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Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 4 of With My V4lentin Week
Stats:
Published:
2024-02-10
Words:
1,934
Chapters:
1/1
Kudos:
19
Hits:
236

WMV Week - Primera Cita [SigLai]

Summary:

" ¡¿Cuando aceptar una cita a ciegas me pareció buena idea?! " - Sigma



#WithMyV4lentineWeek #myv4lentineweek

Notes:

El amor surge de maneras misteriosas.

Work Text:

Se estaba arrepintiendo de haber aceptado que su amigo le organizara una cita a ciegas. Ya llevaba hora y media esperando en la mesa, y la idea de que lo hubieran dejado plantado empezaba a agobiarlo. ¿Y si su cita no venía? ¿Se acobardó a último momento? ¡¿Y si sí vino, lo vio, se arrepintió y se fue?! Sus inseguridades lo estaban atacando en el peor momento.

Se tomó su tercer vaso de agua, revisando su celular cada tanto para quitarse la ansiedad de encima. Si acaso, solo se distrajo de su desafortunada situación cuando un tipo extraño, con un parche en un ojo y una cicatriz en el otro, llegó corriendo al restaurante, y empezó a pelear con el empleado que recibía a los clientes; algo sobre no querer dejarlo entrar.

¿No sería gracioso si ese sujeto fuera su cita? Se río para si mismo. No podía tener tanta mala suerte. La sonrisa se le borró del rostro en cuanto el chico del parche finalmente logró entrar al restaurante, y para su horror, se dirigía a su mesa. No podía ser verdad, ¿cierto? ¿Qué clase de coincidencia sería esa?

—¡Lo siento! Llegué tarde. —el chico jadeaba, se notaba que había hecho una carrera para llegar. Se dejó caer en la silla al frente suyo, recuperando la respiración mientras chorros de sudor bajaban por su frente. Su rostro estaba totalmente rojo por el esfuerzo—. Yo soy… Nikolai Gogol… un… placer…

—E-el placer es mío. —se acomodó mejor en la silla, irguiéndose mientras intentaba tragarse su incomodidad. Parece que si tenía tanta mala suerte—. Yo soy Sigma.

Se quedaron en silencio unos minutos, solo esperando a que Nikolai recuperara el aliento. No pudo evitar notar por el rabillo del ojo varias miradas juzgadoras de otros clientes, y no podía culparlos. Parecia que todo lo que hacía era excesivamente ruidoso, incluido hablar y tomar agua.

—Entonces… —empezó con timidez y algo de curiosidad una vez notó que el de parche estaba mejor—. ¿Pasó algo?

—El autobús se quedó atorado en el trafico, y cuando me di cuenta de que era tarde, tuve que correr hasta acá. —dio su explicación en dos suspiros, corto y sencillo. Parece que no era la gran cosa. Nikolai parecía avergonzado al respecto, y se volvió a disculpar por su llegada y tardanza.

—Y-ya veo. —bueno, no perdía nada con darle una oportunidad, ¿verdad? Un percance lo tiene cualquiera en cualquier día, no debería juzgarlo porque el tráfico no colaboró hoy. ¡Hizo un gran esfuerzo por llegar! Así que todo seguía bien con la cita, ¿verdad?

¡¿Verdad?!


Bueno, después de que los echaran del restaurante con sus cenas en una bolsa porque Nikolai se puso a hacer trucos de magia y quemara una cortina, pensó que seria bueno dar la cita por terminada. Pero Nikolai era más persistente de lo esperado y según sus palabras “¡No puedes dejar que la noche acabe así!”

—Entonces… ¿A dónde vamos? —preguntó mientras caminaban. Era temprano aún, así que todavía había una buena cantidad de personas en la calle.

—No lo se, ¿Qué cosas te gusta hacer? —Sigma pensó un momento, y tuvo que esforzarse. Lugares había varios que le encantaban, lo que no quería era estar allí con ese tipo.

—Yo tampoco sé, ¿la feria? —fue una sugerencia al azar, más una pregunta que otra cosa. Había escuchado de ella en algún punto antes ese día y lo mencionó solo por no quedarse callado.

Bueno, ahora estaban en la feria, probando suerte en los juegos de tiro.

—Soy muy malo en este juego. —se quejó Sigma con un puchero, bajando la escopeta de corchos. Había fallado todos los tiros que el albino había comprado para él.

