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La pelea en contra del rey koopa había alcanzado su final, el antes grande y temible Bowser ahora se encontraba en una forma tan miserable y humillante. El sabor de la derrota amargaba su paladar y ocasionaba una furia incontrolable en su ser, pero ese sentir no se comparaba con la humillación de ser atrapado en aquel frasco como si de un insecto se tratara.
Fue testigo de las ovaciones y felicitaciones que recibió el fontanero de traje rojo. Ver como esos seres insignificantes lo glorificaban y engrandecían a mas no poder, definitivamente era un completo dolor de cabeza.
Su ego había sido golpeado y masacrado ese día, sería un mentiroso al decir que no le dolió, pero lo que más le afecto fue ver a Peach, su adorable princesa elogiando al fontanero mientras le regalaba un beso en forma de gratitud. La imagen de Peach sonrojada mientras reía suavemente al terminar de rosar sus delicados y pequeños labios en esos regordetes y sudorosos cachetes lo atormentaban. Como era posible que sin dudar alguna ella mostrara ese acto de amor y dulzura por un simple humano de clase baja.
Durante toda la celebración fue cargado por Luigi, nunca lo demostró, pero agradeció que fuera aquel hombre cobarde y tímido quien lo mantuviera en brazos. La mayoría de las personas iban en busca de la atención de Mario por ende el hermano menor de este pasaba desapercibido, incluso pareciera que no existía. Realmente él era un perdedor cualquiera que vivía bajo la sombra de Mario.
A mitad de aquel fastidioso festejo fue llevado a una triste habitación donde fue abandonado. El estar solo lo hizo de cierta manera pensar los hechos, todavía no podía creer que había perdido, tenía todo para ganar entonces, ¿Por qué era él, el perdedor?
Simplemente era injusto
A pesar de su apariencia Bowser era un ser algo sensible. Como rey llevaba una carga pesada. A pesar de sus logros y victorias en el campo de batalla, había algo que le carcomía por dentro. Una profunda sensación de vacío y descontento lo atormentaba constantemente. A pesar de su apariencia intimidante, se sentía solo y cuestionaba su propósito en la vida, ahora más que nunca era victima de ese pensamiento.
Antes de seguir sumergiéndose en sus deprimentes pensamientos escucho como la puerta se abría y un ser para nada agradable entraba.
- ¿Qué haces aquí verde? - Cuestiono el Koopa sin ganas de saber realmente la verdad de su inesperada visita
- ¿Cómo que, ¿qué hago? No planeo dejarte solo, eso es un poco deprimente- Hablo con nerviosismo, a pesar de que Bowser ya no era gigantesco todavía era intimidante, Luigi había sido su prisionero y sabia de primera mano lo terrible que podría ser
-espera… no quise decir eso...- Tartamudeo un poco el fontanero, por el nerviosismo digo algo que posiblemente podría poner de mal humor al Koopa. Había perdido la batalla y la princesa lo había rechazado, era obvio que estaba deprimido y conociendo el temperamento de Bowser nunca aceptaría el decir que estaba triste o cualquier otra emoción que demuestre alguna “debilidad”.
Estaba listo para recibir un grito o un insulto, pero en su lugar vio un Koopa serio, pero para nada molesto.
-No te voy a gritar, sé que eres un idiota y dudo mucho que se te quite lo estúpido con un simple grito-
-Eso es un poco hiriente, pero lo tomare como un logro, ¿Quieres pastel? -Menciono mientras extendía un plato con una gran rebanada de pastel.
Después de esta acción no tuvo duda, el hermano menor de Mario era un completo idiota, un idiota que posiblemente seria su llave a la libertad.
Eso fue lo que pensó en ese entonces.
……. ……………. …………….
El tiempo paso, no podría decir que se había acostumbrado a estar en aquel frasco, pero si se había hecho menos tedioso por Luigi. El antes mencionado siempre procuraba no dejarle solo, le hacía compañía casi todo el día, las únicas veces que lo dejaba sin supervisión era cuando tenía que bañarse o había surgido un trabajo de plomería.
