Work Text:
Las vacaciones de verano habían comenzado, todos los jóvenes estaban felices a excepción de un joven Jongdae de 14 años, sus padres eran arqueólogos y tuvieron que viajar al sur del país para investigar unas piedras encontradas en una zona en construcción por lo que se tuvo que quedar con su tía Tiffany y primo Jongin.
—Ya verás que tendrás unas excelentes vacaciones— le decía su tía sonriendo mientras bajaban las maletas del auto —¿Pero qué es lo que traes aquí?
—Mis padres enviaron libros— mencionó Jongdae mientras bajaba esa última maleta.
—Parece que traes piedras, en fin, ¡Jongin!— gritó hacia la ventana abierta del segundo piso —Baja y ayuda con las maletas, ya llegó tu primo, ¿lo recuerdas?— sin embargo no se escuchó ninguna respuesta proveniente de la casa.
—Ha de estar hablando por teléfono, ven entremos y subamos nosotros las maletas.
Por desgracia Jongdae llegó a la conclusión de que estar con su primo Jongin las vacaciones de verano iba a ser menos divertido que pasar viendo piedras con sus padres. Antes de meter la última maleta a la casa unos golpes lejanos fueron escuchados de una casa aledaña a la de su tía.
—¿Qué fue eso tía?
—¿A qué te refieres?
—No escuchaste los golpes que se escucharon de esa casa, parecía que alguien golpeaba la ventana.
—No pudo haber sido de ese sitio Dae, no ha vivido nadie ahí desde hace años, esa casa está deshabitada, estoy segura, soy agente de bienes raíces y no he conseguido que alguien siquiera visite esa casa… ¿Pero qué ha pasado?
Rápidamente Tiffany corrió al frente del hogar y levantó el letrero correspondiente a que la casa estaba en venta.
—A veces pienso que esta casa no quiere ser vendida— murmuró su tía estando cerca de él —Ahora ven, entremos y podrás desempacar tus cosas— tras una última mirada de Jongdae a la casa finalmente entró siguiendo a su tía por la sala del hogar.
—Pero en serio deberías ver siquiera cómo se viste, sólo espero que mamá no quiera que esté con él todo el verano— unos toquidos en la puerta fueron escuchados —Te marco luego, ya llegó— Jongin terminó la llamada con fastidio al momento que su madre entraba a su habitación.
—Hijo tu primo ya llegó, ven pasa Dae.
—Hola Jongin— saludó tímidamente Jongdae.
—Hola— tan sólo dijo Jongin con un asentimiento con la cabeza.
—Dae se va a quedar contigo, el cuarto es lo suficientemente grande para que ambos estén aquí— dijo mientras ponía la maleta sobre una segunda cama en la habitación —Aquí es donde Chan dormía cuando Jongin era pequeño — mencionó Tiffany dando una breve explicación —No pasa nada si duermen hasta tarde para ponerse al corriente, así que los dejó, diviértanse.
Tan pronto como Tiffany salió, Jongin miró a Jongdae con desagrado.
—Supongo que mi mamá te dijo que íbamos a pasar un verano lleno de diversión.
—¡Sí!— exclamó emocionado.
—Si crees que vas a pasar todo el verano conmigo, pues no te hagas ilusiones porque no va a pasar.
—Yo no creo que haya dicho que todo el verano lo pasaremos juntos, tal vez podríamos estar con tus amigos.
—Ni siquiera conoces a mis amigos
—Pero podrían conocerme
—¿Por qué? Ni pienses que cualquiera puede juntarse con nosotros, tienes que probar primero que no eres un niño chiquito— le mencionaba un ya muy grande Jongin de 15 años.
—¿Y cómo puedo probar eso?
—Si quieres estar con nosotros tienes que seguir las reglas.
—¿Y cuáles son?
—Pues para empezar no quiero saber que estás aquí, eso significa que tendrás que acomodar mi habitación y acomodar todos los carritos en ese mueble, de hecho no tengo humor para que ahorita mi habitación este desordenada, así que deberías empezar desde ahora— demandó tajante y mirando fijamente a Jongdae —Y ni se te ocurra ir a contarle a mi mamá o a Chan sin importar lo que pase.
—Bien, sólo tendré que poner tu habitación en orden y no acusarte, fácil— dijo Chen con ironía ligeramente disimulada.
—Todavía no te he dicho la regla más importante.
—¿Y cuál es?
—La iniciación.
—¿La iniciación?
