Actions

Work Header

El cielo no es escarlata

Summary:

El último encuentro entre Osamu Dazai y Oda Sakunosuke

Notes:

Día 5. Sacrificio.

Escribí de mis traumas cinematográficos que me dejó "Beast" y "El día que recogí a Dazai Side B"

Work Text:

El bar no ha cambiado mucho, ¿no estás de acuerdo, Odasaku?

Eso es lo que quiere decir para iniciar la conversación cuando lo ve sentarse a un taburete de distancia de él. Escucha que pide el licor de siempre, eso lo hace bajar la mirada y jugar con el hielo de su vaso, esto es para disimular la sonrisa tan pequeña que se forma en sus labios. 

—Parece que eres el mismo de siempre… —murmura. 

Espera que su voz haya sido lo suficientemente baja como para no llamar su atención, aunque una parte de Dazai espera que voltee. Es su deseo, sin embargo sabe que para mantener ese mundo en donde está vivo es necesario hacer un sacrificio; un sacrificio que es capaz de realizar si de esa manera puede  conservar la vida de Odasaku y que pueda terminar de escribir su novela. Todo con la finalidad de que haga lo que no pudo en otro universo. 

Lo mira de reojo. No se equivocó cuando le sugirió unirse a la Agencia Armada de Detectives en aquella estación de tren. Ha sido una buena decisión, nota la tranquilidad que hay en su rostro, se ve que lleva una buena vida. Mientras le da el primer sorbo a su bebida, Dazai piensa que le gustaría decir lo mismo, pero hay muchas cosas perdidas desde el momento que tomó el mando de la Port Mafia, entre ellas está la amistad con Odasaku. Incluso si este momento solo durara unos minutos, resultará suficiente como para que se sienta bien al saber que algún día publicará su novela.  

Le gustaría poder seguir vivo hasta entonces. 

—¿Te conozco? 

En los minutos que llevan sentados, bebiendo en silencio, le dirigió la palabra. Nota su ceño fruncido, un gesto que no se le hace extraño porque ha permanecido observándolo. Ni siquiera se tomó la molestia de disimular. 

—Creo que esta es la primera vez nos vemos —responde. 

Para que no ocurra nada que altere la noche, Dazai tiene cuidado con las palabras que menciona, trata de mantener la calma para no sentarse en el taburete vacío entre ellos y decirle un montón de cosas que podrían interpretarse como “sin sentido”, pero en sus recuerdos él siempre lo escuchaba con atención y llevaban a cabo buenas conversaciones. 

—Ya veo. 

Dos palabras. Dos palabras y vuelve a dar pequeños tragos al licor. Por lo menos pudo escuchar su voz. 

—¿No tienes la sensación de que este lugar se siente familiar?

—Un poco. 

Suelta un suspiro silencioso. Mira su vaso en el que ya solo queda el cubo de hielo. Quiere pedirle al cantinero que le sirva más, pero antes tiene que reaccionar a esa línea “un poco”. 

—Yo solía venir aquí con un amigo. 

En su rostro vuelve a aparecer una media sonrisa, es como si le costara mucho, y lo es cuando está enfrente de Oda que no tiene ni idea de que él es ese «amigo», eso es algo muy doloroso. 

—Supongo que debió haberle pasado algo, lo siento.

Se muerde el labio. Si hay algún ser superior que está viendo la situación, Dazai le podría reclamar del por qué está haciendo que una memoria tan alegre en el bar se está convirtiendo en algo amargo. Para fingir no estar afectado, le pide al cantinero el mismo licor que está bebiendo Oda. 

—No, sigue vivo —susurra—, lo último que supe de él fue que quería escribir una novela, y que empezó a formar parte de una organización que hace el bien, lo sé porque una vez fui ayudado por ellos. 

Al terminar de hablar sabe que ha dejado señales muy claras, ya no es algo que le importe. Si se trata de la última vez que van a verse, entonces tiene que soltarse, decir todo lo que no podrá después. 

