verde estuviera repleto de medicina.
Por otro lado Crowley no tuvo problemas en quitarse su ropa empapada de sudor y fluidos, aunque una parte de su ser se negaba a cubrir sus partes nobles con la camiseta empapada.
Desgraciadamente para Crowley está parte tan primitiva de su ser era bastante fuerte y apenas Aziraphale salió del baño, se arrojó a los brazos del alfa, sus manos acariciaron el pecho ajeno y una sonrisa lasciva esperaba despertar el instinto del otro.
No obstante, Aziraphale se apresuró a abrazarlo con fuerza y lo arrastró a la bañera en contra de la voluntad de Crowley.
Ambos cayeron en el agua, sus rostros quedaron uno frente al otro pero Aziraphale había cerrado los ojos, su corazón latía con fuerza pero en su mente solo existía el pensamiento de ayudar a Crowley, por ello se apresuró a salir de la bañera para gatear hacia la salida aún sin atreverse a abrir los ojos, apenas escapó de la habitación cerró la puerta y se dejó caer en el suelo.
—¡Si necesitas algo avísame! ¡Aquí estaré!— aseguró Aziraphale mientras calmaba a su agitado corazón e intentaba no pensar en esa deliciosa y dulce fragancia que solo hizo gruñir a su estómago de hambre.
En el agua Crowley sintió un profundo alivio, la cantidad de medicamento fue suficiente para contrarrestar parte del celo, aunque debería quedarse ahí por media hora para que su cuerpo volviera a la normalidad.
Afortunadamente este golpe le hizo recuperar la cordura.
—En mi habitación hay algunas toallas y puedes usar la secadora, ambos están en el pasillo de tu izquierda, yo estaré aquí un largo rato— dijo Crowley.
—¡Gracias!— exclamó Aziraphale para levantarse y avanzar por el pasillo izquierdo.
Mientras caminaba el alfa pudo ver en las paredes varios cuadros sobre plantas y el Bentley, esto le pareció adorable y le ayudó a calmarse.
En la habitación al final del pasillo estaba la habitación de Crowley, sus paredes eran de un tono azulado, su cama era amplia y con bastantes almohadas y junto a un armario había otra puerta, al abrirla pudo encontrar la secadora y la lavadora.
Aún sintiéndose un poco intimidado por el lugar, Aziraphale buscó primero una toalla en el armario y se encerró en el cuarto de lavado, con cuidado se quitó su ropa y la metió en la secadora.
Mientras esperaba con una toalla en su cintura pensó que la situación era peculiar y al mismo tiempo sintió que los omegas sufrían bastante más de lo que suponía.
Con aquello en su mente y después de que la secadora hiciera su trabajo, Aziraphale se vistió, cuando estuviera en su casa podría lavar su ropa y darse una ducha.
Ya más tranquilo se dirigió a la puerta del baño y le dió un par de golpes, apenas escuchó un "¿Necesitas algo?", Habló —¿Puedo usar tu cocina?
—Adelante, aunque en breve necesitaré que me pases algo de ropa o puedes encerrarte en la cocina para no verme desnudo.
—Preferiría no tocar tus cosas, sería descortés— se sinceró Aziraphale.
Lo que había dicho el amable alfa era algo inaudito para Crowley.
Era la primera vez que presenciaba que un alfa tenía la fuerza de voluntad para soportar las feromonas de un omega en mitad de su celo, literalmente lo cargó por tres pisos, le llevó en auto y resistió un acercamiento frontal sin mostrarse tentado ni un solo momento.
Fue interesante, un hecho extravagante y algo encantador considerando que ese mismo alfa horas atrás había declarado abiertamente que llevaba supresores en caso de que algún omega lo necesitara.
Desafortunadamente esos supresores no eran suficientes para algunos omegas pero Crowley podría asesorar a Aziraphale si es que estaba interesado en saber más.
Crowley se relajó en la tina, cuando el calor salvaje de su cuerpo se apaciguó, salió y sin importarle dejar un rastro de agua fue a su habitación.
Mientras se vestía, le dió un vistazo a su alrededor en busca de algo fuera de su lugar pero todo estaba en orden o por lo menos aquello que le pertenecía.
Al mirar en el cuarto de baño se encontró un pañuelo de seda blanca, era el mismo que Aziraphale había utilizado para secar las gotas de sudor, ahora estaba seco y Crowley sonrió al pensar en la expresión de ese alfa tan bonachón.
