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Language:
Español
Stats:
Published:
2024-02-08
Updated:
2024-02-12
Words:
14,903
Chapters:
6/7
Kudos:
20
Bookmarks:
2
Hits:
440

My Valentine Week (Challenge)

Summary:

Una colección de one-shots para el My Valentine Week 2024

Chapter Text

Día 1- Matrimonio Arreglado


     El infierno se encontraba sacudido ese fin de semana, el gran rey de todo Lucifer había estado recorriendo gran parte de los anillos infernales visitando a demonios de la realeza y Overlord, su búsqueda había dejado a más de uno con el corazón en la boca y preocupado por lo que estuviera planeando su alteza.

La búsqueda no llegó a nada concreto, Lucifer no había encontrado aquello que necesitaba entre la nobleza, debía bajar escalones y cambiar su enfoque, esto fue lo que lo llevó finalmente a la ciudad del pecado en donde vivían y destruían todo los pecadores y demonios de bajo rango.

–Comprendo...- Dijo en voz baja un pecador mitad araña que al rey desde detrás de su escritorio fijamente, pensaba que todo lo que le había planteado era una especie de trato con truco oculto, pero por más que intentara ver alguna trampa solo veía posibles desventajas para el rey. 

–Creame que he estado muy activo en esta búsqueda, pero simplemente no logro encontrar a alguien adecuado- Explicó el de tez pálida con sus manos sobre sus piernas y espalda erguida, su tono de voz parecía expresar una triste tragedia, lo cual al pecador no le estaba cuadrando.

–Asi lo veo, su alteza...- El arácnido miro de reojo a uno de sus guardias quien le devolvió la mirada y alzo los hombros, tampoco estaba entendiendo muy bien la situación. –Sin ofender, pero, ¿en serio cree que intentar buscar ese algo entre pecadores sea buena idea?-

–Lo es si sabes que ofrecer y que aprovechar~- La sonrisa del angel caído creció volviendo una mueca bastante tenebrosa que le provocó un escalofrío a la araña y guardaespaldas caninos.

El pecador suspiró, mucho no podía argumentar ante eso y tampoco quería rechazar tan directamente una oferta así. –Muy bien su alteza, déjeme entonces enseñarle a mis prefectos- Se levanto de su lugar y fue a buscar en un montículo de archivos detrás de el un archivo que entrego después al angel caído.

Lucifer no dudo en abrirlo, eran un par de imágenes tomadas en varios momentos, en todos se mostraban al pecador junto a otros dos arácnidos de menor tamaño, uno de color negro y otro de color blanco.

–Mis hijos Arackniss y Angel, cualquiera de los dos puede ser buena cabecilla para usted, pueden ser cabeza dura, pero con un escarmiento le prometo que no le causarán problemas- Las palabras del pecador para Lucifer no eran más que espectáculo mundano, lo que hablaba más por si solo eran las fotos.

Fotos familiares y de los hijos por individual luciendo distintos trajes para la cámara, sin duda parecían estar posando para ser vendidos al mejor postor, ver sus expresiones y poses era la mejor forma de conocer sus personalidades.

Tras unos dos minutos en silencio Lucifer depósito la carpeta sobre el escritorio señalando una de las fotos familiares donde el arácnido posaba con sus dos hijos.

–Este hijo tuyo no me sirve... pero en cuanto al otro...- Con un dedo señalo a Arackniss, el pecador tragó saliva esperando ahora lo peor. –Traelo- 

Habían pasado menos de 10 minutos y Angel Dust había entrado a la habitación casi a patadas, no entendía porqué la prisa de las guardias por obligarlo a presentarse con su padre, estaba en su rato libre perdiendo el tiempo en un bar de la zona hasta que su diversión fue arruinada y reemplazada por temor cuando vio quien se encontraba en la sala.

–Angel... Ven acá- Llamó aquel al que debía llamar padre, le estaba hablando con un tono amable, muy diferente al que solía usar normalmente con él.

–"Ahora si te comportas por tener al mismo Lucifer en persona"- Frunció levemente el ceño al verlo, pero al regresar su mirada al rey solo tomó aire y se acercó a ellos dos, se detuvo a dos metros de ambos. –B-Buenas tardes-

Su alteza no respondió el saludo, solo se limitó a acercarse a el observándolo fijamente y con una expresión tranquila que causaba de todo menos ese sentimiento a los presentes, había mucha tensión y silencio ininterrumpido.

Lo obligó a encorvarse para poder revisarlo de pies a cabeza, palmeo sus hombros y cintura e incluso reviso sus ojos y dientes, tal vez buscando imperfecciones o cualquier perforación de mierda que las personas suelen hacerse, cuando terminó esa búsqueda invasiva a su cuerpo se alejó de él.

–¿Podemos hablar de los términos y condiciones del contrato?- Esa pregunta de parte de Lucifer hizo al patriarca muy feliz, si el trato se cerraba podría obtener mucha riqueza y poder a cambio de deshacerse de una carga de su espalda.

–Por supuesto su alteza- El arácnido asintió de inmediato con la cabeza, luego miro de reojo a su hijo y lanzandole una mirada de muerte le dió la indirecta para que se fuera ahora. 

Angel no entendia nada, ni tampoco quería hacerlo, dió media vuelta cruzando la salida. –"Tsk... Viejo estúpido"- Poco sabría lo que le avecinaba.

