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Si las noches pudieran durar más tiempo, Kirishima estaría aún más perdido.
Porque el tópico del "amor" o del "romance" nunca fueron una preocupación real. Nunca hubieran ameritado que él se sintiera de ese modo, que pusiera ese tipo de atenciones, que perdiera de esa forma la cabeza.
Porque el asunto que lo incitaba a anhelar, desear, y sufrir como lo estaba haciendo debía ser, muy seguramente, el último tema que le debiera abrumar en sus circunstancias. Él quería enfocarse en sus estudios, en los villanos, en sus propias metas... y de a poco, ese otro tema iba ocupando más tiempo en su mente del que le gustaba. Ocupaba más tiempo, inclusive, que los héroes y los exámenes que tenía en frente.
Y aquella ira le generaba una impotencia irremediable. Especialmente, porque no había a quién culpar. No podía responsabilizar a nadie por caer de ese modo, ni siquiera al objeto de sus suspiros, ni siquiera a su propio corazón.
Y cuando todo fue demasiado, volvió a sentirse aplastado. Sus alas lo elevaron lo suficiente como para que el techo de la realidad lo golpee de imprevisto, y entonces tuvo que ver aquello manifestándose en todos lados; en su propio cuerpo, en sus relaciones, en su horario de sueño.
No importa la medida de su amor, la realidad es la misma, y lo primero que debía hacer era asumirlo del modo más propio posible.
Bakugou no lo amaba. Y Kirishima comenzaba a aceptarlo.
Todos los contras se acumulaban en su cabeza.
Uno. Bakugou lo odiaría. Creería que es un idiota, que no merece la pena seguir hablando si se comportaría de ese modo, que es patético haberse enamorado de él.
Dos. Jamás sería correspondido. Bakugou sencillamente no tenía por qué preocuparse por eso, y jamás respondería a sus sentimientos del modo en que Kirishima alguna vez ha soñado.
Tres. Ninguno estaba hecho para eso, y su relación no era la más sana, la más cercana; la más respetuosa, ni siquiera encontraba algo de esperanza para su amistad.
Pero cuando la realidad intenta interponerse durante las noches, en su mente están los ojos de Bakugou, mirándolo y luego alguna que otra sonrisa invade su mente; de esas que el rubio apenas ha notado que le otorgó, que le pudo dedicar. Era ese momento del día, en que no había realidad suficiente que pudiera aclararle el juicio a Kirishima.
El sudor inexplicable. El corazón resonando en sus propios oídos, como loco. En su garganta, por todo su pecho, el ardor insoportable, esas ideas que no era capaz de compartir con nadie.
Era tan fácil perderse en sus propias sensaciones. Era tan sencillo caer rendido ante la atmósfera que lo rodeaba cuando Katsuki se le acercaba, cuando era consciente de que estaba cerca suyo.
Se sintió inundado por todo lo que aquél rubio de mal temperamento le estaba causando.
Pero, si lo supiera... ¿cuánto lo odiaría?
No había tiempo para pensar en ello. Ni para bloquear esas fantasías tan alocadas...
Mucho menos, para enfocarse en los lamentos... o la inminente caída libre.
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—Carajo... —escupió Kirishima, sentado al final de la escalera que llevaba al primer piso del instituto. Se hacía tarde, y casi no había nadie en el establecimiento que pudiera verlo.
Por ende, no se molestó en ocultar su angustia. Dejó caer esas lágrimas. Se sentiría humillado si lo vieran así, si alguno de sus compañeros lo pudiera encontrar sintiéndose tan miserable. Sólo sería peor.
La razón, aquella discusión que tuvo con Ashido. Normalmente ambos se llevaban bien, se reunían, hablaban por horas, y no paraban de divertirse juntos. Tenían una buena relación, la mejor de las amistades de Eijirou; pero últimamente las actitudes y sus sentimientos provocaron las peores respuestas, lo que descolocó a su amiga. Y no supo explicarse bien, así que Mina acabó viéndose ofendida. Era inevitable que en algún momento, sus emociones perjudiquen sus relaciones y su bienestar... pero no creyó que sería tan pronto.