La preocupación en los ojos turquesa era nueva para un omega que había presenciado varias veces en el pasado la lujuria en aquella situación.
—No creo que seas alguien débil, Aziraphale— dijo Crowley para sí mismo.
Poco después se dirigió a la cocina, encontrándose con un exquisito aroma, era un poco dulce pero no demasiado.
Al entrar se encontró con Aziraphale agregando una crepa a una pila de buen tamaño.
El plato con las crepas se hallaba sobre una mesa de madera oscura, mientras que la estufa estaba a un par de metros,detrás de una barra de cocina.
—Te pagaré los ingredientes y no sabía si te gustan dulces o saladas, así que preparé lo necesario para ambas— dijo Aziraphale con suavidad, para señalar varios platos en la mesa, había jamón, queso, fresas picadas, cajeta y un poco de mermelada.
—No importa, mañana hago la despensa— respondió Crowley.
—Déjame acompañarte o darte algo, no me sentiría bien si no pongo más de mi parte.
Crowley se cruzó de brazos —Aziraphale, me salvaste de un abuso, eso es suficiente para mí.
El aludido se sobresaltó —Estoy siendo molesto, ¿Verdad?— una sonrisa forzada hizo aparición —Lo siento, siempre encuentro la forma de ser una molestia… pronto me iré, no necesitas ser amable si no quieres.
Crowley alzó una ceja y se acercó al alfa, quién retrocedió hasta quedar casi pegado al horno.
—Aziraphale, tampoco necesitas ser amable conmigo y no eres una molestia. Al contrario,eres el primer alfa que conozco que no es un mentecato— dijo Crowley antes de apagar la estufa —Cenemos, ya son suficientes crepas, puedo guardar la masa para mañana.

Aziraphale sonrió ante ese cumplido y aceptó acompañar a Crowley.
Crowley comió unas cuantas crepas, admitía que eran deliciosas pero se dió cuenta que era más entretenido mirar al alfa comer, era muy expresivo con cada bocado, especialmente cuando cerraba los ojos y sonreía mientras emitía un suave y armónico “Hmm”.
Con aquellas observaciones Crowley quiso saber más sobre ese alfa de cabello blanco, deseaba desentrañar todos sus secretos y quizás comprender cómo era inmune a las feromonas, quizás estaba ligado a la falta de carácteres secundarios y debido a ello, Crowley no pudo evitar preguntarse.
¿Qué sería Aziraphale cuando estos caracteres aparecieran? ¿Un conejo, un pangolin o algo tan apacible como su carácter?
El resto de la noche se acompañaron con una charla amena, Aziraphale mostró un sincero interés en cómo ayudar a los estudiantes omega, incluso cuando le fue regalada una libreta y un bolígrafo se dispuso a anotar todas y cada una de las sugerencias de Crowley.
Pronto llegaron al tema de Asfodelo, a lo que Crowley convenció a su acompañante de que no había nada que temer, podía encargarse del alfa por sí solo, aunque Aziraphale le obligó a registrar su dirección en caso de necesitarlo y se ofreció a limpiar todo, desde los trastes hasta el rastro de agua que salía del baño y llegaba hasta la habitación de Crowley.
Crowley aceptó la oferta, para ese momento solo quería dormir y olvidarse de todo, pero al considerar la amabilidad que Aziraphale le había mostrado, decidió dejarle su cama, ignorando todos y cada uno de los alegatos del alfa.
Fue de esta manera que Crowley pasaría la noche en el sofá, durmiendo plácidamente. Aziraphale tuvo más problemas al intentar dormir, así que se dispuso a orar un poco.

Primero agradeció a Dios el tener la claridad suficiente para ayudar a un omega, asimismo mostró su gratitud al obtener más información y así salir de la ignorancia, considerándola peligrosa.
Pero en silencio, volvió a pedir guía para ser un buen alfa y quizás ser bendecido con un amor sincero.

Los días comenzaron a pasar lentamente, Aziraphale intentaba adaptarse aunque no tenía mucho éxito en cuanto a relacionarse con el resto de alfas, incluso sus alumnos alfa eran bastante conflictivos y ocasionalmente retaban su autoridad (A excepción del salón 12)
En cuanto a betas y omegas, los primeros solían ignorarlo y los segundos pronto escucharon que era un alfa confiable e inevitablemente comenzaron a seguirlo y pedirle consejos, incluso algunos alumnos le llevaban golosinas para mostrar su agradecimiento.
