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Blue in green

Summary:

Después de una traición y sentir que perdió todo por lo que se esforzó, una joven pasea desconsolada bajo una tormenta teniendo sueños de libertad, de una mejor vida y de amor. Sin saber alguien llegara y le invitara a soñar. ¿Aceptara?

Notes:

Este fue mi tercer fic, lo subí en octubre de 2022 en fanfiction y hoy lo traigo a ao3 con mi querida Miss sugar pink como beta, este fue uno de los fics que más me gustaron escribir, además que también me ayudó a hacer una versión en inglés que subiré junto con esta.

Por si acaso se preguntan que pasó con el fic de "No diré exactamente que te amo" (que es de otro fandom pero quizá alguien que lo leyó está viendo esto) he estado escribiendo y borrando muchas veces, no siento que esté escribiendo algo que me gustaría y enrealidad tardo mucho en escribir pero si pienso terminarlo.

Bien en resto de las notas son del 2022 gracias por darle una oportunidad a este fic que hice con mucho amor.

 

'Dejaré más notas al final explicando unos detalles, recomiendo leer esta historia mientras escuchas el álbum Kind of Blue de Miles Davis pero si no, basta con leer.
De mientras es todo.'

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

ᴀ ᴠᴇᴄᴇꜱ ꜱᴏʟᴏ ᴍᴇ ɢᴜꜱᴛᴀ ꜱᴏÑᴀʀ, ꜰᴀɴᴛᴀꜱᴇᴀʀ, ᴛᴏᴍᴀʀ ᴜɴᴀ ʜɪꜱᴛᴏʀɪᴀ ᴄᴏᴍᴏ ᴜɴ ᴘᴏꜱᴛʀᴇ ᴏ ᴄᴏᴍᴏ ᴄᴜᴀɴᴅᴏ ᴏʏᴇꜱ ᴜɴᴀ ʙᴜᴇɴᴀ ᴄᴀɴᴄɪÓɴ, ɴᴏ ᴘɪᴇɴꜱᴀꜱ ᴇɴ ᴛᴇᴄɴɪᴄɪꜱᴍᴏꜱ, ɴɪ ᴇɴ ᴘʀᴏʙʟᴇᴍᴀꜱ, ꜱᴏʟᴏ ᴛᴇ ᴅᴇᴊᴀꜱ ʟʟᴇᴠᴀʀ ᴘᴏʀ ʟᴏ ꜰᴀɴᴛÁꜱᴛɪᴄᴏ Qᴜᴇ ᴇꜱ. ʜᴇ ᴅᴇ ᴀʜÍ ᴇꜱᴀ ʜɪꜱᴛᴏʀɪᴀ.


 

Ella caminó, quizás unas horas, bajo la lluvia. Los zapatos le lastimaban, pero, insensibilizada ya a su propio dolor, lo único que percibía vagamente era el sonido de las gotas chocar con el pavimento y el aroma de la tierra mojada.

Esa tarde, poco a poco fue dejando todo atrás. Primero se quitó los zapatos. Poco o nada le importó, y ni por un instante siquiera cruzó por su mente, el que se tratasen de su más preciado par de Louboutin, aquellas bellezas bermellón de charol cuyos aguijones de más de doce centímetros eran su armamento favorito, simplemente se los quitó y los dejó sin más en una esquina cualquiera para después seguir caminando.

El suelo era áspero y frío, pero al menos de esta manera podría seguir caminando sin más incomodidad, o al menos no una que para ella fuera difícil ignorar.

Su cabello, el cual perfectamente peinó en la mañana, ahora estaba hecho una sopa. Su gabardina estaba tan mojada y pesada que terminó por dejarla caer en medio de la calle cuando le estorbó.

Para aquellos momentos, todo el alboroto que había hecho en su casa un día antes para encontrar el atuendo adecuado estaba tan lejos de sus pensamientos como la forma en la que esa gabardina completaba un conjunto el cual deseaba lucir un día especial.

Un día arruinado.

Ya no había más sentido a nada.

