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CAPÍTULO 1: EL CABALLERO DE LYS
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SANSA
El Festival de la Cosecha se anuncia una luna antes de su organización. Con Lady Wynafryd Manderly como amiga en los últimos dos veranos, no se ha perdido un solo torneo en Puerto Blanco después del Festival de la Cosecha.
Si bien Lady Wynafryd se ha vuelto su mejor amiga y confidente, su reciente compromiso con Ser Andar Royce de Piedra de las Runas solo ha llevado a que busque un buen pretendiente entre tantos Señores nobles y herederos que llegan a Puerto Blanco.
Sansa no está en disposición de tomar un nuevo esposo. No cuando apenas deja que los hombres se acerquen demasiado a ella. Un pequeño contacto de piel con algún hombre hace que su mente vague en los recuerdos más horrorosos que pasó en su segundo matrimonio. Las cosas espantosas que un hombre cruel puede llegar a hacer a una dama dócil son aterradoras. Esa huella que el bastardo de Bolton dejó no será fácil de borrar, no cuando su cuerpo sufrió el peor de los daños.
Y ese año no será la excepción de la alegría de Wynafryd en Invernalia para hablar de posibles Señores y Ser que se enlistarán en el torneo de ese verano. Será un torneo formal y con mucho oro de por medio, una justa que Lord Manderly ha organizado para entretener a su hija mayor, después de todo, está a punto de contraer matrimonio con un Señor del Valle.
Los preparativos del Gran Salón están listos para cuando los Señores llegaron a Invernalia. Los Clanes de la montaña, los Señores enviando a sus segundos hijos varones con la esperanza de que Sansa fije sus ojos en uno de ellos.
El joven Esur Flint, un segundo hijo de apenas de cinco y diez años, ha tratado de cortejarla sin siquiera importarle que siete inviernos más que él. A su edad no es pequeño, los Clanes de la Montaña tienen aún sangre de los Primeros Hombres en sus venas, son altos y de hombros anchos a temprana edad. Y viviendo en zonas donde la nieve no deja de caer y las nubes grises apenas dejan que pocos rayos del sol ilumine sus hogares, son barbudos. Es un joven amable, tímido por lo que suele tropezar con sus propias palabras cada vez que quiere entablar una conversación con ella.
El siguiente es Fisnar Wull, segundo hijo con veinte días del nombre cumplidos. Bastante cerca a la edad de Sansa y, aunque no esté interesado en él, él tampoco lo está. Asiste al banquete por las bebidas y la comida como la mayoría de los hombres, una que otras veces ha escuchado que frecuenta a las muchachas del Leño Humeante. De cualquier manera, no busca un hombre que deje bastardos regados por todo Poniente como lo hizo Robert Baratheon.
Y el que ha insistido más es Lord Brandon Norrey enviando a su heredero y no a un segundo hijo, Brandon el Hijo. Bastante astuto y callado. A diferencia de Esur y Fisnar, Brandon el Hijo es larguirucho, con manos tan temblorosas que es incapaz de sostener una daga adecuadamente. Dicen que un caballo piso sus manos que les rompió los huesos y por eso usa guantes todo el tiempo, otros dicen que en una partida de caza se cruzó con un jabalí más grande que cualquiera haya visto dejándolo completamente aterrorizado de por vida y por ello sus temblores. Brandon el Hijo tiene siete y veinte días del nombre, el único de los hijos de Lord Norrey que no ha conseguido esposa. A Sansa le da pena, el pobre hombre se ve que está obligado a amenazas de asistir ahí.
Lady Jonelle Cerwyn y Lady Barbrey Ryswell de los Riachuelos son bastante cercanas. Los chismes y rumores son traídos principalmente por ellas, Sansa le agrada escucharlas de vez en cuando, cuando Lady Ryswell no le lanza miradas ceñudas por la enemistad de su padre y ella. Esa mujer es terca y orgullosa, su padre también quiso recuperar los huesos de su hermano cuando el Rey Loco lo asesinó.
Robett Glover envió a su hijo, Galbart Glover, su único heredero hasta ahora con dos y diez días del nombre. Ese niño apenas alcanza hasta su codo como para comenzar un cortejo. A su manera es encantador e inocente, todo lo que ha perdido Robett Glover que ha sido consumido por la amargura.
— Deberías elegirlo. Es demasiado adorable.
Wynafryd se burla con intención. No va a negar que de todos los pretendientes, el pequeño Galbart la ha cautivado, pero no de una manera romántica. Es solo un niño que apenas ha aprendido a sonarse los mocos con un pañuelo, tal vez ni siquiera ha aprendido a vestirse solo sin una doncella que le ayude.
— Por el momento. — Dice soltando un suspiro cansado. Hace mucho que no comparte sus pensamientos y la compañía con una amiga, Margaery fue la única amiga que tuvo en Desembarco del Rey. Wynafryd le ayuda a peinar su cabello después de haberle ayudado a elegir un vestido para su presentación en el Gran Salón. — Por el momento debo preocuparme...
— "preocuparme por el Pueblo de Invierno" ¿Cuántas veces pretendes usar eso de excusa? Se está volviendo cansado. — No sonó molesta, más bien divertida. — Pero no te tienes que preocupar, en la justa habrá decenas de caballeros guapos que querrán tu mano ¡Dicen que habrá un caballero misterioso!
— ¿Un caballero misterioso?
No se han visto caballeros misteriosos en muchos años. Todos buscan la gloria y ser reconocidos, muy pocos hombres se atreven a quedarse con el yelmo puesto y recibir las recompensas de cada torneo y justa en las ciudades.
— Mi hermana lo ha dicho. Ha llegado un caballero en una barco cisne. Parece que el barco es de él, debe ser un noble con bastante dragones de oro. — Dijo animada.
— ¿Y qué tiene de novedad? — Su curiosidad es grande.
— Las velas son blancas al igual que el escudo que porta. Wylla escribió que tiene dos espadas de acero valyrio con él. Y ya sabes cómo es la gente de cotilla, aseguran que son las espadas de antaño de los Targaryen. — Fuegoscuro y Hermana Oscura, sí, su hermana Arya fue bastante parlanchina respecto al conquistador y sus hermanas esposas. — Le escribí diciendo que tal vez las compró por una buena suma de oro, claro, si fueran las reales lo cual dudo.
Si alguien encontrara esas espadas tuvieran el valor de una fortaleza entera cada una por la historia que tienen detrás que por el acero valyrio. La curiosidad de Sansa aumentó, ese caballero misterioso sonaba interesante de los labios de Wynafryd. La niña interior quiso salir por un momento, emocionarse de que un caballero misterioso estará en la justa en Puerto Blanco, pero la contuvo, contuvo a esa niña tonta e ingenua.
— Ha traído un bardo con él, Sansa, parece que tiene buenas historias que contar.
— O falacias. — Murmuró con desgana.
Wynafryd simplemente se rio sin decir ninguna palabra continuando con el cepillado de su cabellera castaña rojiza.
El Gran Salón de Invernalia no goza de coloridos banderines y ornamentos como en el sur. Las paredes de granito son del color de la obsidiana y las ventanas son pequeñas. Los blasones de la Casa Stark son acompañados esa noche por los blasones de sus vasallos. A Sansa le gusta mucho como se ve el Gran Salón con las velas y antorchas encendidas originando un entorno cálido y cómodo para los recién llegados.
El banquete en cada mesa fue acompañado por uros asados, huevos de pato, frutillas heladas, pan de centeno y mucho vino artesanal. El postre que pudo organizar fue calabaza rellena de miel. Y, por lo que veía, los Señores disfrutan del banquete con calma, sin peleas ni insultos. Eso fue un buen comienzo.
No solo había Señores ahí dentro, algunos hombres importantes del Pueblo de Invierno están disfrutando del banquete entre risas y conversaciones amenas.
Sansa es consciente de que la gente del Norte disminuyó drásticamente. Las guerras devastaron a los norteños, a cada familia y a cada niño. Ese muerto que traspasó el muro masacró a más gente que lo hicieron las batallas anteriores de los Bolton y los Lannister.
El Norte es un reino grande, sin embargo, con pocas personas habitándolo. Ningún reino de Poniente ha tenido paz desde que los Targaryen lo conquistaron, siempre asesinando en masa por avaricia al Trono de Hierro o entre la misma familia como lo sucedido en la Danza de Dragones ¿Cuándo no ha habido muertes por culpa de los Targaryen? ¿Cuántos norteños asesinó Aegon el Conquistador para reclamar el Norte como suyo? ¿Cuántas vidas inocentes ofreció al Extraño Rhaegar Targaryen y su tía Lyanna por un capricho? Bien decía su padre, Arya es demasiado parecida a su tía; un lobo salvaje y rebelde.
La Doncella Lobo que provocó la muerte de su padre Rickard y su hermano Brandon.
La Doncella Lobo que asesinó a Elia Martell y a sus dos hijos con el príncipe Rhaegar.
Su tía tal vez confió demasiado en Rhaegar sin pensar en lo que desencadenaría su huida al sur. Muerte. Mucha muerte por un hombre que creyó que el príncipe dragón la había secuestrado y violado. Fue una ingenua como Sansa lo fue a su edad, una niña ingenua que creyó que se saldría con la suya tan fácil.
— Su Alteza. — Sansa parpadeó saliendo de sus pensamientos. El joven Esur Flint se acercó quedando un escalón abajo frente a la mesa. — ¿Puede concederme un baile?
Los músicos que ha traído Wynafryd desde el Dominio no han dejado de tocar desde el inicio del banquete. Están abajo, un pequeño grupo de liristas y laudistas que tocan música suave. El Gran Salón es amargado, solo van a comer y a beber, más no a bailar como lo hacen en el sur. Se baila solo cuando es un banquete después de la boda y si el novio está lo suficientemente sobrio y complacido de aceptar la propuesta de su esposa de un baile.
Sansa mira los guantes junto al plato y después ve las manos desnudas de Lord Flint. Bailar significa estar cerca de uno del otro, que las manos de su compañero de baile toquen por sobre sus telas. A los únicos que le ha permitido tal acercamiento y toque fueron a sus hermanos, incluso al propio Maestre cuando necesita que le revisen para tomar medidas de posibles enfermedades.
— Tal vez en otro momento, Lord Flint. He iniciado a tocar la comida. — Fingió pena.
El rostro preocupado del joven se hizo evidente.
— Lo entiendo, Su Alteza, lamento haber sido tan precipitado. Debí prestarle más atención. — Espera no haber sonado amargada, el pobre chico lamenta haberla interrumpido notándose el nerviosismo que se ha apoderado de él. — No me importaría esperar lo que sea necesario, Su Alteza, sé que el tiempo que pase aquí con usted será bien recibido.
Está segura de que escuchó la risa silenciosa de Wynafryd a su costado. El joven Flint se retiró a su mesa junto a otros jóvenes que le acompañan del clan.
Lo último que desea es darle una pizca de ilusión a los herederos y segundos hijos, pero Sansa simplemente no puede negarse a malos modos, no sería propio de una reina y, lo más importante, los vasallos deben tener su completa confianza de ahora en adelante. No quiere que los sucedido con los Bolton y los Frey se repita, no ahora que hace falta hombres y mujeres del Norte.
Deben ser fuertes, las palabras de Bran sobre aquella persona que logró domar a la bestia negra puede que cambie de opinión sobre invadir Poniente en cualquier momento. Se dice que tiene otro dragón bajo su mando, uno con escamas del color del oro con un cuerpo más pequeño y un cuello extenso como una serpiente. Esa descripción es más que suficiente para estremecerla de horror, si los dragones que la Reina Loca trajo al Norte le atemorizaron a la distancia ¿Qué será ahora con un dragón más grande liderando a uno pequeño?