Aziraphale siempre intentaba mantener la distancia, pues una relación entre un alfa y un omega podría malinterpretarse con gran facilidad y lo que menos deseaba era tener problemas con el alfa que ejercía como director y quién respondía al nombre de Metatrón.
Y para conseguir huir de esta atención inesperada, recurría a Crowley, quien siempre incitaba a los omegas a ser atrevidos y aventureros, cuidándose entre sí, asimismo les pedía que no molestaran a un alfa tan bonachón y por pedir, nos referimos a un comentario sarcástico y una mirada severa.
—¿Cómo consigues esconder tus feromonas del resto de alfas? Especialmente cuando estás tomando supresores— preguntó Aziraphale cuando cumplió un mes en la escuela, a la hora del almuerzo.
Ambos estaban compartiendo una mesa al aire libre, en la zona rodeada de arbustos que tanto le gustaba al pelirrojo quien en esta ocasión había traído una bolsa de papel con su almuerzo.
—Uso feromonas artificiales, por eso soy muy cuidadoso con mi celo, de lo contrario tendría encima a la mitad de mis compañeros solteros— respondió Crowley para sacar con cuidado el contenido de la bolsa.
Era un pequeño pastelito de vainilla con una vela, Crowley encendió la vela con un encendedor que le pidió prestado al perezoso de Furfur.
—Felicidades por aguantar un mes, te advierto que de ahora en adelante los alumnos parecen que pierden la cabeza— dijo el pelirrojo mientras le extendía el pastelillo, su tono fue algo burlón pero se deleitó con la sonrisa de Aziraphale.
La mirada de color turquesa se volvió cristalina y después de estar fija en la llama por unos segundos, se posó sobre Crowley.
—¿Realmente es mío?— preguntó con una voz suave.
—Mío no es— respondió Crowley.
—Es la primera vez que recibo un pastel de regalo— confesó Aziraphale.
Crowley alzó una ceja, recargó un codo sobre la mesa y usó su palma de la mano para descansar su mejilla —¿Qué hay de tu cumpleaños? ¿Nadie te ha dado un pastel por eso?
Aziraphale consideró no responder, pero Crowley parecía realmente interesado en conocerlo así que no tuvo otra opción —Crecí en un orfelinato y siendo el más débil de los alfas…siempre fui acosado, así que nunca tuve un pastel que fuera realmente mío a veces ni siquiera pude probar un bocado y después me resigné. ¿Qué hay de ti?
—No me gusta mi cumpleaños, así que prefiero mantenerlo oculto, siempre pasan cosas malas ese día— respondió Crowley antes de ceder a su innata curiosidad —¿Conoces la fecha de tu nacimiento?
El alfa negó —Cuando fui abandonado tenía apenas unos días de vida, pero nunca hubo certeza de mi fecha de nacimiento.
—Entonces el siguiente viernes celebraremos tu cumpleaños, recuerdo haber leído que una lluvia de estrellas sería visible y es un buen augurio, ¿No crees?— dijo Crowley con amabilidad.
El corazón de Aziraphale se agitó ante esas palabras, sus mejillas se iluminaron de rojo y fue incapaz de responder.
Nunca alguien se había tomado la molestia de prepararle una celebración.
Por un instante deseó con todas sus fuerzas abrazar a Crowley, pero se reprimió al pensar que eso sería muy osado de su parte, Aziraphale estaba seguro de que Crowley actuaba así solo por amistad y un abrazo podría ser demasiado para el breve tiempo que llevaban conociéndose.
—Esperaré con ansias el viernes— dijo Aziraphale para soplar la pequeña candela a medio derretir, apenas la ligera línea de humo gris se desvaneció quitó la vela y partió el pastelillo a la mitad.
—Es tuyo, no tienes que compartirlo— mencionó Crowley.
Aziraphale se inclinó sobre la mesa y acercó la porción a la boca de Crowley —Yo quiero compartirlo contigo, este viernes quiero que también sea tu nuevo cumpleaños— dijo antes de sonreír con calidez.
Fue el turno de Crowley de sentirse cohibido, de pronto el pastelito desprendía un aroma irresistible y para no rechazar el gesto de amabilidad, le dio un pequeño bocado al pastelito antes de tomarlo entre sus manos.
