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Día 2 — Itadori-sensei/Almas gemelas
—Satoru, alguien podría vernos… —la voz de Yuji es interrumpida por la boca del chico sobre la suya.
—¿Tiene miedo de ser visto, Itadori-sensei? O ¿le emociona que alguien nos vea? —Gojo dirige sus besos hacia el cuello de su maestro, aventurándose hacia la marca de su propio nombre en la clavícula de Yuji. Él peli-rosa ni siquiera está seguro de en qué momento perdió su camisa.
Esta situación es por demás comprometedora, Yuji está consciente de que esto no está bien, no mientras Satoru sea su alumno y él su maestro en la academia de hechicería, pero se pierde entre las caricias y besos que el albino deja ansiosamente sobre su cuerpo, en las palabras cariñosas y en su cálida compañía que hace de sus días menos solitarios y los hace más como una avalancha de nuevas emociones. No sabe el momento exacto en que su relación escaló a esto, en qué momento las lecciones sobre maldiciones y dominios pasaron a ser besos y caricias sobre el escritorio, a manos por encima y bajo la ropa…
Probablemente ya tenga la respuesta a eso desde que el destino puso sus nombres en la piel el otro.
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Yuji se levantó algo somnoliento de su cama, aún era temprano, pero en adelante tendría que despertarse antes de lo usual, hoy recibiría a los nuevos alumnos de primer año, y, por lo tanto, reanudaría sus labores como maestro. A pesar de poseer algunos años de experiencia en la enseñanza, y que estos se caracterizaran siempre por una cantidad de alumnos mínima en comparación a un salón de clases normal, este año era diferente para él.
Se miró en el espejo del baño, sin camisa, el nombre escrito bajo su clavícula era realmente difícil de ignorar. Agradecía que este no estuviera escrito en alguna otra parte más visible para evidenciarlo, pero él siempre estaría consiente de que su piel estaría marcada. Mientras se cepillaba los dientes pasó su mano izquierda sobre las letras en su piel.
Satoru Gojo se leía más que claro.
Él actual líder del clan Gojo, quien poseía el infinito y la habilidad de los seis ojos, era, según el destino, su alma gemela. Aun recuera cuando las letras aparecieron sobre su piel a sus trece años. En ese entonces, a pesar de que el poseedor de dicho nombre se marcara en su piel, en realidad no lo conocía personalmente, esa persona mantuvo su presencia fuera de la vista pública durante un tiempo, pero definitivamente era difícil de ignorar cuando su nacimiento marcó un antes y un después en el mundo de la hechicería.
Aunque la idea de las almas gemelas no fuera algo malo para él, estaba consiente que en el mundo de la hechicería no podía llevar una vida destinada a vivir un romance, mucho menos si este involucraba a un alumno. Ya había empujado atrás la idea del cliché de las películas sobre las almas gemelas tiempo atrás, las enterró en definitiva cuando el clan Gojo había enviado representantes a conocerlo solo para dejarle en claro que no le llegaba a los talones a un miembro de su refinado clan, mucho menos a los del futuro líder.
Era un estudiante en ese entonces, y aunque esa aclaración fue algo decepcionante para él, aprendió muchas otras cosas en el mundo de la hechicería, como el estatus que los clanes preferían mantener a pesar de sus marcas, o las desgracias que el rubro de la hechicería traía consigo. Pero al igual que había cosas malas había cosas buenas que le mostraron que su última preocupación era su alma gemela.
No fue hasta que vio la lista de sus nuevos alumnos que se preguntó sobre qué pensaba Satoru al respecto. Definitivamente él había pensado en el chico antes, pero sus suposiciones solo lo han llevado a esperar una personalidad típica de alguien de su estatus, bueno, aún estaba Megumi que salía del estereotipo de un líder de clan, pero su clan era de apenas dos personas por cortesía de Maki, así que no estaba seguro si eso contaba realmente.
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—¿Está en alguna relación, Sensei? —Yuji se giró sobre sus talones para encontrar al dueño de esa voz. Realmente no había distinguido del todo su presencia hasta ese momento más allá del claro hormigueo en su clavícula.
