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Characters:
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Language:
Español
Stats:
Published:
2024-01-20
Words:
2,059
Chapters:
1/1
Comments:
4
Kudos:
4
Hits:
169

Aunque no quiero

Summary:

Una historia de amor que surgió desde las sombras. Leon y Ada vivieron su romance como un par de amantes clandestinos, sin embargo, uno de ellos sintió la necesidad de pensar mejor su futuro, dejando al otro con el corazón roto y una historia sin final.

Notes:

Work Text:

***Todos los personajes de Resident Evil son propiedad de Capcom, esta historia fue escrita con fines de entretenimiento***

~ º º ~

Tal vez no se quedó conmigo

porque le daba miedo darse cuenta

que yo lo quería como él no sabe quererse

Anónimo

~ º º ~

La nieve caía suave sobre la gran ciudad, la brisa helada acariciaba cada uno de los rincones de Nueva York. Era nochebuena y la mayoría de las personas se encontraban reunidas con sus seres queridos celebrando una de las noches más importantes del año. Leon miraba absorto la ventana perdido en sus pensamientos. Desde el décimo piso del hospital presbiteriano de Nueva York, él podía divisar las luces de la gran manzana como si fuesen estrellas sobre un cielo de asfalto.

En la habitación 1030, se encontraba reunida la familia Redfield; Jill y Chris miraban embelesados a la nueva madre, Claire. La pequeña Josephine Kennedy —o Josie, como la comenzaron a llamar sus tíos—, había nacido apenas en la mañana, después de que Claire entrara en labor de parto en medio de una reunión de trabajo. La niña heredó los ojos azules de su padre y el cabello rojizo de su madre. Su piel era tan blanca como la nieve, lo que la hacía poseedora de una belleza única.

—Aún no puedo creer que Josie esté aquí con nosotros— dijo Jill mirando a la niña con dulzura.

—Se supone que nacería en dos semanas, pero veo que tenía prisa por conocernos —Claire besó la frente de su hija y continuó—. Me alegra tenerla al fin en mis brazos.

—Leon —lo llamó Jill desde su sitio, junto a la cuna de la bebé—. ¿Cómo te sientes ahora que te convertiste en padre?

Leon siguió perdido mirando la ciudad. La habitación estaba en silencio; los segundos pasaban y con ellos la tensión comenzaba aumentar. Jill frunció el ceño y se puso de pie, le molestó la actitud fría y distante de su cuñado. Pensó que tal vez él aún estaba tratando de asimilar su nueva faceta como padre por lo que trató de no darle importancia.

—Debe estar muy feliz, ¿verdad, cielo? —respondió Claire por su marido.

—Si —Leon caminó hacia donde estaba Claire y le dio un beso en la sien—. Me has convertido en el hombre más feliz del mundo.

—Creo que deberíamos volver a casa, es nochebuena y la niñera debe irse temprano a casa—dijo Chris poniéndose de pie

—Chris, tal vez deberíamos quedarnos un poco más —insistió Jill, preocupada.

—Estaremos bien— Leon se acercó a Jill y le dio un abrazo—. Gracias por cuidar de Claire—. Dijo el médico que, de no haber llegado a tiempo, Josie no habría sobrevivido.

—Es mi cuñada, tonto —Jill sonrió—. Somos una familia y siempre estaremos para ayudarnos.

Los Redfield dejaron la habitación del hospital. Claire dejó a Josie en la pequeña cuna de cristal junto a su cama cuando ésta logró por fin dormirse.

Leon se acercó a la pila de regalos que estaba en uno de los rincones del cuarto, los compañeros de Claire le hicieron llegar ramos de flores y regalos para la bebé en cuanto se enteraron del alumbramiento. Entre bolsas de papel y muñecos de peluche, hubo un presente que llamó su atención: una pequeña caja de terciopelo rojo. Por su tamaño, Leon supuso que se trataba de una joya, abrió el estuche y dentro de éste había un dije de oro blanco en forma de un pequeño corazón con alas. Un escalofrío le recorrió el cuerpo, él sabía de donde había salido aquel collar, por lo que lo guardó en su bolsillo y caminó hacia la puerta de la habitación.

—¿Vas a salir? —inquirió Claire, intrigada.

—Voy por algo de beber a la cafetería —mintió, nervioso.

—Está bien— Claire sonrió.

Antes de que Leon cruzara la puerta, su esposa dijo: —Leon, sabes que te amo.

