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Rubble Wall

Summary:

(Originalmente escrito en español)

Una semana después de su regreso del inframundo, Vergil se encuentra reflexionando detenidamente sobre su vida entre los vestigios desoladores de su viejo hogar en Redgrave, cuando una figura intrusiva lo interrumpe.
Por su parte, Lady se adentra a regañadientes en una extraña misión de la que Dante —como de costumbre— no le da mucha información, justamente en la infame ciudad de Redgrave.

—¿Por qué mentir y mandar a Lady en una falsa misión para encontrarse con Vergil?

Lo último que le apetece a Dante es dar a entender sus razones, pero viendo que Trish no lo dejaría tranquilo...

—Pensé que tal vez podrían superar sus diferencias —Se encoge de hombros.

Notes:

Los personajes y escenarios de Devil May Cry le pertenecen a Capcom®

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

La casa de su infancia se alza casi entera frente a él. Cuando columnas de fuego se arremolinaban a su alrededor, el día que murió su madre, no tuvo la intención de permanecer ahí hasta el final y ver milagrosamente cómo el asentamiento rocoso sobrevivió.

El tiempo curó todo rastro de las alimañas de Mundus. El suelo no solo sobrevivió a la posible erosión: la vegetación floreció. Los mismos árboles casi consumidos por las llamas hace tres décadas, están más vivos que nunca y el sendero hacia la entrada principal, intacto.

No había tenido el detenimiento de notar esos detalles la última vez que visitó el lugar. Las circunstancias son distintas ahora. Sin embargo, recuerda con culpa la salida nada sutil de su mitad demoniaca después de su nacimiento. Todo el frente de la casa sufrió las consecuencias.

Un gran hueco deja expuesto el interior de la parte frontal, donde antes había un pedregoso muro y una puerta de madera manteniendo el lugar en un estado medianamente aceptable.

Con mayor calma de la que tuvo anteriormente —su vida no pendiendo de un hilo y sin la desesperación orillándolo a dividirse en dos—, avanza a paso relajado, cruzando la oscuridad con la misma normalidad que se le da a los paseos diurnos en esas novelas románticas leídas por su madre. Sonríe, feliz por la vibras del lugar y su capacidad de despertar recuerdos gratos en ese momento, aun cuando un torbellino de miseria sigue arremolinado en su corazón.

Sus pasos cesan frente a la fotografía familiar, torcida en un ángulo desbalanceado por encima de la chimenea en la sala de estar. El tiempo parece haber roído el rostro de su padre, todo lo contrario, con su madre, Dante y él.

Si hubiera prestado ilustre atención al retrato, en vez de darle la espalda ese primer día de mayo... ¿se habría echado atrás? ¿habría cesado esa necesidad de alcanzar la grandeza de su padre y contemplado seguir el camino bondadoso de su madre? ¿Hubiera ido en busca del único lazo que le quedaba en este mundo sin sentido?

"El hubiera es irrelevante ahora", supone. Todas las adversidades que enfrentó lo encaminaron hacia Dante una vez más y, a pesar de las circunstancias fatalistas, a su hijo.

Si bien él y Dante volvieron victoriosos al mundo de la superficie, a diferencia de su hermano, Vergil no esperaba un cálido recibimiento por parte de nadie. Él fue autor de los estragos causados en Redgrave, del daño colateral que cobró cuantiosas vidas humanas.

¿Con qué cara enfrentaría a su propio hijo?

Incluso si considera la invitación de Dante a su negocio, a su vida, ¿qué esperaba de ello? También tendría que encarar otros rostros conocidos, más daño colateral.

La demonio con la apariencia de su madre.

"Lady".

No conoce a Trish y no sabe cuál sería la reacción de la demonio en un supuesto reencuentro. En cambio, conoce lo suficiente a la hija de Arkham para intuir un misil recibiéndolo desde el edificio de Devil May Cry.

¿Quién, en su sano juicio, aceptaría la presencia de alguien que causó tanto dolor?

Solo Dante ha sido capaz de hacerlo.

"Tal vez es un tonto por ello", piensa el semidemonio. Un idiota por confiar en él después del historial de caos que le costó al mundo dejarlo vivir.