¿Qué tipo de huella dejó Daenerys Targaryen en Invernalia?
Esos salvajes del Este tomaron a las mujeres norteñas despechadas. Muchas de las mujeres de Pueblo de Invierno parieron hijos con rasgos de aquellos hombres salvajes, hijos de los Dothraki. Los niños de apenas tres inviernos poseen ahora ojos almendrados llamativos, incluso Sansa podría llamarlo cautivadores ante la inocencia en los rostros de los pequeños.
La mayoría de las mujeres dijeron que solo querían compañía en sus camas frías y vacías, gran parte de las mujeres eran solteras, pero hubo viudas que no resistieron a la tentación cuando aún los cuerpos de sus esposos ardían en las piras.
Esos niños son del Norte ahora. Las madres hicieron intentos de ocultarlos por muchas lunas creyendo que se los arrebataría de los brazos. Son madres, después de todo. Sansa no es Cersei para mandar a asesinar a niños.
A mitad del banquete, tanto hombres como mujeres se alentaron a hablar sobre el torneo de Puerto Blanco y de aquellos que se atreverán a participar para ganar los dragones de oro del primer lugar. Y, con ello, las damas hablaron sobre el caballero misterioso que espera el torneo con ansias. Parece ser que Lord Manderly le dio asilo en Nueva Fortaleza, lo que Sansa presiente que es un noble con título de caballero como muchos herederos primogénitos.
El entusiasmo de las damas y de la propia Wynafryd solo aumenta su curiosidad de verlo. Si las damas con esposos están cotilleando sobre ese caballero ¿Cómo estarán curioseando las doncellas sobre él en Puerto Blanco?
Conceder un baile a uno de los hijos que le corteja sería dar a entender que está interesada. Uno de sus planes más comunes para evitar dañar la egolatría de los herederos, Sansa finge sentirse mal. Incluso Wynafryd cayendo en su engaño le da más naturalidad.
— ¿Estás bien? — Las manos de Wynafryd vuelan a la estela de su capa.
— Dolor de cabeza. — Dice en voz baja manteniendo una de sus manos masajeando su sien. — Creo que el vino me ha caído mal.
Regularmente llora durante las noches con los únicos testigos siendo las cuatro paredes que la mantienen fuera de vistas indeseadas.
Sansa no desea un esposo. Tiene miedo. Y, aunque Bran haya exiliado a Jon más allá del muro, Sansa es la reina en el Norte. Conociendo a Jon, él podrá tener hijos con alguna salvaje que lo ha seguido. Él dejó en claro en las cartas que han estado intercambiando que no es Targaryen, ni que Rhaegar sea su padre, él sigue siendo un Stark, el bastardo de Ned Stark. Es lo único que necesita saber para hacerlo su heredero, llegará el momento en que el Norte vuelva a tener a Jon como rey.
Se siente sola pese a la compañía que Wynafryd le brinda como amiga. De vez en cuando, la manera tan apasionada en que Wynafryd habla sobre Ser Andar la devuelven al pasado cuando ella lo vio en el torneo de Desembarco del Rey, el torneo que Rober Baratheon organizó para su padre como Mano. Tantos caballeros, oh, extraña sentirse nerviosa ante ellos y sus regalos, pero ahora no puede sentir nervios ni fascinación al verlos. Se pregunta: ¿Qué esconden bajo toda esa armadura ornamentada y ostentosas espadas bañadas en oro? ¿Qué clase de monstruo se esconderá bajo el hierro y el acero?
Ya no hay caballeros, solo guerreros.
Esa noche pareció ser tranquila, incluso Sansa se animó a dejar abierta la única ventana de la habitación. Desde que el Rey Nocturno fue asesinado las noches y los días se han vuelto más cálidos. Jon dice que en Bosquencantado la nieve se está derritiendo al igual que los ríos y lagos, suficiente para alzar un pequeño asentamiento con el Pueblo Libre. Él quiere descansar como le dijo antes de recuperar Invernalia, nada de batallas, ni guerras, solo desea permanecer tranquilo.
También Sansa desea permanecer tranquila, acostumbrada a los deberes de una Dama de Invernalia, ser reina es lo mismo, los mismos deberes y obligaciones. Claro, huyendo de prospectos para esposo. En algún punto la gente pedirá que tenga un heredero y ella anunciará a Jon como su heredero. Tal vez se enojen, tal vez no, pero lo que sabe es que Arya no puede ser su heredera. Arya es una mujer salvaje, instintos, tampoco desea unirse a un hombre para ser una esposa obediente que esté pariendo cada invierno. Su hermana nunca fue una dama, ni mucho menos querrá ser una Señora de alguna fortaleza, ya lo dejó en claro al rechazar a Gendry Baratheon.
Sansa se quedó viendo la hilera de pequeñas velas sobre la mesita de noche hasta que sus párpados se sintieron pesados.
Ante la mención seguida del caballero misteriosos, Sansa soñó con él. O, al menos, con un hombre con ropa de telas y sedas blancas, una capa de seda fina ondeando a su espalda y una máscara del color de la plata que le cubría el rostro en totalidad. Lo que llamó su atención fueron los cabellos de oro llegando al plateado, cabellos finos que llegan a los hombros.
Sus sueños son incontrolables. Se espera que una pesadilla la despierte cada hora en la madrugada, sin embargo, no fue una pesadilla. No. Lo hubiera deseado.
Bailó con él con música fantasma cautivante oyéndose. Había gente a su alrededor a la que no pudo verle los rostros pues no tenían, personas que bailaban con sus parejas. Una extraña sensación de calidez llenó su pecho, también de incertidumbre. Un extraño hombre bailando con ella, sintiendo las manos en su cintura en un suave agarre mientras que Sansa está demasiado cerca de él con sus brazos rodeándole el cuello.
Un baile íntimo entre dos extraños.
Hubiera sido un sueño al que pudo haber disfrutado esa noche si no fuera que, en algún punto, las personas a su alrededor desaparecieron en nubes de humo blancas, así como la música dejó de sonar. Él también se detuvo, pero no desapareció. Fue un desconcierto al ver a su hermano Bran de pie mirando a su dirección, diciendo:
«No puedo verlo»
El caballero está ahí, aun con las manos en su cintura. Él se voltea lentamente hacia la dirección en la que se encuentra su hermano. Los ojos negros de su hermano se vuelven blancos y es cuando Sansa ve que todo arde.
«No puedo verlo», repite con voz impaciente.
— ¿Estás despierta, Su Majestad?
Sansa abre los ojos bruscamente. El rostro de Wynafryd está cerca del suyo.
— ¿Por qué te escabulles a mis habitaciones? — Vuelve a cerrar los ojos. El sueño que ha tenido se distorsiona poco a poco hasta que solo queda en su memoria el caballero elegante. — Temprano. — Bosteza.
— ¡Acaba de llegar un mensaje de Wylla! — Chilla de emoción saltando de la cama. — Además de que mi prometido ha llegado a Puerto Blanco, se sabe el nombre del caballero misterioso... Al menos el nombre que usa para con mi padre.
Sansa está comenzando a sospechar que Wynafryd quiere algo más que conozca a ese caballero. Y su amiga es decidida en lo que se propone, para su temor.
— Yndros de Lys. — Wynafryd eleva las cejas un par de veces en simultaneo, extasiada por dar esa información. Enseña la carta mientras finge leer lo que ya ha leído antes de irrumpir en sus habitaciones. — Lamentablemente, mi hermana dice que no habla la lengua común. Su bardo es su traductor. Ya participó en el torneo que se organizó el verano pasado en Lanza del Sol ¿Y adivina qué?
A ese punto, Sansa sabe que no volverá a conciliar el sueño. Toma una de las almohadas con el fallido intento de cubrir su perfil para no escucharla. Un acto muy pobre de su parte, e infantil.
— Ganó venciendo a Ser Arstan Selmy de Torreón de la Cosecha. Oh, dioses Sansa, dicen que se hizo un escándalo. — El chillido de emoción traspasó la barrera de la almohada, haciendo que Sansa se la quitara y dejara escapar un gruñido por la perturbación de su sueño. — Ser Gerold Dayne ha llegado a Puerto Blanco solo para luchar contra él en la justa. Pareciera que lo está siguiendo con fiereza para enfrentarlo.
—¡Wynafryd! — Se sentó en la cama. — No.
La hija mayor de Lord Manderly sonrió con astucia.
— Es soltero. — Dijo con una tonadilla alegre.
— No. Es un extranjero. — Señala con enfado.
— Un extranjero dispuesto a ser tu consorte. Es un caballero errante, Sansa, tiene un barco cisne y un bardo. Mi padre por algo lo aceptó en Nueva Fortaleza, debe ser alguien con mucho oro.
— Por favor, Wynafryd, deja de ser mi casamentera. — Suplicó con una expresión cansada y sufrida. — Suficiente tengo con el Maestre Wolkan buscando un pretendiente entre Señores norteños.
— ¡Entonces elige a uno!
— No quiero volver a casarme, ¿Entiendes? No deseo... — "Compartir cama con un hombre", no, solo le provoca náuseas pensarlo. Ese maldito bastardo de Bolton la sigue persiguiendo. Y aquellos que fueron seguidores de Bolton están siendo cazados por sus guardias, al igual que los pocos Frey que quedan por su tío Edmure. — Mira, solo porque te casarás haré el intento de que me corteje algún Señor que estará en el torneo. Y no quiero cortejo de un extranjero.
Es una forma de persuadirla, así no volverá a insistir que busca un pretendiente durante su estancia en Puerto Blanco.
— Gerold Dayne está soltero también...
— ¡Fuera de mi habitación! — Ante la risa de Wynafryd, Sansa toma la almohada de plumas lanzándola hasta la Manderly quien esquiva ágilmente corriendo hacía la puerta.
AÑO 307
PUERTO BLANCO
Para Sansa Puerto Blanco ya es muy conocida. La única ciudad grande en el Norte con relevancia y que genera ganancias económicas por el gran comercio que genera al Norte. Su padre solía adquirir de los Manderly el cinco por ciento de las ganancias de aranceles por los barcos de mercaderes importantes de Braavos y Pentos. Lord Manderly amablemente otorgó el diez por ciento cuando se recuperó Invernalia de los Bolton con el objetivo de mejorar los muros... Cosa que, desde hace tres largos inviernos, se ha llevado a cabo por el desastre que el Rey Nocturno hizo.
Su tío Edmure envió a trabajadores para que se acelerase la construcción y la extracción de granito. También alcanzó para la extracción en canteras para mejorar las casas de Pueblo de Invierno, los inviernos ya no serían tan crudos para la gente.
Con su libro de cuentas en mano, trató de hacer la cuenta de lo que pagaría por las telas que ha decidido importar para su uso de ocio de costura. Hace tiempo del viaje en que Wynafryd guardó silencio, solo para admirar el paisaje que se ve por la ventana abierta del carruaje.
El camino hacia Puerto Blanco es distinto a como lo vieron el verano pasado. Hay árboles verdes, arbustos grandes y pasto que sigue creciendo. El gran rio de Cuchillo Blanco se detalla sin trozos de hielo.
«Los vientos son cálidos» Sansa levanta la mirada viendo el perfil de Wynafryd, los dioses la han escuchado por el silencio que pidió. No le gusta ir encerrada en los carromatos, recuerda el olor que desprendía Cersei cuando viajaron a Desembarco del Rey, un aroma que huele en muchas Señoras de alta cuna. Hedor a muerte. Se le revuelve las entrañas recordar a Cersei, pensar en esa mujer Lannister solo hace que también recuerde a Joffrey.
