Chapter Text
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Jaime no sabía cómo había llegado a esa situación. No lo sabía y eso le estaba desesperando.
De sus tentáculos escurría la fresca y asquerosa sangre de aquella niña, y eso no era lo que le asustaba, tenía miedo de lo que vendría después. De si alguien se llegara a enterar de lo que hizo, de si Erwin se llegara a enterar. Después de todo era la niña tierna del vecindario, la pequeña Iris, hija de una vecina tranquila que era amiga de, por su puesto, su mejor amigo.
-No es mi culpa, nada de esto es mi culpa, yo no lo hice- Se repetía en su cabeza mintiéndose mientras se hiperventilaba sentado cerca de una de las paredes del garaje de los Walsh. No estaba realmente consciente de la situación. No fue sino hasta que escuchó un leve quejido por parte de la niña que volvió a sus sentidos.
La pequeña seguía con vida.
Iris estaba intentando hablar, aún si parte de su pecho estuviera destruido y aunque pareciera que se estaba ahogando con su propia sangre, ella estaba intentando pedir ayuda, por instinto estaba tratando de sobrevivir en su posiblemente último momento de lucidez, y Jaime sólo la vio mientras ella, con sus pocas fuerzas, le acercaba su pequeña mano para pedirle piedad a su asesino.
Jaime la miró con lástima. Algo de comprensión se reflejó en su mirada al verla tirada ahí, rogándole por su ayuda, así como él le rogaba en su ser que ella se alejara de su mundo. Sentía el peso de la decisión caer encima de sus hombros. Ya no tenía la excusa de que no estaba consciente de sus actos para no haberla salvado, ya no podía decir que no podía ocupar su transpondedor para haberla revivido, no podía salirse de la culpa y llorar pensando que él era la víctima de la situación, estando realmente frente a quien lo era. Y eso le enojaba tanto, -Todo sería más fácil si se hubiera muerto desde un inicio- pensó.
Y después de unos segundos, el semblante desconcertado de Jaime cambió y este, en cambio le dio una sonrisa tierna, lo que espantó la algo nublada vista de Iris, que pensó en alejarse de Jaime, pero no podía moverse, no tenía fuerzas, estaba comenzando a tener mucho sueño.
Jaime sólo se levantó del suelo como si nada hubiera sucedido, aún con su traje cubierto de sangre, e intentó encontrar su transpondedor en algún lugar del garaje, se le había caído durante su forcejeo con ella. La chica le había puesto pelea una vez que se había hartado de las preguntas tontas y sin sentido que Jaime le estaba haciendo, todas sobre Erwin, Erwin, Erwin, ¿Qué le importaba a él lo que hacía ella con Erwin?, además, por supuesto que no le gustaba el hecho de ser encerrada en un lugar con un niño raro como lo era Jaime, desde su punto de vista. Pero ahora ella no podía pensar en nada más, estaba comenzando a dormirse finalmente, y no creía en que alguien llegaría a salvarla.
Volvió a abrir sus ojos después de unos pocos segundos porque sintió el agarre de uno de los tentáculos de Jaime en su mandíbula, haciéndola que lo mirara. El príncipe estaba arrodillado frente a ella con una sonrisa, había encontrado el transpondedor y también una cosa que él reconoció porque la forma combinaba con una lesión no tan profunda que la chica le provocó durante su pelea, pero que de todos modos le hizo enfadar, ¡¿Cómo se atrevía a hacerle daño a él?!
-¿Recuerdas esta cosa?- Le preguntó algo burlesco Jaime mientras movía frente a ella un destornillador con algo de líquido azul en su punta.
-...- Iris sólo le dio una mirada cansada y algo enojada. Ya se estaba por morir, ¿Qué le haría Jaime si ella no le respondía? ¿Matarla?
Jaime la miró aburrido y no esperó más interacciones con ella, se estaba hartando de la situación, se alargó más de lo necesario. Así que lo hizo rápido. Se ganó encima de la niña para tener un mejor ángulo y empezó a jugar con el destornillador en la zona del corazón de la pequeña.
-¿Debería hacerlo como tú me hiciste esta herida?- Apuntó a la pierna de su tentáculo herido -¿o debería ocupar esta herramienta como un humano normal lo haría?- Le preguntó retóricamente y se quedó un momento en silencio sonriéndole como si fuera un juego, mientras vio que ella sólo se dormía. Y no esperó más y dijo -Tienes razón, juguemos de forma justa- Y comenzó a perforar de a poco el corazón de la pequeña Iris con el destornillador, así como si estuviera atornillando un tornillo invisible. Esos fueron los últimos momentos que Iris abrió grande sus ojos y estiró sus brazos para tratar de detener a Jaime, pero Jaime alejó las manos de Iris (Que, de todos modos, no habían alcanzado a acercarse a su pecho) y las apretó fuerte con sus tentáculos mientras le tapaba la boca para evitar que se escucharan más sus gritos otra vez. No sabía si habría alguien escuchando afuera en la noche lo que sucedía en el garaje.
