Work Text:
La muerte no espera a nadie.
No discrimina entre el pecador y el santo.
No le importan los escombros ni la tormenta, o el dolor y la pérdida, no los jóvenes o los viejos, ni el bien o el mal.
No le importan los legados o las vidas o las historias siendo escritas, ni le importan los memorias dichas o pasadas de una vida a otra.
Sólo que toma, y toma, y toma más.
Y es una cosa chistosa que de todo lo que pudo haber matado a Midoriya Izuku, no es All for One lo que lo lleva a las puertas de la muerte – no es ni Shigaraki u Overhaul, ni la liga de los villanos ni el Frente de la Liberación Paranormal, no fueron los bullies que estaba tan encaprichados en aplastarle su vida ni los lirios araña que yacían enterrados y olvidados en el parque detrás de su casa.
No.
Lo que martilla el clavo final en el ataúd de Izuku es One for All – un legado que no se preocupó por el niño que lo portó, sólo que era una antorcha que debía ser pasada para extinguir las llamas de un mal mayor para el bien común, y quemó, eso hizo, la vida que lo llevaba.
Y la muerte puede no discriminar, pero sabe cómo ser amable – al menos, con el chico que ya había sido discriminado por toda su vida, con el chico que había sufrido demasiado, que había sido herido demasiado.
Para Izuku, la muerte empieza como cualquier otro día.
Empieza durante su carrera matutina con Iida en la primavera de su tercer año cuando todo acabó y la Liga de los Villanos había sido puesta en Tartaro, algunos en rehabilitación, y otros en el cementerio a menudo visitados por amigos y familiares por igual.
La sensación de cansancio lo inunda en su segunda vuelta alrededor del bosque detrás del Heights Alliance, como una garra perforando sus pulmones, una manta demasiado pesada en sus hombros. Su corrida se enlentece hasta detenerse su respiración sale entrecortada, y le pide a Iida un descanso de cinco minutos. Iida acepta, como siempre un buen amigo, manos limpiando el sudor de su frente. Continúa platicando con Izuku, tomando la rienda de la conversación tan fácilmente como respira mientras Izuku tranquiliza su respiración, hasta que cinco minutos, siete minutos, diez minutos pasan e Izuku sigue luciendo igual de pálido como lo había hecho cuando se detuvieron.
“¿Te gustaría regresar por ahora, Midoriya?”
Ellos habían dejado de usar honoríficos desde tiempo atrás, después de todo por lo que habían pasado, pero Iida es aún reservado en usar su primer nombre e Izuku, es igual.
“Estoy bien, Iida. Esto no es nada,” Izuku lo aparta, riendo incluso cuando su respiración salía como un silbido. Iida intenta, pero falla, de suavizar la línea tensa de su boca, pero asiente con la cabeza.
“Sólo prométeme que me dirás si necesitas descansar. Siempre podemos tomar un descanso.”
“¡Por supuesto!”
E Izuku mantiene su promesa. Excepto.
Excepto.
En días normales, cuando Midoriya e Iida corren diez vueltas en el bosque, toman un descanso de cinco minutos cada dos vueltas pero hoy, hoy, tuvieron que tomar un descanso de diez minutos por cada vuelta e Iida no quiere decir nada, no quiere regañar a Midoriya por su poco cuidad o lo que sea que lo esté haciendo sentir más cansado hoy más que otros días porque han estado juntos este semana pasada y lo que sea que Midoriya haya hecho, Iida había estado justo a su lado- todo porque habían sido emparejados para hacer una presentación sobre los vigilantes y su contribución a la sociedad y ellos habían atacado ese tema con un fervor que estaba uno justo detrás del otro por toda la semana. E Iida había estado ahí en cada desayuno, comida y cena. Había estado ahí en cada sesión de estudio con Todoroki y Shinsou, y Tsuyu, y Uraraka y Yaoyorozu y Jirou. Había estado ahí cuando Eri-chan los había visitado y cuando Satou les había compartido de sus muffins para que todos los disfruten. Y le preocupa a Iida por Midoriya nunca había estado así de cansado en sus carreras matutinas - y no importaba si solo había tenido una hora de sueño o si había estado despierto toda la noche estudiando para un examen, Midoriya era un peligro y un adicto al trabajo, pero hoy, es Midoriya que pide que descansen en vez de que Iida demande que deberían.
Es por eso que cuando Midoriya rápidamente se desmaya en el mueble de la sala común tan pronto como regresan a los dormitorios, Iida no lo detiene. En cambio, lo ayuda a limpiarlo y pronto lo arropa con una manta así puede tener un buen descanso.
Y si alguien alguna vez a su representante de clase mirándolos sólo por hacer un pequeño ruido, bueno, nadie le cuestiona cuando ven a Midoriya dormido justo a su lado. Les recuerda mucho al tiempo en el que el chico se había ido cuando cargaba con el mundo por su solo.
Si tan sólo lo hubieran sabido, entonces.
Pero no lo sabían, no, ninguno de ellos lo sabía.
Ellos sabían sobre el One for All. Y conocían del All for One.
Ellos sabían sobre All Might e Izuku.
Lo que ellos no sabían, los que nadie pudo haber sabido, era lo que significaría por el resto de sus vidas – y lo que quedaba de la de Izuku.
El declive de Izuku continuó desde ahí.
No era tan repentino como para que cada actividad fuera agotadora que no se pudiera mover.
