Chapter Text
Estoy sufriendo mucho.
Estoy flotando en un mar sin fin, rodeado de tristeza, añorando tu regreso ¿Por qué te fuiste, mi amor? ¿Por qué me dejaste solo? me hubieras dicho que pensabas irte antes para irme contigo. Hoy solo te tengo en mis recuerdos, soñando con volver a tenerte a mi lado ¿Cómo puedo sobrevivir a este inmenso dolor que me consume sin cansancio desde el día en que te fuiste?
Mi amado, hoy estoy de nuevo aquí, sentado frente a tu tumba, observando las hermosas flores que la rodean y me pregunto ¿Cómo es que estas pueden verse así de vivas, con tanto brillo a su alrededor, mientras que las que están regadas por el pueblo están muriendo? ¿Acaso se alimentan de ti? ¿De tu esencia? Simplemente no puedo entenderlo.
Ricky soltó un suspiro, dejando de escribir y poniendo de lado su cuaderno, recargó sus manos en el piso, con cuidado de no aplastar con ellas los tulipanes que llevaba consigo; observó la lápida con detenimiento, miles de palabras subían por su garganta hasta su boca pero nada salía de ella, quería hablar, realmente quería hacerlo, decir todas aquellas palabras que se guardaba en lo profundo de su alma, pero no podía, es como si un montón de espinas se hubiesen enterrado en sus labios, juntandolos de una manera en la que no pudiera abrirlos para no hablar, para no soltar palabra alguna. Suspiró de nuevo y simplemente tomó su pluma y su cuaderno para seguir escribiendo, pues de alguna manera tenía que sacar todo lo que llevaba dentro.
¿Cuánto tiempo ha pasado desde que te fuiste Taerae? He perdido la cuenta de los días desde hace meses y es que ya no quiero pensar en cuánto tiempo has dejado de estar a mi lado. ¿Sabías que desde que moriste las flores también perdieron su vida? Es como si ellas supieran que aquel que les daba vida ya no está, pero es que, solo tú tenías esa hermosa magia en tus manos Taerae, esa hermosa magia que hacía florecer cada flor que tocaban, que las hacía crecer con tanta belleza y tanto amor que eran incomparables con las demás, solo tú...
Aún recuerdo cuando mencionaste aquellas extrañas flores que intentaste cultivar, los tulipanes negros, tenías tanta esperanza de verlos florecer con ese color, pero nunca lo hicieron, después te enteraste que ese tipo de tulipán no existía, que los tulipanes negros eran un invento de las florerías, ya que en ellas los pintaban con esa pintura especial para flores que tu tanto repudiabas, ya que decías que les quitaban toda su esencia; bueno, pues hoy te tengo una sorpresa, mi amor. Cuando venía a verte, como todos los días pase a la florería de la madre de Matthew para comprarte unas flores, ella me platico que la mayoría de ellas estaban muriendo y que por ende, no podía venderlas, pero también me contó un secreto. Justo al fondo del gran jardín de flores que te pertenecía, destacando de entre todas esas flores sin vida, se encontraban unos hermosos tulipanes negros, según la mamá de Matthew, ellos comenzaron a florecer a las pocas semanas después de tu muerte, no recibieron ningún tipo de cuidado así que pensaba que morirían al poco tiempo de comenzar a nacer pero no fue así. ¿Sabes el significado de los tulipanes de ese color, Tae? Yo supongo que sí, ya que no había nadie más en este pueblo que supiera eso. La señora Seok me platico de su significado y ahora entiendo por qué florecieron después de tu muerte, ellos se alimentaron de las lágrimas que el pueblo soltó al enterarse de tu partida, se alimentaron del dolor y sufrimiento de todos nosotros, tú ya sabías que de esa forma florecerían ¿Verdad, Tae? Por eso dejaste de intentarlo tan fácilmente, porque ya sabías que solo con una muerte tan dolorosa como la tuya, esas flores ganarían vida.
Estoy sufriendo tanto, sintiéndome como todas esas flores que están muriendo, secándose lenta y dolorosamente, aguantando la agonía de perder sus hojas, dejando caer lágrimas en forma de pétalos grisáceos, sin ningún toque de color, sin nada de vida.
Dejó de escribir de nuevo e inhaló con profundidad, dejando que sus pulmones se llenaran con el aroma a flores, un aroma que lo lleva a lo más profundo de sí, en un mar lleno de recuerdos que lo lastimaban como nunca, sus ojos se llenaron de lágrimas en cuanto el recuerdo lejano de la voz de Taerae apareció, se sentía raro, diferente, era como si cada dia que pasaba Ricky olvidaba una parte de la bella voz de su amado. Con lentitud se tiró en el suelo, sin importarle que su ropa se llenara de tierra o pasto, eso era lo de menos en un día como ese, cuando sentía el dolor con más profundidad.
