Chapter Text
Su existencia ahora mismo, mientras yacía tendido sobre su espalda, sonaba como un mal chiste; como si solo hubiese sido diseñado para ser la burla del Creador mismo.
Sus pulmones se esforzaban por jalar tanto aire como era posible, como si su cuerpo aún luchara por aferrarse a esa patética excusa de existencia.
La suave brisa traía consigo algo de nieve, no con la fuerza de una tormenta, de hecho era incluso tranquilizador la manera en que los pequeños copos caían sobre él.
Exhaló, su aliento formando un poco de vapor en el ambiente, cosa que le hizo sonreír un poco; generalmente su hermano menor era quien se divertía en los días más fríos haciendo esa clase de cosas junto a su madre.
Dejó caer la cabeza contra el césped cubierto en ese blanco manto nevado.
El sol comenzaba a ocultarse apenas en algunos minutos estaría a oscuras; la suave brisa se convertía en un viento más violento y ahora, poco a poco quedaba enterrado en la nieve.
Pero, su cuerpo estaba hecho para esto ¿no? Desde siempre había sido entrenado para esto, para estar en el frío recinto de su clan y no molestarse por nimiedades como ese clima que calaba hasta los huesos, al menos el estúpido de su hermano tenía la ventaja de un cuerpo siempre cálido.
Soltó el aire que ni siquiera se había percatado que estaba conteniendo, cerrando los ojos. Sus heridas habían dejado de ser una molestia; aunque, en realidad, ni siquiera sentía sus extremidades ya.
Habría pensado en que su muerte sería más heroica, que se harían poemas sobre el Gran Maestro de los Lin Kuei dando su vida por proteger… algo; el reino de la Tierra, su clan o a sus hermanos.
No, no sería el protagonista de alguna epopeya, sería una mancha en la historia de su clan.
Sería recordado como el imbécil que había traicionado a Lord Liu Kang y llevado al declive a su clan en tan poco tiempo.
¡Vaya forma de pasar a la posteridad!
Quizá si hubiera seguido siendo sumiso y dócil a la voluntad del Dios del Fuego, tal como lo había hecho su padre, o aún lo hacían sus hermanos, las cosas serían distintas; pero, ¿valía la pena quedarse a la sombra de los estúpidos Shaolin y dejarlos llevarse siempre toda la gloria? No, su clan merecía más reconocimiento.
O quizá se estaba dejando cegar por un ego estúpido…
Cerró los ojos y trató de regular su respiración; dejaría de pensar en todas esas decisiones de mierda que lo habían traído a este punto y trataría de recordar mejores días.
Quizá al menos así, partiría con alguna razón para sonreír.
No logró recordar demasiado, quizá Kuai Liang cuando era apenas un bebé, la curiosa sensación de sostener a una criatura tan frágil entre sus brazos, y cómo su madre le había encargado cuidar de él, su hermanito, pudo recordar el momento en que enseñó al niño a lanzar su primer golpe en un entrenamiento, incluso la llegada de Thomas; como el chiquillo de pelo platinado se escondía tras la pierna de Padre, nervioso, incluso asustado, parecía un cervatillo; débil y patético.
Aún para no ser un Lin Kuei, Thomas había demostrado su valía.
Podía recordar el verano, aunque en el recinto aún el clima era helado, se volvía más tolerable incluso para salir a jugar. Habían sido buenos días.
Ahora mismo, casi podía jurar que sentía la calidez del abrazo de Kuai Liang rodearlo.
Casi. Era imposible que así fuera, nadie tenía idea de su paradero en realidad, así que era imposible.
Pudo escuchar una voz, aunque era un ruido lejano, lo atribuyó incluso a sus propias alucinaciones provocadas al estar al borde de la muerte.
—¡Bi-Han!
Eso fue lo último que logró escuchar antes de perderse a sí mismo.
***
—¡Bi-Han!
El joven criomante se tensa al oír su nombre, por primera vez se siente realmente nervioso, ni siquiera en combate le sudan las malditas manos como ahora mismo, su corazón está latiendo contra su pecho a una velocidad alarmante.
Logra hacer una reverencia a modo de saludo al hombre que tiene delante de él; no, no su padre; él puede irse al diablo, pero el hombre a su lado es tan…
—Lord Liu Kang…
Las palabras salen con cierta torpeza, su padre ríe un poco a modo de burla.
—Ah, el futuro Gran Maestro.
El tono de voz del Dios es tan suave y cálido, le transmite a Bi-Han cierta sensación de calma que de alguna manera resulta extrañamente inquietante.
De manera oficial, sería la primera vez que se le permitiría a Bi-Han estar en una reunión con el Dios del Fuego y el Gran Maestro. Tenía que comenzar a involucrarse un poco más en la labor de su clan más allá de los entrenamientos.
***
Nuevamente está ahí esa sensación, calidez demasiado abrumadora, parecida a los abrazos de Kuai Liang.
Trata de abrir los ojos o al menos parpadear, pero es imposible cuando sus párpados pesan demasiado.
Luego puede sentir ¿humedad? Por su frente, hombros y pecho.
¿Pero qué mierda?
Finalmente sale de ese letargo para abrir los ojos de golpe, sentarse en la cama y caer sobre su espalda con la misma velocidad, soltando un gruñido de dolor.
—Creí que la fiebre no cedería. No te muevas mucho, tu costado está…
Esa voz. Ahí estaba nuevamente esa maldita voz.
Bi-Han parpadeó un par de veces para lograr enfocar al hombre delante de él. Liu Kang tenía una expresión serena mientras le seguía aplicando algunos paños húmedos encima.
Hubiera esperado cualquier cosa menos esa. Quizá despertar en una sucia celda o hacerlo convertido en cyborg, quizá ni siquiera despertar; solo morir en medio de la nieve y la oscuridad, o ejecutado por la traición a Liu Kang.
Pero no fue así.
En cambio, tenía a un Dios ¡Un maldito Dios! Atendiendo con diligencia sus heridas y la fiebre que venía con la infección de estas.
El criomante emite otro pequeño quejido cuando Liu Kang comienza a limpiarle la herida del costado.
¡Mierda, sí que duele!
Pero es natural, buena parte está aún en carne viva y aunque Kang ha sabido manejar la infección, no es un médico.
—¿Qué diablos pasó?
Por fin el criomante logra hablar, aunque desconoce su propia voz suena apagada, baja, carente de su usual tono demandante.
—Esperaba que tú me lo dijeras, Gran Maestro.
La respuesta del Dios envía un escalofrío que hace estremecer al Lin Kuei.
El dolor vuelve a derribar a la inconsciencia a Bi-Han antes de poder comenzar a explicar.