En cambio, vino en cortos y esporádicos episodios que nunca sabía cuándo esperarlos. Con el tiempo, se encontró así mismo sentándose en la práctica de heroísmo después de un combate o dos cuando había estado bien hacía una semana, no puede mantener su Full Cowl por más de veinte minutos cuando había estado bien el día anterior, o a veces estaba caminando a clases y se encontraba a si mismo perdiendo la fuerza para dar un paso más como si toda su energía hubiera sido drenada.
Su fuerza tartamudea tanto como sus palabras lo hicieron cuando era más joven.
Se cansa como un anciano que había agotado por la edad y el tiempo.
Y a veces Uraraka está ahí para salvar sus cuadernos caídos, Todoroki para enderezarlo cuando se tropieza, Shinsou para sentarse con él cuando necesita recuperar el aliento. Y todos ellos están preocupados porque nadie entiende porqué eso está sucediendo. Ha habido investigaciones y conversaciones sobre ataques dirigidos por villanos, pero con All for One muerto y Shigaraki en rehabilitación, ningún villano lo suficientemente poderoso viene a la mente. Nada en la base de datos explica sobre un quirk poderoso y ni siquiera Nedzu puede encontrar una pista lo suficientemente fuerte que los lleve a la dirección correcta.
Izuku es puesto en reposo de vez en cuando, con una dieta más estricta y saludable para mantener su fuerza, y disminuir sus entrenamientos para asegurar que su cuerpo no falle – ninguno de los cuales en chico protesta. Podría, por su puesto que podría, pero con cada respiración dolorosa que escapa de sus pulmones, cada tos seca, cada dolor punzante en su cabeza, y cada mirada preocupada que sus seres queridos le daban, Izuku no podía decir lo contrario.
Él quiere. Cada fibra de su ser quiere- no se quiere sentir de esa forma, sentirse tan inútil e indefenso, y como una carga. Se está por graduar pronto – será un héroe con todos sus amigos como todos querían ser. Esta es la historia de cómo todos se convirtieron en los mejores héroes y odia como está siendo dejado atrás.
Pero a veces, abrir sus ojos se siente como la cosa más difícil que ha hecho en su vida.
A veces siente que su cuerpo se quema desde dentro, como flamas ardiendo debajo de su piel, lamiendo cada parte de él, consumiendo cada pensamiento consciente que lo único que quiere hacer es sucumbir a la llamada del sueño.
A veces siente frío, tanto, tanto frío que su cuerpo se estremece y ninguna cantidad de calor puede calentarlo. Ese frío se filtra a través de sus huesos, pulmones, su corazón, y se siente entumecido y vacío y cada respiración duele y lo hace vibrar y la hace temblar hasta la médula.
A veces duele el simple hecho de respirar.
Pero lo que duele más no es cuando no puede dar ni un paso más.
Ni cuando escribir en su cuaderno se siente como una tarea o hablar es como si estuviera bajo agua.
No es cuando tiene que pedir cinco minutos más antes de poder empezar a correr de nuevo o tiene que murmurar otra disculpa a Tokoyami y Dark Shadow por tener que caminar con él o agradecer a Todoroki por permitirle compartir su calor corporal o sentarse en la concina con Tsu mientras beben te para ayudarlo a aliviar el dolo en su cuerpo.
Lo que más le duele es cuando los ve a cada uno de ellos a los ojos y observa la preocupación que provoca de nuevo, especialmente cuando se había prometido a sí mismo no hacerlo otra vez, pero esta vez no es su culpa.
Esta vez, está fuera de su control.
Es One for All.
“Lo sentimos, chico” Yoichi le dice una noche cuando se encuentran en un sueño.
Pero Izuku no necesita una disculpa.
No quiere una disculpa.
Él quiere vivir.
Quiere entrenar de nuevo y obtener moretones y recibir explosiones y ser arrojado a través de edificios y ser golpeado por colas y manos sólidas como roca. Quiere hacer bench press con sus compañeros y practica su flotar y comer soba fría y tener noches de películas y acariciar gatos en parques y no preocuparse por morir.
Izuku quiere graduarse y ser el mejor héroe con sus amigos - justo como todos prometieron.
E Izuku está cansado de las disculpas apoderándose de cada pequeña cosa que le importa.
Pero es disculpa tras disculpa tras disculpa e Izuku no puede evitar llorar y ahogarse.
E Izuku – Izuku de primer año, no le habría dicho a nadie sobre la carga que carga en sus hombros, pero Izuku de tercer año, este Izuku quien había aprendido a través del dolor y tristeza que es amado – le dice a la clase A la verdad.
Un día, en otoño, cuando las hojas comienzan a caer y el fría empieza a fluir por sus huesos y todo se siente agotador y solitario y sabe que no llegará muy lejos, tal vez ni siquiera a la graduación (no es que importe de todas formas considerando lo mucho que Izuku se ha perdido cuando algunos días son más difíciles que otros), Izuku reúne a sus amigos en la sala común. Su mamá ya sabe – ella fue la primera a la que le dijo, la primera en encontrarlo colapsado en casa, la primera en traerlo al hospital. Aizawa- sensei ya sabe – él estuvo ahí cuando sucedió, porque estaban discutiendo sobre lo que deberían hacer con Izuku por su salud decadente. All Might ya sabe y dios esa había sido una conversación que Izuku no quiere volver a vivir, mirar a su mentor temblar y derrumbarse frente a él, murmurando disculpa tras disculpa y rogándole que le regrese el One for All, pero Izuku no lo hará, no puede hacerlo, porque se rehúsa a cargar a nadie más con esto.
Es suyo.
Sobre todo lo demás, aunque no es una vida bien vivida… entonces al menos es una vida que no causará más muertes.
Pero le debe a sus amigos esto.
Les debe tanto.
