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Simplemente pasan

Summary:

Otra noche igual a las demás... ¿o no?

O

donde el destino al fin cruza a los dos enamorados.

Notes:

Inspirado en la canción con el mismo nombre de Morat ;3

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Como todos los jueves, se encontraba en el bar de siempre. El lugar no era tan concurrido, cosa que agradeceía, lo que menos quería era agobiarse por el exceso de personas. No había luces de colores brillantes, en su lugar, la iluminación era atenuada, dando una sensación de calidez y privacidad al ambiente. La música tampoco era tan fuerte, y aunque había personas bailando en la pequeña pista, no era nada alocado. Era agradable y bastante tranquilo, el lugar perfecto para desestresarse con una bebida luego de una larga jornada de trabajo.

 

Luzu disfrutaba de estar sumergido en su cabeza, que se iba acallando al paso en que el alcohol entraba en su sistema. 

 

Su mirada, que había estado fija en el líquido granate de su copa, se elevó como si una fuerza sobrenatural lo controlara. O más bien, como si él fuera un imán que atraía con facilidad su atención. Él asistía al bar con tanta frecuencia como lo hacía el mismo Luzu. 

 

Lo observaba bastante, más de lo que le gustaría admitir. No porque fuera una especie de acosador o por intenciones turbias; el chico, aunque muy discreto con su entorno y los demás desconocidos, jamás pasaba desapercibido para Luzu. Había notado que evitaba llamar la atención, sin embargo, también era un coqueto de primera, y sabía como usarlo a su favor. Su cabello azabache, su postura descuidada, el infaltable beanie y especialmente, su cautivadora mirada sin maquillar, dejaba suspirando a cualquiera y Luzu no era inmune a su encanto.

 

Él se llamaba Quackity.

 

Luzu lo descubrió en una de las pocas ocasiones en que coincidieron. Apenas habían intercambiado palabras, todo por culpa del bobo flechazo de Luzu, que lo hacía tartamudear y actuar como un idiota en presencia del azabache. Los vergonzosos encuentros con Quackity en los que terminaba vuelto un colorado manojo de nervios no hacían nada por disminuir las ganas que tenía por verlo bailar. Así no tuviera el coraje, ni las poéticas palabras adecuadas para invitarlo, se moría porque bailara con él. Una de Juan Luis, se imaginaba en sus más alocadas fantasías. Sería perfecto que bailara siempre con él y se emborracharan juntos con un cóctel o un tequila -que sabía el chico adoraba- solo con los dioses de testigo.

 

Tenía que decirle en algún momento…

 

Que bailaran. Que lo peor que podría pasar es que a él también le gustara.

 

Había algo en Quackity que lo hacía sentir que lo conocía en su totalidad, a pesar de sus escasas interacciones. 

 

Quizá de alguna otra vida, por más absurdo que suene.

 

Tenía tanta suerte de volver a encontrarlo en ese lugar, porque incluso verlo de lejos o un pequeño vistazo de reojo era suficiente para calmar su enamorado corazón.

 

Un suspiro fue expulsado de los labios de Luzu antes de darle un trago a su bebida y girarse, cortando de su vista al lindo chico.

 

Pensaba de más, intentaba esforzarse más; pero él sabía muy bien que cuando las cosas buenas tenían que pasar, no había necesidad de forzar… simplemente, pasaban.

 

 

_________________________

 

 

Quackity casi se decepcionó cuando ya no sintió la mirada del castaño sobre él y se volteó para corroborar que, efectivamente, ya no lo observaba. 

 

Casi

 

La ventaja ahora, era que él podría tomarse el lujo de admirar al chico. 

 

Se veía aún más atractivo entre las sombras y escasa luz de la barra, como un forastero misterioso a quien Quackity no dudaría en investigar. Su cabello despeinado y la gabardina ciñendo sus hombros lo volvían loco. 

 

La vida era tan injusta a veces.

 

El reloj marcaba las once, notó luego de su segunda cerveza. Sus amigos parecían divertirse, sumergidos en conversaciones que apenas captaba su oído. Respondió distraídamente a algunas, demasiado ocupado reflexionando sobre su situación.

 

Estaba harto. No se conformaría con conversaciones casuales o miradas pasajeras cuando sabía que podría haber algo mas.

 

Si no hacía algo al respecto, perdería su oportunidad.

 

Ya esperó demasiado, haría algún movimiento, aunque fuera mínimo. Quizá el destino no sería tan culero por una vez y se apiadaría de él. Para así en unos años contarle a gritos al mundo que no quedaron en una corta conversación tímida, y que logró convencerlo de bailar con él.

 

Decidido, bebió de un trago todo el contenido de su vaso para tomar valor y antes de pensarlo más, sus pies empezaron a moverse.

