Work Text:
Némesis entra a la cocina, coloca sus manos en su cintura mientras mueve la cola de un lado a otro, manteniendo el mentón el alto y observa toda el área.
“Didi, sé que estás aquí.”
No hay respuesta. Todo el espacio se mantiene en completo silencio mientras las olas chocan contra el mar y el viento mueve las ramas de los árboles de afuera, los últimos cantos de las aves se escuchan a la lejanía hasta desaparecer completamente. La empleada suspira mientras se acerca a uno de los gabinetes, lo suficientemente grande para que Karma se meta dentro. Siempre lo hace cuando se siente vulnerable y hoy es uno de esos días.
Acomoda su falda para no doblarla, y se sienta en el suelo al lado de los gabinetes, apoyando suavemente la mejilla contra este, esperando escuchar alguna señal de vida de la kinnara. No tiene por qué preguntar qué le sucede; lo ha visto perfectamente. “Luces triste cuando crees que nadie te puede ver”, le había dicho una vez Nerita a su hermana mientras preparaba la cena de los huéspedes.
Las Kinnara son seres de naturaleza divina, en realidad, se podrían catalogar como semidioses, pero su forma de sentir y ver el mundo es diferente a la del promedio humano. En este caso, las emociones son confusas, intensas y prolongadas, una característica que les permite terminar sus trabajos, pero que también es una tortura. Con el tiempo, aprenden a usarlas a su favor, pero a veces son más de lo que pueden soportar.
Un gimoteo suave se escucha desde el interior del espacio reducido. Némesis levanta la cabeza y cierra los ojos, esperando.
Después de un tiempo, tal vez horas o minutos, la puerta se abre, permitiendo a Karma salir de su lugar seguro. En ese momento, Némesis está dormida, con las rodillas dobladas y los brazos sobre su vientre. La empleada se apoya junto a su hermana, apoyando la cabeza sobre su hombro, escondiendo su mirada, por lo que Némesis se despierta.
“Hola.”
“Hola.” El murmullo de Karma es suave y tembloroso.
Nuevamente, hay un silencio tranquilo entre ambas, la luz de la luna se filtra a través de la ventana de la puerta de la cocina.
“Duele mucho.”
A pesar de ser seres de la misma clase, ambas tienen misiones diferentes. Ella es devota a Kali, cree en la destrucción del mal, en la protección de los creyentes y la liberación del moksha. La ira ha sido la emoción que la ha guiado en todos sus caminos.
Por otro lado, Karma es devota de Vishnu, su trabajo es mantener el Dharma y restaurar el orden, aunque sabe que con el tiempo se volverá una guía o castigo para las almas. También, sabe que, en el fondo, Karma ha comenzado a sentir más de lo que debe por las criaturas que debe ayudar. Es consciente de que Karma, por lograr sacar lo profundo de las almas, ha permitido ser asesinada, violada y todas las atrocidades que los humanos pueden pensar.
Ahora, está en el suelo de una cocina con el alma en llamas por culpa del amor, o eso cree.
Abre los labios para decir algo, pero simplemente no se le ocurre nada. Así que con una de sus manos comienza a acariciar suavemente el cabello de Karma.
”No se supone que deba estar aquí, ella se fue, yo la —” Y su voz se quiebra, el llanto regresa nuevamente. El dolor de la kinnara es tan palpable que una lágrima surge en Némesis.
Hay una pequeña regla para las kinnara, son seres de devoción, han sido creadas para cantar y alabar a los dioses, por lo que la fe es algo bastante importante, estar seguras de que hacen lo que deben hacer. Pero, en ocasiones, dudan, una pequeña gota de incertidumbre las invade, puede quedar en eso o contaminar toda su esencia.
Eso es lo que ha sucedido en Karma, porque sí, su hermana ha caído profundamente por la energía del ángel, aunque nunca lo haya dicho en voz alta, ella ha dudado, ha dudado de todo lo que ha vivido, ha dudado sobre quién es, ha dudado sobre su devoción y ha dudado sobre si es su dharma, durante ese segundo en el que la incertidumbre ha invadido su espíritu, el ángel le ha cortado el costado de la garganta.
Ahora, al verla de nuevo, todo comienza a derrumbarse en los trozos que ha logrado recuperar.
“No sé qué hacer.”
Némesis se mueve de su lugar, haciendo que Karma levante el rostro, dejando ver las lágrimas brillantes que caen por su rostro acompañado de las marcas rojas que dejan estas por su paso. Abre sus brazos para que la criatura se esconda entre ellos y la abraza con fuerza, como si nada del exterior pudiera lastimarla.
Piensa en Haakon mientras Karma llora contra su pecho, aceptar su amor por el demonio no ha sido fácil, muchas habitaciones han sido destruidas completamente en el proceso y un par de científicos han tenido batas quemadas durante semanas.
Sin realmente tener un plan, solo le queda apoya la cabeza sobre la de la empleada mientras reflexiona las palabras adecuadas, no es buena con las palabras, ese es el don de Karma. Suspira acariciando nuevamente el cabello de la kinnara, juntando sus colas y entrelazándolas.
“Dilo en voz alta.”
“¿Perdona?”
Se separan para poder observarse al rostro, Karma parece confundida y tiene motivos, las palabras no son lo suyo.
“Acepta que tu amor por Pandora te hace vulnerable, acepta el sufrimiento.”
Karma la observa con sus brillantes ojos naranjas, el color de la sabiduría, del espíritu y la devoción. Su hermana es la kinnara más pura que puede conocer y ahora, debe admitir que la vida es sufrimiento, no, que el amor que profesa es sufrimiento.
Con ambas manos limpia el rostro de Karma, pasa suavemente por sus mejillas, quitando el rastro de lágrimas y obligándole a mantener la mirada.
“Dilo.”
Karma se queda en silencio, sus labios tiemblan mientras que la cola se mueve dando suaves golpes en el suelo.
“Yo… “Titubeó cerrando los ojos con fuerza, nuevas lágrimas aparecieron y Némesis las contuvo “Yo acepto a Pandora “Tomó una bocanada de aire “Acepto a Pandora como la causante de mi sufrimiento, acepto el dolor “Un pequeño sollozo salió entre sus labios mientras las lágrimas regresaban e inundaban su vista “Acepto mi amor por Pandora como causa de mi sufrimiento” Su voz cada vez era más entrecortada, haciendo un esfuerzo para que sus cuerdas vocales vibraran lo suficiente para ser reconocidas por la caja de voz “y… y yo reconozco que no podré tenerla.”
Karma volvió a abrazar a su hermana, con fuerza, como si fuese lo último del universo a lo que se pudiera sostener. El llanto continuó, no solamente en Karma, sino que Némesis también fue afectada, haciendo que las lágrimas salieran de ella también.
Hacía meses que ambas habían dejado de sentir la presencia de sus dioses respectivamente, aunque ninguna lo dijo en voz alta. No querían admitir que los dioses las habían abandonado, pero encontraban consuelo en la compañía mutua. Por eso, sobre el frío suelo de la cocina, mientras las olas seguían chocando contra la orilla del mar y los árboles se movían con el viento, estaban solas.