Mucho, mucho más de lo que él les puede decir
Y ellos se reúnen a su alrededor, toda la clase A en la sala común, mirándolo con sonrisas de apoyo y el corazón de Izuku duele porque sabe lo que les hará, lo que siempre les ha hecho, y con cada palabra que sale de su boca, observa cada sonrisa desvanecerse, cada rostro derrumbarse, y lo único que queda en su mente es la ironía de su legado.
Si One for All está destinado a salvar, ¿por qué no puede salvar a aquellos que les importa cuando más importa?
Y ese fue el primer y único año en la historia de UA que los estudiantes de la clase A dejaron de pedir ir a casa.
Ese fue también el primer y único año que UA dejó sus puertas abiertas para todo aquel que deseaba despedirse – no que hubiera muchos, no, porque la noticia del cuerpo de Izuku fallándole nunca dejaron UA. Nunca alcanzó al público ni los medios de comunicación ni la escena del heroísmo – pero había llegado a todos aquellos que él alguna vez había querido.
Había alcanzado a Kouta y a los Wild Wild Pussycats.
Había alcanzado a Eri y Mirio.
Había alcanzado a la Tía Mitsuki y al tío Masaru.
Incluso había alcanzado a Melissa Shield quien voló a Japón tan pronto como se enteró.
Pero los últimos días de Izuku, los días previos a la graduación de su clase, estos fueron reservados para despedidas más tranquilas – para aquellos que eran mucho, mucho más cercanos a su corazón.
Y comenzó, como cualquier otro día, la forma como había comenzado aquella fatídica primavera.
Sus últimas despedidas comenzaron con Iida.
Y comienzan con Iida platicando con él jovialmente, justo como haría en sus carreras mañaneras, hablando sobre todo y nada de lo que podía pensar mientras Midoriya escucha. Comienza con Iida empujando la silla de ruedas de Midoriya en el camino familiar en el bosque, admirando las vistas, y Midoriya contestando igual de feliz, voz suave y callada y temblando en todos los lugares incorrectos, y se necesita todo lo que Iida tiene para no ahogar un sollozo o llorar y mantener todo normal como puede.
Comienza con una vuelta, y luego otra, seguida de un descanso donde Iida estira sus músculos y Midoriya habla sobre quirks, especialmente sobre el de Iida, y lo poco que le puede decir para mejorarlo. Lo que puede evitar, en lo que puede trabajar, lo movimientos en los que se puede concentrar, los que puede olvidar. Iida toma todo de la forma como tomaría cualquier otra lección – e ignora la voz molesta en su cabeza que esta podría ser la última.
En la tercera vuelta, Midoriya habla sobre cómo pensó que Iida lo odiaba ese primer día en el examen de ingreso a UA e Iida, se sonroja furiosamente de la vergüenza.
“¡Yo no te odio, Midoriya!” exclama, con sus brazos moviéndose salvajemente y Midoriya ríe, se ríe de él, y él puede sentir su rostro calentándose aún más. “¡Yo simplemente pensé que eras un alborotador! -”
“Un chico problemático,” Midoriya lo corrige, con trazas de cariño en su voz, pero aún seguía riendo y pronto también Iida y la cuarta vuelta viene y pasa y ellos toman otro descanso. Él bebe un poco de agua por el claro, pero Midoriya bebe té, una mezcla especial hecho por Yaoyorozu para mañanas como esta cuando el aire parece más duro para sus pulmones y cada respiración es un dolor punzante, no es que Midoriya lo admitirá, pero Iida ha aprendido a leerlo estos últimos años, ha aprendido a leer los signos que no son dichos.
En la quinta y sexta vuelta, se mantienen callados, ambos perdidos en sus pensamientos, pero el silencio es agradable, cómodo, de la forma que siempre había sido entre ellos. La calma de la charla nunca fue una molestia porque eso es lo que Midoriya había sido para Iida – una roca firme, una fuente de comodidad, un pilar que lo guía donde debería ir. Iida se pregunta si había sido lo mismo para Midoriya, si había sido tan amigo del chico como lo es él para él, si había ayudado a hacer su vida más fácil o cómoda o mejor, si había sido lo suficiente.
“Prométeme que nunca irás tras un villano por tu cuenta,” Midoriya finalmente cuando terminaron la séptima vuelta. Sorprende a Iida por un momento, pero cuando ve las manos temblorosas de Midoriya, él recuerdo lo enojado que había estado, lo preocupado, y asiente, y murmura, y empuja la silla de ruedas a un ritmo firme.
“No lo haré.”
“¿Y que serás el representante incluso después de que nos graduemos?”
“Por supuesto. Necesito mantener a nuestros compañeros alineados.”
Midoriya ríe de nuevo. Él desea poder seguir escuchando esa risa mucho tiempo después que el día acabara.
“No puedo imaginar a una persona más adecuada para esto que tú, Iida.”
Se pregunta si Midoriya lo asesinaría si sugiriera ir tras de un villano solo para hacerlo quedarse.
“Yo puedo imaginarte a ti,” Iida admite. “después de todo, se suponía que serías tú, Izuku-kun.”
Izuku-kun se queda en silencio después de eso y a Iida no le importa. Únicamente medio preocupado que Izuku-kun se haya ofendido por haberlo llamado por su nombre confiadamente sin su permiso.
Sin embargo, el pensamiento es disipado, cuando Izuku-kun alcanza su mano con la suya temblorosa e Iida no duda de encontrarla a mitad del camino, envolviendo la mano más pequeña de Izuku en la suya y la mantiene ahí, ignorando cómo su mano antes no había sido así de pequeña, lo delgada y huesuda que se había vuelto. Ignora la tensión que sentía crecer en su brazo mientras continuaban su camino, terminando la octava vuelta. Ignora lo difícil que se hace mantener la silla de ruedas estable con sólo su brazo derecho y la mitad de su cuerpo para guiarlo justo como ignora las lágrimas silenciosas que Izuku-kun llora.
