Work Text:
La primera vez que lo vio fue aquella vez que el rubio entregó sus papeles a Ryusei. Su nombre era Matsuno Chifuyu y trabajaba para una marca externa. Luego de eso no lo volvió a ver sino hasta dentro de un mes, cuando los papeles de registros quedaron obsoletos y se le negó el ingreso.
Esa vez Chifuyu se enojó con Ryusei al punto de los gritos pues no se le permitió la entrada, ya que el protocolo no se lo permitía si no reingresaba nuevamente todos sus documentos, pero no lo entendió y el pobre Ryusei terminó con una mano sobre su rostro cuando Chifuyu le gritó que no estaba para bromas y que iba a entrar de todas formas. Por suerte no pasó a mayores porque Kazutora pudo hablar con el jefe directo de Chifuyu y ya para la tarde todos los documentos volverían a estar archivados y podría entrar sin problemas al día siguiente.
Emma y él observaban desde sus lugares como Ryusei y Kazutora intentaban explicarle de manera profesional por qué no podía ingresar mientras tanto, Emma y él tomaban café y comentaban de vez en cuando la mala suerte de esos dos.
Por esa vez prefirió no meterse en ese asunto pues debía reconocer que el chico rubio parecía ser de cuidado y él no era una persona de mucha paciencia. Aunque debía reconocer que en aquel momento no lo hizo porque pensaba que el rubio era demasiado atractivo como para causar una mala impresión.
Después de ese incidente lo volvió a ver a la hora del almuerzo. Tenía suerte de que Chifuyu saliera a la misma hora que él y así podía verlo, aunque fuese unos minutos pues el resto del día el chico estaba en piso y él permanecía encerrado en la oficina.
Le parecía tierno cuando sacaba su bolso de almuerzo y es que no tenía vergüenza de lucir por ahí su bolsito de Marie, la gatita de los Aristogatos. No era razón para sentirse avergonzado después de todo y en más de una ocasión escuchó cómo le respondía a quienes lo miraba con burla.
Fue feliz cuando Emma lo arrastró hasta el departamento de calzado y lo vio ordenando las zapatillas urbanas. No es que no supiera que ese era su destino de trabajo, es solo que solía quedarse en la oficina y salía únicamente para ir hasta a casa, al supermercado o a comer (no podía perder la oportunidad de verlo por un rato), pero agradeció internamente a su amiga cuando se acercó hasta la zona de las zapatillas y lo llevó junto a ella. Sí, reconocía que era ilógico sentir atracción por una persona que nada más conocía de vista –y gritos– y que también era tonto quedarse de pie apoyado tras un pilar como si fuese un psicópata. No era tan tímido, pero al ver como Chifuyu le contestó con tanta prepotencia a un par de clientes supo que lo mejor era mantener distancia.
Al final Emma no compró nada, pero se quedó más de media hora observando zapatillas y lo arrastró con ella hasta que volvieron a subir hasta la oficina.
Quiso decirle algo por hacerle perder media hora de posible sueño, aunque en el fondo se encontraba complacido de ver a Chifuyu.
Sonaba demasiado raro pensar en su nombre, ni siquiera lo conocía, ¿qué clase de psicópata era?
Emma se sentó a su lado junto a una pila de currículos de posibles candidatos para el área de menaje y sonrió cuando lo vio golpear el bolígrafo contra la hoja de antiguos ingresos.
Estaba un poco pensativo después de su paseo y eso pareció llamar la atención de su traviesa compañera.
—¿Te gustó pasear conmigo? —. Su voz cantarina llamó su atención y respondió con un sonido negativo sin mucho ánimo de seguir la conversación —. Tal vez deberías ir a pasear más seguido por los pisos. No sé, para que no digan que los de Recursos Humanos no hacemos nada.
—¿Y yo por qué tengo que demostrar lo contrario? —preguntó serio, aunque en su mente pasaron muchos escenarios de él preguntándole por algún par de zapatillas y así al fin logrando formar algún diálogo con Chifuyu.
