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Una eternidad qure no pasaré a tu lado

Summary:

No era seguro decir si era de noche o de día, tampoco importaba de todas maneras. El mundo se estaba sosteniendo en los últimos escombros que quedaban y la niebla nublaba la vista de los alrededores. No había bulla, ni un solo ruido, no había nada, tan solo el vacío. Ni las pisadas llenas de pesar que daba el arcángel supremo llamado Aziraphale eran audibles y tampoco había quien las escuchara. Su mirada estaba perdida y sus ojos estaban secos de tanto llorar.

Notes:

aja tenia q hacer un fic angst para meterle un dialogo de dangerously yours

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

No era seguro decir si era de noche o de día, tampoco importaba de todas maneras. El mundo se estaba sosteniendo en los últimos escombros que quedaban y la niebla nublaba la vista de los alrededores. No había bulla, ni un solo ruido, no había nada, tan solo el vacío. Ni las pisadas llenas de pesar que daba el arcángel supremo llamado Aziraphale eran audibles y tampoco había quien las escuchara. Su mirada estaba perdida y sus ojos estaban secos de tanto llorar. Sus alas se arrastraban por el suelo y se llenaban de tierra descolorida. Sus ropas estaban rasgadas y en su mano aún reposaba aquella espada flameante que le servía como una linterna para alumbrar su camino, aunque no había camino que recorrer. Aziraphale pudo haber caminado por meses o por horas, el tiempo se había perdido también. Daba vueltas alrededor donde ahora es tierra de nadie. Su mente estaba en blanco y se abría paso entre los cadáveres cuyos rostros desfigurados y algunos incinerados estaban grabados ahora en su memoria.
Cuando sus piernas dejaron de responder se recostó —o más bien cayó— sobre el suelo, levantando un poco el polvo. Si no fuese un ser inmortal elegiría ese mismo lugar para cavar su tumba. Cerró sus ojos pensando en volver a dormir, después de todo, no había pesadilla (de las que sufrió en las pocas ocasiones que decidió dormir) que pudiese superar esta tétrica realidad.

—Creí que habías dicho que no volverías a dormir, ángel.

Esa voz le hizo recobrar sus sentidos. Aziraphale se incorporó rápidamente para encontrarse frente a frente con aquel demonio de cabellos rojizos como el rubí. Tenía los lentes oscuros puestos y sorprendentemente se veía como nuevo, como si el horror de la Gran Guerra no hubiese pasado para él. Crowley brillaba con una luz de vivacidad que hace tiempo se había perdido.

—¡Crowley! ¿Qué haces aquí?—Aziraphale preguntó asustado, pero aliviado con su presencia.
—Vine a ver los frutos del trabajo que el viejo te dio. Supongo que la segunda venida resultó como esperaban ¿No?

Aziraphale no respondió. Crowley miró alrededor. No había mucho que ver, solo tierra sin color, niebla y pilas de cadáveres. Lo que haya sido el milagro de la creación se redució a solo cenizas. Luego, el demonio dirigió su mirada al ángel, vio su espada flameante; sus alas aunque sucias se erguían triunfantes sobre su espalda, totalmente diferente a los cadáveres que ni sus nombres eran reconocibles. Miró hacia arriba, el Cielo, y vio que las nubes brillaban como un nuevo amanecer y si te acercabas un poco podías escuchar las melodías celestiales que perdurarían por la siguiente eternidad.

—El Cielo ganó entonces, no me sorprende, recuerdo que la única cosa en la que no tenían piedad era la guerra.
—En cuanto sonaron las trompetas, ambos bandos se atacaron sin piedad y usaron la Tierra como su campo de batalla —las palabras de Aziraphale temblaban— Muchos inocentes murieron en una guerra que no les correspondía. ¡Ha-habían cuerpos de niños inocentes cayendo sobre el suelo! Y nadie, ni ángel ni demonio, se molestó en rezar por sus almas, solo los apartaron en pilas como las que hay alrededor y siguieron peleando.

