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—Que tenga un buen día, señor Chu —Chu Wanning le dió las gracias y se despidió del personal del hospital mientras se dirigía a la salida tres semanas después de haber ingresado. En sus manos llevaba un pequeña caja de cristal, dentro resguardaba aquello que lo había estado matando. Una hermosa rama de flores de haitang a nada de florecer por completo. El mundo parecía ser diferente cuando no había un dolor constante en su pecho y el pensamiento de que nunca sería amado.
Había cierta paz.
El camino a su departamento es tranquilo, la caja en su mano era un peso extra que por fin había sacado de su pecho. Toma el teléfono que había mantenido apagado durante todo ese tiempo, al encenderlo las notificaciones saltaron unas tras otras, la mayoría eran de la familia Xue, una ocasional de la universidad y alguna otra de Shi Mei. Borró todas sin darle una mirada, no era necesario, sabía que estaba escrito ahí. Entró a la lista de sus contactos buscando uno en particular, cuando el nombre de Xue Zhengyong apareció en la pantalla no dudó en presionar.
—¿Yuheng? ¿Dónde has estado? —Chu Wanning suspiró antes de contestar, era la primera persona que escucharía su vergonzoso secreto, pero no todo sobre él.
—Estuve en el hospital.
—¿Te sucedió algo? ¿Necesitas que vaya por ti? —El grito del hombre lo obligó a separarse del teléfono para salvar su audición.
—Una pequeña intervención. Nada grave, ya no, no es necesario apresurarse, ya voy a casa.
—¿Puedo saber qué fue? —Chu Wanning dudó por un momento, pero alguien debía saberlo, simplemente para librarse también de ese secreto.
—Hanahaki —no ocupa decir más para que el hombre al otro lado de la línea entienda.
Cuando Chu Wanning llegó a su departamento ya había alguien esperando. —Chu-laoshi —el hermoso hombre se acercó—. Me alegra encontrarte, todos estaban preocupados por ti. ¿Dónde has estado?
—Mo Ran, hola, al parecer tu tío te informó que volvía —el joven estaba lo suficiente cerca para poder oler su colonia, Chu Wanning hace tiempo se habría puesto nervioso ante tal acercamiento tan despreocupado, seguido del sentimiento de tristeza al vislumbrar la sortija en su dedo, pero ahora no había nada. Sólo un vacío de emoción—. Salí por un asunto personal, lamento no informales.
—MengMeng y el tío estaban realmente locos de preocupación, yo también, desapareciste de la nada el día de la boda. Shi Mei y yo queríamos hablar contigo ese día —Chu Wanning sonrió al escuchar aquello, en el pasado los celos lo consumirían junto al dolor, ahora tranquilamente podía pasar a su departamento y dejar aquella bonita flor sobre su mesa mientras escuchaba a su ex-alumno hablar de su ahora esposo.
Las flores en la caja guardaban todo aquello que le causó dolor alguna vez.
—Fue urgente, lamento no quedarme, tal vez podamos reunirnos después los tres.
—Uh, sin —Mo Ran también entró y miró la caja de cristal—. Esta flor es hermosa, ¿dónde la conseguiste?
—Fue un regalo.
—Oh —Mo Ran observó a Chu Wanning moverse por el lugar, un extraño sentimiento se instaló en su pecho—. En todo caso, podríamos ponernos de acuerdo —dijo mientras se acercaba a la puerta, Chu Wanning se dió cuenta y lo acompañó—. Le diré a los demás que estás bien.
—Claro —hay una suave sonrisa en el rostro del hombre—. Me alegro de verte, Mo Ran.
—Yo también, laoshi —es lo último que dice antes de que Chu Wanning cerrara la puerta.
Había algo extraño en su comportamiento, Mo Ran sintió que algo no iba bien. Se marchó tratando de ignorar la molestia en su pecho y el pensamiento del vacío en los ojos miel de Chu Wanning.
Cuando se vuelven a encontrar es en la cena propuesta por Mo Ran. La familia Xue conformada por Xue Zhengyong, Wang Chuqing, su hijo, Xue Meng, y su sobrino junto a su esposo saludaron a Chu Wanning cuando llegó hasta la mesa que todos compartían, el recién llegado parecía incómodo al entrometerse en una cena familiar tan íntima.
—No eres alguien extraño, eres parte de la familia, Yuheng —dijo con alegría Xue Zhengyong.
—Has estado más tiempo que este perro de aquí —murmuró Xue Meng señalando a su primo.
—Meng'er —regañó su madre mientras se escuchan las risas de los demás.
—Gracias —Chu Wanning murmuró. Frente a él estaba la alegre nueva pareja, Chu Wanning los contempló un momento antes de levantar su copa en su dirección—. Lamento no haberme quedado más tiempo en su boda, estoy feliz de verlos juntos.