Lo último que desea es volver a pisar tierras sureñas. Prefiere quedarse con los malos recuerdos en el Norte que volver a recuperar recuerdos de horror en el sur.
Los Manderly la han acogido con cariño en Puerto Blanco y su fortaleza. Hacer amistad con Wynafryd ha sido de ayuda. Desde niñas sus padres intentaron que se llevasen bien, aunque el problema siempre fue Wylla, la hermana menor de Wynafryd, es tan extraña como Arya y sus "gustos" por las damas no pasa desapercibido. Lord Manderly no dice nada, prefiere ignorar el tema, pero Sansa ha visto más de una vez en su rostro decepción ¿Sería correcto obligarla a que se comprometa con un hombre? Wynafryd dice que su padre le ha de comprometer, pero con una dama por medio de un matrimonio bendecido por los Dioses Antiguos.
Los Dioses Antiguos le han dado mucha libertad al pueblo del Norte. Si bien ha habido bodas entre un hombre con otro hombre, quedan peor que un tercer hijo sin heredar nada. Sansa creyó que Lord Manderly castigaría a Wylla por tal anuncio, el hombre ni siquiera se inmuto ni Lady Manderly, quizá por temor de perder a una hija después de tantas perdidas en la familia Manderly.
Una mujer no puede tener hijos con otra mujer. Su madre así le inculcó, es un pecado para los ojos de los Siete tal perversión, aunque muchos que adoran a los Siete han ido a burdeles a hacer tales actos pecaminosos. Petyr era un boca suelta cuando quería decirle los "gustos" de Loras, la explicación del por qué terminó siendo encarcelado por la Fe de los Siete.
— Pon una sonrisa. — Oye a Wynafryd decir. — Hice que padre mejorara tu habitación. Estará frente a la mía, esta vez, tendrás un balcón para que tengas una maravillosa vista al puerto.
— Gracias, Wynafryd. Lo siento, es solo que tengo muchas cosas en mente. — Sansa baja la mirada al libro. No recuerda haber tachado tantas cosas.
— Solo pido una cosa; no faltes a las cenas. — Toca delicadamente la hoja del libro para llamar su atención. — La última vez madre pensó que no te sentías cómoda en la fortaleza. La hiciste sentir mal.
— Mis disculpas. — Suspiró cerrando el libro. Mientras esté en Puerto Blanco, el Maestre Wolkan se encargará de mantenerla bien informada ¿Cómo no? Si el viejo espera a que vuelva con un prometido. — Su Bosque de los Dioses me parece intrigante. También se siente... En paz como en Invernalia.
— La Guarida del Lobo suele ser silenciosa. Los prisioneros temen perturbar a los Dioses Antiguos. Mi padre dice que, aquellos con malas intenciones, no sienten paz, si no, miedo. No voy a negar que asustaba a mi hermana con historias de miedo sobre la Guarida del Lobo y el bosque.
La suave risa de Wynafryd calma sus nervios. Se da cuenta de que sus hombros están rígidos y su compostura es como una roca.
Pronto se siente la diferencia de las ruedas del carromato andando por tierra, cambiando a los suelos de adoquines de la zona exterior de Puerto Blanco. El carromato deja de moverse bruscamente, un cambio radical y bienvenido para Sansa. Parece que el conductor no ve las rocas del tamaño de una calabaza en el camino.
A diferencia de Desembarco del Rey, Puerto Blanco es una ciudad en donde sus suelos y entorno son bien cuidados. A sus fosas nasales comienza a llegar el aroma a pescado podrido, el indicio único del Mercado del Pescado en el puerto exterior. Los lugareños, como Wynafryd, están más que acostumbrados a ese aroma tan desagradable. La pesca es un negocio muy viable en la ciudad y para las islas de Las Tres Hermanas en el Mordisco.
El carromato se dirige al interior de las murallas donde es recibida la plaza del Pata Pez donde Sansa se asoma sutilmente para observar la maravillosa fuente del tritón con una cola de pez. La plaza no es lo único que le interesa a Sansa visitar durante su estadía, el Septo de las Nieves es hermoso tanto por las esculturas externas como las internas. Ya lo ha visitado un par de veces para rezar por su madre a los Siete.
El carromato se dirige a una de las colinas, al muro interior que protege a la Nueva Fortaleza. El camino es piedra blanca y amplio pasando muy cerca de la Guarida del Lobo. Hay agua rodeando la colina, un pequeño puerto interno donde logra ver el barco cisne de velas blancas anclado. Ese tipo de barcos son hechos en las Islas de Verano, muy caros, solo Señores con mucho oro se hacen con ellos como la corona y los Redwyne del Rejo. El mascaron de la proa tiene una sirena con la cola pintada en azul y con serpientes en los hombros, uno de los brazos está extendido señalando con los dedos hacía al frente.
— ¡Dioses, es hermoso! — Grita Wynafryd sin esconder la emoción.
— Demasiado ostentoso. — Dice en voz baja. — Es evidente que quiere llamar la atención. Atraer a doncellas a su cama mostrando su riqueza.
— Ni siquiera lo has conocido. No te hagas una historia de una persona sin conocerla.
— Wynafryd, la mayoría de los caballeros quieren fama para acostarse con jóvenes doncellas. Él es un hombre, es fácil deducirlo.
Aunque Wynafryd quiera buscar un lado bueno y honesto a los caballeros, Sansa ha conocido a caballeros horribles de carácter y cínicos como lo fue Ilyn Payne y su séquito de Guardia Real. Un caballero honorable nunca lastimaría a una dama indefensa, pero lo hicieron, la golpearon en el estómago tantas veces que la dejaron adolorida y sin aire. El Perro fue más caballero que cualquiera de todos los de la Guardia Real, el único que nunca la lastimó y otorgó su capa para cubrir su desnudez de los ojos burlones de la corte de Joffrey.
— No todos son bastardos cínicos, Sansa, es cuestión de conocer al hombre que te interesa. Andar y yo nos tomamos el tiempo, nos hemos reunidos muchas veces. Él me llevó a pasar media quincena en altamar, en el Mar Estrecho... — Suspira llevándose una mano al pecho. Los ojos de Wynafryd son soñadores y brillantes, cosa que hace sonreír a Sansa. Se nota el enamoramiento. — Hubiera sido más interesante si mi madre no hubiera puesto a una Septa para cuidar mi castidad. — Se quejó. — Por los dioses, cualquier dama sabe sobre el té de luna.
— ¡Wynafryd! — Gritó de sorpresa ante tal declaración.
— Nos vamos a casar, no habría ningún bastardo. — Se excusa como si eso fuera lo más normal que puede decir a diario y a cualquier persona. — ¡Guarda tu libro! Debes estar presentable para cuando te presente a Ser Yndros... ¡Digo, a mi prometido!
«Que los dioses me protejan»
Wynafryd trató de ayudar con su cabello, su corona no estorbó, solo se deslizaba poco en su cabeza cuando intentó que Wynafryd se alejara. No necesita ayuda, no desea estar presentable para un caballero extranjero, suficientemente presentable para Lord Wylis Manderly y su Señora esposa, Lady Leona.
El carromato se detiene frente a las grandes puertas de madera de Nueva Fortaleza. Hay guardias por todos lados, una seguridad impecable tratándose de que habrá un torneo cerca y un banquete después. La gente pequeña hará alboroto por desear ver a los caballeros más destacables y, uno de ellos, Ser Dayne de Ermita Alta, Estrellaoscura.
La puerta del carromato se abrió después de tantas marcas de vela recorriendo el camino desde Invernalia. Sorpresivamente son recibidas por Ser Andar Royce, lo reconoce por los cabellos castaños que llegan hasta los hombros y ojos marrones, el parecido con Lord Yohn es impresionante, las Señoras más grandes describían a Lord Royce como lo es Ser Andar en sus tiempos de juventud.
— Su Majestad. Mi Lady. — Saluda amablemente permaneciendo a una distancia prudente de los guardias que ha traído con ella.
— Ser Andar. — Wynafryd se acerca a él colocando un suave beso en la mejilla, en la barba corta. — Espero que las aguas hayan sido calmadas durante tu viaje.
— Lo fueron, mi Lady. Sabe bien que Runa Roja es un rompeolas magnífico.
Dos tortolos sin duda. Ser Andar es un hijo obediente, el único de tres que ha quedado con vida. Es un lamentable hecho el perder hermanos.
— Su Majestad Stark, él es Ser Andar Royce de Piedra de las Runas del Valle de Arryn, mi prometido. — Presentó Wynafryd con formalidad.
El hombre sonrió, se inclinó levemente mostrando respeto a su persona y título.
— Mi padre habla muy bien de usted, Su Majestad. Asesinando al traidor de Petyr Baelish liberó al Valle de engaños. La Casa Royce está profundamente agradecida de que se vengara la muerte de Lord Jon Arryn.
— Petyr engañó a muchos en Poniente. Su debilidad fui yo, creyó no atentaría contra él. Estuvo equivocado. — Dijo con voz suave. Quiso hacer lo mismo que hizo con su madre y si tía Lysa; ponerla en contra de Arya, de su propia hermana. — Jon Arryn fue un segundo padre para mi padre, espero que los dos descansen en paz.
La muerte de Jon Arryn comenzó todo. Su tía Lysa lo envenenó, porque Petyr se lo pidió, su tía estuvo cegada de los engaños de Meñique, enamorada como una doncella ingenua.
— Muy bien, las escoltaré dentro. Lord Manderly las espera en la Corte del Tritón.
Deben estar una docena de caballeros en el Gran Salón. No esperaría menos de Lord Wylis siendo reconocido por sus fiestas coloridas y llenas de música.
Los pasillos de Nueva Fortaleza son amplios, en su mayoría, las paredes son de madera y piedra, una mezcla extravagante con esculturas de madera en forma de criaturas marinas.
Cada pasillo está bien custodiado por guardias sosteniendo un tridente de acero, las armaduras que portan es acero con sedas verdes enredadas en los codos que caen hasta las rodillas.
Sansa ha traído siete hombres con ella, guardias veteranos con experiencia con la espada. Ser Lyonel de Varamar es quien comanda al pequeño grupo de guardias, un hombre ya con cabellos y barba canosa, sin embargo, orgulloso de seguir llevando el escudo Stark.
Las puertas del Gran Salón están cerradas. Cuando el grupo de guardias que protegen las puertas los ve acercarse, inmediatamente se disponen a abrir las puertas de hierro y roble.
El aroma a cerveza y a vino llega a sus narices como un golpe agrio. Oye risas, ruido de platos y copas chocando entre sí. La Corte del Tritón es eso, un Gran Salón con parades y suelos de madera donde las esculturas de criaturas del mar se ven en cada rincón. Los Hombres de Hierro adoran a los krakens y a las sirenas, le cuesta creer que puedan tener enemistad, pero no como para atacarse mutuamente.
Hay caballeros del Valle de Arryn que Sansa los reconoce por los sigilos. Margaery era demasiado estudiosa que, a Sansa, la hacía pasar junto a ella a estudiar los tomos que Lady Olenna le daba. Quien más le llamó la atención fue Ser Gerold Dayne de Ermita Alta; cabellos blancos con un mechón negro visible, ojos púrpura y tes de bronce como cualquier dorniense. Es verdad lo que cuentan las doncellas, es muy atractivo a la vista, pero ha escuchado que es un espadachín de temer.
Ser Dayne está tomando una copa mirando con el ceño fruncido hacía la mesa principal de los Manderly.
Sansa lo ve, a ese hombre del que hablan junto a Lady Wylla, en la esquina. Tiene cabellos ondulados negros que caen hasta los hombros, unos cuantos mechones sujetos a una pequeña cola. Es el caballero misterioso, porque lleva una máscara de plata con forma de ave que cubre de los ojos hasta la nariz dejando ver labios no tan gruesos.
