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Hoy era uno de esos días en los que Dios decidió espiar a su hijo favo… descarriado.
Hacía rato que el ser celestial no podía hacerlo, pues estuvo muy ocupado con su trabajo o pensando en que regalarle a su nieta. Así que ahora, libre de trabajo y preocupaciones se puso a ver a su hijo, la estrella de la mañana.
Lo vio hay, acostado en la cama, con un aspecto medio demacrado y siendo revisado por uno de los ángeles caídos, del cual Dios olvido el nombre. Bien, a sus ojos Luci solo debería de tener una pequeña queja, nada más, pero por si acaso decidió escuchar la conversación ajena.
"Mierda... Mierda, ¡mierda! No sé qué más hacer."
Eso fue lo primero que escucho Dios viniendo del ángel desconocido, lo cual, le preocupa un poco. Su hijo no era de enfermarse de gravedad, era un ser divino aún si había caído, por eso, lo que sea que le estuviera pasando ya no era una simple queja. Esto hizo que frunciera el ceño, parece que tendría que ir a ver a su hijo para asegurarse de que este bien. La entidad volvió su atención al orbe de luz que reflejaba la escena al escuchar la voz un poco más seca de lo habitual del Morning Starr.
"Está bien... Sabía que no pasaría mucho tiempo antes de que la muerte llamara a mi puerta. Los desmayos se han vuelto aún más comunes y bueno, ya sabes que ahora estoy postrado en cama."
Dios miro fijamente la imagen, esto tenía que ser un jodido error o broma de mal gusto, su pequeño Samael no podría estar muriendo de la nada. La última vez que se fijó la salud de su hijo estaba perfecta y aún podía correr a la pequeña Charlie y crear cosas como si nada.
Cerro sus dos pares de ojos y se centró en la presencia de Lucifer, si bien estaba un poco lejos podía sentirlo. Lo reviso minuciosamente, notando que lo que había escuchado no era un chiste o una broma. Su hijo se estaba muriendo y no sabía por qué ni como, su pequeña estrella que aún no le llegaba a la cintura estaba muriendo de la misma forma que murió su esposa hace ya tantos años. Y eso encendió todas las alarmas en la entidad, su mujer Ashera, murió hace siglos sin que Dios pudiera encontrar la cura para su enfermedad o siquiera saber cuál era, ahora, a uno de sus descendientes le pasaba lo mismo. El no sé podía permitir esto, no pensaba dejar que lo que sea que allá matado a su esposa le arrebate a su hijo favorito. Así que cuando el otro ángel caído salió de la habitación para encontrar una cura, él se teletransportó a donde estaba Lucifer. Aunque oculta su presencia la deidad sabía que el rey del infierno notó su presencia en el segundo que apareció.
"Hola Papa."
Dios fue rápidamente a su lado y comenzó a revisarlo, tratando de buscar una manera de parar lo que le estaba pasando, al contrario. A pesar de que ambos sabían que eso no era posible, Lucifer moriría tarde o temprano y ni el mismo creador de todo podría sanarlo.
"Todo estará bien, encontraremos una manera de arreglar esto. Aún tienes mucho por vivir, ¿si? Charlie no soportaría una vida sin su padre, a Lilith se le rompería el corazón si estuvieras muerto y el infierno necesita un rey. Así que déjamelo a mí, encontrare una forma de que todo salga bien."
Lucifer le dedico una pequeña sonrisa, pero no dijo nada, solo lo abrazo. Esta bien, él había aceptado su destino desde que comprendido como murió su madre. Él sabía que tenía los días contados desde que esa espada lo lastimo.
"Está bien, padre, lo dejo en tus manos."
El hijo mantuvo su sonrisa en el rostro mientras miraba a los ojos de su padre. Sabía que el mayor estaba desesperado, que pondría el cielo patas arriba para buscar una cura como lo había hecho con su madre y él sabía que esta enfermedad era en realidad la cura de cierto mal.
Dios asintió de manera rápida y soltó a su hijo antes de desaparecer. Ahora estaba de regreso en el cielo y como suponía Lucifer lo puso patas arriba para buscar una forma de sanarlo. Todos y cada uno de los ángeles que sabían algo de medicina fueron puestos a buscar una forma de curar al rey del infierno "el mayor enemigo de Dios". O a ojos de las personas más sabías, su hijo favorito, por el único que destruiría todo y lo volvería a construir solo si eso significaba verlo sonreír.