No podía ser honesto con ella. No podía contarle la verdad, el por qué se sentía así. No quería que nadie lo juzgue luego de enterarse, o escuchar comentarios innecesarios al respecto. La paz que tenía habiendo escondido la causa era algo que quería mantener a toda costa.
Pero nada en su vida estaba equilibrado desde que descubrió que amaba a Bakugou. Ni sus pensamientos, ni su tiempo siquiera. El amor no correspondido puede ser entretenido, según lo que él había aprendido en distintos medios; pero nadie te advierte de lo destructivo que puede llegar a ser.
Por eso, concluyó que era mejor sufrir a solas, como lo hace ahora.
O eso creyó.
—Oye. —una voz irritada lo llamó, y por instinto, secó sus lágrimas en apenas segundos. Algo asustado y sorprendido por la presencia de Katsuki, intentó que no notase que no se sentía bien.
—Bakugou —aligeró su propia voz, queriendo pretender que la misma no estaba rota por el llanto de por sí. E incluso si Bakugou estuviera arriba de todo en esa escalera, entendió pronto lo que estaba ocurriendo. No hizo falta preguntar.
—No intentes disimular conmigo. Sé que estabas llorando —Eijirou entonó el color de su cabello al escuchar que lo había descubierto—. No voy a molestarte, no pienses que quiero burlarme.
—Da igual, eh... ¿qué necesitabas? —preguntó, volteando del todo, y quitando su cabello de su propio rostro.
—Ah... nada —empezó Katsuki—. Pero me preguntaba... qué rayos te pasa. Hoy Ashido y tú hicieron un escándalo —comentó, lo que terminó de sorprender al pelirrojo. Y a medida en que hablaba, bajaba las escleras para ir a sentarse cerca suyo—. No me incumbe, pero estás asustando a todos.
—No... n-no-
—¿"No" qué? mierda. No creas que no me doy cuenta de que estás deprimido. Ni siquiera eres bueno mintiendo. —los insultos que sólo eran propios de él, dieron inicio. Y Kirishima supo que no podía mentirle a gran escala por mucho más tiempo.
—Bakugou —lo miró, extrañado—. Es raro... creí que nadie más lo notaría, además de Mina. Incluso... que llegaría a preocupar a alguien, pero... viniendo de ti-
—¡Que no estoy preocupado! maldición —Eijirou soltó una risa audible, lo que contrastó con su expresión de hace ya rato, y consiguió sorprender a Bakugou con un cosquilleo incómodo en sus costillas—. No te burles —amenazó—. Rayos... tiene sentido que Ashido se ofendiera. No fastidies.
—Amh... de acuerdo, lo siento —miró por un instante a un Bakugou, ya incómodo de haber tenido aquella conversación—. Perdóname. Es que... no puedo...
El rubio gruñó.
—Olvídalo. No vamos a ninguna parte —Kirishima se espantó al escucharlo—. Si no quieres decirme, no voy a estar insistiendo. Adiós.
El cuerpo de Bakugou se levantó, caminando lentamente en dirección a la salida. Por eso, otro de esos momentos ciegos se manifestaron en Kirishima; y en su cabeza los pensamientos daban vueltas, repitiendo que quería detener al rubio. Que no permitiera que se vaya, implorando que regrese. Que lo último que quería en el mundo era discutir con él.
Y tal como dictan esos momentos tan imprudentes, impulsados por sus sentimientos, sus acciones tampoco tenían sentido. Su juicio se nubló, provocando que sus pies se movieran por su cuenta hasta Katsuki.
—Bakugou —lo llamó—. Espera... —quiso tomarlo del hombro, y el rubio rápidamente movió su brazo para rechazar cualquier contacto posterior.
—Sólo dime qué quieres. —soltó, ya de mal humor.
—Disculparme —Katsuki aguardó—. Y hablar sobre lo que me ocurrió...
La mirada de Kirishima fue bajando hasta apuntar al suelo, ya que sus nervios lo dominaban incluso más al pasar de los segundos. Estaba dispuesto a dejar todo rastro de sus sentimientos, todo lo que pudiera y estuviera a su alcance al momento de expresarlos.