—Gracias, laoshi —Shi Mei también levantó su copa, por otro lado, Mo Ran sonrió un poco incómodo.
—Aun me preguntó porque laoshi no nos informó sobre su pequeña operación —Xue Meng señaló con un poco de tristeza en su voz. Podríamos haber ayudado a laoshi.
—Si, Yuheng, realmente nos preocupaste —le sigue Xue Zhengyong que lo mira atentamente, él único que sabía su secreto en aquella mesa, Chu Wanning se sintió aliviado de que cumplió su promesa de no decir nada.
—Fue algo sin importancia, se ha solucionado —tomó un trago de su bebida—. Está todo bien.
—La siguiente vez deberías avisarnos, Wanning, Mo Ran casi pone toda la ciudad de cabeza buscándote.
—¡Tía!
—Fue el primero en notar que no estabas —siguió Xue Zhengyong un poco complacido de atormentar a su sobrino—. Realmente es tú alumno más fiel.
Chu Wanning sonrió un poco ante todo aquello, era lamentable que ante esas palabras ya no pudiera sentir nada, ni una pizca de… algo. La cena transcurrió tranquilamente, Chu Wanning se levantó para ir al baño mientras Xue Zhengyong seguía contando la misma anécdota que narraba en todas sus reuniones, una que ya se sabía al derecho y al revés. Cuando salía del baño fue interceptado por un hombre.
—Hola, lamento interrumpirte, sé que vienes con tus amigos, simplemente me has parecido lindo y me gustaría saber si podemos intercambiar números para tener una cita después, no tiene que ser algo extravagante, tal vez un helado —sorprendido Chu Wanning no sabe qué decir, era la primera vez que lo abordaban de esa manera.
—Él está conmigo, piérdete, amigo —antes de que pudiera responder la voz de Mo Ran se escuchó detrás de él, Chu Wanning sintió como una mano se posaba en su cintura y era arrastrado hasta topar con un pecho firme. La colonia de Mo Ran llegó a su nariz.
—Oh, mi error.
Aún cuando el hombre ya había desaparecido, la mano en su cintura se mantenía. —Puedes soltarme.
Mo Ran se alejó inmediatamente, había un poco de vergüenza en su rostro por su desliz. Levantó su mano para rascar el puente de su nariz en muestra de nerviosismo, la mano que llevaba el anillo. —Lo siento, pensé que necesitabas ayuda.
—Gracias, pero no era necesario, no hacía nada más que pedir mi número.
—Oh, pensé que tal vez laoshi estaría incómodo.
—Realmente no —había cierto destello extraño en los ojos de Mo Ran—. Volvamos a la mesa.
Después de aquello la cena fue… incómoda. Mo Ran no dejaba de mirarlo. Chu Wanning decidió pensar que era su imaginación. Cuando la cena terminó se despidió de todos, Una vez que regresó a su departamento su mirada no pudo evitar dirigirse a las flores que aún adornaban su mesa.
Las siguientes veces que se encontró con Mo Ran fue en la universidad, donde también fungía como maestro, y parecía querer tener constantemente su atención, Chu Wanning no se negaba, aunque su insistencia lo irritaba un poco. ¿No tenía que estar en casa conviviendo con su esposo? Le parecía una falta de respeto hacia Shi Mei, no quería causarle problemas en su matrimonio con malentendidos innecesarios.
—Deberías ir a casa, Mo Ran, no es necesario que te quedes aquí.
—Me gusta acompañarte, laoshi, es como en los viejos tiempos.
—Mmm —los viejos tiempos...
—Además, Shi Mei está en el trabajo.
Claro, tenía que ser algo así. —Bien, puedes quedarte un poco más —la sonrisa de Mo Ran tiempos atrás podía hacer temblar su corazón, ahora no hay nada, le sonríe de vuelta.
Con el paso del tiempo, Mo Ran se mantuvo a su lado como un perro guardián, además de cuidar de él al descubrir lo torpe y malo que era para su propio bienestar. Chu Wanning lo dejó, parecía que el hombre no aceptaría una negativa, no veía que tuviera algo de malo, eran compañeros de trabajo, convivían casi todos los días y, a cambio, Chu Wanning le ayudaba a Mo Ran para que pudiera llevar mejor sus clases. Era como un intercambio, Chu Wanning estaba bien con eso, si bien ya no sentía algo hacía él, podía ofrecer su amistad.
Pero últimamente lo podía ver más cansado, delgado y pálido. —Estás enfermo —dijo de una vez, tomándose el tiempo para enfrentar al hombre que parecía no querer volver a casa—. ¿Por qué?
—Oh, debe ser alguna alergia o algo, la primavera ya se acercan—Mo Ran sonrió.