Cuando el chico observó hacia su mano, se dio cuenta que aún tenía su cigarrillo encendido, por lo que lo arrojó al suelo y lo pisó de inmediato. No ocultaba que era un fumador, solía hacerlo cuando estaba ansioso o estresado por alguna situación, pero no le gustaba hacerlo frente a sus alumnos.
—Así que tú eres Satoru —dijo más como una afirmación que una pregunta al chico.
—¿Entonces es un no? los informes decían que es soltero. —Yuji observó confundido durante unos segundos al chico frente a él.
Era definitivamente mucho más alto, su cabello claro le recordó a los duros inviernos donde la vista se llenaba de blanco por la nieve, y a pesar de que llevaba lentes oscuros, sus ojos eran realmente…
Un momento, ¿Informes? ¿De qué hablaba ese chico?
—¿Necesitas ayuda para encontrar el salón? Iba hacia hacía allá en unos minutos de cualquier forma. —Él chico lo observó durante unos momentos con los ojos entrecerrados y una suave sonrisa en sus labios. Yuji no estaba seguro de qué había realmente en su mirada.
Bien, el hecho de que supiera sobre él desde antes no era una sorpresa, pero ¿informes? Eso era nuevo.
El chico no volvió a mencionarle nada más en el trayecto hacia la clase, sintiéndose aliviado en el fondo por no tener que hablar sobre el tema tan pronto, era algo inevitable al final, pero estarían bien siempre y cuando lo dejaran pasar como una mala pasada del destino al poner sus nombres en él otro, ¿verdad?
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De entre todas las cosas que esperaba de Satoru, definitivamente no estaba que este estuviera todo el tiempo tras de sí.
Es un adolescente con una confianza y ego bastante alto que no puede juzgar realmente debido a sus habilidades en la hechicería. También estaba consciente que le daba algunas miradas furtivas y fuera de lugar que prefirió atribuir al hecho de que era alguien joven con las hormonas disparadas. Pero siempre trató de guiar al chico lo mejor que pudo a pesar de que era más difícil que el hacerlo con Shoko o Suguru, quienes eran más apacibles en comparación al albino
Su mente llegó a la conclusión de que se ha ganado la admiración del chico, porque el punto de partida para el apego de Satoru empezó cuando lo llevó consigo a una misión de grado especial.
Se había negado a llevarlo porque no le gustaba poner a sus alumnos en peligros innecesarios, pero la insistencia de Satoru —y la promesa de no molestarlo más y cumplir sus misiones sin quejas —terminaron por convencerlo, no sin antes imponerle algunas condiciones como que debía permanecer en todo momento como espectador y guardar una distancia prudente del combate para que lo tomara meramente como aprendizaje visual.
Al final el lugar era un almacén abandonado donde la maldición había creado un dominio sin barreras, por lo que no fue necesario un velo realmente. La criatura había pensado que los tomaría por sorpresa, pero los años de experiencia de Yuji y los seis ojos de Satoru eran por demás lo último que podría sorprender. Al final había tenido que recordarle a Satoru que se mantuviera fuera del combate, a lo que aceptó muy a su pesar y a regañadientes, alegando cosas como que todo sería más rápido si lo dejaba a él actuar, pero Yuji lo amenazó con disminuir sus misiones especiales si desobedecía, por lo que finalmente se quedó al margen de la situación.
Satoru se inquietó cuando la maldición le quemó la sudadera al peli-rosa, pero este simplemente se la arrancó y la arrojó a un lado, el sitio a donde la arrojó seguía ardiendo aun cuando la tela se consumió por completo, por lo que supuso que sería obra de la maldición, claro, con su infinito eso no sería un problema para él; sin embargo, se sorprendió por el hecho que pudiera arrancarla tan fácilmente como papel cuando las telas de los uniformes eran de un material más resistente a las normales. Un escalofrío acompañado de sudor frío recorriendo su espalda cuando la maldición se tragó a su maestro con las mismas fauces con las que arrojó el fuego momentos antes. Estaba a punto de moverse para hacer algo cuando el vientre de esa cosa empezó a sacudirse y a hacer que se retorciera. Lo siguiente que vio fue a Itadori usar Black Flash tan seguido como si se tratase de un golpe cualquiera, acabando con la maldición en segundos.
