Chapter Text
—Qué día tan bonito. Está soleado.
—Mhmh.
Yeonjun no hizo mucho caso al comentario de quien sea que le estuviera hablando. En ese momento, lo menos que podría importarle era el clima. Su mente estaba totalmente concentrada en la importante prueba que recién había llevado a cabo.
Se trataba de un acontecimiento muy significativo: protagonizar el solo más anhelado por todo bailarín perteneciente a su compañía de danza.
Era la oportunidad perfecta para destacar sus dotes artísticas. No solo retaba sus aptitudes teatrales como expresiones faciales, lenguaje corporal, y presencia escénica, sino que buscaba específicamente el poder evocar emociones que el público pudiera inmortalizar. Además, al igual que el bailarín que la interpretaba, cada solo era inigualable, dado que el artista tendría el honor de coreografiar desde cero dándole la posibilidad de transmitir su versión de la historia. En resumen, la culminación de toda su trayectoria en la danza se vería reflejada con ese papel.
Yeonjun tenía mucha confianza en sí mismo. Había trabajado día y noche para que su producción fuera perfecta. Con la experiencia suficiente, su destacada técnica, buena condición física, prestigio como bailarín, y, además, su inmensa pasión, lo convertían en un modelo a seguir. La mayoría daba por sentado que ese puesto le pertenecía, nadie podía negarlo.
Aunque no solo era necesaria la aprobación de sus mentores y compañeros, también debía “competir” por ese puesto. Ante todo pronóstico, Kang Taehyun se había postulado igualmente. Para su sorpresa se había iniciado una deliberación para decidir entre los dos bailarines, y estaba tomando más tiempo de lo esperado.
Mentiría si dijera que no le indignaba.
Para nadie era secreto que un rol así de importante no se lo daban a principiantes. Pensar que era fácil de obtener era ridículo. El mundo de la danza por sí misma era despiadada como para que pretendiera un logro tan significativo. Antes, como mínimo, debía vivir en carne propia todo lo que implicaba: tiempo y esfuerzo invertidos, lágrimas derramadas, el soportar dolor y sacrificios, así como el sobrellevar rivalidades para llegar hasta esas instancias. No importaba qué tanto talento tuviera su contrincante, Yeonjun podía estar tranquilo, el protagónico estaba destinado a él.
O eso quería pensar.
—¡No puedo creerlo! ¿Está comenzando a nublarse? Si el sol estaba en su punto hasta hace unos segundos.
Yeonjun estaba apoyado en la pared con los brazos cruzados, intentando disimular lo más posible su expresión de inquietud. Al escuchar acerca del cambio abrupto del clima, por mera inercia miró a través de la ventana que tenía al lado. Ver cómo el cielo se tornaba nuboso en cuestión de segundos hizo que frunciera el ceño. Una lluvia repentina, para alguien que no había cargado con un paraguas, y que estaba sumamente irritado, no era para nada bienvenida.
Miró desde lo alto del edificio cómo las personas corrían para refugiarse antes de que las primeras gotas comenzaran a caer. Entre todo ese tumulto de gente huyendo de lo que se avecinaba, le llamó la atención cierto individuo quien ni siquiera parecía alertarse por la posible lluvia.
Era un joven de cabellera rubia, probablemente de su misma edad.
Portaba un suéter rojo que de algún modo resaltaba ante el grisáceo paisaje. Sin embargo, lo más destacable era la guitarra que sostenía. Por la distancia, no podía escuchar qué canción estaba interpretando, pero seguía entusiasmado con su instrumento a pesar de que su pequeño público huyera. De todas maneras, el guitarrista prosiguió con la enérgica presentación y no importaba que Yeonjun se encontrara en el cuarto piso, podía ver perfectamente la gran sonrisa que tenía plasmada. Esta se iba haciendo cada vez más brillante… Cada vez más contagiosa. Sin darse cuenta, esbozó una media sonrisa. Aquel vibrante chico se movía de un lado a otro graciosamente. Parecía que ni el cambio abrupto del clima era capaz de frenarlo.
En cuestión de segundos, las nubes amenazadoras se habían disipado para que los rayos del sol retomaran su lugar. Con la misma velocidad, el rubio, nuevamente, llamó la atención de algunos transeúntes que se dedicaron a aplaudir al ritmo de la melodía…
—¡Choi Yeonjun! ¡Kang Taehyun!
Un repentino llamado devolvió a Yeonjun a la realidad, desvaneciendo su paz y regresando su nerviosismo.
—Pueden regresar a la sala de baile. Se dará a conocer el veredicto.
