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Otro Dragón

Summary:

Furina recibe una invitación para ir a la nación de la libertad, y termina conociendo a alguien que logra brindarle la calma que tanto necesitaba.

Notes:

Estes es mi primer trabajo en esta pagina, espero sepan disculpar cualquier error.
Esta dedicado a una personita que conocí por twitter, gracias por apoyar esta locura (?)

Algunos headcanon y detalles que quiero compartir (que pueden o no ayudar a la lectura)
-Dvalin es el Dragon Soberano Anemo, porque yo apoyó esa teoría (?)
-Los dragones solo tienen una pareja durante toda su vida, y tal vez Dvalin encontró a la suya, aunque quien sabe si terminarán juntos gdhshs
-Furina esta enamorada de Neuvillette (Es mutuo) pero los sucesos del juicio aun la persiguen :(

También un agradecimiento a mi amiga, que me ayudó con las correcciones, te quiero mucho <3

Eso es todo, espero disfruten de la lectura~

Work Text:

 

Su llegada a Mondstadt podía describirse de una manera: caótica.
Desde el momento en que pusieron un pie en las tierras de la libertad, casi fueron asaltadas por un grupo de cazadores de tesoros. Por suerte contaba con la ayuda de Lumine y su visión recién adquirida, fue fácil vencerlos, terminando con ellos echando a correr.

Furina se sentía orgullosa de sí misma, no solo sus habilidades de combate estaban mejorando lentamente, ¡también podía hacer un muy buen uso de su poder hidro! Sin duda, ese era un gran logro.
Pero ese sentimiento de orgullo se desvaneció cuando una fuerte ráfaga de viento, que hizo volar a Paimon, las azotó. Solo bastó con levantar la vista para encontrar al responsable de eso.

Un dragón.

Uno enorme, que estaba volando encima de ellas, provocando que incluso los árboles más grandes se sacudieran.

La ex arconte casi se desmaya del susto, de no ser por una voz suave y armoniosa que provenía del dragón, ¿Acaso era su voz? No podía creer que una criatura así tuviera una voz tan aguda...
Pero el verdadero dueño de la voz se unió rápidamente a ellas, bajando del lomo de esa bella criatura y aterrizando suavemente sobre el césped. Segundos después, el extraño dragón se envolvió en una luz cegadora, bajando lentamente hasta llegar con el extraño chico de trenzas.

Solo que ahora ya no había un dragón, al menos no como tal.

Su apariencia era similar a la de un hombre humano normal, un cabello turquesa ligeramente largo y recogido; ojos afilados, con pupilas verticales que dejaban a la vista su naturaleza dracónica al igual que sus orejas puntiagudas; y una pequeña barba que cubría parte de su mentón, del mismo color que su cabello.
Sin duda era un hombre muy atractivo.

—Vaya, vaya. ¡No las esperaba tan pronto! —El joven de trenzas fue el primero en hablar, acercándose aún más y tomando las manos de Furina. —¡Estoy muy feliz de finalmente conocerte en persona, Furina!-

Espera un momento.

—¿M-Me conoces?...

—¡Claro! ¿Quién no escuchó de ti? ¡La mejor actriz y mayor estrella de Fontaine! Es un honor tenerla en esta humilde nación, señorita Furina. —Dijo mientras hacía una reverencia. Ahora era cuando el rostro de la chica se volvía rojo de la vergüenza.

—¡Oye, bardo de pacotilla, nosotras también estamos aquí! —La voz estridente de Paimon llamó la atención del recién llegado.

—Además, por más que quieras seguir adulando, creo que es mejor que Furina conozca a quienes vinieron a recibirla ¿No? —Lumine se cruzó de brazos, con una sonrisa en su rostro.

—¡Oh, cierto! Ejem, permítame presentarme... Soy Venti, el bardo. —Hizo unas señas a su acompañante, quien caminó lentamente hasta donde estaban los cuatro. —Y este guapo caballero es Dvalin, un muy buen amigo mío~ —El mencionado simplemente saludó con una cordial reverencia.