Lleva una capa donde la estela grisácea cubre sus hombros y cuello hasta las orejas. Las ropas que usa son telas elegantes y pulcras, sin ningún sigilo en el pecho. Sansa se queda frente a la mesa cerca del primer escalón, entonces ve el color de los ojos asomándose tras la máscara; ojos púrpura como los ojos de Ser Dayne.
— Su Majestad Sansa de la Casa Stark. — Presenta Ser Lyonel en voz alta.
El Gran Salón queda en silencio y lo único que Sansa ve son los ojos del extranjero, llamativos y brillantes. Oye la pequeña risa de Wynafryd, parpadea mirando hacía Lord Manderly y su Señora esposa que la reciben con una calurosa sonrisa.
— Bienvenida, Su Majestad Stark, espero que mi hija haya sido de grata compañía en el Festival de la Cosecha.
«Descarado ¿Por qué la mira así ese extranjero?»
— Lo fue, mi Señor, siempre será un honor recibir a Lady Wynafryd en Invernalia.
— Y para nosotros es un honor recibirla en Puerto Blanco, Su Majestad, a la hija de Ned Stark. — Dice Lady Manderly.
Al menos le tocó al otro extremo de la mesa que el caballero extranjero. Está segura que Ser Dayne desea arrancarle la máscara en la mínima oportunidad que se le dé o, tal vez, quiera matarlo. Desde que llegó el dorniense ha estado mirándolo con recelo ¿Acaso tuvieron una disputa en el torneo del verano pasado?
— Ser Yndros no habla la lengua común, pero su bardo sí. — Wynafryd no se contuvo de hacer preguntas a Ser Andar sobre el caballero. Sansa está cerca, a un costado, es difícil no prestar atención. — Le ha regalado a tu padre vino tinto y blanco lysiano. Son buenos, pero siguen siendo más buenos los vinos dornienses.
La barrera del idioma no importa cuando se sabe beber. En banquete que ofrecen los Manderly suele ser trufa con costra de almendras y uros asados. Está vez, Sansa ve que hay peras al vino y postres como pequeñas tartaletas de arándanos. Su adicción a los pasteles de limón viene de esta ciudad, su padre gustoso los mandaba a hacer solo para consentirla, lastimosamente, sus ojos que han vagado por todo lo ancho y largo de la mesa, no encontraron pasteles de limón.
Oye un asiento moverse, el tal Yndros es quién se pone de pie. Lo imaginó más alto, es un poco más bajo que Sansa. Ni siquiera llega a la altura de Ser Andar ¿Realmente ganó el torneo en Lanza del Sol? No distingue las espadas que le mencionó Wylla a Wynafryd, lleva puesto un cinturón de cuero marrón con una daga enfundada que apenas cubre la capa ostentosa.
— Ah, por supuesto. — Oye a Lord Wylis que deja de beber de inmediato, para comenzar a reír animoso. — Su Majestad, Ser Yndros ha traído un regalo para usted. Desde las majestuosas tierras de Lys.
Wynafryd es quien chilla emocionada viéndola con una sonrisa astuta «Solo es un regalo amistoso» Sansa ve por casualidad el rostro de Ser Dayne, en todo momento, los ojos púrpura del dorniense siguen el paso del caballero de Lys, analizando cada paso al bajar los escalones de madera hasta que se pone frente a la mesa «Debe ser algo serio»
Un joven muchacho de cabellos negros con atuendo ancho en grises y sedas azules trae con él un gran tapiz que apenas puede cargar con la ayuda de un guardia de Lord Manderly. Por el atuendo colorido y telas caras, Sansa supuso que se trata del dichoso bardo que acompaña a Ser Yndros.
El tapiz es dejado caer al suelo delicadamente, entonces el muchacho comenzó a quitarle las cuerdas que lo mantienen enrollado. Si su memoria no falla, su madre decía que Lys se especializa en finos tapices codiciados tanto por Poniente como por las Ciudades Libres de Essos.
Ser Yndros extendió los brazos hacía a ella solo para terminar señalando hacía el tapiz que se desenrolló en totalidad en el suelo. La gente dejó de comer y beber para ver el hermoso tapiz que yacía en el suelo. A Sansa se le hizo un nudo en la garganta al ver el bordado colorido donde se muestra el mapa del Norte completo, en las esquinas bordaron ramas con hojas rojas recordándole el Árbol Corazón de los Bosques de los Dioses. El muchacho intentó moverlo donde en la parte inferior, a todo lo ancho, se bordaron en las esquinas lobos y, en medio, Invernalia.
— Que maravilloso ¡Digno de decoración en el Gran Salón de Invernalia! — Dijo Wynafryd haciendo el mínimo intento de decírselo en voz baja.
— Un tapiz digno para la vista de la Reina en el Norte. — Habló el muchacho. — Mi Señor espera que lo acepte como muestra de amabilidad hacia las personas del Norte.
¿Cómo sabe acerca de los Stark? ¿Acaso investigó? ¿Por qué? Es un simple caballero errante, no le es una obligación regalar a los Señores nada. Sin embargo, es un hermoso tapiz. No va a negar que el Gran Salón en Invernalia carece de decoración de esculturas y trofeos, un tapiz así sobre la chimenea a espaldas del trono sería de un agradable ver.
— Es un hermoso tapiz. Lo que han dicho sobre Lys es cierto, le hace honor a la fama de sus bordados — Hay silencio por un momento, oye toser a Ser Dayne con burla. — ¿Su Señor no habla?
La forma en que Ser Yndros miró al muchacho le respondió. No. Es verdad que ha llegado sin una pizca de conocimientos sobre la lengua común.
— No tiene conocimientos de la lengua común, debo decir. Es un excelente caballero, pero le cuesta aprender nuevos idiomas.
— Si sabe manejar la espada ¿Qué más da el idioma? Este hombre es toda una maravilla. — Halagó Lord Wylis.
Los ojos púrpura de Ser Yndros son brillantes, dulces que pueden encantar a una doncella tonta. Al contrario de los ojos púrpura de Ser Dayne, ojos púrpura ensombrecidos que dan un aspecto desafiante, sin embargo, Ser Dayne es un hombre atractivo que no oculta el rostro heredado por la sangre Valyria, así como los Celtigar de Isla Zarpa.
— Puede decirle a su Señor que estoy complacida por su regalo. Es encantador de su parte tal obsequio. — Fingió una sonrisa a medias, sus labios los sintió tensos.
Sansa alcanzó a distinguir una sonrisa cuando el muchacho le tradujo sus palabras en un idioma que nunca ha escuchado. Debe suponer que es el Alto Valyrio la lengua común en las Ciudades Libres como en Lys.
A Sansa le parece extraño.
Tal vez porque está cansada del viaje y por la comida que ofreció Lord Manderly. Sus habitaciones son amplias con paredes de madera y suelos de piedra blanca como el mármol. Le han dado una de las habitaciones en la Torre de los Tritones donde yacen los aposentos de los hijos e hijas de los Señores Manderly. No contó las habitaciones, pero sí había muchas puertas dobles de roble, tres en casa piso. Le parece desolador que una torre tan grande sea solo para dos personas.
Su cofre con ropa está a los pies de la cama al frente y, en una de las esquinas, se guardado el tapiz que Ser Yndros le ha regalado, nuevamente, enrollado. Durante el recorrido que los guardias cargaron con el tapiz, un peculiar aroma llegó a su nariz; el caballero de Lys perfumó el tapiz con una esencia suave que le recuerda al mar. A la brisa que tanto la acompañaba cuando visitaba el puerto en Desembarco del Rey.
«No es un cortejo» se dijo a sí misma con irritación. Un extranjero no puede cortejar a una mujer del Norte, es solo de recordar lo sucedido con el Targaryen que se llevó a su tía Lyanna. No quiere deshonrar la memoria de sus padres tomando por esposo a un extranjero con ojos púrpura, con sangre Valyria en sus venas.
Sansa se colocó su bata de dormir. En Puerto Blanco los aires son más templados que en Invernalia. Hace mucho que dejó de usar finas batas que ocultaban poco o nada su modestia. Usó doble batas cuando se casó con Tyrion, él trataba de no mirar mucho, se disculpaba y salía de la habitación medio ebrio y con resaca. Un buen hombre que no ocultaba muy bien su deseo por ella por un tiempo, aun así, no la obligó a consumar el matrimonio.
Sus batas son de telas gruesas que la ayudan en su comodidad. Se siente con más libertad de andar por su propia habitación, incluso para salir al pasillo solo para y dar su caminata nocturna para despejar su mente de las pesadillas. El Maestre Wolkan los llama "Terrores Nocturnos" muchos hombres y mujeres lo sufrieron después del Rey Nocturno, los muertos aterrorizaron, muertos que solo se habían tratado de cuentos para asustar a los niños pequeños. A Sansa la asustó, sí, pero sus pesadillas no son visitadas por los muertos con ojos azules brillantes y cuerpos podridos.
Esa habitación tiene su propio escritorio con papel y tinta en pequeñas repisas cerca. Y, por supuesto, un pequeño balcón con una vista excelente al puerto interior y una parte de lo que es la Guarida del Lobo. Desde ahí se ve el barco cisne de Ser Yndros, hay hombres custodiando la nave en la cubierta y hombres con armaduras de los Manderly en el anclaje. Un barco así es codiciado, majestuoso y velas hermosas, aunque solo sean blancas, sin ningún sigilo de Casa pintada en ellas.
Las puertas sorpresivamente se abren provocando que Sansa se sobresalte, sus manos se aferraron al barandal de madera temiendo saltar por la irrupción violenta.
— ¡Eres una amargada! ¡Lo prometiste!
Wynafryd es quien ha entrado sin avisar pasando de sus guardias que protegen las puertas. Los cabellos dorados sueltos revolotean a cada paso violento que da hacía a ella.
— Es un extranjero.
— Dices que los Señores norteños o son muy malhumorados o son más pequeños que un renacuajo... ¡Tienes a un caballero frente a tus narices que busca...!
— Que busca llevar a la cama a la primera doncella que caiga en sus encantos, Wynafryd. — Detiene de inmediato volviendo a entrar a la habitación. — Hasta Ser Dayne lo ha visto mal durante todo el banquete. Esos dos parece que tienen una rivalidad desde el torneo de Lanza del Sol. No lo sé... Siento que algo está mal con él.
— ¿Con Ser Dayne?
— Con Ser Yndros, Wynafryd. — Calca con molestia. — ¿Has visto a los hombres que están en su nave? Tienen máscaras de bronce con forma de animales raros. — Su cuerpo estremeció, animales conocidos, otros raros como serpientes.
— ¿Un hombre no puede contratar mercenarios que custodien su oro? — Wynafryd se acerca tomando sus manos con suavidad. El apoyo emocional es lo último que necesita, especialmente viniendo de su amiga "la casamentera". — Le pregunté a madre sobre él, es un hombre con riquezas en Lys en busca de entretenimiento en torneos en Poniente. Imagina, sus riquezas para dar a Invernalia en un...
— No. — Volvió a detener. Le ha dicho que no permitirá un cortejo de un extranjero. — Te aprecio y agradezco mucho que me intentes ayudar. Si en algún momento de estos días un caballero o Señor llama mi atención te lo diré.
Wynafryd entrecerró los ojos, al final suelta un suspiro asintiendo un par de veces.
— Bien. Eso sí, necesitas salir por aire fresco ¿Puedes acompañarme mañana a la plaza? Han traído nuevas telas y sedas a las sastrerías.