—¡No te preocupes! Yo ganaré por ti. —habiendo notado su frustración, tomó el arma y pagó por 3 oportunidades más. Antes de que Sigma pudiera replicar que no era necesario, Nikolai había acertado los 3 objetivos con la escopeta de corchos, ganando al instante… de un solo disparo.

—Que… puntería. —definitivamente no tenía miedo. El temblor en su cuerpo solo era frío, claro que sí.

—¿Qué premio quieres? —Gogol sonrió inocentemente, sin notar que ahora el que sudaba era otro. Sigma miró los anaqueles sin muchos ánimos, ignorando la mirada impactada y en shock del dueño del puesto.

—Ese es lindo. —señaló un pequeño conejo. No tenía nada especial, solo un disfraz de payaso, todo blanco y negro, pero le llamaba la atención. Nikolai miró al vendedor fijamente, y este, bastante aterrado, trajo el peluche de tamaño medio, y se lo entregó a Sigma con la mayor delicadeza posible; como si fuera alguien importante. Todo mientras miraba a Gogol.

Sigma frunció el ceño al contemplar la escena, tomando el peluche y empezando a caminar sin esperar a su cita. Este le alcanzó segundos después, confundido.

—¿Qué pasa? ¿Viste algo interesante? —sonrió con curiosidad.

—¿Por qué amenazas a los trabajadores? —Nikolai infló las mejillas, haciendo un pequeño berrinche.

—Muchas veces no quieren darme mi premio porque creen que debo hacer trampa de alguna forma. —se quejó, hablando un poco de experiencias anteriores en ferias. Sigma escuchaba con atención; Gogol realmente podía llegar a divagar cuando quería. Todo acabó en una historia de como el de parche ganó 200 dólares porque lo confundieron con un payaso de circo.

Cortó la historia cuando algo más interesante llamó su atención. Sigma volteó a ver en la dirección que estaba mirando, ahorcando al peluche en consecuencia. Era una casa del terror.

—No vamos a ir allí. —susurró, mirando un grupo de chicos salir gritando y llorando del lugar—. ¿Verdad?

Nikolai sonrió, una sonrisa tan ancha que no tendría nada que envidiarle al Gato Cheshire.


—Abre los ojos. —se estaba riendo un poco, aunque disfrutaba de cómo Sigma se aferraba a su brazo.

—¡No quiero! ¡No quiero ver! —gracias al cielo que había dejado el peluche al cuidado del encargado de la atracción, si no, ya lo hubiera usado como proyectil hace 3 habitaciones.

—Vas a chocar con un monstruo si sigues así. —sintiéndose como un tipo malo, Nikolai se soltó del agarre de Sigma, alejándose—. ¡Atrápame! —forzosamente tendría que abrir los ojos para encontrarlo. Así lo hizo el de cabello bicolor, cosa que no le sirvió de mucho ya que las luces eran bastante tenues y no le dejaban encontrar el camino. Ni siquiera se había dado cuenta que el de parche no se había alejado tanto, pero el no verlo cerca lo asustó.

—¡Nikolai! —antes distraído por un maniquí de zombi muy realista, el nombrado se volteó a mirar a su cita, quien para él si era visible. Se fijó entonces que Sigma se había quedado atrapado por una telaraña falsa y ahora estaba luchando por quitarla de su cara. Una gota de sudor recorrió su frente. Había hecho algo mal de nuevo, ¿verdad?

—¡¿Qué?! ¡No pasaron ni 3 minutos!. —Sigma dio otro grito aún peor cuando creyó sentir unas patitas caminando en su cabello. Tenía los ojos cerrados de nuevo, así que solo pudo percibir la cercanía de una persona y como un par de manos empezaban a quitarle la telaraña falsa de encima—. Lo siento, no debí dejarte.

—¡¿No tengo ningún insecto encima?! —chilló, no queriendo volver a separar los parpados. Se estaba aferrando a los brazos del albino con miedo de que este volviera a escapar.

—No, ninguno. —Nikolai río con nervios, mirando como Sigma volvía a encontrar su mirada con la suya. Ya llevaba rato sin contemplarlos; sus ojos de verdad eran hermosos—. Ya puedes verme.