—Así es, cualquiera que quiera pasar el tiempo con nosotros tiene que pasar una noche a solas en la casa de al lado… Hay fantasmas— susurró Jongin ganándose una mirada de incredulidad por parte de Jongdae.
El tiempo fue pasando con Jongdae limpiando la habitación de su primo, hasta que la noche llegó, ya se había bañado para poder acostarse y descansar no sin antes salir al pasillo a escribirle un mensaje a sus padres. Estaba tan entretenido en el celular hasta que el movimiento de una sombra lo alertó levantando la mirada de manera rápida.
—Tú debes ser Jongdae, ¿cierto?— dijo un señor no mayor de 50 años, al no recibir respuesta continuó hablando —Yo soy Chan, cuidé de Jongin desde pequeño— mencionó ofreciendo su mano.
Jongdae iba a darle un apretón amistoso pero antes de que lo hiciera la puerta de la habitación de Jongin fue abierta abruptamente saliendo furioso.
—¡No!, Si le tocas sus arrugadas manos ni se te ocurra volver a agarrar mis cosas y ni qué decir de juntarte con nosotros— cerró dando un portazo.
Jongdae y Chan se miraron por unos instantes, hasta que la mirada triste de Chan bajó al piso y corrió escaleras abajo sin darle oportunidad a Jongdae de emitir palabra alguna, tras haber enviado el mensaje a sus padres fue a la habitación de Jongin encontrándolo frente a su cama.
—Nunca vuelvas a hablar con él.
—¿Quién es?— preguntó desconcertado Jongdae.
—Él me ha cuidado desde que tengo memoria y quiero que se vaya.
—Pero, ¿por qué?
—Ya soy grande para que alguien me cuide, además es extraño y detesto que alguien me vigile.
—A mi me pareció que estaba muy triste.
—Está loco, realmente loco, estoy convencido de que hay algo raro entre él y la casa embrujada de al lado, en una ocasión escuche a mis padres hablar, tal vez debió haberse vuelto loco por los fantasmas de la casa, lo que me recuerda va a haber una fiesta de piscina en la casa de Baek el sábado y supongo que te gustaría ir, ¿no es así?
—¡Claro!
—No te emociones, no podrás ir si no has pasado por la iniciación.
—¿La noche en la casa embrujada?
—Exacto y puede ser mañana en la noche, dulces sueños… Primo.
Jongin apagó la lámpara de su buró tras decir las últimas palabras, Jongdae sólo rodó los ojos y se fue a la cama dónde le tocaba quedarse, mañana sería un nuevo día.
A la mañana siguiente siguiendo las “reglas” que Jongin le había dicho comenzó a limpiar la habitación, iba bajando las escaleras con ropa para lavar cuando se chocó de frente con el señor Chan.
—¿Está usted bien?— preguntó Chen al chocar con él.
—....
—Espere, se le cayó esto— le dijo extendiendo la mano en su dirección mostrándole un pequeño relicario antes de que el señor volviera a huir como la noche anterior.
—Gracias— se escuchó tras unos segundos —¿Esa es la ropa de Jongin?
—No se preocupe, no me tardaré nada— dijo Jongdae sonriendo.
—Descuida no se lo diré a nadie— respondió Chan también con una sonrisa.
Mientras tanto en la cocina Jongin discutía con su mamá.
—Pero en serio mamá, él es muy extraño y yo ya soy muy grande para que alguien me cuide, ¿por qué no se va?
—No voy a discutir de eso contigo, ya te he dicho que no tiene a dónde ir, desearía que lo tuviera pero no lo tiene.
Desgraciadamente la cocina y las escaleras hacia las habitaciones no estaban muy lejos por lo que tanto Jongdae como Chan podían escuchar aquella conversación. Una mirada triste se posó en los ojos de Jongdae por un par de segundos antes de huir escaleras arriba, justo a tiempo pues tanto Tiffany cómo Jongin llegaban al pie de las escaleras.
—Aquí estás Dae, me da gusto ver que dormiste bien y en cuanto usted señorito no quiero más descortesías, nos vemos chicos.
—No sé qué es lo que harás pero yo iré a bailar— dijo Jongin poco después de que su mamá saliera —Solo te advierto que no toques mis cosas, nos vemos en la noche.
La tarde pasó tan rápido leyendo un par de los libros que habían enviado sus padres cuando se percató que la noche se hizo presente.