La sonrisa de Aziraphale era radiante y con gran entusiasmo disfrutó de su porción.
Aunque ninguno de los dos quisiera admitirlo, esa semana fue larga y al mismo tiempo corta, una paradoja que dependía del tiempo libre que tuvieran.
Irónicamente esa semana fue donde el grupo del salon 12 fue el preferido de ellos dos y también se convirtió en el grupo donde menos se esforzaron esa semana, pues ambos docentes dejaban una actividad o dos, que los alumnos ejecutarían en completo silencio y mientras tanto Aziraphale y Crowley buscarían cómo hacer un pastel.
Aziraphale todavía no se había comprado un celular, siempre lo olvidaba y por ello llevaba una revista de repostería, mientras que Crowley tenía cien páginas y catorce tutoriales de Youtube para hacer un pastel inolvidable.
Cada uno intentaba convencerse de que su deseo era darle al otro un día inolvidable por la pequeña amistad que habían desarrollado a lo largo del mes pero el cuidado y dedicación que colocaron al momento de hacer el pastel era un indicio de la una chispa que había nacido aquella noche.
Crowley estaba interesado en ese alfa bonachón que le trató con tanta amabilidad sin pedir nada a cambio.
Aziraphale quería consentir al omega que le brindaba seguridad y lo veía como un igual.
Quizás ninguno de ellos dos era capaz de darse cuenta de lo que se estaba orquestando en sus corazones ya que en su mundo una relación como la suya era demasiado extraña, normalmente los alfas y los omegas se sentían atraídos en el celo y en la mayoría de ocasiones un enlace accidental les terminaba obligando a desarrollar sentimientos uno por el otro o por el contrario, las historias más tristes tenían lugar después de aquella mordida.
Solo en la literatura era dónde se podían dar rienda suelta a los anhelos más profundos, pensamientos de un amor sincero sin necesidad de alguna feromona o un encuentro desafortunado.
Gracias a esta ignorancia, ninguno de los dos tuvo miedo, ni siquiera pensó si algo saldría mal al frecuentar casi a diario al otro, no solo bastaban las horas en la escuela, al salir se turnaban para decidir a casa de quién irían a comer y el visitante sería el cocinero a excepción del jueves, que cada uno se fue directo a cocinar.
El nerviosismo fue parejo en ambos, los ingredientes fueron revisados una y otra vez y el procedimiento se realizó como si del ritual más poderoso se tratase, siendo tal vez un sacrilegio accidental.
Cada uno detalló en una hoja los gustos específicos y así le dio personalidad a su creación.
Aziraphale había preparado un pastel de café y chocolate amargo para Crowley, había visto que no era muy afecto a las cosas dulces pero si le gustaban cuando había algo más para contrarrestar esa dulzura excesiva y por ello decidió ir por dos ingredientes de naturaleza amarga, dándoles cuerpo y textura con nueces y almendras, cubriéndolo con un glaseado ámbar como su mirada, con un ruiseñor rojo y un par de serpientes dibujadas a los costados con gran esmero usando frosting.
Crowley llegó a una conclusión similar, había visto cuánto le gustaban las cosas dulces a quien consideraba un “ángel”, pero no quería ser empalagoso ni petulante, así que se decidió por un pan de vainilla con crema batida sin mucha azúcar y una mermelada de frutos rojos la cual sería dulce y un poco ácida para balancear todo, la cubierta sería blanca simbolizando la pureza que podía ver en Aziraphale, agregando estrellas de fondant porque ese alfa le parecía alguien que merecía más reconocimiento.
Sin importar lo difícil o meticuloso que fueron, en sus rostros había una sonrisa, cada detalle fue creado con esmero, plasmado con un cariño naciente y finalmente empaquetado con gran cuidado.
Lo siguiente en la lista fue más sencillo, cada uno preparó una bebida para acompañar a su respectivo pastel.
Aziraphale se decantó por té, mientras Crowley por café.
Al llegar el viernes ninguno se dirigió la palabra, de alguna forma habían llegado a la conclusión de que si se encontraban antes de que las clases terminaran, no podrían soportar el no mostrar su creación.