Itadori le dijo algo, pero su mente solo estaba concentrada en el vapor que salía de su cuerpo por usar la técnica de maldición inversa, en el torso desnudo y bien definido que se movía por la agitación de la batalla, luciendo increíblemente tranquilo como si no hubiera sido tragado por una maldición segundos antes, sobre todo, su mirada estaba en su nombre escrito bajo su clavícula.
Satoru sintió que este no podría verse mejor en nadie más que en él hombre frente a sus ojos. Eso, y que la imagen frente a él sería un buen material que usaría durante las noches para sí mismo.
Claramente, la percepción del momento fue diferente para ambos, Itadori lo tomó como el haberse ganado su confianza o admiración, y aunque la había, el interés de Satoru se había inclinado hacia un lado completamente distinto en ese momento.
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Satoru empezó a seguirlo más desde entonces, solía quedarse con él después de clases, a preguntar si podían ver una película juntos o salir a comer a algún restaurante al terminar alguna misión.
Yuji estaba algo reacio al inicio, pero al final la actitud de Gojo había mejorado, no dejaba de ser un mocoso engreído, pero al menos con él había empezado a esforzarse en ser un mejor alumno. El chico disfrutaba genuinamente de su compañía, además de elogiar su estilo de lucha que para la mayoría solía ser muy rudo por el hecho que tendía a limitarse al cuerpo a cuerpo, pero Gojo parecía tener un gusto particular por ello que no lograba entender del todo.
A menudo le solía pedir lecciones de combate cuerpo a cuerpo, aunque le había sugerido pulir su técnica primero, aceptó porque nunca estaba demás saber golpear, además que Gojo se veía más que feliz mientras ambos luchaban, especialmente si era él peli-rosa quien salía con la delantera… Pero simplemente estaba contento de que el chico se abriera más al aprendizaje y a estar con él.
Junto a la confianza que Itadori le brindó vino el contacto físico. Yuji estaba consciente de que ambos eran bastante expresivos físicamente, empezando por revolver los suaves cabellos blancos del chico y continuando con abrazos de felicitación. La primera vez fue Satoru quien se había acercado con este último como una petición después de un entrenamiento.
—¿No cree que merezco un abrazo Sensei? —Satoru había abierto sus brazos esperando su respuesta.
Él simplemente pasó su brazo sobre los hombros de Satoru y lo felicitó. Él peli-blanco había hecho una cara de inconformidad, y tanto Shoko como Suguro se habían burlado de él.
Realmente no le disgustaba para nada ser así de cercano al chico, en realidad era el hecho de que su marca solía dejar una sensación cálida en su piel, especialmente con el contacto físico. Se preguntaba si era lo mismo para Satoru, pero él chico se veía tranquilo todo el tiempo, así que se sintió algo culpable al respecto, no podía negarle al chico su cercanía por sensaciones confusas en su piel y las dudas de su mente. Él era el adulto, y tal como se le había enseñado, era su obligación proteger a los más jóvenes. Así que lo mejor era enterrar el cosquilleo en su piel y la calidez que su corazón dejaba tras cada latido por la cercanía de Satoru.
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Entre más tiempo pasa Yuji junto a Satoru, menos se da cuenta de lo codiciosos que pueden llegar a ser el uno con el otro. No es hasta que Gojo orbita a su alrededor todo el tiempo que se da cuenta de lo solo que se encontraba la mayoría de las veces, aun estaban Megumi y Nobara junto a los incontables hechiceros que había conocido a lo largo de los años, pero a veces era consciente de lo mucho que se distanciaba de sus seres queridos, tendía a confundir su propio espacio con la reclusión de si mismo. Era más fácil lidiar con la mente si estaba solo, o al menos es lo que pensaba. Satoru se ha sentado junto a él en sus malos días, ha bromeado y ha guardado silencio, le ha levantado el animo con su presencia y ha aligerado el ambiente con sus palabras presumidas que ocultan una intención de bromista para animarlo.