Pero la situación con Dante es diferente. Es su hermano.

Trish y Lady son barco de otro mar.

Si bien no terminó con sus vidas, las sometió a una tortura peor usándolas como núcleo de Artemisa y Cavaliere Angelo.

Conoce ese sentimiento, la impotencia de primera mano proveniente del tiempo atado a los hilos de Mundus... cuando fue Nelo Angelo, el imperfecto títere.

Sabe lo que ellas sienten y harían al respecto, porque si tuviera a Mundus enfrente, lo mataría.

Su línea de pensamientos es interrumpida por una presencia intrusiva. Automáticamente desenfunda algunos centímetros la hoja de Yamato con su pulgar izquierdo. El metal produce un sonido de desliz al acto.

Los pies del intruso crujen y delatan su avance hacia el interior de la casa. Vergil se esfuma en un destello azul antes de ser detectado. Una fracción de segundo más tarde reaparece frente a un pilar destruido, tomando la posición ventajosa detrás del individuo desconocido.

Vergil no percibe sangre demoníaca ni la esencia de algún poder que pudiera representar una amenaza.

Es un simple humano.

De cualquier manera se abalanza contra la figura a una velocidad sobrehumana justo cuando esta posa su vista en el retrato familiar de la sala de estar —al menos lo que queda de ella—, lo que resulta en Vergil erigiéndose sobre la ella, su peso aprisionándola sobre la alfombra que cubre el suelo frente a la chimenea.

No falta la confiable hoja de Yamato rozando la yugular del enemigo, cerrando la situación con broche de oro.

Lo primero que la vista inhumana de Vergil vislumbra bajo la penumbra de la oscuridad es un par de ojos bicolor mirándolo de vuelta con sorpresa. Sus oídos captan la exaltación en el ritmo cardíaco de la mujer y la dilatación de los ojos pone en evidencia el miedo.

Eso es. Miedo. Se siente halagado de no perder el toque.

Entonces, ¿por qué siente una pizca de decepción oprimiendo su pecho?

Un ojo verdiazul, el otro rojo. Cabello oscuro y corto, puntas rebeldes, un fleco cubriendo su frente. En esta posición, viéndola de cerca, se percata de que, aparte de los rasgos denotando madurez, no ha cambiado nada. Es la misma chica tonta que osó enfrentarlo en el Temen-ni-gru.

Sin embargo, se da cuenta de que lo decepcionante anida en la reacción de Lady. Después de poco más de dos décadas, espera más.

No son exactamente la definición de "viejos amigos", pero hay una historia breve. Incluso en ese entonces, Vergil ya sabía quién era ella desde el momento en que puso un pie en la torre.

Rebelde hasta los huesos. Lo suficiente temeraria no solo para cruzar los horrores de la torre y sobrevivir en el intento, sino para retarlo a él; o lo suficiente estúpida.

—¿Qué haces aquí? —pregunta Vergil, severo y demandante, todavía encima de ella y sin retirar a Yamato de su cuello.

La siente tensarse. Es capaz incluso de sentir ambas manos amasándose en puños. Pronto su rostro se vuelve duro. Las pupilas dilatadas pierden volumen y se agudizan, cerca de volverse líneas delgadas como las de un gato concentrándose en su presa.

"Oh, ahí está", se dice a sí mismo. Un parte de la chica que conoció se revela. La aversión suprime al miedo. Y vaya que Vergil es un maestro del desdén.

—¿Qué diablos haces tú aquí? —demanda ella en respuesta, arrogante en un sentido fastidioso y emocionante para Vergil.

"Ciertamente sus modales no concuerdan con su nombre", piensa el semidemonio acerca del vocabulario soez de Lady, cosa poco sorprendente para él, dado el largo historial de amistad con Dante.

—Por si no resulta sumamente obvio a tu pobre intuición, es mi casa —declara Vergil.

Quiere decir tantas cosas, demandar respuestas, preguntarle qué diablos hace en un lugar sagrado, cómo hizo ella —una simple humana frágil— para sondear todos los obstáculos en que su padre puso tanto esmero cuando construyó el lugar.

Pero el repertorio organizado de palabras por emplear parece desvanecerse junto con su discurso calculado.

El desaire en la voz de Vergil logra encender la cólera de Lady y, al parecer, también sus mejillas. No es intención del semidemonio pero, sacarla de sus casillas al igual que ella a él, se empieza a tornar divertido.

—¡Quita tu estúpida espada de mi cuello! —espeta Lady, retorciéndose en un inútil intento de liberarse, solo para llegar a la realización de que el sujeto es como una roca que no cederá ni un milímetro.

—Katana... —aclara Vergil, retirando a Yamato sin romper el contacto visual con la irritable mujer, ni siquiera durante el ritual inherente de volverla a enfundar con el cuidado y esmero intrínsecos en la acción de pasar el hilo por la abertura de una aguja.

—Maldito imbécil de mierda.

—Qué original. Veo que el tiempo al lado de mi hermano no le hizo justicia a tu nombre, Mary... —Se mofa el semidemonio, con un tono especialmente socarrón y molesto para Lady al mencionar detenidamente su nombre de nacimiento.

Listo.

Toda vacilación abandona a la mujer, de forma que las interacciones pasadas quedan de broma, un calentamiento para sacar a relucir las verdaderas garras.

—Vuelve a pronunciar ese nombre y me aseguraré de darte una verdadera razón para desear haberte quedado en el infierno —amenaza.

Hay un destello fiero en sus ojos, cargados de peligro latente y una determinación que promete violencia y tormento.

Por un par de segundos, Vergil baja la guardia sin ser consciente, perdido en una extraña nube de fascinación por esa oscuridad reluciendo intensamente en ella, presente incluso en el apacible mar de su ojo derecho.

La encuentra... bella. Y está desconcertado por ello.

Ese pequeño titubeo es suficiente para que la bota de Lady impacte en la espinilla de Vergil, y este pierda el equilibrio.

El plan de escape le sale contraproducente, pues solo provoca que el semidemonio deje caer su peso completo en ella. Sus frentes colisionan en un golpe seco, ambos arrugando el rostro en señal de molestia.

—¡Tú! Chi... mujer tonta —Se queja Vergil en un siseó entrecortado.

—¡Bra-vo! — Empieza a exclamar Lady. Se aclara la garganta al percatarse de que tal vez sonó como el maldito bufón de su padre. Modula su voz y prosigue: —Parece que el insulto evolucionó.

Instintivamente él se apalanca y apoya su peso en el antebrazo izquierdo, buscando equilibrio.

Sus rostros están peligrosamente cerca. Sus miradas conectadas en un reto silencioso, el juego de ver quién es el primero en apartarse. Ninguno se rinde. Son demasiado obstinados y altivos para ceder terreno.

No es su intención, pero él se ve afectado por la cercanía accidental. Las manos de Lady atrapadas en su pecho, empecinadas en la labor de alejarlo, encienden una chispa que el semidemonio busca a toda costa ahogar. Cuando la chispa se transforma en brasas, es más difícil apagarla.

Está confundido. A su mente indagadora falta razón para explicar por qué se encuentra así, o más bien, la evade. Tal vez la respuesta lo incomoda.

Pensó saber cómo actuar y sentirse cuando volvió del infierno. Creyó saberlo todo porque lo experimentó con Dante durante su fructuosa estancia allá abajo. Pero, si no sabe cómo se siente alrededor de esta mujer en ese momento, una vieja conocida —tal vez más que cualquier otra persona de este mundo aparte de su hermano —, estará perdido frente a su propio hijo.
Lady, por su lado, siente que su corazón va a estallar. Le urge salir corriendo. ¡Que la tierra la trague ahora mismo! "Voy a matarlo... y después a Dante. Y les meteré a ambos un misil por el cu...", piensa.

Se encuentra en dicha situación por culpa de Dante.

Ahora que lo piensa, cuando el malnacido le pidió hacer este "trabajo" por él, sonó bastante sospechoso. Las cosas empezaron a oler peor cuando le dijo que el lugar era asunto "delicado" en el terreno familiar, por eso evitó la intervención de Nero.

—Oh, y por favor, intenta no destruir el lugar mientras te enfrentas al demonio —advirtió Dante, aunque sonó más a ruego. Dante nunca ruega —. Podrá ponerse testarudo, pero la edificación es especial.

¡Incluso dejó a su fiel y mejorada Kalina Ann en su motocicleta por respeto!

¡Debió haberlo sabido! ¡Estúpida, estúpida, estúpida!

La gigante estatua de piedra con las características de Sparda le había dado mala espina unos minutos atrás. Se alzaba severa y tétrica a esa hora en la oscuridad, nada parecida a las edificaciones de Ciudad Fortuna que lo retrataban como un héroe majestuoso.

Y la espeluznante forma de abrirse paso...

Todavía puede sentir el olor nauseabundo de la sangre acumulada a borbotones en el compartimiento cuadrado, proporcionando el suficiente peso para revelar una estrecha porción del acceso secreto bajo la estatua. Recuerda apenas haber tenido espacio para entrar, pero se reusó rotundamente a repetir el asqueroso proceso una segunda vez.

¿Cómo se las había apañado el imbécil frente a ella para no portar ese vomitivo aroma rancio y fétido? Ella es consciente de las habilidades de teletransportación que le otorga Yamato, pero, incluso si no cruzó el mismo camino que ella, había transcurrido una semana desde que Nero sintió la presencia del par de idiotas de nuevo en la superficie y Dante cruzó las puertas del negocio que ella y Trish habían mantenido en pie por meses.

Dante apestaba, en el sentido más asqueroso de la palabra.

Si Vergil no hizo acto de presencia ninguno de esos días en Devil May Cry. ¿Dónde se refugió? ¿Cómo consiguió no oler ahora mismo como el infierno?

Un segundo... ¿por qué diablos empieza a indagar? No le puede importar menos lo que el idiota haga o no.

—No sé qué diablos estaba pensando Dante al arrastrarme aquí, pero en cuanto lo vea...

—¿Crees que estoy disfrutando de esto, mujer? No sé qué clase de broma retorcida y de mal gusto es esta... —murmura Vergil con un deje de fastidio y continúa: —pero juro que yo mismo iré a empalarlo con su propia espada, justo después de llenarlo de mirage blades hasta cansarme.

—Jamás creí estar de acuerdo con un sociópata como tú, pero secundo la moción —inquirió ella. Al menos la tensión logra disiparse en una moderada cantidad. Excepto por el hecho de que Vergil seguía encima de Lady.

Más tarde, en Devil May Cry, un plácido Dante, tumbado lánguidamente en una silla con los pies sobre su escritorio, está a punto de llevarse un placentero bocado de pizza, cuando es abordado por cierta femme fatale de cabellos rubios, claramente molesta.

—¿Es en serio? —reclama Trish y arrebata el grasiento tesoro de las manos de Dante, no sin un "¡Hey!" de protesta — ¿Enviaste a Lady a Redgrave? ¿Justamente a la boca del león?

—Relájate. Ella está bien.

—¿Seguro que no se quedó tu sentido común en el infierno? —responde exasperada y golpea el escritorio con su puño. Dante no se inmuta ni un poco —¡La mandaste a encontrarse con el tipo que la metió dentro de un puto demonio artificial!

—Esa era la mitad de él. Olvidas que V es parte de Vergil también.

Cuando Dante hace ademán intencionado de tomar otra rebanada de pizza de la caja sobre su escritorio, esta sale volando.

—Si algo le pasa a Lady, juro que...

—Siento la presencia de Vergil acercándose —La interrumpe abruptamente.

Viendo que cualquier intento de disfrutar su manjar de queso y tomate es infructuoso ante el enfado de Trish, simplemente sacude sus manos y se cruza de hombros, sin abandonar la cómoda posición.

—Pensándolo bien, justo antes de venir, Lady me preguntó dónde estabas —comenta Trish pensativa con todo y mano en el mentón —¿Por qué?

—¿Por qué viene Vergil hacia acá?