Toda su vida o, al menos lo que recuerda que es suya, le dio importancia a cosas decepcionantes y banales. Cosas que ni siquiera lograba recordar, como el por qué se esmeraba tanto en lograr ciertas metas que ahora sencillamente ya no importaban. Toda una imagen de ella misma hecha con los años fue destruida.

Todo un jodido plan de vida.

Verlo caer no fue lo peor, no. Fue ver el tiempo perdido, los malos ratos, todo lo que implicaba y todo lo que sacrificó.

Todo.

¡Todo el aguante que hizo durante años para nada! Todo para acabar como la sombra de alguien que no pensó en ella ni por un momento, aun cuando ese alguien le debía mucho.

Aun cuando ese alguien se le fue anunciado como el amor de su vida.

¿Qué estaba haciendo entonces? Su vida y sobre todo ella, era: triste, lamentable, ingenua y desolada.

Aquella quien se creía fuerte pero terminó por quebrarse tan fácil en un solo instante, caminaba con desdicha dejando atrás todo lo que en algún momento tuvo un gran valor para ella y ahora le había sido arrebatado.

Hacía un terrible frío por la lluvia y un viento violento que solo le hacía sentirse peor pues con eso podía hacer una única cosa, ella recordaba.

Recordaba las noches de ausencia de su novio y cómo siempre terminaba durmiendo en una cama fría, lo que la embargaba en una sensación de vacío justo como la que la estaba asfixiando en estos momentos.

Era una relación vacía, al fin y al cabo, de la cual nadie cuestionaba nada o nadie se atrevió a hacerlo, por lo que no había mucho más qué esperar.

En una situación como aquella es natural pensar que no importaba realmente tener el romance ideal, porque cada quien vivía por separado y de forma independiente.

Pensándolo de ese modo, era patético que ella no hubiese anticipado todo lo que le sucedió cuando, al final, muy posiblemente aquello se anunció desde hace mucho y solo no quiso ver. Quizás, incluso ella tiene parte de la culpa.

Después de trabajar por mucho tiempo en la empresa de su familia, preparándose desde joven, demostrando su capacidad día a día, saltándose días libres, trabajando en vacaciones y reduciendo su vida social, ella tenía la certeza de que hoy finalmente sería ascendida… Pero no fue así.

En vez de eso fue ignorada y el ascenso que le correspondía le fue arrebatado por alguien más. Para ella aquello era indudablemente una traición; para él, quizás una oportunidad que significaba libertad.

Una oportunidad que significaba dejar a uno en el abismo.

Esa fue ella.

Esa traición acabó con sus esperanzas de forma tan devastadora que, sin poder contenerse, su única reacción, después de años de aguantar tanto por una ilusión que acababa de ser destrozada, fue la ira.

Y así, fue despedida.

Quizás en el fondo ella deseaba llegar a eso.

Pobre mujer, la lluvia aumentaba todavía más y sin rumbo. Podría ir a su lujoso departamento en el centro de la ciudad, inmenso y lleno de comodidades para una pareja, aunque siempre estaba ella sola.

Pero no lo haría, lo último que necesitaba era arriesgarse a encontrarse en él con su verdugo.

No, no quería volver a esa vida. Ya no lo aguantaba. Deseaba que, así como la lluvia se lleva todo, se la llevara a ella también.

Caminaba para perderse, o al menos eso quería creer dado que, en realidad, sabía que se estaba mintiendo, nunca dejó de ser consciente de ello y de que tendría consecuencias, sin embargo, tan solo por un rato, quería sentirse libre.

Eventualmente llegó a un pequeño puente en un parque cualquiera sin estar segura de dónde estaba ni de la hora. Intentó ver su reflejo en el río, pero la lluvia no le dejaba. Pensó en hacer alguna tontería con tal de escapar, pero ella sabía bien que no lo haría.

Intentó llorar, era el momento perfecto ya que con el sonido de la lluvia nadie podría oírla. Pasaría de eso y sería fuerte de nuevo.

Pero no pudo, no pudo llorar.

Y entre el ensordecedor ruido de la tormenta lo escucho.

—¡Oye! ¿Estás bien?