Afortunadamente, no hubo incidentes o reuniones sorpresa, incluso parecía que Dios estaba de acuerdo en aquella reunión y permitió que todos se fueran temprano, dejando la escuela en manos de Furfur quien se fue a dormir en la caseta de vigilancia como solía hacer todos los viernes en lugar de patrullar.
El salón 12 y el 19 fueron los últimos en apagar sus luces, quienes impartían la última clase ahora mismo se apresuraban a llegar a la azotea.
Aziraphale había preparado la mesa, Crowley fue el encargado de traer la iluminación y un telescopio para mirar los astros después de que sucediera la lluvia de estrellas
Ambos se encontraron en las escaleras y le dieron una sonrisa pequeña al otro, intentando contener la emoción, la azotea les recibió con un aire fresco y un cielo despejado. Los pasteles fueron colocados con cuidado uno frente al otro al igual que los termos con el valioso líquido.
Crowley encendió un par de lámparas y el lugar le pareció muy acogedor, al punto de que no sintió necesario tener los lentes, pero de inmediato notó que el gesto de Aziraphale había cambiado.
Sus manos resbalaron al tratar de colocarse sus lentes, tirandolos accidentalmente de la mesa estos ante el impacto se quebraron.
—Volvió, ¿Cierto?— dijo Crowley desviando la mirada.
—¿Eso es normal en ti?— preguntó Aziraphale.
Crowley retrocedió, la alegría que había mostrado se esfumó al instante y su voz se volvió hostil y en automático respondió —Así nací, son los ojos de la serpiente, de todas las fechas posibles Dios eligió la única que me marcaría como el infame ser que tentó a Eva, quién condenó a la humanidad al sufrimiento, un ser que va en contra de la naturaleza un omega que intenta ser un falso alfa. La estrella de la serpiente brilló en lo más alto, condenandome a ser un monstruo.
—Pero ese no eres tú— respondió Aziraphale, pese a la amabilidad de sus palabras solo consiguió que Crowley se volviera más huraño.
—Todos dicen eso, pero al final siempre soy el malo, el que trae desastres a la vida de otros, soy… un demonio.
Cuando el omega dio un paso más hacia atrás, Aziraphale sintió miedo de que fuera a hacer alguna locura, su pecho dolió y su mente decidió ignorar sus inseguridades para decir la verdad.
—Creo que tus ojos son hermosos— de inmediato el rostro de Aziraphale se volvió rojizo como un tomate, enseguida miró hacia otro lado y comenzó a jugar con sus manos —Son únicos.
Esas palabras fueron como una daga helada, incluso la mente de Crowley no tenía idea de cómo responder, su piel se había erizado y sentía un cosquilleo en sus manos, como si aquellas palabras pudieran ser atrapadas y guardadas. Aun sin tener algo en mente, Crowley se acercó a Aziraphale, su mirada era brillante y el desconcierto fue notable en su voz.
—¿Realmente crees eso?— preguntó todavía desconcertado como si no pudiera ser capaz de concebir esas palabras.
Aziraphale se armó de valor para mirarlo —Lo creo— aseguró, aunque le era imposible no preguntarse porque Dios le había hecho eso a Crowley y al mismo tiempo consideró que lo mejor era no mencionar nada del plan inefable.
—En verdad eres un ángel— respondió Crowley, para tardar un par de segundos en darse cuenta de que había dicho aquellas palabras en lugar de pensarlas e intentó desviar el tema de conversación —¡¿Qui-Quieres comer pastel?!
—¡Cl-Claro!— exclamó Aziraphale, quien no podía creer que alguien pudiera compararlo con una de las criaturas más bellas de la creación.
Intentaron olvidar lo que había sucedido, fingir que nunca sucedió y se apresuraron a abrir el pastel que les fue preparado, deslizaron la caja con cuidado y la alegría regresó a sus semblantes.
El aroma dulce y suave de cada pastel era reconfortante, llenos de emoción se apresuraron a colocar una vela y a encenderla. La llama se reflejó en los ojos de ellos dos antes de apagarse ante una suave brisa.
No era necesario decir demasiado bastaba con los actos, con cuidado una rebanada fue tomada de cada pastel y un pequeño bocado fue tomado con ayuda de un tenedor mientras las miradas intentaban disimular que querían saber el resultado de sus esfuerzos.
—¡Es delicioso! Gracias, Crowley— exclamó Aziraphale.