Los ojos de Aziraphale empezaron a cristalizarse y sus lágrimas benditas corrían por sus mejillas al recordar los gritos de los niños y sus padres, de gente inocente que creyó que si hacía todo bien en su vida, no sufrirían las consecuencias de esta guerra, también los quejidos de los animales que ahora ningún arca pudo salvar sus vidas. Todo pereció y se supone que ganó el cielo, el bien y el camino de la luz. No había nadie que se pudiera reír de esa ironía.

—Se supone que los inocentes recibirían la Gracia de Dios, pero ¿Qué de gracia tiene morir de una forma tan horrible y que tu cuerpo no sea siquiera enterrado? —Aziraphale miró hacia Crowley en busca de una respuesta, o al menos un consuelo— Tenías razón y no te escuché, y ahora todo esto es mi culpa.

Crowley se sentó frente a Aziraphale mirándolo con pena, pero no secó sus lágrimas. Lo miraba desde esa pequeña distancia sintiendo el dolor que fluía por las venas del ángel. Todo el remordimiento y la culpa se mezclaban entre sus lágrimas. Crowley suspiró y habló otra vez.

—No fue tu culpa, ángel. Incluso si lo hubiéramos vuelto a detener, el Cielo habría encontrado otra manera de llevar a cabo esta guerra. Seguramente este era el plan inefable.

Aziraphale se quedó atónito al escuchar esa palabra que tanto repetía, salir de la boca del demonio.

—Yo hice los preparativos bajo órdenes de Metatrón, pero intenté hacer un cambio ¿En qué acabó eso? Yo encabezando un ejército de ángeles y arcángeles con un deseo abominable de pelear. Tuve que alzar mi espada de nuevo, solo para que el Cielo probara que es el mejor sobre todos.

Crowley se quedó sin más que decir. No habían palabras que pudieran remediar aquella situación. Entonces decidió cambiar de conversación.

—Es curioso que aunque ahora nada sea reconocible en este mundo, tú hayas regresado a la librería.
—¿Este es el Soho?

Crowley asintió. Aunque todo esté hecho escombros, la esencia de aquel lugar donde vivió los mejores años de su longeva vida junto al ángel jamás desaparecía. Como un hogar al que volver cuando todo esté perdido. Notó que Aziraphale estaba sentado justo donde era la puerta y que si ahora fuera de día, estaría dándole la bienvenida al demonio para tomar juntos el desayuno.

—Había olvidado lo mucho que amaba este lugar —se lamentó Aziraphale volteando la mirada hacia atrás. Habían páginas rotas esparcidas por el suelo, algunas quemadas y los lomos de los libros casi enterrados en el polvo.
—No había día en el que no te separaras de la librería y no había libro que hayas evitado vender incluso al mejor postor —agregó Crowley, recordando todo a detalle, todos los minutos que transcurrió en ese lugar. Aziraphale lo miró deseando que continuara, que trajera a su mente el recuerdo de su hogar. Crowley lo notó y aclarando su garganta continuó.— Había libros por todos lados que fácilmente habrían podido sostener los cimientos durante un terremoto, tenías una reserva secreta de vino que solo usábamos nosotros cuando el día lo merecía, la única música que escuchabas ni siquiera tenía letra y salía del gramófono que tenías junto a tu sillón favorito, amabas preparar chocolate caliente y compartirlo conmigo mientras leías un cuento, tenías dibujos esparcidos por tu escritorio algunos de pájaros o personajes de tus libros; también estaba yo ahí, las paredes eran amarillas que a veces solía pensar que sacaste ese color de mis ojos, y… siempre estaba iluminado, no como en el Cielo, que esa luz blanca te ahoga hasta quemarte los ojos, sino una luz cálida que te abraza en los días de invierno.

Crowley no tuvo que cerrar los ojos para volver a evocar el recuerdo de la librería porque eso ya vivía en él. Las palabras funcionaron para calmar al ángel, ahora había dejado de temblar y estaba en completo silencio. Aziraphale lo miraba mientras trataba de refugiarse en esos recuerdos en vez de seguir torturándose por lo que tuvo que hacer, por lo que Dios le mandó a hacer y él acató creyendo que era lo correcto.

