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No Sufras Más

Summary:

Rafael es un ángel del señor, le debía temor reverencial y un absoluto respeto. No tenía NINGÚN derecho a nada más, ni a cuestionar sus acciones. Es un ángel que goza de una interminable dicha en el Reino del Señor, él, en cambio, era un humano lleno de pecado, otro judío en el exilio. No hay comparación.

Pero… ¿Todo fue mentira en ese viaje? ¿Nunca hubo amistad?

Notes:

Esta pequeña historia esta dedicada al Libro de Tobit. Veo, con mucha tristeza, que no es mencionada en AO3. Me parece una historia entretenida e interesante.

Esta inspirada en los sentimientos de tristeza y perdida que experimento Tobías al momento de saber que, su gran amigo que lo había ayudado tanto, era en realidad un ángel del señor cumpliendo una misión, dejándolo en un estado de confusión y dolor. Ambientada dos meses después de los acontecimientos que narra el Libro de Tobit.

Espero que les guste ;)

Chapter 1: Tobías, Hijo de Tobit

Chapter Text

Tobías estaba inquieto. No con la inquietud que cualquiera pudiera imaginar. Era una inquietud... Peculiar.

Tan peculiar que sólo reconocerla por breves momentos le ponía nervioso, mucho más que cualquier otra cosa que haya vivido.

Desde que se casó con la dulce Sara, su padre se curó y Nínive conoció la buena nueva del milagro que había obrado el Señor, debería haber tenido sentido dichoso, lleno de alabanza porque, un simple siervo y pecador, fue visto por los ojos de uno. de sus servidores más leales, por el Ángel Rafael.

Tobías percibió otra punzada en el corazón, sintiéndose mareado, recordando otra vez al sabio y agradable muchacho que lo guía por todo el camino. Su ayuda, su sonrisa, su amistad.

" Amistad... ".

Para su desdicha, sintió tras el dolor, una insipiente ira. Era una ira que afloraba cada vez que oía a los ancianos contando su historia. Pero la parte donde el misterioso joven cura a su padre y se convierte en un destello de luz pura, absoluta, eclipsando al sol, afirmando ser uno de los siete ángeles que glorifican continuamente el trono de Dios… una mezcla de miedo, incredulidad, asombro... pero sobre todo, dolor . Un dolor absoluto explotaba en su pecho.

Nunca fue bueno explicando o haciendo comparaciones, pero solo se podía comparar cuando se torció el tobillo jugando con otros niños en su infancia, o tener fiebre y no poder curarla. Solo que ambos dolores estaban combinados en su corazón, conspirando para terminar con la poca cordura que le quedaba.

Tobías suspiro, mirando de soslayo a su joven esposa, reposando tranquilamente en su lecho conyugal. Después de tanto tiempo, la bella Sara pudo descansar de tanto sufrimiento.

“Al menos ella descanso, en cambio yo…”

Aun podía recordar una de sus últimas conversaciones a mitad del camino con el misterioso Azarías... Le producía una oleada de emociones que no quería volver a sentir.


- Por eso Tobías, debes dormir 8 horas antes de hacer tus deberes. Tu cuerpo lo necesita para que estés saludable- Explicó "Azarías", con su amable e imperturbable sonrisa.

Tobías lo miro aburrido, rascándose la nariz.

- Azarías... Ya te he dicho mil veces que duermo 5 o 6 horas porque tengo cosas que hacer, no lo hago porque si - Lo observa aburrido, solo para intentar reprimir una sonrisa cuando vio al muchacho hacer un ademán serio, negando con el semblante su afirmación. Era gracioso sacarlo de sus casillas.

Y algo lindo.

No sabe porque, pero había algo en su mirada que le llamaba la atención. Algo que le atrae tanto que quiere descifrarlo.... ¿Será el brillo de sus ojos? ¿El gesto de su rostro? ¿Su sabiduría? Había algo que no terminaba de entender con ese misterioso muchacho, lejano pariente suyo, que se ofreció a ayudarle de la nada.

Antes de seguir con su ensoñación, Azarías le interrumpió, mirándolo con una pequeña sonrisa.

- Parece que estás pensativo Tobías. Debe ser muy aburrido para ti oír mis consejos en un viaje tan largo- Él se aleja un poco, avivando el fuego, viendo de reojo a su compañero, sonriendo aún más cuando lo vio apartar la mirada algo avergonzado. Tobías juro que pudo ver a Azarías reprimir una carcajada.