Era un joven que aparentaba su misma edad, o eso le parecía, no lo distinguía bien. No obstante, si algo capturó realmente sus ojos fueron sus mechones azules y sus ojos, también azules o acaso… ¿Verdes? Él llevaba una sombrilla y le estaba diciendo algo.

No recuerda ni la mitad de lo que pasó, lo único que pudo comprender fue que al final la terminó llevando a un cuarto en el que podía deducir que él vivía.

Lo primero que notó del departamento es que era estrecho y que, a pesar de encontrarse bastante lejos de su zona, tampoco estaba mal.

Aunque, a decir verdad, mientras más contemplaba el lugar más insistentemente se preguntaba cómo alguien podía siquiera vivir en un espacio tan pequeño.

No porque realmente lo fuera, si no porque, desde su perspectiva como parte de la élite, era difícil de concebir que un departamento pudiera tener dimensiones inferiores a las mínimas a las que estaba acostumbrada por sus privilegios, aún si este fuese para una sola persona.

—Te vas a enfermar si te quedas así, ¿quieres darte un baño o solo cambiarte?

—Yo...

No quería admitir que una parte de ella tenía miedo, miedo a que todo lo que una vez escuchó sobre lo peligroso que puede ser hacer las cosas de forma descuidada se haga realidad. Ella es una mujer muy fuerte, pero sigue teniendo miedos, especialmente en momentos en los que es lo más lógico tenerlos… Como justo ahora.

Después de todo, se fue con alguien que no conoce a su casa y está bajando la guardia. Aun así, todo lo que la hizo llegar a su límite este día provocó el que se dejara llevar y siguiera solo su instinto, callando por un momento la voz de su cabeza.

—Tomaré un baño.

—Muy bien, llevaré algo para que te cambies.

El joven le guió hacia donde se encontraba el baño y le explicó cuál era la llave para el agua caliente y cuál era para la fría, así como la forma en la que podía que templarlas, algo que, por más tonto que sonara, ella no entendía del todo puesto que nunca antes le tocó una ducha fría ni había usado un baño tan pequeño. Mientras se bañaba dejaba ir sus pensamientos.

El chico era… Algo atractivo. Puede que le diera miedo que este fuera algún tipo de delincuente que entrará al baño mientras ella se duchaba, pero si lo hiciera quizás no le molestaría, tal vez incluso lo quisiera, desesperada solo por escapar de su realidad quería aceptar cualquier cosa.

No obstante, él no lo hizo.

Al salir del baño podía percibir un olor por toda la habitación.

Café recién hecho.

La habitación era cálida y se podía oír el sonido de la televisión, y, de alguna manera, en ese ambiente se sentía a gusto por primera vez en mucho tiempo.

—¿Gustas café?

—Huele muy bien, ¿qué café es?

—No tengo idea, lo compré hace dos días así que ya tiré la bolsa que decía el nombre de la marca.

Ella lo miró perplejo y él soltó una ligera risa, algo como saber cuál es el café que está tomando no le parecía indispensable, cosa distinta para la que vivía rodeada de gente que se la pasaba admirando el café y sus cualidades, catándolo cada lunes por la mañana y bebiéndolo con ron cada viernes en la noche.

—Aquí tienes—puso el café en la mesita que tenía frente al sofá—. Voy a darme un baño, ahí tienes el control puedes poner lo que gustes.

"Puedes poner lo que gustes" No era del todo cierto, no tenía TV por cable con más de doscientos canales diferentes, ni tenía todos los servicios de streaming, así que no, ella no podía ver lo que quisiera.

Ese pensamiento, tan cercano a su vida de siempre, le hizo darse cuenta que ella en realidad casi nunca veía televisión. Es más, llegaba tan cansada de los días en el trabajo que tan solo ponía algo aleatorio de fondo para acompañarse en su soledad antes de apagarlo e irse a dormir. Nunca sabía qué ver.

Resignada, se paró a ver los alrededores del departamento. El extraño se estaba bañando, podía escuchar la regadera desde donde estaba, lo cual le causaba una cierta y extraña curiosidad.

"¿Pasará algo esta noche? ¿Acaso él está esperando que yo haga algo? ¿Que estoy pensando?"