—¿Por qué todos creen que está embrujada?— preguntó Jongdae.
—Ellos no creen que esta embrujada saben que lo está— respondió Jongin —Y es por esto, hace mucho tiempo en esta casa vivía un chico de 14 años muy tímido que casi no hablaba, en ese tiempo sus padres habían salido a una importante junta de negocios a otro estado e iban a tardar 5 días en regresar, él se iba a quedar solo en la casa pero quería darle una sorpresa a su novio. El mismo día que sus padres se fueron por la tarde iba de camino a la casa de su novio pero unos chicos malos lo rodearon y lo asediaron, él corrió a su casa para alejarse pero lo siguieron, lo encerraron en su habitación no sin antes amarrarlo para que no huyera.
—¿Y qué pasó?— preguntó preocupado.
—Nadie sabía que estaba ahí, lo que se suponía eran días lo que iba a tardar sus padres en volver se transformó en un par de semanas y su novio no sabía que él iría a verlo, cuando lo encontraron ya estaba muerto… Y tú tienes que ir allí, tienes que entrar a su habitación, sabremos que estás ahí cuando enciendas la luz— le dijo entregando una pequeña lámpara de mano —Aquí tienes también las llaves.
—¿Tía Tiffany no va a buscarlas?
—No lo hará, nadie llama para ver la casa, a todos les da miedo.
Jongdae no hacía nada más que mirar la casa a lo lejos y a las llaves que tenía entre sus manos.
—Puedes acobardarte si prefieres pasar todo el verano solo leyendo libros.
—Mmm no, voy a entrar Jongin— dijo aunque un poco dudoso —No creo en los fantasmas, ¿Sabes?
—Nosotros tampoco creíamos hasta que entramos ahí.
Jongdae hizo caso omiso y a paso decidido se fue acercando a la casa.
—Realmente cree que lo hicimos— rio Jongin siendo seguido de los 4 chicos que lo acompañaban.
Tan pronto la puerta fue abierta Jongdae se encontraba dentro de lo que sería la sala de la casa, no había muebles, el resonar de sus zapatos se escuchaba en eco, iba avanzando con cautela cuando unas suave risas se colaron en sus oídos.
—Muy graciosos chicos, sé que están tratando de asustarme— susurró Jongdae sin embargo no recibió respuesta.
La travesía hacía la parte superior continuaba con el chirriar de los escalones a cada paso que daba, sabía que poco a poco se acercaba cada vez más a su destino, tan pronto como divisó la puerta correspondiente ingresó a la habitación cerrando tras de sí, fue hacia la ventana para prender y apagar la luz de la lámpara indicando que se encontraba ahí, tal como le habían dicho que debía hacer.
Estaba a punto de salir de la habitación cuando de pronto unos golpes a su espalda resonaron con intensidad espantándose mientras giraba rápidamente hacia la fuente del sonido cuando volteo solo estaba un espejo frente a él, de la impresión del sonido había tirado la lámpara, al momento de recogerla se escuchó algo en la pared detrás suyo, cuando giró se encontró con unas letras escritas de las cuales estaba seguro no estaban ahí al momento que llegó.
—¿Está al revés?— se preguntó confundido.
Cuando regresó la vista al espejo pudo notar con más claridad la palabra escrita “ayúdame”, no sabía porqué pero se fue acercando hacia el espejo y tan pronto como estuvo a unos centímetros el reflejo de un chico pálido apareció como si estuviera detrás de él, los gritos de Jongdae no se hicieron esperar.
El reflejo en el espejo estiró la mano intentando alcanzar el hombro de Jongdae, él al momento de ver eso corrió desesperado saliendo de la habitación tan rápido cómo sus piernas se lo permitieron, demoró menos de 2 minutos en salir y entrar a la casa de su tía, rápidamente subió las escaleras a la habitación de Jongin y cerró dando un portazo.
Jongdae se encerró en esa habitación hasta que su tía llegó y le contó todo lo que pasó, a la mañana siguiente, tan pronto como Jongin dio un paso dentro de la casa su mamá ya tenía preparado su castigo.
—¿Para qué es esto?— preguntó confundido Jongin al ver una cubeta con agua y jabón a sus pies.
—Estoy muy decepcionada, no sé quien escribió en la pared…
—Pero yo no fui— interrumpió Jongin molesto.
—Y no quiero saberlo, así que ustedes dos van a ir a lavar la pared antes de que yo vuelva.
—¿Vas a venir con nosotros?— cuestionó Jongdae.