—Al menos no había ninguna araña real viviendo allí. —forzó una pequeña sonrisa de alivio en sus labios, pensando que las patitas que había sentido en su cabello fueron producto de su imaginación.

—¿Te refieres a esta amiguita? —Nikolai alzó la mano, mostrando la tarántula más grande que había visto en su vida—. Con tanta telaraña falsa debió pensar que era un departamento de arañas.

Tuvo que dejar el arácnido de lado cuando Sigma casi se desmaya del susto. En fin, después de eso hubo que comprarle toda la comida de la feria que quiso porque a partir de allí definitivamente Sigma quería dejarlo e irse al diablo.


—¿Al final te gustó la cita?

—Claro, mi parte favorita fue cuando me abandonaste en la casa del terror, ¡cuando yo no quería ir! —habló entre dientes en la última parte.

—¡Ya me disculpé por eso!. —lloriqueó, pero Sigma ni se inmutó. Aún así, se dio la oportunidad de pensar un poco, mirando sus piernas, y el peluche de conejo que descansaba junto a él.

—No ha sido lo que esperaba. —soltó un pequeño suspiro—. Pero, ignorando la casa embrujada, tampoco ha sido malo. —aunque, claramente no ignoraría la casa embrujada cuando pensara en si darle una segunda cita.

«Para lo que me esperaba de él por cómo apareció, es bastante agradable.» aunque ese pensamiento se lo dejaría para si mismo.

Nikolai lo contempló un rato, volteándose a mirar el paisaje fuera de la noria, y volviendo a ver a Sigma después de un par de segundos. Prefiere ver a Sigma, pues sería la última atracción que visitarían esa noche, y quería verlo mas. Se quitó el parche por primera vez, y el de cabello bicolor se quedó algo sorprendido al ver que tenía dos ojos funcionales, pero lo disimuló lo mejor posible.

—Pensé que no tendrías... —intentó ser casual, señalando la cara de Gogol. La verdad es que le llamaba la atención desde el juego de puntería. Pero por miedo a que se tratara de un tema difícil, nunca preguntó. Nikolai negó con la cabeza, sonriendo.

—Solo me siento mejor usándolo. —Sigma parpadeó, mirando fijamente los ojos del albino.

—Son de distinto color. —se sintió tonto en cuanto lo dijo, ¡como si él no lo supiera ya!

—¡Si! Igual que tú cabello. —Sigma lo procesó, no habiendo notado esa pequeña similitud—. Combinamos.

—Supongo que si. —asintió, contemplando el par de curiosidades—. Tus ojos son muy lindos, Nikolai.

Se sintió algo extraño cuando vio al albino sonrojarse.

—El que si está tuerto es ese conejo. —desvió el tema. Sigma parpadeó, mirando el rostro del peluche. Era verdad, le faltaba uno de sus ojos.

—¡¿Eh?! ¿Se habrá caído mientras comía? —arqueó las cejas hacia abajo, entre triste y enojado. Miró el piso de la noria, sin mucho éxito encontrando la pieza faltante. No tenía ni un solo día con él y ya lo había dañado—. Y lo habías ganado para mí, lo siento.

—No te preocupes. Dámelo un momento. —Nikolai río, tomando el pequeño amigo de brazos de Sigma, quien estaba confundido. Acomodó un poco los sujetadores de su parche, colocándolo en el peluche—. ¡Ahora se parece a mi!

—Gracias… —sonrió contento. No lucía mal en lo absoluto.

—No es un regalo. —negó con el dedo, tomando el pequeño sombrero sobre la cabeza del conejo y poniéndolo en la suya. Claramente no le cabía, y eso lo hacía adorable—. Es un intercambio.

Sigma río con suavidad, volteando su mirada a la ventana de la cabina. La feria quedaba junto al mar, lo recordaba cada vez que soplaba el viento. Este reflejaba todas las luces de la ciudad y de las atracciones. Era un espectáculo bastante cotidiano, pero desde ese nuevo ángulo, lo hacía una novedad encantadora.

—Es un buen lugar para ver esta linda ciudad. —no pudo evitar sonreír con calidez, respirando la calma que había en el ambiente.

—Entonces si disfrutaste de la cita. —sus mejillas se tiñeron de rojo, y solo aumentó cuando Nikolai empezó a reírse de su reacción, comentando lo lindo que era.

Al final, tal vez si habría una segunda cita.

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