Así que es de pocas palabras... O tal vez algo tímido. Furina no pudo evitar recordar a Neuvillette, a quien no había visto desde que le pidieron usar la Opera Epiclese para "La pequeña Oceánida" y eso le daba una sensación agridulce. Por un lado, ella misma decidió poner algo de distancia entre todas las personas que participaron en su juicio, incluido Lumine; y por otro... su corazón aún seguía añorando a su único compañero, la única presencia constante en esos 500 años de sufrimiento.
Pero tal como lo extrañaba, también lo resentía. Odiaba que él hubiera sido quien propuso la idea de tenderle una trampa, que sus discusiones aumentaron con la llegada de la viajera a Fontaine... Que confiara en ella antes que en su compañera, con quien gobernó una nación durante tantos siglos.

Su molestia pareció ser notada por el nuevo dragón, pues escuchó una voz profunda dirigirse a ella directamente.

—Señorita Furina, ¿se encuentra bien? —Dvalin se oía genuinamente preocupado, pero aún mantenía cierta distancia.

—¡S-Sí, claro que estoy bien! ¡De maravillas! —Casi ríe de forma histórica, pero aguantó las ganas, sería demasiado. Ya no tenía que actuar delante de otros, pero dejarlo era demasiado difícil...

Lumine la miró sin decir nada, su mirada se desvío antes de que la notarán. Las cosas con Furina aún estaban muy tensas, pero no podía sentirse ofendida por ello, tenía todo el derecho a resentirla y estar molesta.
Aunque Fontaine fue salvado, las consecuencias de sus acciones fueron un golpe muy fuerte para todos los involucrados en ese juicio. Sin embargo, la viajera estaba segura de que Neuvillette era el más afectado por el distanciamiento de la ex arconte, de otro modo no tenía manera de explicar las constantes lluvias en la Nación de la Justicia. Incluso cuando partieron a Mondstadt estaba lloviendo.

No quería saber cómo estarían ahora: el pueblo afectado por las incesantes lágrimas del dragón hidro, que lloraba desconsoladamente por el distanciamiento de su persona amada, su tesoro...

No podía evitar sentir pena por él, fue una de las razones por las que se ofreció a acompañar a Furina cuando se enteró de que alguien la había invitado a la Nación de la Libertad, y más temprano que tarde descubriría de quién se trataba. La cosa es que, incluso si confiaba en Venti, sentía que debía acompañarla.
Al menos así podría volver a encontrarse con viejos amigos.

—Si la señorita Furina se encuentra bien… ¡Entonces ya podemos irnos! ¡Hay que enseñarle la ciudad, los alrededores, y hacerle probar muchas cosas nuevas! —El bardo no tardó en tomar suavemente su mano, guiando al grupo con entusiasmo.

El ex arconte intentó relajarse. Fuera pensamientos sobre Fontaine, el juicio o Neuvillette. Se supone que este viaje era para relajarse y conocer otra nación, ¡no para volver a cien en sus problemas! Para eso pudo simplemente quedarse en casa y no salir de su cama.

 

*·°════ ∘◦💧◦∘ ════°·*

 

El recorrido guiado por Venti fue más que divertido, y descubrió que este tenía un gran talento en la música e improvisación. Con su gusto en común por las artes, ambos terminaron interpretando algunas canciones cerca de la estatua del Arconte Anemo, recibiendo aplausos de todos, incluso de algunas monjas que salieron a ver el alboroto.
Furina había olvidado cuando fue la última vez que simplemente se relajó y decidió disfrutar de cosas tan simples.

Luego de eso, los cinco decidieron ir a comer, Lumine insistió en pagar la cuenta por todos. Furina quiso negarse, pero al final terminó aceptando de regañadientes.
Cuando el sol comenzó a ponerse en el horizonte y el bello celeste del cielo era reemplazado por hermosos tonos naranjas, rosados e incluso violetas, Venti tuvo la idea de ir a beber, diciendo que él invitaba como agradecimiento a Lumine por pagar la comida.

Furina no solía beber, apenas en los eventos a los que asistieron como Arconte mojó levemente sus labios con champán, pero… ¿Beber directamente? ¿Vino o cualquier otro tipo de bebida? Eso sí sería una experiencia novedosa, pero se controlaría. Tenía nula resistencia al alcohol y no quería terminar vomitando o algo peor.