— Por supuesto.
Ante la falta de sueño, Sansa se dispuso a escribir una carta para enviar al día siguiente a Bosquencantado. Al igual que ella, parece que Jon tampoco desea tomar una esposa y engendrar hijos, sin embargo, sus cartas son más para animarlo, pues sigue en tierras del Norte y no sureñas. Un Guardia de la Noche, un vigilante que murió y acabó su guardia sirviendo hasta la muerte como es dicho en el juramento. Él tiene sangre Stark, Fantasma es prueba de ello. Más Stark que Targaryen, pero eso no lo sabrá nadie más que los últimos hijos de Eddard Stark y un Maestre que ha jurado callar y olvidar.
Jon escribió una vez sobre una mujer llamada Val, aparentemente una mujer molesta y amargada con la existencia de Jon en el Pueblo Libre. Sansa cree que hay algo ahí, la manera en que la describió y narró las bromas e insultos hacía a él. Escribió que Tormund se ríe, pues así es el carácter de la mujer. Fantasma está bien con él, disfruta de la nieve aunque ya no sea tan profunda como antes y además de los días de caza.
Es cuestión de tiempo para que el carácter de aquella mujer lo atraiga como una polilla encantada a la luz de que emanan las antorchas y los faroles.
Es cuestión de tiempo que los Stark vuelvan a recuperar su antigua gloria y poder en el Norte, porque de algo está segura; los norteños aprecian más al bastardo de Ned Stark que a su hija legitima.
Muchas personas dicen que, al dormir, los sueños son los únicos que se mantienen inocentes. Sin embargo, sus sueños inocentes fueron robados hace mucho tiempo. En Sansa no hay nada de inocencia, sus enemigos se encargaron de desaparecerla, nada de aquella niña ingenua e infantil queda en su ser, solo una pequeña parte de esa niña está encerrada en lo más profundo de su corazón. A veces siente que desea romper los barrotes que la enjaulan como el pequeño pajarito que es.
Sus sueños de esa noche fueron inundados de dolorosos recuerdos. Los ojos grises de su padre se posan sobre ella, él tuvo miedo frente a la muchedumbre que gritó que le cortaran la cabeza. Ilyn Payne no mostró piedad en darle ejecución con la espada ancestral de la Casa Stark, pero no fue eso lo que la enfureció, fue volver a ver la sonrisa arrogante de Joff. Un niño despiadado que nunca mereció ser rey, un niño ingenuo como ella que se divertía de forma sátira, un adulador estúpido al que deseó ser ella quien hubiera puesto el veneno en la copa que lo mató.
«Ojalá hubiera sido yo» No pudo verlo asfixiándose, pero la imagen cambio de su padre a Joff en el suelo con las uñas de los dedos rasgando la piel de la garganta. El jubón dorado en el cuello se tiñe en rojo poco a poco mientras que los ojos azules heredados de los Lannister se vuelven negros y sangrantes. Le hubiera dado satisfacción escuchar los alaridos de agonía de Cersei intentando salvar a su pequeño bastardo, ver en sus brazos al moribundo rey, a Aerys II. Joff se volvería un Rey Loco como lo fue Aerys, el rey que asesinó Jaime Lannister por la espalda «¿Tendría las mismas agallas Jaime de pasar la hoja de su espada por la garganta de su hijo para terminar su crueldad?» No. Hubiera dejado que la ciudad se hundiera en la miseria y ardiera por sí sola.
Es costumbre despertar cada cierto tiempo, volver a dormir cuesta, siempre tratando de pensar en algo agradable antes de volver a cerrar los ojos. Sus pensamientos estuvieron plagados del misterio del rostro del caballero de Lys, siente que lo ha visto antes. Tiene labios gruesos y una mandíbula agraciada, sin vello y bien cuidada así como la piel que dejó expuesta. Esos ojos púrpura... «¡No!» Gritó en su mente frustrada. Es un extranjero, al menos en esa quincena debe rechazar amablemente ofertas de matrimonio... Sin que Wynafryd se entere.
Sansa se ha acostumbrado a la corona en su cabeza que le es extraño sentir el peso, pero sabe que está ahí. Es una mera decoración que le da a entender a la gente que es proveniente de los Stark y no de los Tully de Aguasdulces, en la memoria de muchos hombres ancianos sigue la imagen de una Catelyn Tully joven y agraciada, los ancianos la confunden con regularidad, en sus pobres mentes cansadas creen que es su madre. Su viva imagen.
Durante el desayuno el silencio dominó. Hay dos asientos vacíos al costado derecho de Lord Manderly, uno para Lady Wylla y, el otro, para Ser Yndros. No es que llegasen tarde al desayuno, parece ser que esos dos están en el patio según lo que ha dicho el bardo en forma de disculpa por la ausencia.
Lord Manderly le llama "muchacho", un "muchacho" desconocido con quién sabe qué intenciones. Ser Andar aparentemente trata de ser cordial con sus suegros, sin embargo, hay algo que le molesta cada vez que dan mención al caballero de Lys ¿Más estima? ¿Inseguridad por como Wynafryd le hace preguntas sobre él? Ya pasará la popularidad de Ser Yndros cuando vuelva a tierras del Este.
— Muchos hombres de Valle de Arryn han venido a competir en la justa. Y pocos más del sur. — Lady Leona la ve con ojos llenos de afecto ante el hablar de Lord Wylis «Wynafryd no es la única casamentera» — Gyles Grafton de Puerto Gaviota ha llegado desde hace seis días.
— No. — Dice Lady Leona de inmediato. Lord Wylis se estremece ante la voz de su esposa. Lady Leona la vuelve a mirar con cariño. — Ha procreado dos bastardos, no le sugiero que le dé su favor. No solo hombres del Valle han llegado, si no, del Dominio. Lucas Kidwell de Salón de la Hiedra es bastante atractivo y buen muchacho. Hace una luna cumplió su décimo octavo día del nombre.
— Buen hijo, pero tonto. — Oye a Lord Wylis con cierta decepción ¿Desde cuándo ha decidido que pueden hablar sobre pretendientes y dar su favor? Sansa ha llegado para ser mera espectadora de la justa, no traer problemas, ni molestias. — Los del Dominio lo único que relucen es su belleza, más su destreza son pésimas. Al pobre seguro lo tumba su propio caballo.
Loras Tyrell demostró ser un buen caballero, no solo mostró su belleza sureña. Mientras que Loras fue un caballero hábil con la espada, Margaery demostró ser hábil en el habla, poseyendo una afilada lengua como Olenna Tyrell. El único vástago de la Casa Tyrell, Willas, reducido a un simple vasallo. No ha sabido nada de él por mucho tiempo, lo que sabe es que Tyrion convenció a Bran de que se le diera Altojardin a Bronn de Aguasnegras «Un mercenario con poco moral» piensa con disgusto, Tyrion debió quedarle a deber algo y, los Lannister sin un oro, ¿Qué más le podría otorgar?
— ¿Y mi hermana? ¿Acaso se ha vuelto desdeñosa durante mi ausencia? — Wynafryd tuvo la intención de darle vuelta al tema de conversación.
— No, tu hermana ha estado enamorada de la Sirena Errante desde que se ancló en el puerto pequeño. Tu padre la ha vuelto más obstinada con la cota de malla que le ha comprado hace media quincena. — Lady Leona casi escupe el trozo de carne que se ha llevado a la boca, lo ha dicho con presente insensibilidad.
— Me dediqué a pasar tiempo con Lady Wylla, mi hermosa Wynafryd. Tiene destreza para el manejo de una espada. Habíamos estado practicando en el patio. — Comenta Ser Andar provocando que Lady Leona niegue con la cabeza. — Una dama también puede aprender a defenderse por sí sola. Creo que recordarán que en antaño hubo mujeres guerreras que no temían levantar el acero de una espada.
A Arya le encantaría tener esta conversación con Ser Andar, no cualquier hombre le da el apoyo a una mujer de que use una daga para defenderse, mucho menos una espada con el acero bien afilado. Está segura de que su hermana no dejaría de hablar de la guerrera Nymeria y la reina consorte Visenya Targaryen. Esas historias que le encantaba escuchar de mujeres guerreras que contaba la Vieja Tata cuando eran niños y Sansa aborrecía, aunque no tenía de otra más que escuchar hasta al final.
Ser Andar es agradable, de buen hablar y comprensivo por cómo ha tratado a Wynafryd durante su cortejo y citas, muchas damas no tienen la oportunidad de conocer a sus prometidos antes de casarlos y supone que es maravilloso saber que concordarás con él en muchas cosas. Lo único que concordó con Tyrion fue burlarse a escondidas de los Lannister, especialmente de Joff.
— ¿Y qué te pareció Ser Yndros, Su Majestad? Tiene una pinta extravagante y es muy educado. — Cuestionó Wynafryd con cierta voz burlona mientras Sansa apenas puede digerir un trozo de carne de la trucha. — Me pareció un buen gesto su regalo. Esas alfombras cuestan demasiados dragones de oro.
Sansa se llevó la mano a la boca notando que los presentes se le quedan viendo, Ser Andar parece haber fruncido el ceño levemente ante la mención del caballero de Lys.
— Fue amable. — Respondió con sencillez después de haber pasado el bocado. — Parece que en sus tierras dar regalos a los más grandes Señores es una costumbre. No por otra cosa. — Mira Wynafryd molesta por la mención.
— Las doncellas están más que embelesadas por él ¿Cómo no estarlo? Un lysiano tiene belleza que poco queda en el Mundo Conocido de la Antigua Valyria. Sus ojos púrpura parecen hipnotizar a aquellas personas que ve. — Contó Lady Leona con regocijo.
— ¿Y por qué ocultarse tras una máscara de plata? — Oye a Ser Andar. — Los extranjeros son extraños; sus costumbres, sus culturas... Adoran a un maldito caballo. — Dijo en voz baja.
Los ojos de Sansa prefieren recorrer las mesas de abajo. Hay muchos hombres de Valle de Arryn y, entre todos, se centra en Ser Gerold Dayne viéndose molesto, expresándose junto a un Señor que tiene por sigilo en el peto de la armadura limones sobre un campo morado «Limonar, Dorne» Recuerda. En la boda de Joff también vio a varias personas con ese mismo sigilo en los blasones llegar a la fiesta.
«¿Tendrán tierras llenas de limoneros o solo usan los limones para resaltar?»
Ser Dayne está airado golpeando la mesa con los dedos, está inclinado hacia adelante pareciendo tratar de que nadie más lo escuche, solo el otro dorniense con un rostro inexpresivo.
Se muere de la curiosidad por saber qué provocó la hostilidad de Ser Dayne hacía Ser Yndros. No todos los torneos y justas son para entretenerse, algunos usan la festividad para algo más... Inmoral. No saldrá nada bueno si los dos hombres llegaran a tenerse cara a cara en la juste, pero supone que Ser Dayne es lo que busca.
Wynafryd hizo su recorrido “especial” por los grandes pasillos exteriores de Nueva Fortaleza.
Sansa se encontró con Lord Jasper Redfort, un tercer hijo con dos inviernos más que Sansa. Un hombre encantador, de hombros anchos y rasgos duros digno de un hombre atrayente. Fue un sencillo saludo de cortesía, parece que Lord Redfort estuvo practicando el arco y flecha en el patio de arquería.
— Muchos de ellos son reservados. — Dice Wynafryd con decepción en la voz.
¿Por qué no ser reservados? Cuando son terceros hijos, la presión de ser alguien como el primer hijo es mucha; no tierras, no título. Y siendo reservado con ella no ganará un título de renombre como rey consorte, seguro que está más concentrado en los hombres que derribará en la justa.
