Work Text:
Incluso cuando te encuentras en un sitio acompañado eventualmente se queda uno con sus propios pensamientos, pensando en lo mucho o poco que ha vivido o lo que ha dicho, las promesas realizadas y aquellas que no se pudieron cumplir.
Y francamente quedarte solo con estos pensamientos y variadas divagaciones es una putada, al menos a percepción de Ban que preferiría tomarse las cosas a broma tanto tiempo como le fuese posible.
Sin embargo aquí estaba, contemplando el hecho de estos sentimientos ya conocidos en algún tiempo de su vida. El sentir que la compañía de alguien podría alegrarte toda una semana y sentir que podrías volver a esa persona tu propósito. Aún con todo eso seguía sintiéndose confundido al respecto.
En última instancia podría comentarlo con Meliodas pero considerando que el seguía clavado con la misma persona no importara el tiempo o las reencarnaciones distintas por las que pasaba Elizabeth, podría pensar que lo suyo llegaba al grado de un disparate, o quizá estaba sobrepensando de nuevo.
Dando vueltas continuaba preguntándose ¿Cómo podía sentir algo como esto otra vez, por alguien que no conocía de tanto tiempo?, el cómo los sentimientos afectan a otras personas seguía siendo un misterio. Haciendo una vuelta atrás al punto de partida donde tuvo el gusto de conocer a Nanami, pensando en cada pequeño gesto y expresión que tenía al menos delante de él ya sospechaba que había un algo, una emoción similar a la que pensaba tenía en este momento.
Bueno, realmente no había que ser demasiado observador para darse cuenta de que la chica tenía algo por mirarle.
Sin embargo, aun sabiendo como él empezaba a sentirse por ella, existía el parcial remordimiento de tener una sensación así una vez más cuando quizá debió ser reservado para otra persona. A pesar de tener confianza de que podría llegar a algo si se lo propusiera, aún quedaba una pregunta que responder para poder intentar algo formalmente.
“¿será que todo esto es pasajero?”
Esa misma mañana, ya cuando varios de sus compañeros estaban despiertos incluyéndose a la joven que le robó el sueño, optó por acercarsele para poder invitarle a salir con cualquier pretexto que pudiese inventar en el momento.
Durante la noche antes de quedarse dormido del todo pudo pensar en un plan sencillo. En vista de que harían una parada antes de su siguiente destino en un pueblo tranquilo, iría con ella para solo andar y pasar los pocos días de estadía. Considerando que la chica era alguien que no había salido de su sitio de origen antes de conocerlos seguramente cualquier nueva experiencia como esta sería más que apreciada, no había manera de que se negase pero tampoco era como que quisiera delatarse tan pronto.
—Buenos días Nami— expresó poniendo una mano a su hombro, al menos para retener su atención y pudiera por acto de presión pensar en un pretexto decente, —En vista de que vamos a detenernos no tardando mucho, ¿quieres acompañarme a ver que hay?, así tal vez compramos algunas cosas para cocinar lo que quede del viaje ya sabes—.
Fue un buen pretexto al menos, por lo que consideraba había logrado no levantar sospechas. Obtuvo una sonrisa marcada de parte de la joven quien de inmediato se levantó para mirarle bien de frente.
—Sería un gusto, si no me equivoco estamos a al menos una hora de llegada así que tendrá tiempo para pensar en que vamos a conseguir, pero en lo que eso pasa ¿no será mejor que tome el mando de la cocina antes de que terminemos envenenados por otro cocinero? —.
Esa ligera burla había sido escuchada también por cierto rubio que ya estaba listo para intentar cocinar algo, una tragedia que pudo evitarse por fortuna. Dos cosas habían salido bien, evitar que el desayuno se volviese una fuente de infección y que el plan empezase por el pie derecho, ahora todo era cuestión de esperar.
No sabía si eran las ansias de lo que quería poner a prueba o porque realmente el intentar mantenerse ocupado le consumió el tiempo, pero la hora de llegada se presentó en lo que sintió cuestión de minutos, sus colegas ya sea que optasen por quedarse otro rato o que salieran en grupos, pero se dispersaron en un abrir y cerrar de ojos, quedando solamente Nanami y el.
—Bueno, espero ya tengas una idea de que debemos conseguir— dijo, si bien la salida la tenía emocionada de pies a cabeza tampoco quería delatarse más de lo que su actitud misma lo haría.
—No creerás que solo vamos a bajar a conseguir las cosas y medio andar unos minutos ¿o sí? — preguntó en un tono irónico. Solamente para probar de los primeros puntos y bueno, pudiendo disfrazarse su actuar en su mera personalidad le tomó del brazo para salir del lugar.
Mirando de reojo a la expresión dulce y emocionada de la chica en cuestión, no solo se dejó llevar por el cómo se sintió de provocarle una sonrisa y un sonrojo que era inevitable ocultar, si no que se preocupó por evaluar su propio sentir.