Yuji lo deja quedarse, le permite acompañarlo porque siente que están bien con ello. No sabe si sus marcas hacen que la comprensión y entendimiento entre ambos sea a un nivel distinto que las demás personas, pero está igualmente agradecido con Satoru por ello, así que devuelve el favor acompañando al chico tanto como este le permita, lo aconseja y Satoru lo escucha a pesar de que finge no prestarle atención para no dañar su ego. Yuji está seguro de que algún día el será el más fuerte, y está feliz de formar parte de sus conocimientos y de ser parte de su vida.
Al final del día, son las personas a su alrededor quienes hablan al respecto de lo que él y Satoru no nombran, Megumi y Nobara son los primeros en molestarlo con que ya no lo veían solo ya que siempre estaba Gojo a su alrededor. También están las bromas de los compañeros de Satoru sobre que lo único en lo que puede pensar y hablar es sobre su Sensei. Está consciente de que se están volviendo más cercanos cada día, la confianza entre ellos es mayor e Itadori no quiere soltar lo que sea que tengan ambos, porque se siente bien la forma en que se llevan.
—¿Por qué decidió ser maestro? —pregunta Satoru después de una misión.
La pregunta lo regresa a su época de la escuela, cuando él también era un estudiante novato que cometía locuras impulsivas en busca de ayudar a los demás, aun lo hace, pero está más consciente de sus acciones antes de arrojarse al precipicio.
—Hace varios años, le prometí a alguien que cuando muriera estaría rodeado de personas a las que aprecio. Después de graduarme y trabajar como hechicero un par de años me di cuenta de que la enseñanza era lo mejora para lograr algo así. —El rostro de su abuelo cruza por su mente, en aquellos años estuvo realmente solo hasta que el mundo de la hechicería le había abierto la puerta a nuevas personas a su vida, así como a quitárselas sin previo aviso —. ¿Estarás ahí cuando muera para cumplir el deseo de tu Sensei?
Gojo lo observó con algo ilegible en sus ojos detrás del oscuro cristal de sus lentes. Al final colocó su mano sobre la suya y apretó su palma, en respuesta el apretó su mano de vuelta, ya que la expresión de Satoru parecía entre molesta y nostalgia por sus palabras.
—No quiero que sensei muera. —fue todo lo que le dijo ese día, pero habían pasado tomados de las manos durante un buen rato hasta que tuvo que atender otra misión y dejar la cálida mano de Satoru atrás.
Ese momento dio pie a más toques entre ellos, más abrazos y gestos cariñosos, y Yuji empezó a temer porque sus propios sentimientos iban en contra de sus principios autoimpuestos al inicio. Quizá el solo estaba tomando demasiado de este chico y por eso se estaba encariñando, quizá era la marca en su cuerpo que lo impulsaba a recibir y dar el contacto gustosamente.
Pero Satoru seguía sin mencionar nada sobre su marca al respecto, por lo que Yuji simplemente calló todo y lo escondió junto a las sensaciones que su marca solo potenciaba y anhelaba del más joven, dejándolos fuera de la vista como solía hacerlo con las letras en su cuerpo. Es más fácil así, no hay palabras incómodas que interrumpan su buena dinámica ahora, y Yuji quiere tener eso tanto como pueda y le sea permitido por Satoru.
Al final es el mismo peli-blanco quien lo sorprende como siempre.
—¿Quieres saber dónde está mi marca? —La pregunta lo sacó de su concentración por la película que estaban viendo momentos antes —. Puedo mostrársela si Sensei quiere verla.
Yuji se quedó sin palabras por su repentina voluntad de hablar de la nada al respecto, la película ni siquiera tenía algo relacionado al destino o siquiera al romance ya que él mismo las evitaba precisamente para no sacar el tema de forma incomoda, aunque se había visto tentado por ello antes.
