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Language:
Español
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Published:
2024-01-25
Words:
969
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1/1
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3
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17
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171

La desventaja de salir con el Dios del Fuego

Summary:

En realidad, no hay ninguna desventaja de salir con Liu Kang, excepto que es un Dios y tiene una agenda ocupada.

Notes:

Esta vaina salió justo después de ver el post de que cuál es la desventaja de Liu Kang.

Ninguna, o sea es una masita ese hombre. Es todo lo que está bien.

Work Text:

Sus pisadas son silenciosas, lentas, ni siquiera su calzado hace sonido con cada paso.

El viento lleva consigo un aullido, y la nieve se remueve junto a este en todo menos una brisa agradable.

Su aliento choca contra el metal de su máscara, sus ojos, entrecerrados por la tormenta de nieve, miran hacia el oriente, aún cuando nada es visible más allá de unos pocos metros.

El frío en realidad no parece molestarle,
después de todo, su cuerpo parece hecho para eso.

—Creí que no me honraría con su presencia…

Murmura mientras se da la vuelta para encarar a su visita. Su expresión siempre dura e inquebrantable se suaviza, incluso sus labios se curvan en una sonrisa que queda oculta tras la máscara.

—No iba a dejarle plantado, Gran maestro.

Liu Kang con ese tono amable de siempre logra derretir algo dentro del corazón del criomante.

—No sería la primera vez que lo hace, Lord Liu Kang.

El comentario mordaz hiere un poco al Dios, sin embargo, Bi-Han tiene razón. En ocasiones quisiera poder dedicar más tiempo al criomante, pero sus deberes lo llaman, en el mejor de los casos, tienen que reducir los tiempos en sus encuentros, en otros, tiene que explicar por qué simplemente no pudo aparecer en su cita.

Al menos, ahora que Bi-Han ha ascendido como Gran Maestro, es más fácil verse, al menos tienen el pretexto de que sus conversaciones a puerta cerrada son para planear estrategias para proteger el Eathrealm.

—Lo siento… eres Protector de la Tierra, y tienes más deberes.

El Dios del fuego abre los ojos al oír la disculpa del criomante, algo raro (por no decir imposible) de escuchar de boca de tan orgulloso hombre.

—No, yo lo siento.

Liu Kang tiene esa expresión de cachorro arrepentido que termina de ablandar al Gran Maestro.

Tiene eones para proteger la Tierra, ha tenido eones haciéndolo desde que creó todo; pero no tiene tanto tiempo junto a ese testarudo que tiene por pareja. Es casi una burla lo efímera que resulta la existencia de Bi-Han en comparación a la suya.

Apenas un suspiro.

No puede descuidar sus obligaciones, es evidente, pero tampoco debería descuidar a Bi-Han de esa manera.

Un toque en su espalda baja lo saca de su hilo de pensamientos. Es la mano del Gran Maestro que, suavemente lo invita a adentrarse en el templo de los Lin Kuei.

—Vamos, adentro al menos no nos molestará la nieve.

El tono de Bi-Han suena incluso más amable que de costumbre. No es un hombre expresivo o tierno; no al menos en la manera tradicional, pero Liu Kang ha aprendido a leerlo como un libro abierto.

Bi-Han dice más con lo que calla que con lo que habla.

Lo ha visto, y también ha visto la forma en que su clan lo ha endurecido, como la crianza del antiguo Gran Maestro era firme con él donde era amable con Kuai Liang y Thomas.

Ha sido testigo de cómo Bi-Han puede ser impulsivo y testarudo, motivado por el bienestar de su clan.

Lord Liu Kang camina a la par del criomante a la sala de reuniones donde los dejan a solas después de ofrecerles el té.

El criomante parece genuinamente emocionado al hablar del entretenimiento con sus nuevos iniciados, estrategias de defensa y… en realidad el Dios no tiene idea del resto. Llega un punto donde se pierde más en el movimiento de labios del menor antes que en el significado de tanta palabrería.

Para la noche, Liu Kang tiene una habitación especialmente acondicionada para su uso, para las noches que decide quedarse a dormir antes de marcharse a la mañana siguiente y seguir atendiendo todos los asuntos de la Tierra que reclamen su valiosa atención.

Contrario a la austeridad del resto de habitaciones, incluida la del propio Gran Maestro, la de Liu Kang es más grande y espaciosa; algunas velas bañan en una suave luz cálida el frío recinto, y las mantas, bordadas a mano, son bastante acogedoras.

Pasa casi de la medianoche cuando la puerta de la habitación se abre silenciosamente y la tosca figura del guerrero Lin Kuei entra.

No demoran demasiado en acabar acostados en la cama, juntos, y aunque generalmente sus encuentros son físicos, no es una norma.

Bi-Han esta tumbado, con el Dios del fuego acostado sobre su pecho; es una sensación abrumadora tener al creador de todo así, tan… humano, tan vulnerable y a su merced, descansando por un momento de todas las cosas que lo agobian.

El criomante sonríe de manera apenas perceptible cuando Liu le habla de todas las maravillas que hay en el mundo exterior; los atardeceres y los paisajes.

A Bi-Han no le importa una mierda el Mundo Exterior ni todas sus maravillas, pero escuchar el entusiasmo de su pareja es lo que le hace poner una sonrisa de idiota.

Sus manos recorren la espalda baja de Kang, traza sus tatuajes con la yema de sus dedos; no necesita verlos, los conoce de memoria. Conoce cada rincón del cuerpo de ese hombre de memoria, y todos los puntos que debe tocar para derretirlo como la nieve bajo el calor.

—Te eché de menos.

Finalmente admite el criomante. Sus ojos mirando el techo de la habitación, incapaz de ver a Liu Kang a los ojos mientras habla.

Los cálidos labios del mayor presionan un beso sobre el pecho del Lin Kuei.

—Igual yo. Lamento no poder venir a verte seguido, es solo que…

—Sé en lo que me estaba metiendo.

Interrumpe Bi-Han a su amante.

—Sabía cuáles eran las desventajas de salir con un Dios.

Liu suspira con aire de pesadez y asiente, el criomante tiene razón.

—Aunque… en realidad es la única desventaja.

El Dios suelta una risita, enternecido por las palabras del criomante, asegurándose a sí mismo no descuidarlo tanto tiempo.