—¿Qué pasó cuando me fui? —La voz de Aziraphale sonaba como un susurro.
—Muriel se quedó a cargo de la librería. Te diré que no era el mejor haciendo su trabajo, pero se encariñó rápidamente con la tienda. Yo en primera pensé en irme, pero desistí de esa idea y ayudé a Muriel a que no terminara en bancarrota —Crowley suelta una risita, podía aún ver como en la librería arreglaba todo lo que el pequeño ángel desordenaba— Te esperé ¿Sabes? Miraba a la ventana todos los días esperando que salieras del ascensor y entraras de nuevo. Habríamos peleado, pero al final nos las arreglaríamos, habrías hecho el baile de las disculpas y nos habríamos reído. Te habría llevado a Alfa Centauri de vacaciones, de hecho lo estaba planeando la noche que bailamos juntos.

Aziraphale volvió a mirar al suelo. En su estancia en el Cielo tanto arcángeles como el mismo Metatrón terminaron por convencerlo de que Crowley no estaría ahí cuando decidiera volver y que no lo querría volver a ver nunca más. Pasaba los días rememorando su último encuentro, arrepintiéndose de las palabras que sin ningún cuidado escogió, llorando por el daño que le hizo al único ser que realmente le comprendía. Pasó tantas veces cerca del ascensor, pero por el miedo nunca entró. Pudo hacerlo, los ángeles eran despistados y lo dejaban sin supervisión, de hecho aprovechaba para comer lo que saliera de sus milagros, sin embargo, el miedo y la culpa fueron suficientes para alejarlo del ascensor en cuanto la idea de volver cruzaba por su mente. Y ahora saber que Crowley siempre lo esperó, es algo que le rompe el corazón en trozos aún más pequeños. Lágrimas volvían a aparecer en sus ojos ya cansados.

—Llévame entonces, Crowley, llévame contigo. —el ángel quería hacer algo bien por última vez, volver con su amado y dejar todo atrás.

La mirada de Crowley se llenó de pesadez. Se levantó y Aziraphale estuvo a punto de hacer lo mismo.

—No puedo. —Esa respuesta no fue fría ni cortante. sonaba como impotencia. Aziraphale se sobresaltó ¿Demasiado tarde?
—Por favor, por favor, vámonos de aquí y llévame contigo —Aziraphale estaba a este punto rogando como si fuera su última esperanza— No podría soportar toda esta eternidad sin ti y no la podría soportar en este mundo despedazado. Llévame, Crowley, y llévame a esas estrellas de las que me contaste y que nadie nos siga persiguiendo. Quiero hacer ahora las cosas bien para nosotros y perdóname por haberme dado cuenta tan tarde.
—Aziraphale —la voz con la que llamó su nombre era triste, sin embargo, la expresión de Crowley resultaba implacable— No puedo llevarte conmigo, lo digo en serio.

Crowley retrocedió cuando Aziraphale se acercó hacia él. El ángel quería tomar su mano y rogarle que lo llevará con él, se arrodillaría y haría el tonto baile, pero quería solo irse de aquel lugar y permanecer con el demonio para siempre. Crowley fue lo bastante ágil para evitar cualquier roce con Aziraphale.

—Crowley, te necesito.

Esas palabras lo llevaron a su último encuentro. Estaban en la misma posición, aunque la distancia ahora era un poco más corta, Aziraphale estaba al borde del llanto y Crowley permanecía indescifrable, pero triste. Crowley se sacó los lentes y miró severamente al ángel.

—Vivirás la eternidad, Aziraphale, un largo, largo tiempo sin mi a tu lado. Mirarás en el rostro de los ángeles buscando algo que, por un instante, evoque mi imagen o la del ángel que yo solía ser. Aquellos coros celestiales que sonaran sobre la noche estrellada los encontrarás vacíos, porque cuando llames a mi nombre, aunque reces, aunque ruegues, yo no estaré ahí. —la voz de crowley empezaba a quebrarse, lágrimas que había estado suprimiendo empezaban a derramarse por su rostro y luego volverse cenizas que se llevaba el viento— Siempre tu corazón estará extrañandome, sin embargo tu mente antes tan llena del Cielo te habría consolado por el hecho de hacer algo por el “lado de la luz y del bien”.

Aziraphale se mantuvo en silencio por un momento. Algo no estaba bien.

—¿Por qué dices esas cosas?