Sus pensamientos no le dejaban en paz. Quería desahogar su pena con él, desconocerse.

Por eso no veía su celular, por el momento ella no tenía nombre ni apellido, y eso le daba una satisfacción que nunca antes había sentido.

Sin embargo, también tenía miedo de hacer una locura de una sola noche causada por una desilusión.

Cuando él salió del baño, vio que la joven que llevó a su casa estaba viendo los adornos y cosas del departamento.

—¿Te gustan los vinilos? Podemos escuchar uno si gustas.

—Este… ¿Cuál es este? —inquirió tomando uno de todos los discos del mueble.

—Es un disco de jazz de Miles Davis, Kind of blue es del 59, es realmente muy bueno.

—Quiero oírlo.

Ella contempló un área del cuarto que se veía más limpia que el resto, perfectamente acomodada y de cierta forma única. El mueble estaba lleno de álbumes de vinilo, los cuales se veían viejos pero bastante cuidados.

Ella supuso que él debía tenerle bastante aprecio si esa parte la conservaba mejor que lo demás, le recordaba a cómo cuidaba sus materiales de dibujo pese a que sólo los usó dos veces: una cuando los compró y otra cuando dibujó con su novio para mostrarle sus aficiones, aún cuando este no le prestó atención y no se mostró realmente interesado en ningún momento.

Y de repente, un triste recuerdo desencadenó otros. Olvidar tu antigua vida no es algo que se pueda hacer de la noche a la mañana, sobre todo si decidiste abandonarla hace no más de 6 horas.

 

So what!

 

Pero aquel joven tal como llegó de la nada a sacarla de la lluvia, también llegó de la nada a sacarla sus pensamientos cuando inició la primera canción del álbum.

La canción comenzó con un piano y un bajo, una mezcla que no le hacía distinguir el instrumento, rápido y con ritmo cortado, luego se sumaba el saxofón, cada resalte parecía gritarle «¡Despierta!», hasta que todos los instrumentos empezaron a armonizar en un ritmo pegajoso, movido y veloz, como si el tiempo estuviera huyendo.

Ella podía sentir que estaba escuchando una canción que describía perfectamente la prisa que sentía en cada momento, pero esa canción era más que eso.

La canción tenía vida. No era una carrera, el saxofón parecía contarte una historia, no sabía de qué se trataba, pero era interesante.

Volteó para mirar al joven, el cual vio que su cuerpo seguía un poco el ritmo.

—¿Qué es esto?

—Se llama "So what", te habla por sí sola, ¿verdad?

—No lo niego, es particularmente llamativa.

Ella siguió su ritmo poco a poco, sin decirse nada comenzaron a bailar, sus cuerpos se movían al ritmo de la música y algunas risas salían de ellos.

—¿Quieres comer algo? —consultó el joven con la amabilidad y calidez que alguien solo puede dedicar a quien le agrada.

—Sí, muero de hambre —soltando con brusquedad en un tono alegre.

Él no tardó mucho en cocinar algo sencillo con carne y verduras para ambos. Para ella, él le resultaba cada vez más extraño y fascinante.

Imaginó que pediría una hamburguesa o una pizza, como los estereotipos de la gente que no parece ir a los restaurantes siempre, o al menos esa era idea que ella tenía al verlo.

Cada canción se tomaba su tiempo. Llegaron a la mitad de la segunda canción cuando los platillos estaban listos, comieron platicando un poco de música e incluso de arte, nunca iniciaron con las preguntas de siempre, tan comunes "¿Cómo te llamas?" "¿Dónde trabajas?" No, nada de eso. Nada de hablar de la vida tan horrible que hay.

Solo hablaban de las cosas que les llenaban.

No fue hasta que la tercera canción sonó que todo cambió. Inició con una melodía tranquila de piano.

El piano siempre lo tenía grabado de recuerdos, pero de repente un saxofón sonó estridentemente, anunciándole que esta canción no la protagonizaba el piano, así como el hombre de sus recuerdos, el joven que una vez amó, no era el que protagonizaba su vida, nunca lo fue.