La mayor parte de los pasillos son madera y piedra, excepto por las columnas que sostienen los techos que son de piedra blanca.
La Guarida del Lobo se hace presente majestuosamente cerca. No hay prisioneros letales ahí dentro, solo ladrones asustadizos por estar tan cerca del Bosque de los Dioses, dioses que los juzgan. A Sansa le gusta ir al bosque, es tranquilo, suficiente para cerrar los ojos y rezar por su familia.
Se oye el choque de acero, el ruido viene del campo de practica donde ve a Lady Wylla con la susodicha cota de malla que Lord Manderly le ha regalo, además de una pechera de cuero y madera que protege el pecho y los hombros. Sansa se detiene al ver con quién está Lady Wylla; Ser Yndros. Y ese bardo que está sentando bajo la sombra de un árbol tocando lánguidamente las cuerdas del laúd.
— ¡Wynafryd! — Se quejó.
Una risa amena sale de los labios de su amiga. Toma su brazo arrastrándola al campo de practica vacío. Al menos unos diez guardias están un poco lejos de Lady Wylla y el extranjero.
— Wylla me pidió algo la noche anterior que, curiosamente, he olvidado.
— ¿Curiosamente? — Riñó entre dientes.
En el campo de entrenamiento bañado por la luz dorada del amanecer, observa con ojos inseguros mientras el caballero de Lys habilidoso ejecuta gráciles movimientos con su espada contra Lady Wylla, haciéndola retroceder pasos pequeños cada vez más. El resplandor del sol destaca la destreza de sus movimientos y la elegancia de su postura; una mano manejando la espada y, la otra mano, reposando en el pecho del peto de entrenamiento. Queda hipnotizada por la mezcla de fuerza y destreza que despliega, dejando en ella una admiración silenciosa que pretende borrar en muy poco tiempo.
«Ser Arstan pudo ser sobrino nieto de Ser Barristan Selmy, pero eso no significa que fuese igual que él como caballero y soldado» El bardo parece darse cuenta de la presencia de ambas, por lo que se pone de pie como si se tratara de un lince ágil.
El caballero de Lys, bajo ese peto básico de protección, está vestido con telas finas y anchas donde el azul resalta más que el blanco. El acero de las espadas no deja de chocar entre sí, con Lady Wylla queriendo estabilizar los pies. No dura mucho para retroceder lo suficiente cuando su espada cae al suelo.
— ¡Debe ser una broma! — Grita frustrada Lady Wylla. La joven Manderly se sujetó la muñeca de la mano que sostuvo la espada, además de enfado, temor.
— ¿Qué esperabas, hermana? Él es un caballero con bastante experiencia. — Se burló Wynafryd con gracia. — Buenos días, Ser Yndros. Joven Rainier.
El caballero de Lys dejó caer la punta de la espada al suelo. Al verlas, se lleva la mano al pecho sobre el peto de practica haciendo una leve reverencia. Sansa le echa un ojo a la espada de hoja delgada, el agarre no tiene nada ostentoso, nada de joyas como muchos Señores suelen adornar para ser el centro de atención en los grandes torneos y festines. Sin embargo, sí reconoce el tipo de acero, acero Valyrio como la espada que perteneció a su padre; Hielo.
— Buenos días, Lady Manderly. Buenos días, Su Majestad Stark. — Saluda animoso el barco, por los dos. — Prometo que mi Señor se comporta bien con Lady Wylla.
— ¿Bien? Casi me arranca la mano. — Oye a Lady Wylla mientras recoge la espada del suelo.
— Mi Señor suele decir: “Si estás listo para luchar y dar tu vida, desenvaina la espada” Se lo toma muy literal. — Sansa mira los ojos púrpura, brillan que es fácil ver las pupilas. Los labios se arrugan en una sonrisa.
— ¿Y es por eso que Ser Dayne lo persigue desde Dorne? — No cae en esos encantos, su voz suena desafiante. — Está molesto.
El bardo ríe con cortesía.
— Sí, debe de estarlo ¿Desea saber el por qué, Su Majestad?
El bardo acaricia las cuerdas del laúd con sus dedos, una danza melódica, un relato que florece:
En la posada bulliciosa, dos caballeros audaces, por una doncella, sus corazones enlaces.
En la esquina oscura, la dama suspiraba, entre miradas ardientes, la tensión aumentaba.
Con aceros desenfundados, en danza de bravura, la posada temblaba con su fiera aventura.
Un ganador emerge, victorioso en la lid, aunque la doncella tentaba al caballero con su encanto sutil.
El caballero sabio firme en su honor, resistió las dulces palabras y no cedió al fervor.
El bardo entona la balada, de la riña y el rechazo del caballero que ganó el encuentro.
En la posada resonó, la historia de la virtud, doncella y caballero, destinos en la quietud.
— ¿Su enfado fue por una mujer? — Cuestionó con mofa. — Ser Dayne puede tener a todas las mujeres de Dorne, me sorprende que se peleé por una.
— Mi Señor fue muy popular con su llegada y victoria. Los Martell amablemente nos otorgaron aposentos acomodados, pero él prefirió una posada como muchos otros caballeros llegados para participar en el torneo. — Respondió. — Ser Dayne fue irrespetuoso, aún más con la joven dama que puso el ojo en mi Señor.
El bardo miró a Ser Yndros, el idioma que escuchó en la Corte del Tritón aparece. Supone que le está explicando sobre el tema de conversación. En cuanto termina de hablar el bardo en aquel idioma extranjero, la sonrisa de Ser Yndros se vuelve más amplia.
— Sí.
Eso toma por sorpresa a Sansa ¿Habla la Lengua Común?
Su voz, como un susurro de seda en la penumbra, se desliza con una cadencia hipnótica, mezclando la suavidad con el misterio. La entonación, profunda y sugerente, crea un hechizo auditivo, confundiendo la realidad y sumiendo a quienes la escuchan en un encanto envolvente, incluso para Sansa.
— Lo único que sabe decir es: "Sí", "No". Que no se les vaya a caer una teta por la emoción.
Ni ella, ni Wynafryd se dieron cuenta que estuvieron con los labios entre abiertos. Su amiga carraspea llevándose los delgados dedos a los labios «¿¡Está babeando!?»
Sansa finge toser un par de veces con la intención de alejar los estúpidos pensamientos de niña ingenua de su cabeza. Ser Yndros la está mirando a ella aun con esa encantadora sonrisa.
— Interrumpes mi práctica, hermana ¿Dónde está ese pájaro que se hace llamar tu prometido? Espero que Ser Yndros no lo haya espantado con tanta facilidad. — Se burla. Wynafryd arruga los labios molesta.
— Mi prometido está con nuestro padre viendo que todo esté listo para la justa.
— Lamiéndole las botas, seguro. — Señala Lady Wylla sin pelos en la lengua provocando que Wynafryd soltara un gruñido.
— Más respeto a tu futuro cuñado y hermano político, hermana. — Wynafryd golpeó suavemente el brazo de su hermana. — No estaré aquí para que arruines mi día de compras... ¡He recordado lo que me has pedido! — Wynafryd tomó el brazo de Sansa haciéndola caminar de vuelta a los pasillos exteriores. — No hace falta preguntar.
El rostro de Lady Wylla es evidente confusión. Wynafryd solo desea que conozca a Ser Yndros más de cerca, está más que claro las intenciones.
— Disculpen, mis Señoras — Interrumpe su caminar el bardo, Wynafryd se gira. — Mi Señor quiere saber si puede acompañarlas, claro, si se dirigen al mercado.
— ¡No! ¿¡Acaso es mejor a ir a ver baratijas que entrenar con espada!? — Grita Lady Wylla horrorizada.
— Mi Señor ha pasado mucho tiempo entrenando, mi Lady. De hecho, su visita es para buscar esos baños termales de los que habló. Dice que sus músculos están muy rígidos.
El bardo ayuda a Ser Yndros a deshacerse del peto de práctica. Sansa nota un collar de madera entre la tela de la camisa que apenas logra divisar «Un lobo. Qué casualidad» Su disgusto crece, no sabe por qué. El caballero de Lys no ha sido irrespetuoso, ni inmoral para con ella, tal vez le molesta el hecho de que no pueda comunicarse por sí solo en la Lengua Común.
— Seguro que a los guardias que nos esperan fuera no les molestará que nos acompañen. — Dice Wynafryd, el agarre en su brazo fue demasiado fuerte como para que Sansa siquiera pensara en salir huyendo de ahí, lejos de ese caballero lysiano.
El bardo y Ser Yndros se comunicaban entre ellos mientras se dirigían al mercado. Pese a sus oídos agudos, Sansa casi no escuchó las palabras del lysiano, tiene una voz agraciada, sí, pero demasiado baja como para oírlo con facilidad.
Puede ver las sonrisas tímidas de muchas doncellas que pasan por sus costados, no mirándolas a ellas precisamente. Las miradas de cada mujer están sobre el caballero de Lys, las elegantes ropas como la capa y los ojos púrpura lo hacen el espectáculo de Puerto Blanco. Una mujer lysiana como un hombre lysiano son la adoración en tierras de Poniente, muchos de los lysianos son amantes perfectos, los llamados “Señores del Placer”.
— Si no te agradara, no te verías tan recatada con él cerca. — Wynafryd le habla en voz baja sin despegar la vista del frente.
— Me asusta lo que tienes pensado, no él. — Confiesa. El bullicio en la plaza de Pata Pez es demasiado. Hay hombres con espadas y ropas finas en cada rincón que sus ojos ven, pero ninguno tan formal como Ser Yndros. — Ser Yndros es joven, estoy segura de que no tiene en mente tomar una esposa. No insistas, por favor.
— Eso no depende de mí, mi querida amiga, Ser Yndros ya ha puesto sus hermosos ojos en ti, de eso nadie duda. — Susurró con tono arrogante.
«Si ha puesto sus ojos en mí es solo para llevarme a la cama» piensa irritada. No puede aceptar que un hombre la toque, eso Wynafryd lo sabe. El toque de un extranjero será peor al de un hombre ponienti queriendo besar el dorso de su mano.
Los puestos ambulantes han estado abiertos desde muy temprano, al igual que los negocios más grandes.
Mientras camina por el bullicioso mercado, se encuentra con una pequeña tienda de alfarería. El aroma a tierra y cerámica recién horneada envuelve el lugar. Los estantes exteriores exhiben una variada colección de jarras, platos y tazones, cada uno decorado con intrincados diseños coloridos con tintes verdes y azules. El dueño, hábil artesano con manos manchadas de arcilla, trabaja en una rueda de alfarería en un rincón, creando piezas únicas. La luz tenue resalta los colores ricos de las piezas y las sombras danzan en las paredes de piedra bajo el pequeño tejado en el que se encuentra el hombre, creando una atmósfera encantadora en esta pequeña tienda de alfarería.
La pequeña tienda de un orfebre se alza con encanto en el mercado, rodeada por murmullos de visitantes intrigados y risas cálidas de unas cuantas damas. Su fachada, adornada con intrincados detalles en hierro forjado, muestra una selección de exquisitos collares y anillos. Cerca, una modesta fragua emana chispas doradas mientras el hábil artesano da forma a nuevas creaciones. La fragua y la tienda comparten el aire con aromas de metal caliente y el distintivo sonido rítmico de martillos sobre yunques.
Sansa y Wynafryd se ven rodeadas por tiendas ambulantes que despliegan telas deslumbrantes. Los vendedores, hábiles en el arte de la persuasión, intentan atraerlas con sus telas exquisitas. Cada carpa está adornada con cortinas de colores vibrantes, ondeando con gracia con la brisa del puerto. Las telas, expuestas en toda su esplendorosa diversidad, van desde sedas suaves hasta terciopelos ricamente tejidos. Los vendedores, con sonrisas amigables, despliegan muestras de la finura y calidad de sus productos, invitándolas a acercarse y sumergirse en la lujosa experiencia de elegir entre las telas más hermosas del mercado.
