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Characters:
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Language:
Español
Series:
Part 2 of SaruKomi
Stats:
Published:
2024-03-21
Words:
1,831
Chapters:
1/1
Comments:
3
Kudos:
2
Hits:
19

Homo Sapiens Sapiens

Summary:

—Komi, ¿qué somos? —Le pregunté tirados en mi futón.
—Homo Sapiens Sapiens
— ¿Homo Sapiens Sapiens que follan Y salen juntos?

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Si pudiera acceder a un agujero de gusano y viajar en el tiempo, creo que lo primero que haría sería ir a buscar al Sarukui Yamato de 5 años.

¿Es egocéntrico que me fuera a buscar a mí mismo? Tal vez, la mayoría pensarían en ir a ver a su abuela y despedirse de ella antes de que muriera, dándole las gracias por todo el amor recibido. Bokuto seguramente viajaría al futuro para saber que ha sido del amor de su vida, Konoha solo querría saber el número de la lotería y Komiya viajaría al pasado para comprobar sus teorías de arqueología cognitiva y mandar callar a su profesor vejestorio de la universidad que le suspendió con un uno alegando que sus textos eran demasiado marxistas y poco elaborados.

Pero yo me iría a buscar a mí los 10 minutos antes de conocer a Komi, al entrar en preescolar.

Seguramente el capullo que yo era me juzgaría nada más verme.

—Eh, no eres bombero como yo quiero, que decepción — diría algo así, estoy seguro. Incluso se quejaría de lo mucho que me continuó pareciendo físicamente a mi padre.

Pues no capullo, ni soy bombero ni soy más guapo, pero no me juzgues porque no sabes toda la mierda por la que hemos pasado. De hecho le recordaría que dejase de juzgarse desde ese primer momento. Ya nos juzgan demasiado los demás como para que encima nos machaquemos nosotros mismos solo por no cumplir una expectativa absurda, ya sea nuestra o de los demás. Y lo digo a conciencia, pero me sigo juzgando cada día por no ser la persona que quiero ser.

También le diría que no se creyera eso de que no hay que devolver el golpe al anormal que te va a morder esa tarde.

Porque recuerdo aún como Komiya me mordió en el brazo gritando que era un caníbal y no tenía miedo de mí por más alto que fuera. Y es que a los cinco años yo ya estaba cinco centímetros por encima de la media. Él era un enano, como sigue siendo y me gusta que sea, porque si no realmente sería más insufrible aún.

Si pienso en el Komi de entonces, no puedo evitar pensar que aunque no lo sabía, me enamoré de golpe en aquel momento.

Su capacidad para decirle a la profesora que no tenía intención de volver a clase después del patio, como pegó a una chica por decirle que las muñecas eran cosas de niñas cuando él jugaba con Hitomi todas las tardes o incluso cuando me mordió por no dejarle mi pelota de fútbol.

Mientras todos éramos unos llorones que nos sorbíamos los mocos y obedecíamos a los adultos, Komi Haruki ya era un puñetero delincuente anticapitalista muy gritón que no le gustaba que le dijeran lo que tenía que hacer. Y su actitud rebelde me encendió de un modo inspirador.

Quizá yo nunca seré como él, pero mirarle me inspiró hasta tal punto que cuando consiguió el papel de bella durmiente por delante de las chicas no pude evitar guardarme una foto que me acompañó en mis horas de estudio hasta que me marché de casa de mis padres. Pero aún la tengo guardada, solo que prefiero que Komiya no lo sepa.

Si alguna vez pensaba en rendirme en un examen, o la depresión adolescente me machacaba, yo miraba la foto de Komi, me reía y recordaba que lo convencional era aburrido, que no tenía que ser nada más que aquello que yo quisiera ser.

No es que al tipo con el que vivo desde hace años y yo tengamos secretos ocultos,  tampoco dramas extraños, pero hay cosa que prefiero no contarle. Como que guardo esa foto doblada en la cartera.

Después de más de veinte años a su lado, tampoco es tan raro que yo hubiera tenido un affaire con otro tipo. Estaba seguro que Komi había tenido affairs a montón... Pero nunca habíamos establecido que nuestra relación fuera propiamente eso.

La progresión de los hechos se resumía a que a los 16 nos habíamos besado detrás del gimnasio. No habíamos hablado de tema y ambos salimos con algunas chicas, para volvernos a besar a los 18 cuando tampoco lo hablamos, pero se convirtió en algo más habitual.

Tan normal que simplemente se parecía al acto de respirar.

—Komi, ¿qué somos? —Le pregunté tirados en mi futón. Habíamos follado y quizá era el único momento en el que podía permitirme el lujo de abrazarle sin que se apartara esquivo recordándome que el contacto físico solo le gustaba si lo elegía él. Como nos pasa a todos, Komiya.

—Homo Sapiens Sapiens—afirmó haciéndose el loco. Lo sabía porque siempre desviaba la mirada hacia otro lado cuando se sentía incómodo. No era que no me entendiese, era que no quería contestar a aquella pregunta. Y tal vez por aquello yo nunca la había formulado.

— ¿Homo Sapiens Sapiens que follan Y salen juntos? — apreté un poco reformulando la pregunta.

— ¿Me estas pidiendo salir oficialmente? — se sentó sobre mí y me miró examinándome.

—No, solo quiero una etiqueta para saber que somos ¿novios? ¿Folla amigos? ¿No te hace falta saber que somos? —A mí me hacía falta.

No me hubiera gustado que dijera que solo éramos follamigos. Para mi él era mío, no mío de que no pudiera hacer lo que quisiera, pero sí que deseaba que hubiera siempre un mañana a su lado. Que no quitaba que los amigos pudieran tener siempre un mañana juntos, a veces un mañana casi más épico que una pareja, pero yo quería un para toda la vida al lado de Komi Haruki.