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Lucifer se acomodó en su cama, como había esperado su padre vino para verlo y decirle que todo estaría bien, una mentira que ninguno de los dos creía, pero estaba bien para ambos no contradecir en voz alta el hecho.
El miro por la ventana, pronto su pequeña Charlie despertaría de su siesta y lo vendría a saludar, luego le contaría su sueño y le preguntaría porque tiene que estar en la cama y no puede salir a jugar con él. Oh, la luz de la vida del ángel caído sin dudas era su hija, la niña era la estrella más brillante a los ojos de su padre y la única por la que sentía lo que creía que era amor.
A diferencia de lo que muchos pensaban Lucifer nunca supo cómo se supone que se siente amar a alguien, sabe que le atrae Lilith, pero no es amor, sabe que adora a su padre, Dios, como lo hacen el resto de ángeles, el consiente que tiene interés en Paimon, pero él no lo ama en ningún sentido de la palabra. Por la única persona que cree que sintió amor fue por su amada madre, Ashera y aun así él no estaba seguro. Pero había algo de lo que, si estaba seguro, de que él amaba a Charlie, la amaba de la manera que él creía que debía amarla, como un padre a una hija, como su madre lo amo a él. Y aunque le gustaría negarlo para no dañar a nadie, su pequeña era lo único que iba a extrañar de estar vivo.
El soltó un suspiro, esto sería difícil para su hija, así que haría lo mejor que pudiera para que al menos tuviera recuerdos felices con él. El pasaría tiempo con ella para que ella supiera que es el amor y no ande con estas dudas.
Con cuidado la puerta se abrió y entro la pequeña princesa del infierno que corrió a la cama de su papá y salto para subir.
"¡Papá!"
Grito la niña mientras se arrastraba por la cama al lado de su padre y le daba un gran abrazo, para luego acurrucarse en su pecho.
"¿Si, pequeña estrella?"
Lucifer acomodo a su hija en su pecho mientras que ella le dedicaba una enorme y cálida sonrisa inocente.
"Te quiero mucho, papá."
El rey del infierno no pudo evitar sonreír por eso, sin dudas esas eran las palabras más lindas y sinceras que había escuchado en su vida, entonces, respondió de igual manera.
"Yo también te quiero y amo, mi dulce estrella."
Su voz ya no se escuchaba tan seca ni pesada, era suabe, como una dulce brisa en primavera. Esta podía ser la última vez que pudiera decirle que podría decirle eso a su hija y no quería irse de esta vida sin hacerlo.
La pequeña niña asintió feliz y le mostro a su papá un dibujo que había hecho, eran ellos dos tomados de la mano y viendo las estrellas. Algo que solían hacer muy seguido cuando Lucifer no estaba enfermo.
"Papá, ¿esta noche podemos ir a bailar bajo las estrellas? "
Pregunto la menor de los Morning star a su padre, este lo pensó unos segundos, lo más probable es que no tuviera otra oportunidad como esta, pronto ya no sé podría levantar de la cama. Así que sin pensarlo mucho más amplio su sonrisa y asintió con la cabeza.
"Está bien, mi dulce princesa, esta noche vamos a ir a bailar bajo las estrellas juntos y te diré una cosa muy importante."
La niña soltó brillitos y abrazo a su papá con fuerza, este le correspondió la acción. Tal vez salir de su cama y irse del infierno le haría que su condición empeore pero al rey eso no le importaba, iba a ser a su hija la niña más feliz del mundo hasta que su cuerpo no pueda soportar el dolor.
Las horas pasaron y Charlie se terminó durmiendo nuevamente, Lucifer la despertaría cuando sea la hora de ir a la Tierra, mientras tanto, se quedó leyendo un libro. Aunque eso no duro mucho cuando sintió de presencia de su padre en la habitación.
"Hijo..."
Fue la primera palabra que Dios le dirigió a su hijo, lamentablemente la deidad no había encontrado manera de sanarlo, pero no quería aceptar ese echo aún.