—Nunca lo he dudado —Leon se volvió hacia Claire y le dedicó una sonrisa.

—No tardes —le pidió ella, antes de soltar un bostezo.

Se escuchaba el rumor de las voces del personal de guardia en los pasillos del hospital. Leon caminó sigiloso hasta llegar a la escalera de servicio. Subió los escalones uno a uno, al tiempo que su corazón aumentaba el ritmo de sus latidos. La brisa helada le calaba cada vez más, señal de que se acercaba a la puerta que daba al techo. Salió del edificio y caminó sobre la espesa nieve, no estaba seguro de encontrarla, pero su instinto le decía que estaba cerca.

—Veo que aún sabes cómo encontrarme—dijo Ada caminando entre la penumbra.

—Eres predecible—Leon se acercó a ella y le mostró el collar —. No debiste molestarte.

—No es molestia —Ada esbozó una sonrisa ladina—. Por cierto, felicidades por tu hija.

Leon se acercó a Ada e intentó tomarla por los hombros, pero ésta lo esquivó.

—Eres un hombre casado, sabes que no me gusta ser la segunda en discordia.

Los dos quedaron en silencio. Ada reprimió su deseo de arrojarse a sus brazos como en el pasado, sabía que ahora Leon era un hombre prohibido.

—No puedo evitarlo —Leon se acercó e intentó besarla.

Ada estuvo a punto de ceder, pero al recordar la imagen de él uniéndose en matrimonio con Claire, despertó su furia y le propinó una bofetada.

—Tal vez sea una criminal, pero tengo principios — Ada dio un paso atrás, exaltada—. Estas a unos metros de tu esposa y tu hija. Al menos sé un hombre por ellas.

—¿A qué ha venido, Ada? — preguntó Leon, llevándose la mano a la mejilla.

Ada caminó hacia la orilla del techo y dijo: —vine por respuestas, las necesito para cerrar este capítulo de mi vida contigo.

Leon la miró sorprendido.

—No entiendo.

—No tiene sentido continuar con nuestra historia cuando fuiste tú quien le puso final a lo nuestro al casarte con Claire—dijo Claire con amargura.

Leon se encogió de hombros y dijo: —No fue mi intención lastimarte.

—Eso no importa —Ada dio un paso adelante—. Sólo quiero saber una cosa.

—Dime —murmuró Leon, intrigado.

—¿Por qué ella? —. Inquirió Ada, dolida.

—No lo entenderías —respondió Leon, evadiéndola con la mirada.

—No te burles de mi inteligencia—espetó Ada, furiosa.

Un silencio sepulcral se interpuso entre los dos. El suave rumor de la nieve cayendo sobre el concreto era lo único que podía escucharse. Los minutos se hicieron eternos. Leon miró a cielo esperando que las palabras vinieran a él como los copos de nieve que se agolpaban en su cabello.

—¿Y bien?, estoy esperando— le reclamó Ada.

Leon se aclaró la voz y dijo: —Estoy cansado de luchar, de las armas y de todas las amenazas biológicas a las que me he enfrentado. Me di cuenta de que me perdí a mi mismo, al punto de no saber quién soy y que quería para mí el resto de mi vida.

—Entonces decidiste jugar a la casita feliz con Claire, ¿O me equivoco?

—Quería un hogar estable, eso es todo.

—¿Estás diciendo que Claire es mejor que yo? —preguntó Ada, molesta.

—No es lo que quise decir— Leon se acercó a Ada e intentó tomarla por los hombros, pero ella lo esquivó—. Ada, tú eres adicta al peligro, no eres de las que renunciaría a las armas por hornear pasteles de manzana.

—¿Cómo puedes estar tan seguro de eso? —lo cuestionó, molesta.

—Te conozco desde hace muchos años.

Una lágrima rodó por la mejilla de ella. Se sintió decepcionada al ver que el hombre al que amó durante muchos años jamás llegó a conocerla. Esbozó una sonrisa amarga, en un intento de ocultar su dolor, caminó hacia Leon y dijo: —No lo sabes, porque jamás me lo pediste.

Leon se quedó de piedra al escucharla. Ada caminó hacia el otro lado del tejado y divisó la ventana de la habitación donde descansaba Claire. Se llevó las manos al vientre y su mirada se dirigió al pequeño cunero donde descansaba la pequeña Josie.

—Yo pude haber estado en el lugar de Claire— dijo Ada con tristeza—. ¿Lo recuerdas?