—El tuyo también está muy bueno— respondió Crowley, resistiendo el impulso de comer rápido para disfrutar de la vista.
La lluvia de estrellas comenzó pronto, afortunadamente se podían ver desde la montaña donde estaba el colegio.
Crowley sintió que su corazón se detenía ante el semblante radiante de Aziraphale que era iluminado, no pudo resistirse y tomó una fotografía discreta mientras el alfa se emocionaba ante el bello espectáculo del cielo.
Se preguntó seriamente si Aziraphale podría ser un ángel perdido, no había conocido a nadie que considerara bellos sus ojos, ni siquiera los hombres más alejados de Dios hallaban belleza en ese espectáculo viperino que la creación le dio al nacer.
Tuvo suerte de encontrar a un médico capaz de encontrar una fórmula para suprimir esa parte de su ser, aún así era incapaz de abandonar su lentes oscuros, tenía pavor de ser perseguido de nuevo si alguien lo consideraba un enviado del infierno.
Intentó ya no pensar en nada y mejor dedicarse a disfrutar de las estrellas, del pastel y de la buena compañía.
Las estrellas dieron su más bello espectáculo por varios minutos hasta abandonar el firmamento, un par de rebanadas fueron intercambiadas y una pequeña conversación pronto se volvió profunda.
—Creo que Dios está más allá de nuestro entendimiento, entre más buscas menos certeza tienes y más te preguntas— dijo Crowley.
Bastante intrigado, Aziraphale le miró y preguntó —¿Qué has encontrado?
Crowley esbozó media sonrisa y negó con la cabeza —No quiero meterte en problemas, la última vez que le mostré mis dudas a alguien, terminé con este tatuaje— con aquello apuntó a la serpiente impresa en su rostro.
—Creí que tú lo habías escogido— confesó Aziraphale.
—Nah, fue el regalo de despedida de mis padres después de acusarme de herejía y casi matarme a golpes, tuve suerte de ser arrojado al bosque y que un delincuente me tuviera piedad, después lo afiné para que no se viera tan horrendo— dijo Crowley, aunque intentaba narrarlo como si no fuera la gran cosa, su semblante indicaba lo contrario.
—Tú perdiste la fé en Dios, ¿Verdad?— preguntó Aziraphale con suavidad, no quería sonar grosero por error.
Crowley miró al cielo y se cruzó de brazos antes de responder —¿Cómo podría conservarla? Adoré su imagen, seguí sus enseñanzas y siempre quise saber más, y cuando pregunté por aquellos dioses prohibidos, toda la bondad se volvió hostilidad y en mi momento más vulnerable, el peor ser humano tuvo piedad y me cuidó como si fuera mi padre, ¿Acaso Dios quería burlarse de mí?
—¿Y porque trabajas aquí si no tienes fé? Quiero decir, tú estás a cargo de la materia de religión, ¿No es eso incómodo?
—Quiero encontrar las respuestas a la clase doce, no son normales los estudiantes que están ahí, se lo debo a mi tutora legal, ella dió su vida por esta investigación y si debo enfrentarme a mi falta de fé, lo haré— respondió Crowley para colocarse las gafas sin importarle que estuvieran rotas y algunas partes de sus ojos viperinos fueran visibles—Ya es noche, deberíamos irnos.
—Creo que tú estás más cerca de la verdad que todos nosotros— mencionó el alfa, quién sonrió con calidez —Incluso si no sigues a Dios de forma ortodoxa eres la clase de persona que le agrada, solo espero que ya no debas sufrir.
—¿No te incómoda que yo piense de esta forma?
—En realidad, solo quiero entenderte más— confesó Aziraphale para guardar lo que restaba de ambos pasteles —Dios ha sido mi único amigo por muchos años, así que confío en su plan inefable y si nos ha hecho encontrarnos, quizás yo deba preguntarme más sobre su figura para corresponder su amabilidad.
—Eso suena solitario.
—Te lo dije, a nadie le gusta un alfa débil, fue por compasión divina que siga vivo—se sinceró Aziraphale.
La conversación había tomado un tinte nostálgico y para escapar de este ambiente, Crowley se acercó a Aziraphale y lo tomó del hombro.
Con una leve sonrisa dijo —No sé que planea Dios pero hoy quiero enseñarte las constelaciones, ¿Te importaría escuchar a este friki de la astronomía?
Aziraphale asintió —Me encantaría.