El piano solo era el fondo que acompañaba.

Era importante mas no el principal.

Ese era el saxofón, lento y único.

Parecía que le hablaba de nuevo, llamaba su atención, el piano seguía ahí pero incluso un ligero sonido de la batería se hacía presentes.

Y una vez que el piano tomó presencia de nuevo, ya no había recuerdos, era algo nuevo.

Era su propio piano. La canción era triste y melancólica

—Esta canción me hace recordar a la lluvia de hace rato —ella mencionó, rompiendo suavemente el silencio de forma repentina mientras contemplaba la ventana cerrada.

—¿Sabes que aún está lloviendo?

—Me refiero a cuando yo estaba ahí, el por qué estaba yo ahí.

—¿Sabes? Esta es una canción tranquila y triste, pero muestra mucho más. Es elegante quizás, tal vez pérdida, con el cabello alborotado, sin zapatos, sin suéter —ambos estaban sentados en el sillón viéndose el uno al otro mientras conversaban y escuchaban la canción, él puso su mano suavemente sobre la de ella en señal de apoyo—. ¿Hay alguna historia detrás?

—Es demasiado tonta esa historia como para decirla, no, no es algo que valga la pena—ella desvió la mirada, se sentía avergonzada de todo lo que estaba haciendo, aun cuando dijo que se dejaría llevar.

—Las cosas tontas solo son a lo que decidimos darle ese significado. Para algunos la música y el arte son tonterías, para mí tienen mucho valor; así como otras veces el saber el nombre de una marca de café suena tonto para mí —ella sonrió ante su chiste y él delicadamente guió con sus dedos el mentón de la chica para que sus ojos se encuentren—. No hay nada tonto en algo que te haya puesto tan mal, incluso si es una cosa pequeña. Nada de lo que tenga que ver con tus sentimientos es una tontería. El piano tomó de nuevo el protagonismo de la canción a la vez que lágrimas empezaban a aparecer en los ojos de ella.

—¿Cómo un extraño puede decirme cosas más dulces que toda la gente que he conocido hasta ahora? —trataba de secar sus lágrimas—. ¿Te vas aprovechar de mi acaso?

—Hablas tan seria que no se si lo dices en broma —él tomó sus manos para que dejara de frotarse los ojos—. Si unas palabras de apoyo tan sencillas son tanto para ti, no me quisiera imaginar por lo que has pasado.

Vamos, llora, está bien, sácalo todo. Ella lloró, primero lento y callado, luego un poco más fuerte y después intensamente. Él tomaba sus manos, luego las soltó para después extender sus brazos hacia ella. Él la abrazaba mientras ella lloraba.

Era como la canción que seguían escuchando un "Blue in green".

El resto de la noche se desvanecería de las memorias de ella en la mañana pero en este punto esta estaba lejos de realmente terminar.

Después de que ella llorase, no volvieron a hablar del tema.

Él le comentó un poco de las cosas que ella parecía haber estado observando, luego ambos iniciaron una conversación acerca de algunos libros, de cómo él se interesó en varias cosas pero finalmente solo se enfocó en la música.

Ella habló del arte, de los lugares a los cuales alguna vez viajó desde otra perspectiva, la de su mundo.

Ambos son de mundos distintos.

Había algunos discos viejos, los cuales eran la colección de cortometrajes independientes de una amiga de él. Vieron algunas interesantes, otras tan malas que hacían sacar su mejor labia.

—Yo creo que trata de decir algo, quizás la parte donde todo se queda en negro como por 3 minutos, era una reflexión sobre nosotros mismos —decía ella.

—Yo creo que es bastante mala y se les olvidó quitarle la tapa en esa escena —comentó él con una pequeña sonrisa ladeada.

Ambos rieron.

Cuando la madrugada los alcanzó, decidieron irse a dormir.

Ella en la recámara, él en el sofá. Esa era la idea al menos, no obstante, en un acto de sinceridad, ella le pidió que se quedara.

—¡Espera! —Ella lo detuvo posando suavemente su mano sobre la suya—. No puedo dormir, hace mucho frío.

—Te traeré otra cobija entonces.