En los altavoces del bar una canción de Jazz se está reproduciendo, eso llena el ambiente silencioso del lugar. Pensó que sería un lugar que se llena a altas horas de la noche, en vez de eso solo ellos dos están. No está seguro si es una obra del destino, una risa discreta sale de los labios de Dazai cuando lo piensa, no hay forma de que crea en algo como eso. 

—Hace años hubo una persona que me dijo lo mismo —responde. Dazai voltea para que no lo mire a la cara, aún cuando ya lo vio y no mencionó nada… O puede ser que esté fingiendo que no lo conoce—. Espero que esté bien. 

«Esto es una tortura» piensa. Una tortura en el sentido de que cualquier revelación de su identidad hará que todo se arruine, es horrible que estén en una organización enemiga, pero lo es más que conserve recuerdos del mundo en el que no está vivo. 

—Yo creo que lo está —dice, es algo reconfortante que aún no haya olvidado la ocasión en la que alguien le habló en la estación de tren, había posibilidad de que lo olvidara por ser unas palabras de un desconocido—. Tal vez algún día se vean de nuevo. 

En el rostro de Dazai se forma una sonrisa que no expresa completa felicidad, más bien es como crearse una máscara para ocultar que se está haciendo pedazos con cada minuto que pasa. 

«Si te dijera que esa persona está enfrente de ti, ¿lo creerías?» Sabe la respuesta de esa pregunta, por lo que prefiere no decir nada. Cuando se gira a ver a Oda, él está bebiendo del licor. 

—Gracias, es algo que espero. 

Volvieron a estar en silencio. Dazai ya se ha acostumbrado a los pocos ruidos dentro del bar. Solo que conforme va avanzando el tiempo, hay algo que surge en su mente. 

—Me pregunto si podré unirme a la Agencia —suelta, alza su cabeza para observar las lámparas de luz tenue del lugar. 

Eso es algo que hace para no lastimarse más a sí mismo si voltea a dirección de Odasaku, no tiene ni idea de la expresión de su rostro y no quiere saberla. Acaba de decir un comentario que quiere que quede en el olvido, Dazai piensa en que cualquier persona que se entere de eso podrá preguntarse: “¿cómo el jefe de la mafia podrá estar en la agencia?” No tiene sentido, es ridículo. No es posible que alguien cuyas manos están manchadas de sangre pueda ir al camino del bien. 

—Puedes intentarlo

—Gracias, Odasaku. 

Con solo decir «Odasaku» sabe que todo se ha ido a la mierda. Tiene ganas de levantarse e irse en silencio o de apoyar su cabeza sobre la barra y despertarse cuando sea de mañana o al sentirse mejor. No lleva a cabo ninguna de las dos cosas, en vez de eso voltea para hacer frente a esa mirada tan fría. 

—¿Odasaku? 

Aprieta los labios. En su mente se repiten las palabras «no debí haber hablado» como un eco que acaba de romperlo en pedazos. 

—Lo he arruinado. —De nuevo habla en voz queda porque la felicidad que le quedaba al verlo ha desaparecido con esa pregunta, tal vez debió haber dado por terminada la conversación antes—. No tendrías que estar hablando conmigo. 

Cuando escucha el seguro quitado de una pistola, no se asusta. Esta es una situación que se ha repetido varias veces, solo que la diferencia ahora es que la persona que le está apuntando se trata de alguien a quien se refirió como “amigo” en otro mundo. 

—Formas parte del enemigo, ¿cierto? 

—A ti nunca te haría daño… —afirma, deja la frase incompleta porque sabe que cualquier cosa que diga no hará que baje el arma, hubiera preferido otro lugar para morir y no uno donde tiene recuerdos. 

—No lo creo, eres del enemigo. Quieres ver a la agencia caer. 

—Eso no es… —Cierra los ojos unos segundos, respira varias veces para tranquilizarse—. Puedes pensar todo lo que quieras. 