Chu Wanning sabía que él no sufría de alergias, lo sabía porque aunque ya no había algún sentimiento significativo hacia él, tenía recuerdos de tiempos en que lo anhelaba y quería.
—¿Tienes problemas en casa?
—Todo está bien —Mo Ran no lo vio evitando su mirada.
—Shi Mei debe estar esperándote, deberías volver y cuidarte —Chu Wanning no quería gastar más tiempo en una pelea de pareja que no le incumbía.
Mo Ran no dijo nada por un tiempo antes de tomar sus cosas y marcharse dejando en silencio una vez más la oficina de Chu Wanning. Había algo que Mo Ran estaba dejado atrás, algo que no era fácil de detectar al menos que hubieras convivido con ello por meses.
Un olor.
Chu Wanning lo recordaba invadiendo su habitación, su baño y su sala mientras los pétalos salían de su garganta abriéndola y llenándola de sangre. Buscó su teléfono y abrió su lista de contactos. Tal vez ya no tuviera sentimientos por Mo Ran, pero aún es un ser humano con el cariño básico por cualquier persona cercana.
—Xue Ziming.
—¡Laoshi! Que sorpresa, hace tiempo que no hablábamos.
—Hemos estado ocupados.
—Lo sé, lo sé. Supongo que escuchó las buenas nuevas.
—Felicidades por tu ascenso — una risa nerviosa que llegó del otro lado de la línea.
—Gracias, laoshi, todo fue por lo que me enseñó.
—Te llevaré a comer como celebración —después de unas cuantas oraciones más, Chu Wanning pudo preguntar lo que realmente quería—. Xue Meng, ¿algo está sucediendo entre tu primo y Shi Mingjing?
—¿Sucediendo algo? ¿No lo sabe, laoshi? —Xue Meng pareció sorprendido—. Ellos se divorciaron.
—¿Cuándo pasó eso? —Había cierta alarma en la voz del mayor. Xue Meng tardó un poco en responder.
—Ellos firmaron los papeles hace un mes. Realmente nadie lo sabía hasta que lo anunciaron hace dos semanas en una cena familiar.
Hace un mes… Chu Wanning no recordaba cuando empezó a verse mal Mo Ran. ¿En qué momento empezaron los síntomas? ¿Shi Mingjing no lo amaba? El amor de Mo Ran era profundo, lo sabía, lo vió con sus propios ojos, ahora él estaba cultivando una flor en su corazón por ese mismo amor.
—Pensé que Mo Ran se lo había dicho, laoshi.
—No.
—Él realmente lo aprecia, laoshi, supongo que no quería preocuparlo.
Chu Wanning no creía eso, pero aún así quería ayudar a Mo Ran.
—¿Dónde se está quedando?
—Oh, él sigue viviendo en el departamento que compró con Shi Mei. Él se fue después de firmar los papeles.
—Entiendo —tomó sus llaves, el camino al departamento Mo Ran no fue largo. Frente a la puerta Chu Wanning se replanteó si era lo correcto, ser entrometido no era algo que le gustara, pero era su ex-alumno y alguien muy preciado en el pasado, aun ahora lo era. Tocó un par de veces, Mo Ran se tardó en abrir, Chu Wanning sintió un poco de sorpresa al ver cómo escondido en aquellas cuatro paredes el hombre se veía peor dejando de ocultar su enfermedad.
—Wanning...
—Mo Ran, ¿puedo pasar? —Había nerviosismo en el rostro del menor, el olor a sangre era abrumador.
—Si —murmuró mientras se hacía a un lado—. Disculpa el desorden —Chu Wanning quería reír un poco al ver lo que Mo Ran consideraba desordenado, su departamento estaba impecable a comparación del propio. Hubo un silencio incómodo mientras Mo Ran preparaba una taza de té para Chu Wanning, miró alrededor, la luz del baño estaba aún encendida y el olor más fuerte provenía de ahí. Chu Wanning se recordaba a sí mismo frente al inodoro vomitando pétalos sin parar.
Recordaba el dolor de un amor no correspondido.
Sintió la presencia de Mo Ran tras él. —Deberías operarte —dice sin contemplaciones.
—¿Qué?
—Sé lo que te sucede, Mo Ran, es mejor que lo hagas antes de que sea tarde. Esa enfermedad es dolorosa física y mentalmente. Creeme.
—No, no lo entiendes, laoshi.
—No seas infantil, ninguna persona merece que pases por esto, ni Shi Mingjing —un sabor amargo se propagó en su boca al decir aquello. Chu Wanning sabía lo importante que era ese hombre para Mo Ran, él lo sabía.
Ninguno habló, Mo Ran dejó las tazas en la mesa cercana. —Si, él no lo merece... Pero tú sí.
