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Language:
Español
Collections:
Amor no convencional
Stats:
Published:
2024-03-14
Words:
1,045
Chapters:
1/1
Comments:
1
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19
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Hits:
167

A una llamada de distancia

Summary:

Dónde Sanemi y Giyuu tienen una relación a distancia y una simple llamada puede unirlos y reafirmar el amor que se tienen.

Notes:

Fic a base de un borrador rescatado de hace casi 6 años, aunque era de otra pareja reescribimos muchos diálogos y mantuvimos la idea de una llamada en una relación a larga distancia. Elegimos a Giyuu y Sanemi porque se nos hacen lindos(? Ojalá que les guste!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Sanemi sonrió cuando telefono se iluminó, cada que recibía un mensaje de Giyuu, el mayor de los Shinazugawa se sentía como un niño tonto enamorado que no dejaba de sonreír, dejaba de pensar en todo y en su mente existía solo la imagen de su novio, excepto que en ese momento, por más que quisiera, no podia responderle pues se encontraba en una reunión con profesores de la Universidad Kimetsu, donde trabajaba. 

 

Si bien Sanemi no fue precisamente un estudiante muy destacado, poco a poco había logrado resaltar lo suficiente con su trabajo de titulación como para ser contratado como profesor. Dicho ascenso coincidió con el periodo en que estableció su relación con Giyuu, desde hacía seis meses estaban saliendo, pese a que mantenían una relación a distancia. 

 

El cómo se conocieron fue de lo más surreal para ambos, fue en una fiesta a la que inicialmente ninguno quería ir. Ahí coincidieron en medio de la gente, del ruido, del alcohol; de la soledad. Volvieron a verse meses más tarde en otro evento donde hablaron más y sintieron que se conocían de toda la vida, como si ambos estuvieran esperando ese momento en el que todo cobra sentido. Y cuando creían que todo iba bien, las cosas tomaron un giro inesperado cuando Giyuu se mudó a Estados Unidos para estudiar un posgrado en psicología deportiva, al mismo tiempo que aceptó el puesto de profesor de artes marciales en un dojo en aquel país. Por otro lado Sanemi trabajaba para la universidad mientras se ocupaba de mantener a sus hermanos. Y aún si tenían todo en contra, su amor germinó cuál semilla en tierra árida. La diferencia de edad era poca, más no así la de la vida, sus condiciones eran tan contrastantes y tan diferentes entre sí que se preguntaban cómo habían llegado a amarse tanto a pesar de las diferencias, Giyuu siempre tenía una respuesta para eso: era el destino. Hablaron por semanas entre mensajes y videollamadas hasta que Sanemi tomó la iniciativa de llevar un paso adelante su relación y Giyuu aceptó. 

 

Terminada la reunión, Sanemi volvió a sacar su teléfono celular, busco el contacto de Giyuu y marcó su número, esperó a que le respondiera y mientras tanto, sacó un cigarro; un mal vicio que Giyuu le recrimibaba, y aunque a Sanemi le remordia la conciencia fumar sabiendo que eso molestaba a su pareja, era inevitable hacerlo. 

 

—¿Hola? ¿Sanemi? — escuchó la voz somnolienta de Giyuu. 

 

—El mismo, único e inigualable y tuyo, por supuesto. —respondió Sanemi tratando de ser gracioso, imaginó a Giyuu riéndose silenciosamente al otro lado del mundo. 

 

—¿Que tal tu día? Te he extrañado. —Las palabras de Giyuu eran directas, con el no existían rodeos así que Sanemi no podía mentir. 

 

—Lo de siempre —respondió Sabemi dando un suspiro. —Estoy cansado, mi horario aún no termina y el grupo es un desastre. Mis alumnos son muy revoltosos, sabes, no recuerdo haber sido un adolescente revoltoso. 

 

—¿Seguro? Kyojuro no piensa lo mismo. 