Novena.
Si el para siempre existe, Iida desea que se detuviera en ese momento, justo antes de cruzar la curva, justo donde marcaban el principio y el final de cada vuelta. Iida no quiere avanzar – no quiere que nada de esto se acabe, pero tiene que suceder, lo hará, como todas las cosas deben.
Por una vez, no se trata de velocidad.
Por una vez, no es sobre salvar a alguien con lo rápido que se puede forzar a correr.
Por una vez, Iida reduce la velocidad así no tiene que perder a Izuku-kun,
Enlentece sus pasos para intentarlo.
Si no llega a la décima, se pregunta si cambiaría algo.
“Agradezco que seas tú, Tenya-kun” Izuku dice.
Tenya ignora la forma en la que sus propias lágrimas caen.
Continúa con Uraraka, quien se despide en el gimnasio donde ella y Deku-kun solían entrenar con Bakugou y Sero y todos los que estaban dispuestos a ayudarlo a dominar Flotar, como si no se estuvieran preparando para una guerra que era demasiado grande para todos ellos combinados, como si jugar a atrápalas en el aire no fuera un entrenamiento para mantenerlos vivos, como si no fueran sólo niños.
Continúa con ella haciéndolo ingrávido, tomándolo con ella en el aire mientras se sostiene en la cuerda atada en el techo, ignorando el susurro en la parte de atrás de su mente que dice que Deku-kun perdió más peso desde la última vez que estuvieron ahí.
“Has mejorado,” él dice sin pensarlo mientras caminan por las paredes del gimnasio, su mano en la de ella. Ella nunca deja que los pies de Deku-kun toquen las paredes, apoyando sus pasos con los de ella, y Uraraka lo mantiene a su lado, nunca soltándolo. No quiere pensar en el día que finalmente lo haría.
“He estado entrenando,” ella le dice animadamente, “Trece dice que su agencia tiene una vacante si quiero ser una héroe de rescate, pero sigo pensado sobre si quiero eso o si quiero seguir con Ryukyu. ¿qué piensas, Deku-kun?”
Se mantiene en silencio con eso, obviamente pensando. A Uraraka no le importa hablar sobre el futuro. Duele hablar sobre eso, cuando piensa sobre un futuro sin su mejor amigo, pero piensa que Deku-kun odia más cuando caminan sobre cáscaras de huevo a su alrededor. Él ya sabe que no hay un futuro para ellos juntos, ¿Cuál es el punto de excluirlo de la única forma en la que puede ser parte de? Así que ella habla y él escucha. Y cuando el responde, ella dejar a su corazón rugir e imaginar lo que podría ser, lo que debería ser, y se permite llorar hasta dormir con nadie que lo sepa más que ella. Deku-kun no necesita saber cómo ella se despierta en ciertas noches sólo para bajar a la cocina para hacerse una taza de cocoa caliente para ayudarla a dormir, o como se bebe una taza de café negro para mantenerse despierta para mantener las pesadillas a raya. Él no necesita sabe cómo a veces ella se encuentra con sus compañeros como ella, en varios estadios de consciencia, buscando en los armarios o la nevera para pelear con el suelo o como a veces ve a Shouji-kun parado cerca de la puerta del nuevo cuarto de Deku-kun en el primer piso, justo al lado de Aizawa-sensei, escuchando los latidos que puede o no seguir ahí. No necesita saber como entrena hasta el agotamiento, hace ejercicio hasta que cada parte de su cuerpo duele y moverse se siente pesado y lento y bien sólo para que pueda pasar sus propios días malos cuando demasiado simplemente ser.
A ella no le gusta pensar en un futuro sin Deku-kun en él.
Ella sabe que es parte del curso. Ellos son héroes. Está destinado a pasar tarde o temprano. Ella simplemente… no esperaba que sucediera tan pronto. No de esta forma. Ella está agradecida de cierta forma, porque todos tienen momentos como ese con Deku-kun. Ella está gradecida por no todos tienen la oportunidad de despedirse.
Ella recuerda a Nighteye y a Midnight-sensei y se pregunta si ellos fueron capaces de despedirse de aquellos que les importaban, si ellos sabían que sería la última. Se preguntaba sobre aquellos que dejaban atrás.
Pero también había una parte de ella, más grande pero callada, que está tan, tan enojada y amargada por la injusticia de todo. Deku-kun merece mucho más. ¡Se merece vivir una vida plena! Se merece graduar junto con ellos, subir en los rakings de héroes con ellos sin importar lo malos que estos rankings estuvieran, merece salvar a la gente con ellos, ¡crecer y madurar y divertirse! ¡Ir a fiestas y tomar y celebrar! ¡Pero no! Deku-kun tiene que ser un héroe hasta su último aliento y dios ¡Ellos son solo niños! ¡Están a punto de graduarse! ¡sus vidas están por iniciar y la de Deku-kun está por terminar y - !
Es Deku-kun.
Deku-kun siempre ha sido un héroe.
Y Deku-kun morirá como héroe.
Ella no sabe si lo odia o no. No sabe si lo odia por ello.
“Creo que depende del tipo de héroe que quieras ser, Uraraka,” Deku-kun dice. “Trece-sensei se centra en el rescate porque eso es en que su quirk se especializa, Ryukyu se concentra en redadas y patrullaje porque ella es héroe de primer plano, al igual que Gunhead pero él es mitad héroe de primer plano y mitad maestro. Los Wild Wild Pussycats se especializa en rescate, pero también son bastante buenos peleando. Son llamados a redadas, pero sólo cuando necesitan estar.”
