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Vístete de noche

Summary:

Apolo siempre ha pensado que Leónidas con un traje se vería más que bien.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

"¿Por qué no me puedo poner lo mismo de siempre?"

Apolo hace un ruido exasperado, algo entre un gemido y un gruñido. "Leónidas, por novena vez, no vas a ir vestido a la reunión con una camisa hawaiana."

Esta sería la primera vez que Apolo lo presentaría frente a frente a su, umm..., extraña familia.

Si alguien le preguntaba, a Leónidas no le podría importar menos lo que pensaran de él.

A Apolo tampoco le llega a importar tanto; deja que hablen, se quién soy... Pero, por supuesto que quería causar una buena impresión a la primera.

Como siempre.

"¿Qué hay de malo con mis camisas hawaianas?"

"Pensé que te gustaban." Leónidas dice con una sonrisa burlona. Encontraba muy fascinante poder irritar a este bastardo.

"Si me gustan," Apolo lo mira fijamente, frunciendo el ceño ante su expresión. "Pero en está ocasión no vestirás ninguna."

Leónidas sabe con cansancio que a Apolo le encanta verse bien.

Tiene que verse siempre muy bien.

Cabrón narcisista.

Además, tiene un gusto exquisito al decidir que ponerse cada día.

Es por eso, que Apolo siempre ha pensado que Leónidas con un traje se vería más que bien. Hecho a medida, para que todos sus músculos y más músculos resalten de una forma tan caliente que haría que todos babearan sobre él.

Lo siento, este hombre es mío.

El caso era que, a pesar de que Apolo le dijo todo eso y más, Leónidas no parecía muy entusiasmado en abandonar la camisa hawaiana con el resto de hombres de vacaciones en un crucero.

Y Apolo ya irritado de las burlas de Leónidas, decide cruzarse de brazos. "Deberías apreciar el esfuerzo que hicieron mis damas al confeccionarte un traje a medida."

"Para empezar yo no pedí nada de eso." Leónidas se entretuvo al ver como la expresión de Apolo se desinflaba.

Entonces esa era la razón por la cual un día se vio envuelto por todos lados por una cinta métrica. También había sido regañado unas cuantas veces por moverse inquieto.

Esas damas sí que tenían uñas filosas. El costado de Leónidas todavía seguía doliendo.

"Vamos, mi amor," Apolo entona dulcemente mientras envuelve sus brazos alrededor de su cuello, haciendo que Leónidas agache un poco su postura. "Yo mismo elegí el tono que resalta el color de tus ojos."

Cosita descarada.

Si que sabía cómo usar su encanto a su favor.

"Hmm," Leónidas hace un ruido contemplativo, envolviendo la cintura de Apolo casi por completo con una sola mano. El hombre ya se estaba entusiasmando y hundiéndose ante su toque con hambre.

"Podría recompensarte más tarde," Apolo ronronea, justo en sus labios. Sus ojos dorados brillando con la luz del sol hicieron que Leónidas se calentara por dentro.

"¿Cómo?"

"Ya sabes, podrías atarme con esa corbata luego," Apolo responde con un tono meloso mientras rascaba ligeramente su barba.

Leónidas no se asombra ni un poco de lo que puede salir de la boca de este hombre.

"Lo pensare," Leónidas murmura, bajando su cabeza para respirar el mismo aliento.

Los labios de Apolo se encuentran con los suyos en un beso que sabe a miel.

 

+

 

Leónidas se sorprende de poder incluso salir del baño con el tiempo que le llevó prepararse a pesar de tener solo una cosa para elegir.

No se sorprendie, al ver que Apolo ya lo estaba esperando afuera del baño; en caso de que escapara, lo cual era imposible en estas angostas paredes.

La cara de este maldito idiota se había iluminado como las luces de navidad cuando lo observó, sin ninguna vergüenza, de pies a cabeza.

"Realmente te queda bien ese traje," Apolo tararea, con una sonrisa complacida mientras se acercaba a su espacio para arreglar su corbata.

Leónidas emite un sonido ahogado al sentir como la tela se apretaba con fuerza alrededor de su cuello.

"Idiota, no aprietes tanto. Vas a cortarme la maldita respiración."

"No la estoy apretando tanto," Apolo pone los ojos en blanco. "No seas tan dramático, Leónidas."

"Aquí el único dramático eres tú."

"Bien, como sea," Apolo lo suelta, alejándose para tomar asiento en un pequeño taburete.

"Ahora. Quédate ahí por un momento." Y en un instante, Apolo saca su celular del bolsillo de su pantalón. Y antes de que Leónidas pueda siquiera respirar, el bastardo ya lo había apuntado con la cámara.

"Listo." Apolo canturrea con una sonrisa de oreja a oreja mientras miraba la pantalla de su celular.

Leónidas se frota los ojos con el dorso de su mano. El brillo del flash hizo que su visión nadara en puntos negros.

Ya podía sentir que se estaba sofocando con solo dar unos cuantos pasos alrededor de la habitación de Apolo. Sutilmente tuvo que desatar un poco el nudo para poder respirar mejor. Joder.

Luego de unos segundos, el celular de Apolo emite un sonido.

"Oh, mira. Geirölul le dio un pulgar arriba a tu foto."

Leónidas suspira. Como han caído los poderosos.

 

Notes:

Un escrito pequeño y dulce que tenía en mis borradores
Gracias por leer!