Aprovechó de hacer presión en la cabeza de ella, en su sucia y estúpida boca y no supo si lo que la terminó matando fue el golpe que le dió en su cabeza que hizo que le rebotara un poco contra el suelo o si fue la pérdida de sangre. Pero de todos modos, finalmente después de unos pocos segundos, el cuerpo de Iris dejó de reaccionar y comenzó a enfriarse. Era algo aterrador para Jaime el tener por primera vez un cadáver humano frente a él. Ver sus ojos entreabiertos y su mirada vacía. Además de tener la sangre frente a él que comenzaba a coagularse... -Asqueroso- Pensó.
Lo bueno es que había encontrado su transpondedor, podría limpiar toda la suciedad que había dejado la niña si es que recordaba cuál era la combinación que necesitaba ocupar para eso. Además, ¿Qué haría con el cadáver de Iris?. No lo podía hacer desaparecer a ningún punto en específico, sí o sí terminaría en algún lugar y podrían encontrarlo consecuentemente. Podría intentar quemarlo, romperlo, enterrarlo...
Enterrarlo... Hay un bosque cerca... Nadie se daría cuenta si lo enterrara en un lugar muy profundo y de poco acceso en el bosque. Jaime se alegró de repente con su idea, ¡Era perfecta!, el problema era salir del garaje sin que lo vieran llevando un cadáver, podría transportarse junto a ella al inicio del bosque y se ahorrarían toda la caminata. Si Erwin no existiera, posiblemente Jaime se querría casar con su transpondedor.
Tomó una pala y se transportó al inicio del bosque. Felizmente no había nadie ahí y veía al fondo el vecindario oscurecido completamente. Se había ido la luz. Pero no se iba a desconcentrar con eso, tenía que concentrarse en esconder el cadáver y tenía que recordar además el después limpiar el garaje, ya que lo había dejado cubierto de sangre. No podía dejar que alguien se diera cuenta. Pero ahora debía deshacerse de la evidencia. Le dolía un poco para moverse cuando caminaba por la herida que tenía en su pierna. Aún si Iris era pequeña y tenía poca fuerza, esa apuñalada que le dio logró perforarle lo suficientemente profundo como para que le doliera. Sanaría su herida después de terminar su trabajo.
Estuvo caminando un rato con el cadáver de la chica en sus brazos y una pala en su otro tentáculo hacia lo más oscuro del bosque hasta que llegó a una zona con más musgo y vegetación que del resto, y supo que ese era el lugar para enterrarla. Si esa zona estaba tan frondosa, entonces nadie pasaría por ahí. Se estaba dando cuenta de que la chica aún seguía botando algo de sangre, esperaba que no se hubiera marcado un camino de sangre que llevara a esa ubicación, sería tedioso tener que limpiarlo. Miró hacia atrás y notó algunas manchas de sangre. Tendría que ver cómo limpiarlo. Pero primero lo primero; comenzó a escarbar y agradecía la fuerza que tenía porque los matorrales y sus raíces le dificultaban parte del proceso, aunque la presencia de estas permitiría que se escondiera mejor el cadáver, creía él. No estaba tomando en cuenta que salía el olor de los cadáveres humanos cuando se descomponían, ya que no sabía mucho sobre los procesos de los cuerpos humanos, sólo estaba pensando en que no la encontraran, así que estaba haciendo algo muy inteligente como para no estar consciente de los otros factores.
Cuando terminó de hacer el agujero, este le había quedado algo profundo, como de 3 metros, llegando a 4, y, cuando tiró el cadáver ahí, escuchó el sonido asqueroso que hizo su cuerpo cuando chocó con el final del agujero. Sin duda eso se quedaría en su memoria junto con otras cosas más de esa tarde. Y Jaime volvió a llenar la fosa, dejando las ramas y moviendo algunos matorrales encima para evitar que, por si acaso alguien pasara por ahí, se diera cuenta de algo raro en el terreno curiosamente sin pasto en esa zona específica.
Cuando terminó suspiró cansado y se apoyó en el mango de la pala. Era muy tarde en la noche y miró hacia el cielo. Los árboles tapaban la mayor parte de este, pero al menos alcanzaba a ver un poco de la luna. El silencio de su alrededor comenzó a desaparecer cuando él dejó de moverse por unos minutos y dejó su mente en blanco procesando la situación, los insectos volvieron a sonar. Era un mal momento para estar cubierto de sangre coagulada y de sudor en medio del bosque. Los insectos se le pegaban a su disfraz sucio.
