Work Text:
Steve conducía tranquilo en su auto, la radio estaba baja mientras sonaba algún ritmo pop, probablemente era Madonna pero nunca lo admitiría frente a los niños, aunque Robin lo amenaza con revelar su secreto.
El camino no era muy largo pero no quería sudar, su peinado estaba en punto, su ropa bien planchada y perfumada con toques de su mejor perfume, había tomado una ducha larga para asegurarse de estar al 100% para su cita.
En un abrir y cerrar de ojos ya estaba estacionado a las afueras del parque de remolques, agarró el ramo de flores antes de bajar del auto para caminar a través del parque, no le importaban las miradas, él seguía adelante hasta llegar a ese trailer que ya reconocía luego de tantas visitas.
Golpeó tres veces la puerta y esperó con una sonrisa, los ruidos de pisadas apuradas se hacían más cercanas hasta que la puerta se abrió y vio ese rostro que le sacaba un suspiro siempre.
"¡Stevie, llegaste!"
"Sí, a tiempo como siempre, Munson"
"No me resfriegues tu puntualidad en la cara, cariño"
Eddie soltó una risita, dio unos pasos para estar cara a cara con Steve y sus ojos se iluminaron al ver el ramo de flores, eran rosas rojas, muy cliché sí, pero cuando has vivido toda tu vida sin recibir flores y solo las ves en películas pues eso no importa.
"¿Son para mí?"
"No, son para mi novio"
"Ay que suertudo él"
Ambos rieron y Eddie tomó las flores, las olió para disfrutar de su olor dulce y fresco, igual que Steve, luego tomó la mano de su pareja para entrar al trailer y comezar su cita.
El lugar estaba sorprendentemente muy ordenado, desde que empezaron a salir Eddie cuidaba más de su hogar cuando él venía a pasar la noche, preferían el lugar de Eddie ya que el de Steve era una mansión (no realmente, pero parecía) donde el metalero se perdería fácilmente, sus padres pondrían el grito en el cielo si los ven juntos, y... El cuarto de Steve era feo, esa es una triste realidad que el de lunares no quería admitir.
No importaba eso ahora mismo, no cuando estaban comiendo pizza mientras Eddie pinta sus figuras de DND, a muchos no les parecería romántico pero Steve amaba esto, él no necesitaba salir de compras, o ir al cine, o comer en un restaurante, no, esas eran ideas del viejo "Rey Steve", el nuevo Steve solo pedía paz, tener el sentimiento de paz doméstica y poder disfrutar en silencio de su pareja luego de un día de trabajo.
Sí, a veces sacaba a Eddie a citas por el pueblo, no podía negarlo, sin embargo, eran citas cortas por culpa de tener que esconderse de las miradas, venían de distintas razones pero la mayor era porque ambos eran hombres.
Era triste no poder gritarle a los cuatro vientos que amaba a Eddie Munson, aunque agradecía que pudieran estar juntos, luego de todo el tema del Upside Down y su recuperación física encontraron momentos para hablar, Steve le pedía perdón por todo el daño que le hizo en su época de "Rey Steve" y Munson aceptó sus disculpas mientras le explicaba sus referencias a Ozzy Osborne y Blacl Sabbath, así poco a poco empezaron a acercarse más, Eddie dejaba que Steve cambiara sus vendas, Steve dejaba que Eddie le aplicara la crema sobre sus cicatrices, y ambos empezaron a descubrir pequeños datos del otro.
Por ejemplo, Steve tiene MUCHOS lunares, Eddie tiene una marca de nacimiento en su pierna izquierda, Steve no es muy cosquilloso pero Eddie sí, Steve necesita lentes, Eddie se muerde las uñas, y así una larga lista.
Hasta que un día donde ambos estaban admirando el cielo, quizás tomando una lata de cerveza y sus hombros tocándose, Eddie de la nada lo dijo.