—Porque quieres ir a ver a Toulouse. Sería una buena oportunidad para hablarle, ¿o no, Tora? —. El aludido la miró de inmediato y asintió cuando vio la cara seria de su amigo —. Es tu oportunidad, Baji. Sería como la segunda parte de Los Aristogatos y de pronto Duquesa se da cuenta de que Toulouse es medio gay y que sale con un pandillero como el padrastro.
—Dios, ¿por qué lo llamas de esta manera? Emma, no sé qué estupideces estás imaginado, ¿estás consumiendo tolueno? Y además asumes la sexualidad de un chico. Chifuyu es simplemente un promotor más y nosotros estamos a cargo de él indirectamente —. Kazutora inclinó su cabeza con gracia al escucharlo decir tantas palabras juntas y Emma cubrió su boca cuando Baji suspiró derrotado —, además, ¿qué les hace creer que puedo llamar su atención? Lo más probable es que si se da cuenta de que lo estoy mirando en su lugar de trabajo me va a lanzar una Converse directo en la frente.
—¿Qué hombre japonés completamente heterosexual camina por ahí con un bolso de una película yanqui? Grita gay por los poros. ¡Son hechos! —afirmó esto último golpeando con fuerza las hojas de su escritorio.
Esta vez fue el turno de Keisuke y Kazutora de mirar a la chica, aunque Baji no dijo nada pues siquiera alcanzó a hilar un pensamiento cuando sintió un fuerte golpe sobre sus hombros antes de sentir los bruscos masajes de Kazutora.
—Cuanto prejuicio, mujer. Mira a Baji; tiene cara de romper el culo a golpes a cualquiera que se le acerque, pero es completamente gay.
Pudo sentirse ofendido, pero Kazutora tenía un punto. Así que ni Emma, ni mucho menos él dijo algo más y volvieron a lo que hacían.
La temporada navideña ya había finalizado y con ello comenzaban las notificaciones de despidos de los vendedores de apoyo. Tenía mucho por hacer y distraerse pensando en Chifuyu no era una opción.
La música estaba a un volumen moderado cuando Ryusei apareció, ninguno dijo nada pues estaban acostumbrados a que se tardara un poco más, aunque no faltaron las malas bromas que fueron opacadas cuando, en un movimiento apático, subió el volumen de la radio cuando salió su canción favorita.
Poco le importaba saber si Ryusei estaba o no teniendo encuentros con el vendedor de carteras en los estacionamientos del menos tres.
Todo lo que sabía sobre eso era en contra de su voluntad.
En los días siguientes hizo lo que Emma le aconsejó y todas las tarde, a eso de las dos, caminaba por todos los departamentos de la tienda. Esto era en un vano intento de que no se notara que solo tenía un departamento mente y que se tardaba unos minutos más en calzado urbano pues se quedaba bastante tiempo mirando zapatillas y observando las interacciones poco amistosas que Chifuyu tenía con la gente. Baji era un psicópata y Chifuyu un promotor con poca paciencia. Así que prefirió no hablarle y mantener su distancia.
Chifuyu siempre se mantenía en silencio en el casino, comía rápido y luego se recostaba en los sillones de descanso. No le daba ninguna razón para siquiera pensar que él lo notaba y tanto Emma como los chicos se encargaban de burlarse de su carente fortuna. Para su mala suerte se le notaba demasiado que le prestaba atención al chico.
Realmente esperaba que Chifuyu nunca escuchara eso pues no quería que notara lo patético y gay que es.
Siempre creyó que lo más vergonzoso que le pasó frente a Chifuyu fue cuando un niño tropezó con su pie y cayó mientras se probaba un par de zapatillas. Juró que iba a morir en ese instante cuando lo escuchó reír sin disimulo y no se molestó en preguntar si era por el niño o porque empeoró todo cuando intentó ponerlo de pie y solo recibió una patada.