Satoru se levantó y Yuji lo siguió con la mirada, el chico estaba de pie frente él, esperando alguna señal para mostrar la dichosa marca para él. De alguna forma se sentía algo prohibido, demasiado íntimo, era como mostrar un fragmento del alma en tu piel, solo que ese fragmento no pertenecía a si mismo, si no a la persona que tenía enfrente, después de todo tenía su nombre. Pero se siente tentado a ver su propio nombre en la piel del chico, se ha preguntado muchas veces en dónde podría estar grabado y en como luce en una piel tan clara como la de Satoru.
Supone que su expresión delata sus verdaderos deseos, ya que Satoru levanta su sudadera y lleva la punta a su boca, no trae nada debajo, por lo que es imposible para Yuji no ver la piel como nieve que se extiende por su esbelta figura. Él peliblanco lleva la punta de sus dedos al elástico de sus pantalones y empieza a bajar lentamente la tela, es entonces que Yuji toma sus manos y las detiene, Satoru se ríe de él y siente la cara caliente, en respuesta el chico baja un poco más sus manos, revelando las letras en su vientre bajo.
Itadori Yuji se lee con claridad.
Yuji se queda mirándolo durante unos segundos, como si al parpadear el nombre fuese a cambiar por el de otra persona, pero no lo hace, sigue siendo su propio nombre, así que suelta una de las manos de Satoru y pasa sus dedos sobre las letras. La blanca piel se eriza bajo su toque y el albino deja salir un suspiro contenido. Yuji siente que el calor se a extendido hasta su pecho, hormigueando bajo su clavícula y llenando de calor su pecho. Él chico lleva su mano libre hacia arriba para sostener su sudadera y poder liberar su boca.
—¿Puedo verla? —pregunta Satoru al verlo perdido en las letras de su vientre. Está más que complacido de ver la reacción de su Sensei, por lo que fiel a su forma de ser quiere más.
Yuji duda durante unos segundos, pero le parece justo después de todo, así que finalmente retira sus manos de él y se quita la camiseta de manga larga que llevaba puesta. Su marca está en un área más simple a la vista, no se encuentra en un área tan intima como la del más joven, por lo que ese hecho lo cohíbe más de lo que esperaba.
Satoru se inclina y desliza suavemente la punta de sus dedos por el hombro de Yuji hasta bajar por su clavícula y dejar su mano posada sobre su marca. Regresa la punta de su sudadera a su boca y se sienta sobre las piernas de Yuji, esté quiere protestar ante su acción empujándolo suavemente hacia atrás, pero aprovecha el nerviosismo del peli-rosa para tomar su mano y llevarla hacia su vientre, cubriendo con la mano de Yuji su propio nombre. Ambos se quedan quietos con el sonido de sus respiraciones llevando el ambiente.
Se siente increíblemente cercano, íntimo, Yuji está seguro de que ni siquiera el sexo le a brindado esa intimidad antes, y sintiendo el golpe de su corazón contra sus costillas puede imaginar que Satoru está consiente del estado en que se encuentra. Sus ojos se dirigen al rostro del chico de forma automática, siente que su corazón vacila por miedo a encontrar algo malo en su expresión, pero contrario a sus inseguridades el joven lo ve con seguridad, sus mejillas están teñidas de un suave rosa, pero las punta de sus orejas se encuentran rojas, Yuji siente que su corazón se ablanda aún más.
No sabe cuanto tiempo pasan así, pero Satoru parece satisfecho con lo que obtuvo y se inclina hacia su rostro, sus respiraciones se mezclan entre sí, sintiendo el temblor en las expiraciones del chico evidenciando que está nervioso. Yuji se ríe de eso, y Gojo parece que está aturdido por el sonido de su risa porque esconde su rostro en su cuello, sintiendo el leve olor a cigarrillos que el peli-rosa tiene junto a su aroma naturalmente dulce. Después de un rato deja un beso sobre su nombre en la piel del peli-rosa, provocando un escalofrío que lo recorre de la cabeza a los pies. Yuji rodea con sus brazos a Satoru y los presiona en un abrazo necesitado de afecto y contacto, pero eso es todo lo que hace por el momento.
