Work Text:
El cadáver en descomposición me miraba con sus ojos vacíos. Un sabor amargo invadió mis papilas gustativas, ver a la persona que te había contratado para investigar el hospital en el que nos encontrábamos en ese estado no era un plato de buen gusto.
Me comí una uva para contrarrestar el mal sabor de boca.
—Veloz —llamé a mi compañero—. ¿Qué opinas?
Se mantenía en el umbral de la puerta sin atreverse a pasar. No era su primer cadáver, pero se comportaba como si lo fuera, como si la suerte que había corrido la persona que reposaba tapada hasta el cuello con una tela blanca no fuera su propio destino. El mejor de los destinos para cualquiera. Mejor que desaparecer sin dejar rastro o dejar un rastro de tus restos por toda la ciudad. Mi trabajo me hacía testigo de finales que nadie desearía.
—Veloz… —repetí más suavemente, necesitaba su ayuda para poder llegar al final de aquel caso, ahora se lo debía a mi cliente.
—Parece accidental, un error en la sala de operaciones —tartamudeó sin mucha convicción—. Mala praxis…
—Qué casualidad que la persona que tenía pruebas sobre el desvío de fondos del hospital haya muerto en una de sus camillas —indiqué levantando la manta y observando el cuerpo—. Un accidente, por supuesto.
Saqué la libreta que siempre llevaba encima para poner nerviosos a los testigos cuando les interrogaba e hice un esbozo rápido de las heridas que habían causado la muerte de mi cliente, tal vez me servirían más adelante para presionar al doctor que se había encargado de la operación.
Cerré la libreta y la guardé en el bolsillo interno de la gabardina. Saqué una uva de otro bolsillo y me la llevé a la boca.
—No ha sido un accidente —dije con convicción masticando la fruta.
Me volví y salí de la morgue del hospital con paso lento, meditando sobre mi siguiente acción. Tal vez una conversación con un vaso de whisky me ayudaría a esclarecer algunos puntos que me inquietaban. Llarimar me seguía con paso rápido respirando entrecortadamente, en parte por el esfuerzo de seguir mi ritmo y para recuperar el aire que no había sido capaz de tomar cuando estábamos ante el cadáver.
—¿Qué hacemos ahora? —preguntó entre resoplidos.
—Voy a hacer algunas preguntas y remover la mierda que esconde este sitio. Por mi honor de detective que resolveré este caso, cueste lo que cueste.