—Éramos muy jóvenes— respondió Leon detrás de ella—. ¿Qué podíamos ofrecerle a nuestro hijo en ese momento? El mundo era un caos y nosotros sólo luchábamos por sobrevivir.

—El mundo sigue siendo un desastre, y aun así le diste la oportunidad a la hija de Claire—. Ada suspiró—. En fin, también yo tengo mi parte de culpa de que las cosas sucedieran de esa forma.

—No pensé que quisieras tener al bebé—dijo Leon, sorprendido.

—¿Acaso importa ahora? — espetó Ada, molesta—. Tú mismo lo has dicho; soy una adicta al peligro, sin duda hubiese sido una pésima esposa y una madre terrible. Me decepciona enterarme que en todos estos años que estuvimos juntos, jamás llegaste a conocerme de verdad.

—Lo siento, Ada.

—Eso ya no importa, ya todo está en el pasado—. Ada se volvió hacia él y continuó —. Sólo quiero pedirte un último favor antes de irme.

—Dime —respondió Leon, intrigado.

—Sé el mejor padre para esa niña e intenta ser un buen esposo para Claire—dijo Ada bajando la mirada—. Vive con ellas la vida que tú y yo pudimos tener.

—Lo haré.

Ada caminó hacia las sombras, pero Leon la detuvo tomándola del brazo.

—Espera.

Leon tomó los labios de Ada en un beso hambriento. Ella intentó resistirse, sin embargo, se dejó llevar por sus instintos y respondió al beso acercando su cuerpo al de él con fuerza.

Ada sabía que era la última vez que estaría en su lugar seguro: los brazos del hombre al que amo durante años y al que probablemente jamás podría olvidar, no obstante, también estaba consciente de su historia con él nunca tuvo un futuro, sólo que se negaba a aceptar la realidad.

—Es tarde —Ada dio un paso atrás—. Deberías volver.

—Ada, lo siento.

—Hasta siempre, Leon—Ada caminó hacia las sombras para perderse en la oscuridad de la noche.

Leon caminó de vuelta a la habitación de su esposa. Durante el camino intentaba asimilar lo sucedido con Ada unos minutos atrás. No esperaba su visita, pero sobre todo tampoco esperaba escuchar su confesión respecto a formar una familia juntos y su deseo de que aquel bebé viniera al mundo. Bajó lentamente las escaleras al tiempo que la furia comenzó a nublar sus pensamientos. Se detuvo en el último escalón y golpeó la pared cercana con tanta furia que los nudillos comenzaron a sangrarle. Se odiaba a sí mismo por haber sido tan egoísta y sólo pensar en él mismo sin tomar en cuenta a la mujer que amaba. Si bien Ada podía parecer fría y calculadora, él conoció el lado más vulnerable de la mujer de hierro que simulaba ser. Siempre lo protegió del peligro como si fuese un ángel guardián y lo amó durante años sin esperar nada a cambio. Se lamentó por no tomarla en cuenta en su proyecto de vida, sobre todo porque ya era tarde para cambiar las cosas.

—Jamás la conociste— murmuró.

Ahora estaba casado con Claire y juntos habían formado una familia. Claire era una buena mujer, la quería, pero no con la misma pasión y entrega con la que amaba a Ada. Pensó que tal vez con el tiempo sus sentimientos cambiarían, sin embargo, después de su encuentro con Ada ya no estaba muy seguro de poder lograrlo.

Entró a la habitación y se encontró con Claire sentada en medio de la cama con la mirada perdida.

—Es tarde, deberías dormir —dijo Leon al tiempo que cerraba la puerta.

—No podía dormir— respondió Claire mientras se levantaba de la cama—. ¿Ella estuvo aquí?

Leon pensó en mentir, pero no le encontró ningún sentido y dijo: —Vino a despedirse.

—Creí que ya no tenías nada que ver con ella—espetó Claire, molesta.

—Ada y yo ya no tenemos más historia juntos.

—¿Está seguro? —indagó Claire mirándolo a los ojos.

—Lo estoy— respondió Leon con amargura.

Claire esbozó una sonrisa forzada, ella estaba consciente de lo que Ada significaba en la vida de su esposo. Lo abrazó y murmuró en su oído: —estaremos bien.

—Claro —Leon se aferró a Claire y hundió su rostro en el cuello de su esposa intentando ocultar su dolor.

Miró la cuna de la pequeña Josie y recordó lo último que le prometió a Ada. Lo cumpliría en memoria de la historia que alguna vez compartieron juntos.