—¡No! —Ella respondió abruptamente para después, con un ligero rubor debido a que su propia reacción la tomó por sorpresa, continuar con más calma—. Sé que es atrevido, pero… Solo no quiero sentir el frío de dormir sola de nuevo.

No fue una frase con mucha coherencia, cayó en cuenta apenas la terminó de pronunciar y el observar la sorpresa en la expresión de él solo hizo que se ruborice aún más por ello, sintiéndose incómoda y algo frustrada. Ella no estaba acostumbrada a sonrojarse ni a permitir que sus expresiones delaten vulnerabilidad alguna.

De inmediato, una parte de ella se arrepintió profundamente mientras que la otra se sentía más que nada apenada, al menos hasta que notó una pequeña sonrisa cálida curvándose en los labios de él mientras sus ojos, cuyo color todavía no podía determinar, adquirieron cierto centelleo que le hizo sentir algo indescriptible que la sumió en un extraño estado entre una inquietud adrenalínica, como el de quien se encuentra a punto de encontrarse con la primera gran bajada en una montaña rusa, y una dicha calmada de comodidad y paz profundas, como lo que invade el pecho de quien finalmente llega a casa después de un día agotador en el momento en el que se lanza a la cama luego de una ducha caliente.

—Bien, pero quizás ronque —Él le dijo con un tono juguetón que en ella despertó una pequeña y suave risita de tono cantarín que nunca antes había oído de sí misma.

—Puedo vivir con eso —replicó dando por finalizada así la discusión.

Y lo hizo... Ambos durmieron de espaldas al otro y, aunque para ese punto era innegable ya que había algo de tensión entre ellos, la confianza de esa noche demostró que no había necesidad de algo pasional para desahogarse dado que parecía haber una conexión.

Ella lo sentía y esperaba que para él también fuese así, aunque para ella la idea sonase sumamente infantil.

La mañana siguiente despertaron ambos viéndose de frente, abrazados. Desde la perspectiva de ella, cuando al abrir los ojos se encontró en una cama que no conocía al lado estaba un hombre que parecía un ángel, por un segundo su mente le engañó y la convenció de que habían pasado la noche juntos.

Tontas fantasías que una vez más volvían a aparecer.No obstante, pronto su mente se aclaró y comenzó a a recordar con el ritmo y entonación de "Flamenco sketches".

No hubo conversación, solo palabras de cortesía, como si se conocieran de toda la vida.

—¿Quieres desayunar algo?

—Sí, gracias. Ya tenía su anterior ropa, ya estaba peinada, aunque no tan perfecta como siempre, además de que, por supuesto, no tenía zapatos, y aún así… Eso era lo de menos. Una de las cosas que no pudo botar fue su bolso.

Era una mentira que deambulaba sin rumbo, en el fondo ella siempre supo que al final del viaje pediría un taxi y regresaría a su casa, o, más bien, eso era lo que ella había planeado.

Evidentemente ese inesperado y extraño, ¿amigo?, había aparecido para cambiar sus planes y retrasarlos… Al menos hasta el día siguiente. No obstante, ya era hora de despertar del sueño. Apenas ella prendió su celular este empezó a vibrar con intensidad debido a la inmensa cantidad de mensajes que le habían estado esperando.

Él lo notó pero no comentó nada al respecto. Ella, por su parte, volvió a guardar el celular sin revisar ninguno de los mensajes, quería despertar con calma y disfrutar de los últimos momentos en el refugio que encontró con ese entrañable extraño que le costaría mucho sacar de su mente.

Desayunó con él, no pudiendo evitar sentir que le agradaba mucho más que la mayoría de conocidos que tenía a pesar de ser alguien que para nada se le acerca al tipo de personas que ella frecuenta.

En una casa tan pequeña, pero llena de tesoros, ella se sentía mejor de lo que alguna vez se hubiera sentido en los entornos a los que estaba acostumbrada, disfrutando de una compañía que le llenaba en lugar de hacerla sentir vacía.

Él era como el café que ella estaba tomando, delicioso como ninguno que hubiera probado antes aunque no supiera su nombre y probablemente no fuese del tipo que se vende en empaques pomposos con estampas doradas que aseguren que es de un nivel superior.