-Tuve que haberlo enterrado igual.- Dijo Jaime en un tono bajo y pensativo respecto a su disfraz sucio. Así que se lo sacó y, resignado, comenzó a excavar la fosa otra vez. Cuando vio un poco de la piel de Iris en el agujero, supo que ya era suficiente y miró la cara de su traje una última vez antes de tirarlo a la fosa y volver llenarla. Volvió a repetir el mismo proceso anterior para tratar de ocultar ese pedazo de tierra sin pasto que dejó.
Ahora sí creía haberlo terminado todo por esos momentos y se dispuso a irse, no sin antes transportar la pala al garaje para no estarla cargando a todos lados. Quería estar solo en esos momentos, así que se sentó en un tronco que encontró en su camino y se puso a pensar. ¿Cómo había llegado a esa situación?
Ah, sí. Estaba harto de escuchar a Erwin suspirar por Iris.
No era justo que él, aunque le diera atención incondicional a su amigo, este se enamorara de una chica sólo porque ella le hablaba sobre Falfatrax en la tienda de cómics cuando Jaime no estaba. Porque, cuando Jaime lo estaba, los solía interrumpir. ¿Pero por qué ella le estaría hablando de repente a Erwin? ¿Qué esperaba con eso? Era extraño que le comenzaran a gustar los cómics de la nada.
Erwin le repetía a Jaime que no era raro, que "tal vez ella se dio cuenta de que Falfatrax es una obra de arte y ahora tiene buenos gustos", bajo las palabras de Erwin. Jaime sólo se resignaba a rodar sus ojos con la explicación de Erwin. No entendía qué tenía ese héroe de ficción que no tuviera él. Así que las cosas siguieron así, Erwin iba de forma más regular a la tienda de cómics y llegaba emocionado hablando sobre Falfatrax y sus conversaciones con Iris, especialmente hablaba más regularmente de este segundo tema. Hablaba sobre todo lo que ella le había dicho como si fuera lo más interesante del mundo, y le ponía excusas a Jaime para que no lo acompañara cada vez que salía, ya que sabía que Jaime lo llevaría a todos lados excepto a la tienda de cómics y que no le dejaría hablar en paz junto a Iris, e incluso junto con nadie más, últimamente.
Y era verdad, Jaime odiaba ir a la tienda de cómics desde que Erwin comenzó a hablar más con Iris que con él. Odiaba salir a pasear en la tierra con Erwin, de hecho, porque en cualquier momento se les podría aparecer ella. Incluso le comenzó a tomar miedo a Iris, como si encontrársela fuera a ocasionarle la muerte. Así que Jaime se llevaba a Erwin fuera de la tierra esperando a que olvidara a Iris, arriesgándose a ser atrapado por los Vloks, cosa que Erwin le advertía con miedo de que lo atraparan y, también, como excusa para que no lo sacara de la tierra y lo dejara irse con su nueva amiga.
Jaime estaba harto de la situación, y la gota que rebasó el vaso fue cuando, en uno de sus momentos persiguiendo a escondidas a Erwin y a Iris, los vio sentados juntos en una banca del parque leyendo un cómic y a ambos riéndose en una parte. Pero eso no fue lo peor para Jaime, lo peor fue cuando Iris se tuvo que ir porque ya era tarde, y se despidió besando en la mejilla a Erwin antes de que él pudiera reaccionar y ella se fuera rápido del lugar.
Estuvo todo en silencio en ese momento. Para Jaime el mundo se sentía como si se hubiera caído, estaba todo pesado a su alrededor, él mismo pesaba, su cabeza daba vueltas, casi se caía de la rama del árbol en que los estaba espiando, y sólo se fijaba en mirar a Erwin y el cómo reaccionaba, intentaba leer los pensamientos de Erwin para poder saber qué pensaba, quería saberlo todo, quería saber qué de toda esa situación fue cierto, tal vez vio las cosas mal, rogaba que todo fuera una equivocación. Entonces vio a Erwin tocarse tímidamente la mejilla donde recibió el beso y su rostro se volvió de a poco rojo mientras seguía sorprendido. -Me besó...- Escuchó a Erwin pensar lo lamentablemente obvio. Era la primera vez que alguien le daba un beso tan tierno. Y se comenzó a reír como un tonto. Jaime reconoció esa risa. Era la risa de un tonto enamorado y no era hacia él.