—Pero antes de etiquetarnos, tendríamos que valorar la posibilidad de que somos seres finitos que mutamos eternamente por lo que una casilla nos cerraría muchas puertas y limitaría lo que podemos llegar a ser — estaba filosofando de forma cutre e inculta sentado encima de mí, desnudo y pensativo como si aquello fuera lo más normal del mundo. Me hubiera gustado enfadarme, pero me alucinaba cuando hacia aquellas cosas y no podía evitar reírme. Además que no necesitaba drogarse para montarse aquellas pelis tan absurdas—. Rollo, imagina que en el futuro soy actor famoso y eso que te gusta que hagamos en los probadores de las tiendas de ropa, pues ya no lo podríamos hacer porque yo tendría una imagen pública y claro si salimos...

—Komi, deja de tocar los huevos ¿salimos o no salimos juntos? — levanté las piernas, empujándole con mis muslos para que cayera encima de mí. Sus reflejos le permitieron apoyarse, quedando su cara a pocos centímetros de la mía—. Cuando seas un puto actor famoso ya veremos si te como la polla o no en los probadores.

Empezó a reírse sin apartarse. Cada centímetro de su cara me gustaba y no podía evitarlo. Se notaba a mil leguas cuando él estaba cerca que lo quería. Tampoco era raro y realmente a mí me daba igual, en cierto modo porque aunque Komi fuera de esa clase de personas que evita al máximo hablar de cómo se siente, yo sabía que mis sentimientos eran recíprocos.

La gente solo puede conocerte tan profundamente como se conozcan a ellos mismos y yo me conocía bien, por lo que era fácil conocerle a él aunque se escondiera siempre en aquellos rollos que se inventaba ¿Era capaz de dejarme tirado en mi más grande miseria riéndose de mí? Si ¿Tenía la empatía de un zapato viejo? También ¿Le gustaba que Le fuera detrás como una niña tonta? Sobre todas las cosas para después hacer ver que yo no le interesaba para nada ¿Estaba enamorado de mí? Sin lugar a dudas, era arromantico pero si, que detestaba la idea de que nos cogiéramos de la mano también, pero me quería.

Le abrace y besé sus labios, porque a mí me gustaba hacerlo aunque sabía que a él no sin un fin sexual. Se intentó separar de mí, pero lo mantuve abrazado con fuerza hasta oírle quejarse y entonces le dejé rodar a mi lado en el futón.

—No me gusta la etiqueta de ser novios porque no quiero tener que contártelo todo, o follar porque salimos.—aquello no tenía sentido, porque mayoritariamente acaba por contármelo todo pero supongo que lo comprendía. Mis padres follaban todos los martes a las 10. Como si pudieras planificar cuando te apetece—. Simplemente no quiero que todo sea una obligación, porque ¿qué gracia tendría todo eso? Sería como estar encerrado...

En cierto modo tenía razón, si lo veía de aquel modo, claro. Pero finalmente llegamos a la conclusión que la etiqueta es  genérica. Porque la fidelidad de los novios genéricos era cohaccionadora, si es que esa palabra existe. Porque si llega un punto que tienes que poner en un calendario cuando vas a tener un orgasmo, puedes ser muchas cosas pero está claro que no eres feliz. Y finalmente elegimos la etiqueta de novios, pero con algunos ajustes acordes a un imbécil arromantico y a un tonto con bajo autoestima.

Y aquí estoy yo, como dieciséis o diecisiete años más tarde. Preguntándome si tengo que explicarle algo o si no tengo que hacerlo. Claramente la respuesta es que no. Komi Haruki no tiene por qué saber que el otro día le comí la polla a un tipo random en un probador. Pero una parte de mi quiere contárselo y otra no quiere.

Seamos claros, hace años que Komiya es un actorcillo famoso y con una imagen pública. No es que nuestra etiqueta haya aparecido en ningún lado, aunque claramente vivimos juntos y cuando no está de viaje rodando cosas por ahí, se levanta a mi lado y me recuerda con solo su simple presencia la misma lujuria que implica estar vivo un día más aunque tenga que ir al ayuntamiento a trabajar y atender un montón de burocracia aburridísima.

Así que le miro, tomarse el puñetero café y me pregunto si tal vez debería decírselo. O quizá no, ciertamente él ha tenido affairs por ahí innumerables, solo me ha contado los graciosos. Yo solo uno, aunque muchas veces él cree que son muchísimos más... Pero yo ni desmiento, ni afirmo solo espero. Porque quizá no crea que son muchísimos, quizá cree que no hay ninguno ¿podría eso romper la magia en esta situación? ¿Es la variable del cambio tan importante? A lo mejor solo se ríe de mí porque solo eche de menos mi fetiche de los probadores... A lo mejor solo se ríe de mí por seguir estando tan estúpidamente enamorado de él... A lo mejor quizá es mejor no decirle nada.

—¿Por qué me miras como si tuviera monos en la cara? — me pregunta.

Qué se yo Komiya. Y me tomo el café, mirando el reloj de reojo porque tengo que irme a trabajar en un horario peor y con un salario peor que el que él tiene. Pero es uno de esos días en los que solo no me da igual porque querría cinco minutos más a su lado.

Notes:

NA: La obsesión de SaruKomi es algo que llevaba dentro desde hacía décadas y mira no lo escribía por alguna idiotez. Tengo mucho tiempo libre ahora mismo, así que me paso la vida releyendo cosas antiguas mías y de otros, pero también a escribir tonterías que antes me daba vergüenza escribir o que no sabía cómo hacerlo porque vivía en depresión y dramatización de cosas que al final no eran tan importantes.

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