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Nunca es suficiente

Summary:

"Nunca es suficiente para mi, porque siempre quiero más de tí."

Juntos lograron frustrar el intento del cielo y el infierno por iniciar el Armagedón, y evitaron el castigo ejemplar que planeaban imponerles. Ahora, Azirafel y Crowley se enfrentan a una nueva vida cotidiana que ya no tiene las distracciones que les daba el trabajo.

Esto los llena de alegría... y de incertidumbre frente a todas las posibilidades que esto puede traerles. De entrada, ya no hay que cuidar las apariencias.


Inspirado en la canción "Nunca es suficiente", en versión de Natalia Lafourcade.

Notes:

Sobre la canción que me inspira a escribir, Natalia ha dicho en entrevistas que ella y su amiga, Daniela, pasaban ambas por un mal momento cuando compusieron esta canción. Así, la letra no habla tanto de un rompimiento, cuanto de la incomodidad anímica de quien canta.

Pueden ver la letra completa ―en español― en las notas al final de este capítulo.


Este es el primer trabajo original que escribo, aprovechando en el espacio temporal que hay entre la primera y la segunda temporada de Good Omens.

¡Que lo disfruten!

Chapter 1: Un día a la vez

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text


Una nueva vida se anunciaba con aquel hermoso amanecer. Me esmeré en crearlo especialmente colorido, con pinceladas de amarillo y rosa. Y es que los últimos días habían sido tan inusuales, tan retadores, tan extenuantes para todos... que quise crear algo especialmente bello, de tal modo que sólo para el mas despistado de los seres humanos resultara imposible mirar los colores en el cielo y no sentir el calor de la esperanza en el pecho.


La noche anterior había sido perfecta. El día entero había resultado absolutamente glorioso, para ser sinceros. No sólo evitaron el Apocalipsis. Se habían salido limpiamente con la suya, logrando hacer creer a todos que el ángel o el demonio que habían intentado castigar se había convertido en un nuevo y desconocido ser sobrenatural. También habían conseguido volver a sus propios cuerpos sin ser detectados, y habían podido disfrutar de una cena decadentemente suculenta en el Ritz. Charlaron, rieron y bebieron hasta que casi fue hora de cerrar el restaurante. ¡El tiempo vuela cuando estás disfrutando del momento y la compañía!

Fue necesario pasar por el ritual mundano de pagar, enviar las respectivas felicitaciones al chef Williams y agradecer al personal que, como siempre, era de lo más amable con ellos dos. Para los empleados del Ritz era una visita habitual de un cliente distinguido, así que se esmeraban en complacerlos en todo lo que solicitaran. Incluso se habían acostumbrado a respetar el secreto del nombre de Crowley, refiriéndose a ellos como "el Sr. Fell y su acompañante".

Salieron a la calle y dieron vuelta hacia la derecha, con la intención de caminar por Piccadilly hacia Soho. Casi eran las 10 de la noche. Crowley podría haber acercado el Bentley usando un pequeño milagro. Pero era una caminata de 5 minutos, cuando mucho. Se sintieron seguros para caminar, cobijados por el calor de la felicidad que sentían. O tal vez se debía también a la botella de buen vino italiano que habían bebido. Imposible saberlo, y tampoco era oportuno. La charla siguió fluyendo tan animadamente como mientras estuvieron sentados en el restaurante del Ritz.

Era un alivio saber que ambos podían regresar a casa. Adam Young, aún en pleno uso de sus facultades como el anticristo, había restaurado todo a su estado anterior al Armagedón, de modo que tanto como la librería como el departamento estaban más que impecables. Pero no era la pulcritud lo que les preocupaba ―si acaso alguno de los dos se hubiera atrevido a admitirlo― sino el evitar una situación incómoda como la que ocurrió cuando salieron de Tadfield aquella noche agotadora.

