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Sus días desde que fué libre se convirtieron en días que disfrutaba, si bien sabía que su hermano iba tras él, la compañía de Kudou le hacía olvidar todos sus problemas, así como el peligro que tarde o temprano tendría que enfrentar.
Claro que le costó adaptarse a la modalidad en la que vivía Kudou y las demás personas, aún era algo que le costaría acostumbrarse por su propia cuenta, sin embargo, sabía que con la ayuda de su héroe no sería algo que le llegase a costar.
En un inicio le costó demasiado dormir en un lugar tan cómodo como una cama decente y no en el suelo con cartones, le costó también dormir cobijado con edredones cálidos y suaves que le protegían del frío, porque en su normalidad antes de ser rescatado era dormir sin algo que lo cubriera más allá que su vieja y desgastada ropa, sin embargo, no le costó demasiado acostumbrarse a esa nueva normalidad.
También le había costado acostumbrarse a comer tres comidas completas al día, normalmente su hermano apenas le daba un pan, agua y alguna sopa fría y rancia una vez al día, y eso solo si consideraba que se había “portado bien”.
Fueron demasiadas cosas que le costó días y semanas acostumbrarse, no sólo en cosas que involucren cierto esfuerzo físico, sino también mental y sentimental, por primera vez en su vida había personas que no pensaban en él como una herramienta y era tratado como un ser humano, era la primera vez que validaban sus opiniones y sus sentimientos.
Aunque… aún había algo que le costaba descubrir lo que era, no era un tipo de comportamiento o algo que podría solucionar con disculpas, algún esfuerzo físico o con la ayuda de Kudou, o tal vez sí, pero quería descubrirlo por sí mismo.
Cada que él se le acercaba demasiado a su héroe sentía su pecho latir con fuerza, se sentía nervioso y se sonrojaba con cada cumplido que Kudou le hiciera, pensó que era por la costumbre de ser despreciado, humillado y golpeado durante toda su vida, sin embargo… no era así. Solo se sentía especial cuando Kudou lo felicitaba y le halagaba, si bien se sentía agradecido cuando Bruce hacía lo mismo, no se sentía de la misma forma.
Nunca se sintió de esa forma con Bruce.
No entendía aquellos sentimientos hasta que Kudou, en una noche en la que no tenía su patrulla habitual por descanso, decidió que era buena idea ver una película romántica, o al menos eso fue lo que le dijo. En un inicio pensó que la trama o lo que pasaba en la película era algo bastante… irreal y hasta ridículo, hasta que la película comenzó a desarrollarse.
Pudo sentirse identificado con la protagonista de aquella película.
Si bien los contextos en los que él y aquella mujer vivían eran completamente distintos pudo darse cuenta que ella sentía exactamente lo mismo por el personaje principal que él por Kudou.
Las cosas a partir de ese momento fueron extrañas, Yoichi ya era consciente de sus sentimientos y era obvio que los momentos con Kudou se volvieron tanto incómodos como especiales, atesoraba cada palabra bonita y cada cercanía que ambos tenían.
Guarda en su corazón con amor todas las pláticas que tienen hasta la madrugada.
Hasta que un día algo cambió, y no precisamente para mal.
[•••]
Era una tarde de esas en las que Kudou descansaba, era uno de esos días en las que ambos pasaban el día disfrutando mutuamente de su compañía y de múltiples anécdotas — mayormente contadas por el héroe — que solían sacarles carcajadas y sonrisas.
Era un día común, hasta que no lo fué.
— ¿Sabes?, algunas veces pienso que tu verdadero don es que las personas se sientan atraídas a tí, eres… bastante especial que no sabría cómo describir lo que siento cuando te veo con palabras — Y fueron esas palabras dichas por Kudou que aceleraron el corazón de Yoichi.
— ¿Qué quieres decir con eso? —
— Que eres especial para mí… en un mes lograste que no solo quiera protegerte de tu hermano, quiero protegerte de absolutamente todo el mal que hay afuera y de todo lo que te puede lastimar — Una suave sonrisa adornó el rostro del hombre de cabellos naranjas, mientras que por otro lado, el rostro del chico de cabellos albinos tomó un tono rojizo durazno.