"Me gustas, Steve"
Probablemente había sido la honestidad brutal que te cae a altas horas de la noche juntado con el alcohol leve que le daba una excusa barata para retractarse si todo salía mal.
"Tú también me gustas, Eddie"
Steve confesó luego de relajar sus hombros, lo que hizo que Eddie relajara su cuerpo y dejara salir un respiro que no sabía que tenía retenido, Steve tenía sus mejillas rojas pero no tanto como Eddie.
Y las excusas se esfumaron, solo eran ellos bajo el cielo estrellado con suaves sonidos naturales, solo ellos dos mirándose con una luz en sus ojos, solo ellos dos que lentamente se acercaron y se susurraron si esto estaba bien, solo eran ellos dos dando su primer beso.
Volviendo a la actualidad, Steve amaba recordar ese momento porque era igual de espontáneo que Eddie, aunque iban lento igual que Steve, estaban enamorados de verdad y por fin podían tener una relación más allá de algo pasajero, eran felices.
"Steve, mira, ¡es un dragón!"
Eddie le mostraba la pequeña pieza de un dragón ahora pintado, era negro con detalles verdes y morados, Eddie de verdad tenía talento en artes porque todo lo que hacía era hermoso.
"Te quedó increíble, ¿cómo se llama, amor?"
"Syrax, el dragón de la oscuridad de la noche"
"Wow, eres bueno en esto, ¿siempre has sido así de nerd?"
"Ja-ja, muy gracioso, Harrington"
Eddie le sacó la lengua, sabía que eran bromas, a veces bromeaban como si fueran nenes pequeños, aunque escondió su lengua cuando Steve se acercó y lo levantó de su silla para abrazarlo, inmovilizándolo.
"Dios Eddie, ¿dónde están tus modales? Sacar la lengua no es de adultos"
"Y no es de adultos seguir rellenando los quiz de las revistas de adolescentes con Robin para saber qué tipo de flor eres"
"¡Eddie!"
Steve se puso rojo, lo levantó en sus brazos y lo tiró en el sillón, agarró un cojín y empezó a golpearlo suavemente. Eddie fingía que lo estaba matando, actuando exageradamente hasta luego "morir" sacando la lengua a un lado y poniendo sus manos sobre su corazón.
"Dios cómo se nota que eras del club de teatro"
Eddie rompió un poco su personaje para susurrarle con ceño fruncido.
"Pues tu 'nerd de teatro' no va a revivir hasta que reciba el beso de verdadero amor"
Eso hizo que Steve rodara los ojos, cruzó los brazos sobre su pecho y suspiró con una sonrisa burlesca, amaba cuando Eddie siempre sacaba la carta del "beso de verdadero amor", ahora no tenía más remedio que besar al amor de su vida, ¡que horrible castigo!
"Bueno, si es la única opción..."
Bajó su cabeza para poder acercarse a su novio, sonrió cuando vio como Eddie ponía sus labios en posición de beso y era adorable, Steve no esperó más y juntó sus labios, cada vez se enamoraba más de los labios de Eddie, eran completamente distintos a todos los otros que había besado antes, no eran suaves ni delicados, eran secos a veces y sin experiencia, pero así los amaba.
Estuvieron así por un minuto largo hasta que Steve se separó para respirar, esperó a Eddie y justo a tiempo su novio abrió los ojos y se sentó, actuando como si hubiera despertado de un hechizo.
"¡Mi héroe, me has salvado!"
"Claro, no podía dejar morir al amor de mi vida"
Las mejillas de Eddie enrojecieron, aún no se acostumbraba a ese apodo, aún así no se lo prohibía a Steve, así que solo se acercó a su novio para recostarse contra su hombro y senir como Steve ponía su mano en su cintura para acercalo más, amaba esa cercanía y sumarle a eso escuchar los latidos de su héroe.
"De verdad eres mi héroe... Ya sabes, por sacarme de ese lugar luego de los murciélagos.."