“Yo quiero ser una heroína de la que puedas estar orgullosa,” Uraraka dice suavemente, entonces, con una sonrisa que dejaría a la de Mirko en vergüenza, ella agrega, “Alguien que tomas los nombres y patea traseros.”
Ella ama hacer reír a Deku-kun, incluso cuando suena sin aliento. Y él no duda en decirle que siempre ha estado orgulloso de ella, asombro y alegría siempre coloreando sus ojos siempre que la mira. Y se vuelve un concurso de quién está más orgulloso del otro. Y hablan así por horas, solo dando vuelta tras vuelta por el gimnasio, esperando al tiempo pasar hasta que es hora de la cena. Siempre hay mucho que asimilar cuando está alrededor de él, cuando está siempre lleno de vida y calidez incluso cuando se apaga como su vieja luz de noche, así que ella guarda sus sentimientos para más tarde cuando no se sienta tan conflictuada y enojada y triste. En cambio, le sonríe y lo escucha, para mantenerse firme y conectada a la tierra, para molestarlo y arrojar comentarios extraños y divertidos y locas desventuras porque – “¡Deku-kun! ¡Tú fuiste el críptico de la ventilación y negarlo te llevara al sol volando!” – Así que, muy pocos tienen la oportunidad de despedirse.
Uraraka no desperdicia la oportunidad que le ha sido dada.
La despedida de Todoroki es callada, justo como el chico siempre es, y es hecho en la cripta familiar de él.
Se sientan juntos en silencio, hombro a hombro, mano a mano, con Midoriya al lado izquierdo de Todoroki donde el aire es más cálido y menos frígido, y el viento de enero no es tan duro con el cuerpo de Midoriya como lo fueron los últimos días. El brazo de Shouto esta alrededor de él, regulando la temperatura de ambos, para asegurar que Midoriya no se enferme, de la forma como su cuerpo había hecho la navidad pasada, la forma en cómo lo perdieron por una fiebre de todas las formas. Esa noche había sido cruel, el silencio y la espera, la incertidumbre de todo. Su cuerpo había estado tan débil que estuvo muy cerca.
Pero hoy es el cumpleaños de Touya y Midoriya había pedido visitarlo, queriendo presentar sus respetos, y Todoroki no tenía el corazón para negarle nada, menos esto.
Así que se sientan en silencio, mirando a la piedra lisa con el nombre de Touya, ignorando la forma en la que sus alientos salían como humo.
Hay cosas que Todoroki quiere decirle. Cosas que nunca tuvo la oportunidad de decir incluso después de tres años de amistad. Quiere agradecerle a Midoriya por ser su primer amigo, por hablar con él – pero también quiere enojarse con él y decirle que está siendo estúpido por negarse a dar el One for All cuando éste lo está matando. Todoroki preferiría que Midoriya fuera Quirkless a que muera, preferiría destruir el mundo si lo juzgan por aquello, preferiría no ser un héroe si se trata de eso, pero no es decisión – de la misma forma que no fue su decisión mirar a Touya quemar su cuerpo antes que perdonar a Endeavor, observarlos reír en medio de las flamas que lamía su cuerpo mientras Todoroki estaba de pie sin poder hacer nada del otro lado.
Deja un sabor amargo en su boca.
Todoroki no dice nada – pero está cerca.
No es su decisión.
No es su vida.
Pero no hace desaparecer ese enojo ardiente en su estómago.
No lo hace sentir menos molesto con el mundo, con All Might, con Midoriya.
“¿Todoroki?”
“¿Sí?”
“¿Me visitarás de esta forma cuando muera?”
No lo hace sentir menos molesto consigo mismo, por ser tan impotente en todo eso.
“Yo siempre vendré corriendo por ti, lo sabes, ¿cierto?”
Puede sentir la sonrisa de Midoriya contra su hombro.
Esto es algo que Todoroki decide, incluso en su enojo, incluso en su silencio.
Decide quedarse.
La primera lección que Aizawa le había enseñado a Shinsou cuando comenzaron a entrenarlo para el curso de heroísmo fue aprender a leer el ambiente, estar consciente en todo momento, y conocer las señales de una persona. Como un héroe subterráneo, su más grande arma es leer las sutilezas en las acciones de todos. Y así es como Shinsou sabe que todos en la clase A no han dormido lo suficiente, con algunos peores que otros. Él sabe que, desde el anuncio de Midoriya, las cosas nunca habían vuelto a ser iguales sin importar lo mucho que todos habían tratado de hacer que todo era normal. No los culpa.
La despedida de Shinsou no es tanto una despedido tanto como observar a los demás mostrar el suyo.
Shinsou se rehúsa a despedirse, no cuando todo el mundo lo está haciendo.
Midoriya no se merece. No es el chico dorado de UA, no tuvo una infancia feliz, diablos ni siquiera tuvo un maldito quirk hasta el examen de admisión de UA y la vida le seguía arrojando mierda en su camino ¿y ahora lo está tomando a él?
No, Shinsou está lívido.
Y Shinsou se rehúsa a despedirse.
Midoriya no lo dice, es demasiado necio para decirlo, pero todo se está agotando para él – está cansado, está cansado y no está mejorando, y todos aparte del dekusquad lo están tratando con guantes para niños y es molesto. Pero Midoriya no está diciendo nada y Shinsou quiere, pero sabe que estaría tratando a Midoriya con los mismos guantes para niños si no lo deja hablar por sí mismo.