—Soy todo oídos —respondió Katsuki. A ésta altura entendía que no tenía sentido alguno cubrir su preocupación por indiferencia, mucho menos ante el tono serio de parte de Kirishima.
—Yo... no tengo muy claro cómo decírtelo. Realmente no estoy seguro —se preparó—. No creo siquiera estar listo para la conversación. Puede que...
—Kirishima. —se quejó.
—Bakugou... no estoy listo. —concluyó, cerca de rendirse. El rubio de ojos carmines tuvo que darse la vuelta, ya lo bastante seguro de que sólo amenazar con marcharse podría llegar a cambiarlo todo, así como podía significar que no cambiaría nada en lo absoluto.
—Adiós, Kirishima. —el aludido dió un paso por instinto, y luego sintió un grito cargarse en su garganta.
—¡Te amo!
Cae el silencio.
Y sólo en medio del mismo, Katsuki Bakugou, de diecisiete años de edad, estudiante de la academia U.A. es afectado y persuadido por Eijirou Kirishima, de su misma clase, en un atardecer solitario.
Con ambos corazones latiendo a más no poder, se aproximó lo suficiente como para paralizar a Kirishima y no darle tiempo a responderle. Suspiró, enfrentando los ojos seguros pero indecisos del pelirrojo.
—No era tan difícil. —en un movimiento rápido, tomó la nuca de Kirishima y lo besó sin emitir un sonido.
Ya no había vuelta atrás. Para bien o para mal.
Eijirou tuvo que correspoder, si es que pretendía obedecer por primera y única vez a sus propios sentimientos. Puede que la confesión, el beso, el momento, y sus acciones fueran muy diferentes a lo que originalmente planeó, pero aún así, ¿era eso algo negativo? cuando Bakugou parecía estar tan a gusto cuando lo besaba, tan cómodo cerca suyo. Tan decidido a corresponderle.
No pudo definir si fue su personalidad, sus razones, sus motivaciones, su físico, su voz, sus ojos... sencillamente le gustaba todo en él. Y no quiso encasillar sus sentimientos a un sencillo motivo, cuando había tantísimos. Lo importante para Kirishima era que Katsuki estaba dispuesto a ceder por él ahora.
Cuando se separaron, el rubio lo miró algo intranquilo, pero le mostró una sonrisa al notar el bochorno en el rostro de Kirishima. Éste tuvo que soltar una risa corta también, presionando sus propios labios.
—Nos vemos mañana. —se despidió Bakugou antes de desaparecer tras uno de los pasillos, dejando a Kirishima emocionado, confundido, y demasiado feliz.
Festejó disimuladamente, y luego dejó que aquella sonrisa enorme domine su propio rostro.
—Increíble... —murmuró, sintiendo que había sobrevivido a un tormento inimaginable. Tuvo que reconocer que hacía tanto que no se sentía de ese modo, tan completo, lo suficiente como para tener que meditar respecto a cómo volvería a hablarle a Bakugou al día siguiente en clase.
Sus miedos se borraron, y sus inseguridades ocuparían su mente y espacio en otro momento. Tachó todo "ojalá", uno por uno, empezando por asimilar su realidad, descubriendo que quizás hacerlo no era tan trágico como lo creyó en un principio.
Y en su mente, la sonrisa de Bakugou lo mantuvo entretenido todo el camino a casa.
Todo el tinte negativo de sus sentimientos se desvaneció. Y Katsuki era todo eso que Kirishima admiraba, todo eso a lo que quería acercarse. Tendrían tiempo para discutir los detalles luego. Por ahora, bastaba con ésto; alcanzaba con eso para que todo fuera diferente.
No se consideraba del tipo romántico, mucho menos lo sería Bakugou, apostaría a que no, con lo directo y lo crudo que solía ser siempre. Pero se atrevió a besarlo cuando ni siquiera parecía disfrutar del contacto físico.
Puede que Kirishima no necesitase más pruebas que eso.
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