—Por supuesto que no, tengo que mostrar dos casas nuevas que mostrar hoy una que vender a las 6, si ustedes dos fueron allá anoche pueden ir ahora— dijo entregando la llave a su hijo.
—Pero tía, hay un fantasma.
—Se que puedes inventar algo mejor que eso, ahora vayan a limpiar por favor.
Mientras eran observados por Tiffany, los reclamos de Jongin no se hicieron esperar.
—Todo esto es tu culpa, que fastidioso eres.
—No lo soy y te vas enterando que no quiero estar en tu tonto grupo de amigos.
—Que bueno, de todos modos no íbamos a dejarte entrar.
—Además de fastidioso eres chismoso, no soportaría ser tú.
Jongdae se quedó en la base de las escaleras mientras Jongin iba por la mitad de estás, al saberse solo en el piso superior giro a dónde se supone debería estar Jongdae encontrándose solo dirigió su vista a él y giró los ojos con fastidio.
—Eres un cobarde, no puedes asustarte ahora, no está oscuro— dijo bajando y tomándolo de la mano —Una cosa es segura, no te voy a invitar a que pases el rato con nosotros nunca.
La noche anterior cuando Jongdae había salido de la habitación solo había una palabra escrita sin embargo ahora toda la habitación estaba llena de la palabra “ayúdame” escrita al revés por todas partes e incluso en el techo donde era prácticamente imposible alcanzar sin una escalera lo cual no había en la casa.
—Con razón mamá está furiosa, ¿hiciste esto solo para molestarme, verdad?
—Yo no lo hice, anoche no estaba así este lugar.
—Si claro… Pero si crees que yo voy a limpiar las tonterías que hiciste ayer estas muy equivocado…— Jongin pudo haber continuado con su monólogo sin embargo notó que Jongdae no le hacía caso para nada —¿Y ahora qué?
Al momento de dirigir la mirada hacia donde Jongdae notó un espejo, el mismo que en la noche anterior se había aparecido la figura del chico a espaldas de su primo, solo que en esta ocasión no había un chico, lo que se veía a través del espejo era una habitación completamente amueblada y al fondo pegado a la pared había un estante lleno de carritos de todos tamaños y colores.
—Jongin, ven vámonos— dijo mientras trataba de jalarlo, la puerta de la habitación se cerró de golpe.
—Wow mira cuántos carritos hay ahí, es muchísimo más grande que mi colección— decía un Jongin totalmente hipnotizado mientras avanzaba al espejo.
—¡Jongin no!— gritó un asustado Jongdae pues al momento que Jongin tocó el espejo el chico del reflejo de la noche salió del espejo dejando a Jongin dentro de aquella habitación.
—¡Alguien por favor ayúdeme!— gritaba Jongdae tratando de salir pero la puerta de la habitación no cedía, lo único que atino a hacer fue hacerse bolita sin embargo al no haber ruido lentamente miró hacia la figura del chico que ahora se encontraba a un par de pasos de él.
—Ayúdame por favor— dijo aquel chico en un susurro apenas audible.
—¿Quién eres?— cuestionó Jongdae.
El chico solo estiró la mano mostrando un pequeño relicario y este le parecía extrañamente familiar, en esa mitad estaba una foto.
—Es… ¿Es Chan?
—Mi Channie— volvió a susurrar el chico.
—¿Él era tu novio?
—Si, por favor ayúdame.
—Si, si, te puedo ayudar pero tienes que abrir la puerta por favor para poder traerlo, en serio— sin que nadie tocara la puerta se fue abriendo lentamente —Gracias, gracias, lo traeré aquí.
Jongdae salió de la habitación a toda prisa, sin darse cuenta de los gritos de su primo pidiendo ayuda a través del espejo.
—¡Chan!, ¡Chan!... ¿Dónde estás?— gritaba Jongdae por toda la casa, sin encontrarlo, subió a la habitación dónde sabía él dormía sin embargo estaba vacía, y al decir vacía es porque en realidad no había nada, ni ropa ni nada, al asomarse por la ventana pudo ver que iba saliendo de la casa con una maleta y al otro lado de la calle estaba un taxi en espera.
—¡Oh no!— corrió lo más rápido que pudo para poderlo alcanzar.
—¡Chan!, ¡Chan!, ¡Chan!, ¡Chan! espera no te vayas— gritó hasta alcanzarlo y tomarlo del brazo —¡Por favor ven, acompáñame!— exclamó totalmente desesperado.