A pesar de que se la pasaba hablando todo el día no le parecía molesto incluso llegaba a disfrutar las conversaciones triviales que entablaban. Los paseos que daban de vez en cuando fuera del reino champiñón le parecían tan pacíficos y disfrutables. Luigi era nuevo en ese mundo y el preguntarle por cualquier planta o ser que se les presentaba en el camino era común, siempre curioseando e intentando aprender más de ese mundo tan colorido y único. Con cada día que pasaba la curiosidad de Luigi aumentaba, pero no era el único, Bowser se empezó a interesar por el hombre bigotudo, quería saber más de aquel ser tan insignificante y llorón.
Hace una semana atrás la presencia del fontanero le parecía tan indiferente, lo único que llegaba a sentir por él era desprecio, pero ahora podría decir que lo toleraba.
-Las plantas piraña me parecen tan aterradoras, pero a la vez me gustan mucho-Hizo unos de sus tantos comentarios sin sentido, o sin sentido para él.
-Me lo esperaba de ti, si hasta le tienes miedo hasta tu propia sombra- Comento de una forma divertida y aun que se rio de ello pareciera que había sido un comentario amistoso, como si un amigo te estuviera molestando por un rato pero que verdaderamente no pensara enserio de ello.
-Las plantas pirañas me recuerdan a ti. Son grandes y geniales, a veces dan miedo, pero eso solo las hace más interesante. Son terroríficamente impresionantes, además hay unas que tienen pinchos- comento de lo más normal, no lo había pensado mucho pero verdaderamente tenían similitudes -Por ser tan únicas es que me gustan mucho- Con esto último se refería a las plantas, pero el koopa en ese entonces no podía saber aquello.
“Por ser tan únicas es que me gustan mucho”
Fue la frase que quedo marcada en su cabeza, si las plantas piraña le gustaban y a su vez este le recordaba a él, entonces ¿Luigi lo quería? ¿Luigi lo amaba?
No pudo quitar aquel pensamiento de su cabeza, el imaginar que posiblemente Luigi lo quisiera no le parecía molesto si no todo lo contrario, le había alegrado el día. En todo este tiempo que estuvo vivo no había recibido palabras similares, palabras sinceras que fueran dichas a si su persona, palabras lindas que no fueran dichas sin sentimiento o dichas con la finalidad de ganar su simpatía.
Ese fue la primera vez que sintió que el plomero no era un estorbo sino más bien una compañía reconfortante.
………… ………………. …
Otro día más transcurrió. Una tarde tranquila y relajada donde se encontraba en casa de los hermanos. Estaba acomodado en el comedor mientras leía un libro de cuentos de hadas que pertenecía al mundo de los gemelos. Nunca había leído algo similar, eran cuentos fantasiosos que posiblemente eran difíciles que sucedieran en Brooklyn, pero posible que sucediera en el reino champiñón.
-Bowser, te hice unas galletitas- Exclamaba un alegre fontanero -Mira tienen forma de caparazón- Hablo alegremente mientras se dirigía al frasco. Tomo la tapa de este y la abrió.
Luigi no se había percatado pero el rey koopa estaba un poco sonrojado y como no estarlo si hace poco el menor se le había declarado o eso era lo que Bowser creía.
-Las más pequeñas casi no me salieron, es difícil hacer detalles a algo tan chiquito- Comento mientras con cuidado depositaba unas cuantas galletas en un platito pequeño y se lo pasaba.
El rostro del fontanero estaba tan cerca y su diminuta figura no ayudaba, tenía todo un panorama del rostro ajeno. Una chispa de curiosidad y fascinación surgió en los ojos de Bowser al ver a Luigi de cerca. Había algo en su mirada tan dulce y a la vez enigmática que la atraía irresistiblemente.
- ¡Luigi! - Un grito se hizo presente en aquel momento tan pacifico. Aquel bramido asusto al mencionada casi logrando hacer que tirara las galletas restantes, pero logrando salvarlas por pura suerte.
- ¿Qué paso Mario? - Pregunto un preocupado y tembloroso Luigi
-Te he dicho muchas veces que no bajes la guardia con Bowser. No deberías de meter las manos en ese frasco- Le regaño el mayor. Cuando se trataba de esa tortuga desquiciada era mejor tener precauciones.
-Pero solo le estaba dando galletas- Intento justificar sus acciones, después de todo aun que el koopa era su prisionero no significa que lo trataran mal. No tenía pensada solo abrir el frasco y tirarle la comida por encima, eso era demasiado grosero.