Sin darse cuenta, llegaron a la entrada de la librería. Las risas se convirtieron en silencio, por un momento fue casi incómodo estar ahí, sin saber exactamente qué decir. Azirafel se colocó frente a la puerta y deslizó la llave en la cerradura. Sólo entreabrió la puerta, y luego giró para mirar a Crowley, que tamborileaba los dedos de su mano sobre el muslo.

―¿Quieres... pasar? ¿Tomar algo, tal vez? ―dijo el ángel con suavidad y procurando que su voz sonara claramente, sin que su adversario notara que empezaba a sentirse nervioso.

―Mno, no, noooo... ―masculló Crowley, procurando sonar lo más casual posible― creo que es mejor ir a descansar, ángel.

El sentido del deber de Azirafel le obligaba a estar de acuerdo con las palabras de Crowley, y sin embargo no terminaba de hacer las paces con la idea de despedirse. Normalmente él hubiera dicho eso, que era hora de descansar. ¡Jamás esperó que Crowley dijera algo así! Hizo un puchero casi imperceptible, que de inmediato conviritió en una sonrisa educada.

―Pues muy bien. Entonces... ¡hasta mañana, querido muchacho!

―Msi, si... hasta mañana... ―Crowley tenía claro lo que quería decir pero no lograba encontrar las palabras adecuadas, así que éstas empezaron a tropezar torpemente en sus labios― es que... mmnosé... tal vez querrías venir un rato al departamento... para decidir... cuál podría ser la mejor actividad... para mañana... si, mañana... no ahorita, no... pfff... ―Terminó por guardar silencio, preocupado por el enredo que acababa de pronunciar. Se puso los lentes obscuros, metió las manos a los bolsillos y miró al suelo, esperando que la tierra lo tragara.

Azirafel se pasmó por un instante. ¡Una noche en el departamento! Sintió escalofríos que le recorrieron la espalda y tuvo que hacer un gran esfuerzo para mantener la compostura. ―Mi querido adversario, aunque me encantaría continuar la velada, me temo que necesito resolver ―mintió― algunos pendientes de la librería para poder tomarme unas horas mañana y salir... contigo. ―Terminó la frase procurando que ese contigo sonara lo más natural posible. Porque sí habían hablado de salir, pero... no era salir, salir... ¿o sí?

―Mmmsi, desde luego... entiendo, sssi... ¿Prefieres ir al cine o a caminar? ―estaba tan nervioso que no hizo una pausa para que Azirafel respondiera y siguió hablando de corrido― Podríamos ir a Kingly Court por algo dulce para picar, o sentarnos en alguna banca de Berkeley Square...

―¡Crowley! ―interrumpió Azirafel con fuerza, luego de haberlo intentado un par de veces con más discreción― Lo que tú elijas está bien, querido amigo. Realmente no tengo ninguna preferencia, y estoy seguro de que tendremos mucho tiempo de recorrer todo Londres... y quién sabe... ―abrió los ojos, cerró los puños y exclamó, con una gran sonrisa― ¡tal vez podríamos viajar a extranjero!

Esta vez fue Crowley quien sintió escalofríos que le subieron por la espalda. ¿O bajaban hacia sus piernas? No estaba seguro. La palabra “amigo” resonó como si toda mi Creación hubiera resonado con ella. Y aunado a eso… la sola idea de que Azirafel considerara la posibilidad de pasar tiempo juntos ya era intoxicante. Viajar, ir de nuevo a Paris o a Jordania y recordar tantos encuentros de tantos años. Y ahora podrían hacerlo con calma, sin tener que hacer bendiciones o tentaciones. ¡Disfrutar del momento y de la compañía! Sólo la voz de Azirafel logró sacarlo de aquellos pensamientos en los que se había sumergido.

―¿Crowley? ¡Crowley! ―Azirafel lo miraba con cierta preocupación, mientras el esbelto demonio permanecía quieto, con la mirada perdida.