Todos están de duelo, como si ya se hubiera ido, pero él sigue ahí, Midoriya está vivo y sigue vivo y todos están actuando como si ya hubiera muerto.
Midoriya está muriendo, aún no está muerto.
Hay una diferencia.
Y Shinsou está cansado también, porque no quiere mirar esto. El luto de todos está pesando sobre él y se siente culpable por él no es el que está muriendo, el que está esperando a la muerte, el que no sabe si el mañana llegará. La culpa lo carcome por dentro mientras mira a compañero tras compañero interactuar con Midoriya como si fuera la última vez. La culpa lo carcome por dentro porque sabe que podría ser.
La culpa lo carcome porque se siente tan molesto cuando él no es el que esta muriendo, cuando es Midoriya es el que debería estar enojado, pero no lo está, porque no debería sentirse de esta forma porque Midoriya no lo está.
Él no es el que lo tiene peor, él no sabe lo que se siente, pero está molesto y duele. Está molesto y triste y ese es su amigo y no sabe qué hacer con estos sentimientos porque nunca ha tenido un amigo como Midoriya antes, él nunca ha tenido un amigo que está muriendo.
Pero Shinsou observa, porque si Midoriya no dice nada, entonces lo tomará por su cuenta estar ahí para él cuando lo necesite, cuando se vuelva demasiado para soportar.
Observa a Aoyama saltar hacia Midoriya, pancakes franceses frescos en un plato con limón exprimido, azúcar, y crema batida encima. Observa a Satou hacer el lote más fresco de rollos de canela, pan de plátano, y la cocina huele como a una panadería siempre que hay algún tipo de comida que piensa que Midoriya puede contener. Jirou no se contenía con su propia carrera musical y había estado haciendo música con Present Mic guiándola, y hace música que ayuda a dormir a Midoriya. Kouda trae a su conejo mascota a la clase para acompañar a Midoriya cuando ninguno de ellos podía y había sido una cosita útil para alertarlos y mantenerlos actualizado siempre que algo le pasa a Midoriya, incluso antes que el brazalete médico de Recovery Girl lo pueda detectar. Kirishima, Kaminari, y Ashido lo actualizan con las noticias de héroes y memes, y siempre hablan de las ultimas tendencias y héroes, y Ojiro está ahí para mantenerlos en línea, no es que pueda hacer mucho cuando hay ese tipo de caos. Sero le presta mangas ocasionalmente que tiene en su colección cuando hay nuevos lanzamientos e incluso Mineta crece como un ser humano decente y le ayuda a veces con sus notas, cuando Iida o Momo no le pueden dar las suyas. Y aparentemente, Shouji hace como un excelente compañero de abrazos cuando Midoriya necesita algo para atarlo a la tierra, cuando el dolor era demasiado para soportar y la medicación para el dolor puede hacer tanto para distraerle.
Es todo un desastre del que Shinsou está cansado de mirar. Pero no quiere estar cansado, no puede estar cansado, porque no es él es que está muriendo.
“¿Shinsou?” Ah, ese es Midoriya. Shinsou parpadea de nuevo en foco y se da cuenta que ha estado en la cocina cerca de dos horas ya, si el 4:00 digital del microondas tiene algo que decir sobre eso. Inhala por su nariz, lo retiene, para después tragar el resto de su café frío antes de levantarse para hacerse uno nuevo.
Shinsou no mira a Midoriya, no quiere verlo, no ahora cuando siente demasiado.
“Hey, Midoriya. ¿No deberías estar durmiendo?” una pausa, luego, “¿Té?”
“De manzanilla estaría bien,” él responde.
Shinsou le hace uno de todas formas.
Es cuando escucha pasos acolchado en el piso de baldosas que se da cuenta que Midoriya no está en su silla de ruedas.
Se fuerza a no voltearse, a decirle lo peligroso que es, a decirle que no debería estar de pie. Se rehúsa a tratar a Midoriya con guantes para niños. Midoriya camina hacia él para tomar su propia taza, una vieja taza de All Might descolorida y astillada pero muy querida. Se pregunta cuánto tiempo lo había tenido Midoriya.
Se pregunta cuánto de All Might tiene Midoriya en su vida, cuánto de eso será tomado.
“¿Por qué?”
Shinsou no pretendía preguntar, no quería preguntar, pero había una parte de él, la parte honesta, y dolorida de él que quería saber la verdad. No le gusta sentirse de esa forma, estar molesto cuando no tiene el derecho de estarlo, estar triste cuando no es él el que está muriendo, lastimándolo de esa forma cuando no debería.
Midoriya no dice nada.
En cambio, toma la taza de Shinsou y la suya a la mesa.
Se sienta.
Luego lo mira.
Shinsou lo toma como una señal para continuar.
“No lo entiendo, Midoriya”
Y Midoriya sonríe ante eso.
“Eso fue lo mismo que dijiste antes de que te dijera sobre el One for All.”
Y ahí es donde da vueltas, ¿no es cierto?
“¿Por qué no cedes el One for All?” Shinsou aún no está enojado. Quiere estarlo. Pero justo ahora está cansado, y son quince después de las cuatro, y no ha dormido esta semana que pasó, y ha estado observando a Izuku quebrarse sin quebrarse y es doloroso, pero él no es el que está muriendo. “Izuku, ¿por qué?”
Está en silencio.
Izuku hace eso muy seguido ahora.
Él toma esas pausas que Shinsou no sabe si está pensando o si está desvaneciéndose.
“Entonces, ¿Tú lo tomarías?”