“Bueno, podría ver esa cara así todos los días” pensó para sí mismo mientras se embarcaban en una conversación trivial y se dejaba encantar por ese tono de voz, si lo comparaba con su primer amor era algo menos chirriante, incluso si no debiese hacer comparaciones así, fue algo que le ayudó a considerar las cosas.
Conforme iba pasando el tiempo, comprando algunas cositas aquí y allá y escuchando a su compañera hablar del todo y de la nada misma. Pensó por un momento en cuántas veces le había puesto la atención que le estaba poniendo en ese momento y se vio a sí mismo sorprendido de la inteligencia o capacidad de retener datos que tenía, estando seguro en parte de que en el futuro les sería muy útil al equipo, pero fuera de ello se encontró pensando en que podría escucharle hablar sin aburrirse ni un segundo.
Considerando que era el primer día y que aún tenía tiempo para ver otras cosas, optó porque esa primera salida en conjunto fuese tranquila, solamente las compras, ver tiendas con algunos objetos curiosos y dejarse sorprender un poco cada vez que la chica sabía algo que él ignoraba.
Al final de la cita, una vez más encontrándose en la soledad de sus pensamientos se preguntó cómo hubiese sido este encuentro de haber estado con su antiguo amor; ¿hubiese siquiera sugerido ayudar a cargar las compras?, ¿hubiesen hablado y le hubiese impresionado con un dato tan absurdo como la percepción que se tenían de las hadas en otros reinos mucho más lejanos?, incluso el que pudiese ayudarle a pensar en recetas enteras era algo posiblemente impensable si lo comparaba con su relación anterior.
Se sentía ligeramente culpable de hacer esta clase de comparaciones, pero a la vez le ayudaban a ver las virtudes de Nanami y el que le fuese posible discernir qué clase de emociones pasaban por su cabeza.
El día siguiente ya estaba planeado, por cortesía de la joven pelirroja sabía que iban a comer afuera. No obstante para cuando llegaron al sitio y fue más que claro que era como un picnic, le fue inevitable arquear una ceja mientras contemplaba a la señorita acomodar cada cosa.
—Sabes cuando mencionaste eso de comer afuera creí que iríamos a una taberna o algo similar, no literalmente comer…afuera— mencionó mientras se sentaba al suelo ya con casi todo puesto por sobre el mantel, al menos se veía apetecible el menú frente a sus ojos.
—Es decir si, era la idea, pero ¿sabes lo complejo que es encontrar sitios donde no metan carne en lo que cocinen? Supongo que mi ética con la comida parece un poco condena si lo piensas—, pronto empezó a servir en los platos para pasarle uno al hombre a su lado —pero por el lado amable, considera que estás comiendo algo hecho por mí y quisiera saber tu más honesta opinión—.
Se inclinó un poco hacia el frente con una expresión expectante, esperando a que el otro probase el primer bocado del platillo y como ella esperó su esfuerzo en la cocina estaba dando sus frutos.
Podía saborear cada ingrediente; garbanzos, el pan, el ajo, incluso algo tan minucioso como la pequeña cantidad de comino y el perejil estaban ahí, antes de que pudiera preguntarle qué era, pareció que su acompañante leyó sus pensamientos.
—Es Falafel— mencionó con orgullo, —es una receta que encontré en un libro viejo hace mucho, no tengo idea de dónde viene y mira que he querido indagar, pero dime, ¿Qué opinas? —.
—¡Es una exquisitez, eso es lo que es! — exclamó con bastante fuerza, básicamente como un grito de victoria antes de atascarse en el platillo, claro que él era alguien que comía de todo y lo agradece pero que se tomase el tiempo de hacer algo como esto y preocuparse por que le agrade fue un golpe directo al corazón del estómago.
Tan pronto terminó, antes de siquiera exigir más en un impulso meramente emocional tomó ambas manos de Nami para plantar un beso al dorso de estas mismas—tus manos son una maravilla, me encantaría tenerlas conmigo para probar más de esto—.
El rostro de la chica estuvo cerca de ponerse tan rojo como su cabello mismo, riendo con nerviosismo y halago e incluso con ello no queriendo apartarlas del otro. “No voy a lavarme estas manos en semanas” pensó en su ensoñación antes de aterrizar y negar ligeramente con la cabeza. —Sabes que solo tienes que pedirlo, hay muchas otras recetas que puedo intentar, si eso quisieras—.
—Es un trato entonces—.
La cita transcurrió con alegría probando diferentes bocadillos, un postre exquisito y nuevamente hablando o más bien él escuchando las mil y una maravillas que la chica tenía por contar sin darle espacio a ningún momento de pensar del todo, siendo impulsivo y expresivo con una libertad curiosa que no había sentido del todo con alguien más.
No tenía necesidad de mostrarse perfecto o racional, incluso llegando a contar de aquellas ocasiones divertidas donde hizo uso de sus habilidades para tomar una que otra cosa inadvertidamente y recibiendo desde risas hasta opiniones de cómo la chica misma podría haberlo hecho. No hubo tiempo de comparaciones, solamente fluyendo en una sincronía que le hizo sentirse en casa.