―Sssi, esteeemmm... quedemos en eso, entonces... es una cita. ¡No! Bueno... eeermm, tu me entiendes, ángel ―dijo mientras caminaba con grandes zancadas hacia el Bentley―. Paso por tí a las once, para que puedas resolver todos tus pendientes. ―Subió al coche, y antes de cerrar la puerta, gritó― ¡y ponte algo casual! ¡Zapatos cómodos!

―¡Tengo estándares! ― chilló el ángel, mientras un nuevo puchero se asomaba en su rostro.

―¡Al diablo con eso, ángel! Tenemos que mezclarnos con los lugareños y los turistas.

Crowley arrancó el Bentley y las llantas rechinaron para elevar la velocidad de inmediato. Azirafel lo vió alejarse, y cuando lo hubo perdido de vista, entró a la librería. Cerró la puerta con llave, se aseguró de que las cortinas estuvieran abajo y caminó hacia las escaleras para subir hacia su dormitorio. Hubiera querido que el momento de despedirse no llegara nunca, pero sabía que lo correcto era darse espacio el uno al otro. Ya habría tiempo de reecontrarse de nuevo. Mientras caminaba, las luces se fueron encendiendo y apagando conforme iba avanzando, gracias a un milagro de lo más práctico.

Crowley conducía tan rápido que tan solo tardó cinco minutos en llegar a su departamento. A pesar de lo breve del viaje, el Bentley no perdió la oportunidad de molestarlo encendiendo la radio. Crowley sintió rabia y nauseas cuando reconoció la letra. A veces era una verdadera molestia ser capaz de hablar todas las lenguas de la tierra.

Nunca es suficiente para mí,
porque siempre quiero más de ti.
Yo quisiera hacerte más feliz
hoy, mañana, siempre, hasta el fin.

―¡Maldita sea! ¿Por qué esa canción? ―exclamó con fastidio, clavando sus garras en el volante―. Menos mal que ya estamos lo suficientemente lejos como para que el ángel escuche tus cursilerías. ¡Apágate! ¡Apágate de una buena vez! ¡Aaaaarg, por el amor de Dioo...! ―su ira fue creciendo hasta que rugió, y al hacerlo casi vomitó por el esfuerzo de su garganta. Menos mal que no pudo terminar la frase.

Y es que el Bentley, como siempre, tenía la razón y había escogido esa canción porque sabía que daría en el clavo. En efecto, Crowley quería más. Necesitaba más. Anhelaba mucho, mucho más.


 

Notes:

NUNCA ES SUFICIENTE
(Daniela Azpiazu/Natalia Lafourcade)

Nunca es suficiente para mí,
porque siempre quiero más de ti.
Yo quisiera hacerte más feliz
hoy, mañana, siempre, hasta el fin.

Mi corazón estalla por tu amor.
¿Y tú que crees que esto es muy normal?
Acostumbrado estás tanto al amor.
¿Qué no lo ves? Yo nunca he estado así.
Si, de casualidad, me ves llorando un poco es porque yo te quiero a ti.

Y tú te vas jugando a enamorar
todas las ilusiones vagabundas que se dejan alcanzar.
Y no verás que lo que yo te ofrezco es algo incondicional.
Y tú te vas jugando a enamorar.
Te enredas por las noches entre historias que nunca tienen final.
Te perderás dentro de mis recuerdos por haberme hecho llorar.

Nunca es suficiente para mí
porque siempre quiero más de ti.
No ha cambiado nada mi sentir.
Aunque me haces mal, te quiero aquí.

Mi corazón estalla de dolor.
¿Cómo evitar que se fracture en mil?
Acostumbrado estás tanto al amor.
¿Qué no lo ves? Yo nunca he estado así.
Si, de casualidad, me ves llorando un poco es porque yo te quiero a ti.

Y tú te vas jugando a enamorar
todas las ilusiones vagabundas que se dejan alcanzar.
Y no verás que lo que yo te ofrezco es algo incondicional.
Incondicional
Y tú te vas jugando a enamorar.
Te enredas por las noches entre historias que nunca tienen final.
Te perderás dentro de mis recuerdos, por haberme hecho llorar.