-Aun así, no bajes la guardia-El mayor no le había hecho caso y seguía en su afán de regañar al menor -Sabes muy bien que no es de confiar, ese monstruo no dudaría en escapar a la primera oportunidad que se le presente- Mario había sido un poco duro, pero era necesario. Luigi era un poco descuidado, siempre su hermano esperaba lo mejor de las personas, por ello, era muy fácil de manipular.
- ¡oye!, si sabes que el frasco no es aprueba de sonido. Intenta de ser más amable por favor- menciono el menor de los gemelos, un intento de defender a Bowser.
- ¡Mama mia! - Fue su única respuesta a tal petición, le frustraba cuando su hermano se ponía así de necio.
Por suerte esa pequeña riña dio final en ese instante. A ninguno de los dos les gustaba pelear entre ellos además de que el tema de la discusión era un tema que no valía la pena.
Para los hermanos fue algo pasajero, pero era todo lo contrario para Bowser. Nunca nadie había hablado en su defensa o se había puesto de su lado en una discusión. Se le había hecho algo lindo y reconfortante. Una sensación tan cálida y nueva para él.
Quizás podría acostumbrarse a ello.
Nuevamente el tiempo transcurrió rápido y sin trabas, ya había pasado cuatro días desde aquella pelea y catorce días desde que había sido encarcelado en aquel frasco. Para Bowser cada día que pasaba era más difícil no sentirse atraído por el del overol y playera verde. Se dio cuenta que verdaderamente era una persona sencilla pero verdaderamente agradable. Era muy sensible, tímido y lloraba por todo. Una descripción perfecta para un perdedor, pero para sus ojos una linda descripción de una persona maravillosa como lo era Luigi.
Esa misma tarde paso algo inesperado, un par de guardias Toad aparecieron en el hogar de los fontaneros y se llevaron el frasco que contenía a Bowser. Al parecer cada día que pasaba Luigi bajaba la guardia y empezaba a simpatizar con el prisionero, lo cual no solo preocupo a Mario sino también a la monarca del reino champiñón. Era evidente que no faltaba mucho para que Luigi cometiera un error y Bowser terminara nuevamente libre para crear un nuevo plan en contra de todos ellos.
Al inicio Luigi había hecho lo imposible para impedir que se lo llevaran, después de todo al llegar a este reino de fantasía Bowser era su único acompañante y amigo con quien pasaba el tiempo.
Luigi realmente no quería perderlo.
A los ojos de los demás e incluso de su familia, Mario fue siempre un joven talentoso, carismático y exitoso en todo lo que emprendía. Su presencia irradiaba confianza y todos parecían gravitar a su alrededor.
Luigi, en cambio, era más reservado y tímido. Aunque poseía sus propias habilidades y talentos, siempre se encontraba a la sombra de su hermano. Los logros de Mario se destacaban y eclipsaban los suyos, generando en Luigi una sensación de insignificancia y falta de valor propio.
A medida que crecían, las comparaciones y las expectativas de los demás pesaban cada vez más sobre Luigi. Se sentía como un actor secundario en su propia vida, mientras Mario ocupaba el centro del escenario. A pesar de sus esfuerzos por destacar y brillar por sí mismo, siempre se encontraba en la sombra de su hermano, quien parecía absorber toda la atención y el reconocimiento. Ya se había acostumbrado a ello, incluso ya no le tomaba importancia, pero desde el día en que Mario se convirtió no solo en el héroe de Brooklyn si no de un reino completo nuevamente esa sensación empezó a carcomerlo por dentro. Él también había ayudado a pelear contra Bowser, él había ayudado y apoyado en todo momento a su hermano y entonces.
¿Por qué nadie lo felicitaba?
Luigi anhelaba ser reconocido por sus propios méritos, quería que sus logros fueran valorados y celebrados. Una vez más sentía la presión constante de vivir a la sombra de su hermano, lo que le generaba una mezcla de envidia, tristeza y frustración. Cada logro de Mario se convertía en una herida que reabría sus propias inseguridades y dudas.