Ese fue el punto en donde sintió más vergüenza delante de Chifuyu o quizás fue esa vez cuando Emma mojó su ropa con té caliente. Su grito fue demasiado agudo por el dolor y no pudo evitar mirar por el rabillo del ojo al chico que lo miraba atento con una sonrisa plasmada en sus labios. Por lo visto sí captó su atención gracias a su mala suerte.
A este punto lo consideraba como un ser observable y no estaba orgulloso de eso, pero como estaba seguro de que nunca le iba a hablar, se conformaba con mirarlo a la distancia como un maldito simp.
Eso estaba haciendo a la salida del trabajo mientras se subía a su bicicleta; por alguna razón Chifuyu se estaba retirando temprano, así que se sintió emocionado cuando, sin intención, pudo seguirlo por fuera del centro comercial.
Quiso acercarse para preguntar por qué se iba tan temprano, se conocían de vista y Chifuyu ya se rio de él en varias ocasiones, así que pensó que era una oportunidad para hablar con él. No obstante, todas sus ideas se vieron truncadas cuando sintió un fuerte golpe en su costado derecho y apenas fue consciente de la ventanilla trasera de la camioneta que daba de lleno contra él.
¿Por qué tenía tanta mala suerte?
De pronto se encontraba en el suelo, con su brazo en una posición bastante dolorosa y con su frente sangrando. Su pierna ardía un poco, seguro porque se arrastró dolorosamente por el asfalto y su tobillo comenzó a punzar apenas fue consciente de que se convirtió en parte de la estampilla familiar del parabrisas trasero.
Ahora sí quedó en ridículo y solo rogaba para que Chifuyu no viese ese espectáculo tan lamentable.
Pero su mala suerte no terminó en ese momento, todo empeoró cuando escuchó un insulto quizá demasiado sonoro proviniendo de una voz masculina y quiso llorar en ese momento, aunque no sabía si de la emoción o por la vergüenza de que su crush le hablara justo cuando terminó en el suelo de forma tan ridícula.
Por momentos Chifuyu le gritaba al chofer quien bajó para socorrerlo; en otro momento se giraba a él para gritarle lo estúpido que era y que si acaso estaba mirando con la boca para no darse cuenta de que el vehículo estaba saliendo del estacionamiento. Escuchó cómo el hombre le pedía que dejara de golpear su camioneta y Keisuke reía internamente porque no se sentía capaz de hacer algo más.
—¿Eres estúpido? —gritó cuando lo vio ponerse de pie, la verdad le dolía todo, pero no iba a humillarse más frente a Chifuyu —¿A dónde crees que vas? Tienes que esperar la ambulancia, idiota. ¿Acaso no te duele?
—Me duele hasta el pelo —dijo al fin en un susurro y a pesar de que rio frente a su propia broma, Chifuyu solo golpeó con fuerza su frente y luego le dio una patada en la rueda de la camioneta. —Estoy bien.
—¿Puedes caminar? Para que te puedas sentar en alguna parte —dijo ya más calmado, aunque pronto volvió a su actitud anterior y se giró hasta el conductor quien miraba los posibles daños que pudo tener su auto, ya sea por el atropello o por los golpes que le daba Chifuyu —. Y tú, ciego de mierda, ¿al menos puedes llevarlo a un hospital? O mínimo abre la puta puerta trasera para que esté imbécil se pueda sentar.
Esto no le sucedería si hubiese seguido su sueño de ser veterinario.
Volver de su descanso médico fue terrible. Aguantar las bromas, no únicamente de sus compañeros, sino que también de los jefes de los distintos departamentos que visitaba por costumbres, era humillante y vergonzoso.
No se atrevió a pasar por calzado, no quería ver a Chifuyu pues se sentía demasiado avergonzado como para hacerlo. Así que durante el día no quiso ir a almorzar junto a los chicos, aunque estuvieron juntos bastante rato mientras él les contaba sobre su recuperación. Aún le dolía la pierna y su brazo izquierdo, ya que todo su peso cayó sobre ese costado; sus amigos no lo molestaron por un buen rato, hasta que lo vieron poner su música habitual en la radio que compartían en común y comenzó a ignorarlos deliberadamente.