- No es nada ¡seguro!- Afirmó, más para sí que para su compañero, intentando volver a reposar en su cama improvisada de tela, paja y especias (cortesía de su compañero de viaje, asegurando que ayudaba a mejorar la salud de sus pulmones. ¿Cómo podía saber tanto? ¿Era una especie de curandero?).

- Bueno... Si tú lo dices- Se encogió de hombros, volviendo su mirada al fuego– Debes descansar Tobías, aún nos queda un largo camino que recorrer. Yo me quedare vigilando el fuego y el campamento-.

Tobías voltio a verlo, algo dudoso de lo que estaba a punto de salir de su boca.

-Tienes razón. No es solo eso. Es... Algo más- Intento que sus palabras fueran coherentes, buscando sentido a lo que quería expresar. Habían pasado muchos meses juntos, compartiendo todo.

Azarías lo miro con comprensión, pero sobre todo, con mucho cariño, un cariño que podía sentir envolviéndolo cada vez que interactuaba con ese muchacho lleno de tantas sorpresas y secretos.

- Eres increíble- Confesó, sintiendo un gran alivio cuando revelo lo que tanto quería expresarle- Tu sabiduría, la forma en la que explicas todo, tu conexión con los animales. Fue hermoso como curaste la herida del pequeño rebeco ¡lo besaste y lo dejaste libre!- El muchacho se sentó, viéndolo con absoluta admiración- Te juro por el Señor que es lo más hermoso que he visto en toda mi vida-.

Azarías lo miro dulcemente, apartando su mirada, con un leve rubor en sus mejillas.

- Gracias Tobías, eres muy amable- Expresó, observándolo de vuelta, notando la miraba embelesada del joven Tobías.

Tobías se sentía hipnotizado de esa sonrisa y esos ojos, que lo miraban tan fijamente ahora.

Tiene unos ojos muy bonitos, son como su alma, llena de mucha dulzura y sabiduría.

Su mente se sentía en una neblina, no podía apartar su mirada de él.

Azarías lo miro, con un sentimiento indescifrable para él. Estaba tan distraído que apenas noto su mano acariciando su rostro, acercándolo hacia él.

- Descansa Tobías, mañana será un día largo- Sin esperarlo, sintió un beso en la frente, sintiéndose dichoso y amado, pero también... Con sueño.

- Buenas noches Azarías- Murmuró, sintiendo aún el beso en su frente- Me alegra que nos hayamos conocido-.

No oyó respuesta, pero Azarías lo acostó y arropo, acariciando de nuevo su rostro y mejillas, mirándolo con atención -Buenas noches Tobías-.


Recordarlo ahora... Es diferente. Un escalofrío de frío y culpa lo recorre ¡¿Él le dijo que!? ¡¿él pensó que?!

Rafael es un ángel del señor, le debía temor reverencial y un absoluto respeto. No tenía NINGÚN derecho a nada más, ni a cuestionar sus acciones. Es un ángel que goza de una interminable dicha en el Reino del Señor, él, en cambio, era un humano lleno de pecado, otro judío en el exilio. No hay comparación.

Pero...

Tobías se sentó en una pequeña silla, pasando sus manos por su rostro, en un gesto de pura frustración.

¿Entonces toda nuestra amistad fue una mentira? ¿Todo lo fue? ¿“Azarías” quiso venir a ayudarlo por su propia voluntad o todo fue obra de los designios del Señor?

La sola idea le hace sentir indignación e ira de nuevo, recordando todos los momentos que compartieron juntos. Y se siente culpable.

Era un círculo vicioso del que no podía escapar.

Con el paso de los minutos, y del lento pasar del tiempo, sintió que el cansancio finalmente llegaba a su mente, parpadeando cada vez más despacio, su respiración más lenta, le estaba ganando el sueño. Al cabo de otros minutos, casi cuando todas las velas de su hogar se habían consumido, se rindió al sueño y se durmió, apoyado en la pequeña mesita que tenia frente de si.

Pensar tanto en lo que paso lo tenía muy agotado. Pero quien lo puede culpar ¡No todos los días un mensajero de Dios llegaba para ayudarlo!

Antes de caer en un profundo sueño, podía jurar que percibió que algo lo observaba en algún punto de su habitación. Una presencia súbita, pero familiar.