Si a todo este conflicto emocional le agregamos que su hermano mayor ya no estaba tan presente como antes debido a que pasaba una gran parte de su tiempo a lado de la princesa, simplemente tendríamos como resultado un Luigi vacío, deprimido y frustrado, eso claro de no ser por Bowser. El aferrarse a ese frasco y a ese koopa le había permitido a Luigi el poder afrontar el ser el segundón. Que no le afectara el que los demás se dirigieran a él como “el hermano de Mario” y no por su nombre de pila.
Mario nunca podría comprender aquello, nunca sabría el que se siente ser una extensión de su hermano. Era algo que solo el segundón de Luigi podía experimentar, un papel hecho solo para él.
A pesar de su negativa a que se llevaran al rey koopa lo inevitable sucedió, le quitaron esa responsabilidad de cuidarlo, sin embargo, no el privilegio de visitarlo. Ahora se encontraba en una celda colgante en una de las tantas habitaciones del castillo de la princesa Peach. Al inicio se sintió mal cuando lo separaron, pero se dio cuenta que era mejor, ahora Bowser contaba con un espacio más amplio y más aparte estaba atendido las veinticuatro siete por guardias que le facilitaban rápidamente todo lo que este ocupara.
-Ayer hubo una tormenta horrible, no sabes cuanto odio los truenos- Menciono el fontanero de verde. Esta era la tercera visita que le hacía a Bowser. Por lo general lo venía a visitar en las tardes, se quedaba un par de horas y se retiraba a su hogar.
-Losé verde, lo primero que pensé al inicio de la tormenta era que seguramente estarías llorando en una esquina de tu cama- No quería ser grosero, pero le daba pena que los guardias vieran esa faceta amable de la cual casi no enseñaba a nadie.
-Si tienes razón, soy un poco predecible- Comento sin ganas, desde que los habían separado las pláticas ya no eran tan divertidas y espontaneas como antes. Sentía como le respondía solo por no dejarlo hablando solo
-Creo que ya es hora de que me vaya, siento que te haga perder tu tiempo-
-No es como si tuviera algo más que hacer- hablo rápidamente en un intento de retener un poco más a Luigi. Hace apenas una hora que había llegado y ya se marchaba. No quería admitirlo, pero le afectaba, ya se había acostumbrado a su presencia que no podía estar a gusto sin ella.
-No te preocupes ya me voy- Al parecer el fontanero había malinterpretado su comentario – pero antes de irme quería darte esto- Alzo una bolsa que traía consigo, la abrió y de ella saco un pequeño piano, el cual traía consigo su propio banquito.
- A de ser aburrido el estar todo el día en un solo lugar y como te gusta tocar el piano pues… decidí traerte uno-
De un momento a otro Bowser se sintió mal, se sintió tan mal de a ver tratado tan indiferente a Luigi. El fontanero era tan amable y comprensible con él, pero por pena a qué dirían los demás lo trato tan frio y cruel.
No le dio tiempo de agradecerle o despedirse, ya que solo hizo falta unos segundos para percatarse que ya no estaba el fontanero en aquel lugar.
Esa noche reflexiono todo lo ocurrido y se dio cuenta de algo preocupante, no solo veía a Luigi como amigo si no como algo más. Al parecer el fontanero lo había logrado, había hecho un espacio en su corazón y ahora era él quien ocupaba ese lugar, todo esto en un tiempo récord.
Después de ese día se decido a conseguir el amor de aquel ser de luz, él sería aquel que gobernara a su lado, de eso no tenía duda.
…….. ………… ……..
Solo basto un día más para que un anoticia aterradora recorría todo rincón del reino champiñón.
Bowser había escapado
Era lo que los aterrados Toad no dejaba de comentar aquel día nublado, una noticia amarga y para nada agradable. Todos temían lo que podría suceder desde ahora, todos claro menos un fontanero de gorra verde. Al escuchar que Bowser estaba libre, le había alegrado. Luigi sentía que traicionaba a su hermano y todos sus allegados, pero no podía evitar sonreír a la idea. Esperaba que el rey koopa hubiera llegado sano y salvo a las tierras oscuros y que pronto escuchara noticias de él.
En lo que esperaba que el destino los volviera a unir empezó a trabajar en su baja autoestima. Comenzó a explorar sus propios intereses y pasiones, lejos de la sombra de su hermano. Se sumergió en la pintura y encontró en los lienzos una forma de expresar su propia voz, libre de comparaciones y expectativas externas.