Erwin se levantó emocionado de la banca en la que estaba sentado y se fue corriendo en dirección a su casa, esperaba encontrarse en el camino a Iris, por si acaso. Sus casas quedaban cerca, aunque la de ella estaba caminando más al fondo que de la suya. Pero había probabilidad de encontrarla, y Erwin no sabía qué haría si la encontrara, no sabía qué le diría, de hecho, no sabía qué le diría al día siguiente si la viera, ¿De qué hablarían?, Erwin no podía pensar en hablarle, sabía que su lengua se trabaría y no podría hablarle bien, sería vergonzoso, pero deseaba verla, estaba muy feliz y su corazón latía muy rápido, no podía evitar soltar pequeños grititos y saltitos mientras iba de camino a su casa. Le iría a contar a Jaime, debía contárselo a alguien, quería compartir su emoción con alguien, y Jaime era de su confianza, tal vez incluso su amigo podría saber cómo tratar con chicas, -Le debería tengo que regalar algo a Iris, ¡Le voy a llevar flores!...Pero las flores me dan alergia- pensaba Erwin emocionado en qué haría en los días que le seguirían.
Pero, cuando llegó, no vio ni a Iris en su camino, ni mucho menos a Jaime, lo cual le resultó extraño. Le preguntó a Praliné si lo había visto y ella, al ver a su hermano emocionado, lo miró raro por su actitud inusual y le dijo que pensó que estaba con él, ya que no lo había visto en todo el resto del día.
Fue extraño para Erwin el no ver a Jaime en la casa, y salió a ver si su nave estaba en el patio, tal vez había salido y no le avisó. Pero, cuando fue, la nave seguía ahí. Le resultó extraño, pero lo que más lo sacó de sí fue que escuchó un golpe en la pared del garaje cuando se estaba alejando. Se asustó y se quedó quieto curioso esperando a que volviera a sonar algo -¿Hola?- Preguntó, pero no volvió a escuchar nada. Hubiera abierto la puerta del garaje para entrar a ver, pero algo de esa situación le provocaba sentir una opresión en su estómago, sentía que no debía estar ahí y, de todos modos, tenía frío porque estaba comenzando a anochecer. Así que sólo se fue.
Si hubiera abierto la puerta del garaje en ese momento, Iris hubiera seguido con vida al día siguiente.
Cuando Jaime llegó a su habitación ya eran altas horas de la mañana. El reloj de Erwin estaba prendido y la hora marcaba las 4am, -Volvió la luz- pensó Jaime mientras entraba tratando de hacer el menos ruido posible, su amigo era impredecible cuando se trataba de despertarse. A veces ni el fin del mundo lo podía despertar, pero, otras veces, el vuelo de un pequeño bichito lo podía hacer. Eso ponía de nervios a Jaime en esos momentos, pero continuó avanzando.
Fue hacia el armario a sacar un traje nuevo y se dispuso a ir al baño. Se iría a bañar, definitivamente. Caminó en dirección a la puerta y antes de salir vio a Erwin dormido de estómago casi al borde de su cama, su brazo derecho colgaba mientras él roncaba. No evitó soltar una risita cuando escuchó a Erwin balbucear un poco mientras estaba dormido. En alguna ocasión normal hubiera seguido en lo suyo, pero en ese momento sólo se hipnotizó viéndolo. Ese pequeño terrícola no sabía que haría lo que sea por él. Y finalmente salió de la habitación.
Tal vez fue que Erwin escuchó el sonido de la puerta cerrarse despacio o posiblemente fue por coincidencia, pero el pequeño terrícola se removió un poco y abrió levemente sus ojos. Frente suyo no vio nada. Quizá sintió mal, pero sentía que alguien estaba, o había estado frente a él y no lo podía ver. Tampoco vio a Jaime en su pecera, o al menos su silueta, ya que no podía ver bien sin sus lentes. Así que cambió su posición al lado contrario y volvió a dormir, estaba cansado, gastó todas sus energías saltando feliz antes de irse a dormir. Al final le había contado lo sucedido a sus padres cuando ellos le preguntaron el por qué de su emoción, y ellos estaban orgullosos con su hijo finalmente enamorado y, al parecer, correspondido. Incluso Praliné se sorprendió por la noticia y creyó que Jaime debía de estar involucrado para que algo así llegara a suceder. Todo parecía de ensueño para Erwin.
Para Jaime era completamente lo contrario, había cometido un crimen y sentía más miedo que culpa. La imagen de Iris en la fosa antes de enterrarla lo asustaba. Deseaba que las historias de fantasmas no fueran reales para que así no se le apareciera para delatarlo. Mientras pensaba, el extraterrestre se metió a la bañera para comenzar a bañarse antes de ponerse su disfraz. Se sentía asqueado, hasta cierto punto sucio. Sus tentáculos seguían cubiertos con sangre de la difunta niña, así que dio el agua y comenzó a frotarse la suciedad y el sudor pegados. Era refrescante. Aunque para la Sra.Walsh fue extraño escuchar la ducha sonar a esas horas.