—Lo único bueno de los 80 es la música, ¿o no? Quien lo niegue es que no sabe nada de música —argumentó cuando Ryusei murmuró algo en contra de la canción que sonaba. Emma asintió junto a él.
—Claro que no, lo mejor fue la disolución de la URSS. —Ryusei comentó con diversión y buscó la aprobación de Kazutora, pero solo recibió una negativa de su parte.
—¿Qué tiene que ver Bonnie Taylor con los soviéticos? —preguntó Emma a su lado y Keisuke solamente se encogió de hombros haciendo un gesto doloroso cuando recordó su brazo enyesado.
—Esta es la oficina de los estúpidos. La URSS cayó a finales del 91, idiota.
Y su nueva hiperfijación apareció frente a él, en realidad frente a la ventanilla de atención de Recursos Humanos y, para mala fortuna de todos, justo frente a Ryusei.
Emma no tuvo reparos en lanzar una gran carcajada, por su parte, solamente cubrió su rostro con su mano derecha, el ver la cara de Ryusei fue suficiente para olvidar las malas bromas de su amigo, pero todo pareció irse a la basura cuando Chifuyu se dirigió a él y le propuso verse para la hora de descanso.
—Toulouse te está llamando, Keisuke-chan~.
No dijo nada, prefirió no responder a Emma. Se concentró en seguir con su trabajo e ignoró a todos hasta la hora del descanso, que en realidad era su hora de salida, pero estaba dispuesto a sacrificar llegar temprano a su casa por ver qué cosa le podría decir Chifuyu.
Lo esperó sentado junto a la puerta de entrada de personal, estaba algo nervioso porque no quería más bromas ese día y sintió de pronto que tal vez Chifuyu quería burlarse de él y lo tenía merecido. Es decir, cómo es que no se fijó en el vehículo que salía en reversa desde el estacionamiento, todo por estar ocupado mirándolo y eso no era culpa de Chifuyu, puesto que el pervertido era él. Se comportó como todo lo que odiaba de los hombres y merecía que Chifuyu o cualquier persona le dijera en su cara lo imbécil que era.
El ascensor del personal se abrió y bajaron varias personas antes de Chifuyu. Baji sonrió cuando lo vio acercarse hasta él junto a su bolsito tan característico y se movió un poco para hacerle un espacio. Chifuyu venía serio y una vez estuvo a su lado se acomodó en el piso junto a él y comenzó a sacar cosas de su bolso.
—¿Te sientes mejor? —preguntó con voz queda, una que contrastaba completamente con el tono que usó la última vez para comunicarse con él. Baji asintió en silencio y sonrió cuando lo vio sacar una botella de agua y unas galletas para ofrecerle. No fue capaz de negarse a recibir tal regalo —¿Qué te dijo el médico? Te hubiese acompañado, pero tenía que llevar a mi gato al veterinario.
—No te preocupes —. Si se emocionó al escuchar que su crush tenía un gato, no lo demostró, pero sonrió de todas formas para demostrar que lo entendía —. Tuve un esguince en el brazo y la pierna solo una contusión, nada grave por suerte. La camioneta no iba tan rápido, así que nada más fue la caída —respondió serio y por primera vez fue capaz de mirar a los ojos a Chifuyu.
Es que, sin temor a caer más bajo, debía reconocer que Chifuyu era demasiado hermoso con esos ojos grandes y de un turquesa llamativo y brillante. Su rostro pálido era adornado por pequeñas pecas que se distribuían entre su nariz y mejillas y eran tan imperceptibles que por un momento pensó que llevaba algo de maquillaje para cubrirlas.
La ropa deportiva se le veía bien, aunque tuvo la suerte aquella vez del accidente de verlo vestido con su ropa informal y debía reconocer que se veía tan bien en esos pantalones ajustados y con ese suéter color crema demasiado grande para alguien que lucía tan pequeño a su parecer. Claro que la ropa de deporte no le quitaba atractivo para nada.
El rubio también lo miró un rato, pero Baji no se molestó en mirar hacia otro lado. En otra ocasión lo hubiese hecho, pero ahora definitivamente no.