— Kudou… —
Las manos ásperas del hombre más grande rodearon con dulzura el rostro de Yoichi, quien estaba completamente estupefacto por las acciones y las palabras del contrario, su corazón latía con rapidez y su pecho estaba inundado de una agradable calidez que se extendía por todo su cuerpo.
Sabía que sus sentimientos por su héroe eran fuertes, más no esperaba que fueran así de fuertes.
Lentamente el rostro de Kudou estaba más cerca de el de Yoichi, sus ojos carmesí se enfocaron en los labios ligeramente agrietados del hombre más pálido, y finalmente, sus labios se unieron en un dulce y suave beso.
Los labios inexpertos de Yoichi se quedaron quietos por unos pocos segundos antes de que los labios contrarios se movieran sobre los suyos con suavidad. Sin pensarlo demasiado, cerró sus ojos e imitó los movimientos del héroe.
Su mente estaba inundada de múltiples pensamientos tan desordenados como sus sentimientos, pensaba en todo y nada a la vez, no podía pensar en una sola cosa hasta que sus labios tocaron los de Kudou.
Solo podía pensar en lo suaves que son sus labios, una suavidad que contrastaba completamente con su aspecto.
Las manos del héroe poco a poco bajaron hasta llegar a su delgada cintura y lo acercó a su cuerpo, sus pechos se tocaron y sus corazones se sincronizaron.
Y fue en ese momento en que un pensamiento inundó la cabeza de Yoichi, un pensamiento que iniciaría algo más grande, un pensamiento que terminaría involucrando a más personas a su lucha contra su hermano.
“Espero seas tú quien derrote a mi hermano, porque eres tú eres el héroe que las personas necesitan y el héroe que yo necesito”
Esa tarde terminó en una noche apasionada dentro de la habitación de Kudou, donde suspiros y choques de pieles inundaban las cuatro paredes sin pudor ni vergüenza, una noche que sería el inicio de algo especial para ambos.
Aún si eso solo duraría unas pocas semanas.
[•••]
Había visto a Yoichi morir frente a él. Pudo ver cómo la persona que decía quererlo le arrebató la vida de una forma brutal, un recuerdo que se presentaría en su mente una y otra vez, un suceso que le hizo pensar días y noches enteras si el título de héroe le quedaría a él.
“No soy digno… alguien más debió ser el héroe de Yoichi, no merezco ese título”
Dejó su vaso con agua encima de la mesa del comedor al escuchar el timbre de su departamento sonar.
Se levantó y le abrió la puerta a su nuevo invitado, un hombre alto de cabello azul.
— Tengo noticias para tí — Su voz se escuchaba seria, aunque pudo percibir algo más.
Su voz se escuchaba empática, tal vez triste.
— Claro, pasa — Respondió haciéndose a un lado, dejando que su superior entrará a su desastroso departamento.
Ambos se sentaron en la sencilla mesa del comedor, uno frente al otro. El silencio inundó el lugar.
No era un silencio agradable como cuando Yoichi estaba ahí, era un silencio pesado que le inquietaba de mil maneras, no entendía, ¿encontraron a All For One?, ¿algo pasó en el caso de Yoichi que lo tuvieron que cerrar?
El silencio fué cortado por Bruce, quien sin pensarlo tomó el vaso de agua frente a él y le dió un trago.
— No tiene nada que ver con Yoichi… al menos esto no es culpa de ese chico — Se escuchó un pequeño eco, el cual fue producto del vaso de vidrio chocando suavemente contra la madera de su mesa — Se que no has pasado por un buen momento, pero necesitas saberlo porque eres el único con el que podemos contactar porque- —
— ¡Solo dilo ya, Bruce! —
— Toda tu familia fue encontrada muerta hoy en la m
adrugada — Finalmente soltó, sin más rodeos.
Y el mundo de Kudou terminó por derrumbarse.