Es el sonido del estómago hambriento de Satoru es lo que finalmente los separa. Él albino se niega a despegarse, pero acepta a regañadientes cuando Itadori promete prepararle algo a cambio. Cuando se levantó de su regazo Yuji lo sostiene de las caderas, levantando con una mano su sudadera y con la otra bajando suavemente el elástico de sus pantalones, dejando apenas un roce con sus labios en la marca de su nombre.
Satoru sintió que las piernas le fallaban en ese momento, y agradeció que Itadori se haya levantado de inmediato para ir a cocinar para que no viera el evidente problema que ese roce había dejado en sus pantalones.
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El momento íntimo entre ambos al tocar sus marcas se vuelve más frecuente, los toques han incrementado y no se han limitado a las letras en sus cuerpos, han explorado algunas áreas más y Yuji a dejado besos en las mejillas de Satoru a pesar de que está consciente que son sus labios los que Gojo busca.
El chico le a dicho acurrucado en su cuello que lo quiere, y a pesar de que él está más que feliz de escucharlo, se niega a dejar que escale aún más, está consciente de que si lo hace no habrá vuelta atrás, que no dejará ir a Satoru a algún otro lado y de que lo más probable es que el peli-blanco haga lo mismo de vuelta. Pero aun duda, aun es inseguro sobre lo que podría ofrecerle a Satoru en una vida caótica como lo es siendo un hechicero, siendo mortal y con la muerte esperándolos en cada misión.
Pero Satoru es codicioso, es y será el más fuerte por mucho tiempo, por lo que no teme perder nada y decide dar por su cuenta los pasos de los que Itadori duda.
Cada vez es más atrevido con sus toques y lleva sus labios ansiosos hasta los de Itadori cuando menos se lo espera, robando besos cuando nadie los está viendo y demandando más caricias por las que está ansioso de dar y recibir. Finalmente, Itadori se deja llevar por esta dinámica demandante que Satoru a empezado porque no encuentra la fuerza necesaria para negarse ante él.
Esto los empuja a situaciones más comprometedoras, Satoru es joven y sus hormonas están como locas teniendo a alguien como Itadori con él, cada vez se contiene menos y gana confianza con cada reacción positiva que obtiene del peli-rosa. Lo ha acorralado contra las paredes durante las misiones y besado hasta dejarlos sin aliento. Ha empujado sus cuerpos para no dejar que ni el aire pase entre ellos. Está totalmente embriagado de su maestro, un vicio del cual nunca obtiene lo suficiente y siempre quiere más, una droga que lo mantiene en lo más alto a cada momento y que por lo tanto se niega a soltar.
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Durante las clases Satoru quiere presionar a Itadori contra el escritorio donde le imparte clases aburridas sobre dominios que ya conoce, quiere inclinarlo sobre esa superficie y tomar todo de él ahí mismo. Desea profundamente tomar todo lo que esté a su alcance y dejar a Yuji vacío de cualquier otra cosa para llenarlo solo de él. Así que eso es precisamente lo que se dispone a hacer cuando la clase termina y sus compañeros van diligentemente a la misión que Yuji a dejado en sus manos. Esta seguro de que también mencionó una para él, pero puede encargarse de eso después.
—¿Pasa algo, Satoru? —Yuji se gira a verlo cuando nota que se acerca a su escritorio —Se que la misión es más facial para ti, por lo que decidí enviarte solo, puedo pedirle a alguno de los chicos que te acompa-
Gojo lo acorrala contra su escritorio y lo besa de forma impaciente, Yuji le sigue el ritmo a pesar de lo inesperado de las acciones del chico, pero no niega que lo disfruta, está igual de ansioso que él, pero su posición como maestro lo mantiene atado a no tomar la iniciativa a pesar de que su alma anhela el toque del albino. Satoru a entendido eso, y está más que dispuesto a tomar todo lo que Itadori tenga para ofrecerle. Lleva sus manos hacia la parte trasera de los muslos de Yuji y lo levanta para dejarlo sobre el escritorio.