A Odasaku le dejaría pensar todo lo que quisiera, aunque no mintió cuando le dijo que no quiere atacar a la Agencia, ese es uno de los límites que se puso a sí mismo. 

—No puedo seguir hablando contigo. —Ya no siente que lo esté apuntando con el arma, más bien escucha como el taburete es movido hacia un lado. 

Siente cómo todo su cuerpo se tensa cuando él está abandonando el bar. Dazai avanza a un paso lento, lo quiere seguir. Si esta es la última vez que se verán entonces hay algo que tiene que decir para no irse sin arrepentimientos. 

—No quería… —Demonios, hablar se ha vuelto muy difícil. La voz se le quebró y la silueta de Oda comienza a verla borrosa—. ¡No quería que las cosas terminarán de esta manera, Odasaku! Quería que pudiéramos ser amigos, que nos reuniéramos de vez en cuando y brindáramos… —Todavía no sé desahoga completamente, le hace sentir un poco bien que él no se haya ido todavía, pero en ningún momento lo está viendo—. Quería contarte muchas cosas, comer curry contigo… quiero que tengas una larga vida —antes de finalizar, se pasa el dorso de la mano por sus ojos. Si va a llorar, no quiere hacerlo en su presencia— incluso si eso significa que tenga que morir lo haré, con tal de que puedas ser feliz. 

Dazai está viendo el suelo. Está sorprendido por cómo la situación tan desesperante le ha hecho soltar todas las emociones guardadas, incluso está sintiendo su rostro húmedo. A pesar de que este es otro mundo alternativo, no teme mostrarse vulnerable ante él, una parte de él está buscando consuelo y la otra sabe que el sacrificio es necesario, es como el intercambio de una vida por otra vida. 

—No puedo aceptar que el jefe de la mafia me esté hablando con tanta familiaridad. 

La voz tan fría le da escalofríos. Definitivamente ha arruinado todo, 

—L-lo s-siento por todo…

—Y no me llames Odasaku, la próxima vez no dudaré en disparar. 

Eso es lo último que dice antes de empezar a subir las escaleras hacia la salida. En este momento ya no hace nada para reprimir las lágrimas, ni siquiera le importa si el cantinero estaba escuchando todo, lo único que quiere es desaparecer. 

A paso lento vuelve a sentarse en el taburete, mira el lugar vacío donde está el vaso de licor a medias y un billete del que no alcanza a ver la cantidad. Es su ausencia lo que hace que se fije en esas cosas tan irrelevantes, o tal vez quiere algo en lo que pueda mantener la mente ocupada para no pensar en lo que acaba de pasar. 

Cuando cierra los ojos siente el aire frío de la noche que pasa por su rostro, es una sensación agradable. Se siente bien que sea algo que pueda experimentar por última vez. 

En su mente trata de descifrar lo que dice la letra de la canción que se reprodujo en los altavoces. La tararea mientras camina por las orillas del edificio, con sus brazos extendidos y los ojos cerrados. Es arriesgado, pero le gusta la sensación de que un mal paso le hará hacer lo que más desea. 

Este es el sacrificio necesario para conservar el mundo donde Oda está vivo. Eso es de lo que está seguro, y no hay otra cosa que más desee. No hay ninguna manera de que los dos puedan existir en el mismo mundo. Es una vida por otra. 

¿Crees que el cielo que me espera sea escarlata?

Se detiene. Abre los ojos y mira el cielo nocturno, luego a las luces de los edificios. Respira hondo, ¿por qué las posibles cosas que pudo preguntarle se le ocurrieron después de que cualquier vínculo con Odasaku desapareciera? Tal vez por el bloqueo en su mente. De las cosas de las que se arrepentirá será no leer la novela y que no pudo escuchar su respuesta a la pregunta. 

No existe un cielo escarlata, y si lo hubiera, yo no sería recibido.

Con eso decide dar los pasos que faltaban antes de terminar en el vacío. 

Espero que tú puedas estar en ese cielo. 

Series this work belongs to: