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1. Él es el ángel con más estilo que haya visto.
La primera vez que Beelzebub conoció a Gabriel se quedó muy asombrado, él era el ángel mejor vestido y más elegante que había visto nunca, sus zapatos no eran nada como esos horribles sin sentido que ya había visto calzar a otros de su clase, y la forma evidente en que su ropa gritaba haber sido confeccionada por un sastre lo dejó con mil preguntas y un asombro que se esforzó por ocultar, un ángel de dios siendo vanidoso no era algo que pudiera disfrutar todos los días.
2. Él tiene respeto por mí.
Cuando Beelzebub supo que debía viajar a la tierra para arreglar lo que sea que estuviera mal con el armagedon, lo último que quería era tener que lidiar con el jefe de arcángeles, que debía ser, según su imaginación, otro ángel prepotente con la idea de que es mejor tan solo por no haber caído; sin embargo, su imaginación no pudo estar más errada, si bien Gabriel parecía ser un enorme arrogante, compensó eso con el respeto que le demostró, él le permitió hablar sin interrumpirle, y jamás hizo un comentario, indirectas siquiera, sobre cuál de ellos era mejor.
3. Él me entiende.
No hubo nada que hayan podido hacer, Aziraphale y Crowley habían decidido traicionarlos, y Adam no se intimidó por ninguno de ellos. En ese punto, Beelzebub se sintió devastado, miles de años de trabajo, de entrenamiento con las huestes infernales, de planear la guerra perfecta, para que un solo demonio pudiera acabar con todo; ¿qué iba a decirle a Lucifer?, ¿cómo tendría valor para ir con él y decirle que había fallado?, ¿acaso estaría decepcionado, arrepentido de haberle nombrado un príncipe, lo castigaría acaso?
Él no tuvo que decir demasiado, porque sintió que Gabriel pudo, tan solo mirando sus ojos y escuchando unas pocas palabras, comprender todo lo que estaba sintiendo.
4. Él está de mi lado.
Él estaba molesto, era tan evidente que a Beelzebub no le quedaba la duda más mínima, él no tenía miedo, Dios no lo castigaría, él solo estaba terriblemente enojado por haber fallado. Y allí, en medio de todo su enojo y la ira que no permitió salir, él lo apoyó, miró a los dos traidores y los culpó y después regañó a Adam; no debía hacerlo, era el anticristo, hijo del mismísimo Lucifer, ni siquiera él que era un príncipe infernal se había atrevido a regañar al muchacho.
5. Él no tiene miedo de mí.
Cuando las cosas parecieron estabilizarse Beelzebub le pidió una cita, una cita de negocios, claro estaba, porque pudo ser que los traidores no pagaran su crimen y su trabajo haya sido arruinado, pero acabaría teniendo su armagedon sin importar nada. Él no lo reconoció, y tuvo que admitir que fue decepcionante, usaba la misma ropa de la última vez, cómo pudo él no recordarlo, o quizá ni siquiera había prestado atención a su uniforme en aquella ocasión, no importó demasiado, Beelzebub no estaba allí para tener sentimientos distintos a la sed de guerra y sangre; mas no fue posible, porque volver a hablar con Gabriel le recordó lo bien que se sentía poder relacionarse con alguien que no tuviera miedo de él, en el infierno podía sentir el miedo incluso de sus duques, y en la tierra los humanos morían de miedo con la sola mención de su nombre, Gabriel en cambio no le temía ni lo consideraba inferior, él lo trataba como a su igual.
6. Con él puedo ser yo mismo.
No, él no recordaba cuándo fue la última vez que pudo relajarse y dejar por un momento de sentirse alerta, listo para pelear, listo para que sus demonios intentaran apuñalarlo por la espalda, no podía recordar cuando simplemente se sentó tranquilo sobre una silla en un bar y disfrutó de una canción suave. Gabriel no lo juzgó, a él no le pareció incorrecto que un príncipe infernal disfrutara esas canciones románticas, sino que, como si quisiera apoyarle en esos gustos cuestionables, había decidido disfrutar de la canción junto a él.
7. Él me escucha.
Beelzebub se dio cuenta de que Gabriel era el mejor ser que había podido conocer, cuando él no olvidó algo tan simple como una canción que le gustó, ni siquiera fue algo importante, él no se lo dijo con el objetivo de que lo guardara en su memoria, había sido tan solo un comentario sin propósito, puesto en la conversación para ayudarle a no morir, pero él lo había escuchado, guardó la canción en su memoria, junto al dato importante de que le gustaba, y después le obsequió el milagro más hermoso y especial que alguien le haya dado.
8. Él me hace sentir que amar es correcto.
Beelzebub no estaba acostumbrado a recibir algo por la simple voluntad de alguien de hacerle feliz, no recibía obsequios, sino intercambios, por eso en cuanto Gabriel hizo un milagro para él, se sintió con la obligación de pagarselo; pero eso no era necesario, y Beelzebub lo supo cuando vio su cara desconcertada al escuchar que recibiría algo a cambio, Gabriel no quería nada, tan solo la sensación y la certeza de haberle ofrecido un momento bonito.
9. Él puede hacer que me preocupe.
Cientos de ángeles durante la caída que perecieron, sin importar el bando la sangre se derramó, las lágrimas corrieron, y los gritos llenaron el cielo y cubrieron la tierra; un demonio tras otro muere todo el tiempo, traicionados incluso por otros iguales; a Beelzebub no le importa, no le importó el sufrimiento pasado, y menos le interesa el sufrimiento presente. Pero ese arcángel desapareciendo de pronto, sin decirle nada, haciendo que su corazón duela, podía provocar que hiciera cosas tan terribles como perdonar a un traidor, esperando su ayuda, tal como permitía a un demonio tomar unos cuantos más y hacer el ridículo en la librería de un ángel.
10. Él me hace cometer locuras.
Príncipe del infierno, señor de las moscas, mano derecha de Lucifer, el encargado de crear el armagedon, Beelzebub era tantas cosas que no le importó olvidar con tal de escaparse con él, y reía con una dulzura alegre cuando recordaba que ese ángel los hizo irse con una canción, porque bien pudieron pelear y ganar fácilmente, pero él prefirió restregar en la cara de todos lo poco que le importaba el cielo y el infierno, y burlarse de ellos al huir cantando.
Ya no es un príncipe, ni un señor, ni tiene a mil demonios a sus pies, es una tontería, la más grande insensatez que jamás cometió, pero nada importa, porque el infierno nunca lo dejó ser el mismo, en el infierno no sonreía, y nadie en el infierno podía hacer que su corazón se sintiera tan caliente que incluso quería llorar.