Es un placer para Sansa adentrarse en las maravillosas calles de algodón y telas del mercado. Con su cargamento a punto de llegar se puede dar el pequeño lujo de comprar un poco más de lo moderado. Le gusta mucho dar su propia esencia a los vestidos que los costureros suelen hacer para ella, especialmente los vestidos que son un regalo para su pequeñas tardes de ocio.
— Mi señora, Su Majestad... — El bardo llama la atención de ambas. Sansa volvió a ver los ojos púrpura «Son más lindos que los colores de las telas» piensa, un sabor agridulce pasa por su garganta, sin embargo, son los mismos ojos que los reyes y príncipes locos, los ojos de la locura que trajeron del Este. — Iremos a los baños termales, espero que disfruten de su buena compra de telas. Seguro que una que otras sedas de Lys le serán hermosas.
— Muchas gracias por acompañarnos, son unos caballeros.
Ser Yndros hace el mismo gesto con la mano en el pecho antes de inclinar la cabeza como esa mañana. Un gesto realmente sofisticado. Puede que no pueda comunicarse en la Lengua Común, pero lo compensa lo educado que es. Y paciencia.
Cuando Ser Yndros y el bardo se alejan de ellas, Wynafryd le da un codazo en el brazo mientras ríe.
— Es todo un caballero. — Dijo cantarina.
— Por los dioses, Wynafryd, es un extranjero. —Vuelve a señalar con cansancio.
Un extranjero de tierras del Este no ha sido rey o reina consorte en el Norte. Nunca. Incluso los antiguos Guardianes nunca se mezclaron con la sangre Valyria hasta lo sucedido con Rhaegar Targaryen, pero nadie sabrá que sucedió así. Los archivos sobre Jon han sido quemados por Samwell Tarly, Lyanna nunca parió a un vástago de Rhaegar Targaryen, solo queda escrito que Jon es hijo bastardo de su padre Eddard con una joven doncella desconocida.
Si bien Wynafryd es una compañía excelente, también hace que su poca calma desaparezca con ciertos comentarios inoportunos. Aun así, es una gran amiga, la amiga que necesita para no sentirse miserable el mayor tiempo del día.
Extrañamente muchos caballeros se encontraron en la plaza y mercados. La mayoría recorrían la calle de los artesanos, tal vez en busca de armamento nuevo o pulir sus armas y armaduras.
Mientras Wynafryd se entretuvo con unas hermosas telas braavosi, Sansa miró por el rabillo del ojos sedas que la vendedora afirma que son de Lys. Hermosos colores suaves las hacen llamativas. Hay una tela color púrpura como los ojos de Ser Yndros... Como los ojos de los Targaryen. Si Jon hubiera llegado a Invernalia con ese color de ojos, su madre lo odiaría más, porque de verdad hubiera pensado que su padre se acostó con Ashara Dayne.
— Te quedaría muy bien un vestido gris con este blanco. — Wynafryd llama su atención, extiende hacía a ella un trozo de tela blanco que le hace recordar a la nieve. — Debemos mandar a hacer nuestros mejores vestidos al sastre de la corte de mi padre. La fiesta después de la justa será muy grande, con nobles comerciantes exóticos.
— Esos comerciantes exóticos siempre traen color a la Corte del Tritón. — Sansa lleva sus manos a la tela queriendo sentir la suavidad y la calidad. — A veces siento que nuestros colores de Casa son muy sombríos.
— Me gusta. — Le dice con una pequeña sonrisa. — Me moriría si Invernalia fuese colorido como el sur. Tal vez de niña exageré con que quería que así fuese, pero no ahora.
Recordaría su vida horrible como rehén de los Lannister en Desembarco del Rey. Apenas puede soportar volver a ver Ramsay Bolton en sus pesadillas como para que Joffrey o Cersei se unan.
Gran parte de esa mañana se la pasó junto a Wynafryd en la plaza, por supuesto, hubo muchas telas maravillosas que seleccionó para su ocio. No faltaron las doncellas jóvenes hablando de cada caballero y Señor que veían pasar, el más hablado fue Ser Yndros. La belleza traída desde Lys... No lo va a negar, incluso ella ha admirado esa belleza que alguna vez vio en Daenerys Targaryen. Siendo una mujer bendecida por el fuego, el frío la hizo resaltar la belleza Valyria.
Ojalá no hubieran ocurrido más encuentros con el caballero de Lys, pero Sansa es una persona que, desde pequeña, los problemas la han seguido como un acecho constante.
🐾🐾🐾
Esa noche en la Corte del Tritón se presentaron animosamente muchos Señores Lyn Corbray de Rapsodia del Valle de Arryn, segundo hijo. Los ojos azules del muchacho brillaron cuando se presentó ante Lord Manderly. Escuchó a Wylla decir por lo bajo que, cualquier armadura que usase el joven Corbray, no sería suficiente para detener la lanza que impactara contra él en la justa. En palabras de Lady Wylla; Lord Corbray es un debilucho. Las telas elegantes en plata y rojo no fueron suficientes para ocultar la apariencia larguirucha del joven.
Lord Corbray no vino solo pues los herederos de Fortaleza Roja y Roble de Hierro anclaron esa misma tarde. Lord Jasper Redfort y Lord Morton Waynwood. La apariencia de ambos hombres es madura, ya con espesa barba y, seguramente, destreza y experiencia para las justas.
Lord Morton pareció interesado en ella por la manera en que la miró, no desagradable, si no, con esperanza de que tuviera una oportunidad con su persona. Sansa sabe leer las expresiones faciales con bastante facilidad y Lord Morton reveló interés.
Con la llegada de comerciantes nobles desde tierras del Este, también llegaron rumores. Alguien izaba la bandera de un dragón de tres cabezas de gules sobre un fondo blanco desde Meereen, Yunkai y Astapor. Y Volantis. Tres de esas ciudades fueron conquistadas por Daenerys Targaryen ¿Y Volantis? La gente es completamente cerrada a extranjeros como a otros lugareños que no son parte del territorio del Dragón Blanco, como llaman a aquel extraño hombre. A Sansa no se le ocurre nadie más que solo un bastardo de antaño de los Targaryen o un Fuegoscuro, pues nadie más tendría la osadía de usar el estandarte que tantos siglos representó a los Targaryen.
Es una Casa extinta.
No hay un Targaryen legítimo sobre Mundo Conocido.
Ya no.
La dinastía de los Targaryen solo duró tres siglos ¿Como durar más cuando ellos mismos se asesinaban entre sí por el trono? El verdadero reinado fue de Aegon el Conquistador y sus hermanas esposas, la tragedia de su deceso comenzó con Maegor el Cruel, el hijo de Visenya Targaryen. Fue cuestión de tiempo.
Maegor y Rhaegar tuvieron algo en común; Maegor casi destruye su Casa por tomar esposas y Rhaegar terminó destruyendo su Casa por un capricho.
Robb casi destruye a la Casa Stark por el mismo motivo, pero al menos la suerte acompañó a los últimos Stark. La suerte y el instinto de supervivencia.
Quien quiera que sea el Dragón Blanco no es su problema. Y no le interesa tener algo que ver con tierras salvajes del Este.
Los juglares, en su mayoría, músicos expertos daban vida a la Corte del Tritón. Algunas jóvenes damas han salido a bailar con sus parejas en un baile sencillo, pero llamativo. No mucho contacto, solo muñecas y palmas.
Sansa vio levantarse a Lord Morton con la mirada en ella en todo momento mientras sus amigos lo animaban entre risas. Quizá fue eso lo que provocó problemas. No fue lo suficientemente rápida para ingeniarse una brillante excusa para poder zafarse de la situación, no de Lord Morton, si no, de Ser Yndros que fue el primero en llegar a un costado suyo con la palma hacia arriba a escasos centímetros de su cara.
Sansa alzó la mirada encontrándose con los ojos púrpura que ha estado negándose a ver desde que los vio la primera vez. Y después ve en dirección a Lord Morton que detiene de inmediato los pasos hacia la gran mesa que comparte con Lord Manderly y su familia. Lord Morton parece resignado con los ojos azules mirando con evidente molestia a Ser Yndros por haberse adelantado.
Hay muchas damas que son casadas con hombres mucho más mayores que ellas. Ocurrió con Tyrion en Desembarco del Rey. Ella fue tan joven, apenas su primera luna había aparecido y los Lannister no dudaron en utilizarla a la vez que les servía como mofa.
Lord Morton no es agraciado, puede que unos años más joven fuese un hombre con atractivo. No es viejo, pero tampoco joven. Ser Yndros es joven con una belleza indudable, belleza extranjera que cualquier dama y doncella queda cautiva al verla pese que solo sus ojos y labios sean lo único que se mire bajo la máscara de plata.
Sus manos sudan y tiemblan ante la presión de tener a Ser Yndros tan cerca, esperando una respuesta a su invitación «Es un extranjero, no entenderá si me niego» Sansa tiene miedo del contacto. Sentir la piel de otro hombre tocándola, la piel de un desconocido.
La mano de Ser Yndros se ve pequeña a comparación con la suya, parece tener pequeños cayos, pero piel suave. Y cuando su mano toca la de Ser Yndros comprueba la suavidad que aún perdura en la piel.
«Suave... Cálida»
— Solo un baile. — Dice en voz baja.
Duda que Ser Yndros le haya comprendido.
La ayudó a ponerse de pie suavemente, apenas sus manos se tocaban, de alguna manera sintió firme el agarre. Y en todo momento, sus ojos azules solo miraron a los púrpura.
Ser Yndros se presenta en el salón con un atuendo que emana elegancia y distinción. Viste ropas holgadas confeccionadas en una combinación de blanco y rojo, que contrastan armoniosamente entre sí. Su túnica blanca, adornada con detalles en rojo, cae con gracia sobre su figura, otorgándole un porte majestuoso. Los pliegues de la tela fluyen suavemente con cada movimiento, creando una sensación de ligereza y nobleza.
Lleva sobre sus hombros un manto de un rojo profundo, ricamente bordado con motivos ornamentales que denotan su estatus y riqueza. El manto cae en pliegues elegantes, añadiendo un toque de esplendor a su conjunto. Sus pantalones holgados, también en blanco, le brindan comodidad sin sacrificar la sofisticación, mientras que sus botas de cuero oscuro completan el conjunto con un toque de robustez y practicidad.
En su cintura, una faja de seda roja resalta su esbelto porte, adornada con broches de oro que relucen a la luz de las antorchas del salón. Su cabello, cuidadosamente peinado, enmarca su rostro cubierto con una aura de autoridad y refinamiento.
Con cada paso que da en el salón hacía donde las parejas bailan al ritmo de la música, Ser Yndros irradia una presencia imponente y elegante, destacando entre la multitud con su atuendo que combina la simplicidad del blanco con la pasión del rojo, en una declaración de distinción.
Aunque su corazón latía con fuerza, Sansa se armó de valor y se dejó guiar por el caballero misterioso hacia la pista de baile.
Su mano permaneció sobre la de él mientras bajaban los escalones hasta la parte inferior despejada del salón donde las parejas bailan. Lord Morton ya se había retirado a su asiento, disgustado por lo que veía. Y no solo él si presta más atención a su entorno, los hombres del Valle son como los norteños, no son cálidos en la bienvenida de extranjeros, mucho menos de aquellos que tienen los ojos púrpura. A Ser Dayne las miradas de cada hombre eran amenazadores, así como las damas y doncellas sus ojos puestos en la belleza Valyria era de afecto de un pequeño enamoramiento.