"Está bien, papá, sabía que esto pasaría, realmente no me importa irme ahora, solo quiero que las personas que quiero sepan que lo hago."
Ambos se miraron unos segundos antes de que el ángel caído sonriera de manera cálida.
"Papá, te quiero."
La deidad lo abrazo y lloro mientras abrazaba a su hijo, sin saber que lo que le había dicho fue una mentira. Una dulce mentira que fue hecha para no ser descubierta nunca. Lucifer no sé arrepentiría nunca de mentirle a su padre, después de todo, aunque no lo quería ni lo amaba, no deseaba verlo triste.
"Yo también te amo, Samael."
Samael le limpio las lágrimas a su padre con una pequeña sonrisa en el rostro antes de acomodar a Charlie en su pecho.
"Vamos, le prometí a Char-Char que bailaríamos bajo las estrellas y que le contaría algo importante."
La deidad se levantó con cuidado, tratando de no dañar a su hijo. Luego con un simple chasquido de dedos los tres estaba en alguna parte de la tierra y había un hermoso cielo estrellado sobre sus cabezas. La pequeña princesa del infierno comenzó a despertar, frotándose los ojos miro al rededor y sonrío.
"¡Papá, papá, papá, papá!"
Dijo la niña con entusiasmó mientras le jalaba la ropa a su papá con una enorme sonrisa en su bello rostro
"¿Si, mi pequeña estrella?"
Pregunto el rey del infierno a su hija mientras la ponía sobre sus hombros con cuidado para que viera mejor el cielo.
"¡Esto es hermoso!"
Grito la niña lo que hizo sonreír a ambos adultos. Lucifer con cuidado señalo la estrella más brillante, era ahora o nunca.
"Claro que es hermoso, mi niña. Ahora, ¿qué tal si te cuento la cosa importante que te tenía que contar?"
Charlie lo miro unos segundos antes de recordar lo que su padre le había dicho hace algunas horas y asentir de manera rápida con la cabeza.
"Bueno, ¿ves esa estrella de allá?"
Pregunto el ángel caído mientras señalaba al Lucero, la primera estrella de la noche. La princesa asintió y su padre siguió.
"Cuando yo no pueda estar físicamente con vos, quiero que recuerdes que esa estrella te llevara a donde necesites ir. Siempre que la mires quiero que recuerdes que te amo con todo mi ser y que te acompañare aún si no es físicamente."
Aún si la niña no entendió del todo lo que decía su papá ella asintió, esa estrella quería decir que su papá siempre estaría con ella. Eso le gustaba, aunque la niña siglos más tarde se lamentaría solo poder pasar tiempo con una estrella en lugar de su padre.
Lucifer bajo a Charlie de sus brazos y a la vista de Dios Lucifer bailo por ultima ves. A los ojos de la pequeña niña, este fue el mejor día de su vida, a los ojos del padre de esta, este sería su ultimo día h a los del abuelo de la pequeña, este día sería un recuerdo de por vida de que nunca pudo salvar a quien más quería.
Pasaron las horas y al final los dos más jóvenes del trío de durmieron bajo el manto de estrellas. A la mañana siguiente solo uno de ellos despertó y a su lado la estrella de la mañana, Lucifer Morning star, que murió mientras dormía. Dejando atrás una vida que estuvo bien, aunque no sé olvido de dejar un pequeño regalo de despedida, una bonita serpiente blanca que siempre acompañaría a su hija.
Esa ves, Dios pudo llorar mientras abrazaba a su nieta, que no entendía por qué su papá no despertaba. Tal vez, en la próxima vida, alguien le enseñe mejor a Lucifer como es amar.
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La nada era eso, nada, hasta que el vio algo, la vio a ella y sin saber qué hacía se acercaba, fue cargado por sus brazos y hablaron, aunque él no sabía de qué. No pasó mucho tiempo, ella le estaba sonriendo antes de que ambos comenzaran a desvanecerse, pronto llegaría otra vida. Una donde su madre, Ashera, le enseñaría a amar, una donde, aunque solo sean ellos dos, no les faltara nada.
Esa vida comenzó con el pequeño llanto de un niño llamado Samael, Samael Morning star como lo llamo su madre, mi pequeño Sami, la estrella de mi mañana.