Crowley no pudo esquivar el último intento de Aziraphale por tocarlo. Cuando la mano del ángel trató de juntarse con la del demonio, esta solo traspasó la piel. Como un espejismo, como un fantasma, era inexplicable saber que acababa de pasar. Aziraphale solo rogó que fuese su imaginación y no pensar en lo peor.

—¿Qué pasa, ángel? ¿Acaso no recuerdas que me pasó?
—No, no, esto no puede ser —Aziraphale empezó a temblar y sus lágrimas estaban cayendo como cascadas— ¿Qué pasó? ¿Qué te hicieron?
—No, ángel ¿Qué me hiciste tú?

Aziraphale tragó saliva.

—Aziraphale ¿No recuerdas cómo fue cuando volví? Cuando vine por ti a sacarte de todo este problema en el que te metiste y te encontré blandiendo tu espada. Y como tú después la clavaste en mi costado
—¿Qué hice? —Aziraphale cayó sobre sus rodillas.
—Estoy muerto, ángel, tú me mataste.

Todo quedó en silencio de nuevo. Aziraphale entonces pudo recordar todo lo que hizo, recordar como la espada flameante se llenaba de la sangre de Crowley y cómo Aziraphale, angustiado cumplía con el deber que Dios le había puesto. Arcángeles y superiores estaban a su alrededor observando la escena con satisfacción, incluso el Metatrón y Dios estaban observando.

“Mírate, te ves hermoso”

Esas palabras que siempre se quedaban en su cabeza desde el inicio de los tiempos y ahora cobran otro significado. Crowley las había repetido mientras miraba a su ángel por última vez, mirando a lo que amó alguna vez por toda su vida, al igual que sus estrellas, lo terminaban llevando a su perdición.

Aziraphale gritó tan fuerte que pudo haber causado un terremoto, el polvo se alzó y los cadáveres apilados se desordenaron cayendo unos sobre otros. Dolía como la peor tortura y ardía como la lava más ardiente. Tan desgarrado se sentía por lo que había hecho que no fue capaz de volver a mirar al fantasma de Crowley que ahora empezaba a desvanecerse.

—Volví aquí solo para decir adiós, ángel.
—¡Perdóname, Crowley, perdóname! ¡Esto fue mi culpa, yo te maté! ¡Te maté! —repetía esas palabras porque ahora ese recuerdo era solo lo que rondaba en su mente y ardía en sus venas.
—Te perdono, pero no todo fue tu culpa.
—Crowley.
—Ángel, me tengo que ir, pero aunque yo ya no esté por favor no dejes que mi recuerdo muera, después de todo ahora solo soy un conjunto de memorias. —Crowley se agachó junto a Aziraphale— Te dolerá, eso no lo podré evitar, pero al menos quiero vivir en algún lado de tu mente y tal vez ahí poder los dos tener la vida que siempre quisimos.
—¡No te vayas!
—Cuando la eternidad termine para ti, yo volveré y nos podremos ir a todos lados, pero por ahora, ángel, tendrás que vivir sin mí. —Ahora Crowley era casi invisible, su cabello rojo fuerte se desvanecía cada vez más y las luces de sus ojos se hacían cada vez más lejanos— Adiós.

Aziraphale trató inútilmente de aferrarse a él. Cuando Crowley desapareció lo único que quedaron fueron sus lentes. Aziraphale los tomó y lanzó su espada muy lejos. Alzó sus alas y decidió irse. El Cielo ya no era su hogar, en lo que creyó con tanto favor alguna vez se redujo a polvo así que ni siquiera se molestó en mirar hacia arriba. El ángel decidió irse a otros planetas y escapar de su propio mundo, a llevar el recuerdo del demonio que tanto amó a visitar el universo que creó cuando se conocieron y tal vez, soñar con una vida donde las cosas salieron mejor, donde la eternidad se volvía una vida tranquila amándose con la intensidad de millones de soles.

Notes:

PERDON POR EL FINAL D MIERDA Q LE PUSE
parezco escritora del final de OFMD S2 JLJKLFJDJFLSÑ MATAME ESTOY CANSADA NUNCA TENGAN VIDA (casi) UNIVERSITARIA