Cuando llegaron al lugar, fueron recibidos por un hombre de cabello rojo, quien parecía estar acostumbrado a ver a Venti ahí. Cuando lo miró, su expresión era casi de resignación, sin embargo esta se volvió más amistosa al ver a la viajera rubia.

—¡Diluc, mi amigo! ¿Cómo has estado? —El bardo fue a sentarse en la barra de forma automática, sonriendo ampliamente al hombre detrás de la misma.

—Hablas como si no hubieras estado aquí ayer. —Diluc ignoró las quejas de Venti, pasando su atención a los demás invitados. —Lumine, Paimon, es bueno volver a verlas y... ¿Tú eres?

—Furina, mi nombre es Furina. —Respondió mientras acercaba tímidamente una mano al hombre, quien la estrecha con una suave sonrisa.

—Un placer conocerla, señorita Furina. Puedo suponer que no es de aquí. Déjeme adivinar... ¿Fontaine?

—¡H-jaja! ¿Se nota mucho?

—Paimon piensa que la ropa delata mucho. ¡Todos en Fontaine se ven tan elegantes!

Y Furina podía confirmar que eso era cierto. Ella misma había sido una tendencia en la moda de su nación en muchas ocasiones, incluso actualmente podría llegar a serlo si elegía un conjunto nuevo que nadie nunca ha usado, pero que combinara con su propia esencia.

—Mh, entonces, ¿en qué puedo servirles?

Y ahí comenzó la diversión.

Bueno, sólo la diversión de dos de ellos. Venti y Lumine bebieron como si el alcohol fuera agua, y ambos estaban en medio del desierto. Paimon terminó uniéndose a sus locuras a pesar de no consumir nada de vino, solo unos jugos de frutas que Diluc le preparó.
En cuanto a Furina... Era apenas su tercer vaso y ya se sintió algo mareada.

A su lado estaba Dvalin, quien aún jugaba con su primer vaso a medio terminar.

—No eres muy fan del alcohol, ¿o sí? —Preguntó para romper el hielo entre ambos.

Furina recibió el comentario con una sonrisa, sin tomárselo mal. —¿Se nota demasiado? —Alcanzó a notar sus colmillos afilados gracias a que sonreía abiertamente. ¿No tenía miedo de que la gente pudiera verlos? Neuvillette siempre mantenía los suyos ocultos de todos, solo ella y las melusinas podían verlos en algunas ocasiones, cuando reía. Y aún así era difícil, porque normalmente se cubría la boca.

Pero Dvalin era diferente, sonreía y reía abiertamente, como si no tuviera miedo de mostrar su verdadera naturaleza, de mostrarse como el dragón que era. Furina sintió admiración por eso, no necesitaba esconder lo que era, podía ser libre...

Libre... Ella también lo era, luego de tanto finalmente era libre pero... Sentía que aún seguía atrapada, que estaba dentro de una jaula invisible de la cual no podía ver ni las rejas, ni la puerta o cerradura, pero eso no significaba que no fuera real.

—¿Furina? ¿En serio estás bien? —Nuevamente, esa voz profunda la sacó de sus pensamientos, haciéndola voltear hasta encontrarse con sus ojos. Un color tan hermoso, como si fuera del mismo color del cielo cuando el sol estaba en su punto más alto, un precioso y brillante celeste...
Furina tocó esos pensamientos con fuerza y los encerró en el sótano de su mente.

—¡E-Estoy bien, muy bien! ¡N-No tienes que preocuparte, Dvalin!-
Responder de esa manera con una sonrisa normalmente ayudaba a que la gente dejara de insistir, pero el dragón no parecía tragarse esa mentira y lo dejó claro.

—Sé que apenas nos conocemos, y que no es mi asunto... Pero no pude evitar notar que algo te tiene mal. —Los ojos del dragón parecían ver a través de ella, lo que la obligó a desviar su mirada.
Estaba frustrada, siempre lograba interpretar el mejor papel y lograr que las personas lo creyeran, ¿por qué con él era diferente? ¿Qué hacía la diferencia entre Dvalin y Neuvillette, a quien logró engañar durante quinientos años?