Chifuyu terminó de comer sus snacks en completo silencio y por su parte guardó lo que le obsequió dentro de su mochila. No es que no tuviese hambre, es solo que se sentía avergonzado frente al el chico, pero Chifuyu pareció no notarlo.
Fue un momento algo incómodo y a la vez reconfortante después de tantas desgracias. Hasta su madre estaba buscando tips en internet para terminar con el mal de ojo, pero Baji ya no se sentía tan desafortunado pues su amor platónico estaba sentado a su lado. Seguro eso de poner un platito con sal gruesa en su mesita de noche y usar el bóxer al revés ya estaba surtiendo efecto.
Ninguno parecía querer decir nada, aunque eso cambió cuando Chifuyu acercó hasta él un papelito escrito con algunos números desordenados, pero que dejaban en claro que se trataba de un número telefónico. Si no fuese por su seriedad constante, hubiese saltado de la emoción en ese mismo instante cuando Chifuyu habló.
—Llámame para saber si llegaste bien a tu casa o dame tu número y te llamo —Baji asintió de inmediato, pero no pareció ser suficiente para Chifuyu quien insistió —¿Lo harás?
—Lo haré.
Fue todo y es que no sabía qué decir. Jamás fue bueno con las palabras y esperaba que Chifuyu lo comprendiera.
Muchas veces se preguntaba por qué no tenía la personalidad de Kazutora o incluso la de Ryusei, quizás así sería más fácil para el poder coquetear con chicos o solo con Chifuyu quien era el único que consumía toda su atención por ahora.
No supo si fue por su mirada tan segura o porque Chifuyu era una especie de adivino que pudo notar lo feliz que estaba detrás de esa fachada seria, pero de todas formas sonrió conforme, quizás demasiado y eso fue suficiente para darle fuerzas y poder llamar apenas puso un pie en su edificio.
Si fuese otro tipo de persona tal vez hubiese agradecido a los cielos el haber terminado pegado a un auto porque de esa manera logró hablar con el chico que le gustaba, pero no era tan optimista con eso, tampoco es que creyera en alguna gracia divina. Lo que sí era cierto es que estaba feliz pretendía no demostrarlo. Si fuese de otros manera hubiese corrido para decirle a Emma que había conseguido el número de Chifuyu gracias a su accidente, aunque como era él, solo envió un emoji de un pulgar alzado ante la insistente pregunta de Emma sobre si acaso le fue bien con Chifuyu.
Estaba todo demasiado bien y lo comprobó cuando las llamadas parecían no ser suficientes y continuaban al día siguiente en la hora del almuerzo, cuando Chifuyu le pedía que se quedara un poco más después de su hora de salida para poder comer algo juntos antes de que volviera a su turno. Todo estaba demasiado bien, sobre todo cuando estaban solos y el rubio no tenía vergüenza de apoyar la cabeza su hombro. Era pesimista y su suerte venía siendo mala desde antes de su atropello, pero necesitaba buscar una mínima señal y se aferraba a cualquier ilusión cuando se trataba de Chifuyu y esas pequeñas acciones le hacían tener un poco de fe.
La sutileza era algo que poco lo caracterizaba desde su infancia, incluso su madre buscó ayuda psicológica para el niño que cuando hablaba no tenía filtro. Eso también se veía en sus acciones y es que no se pudo controlarse cuando Chifuyu estaba caminando junto a él por aquella avenida poco concurrida.
A esa hora no había nadie por los alrededores, las luces amarillas de los faroles no eran suficientes para iluminar más allá de sus narices y hacía demasiado frío como para ver pasar a alguien por ahí.
En ese momento se sintió seguro y su mano cubierta por el guante de cuero fue a dar en el antebrazo de Chifuyu haciendo que detuviera su paso y, aunque no hizo nada más aparte de mirar como un estúpido la duda en el rostro del menor, Chifuyu le dio una sonrisa y sacó su mano de su bolsillo para entrelazar sus dedos con los propios.