—¿A dónde?
—A la casa de al lado.
—No, no voy a ir allá, tiene muchos malos recuerdos, ustedes pueden ir y hacer sus bromas— dijo molesto.
—No es una broma, por favor tienes que creerme, ven y acompáñame.
—¡No! es suficiente, me voy es obvio que ya no me quieren por aquí.
—¡Si, si te quieren, mira!— le decía Jongdae mientras le mostraba la mitad del relicario que el chico de la casa le había mostrado juntándolo con el que tenía Chan colgado en su abrigo.
—¿De dónde sacaste esto?— preguntó estupefacto Chan mirándolo directamente.
Jongdae aprovechando el momento de shock lo fue guiando hacia la casa.
—No, no por favor, no puedo— Chan había comenzado a llorar y a tratar de resistirse para no subir a aquella habitación.
—Si, si puedes, tienes que hacerlo.
—No, no puedo, es muy duro, no puedo.
Cuando menos se dieron cuenta ya estaban dentro de la habitación, Chan estaba a punto de volver a decir que no podía pero las palabras se le atoraron en la garganta cuando vio la figura frente a él.
—Mi Kyung, mi hermoso niño— dijo tan pronto salió del estupor acercándose ambos poco a poco.
—Hola Chan— dijo Kyung en un susurro pero con una enorme sonrisa —Ahora eres aún más alto.
—Yo sabía que estabas aquí, y tus padres no me creyeron, yo lo sabía, sabía que no te habías ido, bien dicen que la esperanza es lo último que se pierde— una risa por parte de Kyung se escuchó para después abrazarse tan fuerte como pudieron mojándose los hombros con las lágrimas contrarias —Prometo que nada malo volverá a pasarte.
—Si, por supuesto que sí, iré contigo, sabes que te seguiría hasta el fin del universo— dijo Chan cuando Kyung le mostró con un ademán para ir hacia el espejo.
La escena no sólo era vista por Jongdae en ese momento pues Jongin también la podía ver dentro del espejo, cuando vio que ambos caminaban hacia allá rápido corrió a otra zona de la habitación.
—Muchas gracias Jongdae— dijo Chan antes de cruzar por el espejo.
A través del espejó Jongdae vio una escena simplemente hermosa, Chan ya no era un señor, ahora era un joven de unos 14 años un poco más alto que al que ahora sabía se llamaba Kyung, juntos abrazados se dieron un tierno beso.
—Gracias— dijeron ambos al separarse y mirar hacia Jongdae estaba parado.
Tan pronto como dijeron eso la imagen de espejo desapareció haciendo visible el reflejo de Jongdae, podía ver la gran sonrisa que adornaba su rostro, esa había sido una escena completamente hermosa, sin embargo unos gritos lo sacaron de su ensoñación.
—¡Jongdae ayúdame!
—¿Jongin?
—Jongdae por favor ayúdame, estoy encerrado en el espejo.
—¿Jongin?— escuchó preguntar al que reconoció como Baekhyun, no supo en qué momento habían llegado los amigos de su primo pero se encontraban todos ahora en esa habitación.
—Jongdae ¿Dónde está Jongin? Su mamá dijo que estarían aquí— volvió a cuestionar Baekhyun.
—Por favor Jongdae ayúdame— suplicó Jongin dentro del armario sin haber escuchado que sus amigos estaban ahí.
—¿Vas a dejar de ordenarme que hacer?— cuestionó Jondae al percatarse de que Jongin sólo estaba encerrado en el armario.
—¡Si!
—¿Vas a dejar de ordenarles cosas a tus amigos?— volvió a preguntar Jongdae escuchando leves risas de aprobación.
—¡Si!
—Está bien, te ayudaré a salir— mencionó al mismo tiempo que agarraba el pomo y abría la puerta del armario.
—Sabes Jongin, creo que vamos a tener que hacer un par de cambios— dijo Baekhyun alegremente —Empezando por ayudar a limpiar esta habitación, vamos chicos creo que será divertido.
La tarde se pasó entre risas y diversión, definitivamente la palabra limpiar no era significado de aburrimiento y menos cuando estás acompañado.
Desde ese momento la lealtad del grupo de Jongin se volvió hacia Jongdae, al menos todo lo que duró el verano, definitivamente contrario a lo que pensó en un inicio para Jongdae fueron las mejores vacaciones que tuvo.