Adictivo y a su vez desgarradoramente efímero.

Mientras se enfocaba en disfrutar las últimas onzas del exquisito café que él le había ofrecido, observando con detalle el rostro de él para preservarlo en su memoria, pensó que tendría ese sabor por un largo tiempo sin importar que quizás no vuelva a saber de él y que nunca haya sabido realmente de él de todos modos.

Sí, así es como se quedaría él en sus recuerdos. Solo en sus recuerdos.

La hora de irse estaba cerca, ya no había nada a lo que aferrarse; así pues, se soltó y volvió a su realidad. Decidió despertar, ahora de forma definitiva.

—Muchas gracias por todo… Tengo que irme.

Pero él volvió a aparecer tomando su mano antes de caer.

—Puedes venir a desahogarte de nuevo o solo a tomar café cuando quieras.

"¿Volver? No. Eso significaría que esto no es un sueño, significaría conocernos y llenarnos de problemas. Quizás conocer otros álbumes de jazz, bailar y reír de malas películas. Quizás avanzar más… Todo lo que puede ocasionar un volvernos a ver… No… Tú eres un sueño y eso es todo."

—No creo, vivo muy lejos.

—Llegaste hasta aquí caminando, no creo que la distancia sea el problema.

—Ya no recuerdo cómo llegué aquí.

—Eso suena a una excusa, puedes usar el teléfono y guardar este lugar, pero si estoy siendo demasiado insistente discúlpame entonces. "

No es eso, solo tengo miedo."

—Está bien, gracias por recibirme.

"Extraño artista. Extraño artista que no se fija en el café que toma. Extraño artista, que no se fija a quien deja entrar a su casa y consuela. Eso es, un extraño. Me voy dejando un sueño, sin saber de él. No me fijaré dónde vives, ni pensaré en tus ojos, ¿verdes?, ¿azules?, ya ni siquiera los recuerdo."

Ella salió del departamento, descalza, decidida. Había tenido una recaída, pero hoy se levantaba, nada había cambiado... ¿Verdad?

—Me llamo Luka Couffaine, vuelve cuando tu así lo quieras —dijo por asomo en la puerta para regresar sin pena después de la bomba que saco.

"Extraño artista... Luka, el artista. Luka, el artista que no se fija en el café que toma. Luka, el que me sacó de la lluvia y mis tristezas. Luka, el que tiene un "blue in green" en los ojos. Un nombre que ahora nunca podré olvidar."

Para ella, él era injusto y eso una trampa.

Quiso que solo fuera un bello recuerdo para seguir con su vida, pero él aparentemente decidió que no se lo iba permitir. Ella aún podía irse, debía irse, pero sabía que ahora no iba poder olvidar ese nombre… Que fue real.

Seguía avanzando de todos modos.

"Nada podrá hacerme olvidar esa noche. Pero quizás si vuelvo habrá más noches. ¿Qué clase de hombre no se aprovecha de tu vulnerabilidad y en vez de eso te abraza hasta que dejes de llorar?"

¿Vivir en el sueño o vivir la realidad? Ella era fuerte, decidida e inteligente.

Tomó su decisión.

Tocó la puerta de inmediato.

—Mi nombre es Kagami Tsurugi. Volveré esta noche, así que prepárate. Una vez dicho su nombre ya no habría marcha atrás para ninguno de los dos.

Notes:

Ay, lloré con mi propio one shot. Jajaja qué cosas.

Quería escribir sobre otra de las parejas que me gustan y para darle más peso a todo esto de conocerse añadí sus nombres hasta el final (a pesar de que aparezcan en el inicio del fic). Espero que nadie se haya sentido incómodo al leer tanto Él/Ella.

Y vamos que final abierto, bueno medio abierto, sabemos que decisión tomo pero no lo que pasara de esto, porque habrá consecuencias obviamente.

Quizás un día me anime hacerle una continuación, quizás desde el punto de vista del novio o de Luka

Quiero darle gracias a Lordthunder1000 y a miss sugar pink por ayudarme con la edición