Hace mucho tiempo que no baila. Los recuerdos de sus clases de danza casi han desaparecido por completo, si no fuera por la voz amable de la Septa Mordane y como Arya trataba de ingeniárselas para huir de las clases.
El caballero misterioso, cuyo rostro permanecía oculto detrás de una máscara de plata reluciente, parecía exudar un aura de misterio y encanto que intrigaba a Sansa con cada pequeño minuto que pasaba. Con cada paso de baile, sus movimientos eran suaves y seguros, como si estuvieran destinados a encontrarse en la pista de baile.
Aunque Sansa estaba temerosa de lo que el encuentro podría revelar, se permitió dejarse llevar por la música y la magia del momento. Entre giros y reverencias, sus miradas se encontraban en un juego de complicidad y misterio.
A medida que la danza continuaba, Sansa se sentía cada vez más cautivada por la presencia del enigmático caballero. Aunque su identidad seguía siendo un misterio, la joven Stark no podía ignorar la conexión palpable que había entre ellos, una conexión que trascendía las máscaras y las apariencias.
Quizá Wynafryd ha estado haciendo algo al respecto. Tanto deseaba su amiga de que viera de frente a Ser Yndros por alguna razón. No niega que la apariencia del caballero de Lys es cautivadora, pero no debe parecer una doncella ingenua delante de él, no lo es.
En medio de la cautivadora danza, Sansa se encuentra envuelta en un torbellino de emociones encontradas, mientras el caballero misterioso la guiaba con gracia por la pista de baile.
Ser Yndros tiene el cuidado de apenas tocarla, permaneciendo respetuoso hacía a ella en todo momento. Sus ojos azules se desviaban de reojo al collar antiguo que lleva Ser Yndros en el cuello, ese enigmático lobo la intriga así como el dueño de aquel medallón.
En algún punto del baile, las parejas se intercambiaron. Sansa terminó bailando con Señores nobles que tuvieron total cuidado de sus acercamientos, tal vez, porque no le agradó la idea del intercambio de pareja y su rostro fue más que suficiente para dejarlo claro.
Terminó con Ser Andar quien inició con una reverencia antes de juntar sus muñecas e iniciar el corto baile.
— Parece disfrutar el baile con Ser Yndros, Su Majestad. — Comenta Lord Royce, Sansa notó la gracia en el tono de voz. — Mi prometida brinca de alegría al verlos juntos.
— Es mera cortesía. — Responde con seriedad.
— Cuando bailó con él sus ojos desprendían más que mera cortesía, si me permite decirlo. — «Yo no...» — Tenga cuidado, Su Majestad, un hombre lysiano no será muy bienvenido en el Norte.
Sansa siente que su rostro se calienta. Hace mucho que no experimenta el rubor. La sonrisa de Ser Andar se ensancha, ocultándola lo suficiente bajando la cabeza.
Las parejas vuelven con sus respectivas parejas, Sansa termina con Ser Yndros quien vuelve a hacer una reverencia llevándose la mano al pecho e inclinándose con caballerosidad.
«Ella no...» Los ojos púrpura vuelven a verla. Es culpa de Ser Andar, ese comentario la dejó expuesta, sus mejillas arden más al tenerlo nuevamente frente a ella ¿Es acaso un hechizo? ¿Será el mismo hechizo que utilizó Rhaegar con su tía Lyanna?
Sin darse cuenta, Ser Yndros toma su mano y, sin apartar la mirada, besa sus nudillos con suaves labios nada agrietados ni secos como esperaría de un hombre. Labios suaves besando su piel como si se tratara de una delicada doncella «¿Por qué...? ¿Por qué no puedo rechazarlo?» Es un hechizo, tiene mucho sentido en su cabeza. Los hombres del Este son salvajes y usan magia de sangre y malvada, Ser Yndros no es la excepción.
En la penumbra de la habitación del castillo, Sansa se encuentra recostada en la cama, con los ojos fijos en el techo tallado de madera. El suave susurro del viento nocturno se cuela por el balcón abierto, trayendo consigo el aroma salado del mar desde el pequeño puerto interior. A la luz de la luna, las sombras danzan en las paredes de piedra. Sansa se sumerge en sus pensamientos, incapaz de encontrar la paz mientras la noche avanza lentamente, envolviéndola en un manto de silenciosa contemplación.
Ella bailó con Ser Yndros.
Un pensamiento que le da disgusto, pero no puede dejar de pensar en ello. Está segura de que los pares de ojos de cada persona dentro de la Corte del Tritón estuvieron sobre ellos dos con el pesar de saber que serán la comidilla de los chismes de los próximos días.
Una reina y un caballero extranjero juntos, en un baile que sintió íntimo y relajante, donde Sansa se olvidó estar rodeada de Señores cercanos a su reino, seguro que traerá de mal humor a uno que otro hombre que haya pretendido cortejarla.
Es difícil no caer en los encantadores ojos púrpura que posee el caballero de Lys, es un atractivo que usa a su favor sin siquiera llegar a mostrar el rostro en totalidad. Siente haber visto esos ojos alguna vez, quizá en un sueño lejano de una niña que aun soñaba con príncipes hermosos y dragones bestiales a espaldas de sus padres.
«Es un hechizo» Repite convencida. Ese hombre ha traído con él un tipo de hechizo para encantarla ¿Qué motivos? ¿Qué motivos puede traer un caballero misterioso desde el extranjero? Dicen que es muy rico, joven heredero de una gran fortuna y tierras en Lys. Lo más parecido a un Señor en Poniente.
Su sueño parece que será perturbado. No siente cansancio, siente preocupación. Hace mucho que su corazón no late de esa manera, esa niña tonta anhela volver a salir de la jaula en la que la ha mantenido encerrado desde hace muchos años, casi un década encerrada en una jaula de hierro.
«No hay un hombre bueno en la tierra» Se dijo así misma. Manteniendo su pensar que los hombres que tienen cara bonita solo pueden estar podridos por dentro, así como Joff, belleza Lannister que solo fue utilizada como disfraz de oveja. Un león con olor nauseabundo que la hostigó hasta que por fin murió el día en que se celebraba su boda con Margaery Tyrell. No pudo verlo morir, no tuvo ese placer, pero escuchó sobre su muerte, fue suficiente para hacerla sonreír aunque los Lannister le hayan puesto oro a su cabeza.
Sansa se levantó de la cama. No era justo que ese hombre la tuviera atormentada, recordando el baile que tuvieron en el salón. Y ese maldito tapiz en la esquina de su habitación no ayuda a su situación.
En la pequeña mesa de madera redonda se sirvió una copa de vino rojo. La botella de vino reposa con elegancia sobre la mesa, su cristal azul resplandece suavemente bajo la luz de las velas que aun yacen encendidas, contrastando con el rico tono rojo del líquido que reposa en su interior. Una pequeña etiqueta adorna su cuello, donde se destaca el dibujo meticulosamente detallado de un tridente verde dando a entender de que es un vino hecho en Puerto Blanco, seguramente de los propio Manderly por el tridente verde. La botella parece contener un exquisito vino que casi rivaliza con el vino de los dornienses.
Al tomar un sorbo del vino, la suavidad del líquido se desliza delicadamente por la lengua, llevando consigo un ligero toque de alcohol que acaricia el paladar sin abrumarlo. El sabor afrutado de la uva fermentada se despliega con elegancia, llenando la boca con notas dulces y frescas con el delicado matiz alcohólico deseando que ayudase a aclarecer su mente.
— Quiere llevarme a la cama. — Sonríe con ironía volviendo a dar un sorbo a la copa, uno más largo que el primero.
Esa es la intención de un hombre por más joven que sea. Ser Yndros puede quedarse con sus deseos codiciosos, Sansa nunca compartirá cama con un hombre, ni aunque su deber diga que deba hacerlo para tener un heredero. Su decisión es final, cosa que no comprende el Maestre Wolkan, al parecer ni siquiera Wynafryd.
Se asomó por el balcón, abriendo una de las puertas de roble para dar paso al pequeño balcón. Tiene una gran vista al pequeño puerto donde sigue anclado el barco cisne del caballero de Lys. En la cubierta del barco están aquellos hombres que portan máscaras de bronce, están tranquilos hablando entre ellos mientras hacen sus rondas de vigilancia. Tienen pinta de ser mercenarios, las armaduras de piel con hierro no solo son una muestra que provienen de Essos, si no, el calzado con amarras que tanto le llama la atención.
Sansa se atraganta cuando ve a Ser Yndros caminar por el muelle de piedra junto al bardo, lo suficientemente lejos como para no oír la conversación. No son altas horas de la noche, ni siquiera medianoche. Ser Yndros viste las mismas telas y sedas que llevó a la Corta del Tritón en la cena, viéndose bien vestido y limpio. Es de los pocos hombres que no terminaron tambaleándose cuando se ponían de pie y de los pocos que no terminaron con una gota de cerveza derramada en sus telas.
«Tiene dinero... Y educación ¿Qué oculta tras esa hermosa máscara de plata?» Sus ojos se entrecierran agudizando su visión. Hay antorchas de hierro de pie iluminando las calles de piedra del puerto y el muelle, al igual que la cubierta del barco está iluminada por faroles de aceite. juraría que al menos se llevaría a una doncella al interior del barco terminando la cena y el baile, tantas jóvenes dispuestas y sin rechistar pueden acabar en el camarote principal de ese barco.
En algún momento, cuando el caballero y el bardo estuvieron en la cubierta, Ser Yndros se gira mirando en su dirección; cabeza en alto y una mano levantada, saludando.
Al sentirse descubierta, su corazón latió con fuerza a la vez que la vergüenza recorrió cada centímetro de su cuerpo. El caballero saludó, eso es innegable. Sus largos dedos presionaron más la copa de vino intentando que no resbalara por tal sorpresa. Es un descaro de parte de él, al menos se hubiera hecho el desentendido para no avergonzarla. Entre la vergüenza se unió la molestia al verlo hacer la reverencia elegante que lo distingue.
Sansa se marchó del balcón tan rápido como fue descubierta. La puerta de roble resonó en la habitación sin siquiera ser su intención. “Estuviste sonriendo todo el tiempo mientras bailaban”, recuerda las palabras entusiastas de Wynafryd antes de meterse a sus aposentos más molesta que halagada.
Antes de volver a la cama, un pequeño pájaro entró por una de las pequeñas ventanas abiertas. El color del pájaro, azul y rojo, llamó su atención al escucharlo picotear en uno de los postes a los pies de la cama. Sansa se acercó mirándolo con detalle, el pequeño pájaro lleva una nota en una de las patas. Si fuese un motivo importante de alguien, un Señor, usaría un cuervo que llegaría directamente a las pajareras o con el Maestre de los Manderly, no un pájaro pequeño colorido fácil de derribar si su intención fuese un mensaje de suma importancia.
“Para su Majestad Sansa Stark, reina en el Norte,
Quisiera expresar mi más sincero agradecimiento por la grata compañía que me brindó durante nuestro reciente baile. Fue un verdadero placer compartir ese momento con usted.
La elegancia de sus movimientos y la dulzura de su sonrisa hicieron que la velada fuera aún más especial. Me quedó grabado en la memoria el encanto de nuestra pequeño encuentro y la armonía de nuestros pasos en la pista de baile.
Espero que podamos repetir esa experiencia en algún otro evento futuro. Estoy seguro de que cualquier ocasión en tu compañía será igual de encantadora.
Con todo mi respeto y aprecio,
Ser Yndros de Lys, su más leal caballero”
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