No hay acusación en la voz de Izuku – sin juicio, o enojo, o cualquier emoción. Sólo es una pregunta, curiosidad, y Shinsou quiere decir que sí.
Quiere decir sí, él lo tomaría, tomaría el One for All si significa tener a Izuku aquí.
Pero Izuku lo mira, realmente lo mira, y las palabras mueren en la garganta de Shinsou.
Quiere decir que sí, pero sabe que su sí no significa nada.
Sabe que su sí significa no.
Shinsou no quiere morir.
Pero tampoco quiere que Izuku muera.
“Lo siento, es injusto,” Izuku comienza a decir. “Y de todas formas no funcionaría,” ahora había resignación. “One for All es demasiado poderoso ahora para que cualquier individuo pueda manejar. Si se lo doy a alguien más, el quirk simplemente los consumiría más rápido de lo que está haciendo conmigo, y se empeorará. No puedo hacérselo a nadie.
“Pero tú-”
“Eri lo intentó, ¿sabes? Cuando vino a visitar. Ella intentó usar su quirk en mí, tal vez hacer que mi cuerpo no esté así – y funcionó, los primeros minutos, pero One for All vio el quirk de Eri y lo atacó. Consideró su quirk un peligro para mí, algo tan precioso y hermoso, y lo atacó. Es por eso que me enfermé la navidad pasada.”
“Izuku-”
“Si All Might se lo hubiera pasado a Mirio-senpai como Sir lo quería, no estoy seguro de que hubiera sobrevivido. La única razón por la que he sobrevivido tanto tiempo es porque soy Quirkless.”
“Izu-”
“Es injusto, Toshi, pero mejor yo que alguien más,” Izuku ríe y es vacía y hueca y Toshi odia el sonido de ella. “Es gracioso que cuando soy finalmente soy útil para algo, es algo como-”
“¡No digas eso!” sale más fuerte de lo que Hitoshi quiere, pero saca a Izuku de la espiral a la que había entrado, parpadeando una vez, dos veces, entonces respiró.
“Estoy tan-”
“No hables como si se hubiera acabado. No hable como si ya estuvieras muerto, como si no hubiera otra opción, que no vales la pena elegir.” Oh. Toshi está llorando.
“Toshi-”
“¡No queremos que mueras! ¡tú no quieres morir! ¡Deja de actuar como si todo estuviera bien porque nada de esto-!”
“Entonces ¿qué quieres que te diga? ¿qué quieres que haga? No puedo dar el One for All, no mejoraré. Moriré antes de que este año concluya y no puedo-” su respiración se entrecorta.
“Izuku-”
“No es justo pero el mundo nunca fue justa de cualquier forma.”
Hitoshi no quiere despedirse.
Cada fibra de su ser se rehúsa a hacerlo, porque no quiere decir adiós a Izuku, porque, en el fondo de todo, todo es injusto.
El mundo nunca fue justo.
Nunca con el chico que creció siendo llamado un villano y nunca con el raro Quirkless que todo el mundo estaba empeñando en matar.
Camina hacia Izuku y lo engulle en un abrazo.
No es un adiós.
No lo será hasta que Izuku de verdad esté muerto.
Ambos lloran hasta que el sol brilla sobre ellos.
Y Hitoshi continúa observando.
Una de las últimas despedidas fue Kacchan, en un cuarto demasiado grande para un alma moribunda demasiado joven, sin alborotos o ruidos altos, sin carreras mañaneras o bromas fáciles entre ellos. En cambio, hay silencio, mientras Kacchan observa el subir y bajar constante del pecho de Izuku, contando cada aliento y preguntándose si será el último.
La tía Inko está justo afuera del cuarto del nerd, tal vez preocupándose por los otros extras, haciéndoles katsudon y curry como ha querido hacer como la madre del dormitorio desde que se mudó un par de meses atrás. Icyhot y cuatro ojos probablemente le están ayudando, cortando los vegetales, si cara de rana no los ha sacado de la cocina aún.
Cierra la distancia entre ellos, sentándose al lado de su cama, y cuenta las pecas en sus mejillas pálidas, justo como solía hacer cuando eran niños. Intenta trazar constelación tras constelación, unas que ni siquiera sabía su nombre, ignorando la forma en que su corazón se aprieta al ver lo pálido que Izuku es, lo vacías que sus mejillas están, cómo sus huesos parecen asomarse por su piel, cómo todo se siente mal.
“¿Kacchan?”
“Hey, nerd.”
Kacchan no tiene palabras que decir, habiendo dicho todas años atrás cuando Izuku se había vuelto rebelde, y no tiene muchas que decir ahora que no les queda mucho que hacer más que esperar.
Kacchan nunca fue bueno esperando, nunca fue lo paciente para eso, pero por Izuku, hubiera esperado al mundo. Pero todo lo que les queda es el ahora, en lentos segundos pasando que no parecen ser suficientes, que parecen demasiado rápidos como demasiado sofocantes, como la tormenta de murmullos del nerd cuando analiza un nuevo quirk, como el paisaje fuera de su tren a UA, como el villano de slime bajando por su garganta, como el agua sucia bajo sus pies, como el sonido de agua fluyendo por el riachuelo donde Izuku estiró su mano - como él está estirando su mano en este momento.
Kacchan lo alcanza, como siempre hace ahora, como siempre falló en hacer antes, como nunca más tendrá la oportunidad de hacer de nuevo.
Él aprieta.
Izuku aprieta de vuelta.
“Gana para salvar, Kacchan,” Izuku le dice suavemente, en una voz que es apenas un susurro.
“Y salva para ganar,” Kacchan accede.
“Muéstrales los mejores héroes que el mundo jamás verá.”