—¡No! —musita, claramente frustrada por Dante haciéndose el tonto —¿Por qué mentir y mandar a Lady en una falsa misión para encontrarse con Vergil?

Lo último que le apetece a Dante es dar a entender sus razones, pero viendo que Trish no lo dejaría tranquilo...

—Pensé que tal vez podrían superar sus diferencias —Se encoge de hombros.

¿Cómo explicarse? Se escucha tonto en voz alta, pero busca una forma de reformar la vida de su hermano.

La mezcla entre decepción y tristeza que vio en Nero el día que cruzó las puertas de su negocio, después de que Vergil se negara a seguirlo cuando volvieron del inframundo... simplemente apachurró su corazón.

Eso último jamás lo diría en voz alta.

Dante sabe que Vergil es obstinado. No puede derribar los muros infranqueables de su hermano por sí solo. ¿Qué mejor forma de debilitarlos que una explosión de amplia magnitud? Lady es ese elemento.

¿Quién sabe? Tal vez un rostro medianamente conocido incitaría a Vergil a salir de su burbuja autoflagelante.

Sabía que Lady no se guardaría nada. Ni un solo reclamo. Le escupiría todas sus verdades a Vergil y saldría ilesa de ello. En cualquier caso, si notara intenciones lascivas por parte de su hermano, podría aparecer allí en un parpadeo.

Es gracioso como una reunión productiva en el infierno con Vergil los conectó más que nunca.

Ponerlo a prueba resultó divertido, ya que, mandar a Lady a ese lugar no fue una corazonada. Dante sabía exactamente que Vergil se encontraba ahí. Dante sabía con precisión lo que él estaba sintiendo, ahogándose en una silenciosa melancolía.

¡Demonios! Incluso supo el momento exacto en que Lady arribó, porque el melancólico letargo de su hermano cambió a un fastidio distractor.

No está seguro si Vergil es consciente del nivel de esa conexión, pero si no es así, pronto lo descubriría. Y muy probablemente le llenaría el trasero de espadas invocadas por ello.

—¿Diferencias? ¿Es en serio? —responde Trish rodando los ojos.

—¿Qué?
—No sé qué intentas, pero te va a matar —inquiere la rubia, todavía de pie frente al escritorio. Su enojo es repentinamente reemplazado por un tono divertido —. Oh, y sé que ella no festeja esa mierda, pero va a tener muy presente que hoy es 14 de febrero mientras te apalea.

—Espera... dijiste que te preguntó dónde estoy.

—Así es.

—Y Vergil viene en camino, a pesar de que puede llegar en un instante con Yamato.

—Supongo. ¿A qué quieres llegar? —pregunta Trish, fingiendo demencia mientras encuentra algo "interesantísimo" en observar su manicura.

"¿Ahora quién se hace la tonta?", piensa él.
Antes de poder llegar al punto obvio, se escucha el rugido de una motocicleta en el exterior.

—¡DAAAAANTE! —gritan dos voces al unísono, detrás de las puertas de Devil May Cry.

Trish toma el alboroto como señal de despedida y le da una pequeña palmada a Dante en el hombro antes de salir pitando por la salida alterna del edificio.

—Uh oh.

Tal vez el plan de Dante se pasó de efectivo. Unir las distancias entre Vergil y Lady se logró, de alguna manera... con él siendo el desquite, aparentemente.

La explosión de Lady derribó un poco del muro de Vergil. Ojalá alguien le hubiera avisado a Dante que los escombros le caerían encima.

En una situación así, incluso un demonio puede llorar.

Fin.

Notes:

Antes que nada, un cordial saludo y: ¡Feliz día de San Valentín!
Este one-shot fue escrito como parte del evento Vxlentine's Day celebrado el día de hoy en la página del evento Verlady Week en Tumblr, en honor al prompt "Bridging the Distance".

Esta es la primera vez que subo un fanfic en esta plataforma, y también oficialmente el primero que publico sobre Devil May Cry.

¡Muchas gracias por leer!

Para más información del evento en cuestión (si es de su interés), favor de visitar la etiqueta #Verladyweek en Tumblr (el evento está en inglés).