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Language:
Español
Stats:
Published:
2024-03-19
Updated:
2024-08-14
Words:
24,017
Chapters:
10/15
Comments:
15
Kudos:
77
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8
Hits:
1,737

Un Coro

Summary:

Huyendo por fin de una relación muy tóxica, Martin llega a Madrid dispuesto a empezar de cero. Si fuera tan fácil, porque después de que te digan que no vales nada durante tantos años, al final el mal humor se queda dentro de ti.

Juanjo está harto de ser siempre el más tonto y de decir que sí a la gente. Quiere quitarse de una vez esa necesidad patológica de caer siempre bien. Y cuando vea la oportunidad de tener el solo que siempre ha soñado no la dejará escapar.

Chapter 1: Martin y la lluvia

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

El día que Martin Urrutia compró un billete de tren con destino Madrid Puerta de Atocha sin billete de vuelta no dejó de llover.

Para él esto era una buena señal. La lluvia le había acompañado en algunos de los momentos más importantes de su vida. Su primer día de instituto. Cuando nació su hermano. Su primer beso con un chico. El día de su cumpleaños 19 en el que sus amigas le hicieron una fiesta sorpresa. A Martin le gustaba mucho hacer listas de cosas de su vida.

Es importante recalcar que Martin vivía en Bilbao y que allí la lluvia no es algo extraordinario. También hubo días malos en los que llovió. Cuando murió su abuela Carmen. El único día en el que sus padres le llevaron a un entreno de fútbol infantil y se pasó todo el rato gritando que quería irse porque no le gustaba. La primera noche en la que Iker le hizo llorar.

Pero él siempre había preferido centrarse en la lista de cosas buenas. La otra existía en una esquina de su cabeza hacia la que no acostumbraba a mirar, hasta hace poco.

El día que llegó a Madrid no llovió en Bilbao, pero había charcos en el suelo cuando salió de la estación de Atocha.

Martin no tenía nada en la capital más que una entrevista de trabajo y una habitación alquilada en un piso de la Latina. Tampoco le quedaban muchas cosas en Bilbao aparte de su familia y su psicóloga, y eso lo iba a tener estuviese donde estuviese, como si fuese la nube del iCloud.

Sus amistades del instituto y de la universidad desaparecieron durante los tres años que duró su relación con Iker. No se fueron, pero se fueron esfumando, lentamente y al final de golpe. Él no supo verlo mientras pasaba, solo se dio cuenta el día de su último cumpleaños. Fue durante las últimas semanas de su relación con su novio, al que se le olvidó felicitarle y quien encima se enfadó y le llamó niñato cuando se lo echó en cara. Cuando quiso desahogarse con su mejor amiga, se dio cuenta de que su última conversación era de hacía exactamente un año. Zorionak Martin!! A ver cuándo nos vemos, te echo de menos. Y él ni siquiera había contestado.

No recordaba por qué no le había contestado a Irati. Tampoco recordaba haber leído ese mensaje.

Se bajó del taxi en su portal y llamó al timbre de su nuevo piso. Un chico alto y moreno le abrió la puerta con una sonrisa y le invitó a entrar, ayudándole con la maleta más pequeña.

-Esta es tu habitación, te dejo tranquilo para que te instales. Si te apetece luego podemos pedir pizzas para cenar, ¿te parece bien?

-Eh, sí, perfecto. Gracias, Omar.

Omar parecía simpático. Había hablado con él unas cuantas veces por teléfono y tenía una voz amable que te invitaba a contarle tu vida y milagros, pero en persona podías notar una aura de bondad a su alrededor que te hacía sentirte muy a gusto.

Al día siguiente durmió hasta mediodía. Cuando se levantó le costó un par de segundos ubicarse. En la habitación no había nada más que cuatro muebles y dos maletas, una sin abrir y otra que había abierto para sacar el pijama y el neceser.

Y él. Martin Urrutia de Getxo. Y dentro suyo la sensación, por primera vez en mucho tiempo, de que las cosas irían bien, aunque en Madrid no lloviese tanto como en Euskadi.

Salió al comedor y se encontró una caja de pizza encima de la mesa con una nota de Omar que le decía que le había dejado lo que había sobrado la noche anterior.

Martin, te dejo la pizza del día siguiente para ti porque no tienes nada en la nevera y hoy tienes una entrevista importante! Que vaya genial, Omar

Ah, y que hoy tenía una entrevista de trabajo en un colegio para ser el nuevo profe de teatro.

 

Comió, se duchó, deshizo las maletas y se fue a la entrevista. Y en cuestión de semanas ya tenía piso, trabajo y un compañero de piso muy simpático en Madrid.

--

Los siguientes meses pasaron volando. El trabajo le mantenía la mente ocupada y su psicóloga se la mantenía sana. Consiguió un par de papeles en obras de teatro efímero que le recordaron lo mucho que ama su profesión y que los cuatro años de Arte Dramático habían servido para algo.

Se compró el nuevo disco de Lina de Sol y fue a una firma en una cafetería de esas en los que un café con hielo te cuesta tres euros para que se lo firmase. Ensayó muchos monólogos y escenas en su casa. Pintó su habitación y compró un par de plantas. Fue al rastro todos los domingos como quien va a misa.