Poco a poco, Luigi fue descubriendo su propio brillo, su propia luz. A medida que se sumergía en su arte, encontró una conexión profunda consigo mismo y comenzó a cultivar una autoestima sólida y auténtica. El camino sería largo, pero estaba seguro de que iba por el sendero correcto.
A través de la pintura, encontró una manera de expresar sus emociones más íntimas y poco a poco iba liberándose de la sombra que lo había acosado durante tanto tiempo.
Un mes basto para que pudiera nuevamente sobrellevar el ser el hermano menor del héroe de aquel reino, todo marchaba de maravilla hasta ese fatídico día.
No recordaba cómo había sucedido, solo en su cabeza pasaban imágenes confusas de ese día, había salido como de costumbre a pasear un rato a las afueras del reino champiñón de ahí en mas todo era borroso.
Escucho un fuerte estruendo, unos pasos acercarse a él, al igual que voces que cada vez se hacían más audibles, posteriormente todo le daba vueltas, vio borroso para al final ver oscuridad.
Sus párpados se abrieron lentamente mientras su cerebro intentaba procesar la información sensorial que su cuerpo estaba recibiendo. Miro alrededor, intentando identificar su ubicación, pero no reconocí nada. ¿Dónde estaba? ¿Cómo había llegado allí? Las paredes estaban cubiertas por un suave papel tapiz de tonalidades rojas, que le otorgaban un aire acogedor e íntimo a la habitación, contrastaba con la luz que entraba por las grandes ventanas que esta poseía.
El suelo era de madera oscura, que contrastaba con las paredes y acentuaba la sensación de profundidad y amplitud de la habitación. Los muebles, cuidadosamente escogidos, eran en su mayoría de madera oscura y con detalles dorados.
En una esquina de la alcoba, un pequeño escritorio de roble estaba ubicado a lado de una ventana, con una silla tapizada en terciopelo rojo. Una lámpara de mesa iluminaba el área, creando un espacio ideal para trabajar o leer.
El centro del cuarto lo ocupaba una gran cama con dosel de terciopelo color rubí intenso. La ropa de cama, también de tonalidades rojizas, en aquella cama es donde él se encontraba, acostado en esas suaves sabanas de ceda que acariciaban su piel. La sensación que dejaban al tacto era única, nunca había experimentado algo así, era realmente cómodo, sin embargo, se decidió a levantarse.
Se incorporo de la cama y observo su cuerpo. Todavía vestía la ropa de la noche anterior, su cabeza estaba nublada y no podía recordar cómo había llegado allí. Se levanto y di unos pasos hacia la ventana para ver el exterior. Era una vista hermosa de un panorama particular. Se encontraba en una torre enorme, eso se podía distinguir debido a que la copa de los árboles secos le quedaba muy lejos desde arriba, aun así, las plantas pirañas se lograban distinguir a lo lejos al igual que esa luz rojiza en particular que se veía emanaba de abajo, pero no lograba reconocer nada.
De repente, la puerta se abrió y una figura conocida entró en la habitación con una bandeja de comida. Lo miró con una sonrisa acogedora y dijo:
"Buenos días, ¿cómo te encuentras?".
No sabía que estaba ocurriendo exactamente, pero le alegro ver al rey koopa enfrente suyo, ellos dos eran por así decirlo amigos, así que no había que temer, ¿Verdad?
-Bowser ¿Dónde estamos? – Pregunto ingenuamente el menor
-No es obvio, en las tierras oscuras-
- ¡oh! Eso explica la luz rojiza que vi. La lava verdaderamente ilumina mucho- Comento juguetonamente mientras se acercaba al koopa, sin que se lo esperara le robo un abrazo, hace mucho que no se veían y él verdaderamente lo extrañaba mucho. Bowser no hizo nada más que disfrutar aquel contacto, esa sensación tan cálida que se le habían negado por tanto tiempo.
Luigi se alegó un poco y poso su vista a lo que tenía entre sus manos. Un recipiente pequeño de fruta, jugo y un par de tostadas. Un desayuno sencillo pero que no despreciaría.