 

—¡Ja! ¿Que más te dijo de mí? 

 

—Nada que no sepa. 

 

De pronto la conversación se interrumpió cuando Sanemi comenzó a toser, incluso él sabía que estaba mal fumar, que eso le traería más problemas respiratorios, pero seguía siendo necio como para dejarlo. 

 

—¿Estás bien, Nemi? —preguntó Giyuu tan pronto se detuvieron los sonidos de espasmos, «Nemi» era el apodo que usaba en momentos como ese, donde deseaba abrazar a su pareja y acariciarle el pelo hasta tranquilizarlo. 

 

—Lo siento —se disculpó afónico Sanemi.  

 

Del otro lado Giyuu estaba preocupado, conocía el horrible horario de Sanemi, que además era adicto al trabajo y sufría una terrible ansiedad, le dolía no poder estar con él y ayudarle por lo menos un poco. 

 

—Podrías intentar dejarlo, ¿sabes? —aconsejó, como siempre lo hacía, pero todos sus intentos eran en vano.

 

—Ya lo intenté, y ya sabes que pasó —recriminó Sanemi ya con voz clara, sucedió que intentó ir a un grupo de ayuda su poca capacidad para socializar y el carácter inflexible y voluble le jugaron en contra—. Pero si te hace feliz voy a tener que apagar los cigarrillos porque no se puede fumar en el pasillo y si Himejima me ve, va a soltarme un sermón interminable. 

 

—Entonces quizá decirle a Himejima que te vigile, así dejarías de fumar. —Fue la respuesta que dio Giyuu, a modo de broma, aunque que tal vez no era mala idea hacerlo. 

 

—De acuerdo, voy a volver a intentarlo —prometió Sanemi como por quinta o sexta vez.

 

—Volveré a creer en ti, sé que puedes hacerlo. Quisiera que cuando te vea ya lo hayas dejado por lo menos un poco.

 

—Gracias por confiar en mí, Giyuu—Sanemi sonrió para sí mismo, ¿cómo alguien tan puro podría quererlo a pesar de ser un desastre andante?—. A mí también me gustaría verte, ¿cuando vendrás? 

 

—Mmh, no estoy seguro. —Giyuu chasqueó la lengua, pensó en sus opciones disponibles y continuó: —Quizá dentro de dos meses, dijeron que me darán unos cuantos días de descanso y podría ir a Japón.

 

—Eso estaría bien, si vienes quisiera llevarte a comer al restaurante de Mitsuri y Obanai. 

 

—¿Enserio? 

 

—Sí, lo inauguraron hace poco, ya sabes que siempre quisieron hacer eso. Me alegro por ellos —contó Sanemi con un aire de nostalgia, pues en el fondo el quería cumplir una meta en común con Giyuu—. Obanai nos invitó a todos los del grupo de preparatoria, así que me encontré con Kyojuro, Tengen y los demás. 

 

—Me alegra que se hayan reunido, espero eso te haya ayudado a distraerte, debes relajarte más seguido —aconsejó Giyuu como siempre lo hacía.

 

—Voy a intentarlo. —Volvió a decir Sabemi, incluso si para él era difícil volver eso realidad. 

 

—Tienes que hacerlo, es por tu bien —insistió el otro. 

 

—De acuerdo, te mantendré al tanto. Tengo que colgar, iré a dar clase.

 

—Vale, llámame cuando llegues a casa.

 

—Lo haré, ¿Si sabes que te quiero, verdad? —Sanemi nunca usaba el "te amo", se sentía cohibido ante esas dos palabras—. No quiero que lo olvides.  

 

—Yo también te quiero —respondió Giyuu un poco nostálgico antes de finalizar la llamada, hablar de sentimientos lo ponía sensible. Sin embargo, muy en el fondo, Giyuu mantenía la esperanza de que lograrían estar juntos, no sabía cómo, pero lo conseguirían.

Notes:

Gracias por leer