Bueno, claro que había gran diferencia entre ambos hombres, pero no lograba entender por qué un desconocido lograba ver a través de ella, y su Iudex no.

El silencio entre ambos se expandió, lograba escuchar los sonidos de la gente en el bar, el canto de Venti y Lumine, las quejas de Paimon por el ruido... Agradecía estar en un lugar con mucha gente o seguramente este silencio que tenía con Dvalin estaría muy incómodo.

—Es solo... Pasaron muchas cosas en mi vida estos últimos meses... —Comenzó, mientras jugaba distraídamente con su vaso. —Creí que este año sería igual a todos los anteriores, otra más escena, el mismo guion que seguir en la misma obra interminable... Pero luego apareció Lumine, y todo pareció derrumbarse lentamente. Todo lo que quise mantener oculto durante siglos salió a la luz, y... Pensé que había condenado a todo mi pueblo cuando él me declaró culpable. —Sus lágrimas en ese momento no eran de miedo por la sentencia de la Oratrice, eran por el miedo de haber fallado en su misión, de condenar a todo Fontaine a disolverse en el Mar Primordial y quedarse totalmente sola, en una nación consumida por el agua.

Miró por un momento a su acompañante, él también la estaba mirando con mucha atención, escuchándola. Eso le dio la fuerza para seguir.

—Y ahora... Incluso si sé que ese juicio fue necesario yo... me siento herida, traicionada por las mismas personas que intento proteger, por mi único compañero en esa interminable pesadilla... —Su voz comenzaba a quebrarse lentamente, las lágrimas nublaban la vista y amenazaban con escapar, dejando en vista del dragón lo que era realmente. Una humana, una humana tan frágil y rota, que no sentía valía la pena o el esfuerzo de la gente. —Tal vez... T-tal vez todo hubiera sido mejor si me hubiera disuelto cuando toque el agua del--¡...!

No logré terminar esa frase, cuando unos brazos la rodearon con fuerza. A la vez, energía anemo los rodeó a ambos y al abrir los ojos, ya no estaban en la taberna.
Estaban en una extraña construcción en ruinas, tan alta que desde ese punto se podía ver toda la ciudad en su extensión.

—Q-Qué...?

—Lo siento, yo... creí que sería mejor si saliéramos de ahí. Necesitas algo de aire y... un lugar donde desahogarte libremente.

Las palabras de Dvalin golpearon fuertemente algo en ella, algo que finalmente hizo que sus lágrimas salieran y sus sollozos aumentaran hasta convertirse en llanto.
En ningún momento el agarré del dragón sobre ella flaqueo, la sostenía con una mezcla de firmeza y delicadeza, no la dañaba pero tampoco la hacía sentir sola. Sabía que había alguien con ella y que no la soltaría.

—Ya, ya... Todo está bien, todo estará bien ahora... —Dvalin mismo se sorprendió de la suavidad en su tono, pocas veces escuchó su propia voz así y todas las veces fueron dirigidas a Barbatos.

Esta chica era... extraña, pero no en un mal sentido. Era extraña, pero interesante y al mismo tiempo tan frágil... Con solo ver sus lágrimas sintió la necesidad de llevarla a un lugar apartado y consolarla, cuidar de ella, protegerla.

Protegerla como el otro dragón no pudo. No tenía nada en contra del Soberano Hydro, pero había herido a una mujer tan maravillosa y permitió que se fuera de su territorio... Un enorme descubierto, que él no iba a cometer.

¿Qué estás pensando? No, no vas a tenerla en contra de su voluntad aquí, ella debe decidir. Se regañó mentalmente, sus instintos dracónicos podían esperar a que Furina se desahogara completamente.
Cuando eso suceda, se aseguraría de hacerla sentir apreciada, conocer de sus gustos y disgustos, conocer a la verdadera y no a la actriz que intento verle la cara de tonto hace unos momentos.

Sus propios pensamientos terminaron por alterarlo, ¿por qué se sintió así? ¿Acaso había...?

Sacudió su cabeza, no era el momento de dejarse llevar por esos pensamientos, podría comerse la cabeza con ellos más tarde. Furina era su prioridad ahora.