Al quinto mes, vio al padre de uno de sus alumnos colgar un cartel en un tablón de anuncios del cole. Era un cartel sencillo, con letras grandes y llamativas que decía "BUSCAMOS TENOR PARA CORO".

Tenor, eso era lo que él era. O eso le habían dicho sus profesores del conservatorio muchos años atrás. Entonces pasó una cosa que hacía mucho tiempo que no pasaba: sin pensarlo antes ni pensarlo dos veces ni pensarlo tres veces ni pensarlo cuatro y echarse atrás y después volver adelante, se acercó al padre de Álex y le dijo que no buscara más.

-Gerard, hola, qué tal, no hace falta que busques más. Aquí tienes a tu tenor.

-¿Perdona? ¿Tú cantas, Martin?

-Hace mucho tiempo que no lo hago en público, pero sí. - dijo sin pararse a respirar ni un solo momento. - Me gustaría como mínimo intentarlo

-Claro, sin problema. Llevo tres semanas sin uno de mis tenores, he hecho ya varias pruebas a otros chicos, pero ninguno me convence. Oye, te escribo y quedamos.

Fue tan largo el duelo que al final casi lo confundo con mi hogar.

Tantos años escuchando esa canción y nunca se había parado a entender ese verso. Los últimos meses parecía que le acompañaba dondequiera que fuese. Con ella pasó la prueba y de repente formaba parte de un coro amateur del que no sabía nada más que el nombre.

-Bienvenido al coro Espantos, Martin.

-¿Puedo preguntarte por qué este nombre?

-Porque quien canta sus males espanta.

Y se quedó tan ancho.

-Ensayamos los lunes, miércoles y viernes - continuó Gerard - así que mañana vivirás tu primer ensayo. Hablaré con Juanjo para que esté un poco encima de ti y te ayude con lo básico.

-¿Quién es Juanjo?

-El otro tenor. Mañana te lo presento, seguro que te cae bien.

Al salir del local de ensayo empezó a llover y Martin no llevaba paraguas.

Su psicóloga le mandó esa tarde un mensaje deseándole suerte en su nueva aventura. No le solía mandar muchos mensajes que no fueran para recordarle su cita al día siguiente, pero sabía que lo de hoy era una cosa importante para él y lo agradeció.

En la puerta del local de ensayo había una chica bajita y pelirroja apoyada en la pared. Al llegar él, levantó la vista del móvil y le saludó efusivamente.

-Hola, eres Martín?

-Sí. -contestó- Martin, sin tilde. Es vasco.

-Yo soy Ruslana. Es ucraniano.

-Eres de allí?

-Sí, pero llevo aquí casi toda mi vida.

Martin cogió el pomo de la puerta para entrar, pero Ruslana le hizo un gesto con la mano diciéndole que esperase un momento.

-Está Juanjo dentro hablando con Gerard y no quiero molestarles. Esperamos dos minutos y entramos.

-Juanjo es el otro tenor, no?

-¿Le conoces?

-Gerard me dijo que me ayudaría a ponerme al día.

-Vaya, - contestó la pelirroja, riendo - ¿y esto Juanjo lo sabe?

Esperaba que sí. Molestar a la gente era la cosa número 1 en su lista de cosas que odiaba hacer.

De repente, la chica le agarró del brazo y lo arrastró dentro del local sin que él pudiera decir nada al respecto.

Nada más entrar, un par de miradas se clavaron en él. Gerard y el chico que estaba hablando con él se quedaron observándole desde el centro de la sala, donde había un piano y unas cuantas sillas.

El director del coro le saludó con la mano y con la mirada y el chico - Juanjo - se quedó mirándolo mientras Ruslana le arrastraba hacia donde estaban.

Juanjo era alto, un poco más que él, de complexión fuerte y pelo corto y castaño. Tenía los ojos oscuros y los rasgos faciales muy pronunciados, con una barba de cuatro días que le oscurecía la zona de la barbilla. Era la típica persona magnética que no pasa desapercibida y que hace que te gires cuando le ves pasar. De esas que tienen muchos amigos y a las que todo les va bien.

-Hola, -dijo, tendiéndole la mano- yo soy Juanjo.

-Martin - contestó. Siempre le había preocupado mucho no dar la talla al estrecharle la mano a alguien. Un día leyó en alguna revista de su padre que podías saberlo todo de una persona solo con el primer apretón de manos y ese pensamiento se quedó para siempre en su subconsciente.

-¿En inglés?

¿Perdón?

-En euskera - contestó, arqueando una ceja y frunciendo el ceño.

Juanjo se rió de sí mismo con una carcajada muy fuerte y efusiva, tirando la cabeza hacia atrás. Martin no entendía nada de lo que estaba pasando.

A él quién le mandaba meterse en estos fregados a estas alturas de la vida.

Notes:

Hola chicas, me estreno por aquí con este fic/AU que llevaba mucho tiempo viviendo en mi cabeza y que tenía muchas ganas de salir.

Funciona como pieza acompañante al AU que estoy publicando en Twitter. Se pueden leer las dos cosas por separado o juntas para tener toda la experiencia. Como leerse un libro y ver la peli luego, o al revés. Podéis encontrarme en mi twitter: @tereparrish

Espero que os guste, intentaré ir escribiendo frecuentemente.

Contadme qué os parece <3