Como hace mucho no hacían, se sentaron a desayunar juntos. Hablaron de todo lo ocurrido, como era que Bowser había conseguido escapar y que había hecho a su llegada, incluso le confeso a Luigi que durante su confinamiento reflexiono todo lo que había hecho en su vida y que se había dado cuenta de que su fuerza física no era suficiente para encontrar la paz y la plenitud que tanto anhelaba. Reconoció que había pasado gran parte de su vida buscando la aprobación de los demás a través de la violencia y la dominación, pero eso no le había traído verdadera felicidad ni satisfacción. Abrió su corazón y le confeso que el estar conviviendo todo este tiempo con él le había traído esa paz que buscaba. Él había complementado ese vacío que tenía tanto en su corazón como en su alma.
Por otro lado, el fontanero lo escuchaba atentamente, y se dio cuenta de algo, Bowser había malinterpretado todo, había confundido amabilidad con amor. Por una parte, no lo culpaba ya que estaba al tanto de que este no había recibió el afecto que tanto anhelaba y además no creía que fuera tan malo el que ese gigantesco ser le profesara amor, incluso tal vez él podía enamorarse sinceramente de aquel grandulón.
-Me alagas Bowser pero...
Guardo un minuto de silencio, estaba ordenando sus pensamientos. No quería decir que no sentía lo mismo y herir los sentimientos del koopa, pero de igual manera no quería mentir, mentirle a bowser y mentirse a sí mismo no era una opción, o ¿tal vez sí?
-Deberíamos de llevar las cosas con más calma, apenas hasta hace un minuto me cuestionaba si verdaderamente me considerabas un amigo y luego esto. No te lo voy a negar siento que va muy rápido, al igual que tú siento algo por ti, pero creo que tenemos todo el tiempo del mundo para formalizar así que te parece si iniciamos como amigos- Una mentirita blanca que era lo más inofensiva del mundo y que creía no traía grandes consecuencias en su vida.
Bowser acepto y una vez más la tranquilidad y la comodidad volvió a estos dos. Todo el día la pasaron hablando de cosas triviales mientras que bowser le daba un paseo por cada rincón del castillo, pareciera que pretendía que el menor grabara cada habitación de este. Cada que pasaba a un cuarto diferente le daba instrucciones claras de cómo llegar a este teniendo como referencia de partida la alcoba anterior donde había despertado horas antes.
El día había sido encantador, pero lamentablemente la noche estaba a punto de asomarse y Luigi no pretendía pasar la noche en las tierras oscuras.
_Bowser me la pase genial, pero creo debo de volver estoy seguro de que Mario debe de estar preocupado por mi- Expreso su preocupación al mayor. A pesar de ser ya un adulto Mario solía sobreprotegerlo de más, no le molestaba de echo le parecía algo lindo, pero en estas circunstancias si podía ser algo tedioso.
-Tienes razón el tiempo paso muy rápido pero antes de que te vayas quisiera darte un pequeño regalo- Hablo con alegría, pero un poco de nerviosismo, se podía notar debido al movimiento de manos constante y la forma tan rápida de su habla.
Con aquello dicho emprendieron nuevamente de regreso a la alcoba donde anteriormente habían desayunado. Entraron a la habitación y Luigi se percató de una pequeña caja que había en el centro de la cama. Anteriormente no había nada en aquel cuarto, pero no se le hizo raro, en aquel mundo tan fantasioso existía la magia así que no era de extrañar que hubiera aparecido de la nada o simplemente uno de los secuaces del rey lo había puesto ahí en su ausencia.
-Espero y te gusten- Menciono mientras abría la caja y se podía ver en ella unas pulseras negras con pinchos, definitivamente un regalo que daría Bowser.
- ¡waow! están muy lindas Bowser, así podemos ir a juego- Exclamo el fontanero con verdadera alegría, le encantaba este tipo de cosas, siempre lo habían vestido igual que su gemelo así que ya estaba más que acostumbrado. Sin dudarlo se las puso, no eran mucho su estilo, pero se veían bien.
-Te prometo que nunca me las quitare-
-Lo doy por echo, después de todo no se pueden quitar- Hablo tranquilamente mientras cerraba la caja donde anteriormente estaban las pulseras antes regalas.
- ¿Qué quieres decir con eso? - Cuestiono Luigi con un poco de duda.