Iba a morir.
—Hace un frío de mierda a esta hora, ni siquiera sé cómo pudiste venir por mí—dijo reanudando el paso. Estaban caminando de la mano y Baji iba a morir en cualquier momento por la emoción —, ¿tanto querías estar conmigo?
Y soltó una risa traviesa y, a pesar de no ver su rostro, Baji podía asegurar que las pequeñas arruguitas al costado de sus ojos se habían formado y que de seguro estaba mordiendo su lengua para no reír más fuerte como solía hacerlo luego de escuchar sus malas bromas.
—Fuyu, si no fuese así, no estaríamos de la mano ahora —susurró, porque no había mayor ruido que el de sus pasos sobre el cemento y el de sus respiraciones calmadas. Así que fue suficiente para que Chifuyu lo escuchara y detuviera el paso. —¿Está bien si te tomo de la mano?
—Baji-san, si no fuese así, yo tampoco tomaría tu mano —respondió con esa sonrisa suave que tanto le gustaba.
Para su mala fortuna el camino hacia el subterráneo era demasiado corto, así que tuvo que soltar su mano unos minutos antes de llegar al centro de la plaza. Suspiró algo frustrado por tener que alejarse tan pronto de él, aunque Chifuyu pareció no notarlo pues de inmediato adelantó su paso y guardó ambas manos en sus bolsillos.
Era tan frustrante no saber en qué pensaba Chifuyu pues creyó que él era el único que no demostraba nada nunca, pero llegó Chifuyu con su mirada severa para demostrarle que él también podía jugar a la indiferencia.
Era cierto cuando decía que no era de esos tipos seguros de sí mismo, dudaba mucho de sus capacidades a la hora de cortejar a un chico, así que dentro de su frustración no le extrañaba que ese chico antipático no le diera alguna señal, aunque darse la mano para caminar era pasar a otro nivel.
Chifuyu se detuvo a pasos de la entrada del subterráneo al ver la larga fila que descendía por la escalera de entrada y se quedó de pie a un lado esperando que la gente disminuyera para que pudiera bajar.
A es ahora todavía circulaba gente en el centro de la ciudad, así que mantuvo su distancia de manera prudente. Por su parte, Chifuyu comenzó a caminar pronto.
—Ya me voy. Nos vemos mañana, Baji-san —. Esta vez ni siquiera fue capaz de girarse para mirarlo y Baji no supo cómo reaccionar ante eso. Hace un rato todo estaba tan bien.
¿Por qué?
—Chifuyu, ¿por qué me haces trabajar tan duro? —. Ni siquiera supo por qué lo preguntó, pero necesitaba saber cómo seguir y dejar de pasar vergüenza frente a él.
Chifuyu al fin miró a su dirección y Baji contuvo su aliento cuando vio las mejillas sonrojadas del chico. Quería creer que aquella era una reacción ante su pregunta, que entendió el mensaje implícito y que sabía a lo que se refería, pero sus dudas nuevamente lo hicieron pensar que seguro eso era por el frío de enero.
Chifuyu suspiró de forma sonora y sin importarle mucho la gente que pasaba junto a ellos, tomó su mano y entrelazó dos dedos nuevamente. Eso lo hizo suspirar.
—Idiota, lo estás haciendo bien —lo miró unos segundos, los suficientes para notar la sonrisa suave en sus labios y luego volvió a mirar hacia delante para evitar el contacto visual. —Llámame en un rato, ¿sí?
—¡Sí!
No dijeron nada más y se despidieron con un simple movimiento de manos.
¿Qué estaba haciendo bien? ¿Conquistarlo?
¡Oh! ¡Mil mierdas!
Si fuera otra clase de persona de seguro hubiese brincado en ese mismo lugar por la emoción que sintió, pero no hizo nada y solo observó con una sonrisa la espalda de Chifuyu mientras daba las gracias a cualquier ser divino o interplanetario que le cumplió su deseo de interactuar con Chifuyu.
Nada más por esta vez llamaría a Emma para celebrar.