Ese mismo sentimiento de estar en confort con la chica fue lo que le hizo levantarse mucho antes que todos, incluso antes de que saliese el sol al día siguiente, donde reflexionaba sobre ayer, sobre el cómo recibió con tanta alegría cada coqueteo y cada broma de su parte. Incluso al terminar el día no quería apartarse de ella solo para seguir platicando del todo y de sus vidas, sintiendo que ahora esta tenía un propósito y sentido nuevo, no solo el amar a alguien si no el ser tú mismo.
“yo creo que eres bastante genial por tu cuenta, incluso si estuvieses por tus medios tienes habilidades interesantes, y una gran personalidad, incluso tus rumores tienen autenticidad, aunque sean puras tonterías, ¿lo sabes?”. Sin saberlo, Nanami con esa pequeña conversación le hizo notar o más bien sentir algo que nunca tuvo con Elaine. Un sentido de identidad propia más allá de a quien quería, de su obsesión por devolverle la vida, por el amor que en algún momento tuvo, después de todo el haber dedicado tu vida por y para una sola persona te hace perder el sentido de identidad en algún momento.
Sin embargo, lo que este nuevo amor le hacía sentir de sí mismo era algo que nunca pudiese haber pensado, ¿Cómo es que había estado de acuerdo en perderse a sí mismo desde un primer momento siquiera?
Y claro que la realización de este detalle le hizo levantarse de su cama y ponerse un poco más decente para ir por quien estaba seguro si debía ser su chica. Alguien que te permita ser tú incluso con todo el amor que te tenga era un tesoro, uno que debía tener para sí mismo a toda costa.
Para cuando la joven se dio cuenta, ya estaban afuera en un punto apartado del todo, no supo en qué momento se había levantado o la habían levantado pero el toque suave de las manos que la cargaban le hizo deducir rápidamente de qué o quién se trataba.
—¿Me robaste? — preguntó aún con la somnolencia encima volteando a ver al zorro de la avaricia mirando hacia lo que podía calcular el horizonte de donde debería salir el sol.
—Robar es una palabra muy agresiva, considera que te tomé prestada por un momento—, la mantuvo aún cerca suyo sin ánimos de bajarla y bueno, por el cómo se quedó quieta pudo saber que incluso era cómodo para su contraparte. —no pesas ni un poco, eres una plumilla—.
—¿En serio esperabas a que pesase más? —.
Entre risas y un silencio cómodo por parte de ambos se mantuvieron observando a la salida del sol, no quería preguntar aún el motivo de su préstamo, pero tampoco quería quedarse en silencio y con dudas, eligiendo llenar ese silencio con una conversación al azar.
—Sabes, entre todas las cosas que he leído y visto he encontrado una teoría curiosa— mencionó en un tono suave para que la irrupción de la calma no fuera disonante, —algunos dicen que la tierra no es el centro del universo—.
—¿Qué quieres decir con eso? —.
—Quiero decir que hay algunos que piensan que el centro del universo en realidad es el sol—.
—¿El sol? — Ban comenzó a reírse un poco, estaba al menos un poco seguro de que una declaración como esa podría asegurarte un castigo severo en algunos puntos del mundo.
—Solo es una teoría que encontré pero ¿te imaginas?, todo este tiempo pensar que el centro de tu universo entero era una cosa y al final era algo completamente distinto, en este caso algo más brillante— tomó una pausa para contemplar el inicio del vuelo de las aves por el horizonte, también esperando a recibir alguna señal por si es que debía callarse con esa información o seguir y tan pronto se sintió segura, prosiguió —vivir toda una vida pensando que el centro de tu todo era algo que realmente podría no ser tan relevante y al final descubrir algo que nunca pensaste… puedes imaginar eso? —.
Estaba más que seguro que la chica no estaba ni podría dimensionar la gravedad de sus palabras sobre él en este momento, el cómo justamente con una conversación disparatada le hizo contemplar una vez más su existencia, su personalidad y lo que había elegido como motivo para seguir en este mundo. No solo era una sugerencia de una teoría que escandalizaba a más de uno, sino que lo veía como si hablase de él mismo.
—Me lo imagino… vivir pensando que vives pensando que tu centro es alguien y termina siendo una persona completamente distinta—.
—Si sabes que estamos hablando de planetas no? — interrumpió Nami arqueando una ceja, sin saber en qué momento de la conversación llegaron a suponer gente.
—Se que hablamos de planetas, pero supongo que me identifico un poco con eso de pensar que toda tu existencia debía ser de un modo y en realidad está en otra cosa—.
La joven pudo sentir como se aferraron a ella un poco más fuerte, su misma expresión confundida parecía ser un poema de toda una realidad que se revelaba frente a sus ojos, como toda una vida que desconocía.
Y así como un tesoro, como la maravilla misma, se decidió a tomarlo antes de que cualquier otro descubriese la belleza de alguien que le permitiese ser el mismo. acercando el rostro al de la contraria, con una acción que no esperaba repetir, pronunció unas palabras que no esperaba volver a sentir.
—Te amo, Nami—.