Enfocó su mirada en el cielo, el tono azul que tenía cuando llegó desapareció, siendo reemplazado por un naranja oscuro, dando el indicativo de que estaba anocheciendo y entonces Ricky quiso quedarse más tiempo, Taerae odiaba la oscuridad.
Los colores en el cielo van cambiando, transformándose en el azul oscuro repleto de estrellas, las cuales Ricky intentaba contar, pero le era imposible, las lágrimas se amontonaba en sus ojos haciéndole ver de manera borrosa; escuchó pasos apresurados a su alrededor, sabiendo que eran las familias abandonando con miedo el cementerio, todas ellas con el temor de que un espíritu se les apareciera, cosa que el rubio tomaba como tonta ¿Quien en su sano juicio le temería al fantasma de su ser querido? cuando él daría lo que fuera por volver a verlo.
Movió su brazo con cuidado, sintiendo los tulipanes rozarlo giró su cabeza para observarlos, eran unas flores hermosas pero cargadas de una tristeza infinita, tanta que se preguntó si lo correcto sería ponerlas en la tumba o llevarlas de regreso, no quería que aquellos tulipanes opacaran toda la luz y vida que las demás flores le daban a la tumba.
“ Tal vez mañana pase por otras flores con la señora Seok” pensó, aunque probablemente no encontraría nada bueno, todo estaba muriendo desde que Taerae se fue… incluso él.
Regresó su mirada al cielo oscuro, con la esperanza de ver alguna estrella pero estaba vacío, cada noche lo intentaba, veía al cielo esperanzado de ver una estrella brillando, pero no había ninguna, todas habían desaparecido poco después de aquel fatídico día.
El rubio cerró los ojos, transportándose a uno de sus recuerdos favoritos, cuando encontró a su amado tirado en el suelo del balcón de su casa, miraba las estrellas con la esperanza de identificar alguna constelación, pero lamentablemente nunca pudo hacerlo…
Ahora que moriste ¿Puedes reconocer alguna?
Pasos acercándose a él lo hicieron abrir los ojos de golpe, se sentó con rapidez sabiendo que era hora de irse, el encargado de cuidar el cementerio era bueno con él, siempre le abría la puerta con una sonrisa y cuidaba de que saliera con bien del cementerio, así que Ricky siempre se aseguraba de no causarle ningún problema; dejó los tulipanes a pesar de lo que había pensado y se levantó del suelo en cuanto el cuidador llegó a su lado.
El señor Lee le dedicó una sonrisa triste, Ricky supuso que su imagen era deplorable, con los ojos hinchados y su ropa llena de suciedad, intentó limpiar lo más que pudo puesto que tampoco quería preocupar más a su madre, suficiente tenía con hacerlo por no poder decir ni una sola palabra.
Miró por última vez la lápida de su amado, los tulipanes que había dejado resaltando por sobre las otras flores, sonrió con tristeza a modo de despedida, el rubio sabía que de todos modos iría el día siguiente, pero aun asi no queria alejarse; miró al señor Lee y asintió, dándole a entender que se retirara del lugar, el señor Lee asiente de vuelta y dirige el camino a la salida.
Ricky caminó siguiendo al cuidador, cuando de repente sintio un escalofrio recorrer su cuerpo que lo hizo detenerse, miró a sus espaldas y no alcanzo a ver a nadie, confundido frunció el ceño pero no le dio suficiente importancia así que siguió su camino, sintiendo una fría mirada clavada en su espalda, probablemente solo estaba alucinando, ese día no había comido mucho que digamos.
— Buenas noches, Ricky.- Dijo el encargado en cuanto llegaron a la salida, el rubio le sonrió en respuesta. — Ten cuidado en tu camino ¿Está bien?
El rubio asintió y finalmente dejó el cementerio, tomando camino hacia su casa.
Pasos silenciosos se acercan a la lápida en la que aquel chico con ojos tristes se encontraba, un par de ojos se observaban sobre ella, mirándolo con desconfianza, Gyuvin enarco una ceja mientras le regresaba la mirada, dándole a entender que podía verlo y no le tenía miedo. Se acerco aun mas a la lápida, causando que la mirada se transformara en una llena de curiosidad, cosa que le causó gracia al castaño, no sabía que los fantasmas podían ser tan expresivos con sus sentimientos, ignorando totalmente la presencia sobre él se asomó sobre el mármol y fue cuando al fin pudo leer el epitafio.
“Siempre te recordaremos Taerae, el ángel que le regresó la luz al pueblo.”