Unos meses después Angel recibiría una noticia de parte de su padre que sacudiría su mundo, había sido comprometido con la princesa del infierno, la hija de Lucifer. No entendió como es que su padre había llegado a un acuerdo así, pero lo había logrado, su culo había sido vendido al mejor postor y no podía hacer nada al respecto para cambiarlo.

–"Morir a manos de papá o a manos de lucifer... No sé que sería peor"- Pensaba el joven mirándose a un espejo de cuerpo completo.

La noticia había sido un choque muy fuerte y ni siquiera lo pudo procesar ya que al día siguiente de decírselo lo habían echado a patadas a una limusina junto a sus maletas y mascota, ahora era problema de Lucifer. 

–Mierda... Maldita corbata- Se quejo mientras batallaba para amarrarse la corbata negra a su cuello, su cabello estaba bien peinado hacia un lado y su traje negro impecable y a la medida lo hacía lucir increíble. –Asi que, ¿"el día más feliz del mundo", eh?- Sentia náuseas de solo pensar en eso.

Cuando abandonó la habitación y lo escoltaron al lugar del evento ahí si quería estar muerto...

Era un evento pequeño y en un lugar cerrado, eso no impidió que hubiera un buen número de invitados, pudo reconocer a algunos demonios de la realeza, pero la verdad es que no conocía a nadie realmente, y todos... absolutamente todos tenían una maldita sonrisa de oreja a oreja marcado en sus rostros.

Toda la puta ceremonia estuvieron así, fingiendo estar de júbilo por la "feliz pareja" cuando todos sabían tan bien como él que ese matrimonio se estaba construyendo sobre un cementerio, muerto desde el principio ya que no había amor ninguno...

Apenas logro conocer a quien sería ahora su esposa cuando esta fue escoltada hasta el altar por su padre, una chica joven como de su edad de cabello rubio, tez blanca y mejillas rojas iguales al de su padre, una chica que cualquiera soñaría desposar, pero Angel no pensaba así.

Ni su padre ni hermano asistieron a la ceremonia, tal vez se los habían prohibido, pero Angel no era tonto, sabía que ellos preferían ir a emborracharse antes de asegurarse de que estuviera vivo, ya lo habían dejado por su cuenta, ahora que estaba frente a la mesa en la recepción acompañado de su ahora esposa es que se dió cuenta y no podía sentirse más miserable... Era patético.

Cuando la recepción terminó y todos los presentes se retiraron del lugar, fue llevado junto a la princesa a un hotel de lujo para que compartieran una suite de los pisos más altos, y muy al contrario de lo que haría cualquier esposo al tener a su mujer a solas en una habitación Angel se largo directo al baño a vomitar.

Vacío en la taza de porcelana la poca comida y bebida que le habían obligado a ingerir, su estómago estaba hecho un asco al igual que su traje que casi se había arrancado al apenas entrar al cuarto.

–E-Esto es una pesadilla...- Balbuceó con la cabeza en dirección a la taza con pastel líquido y toques de alcohol caro, vómito un poco más antes de jalar la cadena.

Su frente tenía algunas gotas de sudor y su cabello ahora era un desastre, se sentó dentro de la bañera escondiéndose durante largos minutos para simplemente intentar dormir y despertar de esa horrible realidad, lastimosamente eso nunca ocurrió, debía salir tarde o temprano, no podría dormir en una bañera tan lujosa, aunque algo le decía que valía el intento antes de tener que ver a su ahora esposa a la cara.

Cuando salió del baño pudo ver en la cama matrimonial a la princesa recostada en un lado dándole la espalda, el pensó que estaba dormida así que decidió quedarse callado y dirigirse a una mesa cerca de la entrada a agarrar una botella de vino que habían dejado allí.

–"Del 96, ¿eh?..."- Leyó la etiqueta y meditó un poco antes de pensar en hacer algo estúpido... pero al carajo, nada podía ir peor para el. 

Abrió la botella y empezó a beber desesperado su contenido siendo detenido nada más por su garganta quemada y una tos que lo obligó a apartar la botella, tenía un sabor fuerte que sin duda quemó algunas de sus papilas gustativas, pero no le importó ni una mierda eso.

Sintió un mareo repentino, pero lo ignoró bebiendo otro sorbo con un poco más de cuidado para no provocar una tos, el tercer trago le siguió y este se sentó en la punta de la cama pasando el líquido carmesí por su garganta.

En eso sintió un movimiento detrás de el, miro hacia atrás y se dió cuenta que era la princesa, ella se giró para verlo dejando en claro que no estaba dormida, seguro había escuchado todo su jaleo en el baño y ahora su éxtasis con la bebida que le había ahogado por un momento.

Angel no supo cómo reaccionar, la mirada de su esposa era intensa, pero a la vez triste, podia salir con la calle con esa mirada y hacerse pasar por una viuda perfectamente, no es como si su ahora esposo tuviera muchas ganas de seguir en ese sub-mundo, ni tampoco tuviera ganas de no rajarse el cuello.

A pesar de todo, esa mirada le hizo sentir algo... además del revoltijo en su estómago por el alcohol que le había metido, también sintió algo de... ¿lastima?, bueno, si lo pensaba bien erja dos pájaros metidos en la misma jaula de oro.

Si pudiera alcanzar la llave de su jaula y salir cualquiera lo hubiera hecho desde el comienzo, esto no había sido con amor sino por simple conveniencia de unos viejos imbéciles a costa de la libertad de los más jóvenes.

Angel sirvió una copa con el vino y se lo ofreció a la princesa con timidez...

Ninguno podía salir de su jaula, pero al menos la compañía mutua podía salvarlos de la peor de las decisiones.