“Seremos los mejores. Y yo seré el mejor entre ellos.”
“Ya lo eres.”
Kacchan no llora. Nunca lo hace. La única vez que Izuku alguna vez lo vio llorar fue cuando lucho contra el villano de slime y cuando pelearon en el campo Beta. Es una cosa chistosa para Izuku, cómo Kacchan sólo llora cuando pelea, pero Izuku siempre estuvo llorando.
“Pero no lo soy.” Kacchan le pregunta, manos callosas frotando unas con cicatrices. “No soy el mejor aún.”
Él siempre fue llorón, después de todo, hasta el final.
“Kaccha-”
“Tú aún estás aquí, ¿no es así?” la voz de Kacchan sale áspera, rota – pero no llora. “Así que haré lo jodido mejor para ser el mejor. Para merecerlo. Solo observa.”
“Lo haré,” Izuku promete.
E Izuku sabe que Kacchan lo cumplirá, justo como había hecho cada cosa. Es por eso que Kacchan es el símbolo de la victoria de Izuku – su símbolo de fuerza y esperanza.
Si cualquiera puede hacerlo, es el chico con los fuegos artificiales en las manos y explosiones en sus venas. Es el chico que no parece saber rendirse. Y hay algo que Izuku quiere decir, con la forma como comienza a hablar, pero nunca teniendo las palabras que decir, y batalla, visiblemente, por no poder decir lo que quiere.
Los temblores en sus manos se hacen más fuertes, y Kacchan lo aprieta de vuelta, un recordatorio silencioso que no irá a ninguna parte. nunca más.
“Estoy asustado,” Izuku admite en el silencio.
“Lo sé.”
“No quiero morir, Kacchan,” Izuku está llorando, pero no de la forma que siempre hace. No hay una fuente de lágrimas que inunde el dormitorio, no hay manos apresuradas y llenas de cicatrices limpiándolas, en cambio, él solloza, lágrimas cayendo silenciosamente, hombros temblando, con aliento entrecortándose con cada exhalación, y Kacchan no sabe que decir.
Nunca lo hace – él nunca fue bueno con las palabras, después de todo, sólo sabe cómo pelear y gritar y explotar cosas – pero la mano de Izuku siguen acunadas en las suyas, y hace lo que siempre debió haber hecho. La sostiene con más fuerza, apretándola y no la suelta.
“Lo sé.”
Kacchan nunca llora – pero por Izuku, lo hace.
La clase A nunca tuvo la intención de aprender sobre la muerte de esta forma, pero el mundo nunca ha sido justo.
Es una lección que Toshinori desea que sus estudiantes no tuvieran que aprender tan pronto, tan jóvenes.
Lo ve en cada “hola” y “nos vemos después”, en cada conversación y salidas que la clase ha tenido con Izuku. Y el chico nunca ha dejado de atender a clases, incluso cuando había días donde estaba tan cansado que se quedaría dormido en su silla de ruedas.
Había sido excusado de todos los exámenes, ejercicios y entrenamientos de heroísmo, pero aun así participaba siempre que podía. Toshinori disfruta escuchar sus análisis, sus pequeñas bromas y comentarios ingeniosos, incluso sus bromas silenciosas y cómo espera con ansias ver a sus compañeros convertirse en los héroes que estaban destinados ser.
Ninguno de ellos habla sobre cómo debería de estar ahí también, no cuando Toshinori sabe lo mucho que Izuku desea estar allí. Incluso cuando no lo dice. No tiene que decirlo, porque Toshinori lo ha escuchado llorar demasiadas veces cuando ha venido a visitarlo, ha visto sus ojos rojos, su sonrisa casada. Quería rogarle a Izuku para que le devolviera su quirk pero conoce a su chico, cómo su chico con un corazón más grande que la playa Dagobah, cómo dejaría que el One for All muriera con él, así nadie más tendría.
Y sabe lo mucho que lo lastimaría si Toshinori se lo pidiera de nuevo.
“Muchas gracias, All Might,” Izuku murmura justo a su lado, con la voz ahogada por un bostezo, mientras se quedaban en la esquina del gimnasio Theta, donde están a salvo de sus compañeros que pelean, “espero realmente haberte hecho sentir orgulloso.”
“Mi príncipe de los disparates,” Toshinori empieza con una risa, “Ya estoy orgulloso de ti. Más de lo que podría decirte.”
Izuku tararea, un sonido silencioso, suave, casi melódico, casi triste.
“¿En serio?”
“Siempre.”
Otro murmullo – mucho, mucho más suave, más callado, apenas audible incluso con lo cerca que está Toshinori.
Le lanza una mirada a Izuku, a la pequeña sonrisa que tiene en su rostro, cómo sus ojos se mantienen cerrados, cómo luce tan joven, en calma, tan quieto.
Toshinori sabe.
“Dulces sueños, mi chico.”
Izuku no llega a su graduación.
Eso no detiene a Aizawa sensei de llamar su nombre mientras Midoriya Inko camina el largo del escenario sola, recibiendo el diploma de Izuku y su licencia de héroe con manos firmes, corazón lleno de orgullo incluso mientras se quiebra. No la detiene de darle al hombre un abrazo y un gracias de corazón por cuidar de su pequeño héroe en sus días más felices de vida.
No detiene a la clase de 3-A en celebrar por el chico con la sonrisa llena de luz y con corazón de oro, que siempre va mas allá del plus ultra.
No detiene al mundo de volver a poner su tiempo en movimiento.
Pero empieza algo.
Y empieza con una agencia de héroes llamada Deku – porque suena a que puedes hacerlo, ¿no es cierto?