Las palabras a veces son demasiado intensas para no sentir su impacto, Chu Wanning sintió ese impacto, su respiración se detuvo por un momento y lentamente volteó para mirar al hombre que permanecía unos pasos detrás de él sin atreverse a mover.
—Tú si mereces que duela, Chu Wanning —Mo Ran se acercó, estiró su mano tratando de tocarlo pero Chu Wanning dio un paso atrás. Había dolor en la mirada de Mo Ran—. Lo siento —su voz pareció salir estrangulada de su garganta—. Lo siento, no esperaba que algo así pasará, yo creía... Creía que amaba a otra persona.
—Te casaste con esa persona.
—Wanning...
—No, Mo Ran —no quería escuchar más, hace tanto hubiera sido algo que lo podría hacer feliz, fue algo que deseó cuando Mo Ran frente a todos, con una sonrisa que podría iluminar el mundo, dijo que se casaría mientras tomaba la mano de otra persona. Hacía tanto, antes del vacío—. Te dejaré la información del doctor que me atendió a mí. Por lo que veo aún no es tan avanzado para tener complicaciones en la operación.
—¿Te operaste? ¿Cuándo?
—Eso no importa.
—Claro que sí, ¿en qué momento? ¿Por qué? —Mo Ran rompió cualquier distancia entre ambos. Tomó el brazo de Chu Wanning para evitar que huyera, Chu Wanning nunca esperó tener que revelar algo así, menos en un descuido tan patético. No dijo nada, no quería decir más, pero Mo Ran no tardó en conectar los puntos. Había cierto horror en su mirada.
—La semana después de la boda.
En sus ojos empezaba a haber compresión. —¿Fue la semana después de la boda? —La voz de Mo Ran parecía romperse—. ¿Fue por Shi Mei o... Por mí? —Su tono estaba lleno de miedo por descubrir una verdad que estuvo siempre presente.
Chu Wanning tardó en responder. —Tú —su brazo fue liberado lentamente, como si Mo Ran no quisiera dejarlo ir, pero fuera inevitable. El calor de su mano se desvanecía rápidamente y Chu Wanning se preguntó si Mo Ran sentiría su calor irse también.
Lo miró morderse el labio, contener las lágrimas.
Lo miró desmoronarse.
Y no sintió nada ante eso.
Mo Ran corrió y Chu Wanning se hizo a un lado, la puerta del baño golpeó contra la pared, él cayó de rodillas frente al inodoro. El sonido de las arcadas, el olor de la sangre y la dulzura de las flores llegaban a su nariz.
Se acercó lentamente y se detuvo en la puerta. Pasaron unos segundos antes de que caminara entre el desorden de pétalos ensangrentados, se agachó a un lado de Mo Ran para darle algún tipo de consuelo con suaves golpes en su espalda.
Ambos se quedaron en silencio, sabían que las siguientes palabras decidirian todo, pero la vida no podía detenerse y los finales siempre llegaban aunque no estuviéramos listos.
—Debes sacarlo —Mo Ran se tensó aún agarrando el inodoro lleno de pequeñas flores—. No hay nada más que se pueda hacer.
«No podré corresponderte.» Pensó Chu Wanning. «Es tarde para ambos.»
—Te amo.
Silencio.
—Te amo —volvió a repetir entre lágrimas—. Te amo, Chu Wanning.
—Lo siento, lo siento por ambos, Mo Ran.
—Déjame amar por los dos antes de que todo desaparezca —murmuró—. Déjame seguir amándote un poco más.
Y Chu Wanning lo abrazó, Mo Ran se aferró a él como un niño perdido mientras las lágrimas no dejaban de fluir.
Se amarían por última vez.
La mañana que Mo Ran salió del hospital era hermosa, la primavera había llegado cubriendo el mundo con sus flores y colores. Su tío lo estaba esperando fuera del auto, Mo Ran sonrió y se acercó a él.
—¿Cómo estás, Ran'er?
—Todo salió bien, el doctor dice que me recupere muy rápido.
—Lo que se esperaba de un chico tan fuerte —su tío le dio una palmada en el hombro, ambos entraron al coche para comenzar su viaje de regreso a la ciudad.
—Por cierto, Yuheng me dió algo, dice que es un regalo —Xue Zhengyong empujó una caja hacia Mo Ran.
—¿Chu Wanning? —Miró sorprendido a su tío antes de tomar la caja.
Lentamente abrió el paquete para encontrar una nota. La caligrafía pulcra de Chu Wanning es algo que podía reconocer fácilmente.
«Creo que se verá mejor en tu casa, junto a la tuya.»
Y bajo el papel había una flor que floreció hace más de un año.
Ahora en la pequeña repisa del departamento de Mo Ran había dos flores juntas, el recuerdo de un amor que pudo haber sido hermoso.