-Son mágicas, no solo no se pueden quitar si no que a cierta distancia del castillo emiten una señal la cual me llega mi o a kamek-
Eso le sonó un poco espeluznante pero no quería hacer sentir mal al koopa, no después de recibir un regalo de su parte.
-Es para saber cuándo venga a visitarte- Pregunto un ingenuo Luigi.
-No, es para saber cuándo te quieras escapar-
El escuchar aquello su sangre se helo, debería de a ver escuchado mal, sabía que Bowser era alguien controlador y posesivo, pero hace unas horas atrás le había dicho que estaba intentando cambiar todo eso, así que esto debería de ser una broma, ¿verdad?
-Bowser eso no es divertido- Hablo un nervioso fontanero.
- ¿Por qué debería ser divertido? Esto no es ninguna broma- La forma tan decisiva con que lo confesaba era tan creíble, no había duda, no estaba bromeando. Sintió como de repente su corazón empezó a latir rápidamente mientras un pequeño temblor se hacía presente en la punta de sus dedos.
-Pero habías dicho que ibas a cambiar-
- Si así es, desde que te conocí me he planteado la forma en la que gobernaba y las malas decisiones que he tomado. Mis días de conquistador terminaron eso te lo puedo asegurar y claro, todo eso gracias a ti. Contigo a mi lado creo puedo ser un mejor gobernante y prójimo, por eso para no volver a recaer en esas malas decisiones te ocupo a mi lado Luigi- Declaró con entusiasmo Bowser
Cada palabra que escuchaba era como una sentencia de que lo dicho era verídico, realmente este loco lo quería mantener cautivo.
No lo dudo y antes de que pudiera decir algo más se echó a correr. Nunca había corrido tan rápido antes. Con cada segundo que pasaba la adrenalina lo sobrepasaba. Luigi corría frenéticamente con una respiración rápida y constante, pareciera que el oxígeno no les llegaba a sus pulmones, resultado quizás de alguien no atlético que intentaba superarse a sí mismo para lograr escapar. El sudor recorría cada rincón de su cuerpo, sus piernas ardían debido al ritmo tan rápido y constante en el que se encontraba. No quería mirar atrás su vista estaba concentrada hacia enfrente y solo enfrente, ya que este no era momento de dudar.
A pesar de sus esfuerzos no logro el cometido. De la nada sintió como su cuerpo se paralizaba de una. Una fuerza invisible y familiar lo rodeaba. Sabía de quien se trataba, era aquel magikoopa anciano que siempre estaba a lado del rey koopa.
Antes de poder hacer algo más sintió como perdía todas sus fuerzas y antes de desmayarse logro ver aquella figura del enorme koopa acercándose.
En ese preciso momento se dio cuenta que Bowser nunca había cambiado y nunca lo aria.
Y en efecto así era, el rey koopa era un ser famélico hambriento de amor. Su deseo de ser amado era tan grande que una pequeña muestra de afecto le era insaciable, quería más, ser el único en la vida de aquel que era su adoración. Por ello Bowser lo mantuvo encerrado en aquella enorme y lujosa habitación, cuidando y mimándolo tanto como podía. Lo amaba, pero quizás se había equivocado en su forma de demostrarlo.
Este encarcelamiento amoroso lastimo profundamente al fontanero, pero como no hacerlo si lo privó de su libertad. En lo que Luigi aceptaba su destino, Bowser decidió Cerrar las puertas y ventanas de su alcoba, manteniéndolo cautivo y aislado del mundo exterior.
Luigi se encontraba prisionero de aquel que antes consideraba su amigo, aquel que antes era su refugio. Las horas se volvían interminables mientras su espíritu luchaba por encontrar una salida de aquel encierro emocional. Poco a poco su mundo se volvió gris y monótono, y la esperanza comenzó a desvanecerse lentamente.
A medida que los días se convertían en semanas, Luigi encontró consuelo en su propia imaginación. Su mente se convirtió en su salvavidas, transportándolo a lugares lejanos y tiempos pasados. En su imaginación, volaba libremente, exploraba nuevos horizontes y se liberaba de las cadenas que lo ataban.
Para Bowser era triste el verle de esa manera, pero él estaba confiado a que muy pronto su amado entendería su modo de pensar y nuevamente volverían hacer felices juntos.