Yuji jadea entre besos, haciendo que se impaciente y Satoru tire de su camisa negra para arrojarla a algún lugar del salón. Pasa sus manos descaradamente por todo el torso desnudo de su maestro, apretando con ambas manos sus pectorales mientras continúa besándolo. Sus ojos bajan a su nombre sobre la piel de Yuji, hay algo magnético en sus marcas que hace que solo verlas ablande su corazón, un lazo que los une y les recuerda que le pertenecen el uno al otro, y está seguro de que no podría haber nadie más perfecto para él que Itadori Yuji.
—Satoru, alguien podría vernos… —la voz de Yuji es interrumpida nuevamente por la boca del chico sobre la suya.
—¿Tiene miedo de ser visto, Itadori-sensei? O ¿le emociona que alguien nos vea? —Gojo dirige sus besos hacia el cuello de su maestro, aventurándose hacia la marca de su propio nombre en la clavícula de Yuji. Él peli-rosa ni siquiera está seguro de en qué momento perdió su camisa.
Esta situación es por demás comprometedora, Yuji está consciente de que esto no está bien, no mientras Satoru sea su alumno y él su maestro en la academia de hechicería, pero se pierde entre las caricias y besos que el albino deja ansiosamente sobre su cuerpo, en las palabras cariñosas y en su cálida compañía que hace de sus días menos solitarios y los hace más como una avalancha de nuevas emociones. No sabe el momento exacto en que su relación escaló a esto, en qué momento las lecciones sobre maldiciones y dominios pasaron a ser besos y caricias sobre el escritorio, a manos por encima y bajo la ropa…
Probablemente ya tenga la respuesta a eso desde que el destino puso sus nombres en la piel el otro.
—No se preocupe Sensei, le daré todo lo que quiera en el mundo, solo pídalo y será suyo. —Satoru susurra contra su oído mientras sus manos se aventuran bajo su pantalón y vuelve a besarlo en cuanto su boca intenta articular alguna palabra.
Su cuerpo se retuerce bajo las caricias y se da cuenta de lo que se ha negado a si mismo hasta ahora, de lo bueno que tiene ante sus ojos, al amor que Satoru está dispuesto a darle gustosamente y a las caricias y palabras de las que ninguno de los dos se cansa de entregar. Yuji siente su corazón latiendo de forma desembocada en su pecho.
Siente la marca sobre su piel grabada en su alma.
Por más que quiera, ya se a dejado llevar por lo que tanto reniega, está cansado de enterrar sus propios sentimientos por miedo, cuando Satoru a estado todo este tiempo más que dispuesto a conocerlo, consiente de que las marcas en sus cuerpos los habían unido desde su nacimiento. Se había tomado el tiempo de conocerlo y descubrir capa a capa la persona que era. Un escalofrío recorre su espalda con el calor acumulándose en su vientre ante las caricias de Satoru, es más rápido de lo que usualmente le toma llegar a ese punto, pero está ansioso por entregar más de sí al peli-blanco con la seguridad de que hará todo lo posible por mantener su corazón y alma a salvo.
—Te amo —es lo que le dice Satoru acelerando el ritmo de su mano, y es todo lo que Yuji necesita para que su cuerpo se tense y su vista se vuelva borrosa por el placer.
Su respiración es agitada y su cabeza está flotando, tratando de recuperarse. Satoru deja varios besos en su rostro para traerlo de vuelta, haciendo que su corazón se mantenga agitado por la atención, está algo avergonzado por su corta duración, pero el chico no deja de repetirle halagos entre besos que lo hacen sentir que su cara está ardiendo, está aturdido, pero más feliz que nunca.
Yuji se ríe mientras entierra su rostro en el cuello de Satoru, probablemente deban ir a un lugar más apropiado para continuar, pero en ese momento solo quiere disfrutar de la calidez que le ofrecen las manos de Satoru y de la marca que une a sus almas para siempre.