"Eddie ya te dije que no soy un héroe por eso, además... Tú también me salvaste"
"No compares limpiar tus heridas con pelear contra unos monstruos voladores mientras el mundo llegaba a su fin"
"No, Eddie, tú me salvaste después, me salvaste de volver a mi yo del pasado... Luego de todo eso y ver como todos volvían a sus vidas felices junto a su parejas o a los brazos de sus padres.. Creí que iba a volverme el mismo chico resentido contra el mundo de antes"
Un silencio creció entre ambos, Steve sentía sus ojos picando y su vista nublándose, odiaba recordar esos sentimientos, la envidia de ver a Nancy con Jonathan, o Will con Joyce, o incluso Robin cuando corrió a los brazos de sus padres, porque él no debía sentirse así con quienes ahora eran sus amigos pero no lo podía evitar, él tenía que volver a una casa sola, a unos padres fríos y un sentimiento de soledad asfixiante.
Unas manos lo sacaron de sus pensamientos, sintió esos dedos llenos de callos limpiando sus lágrimas, luego vio esos ojos cafés llenos de preocupación, eso labios fomando una expresión de tristeza y luego su voz, tan diferente a la suya pero tan preocupada por él.
"Tú nunca volverás a ser ese tipo, nunca. Te he conocido por casi un año, y en ningún momento has mostrado ni una pizca de volver a ser tan frío. Eres el chico más dulce que he conocido estos meses, tienes a un grupo de niños detrás de ti como pollitos y tienes a Robin a tu lado, ¡ella te ama!, platónicamente pero te ama, ¿Tú crees que Buckley sería amiga de alguien que tratara mal a otros en su día a día? No, porque has cambiado."
Steve de nuevo lloró, mordió su labio para tratar de callar sus sollozos pero terminó soltando cada lágrima y sonido extraño de su garganta, se desmoronó en los brazos de su novio, no despegó su rostro del hombro de Eddie por un largo rato, mientras lloraba sentía como Eddie acariciaba su espalda pero luego cambió a su pelo, él era el único que podía hacer eso, le traía paz sentir el calor de su mano consolándolo como si fuera un niño, de algún modo lo sanaba.
Cuando quedó sin lágrimas se alejó de Eddie para mirarlo, ahí seguía su novio, su rostro de preocupación cambió a una pequeña sonrisa mientras limpiaba los restos de lágrimas.
"¿Mejor, dulzura?"
"Sí..."
Steve sonrió también, Eddie se levantó para traer un paquete de pañuelos y ayudó a Steve a limpiarse hasta que su nariz podía respirar con normalidad, después de eso solo se acostaron en el sillón y pusieron la TV para distraerse, Steve tenía a Eddie encima para no aplastarlo pero sentía como el ruliento le dejaba besitos en la mandíbula o el cuello, así Steve no se sentía solo.
Luego de una hora así, Steve miró a Eddie y este se había dormido, se le salió una risita por la nariz al notar eso, así que como buen novio apagó la TV, se movió lentamente y luego tomó a Eddie en sus brazos, cuidadosamente fue sl cuarto y lo acostó sin despertarlo, simplemente le sacó los jeans para que durmiera cómodo pero nada más, agradecía que Eddie tuviera el sueño pesado y siguió durmiendo escondiendo su cara en la almohada.
Antes de acurrucarse a su lado Steve tenía que guardar las cosas de Eddie, guardó sus ointuras y figuras, guardó las sobras de pizza y limpió la mesa. Finalmente, apagó las luces, y entró al cuarto para sacar una pijama que dejaba en casos como estos, cuando ya estaba todo listo ya pudo meterse bajo las sábanas para abrazar a su pareja y dormir.
Ambos durmieron en los brazos del otro, sin pesadillas, sin ansiedad, sin dolor, solo eran ellos bajo la noche, arropados y con sus corazones latiendo en sincronía, un amor real creciendo día y noche.
