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Su mente desorientada intenta quizá en un modo de evitarle el dolor llevar a su subconsciente a días mejores.
Puede verse de niño en la playa de Punta del Este junto a su familia vigilando que el agua no se lleve a su hermanita.
Puede verse junto a su papá Seler aprendiendo a conducir de forma veloz y armoniosa.
Puede verse a sí mismo dándolo todo en el Scrum, sus amigos a su lado, sufriendo un poco más, haciendo un esfuerzo conjunto para conseguir la victoria.
Puede ver también otros fragmentos de memorias.
Guido y él a los quince años yendo en sus motocicletas modificadas a Las delicias para luego intentar impresionar a las alumnas del colegio Sagrado Corazón.
Años despues su carismático mejor amigo Panchito Abal consiguiéndoles citas sin necesidad de palabras mientras iba a recoger la pelota fuera del área. Con esa gracia natural y esa manera de conducirse a sí mismo por las que era famoso.
Ambos forman ahora parte de su pasado junto a su madre y a su hermana Susy.
El presente no tiene sentido.
Y el futuro es, como máximo, un hoyo negro incierto.
Respira, mientras sigas respirando estarás vivo.
¿Y si no vuelve a ver nunca más a su papá, a Graciela y a su abuela Lina?
¿Que pasará con su boxer Jimmy?
¿Se olvidará de él? ¿O peor aún no podrá dejar de echarlo de menos y lo matará la tristeza?
Todo en este lugar, desde el frío descomunal hasta el fúnebre silencio de las montañas hasta la ausencia de animales, insectos y plantas. Son testimonio de que ellos son una anomalía.
Una fastidiosa anomalía que no debería estar ahí y de la que la montaña quiere buscar una forma de deshacerse.
Este pensamiento hace realidad horas después durante la noche cuando lo que parece ser una tonelada de nieve, rebalsa el Fairchild sepultándolos por completo.
Por un momento mientras pierde el aliento y se le llena la boca de nieve piensa.
Así es como todo termina.
Quizá porfin de este manera la agonía tendrá fin.
Al fin un minuto de sosiego.
Una calma indescriptible se cierne sobre él cuando lo acepta y se dispone a esperar.
Ahora sabré que hay del otro lado.
Sin embargo unas manos abren la pared que lo cubre y lo sacan obligándolo a sentir de nuevo el cansancio y el miedo que lo acompañan desde que cayeron en aquel desolado páramo.
Ve a un número reducido de sus compañeros rebuscando frenéticamente entre la nieve. Javier, Roberto, Roy, Tintín, Fito, Gustavo, Carlitos, Eduardo–
Un momento
¿Dónde está Numa?
¿Está muerto?
¿El alud lo asfixió?
Sus manos empiezan a moverse en piloto automático, internandose en la materia blanca, más solo encuentra un cadáver tras otro.
Siente los ojos de Canessa clavados en él pero no le importa.
Sigue buscando en vano a su objetivo.
¿Que sentido tiene?
Alguien más a quien quería y no pude salvar.
Las palabras aparecen con un ruido sordo en las profundidades de su mente y flotan pesadas e inclementes como la vida misma.
Un sollozo mudo sacude su cuerpo.
Cuando de pronto alguien dice:
-Está vivo!
El tiempo se para y con piernas que parecen hechas de gelatina se acerca a ver quién es.
Javier llora mientras abraza el cuerpo inerte de su esposa.
Liliana quien hace solo unos minutos le había dicho con su preocupación maternal:
-¿Cómo tenés la cabeza Nando? ¿Aún te duele? Deberías descansar un poco más.
Todos los demás están abatidos. Algunos lamentándose, otros llorando la pérdida de un mejor amigo, otros cubriéndose el rostro con las manos.
No obstante, él siente como si su alma–o lo que le queda de ella–hubiese regresado a su cuerpo cuando ve los ojos marrones de Numa brillar con confusión.
Por un momento sus miradas se encuentran.
Chocolate amargo y caramelo fundiéndose por un instante.
Sus labios forman una sonrisa que el mayor corresponde.
Y quizá en otra vida ese hubiera sido el momento perfecto para acercarse más.
Verle bien el rostro y decirle:
Me alegra mucho que estés bien
Este efímero sentimiento de amistad y quizá algo más a lo que no sabe cómo ponerle nombre, llega a su fin en compañía del segundo alud.
Unos días después de que porfin lograsen salir y entre todos rescatar el fuselaje tras una larga lucha Arturo quien en su día había sido el espectacular apertura del Old Christians moría luego de varios días de fiebre en los brazos de su mejor amigo Pedro Algorta.
La siguiente expedición de la que formaron parte Nando, Roberto, Numa y Tintín, se vio interrumpida por una fuerte ventisca que apenas les permitía ver. Resignados tuvieron que enrumbar de regreso al Fairchild.
Adrede retrasó sus pasos más que los de los demás intentando hallar un momento preciso que probablemente no sucedería.
El ruido de la ventisca hacía casi imposible la tarea de escucharse pero aún así su mano con mente propia tiró de la chaqueta color mostaza.
Posiblemente no era una buena idea.
Aún así, había tan poco tiempo y certeza de momentos que no estuviesen llenos de desesperación que se propuso intentarlo.
-Esto, era de mi mamá. Quiero que vos lo tengas.
Algo incómodo el rubio le tendió el labial color palo rosa que había encontrado en el bolso de mano de su madre Xenia junto a un kit de costura.
Lentamente el castaño lo tomó, un poco confundido por el gesto de su compañero expedicionario.
¿Para que me da esto? Luego se acordó de las grietas que surcaban dolorosamente su boca.
Asegurándose de que no había nadie más cerca a la entrada del Fairchild, decidió quitarle la tapa al objeto y ponerse un poco.
No tenía un espejo y mirar a una de las ventanas del avión solo aumentaría el riesgo de ser visto.
Así que con mucho cuidado y a ciegas, esparció la sustancia encima de sus labios.
El rubio sonrió ante el acierto que había resultado su decisión.
Su miopía no le dejaba distinguir bien los detalles del rostro de Numa.
Pareciendo adivinar su disyuntiva el de cabello color café dió un paso hacía el y luego otro.
Ahora sí podía ver lo bien que le asentaba el color.
-Nando...porqué?
De verdad deseaba escuchar esa voz diciendo su nombre otra vez así que de forma egoísta hizo un gesto para que repitiera la pregunta.
-Nando.... por qué vos me das esto?
¿Por qué?
¿Por lástima?
¿Por amistad?
¿O por algo más?
Su cabeza es un enredo en ese momento. No puede encontrar las palabras.
¿Que sentido tiene?
Sí algo había aprendido durante su estadía en aquel desierto blanco era:
Lo contrario de la muerte es el amor.
Con esto en mente da un paso y otro más, sus manos encuentran una vez más la tela color miel.
Quizá el contrario percibe sus intenciones porque sus grandes ojos se cierran y sus mejillas ahora hacen juego con el regalo que le dió.
El tiempo parece congelarse cuando el espacio entre ellos se va disolviendo.
Puede oír los latidos de su corazón reverberando en su cabeza.
Uno
Dos
Tres
Cuatro
-¿Que hacén todavía acá?
La voz de falsete de Canessa los interrumpe.
Numa le da una mirada de disculpa al rubio y se interna nuevamente en el Fairchild.
Lo único que le queda al de ojos pardos por hacer es bajarle la bandana a Roberto hasta que le tapa los ojos y entrar también.