 

Su coraje se esfumó en el instante en que estuvo frente al castaño, y recordó porque no había tomado iniciativa en los últimos meses. 

 

Se quedó de piedra y en el momento en que su cerebro al fin pareció conectar con el resto de su cuerpo para huir, los ojos de Luzu se posaron en él. Sus cálidos ojos rojos como el rubí del colgante en su cuello -que compró porque le recordaba a Luzu- parecían sorprendidos antes de suavizarse. 

 

Ya no había vuelta atrás. 

 

Las palabras que estuvieron en la punta de su lengua por tanto tiempo al fin se escaparon:

 

–Baila conmigo –su voz sonó aguda y entrecortada. Luzu no pareció notarlo, demasiado perdido en los bonitos ojos oscuros de su contrario. 

 

Cuando las palabras finalmente parecieron hacer sentido, el rostro del castaño se ruborizó hasta las orejas. Quackity apenas lo notó, estaba ocupado golpeándose mentalmente por su fallida propuesta.

 

Esto era ridículo, había esperado tanto que no se echaría para atrás, no ahora. Tomó una bocanada de aire, carraspeó y lo intentó de nuevo:

 

 –Baila conmigo –repitió, esta vez con firmeza, extendiendo su mano al castaño que seguía sentado. Sus ojos transmitían una mutua intensidad que provocó un estremecimiento en ambos y Luzu sin darse tiempo a pensar, tomó la mano del chico.

 

Quackity los dirigió a ambos al centro de la pista, que acorde al resto del bar, estaba poco iluminada. Unas cuantas personas más disfrutaban de sus compañías al ritmo de ’’Mi Bendición’’ de Juan Luis que empezaba a sonar.

 

–¿Estás seguro de esto? –susurró Luzu, temiendo dañar el momento pero al mismo tiempo, demasiado nervioso y tenso para saber qué más decir.

 

Quackity, que internamente estaba igual o peor, asintió con seguridad, negándose a desistir. Estaba decidido a que esto fuera un éxito. Le sonrió a Luzu transmitiendole calma y dirigió las manos contrarias a su cintura, el mismo se abrazó a la espalda de Luzu. Dejó caer su cabeza en el hombro de su acompañante para susurrar con un tinte de coquetería: 

 

–Vamos, ¿qué es lo peor que puede pasar? 

 

Luzu contagiado por la actitud del chico, afirmó su agarre en su cintura y empezaron a moverse al ritmo de la melodía, sincronizados, como si fueran uno solo.

 

–Que nos gustemos –respondió a lo dicho por el menor, quien tarareo de acuerdo.

 

–Eso no suena mal –murmuró, apartándose de su escondite en el cuello del castaño para conectar sus miradas.

 

Sus ojos lo decían todo, transmitían la atracción mutua, el deseo de que esto pasara desde hace mucho. La timidez y nervios quedaron de lado, siendo reemplazados por la conexión y confianza conforme los minutos pasaban. Era como si los torpes encuentros anteriores jamás hubieran pasado y en su lugar, se conocieran de toda la vida.

 

Luego de unas cuantas canciones más, terminaron compartiendo una bebida en el balcón. Reían y charlaban animados, bajo la luna llena que resplandecía alto en el cielo.

 

–No puedo creer que nos haya llevado tanto tiempo –dijo Luzu acompañado de una risita.

 

–¡Es que tu, hijo de la chingada¡ ¿Quien te manda a estar tan pinche guapo? –se defendió el azabache cruzando los brazos y apartando su rostro para que Luzu no viera el pequeño sonrojo que pintaba sus pómulos –así cualquiera se chivea .

 

–¿Te intimidaba, Quacks? –cuestionó incrédulo –Yo me ponía tan nervioso cada vez que estabas cerca –negó mientras se reía suavemente –Dioses, ahora parece ridículo. 

 

–¿Sabes? siento que a lo mejor nos conocemos de alguna otra vida –lo dijo, llevaba ese sentir atorado en el pecho desde la primera vez que vió al castaño, se sentía bien finalmente poder expresarlo. 

 

–Siento lo mismo –compartieron una sonrisa antes de que Luzu agregara: –suerte la mía que seguiste viniendo a este lugar y te volví a encontrar. 

 

–El alcohol te pone cursi –bufó con una burla cariñosa.

 

–Puede ser –reflexionó dejando el vaso que sostenía en la mesita antes de volverse a Quackity –o quizá solo es lo que provocas en mí –besó suavemente su mejilla, sus labios sintiendo la calidez del rostro contrario. Cuando intentó apartarse, Quackity lo retuvo por el cuello de la gabardina, manteniéndolo cerca.

 

–Ah no, cabrón. No estuve esperando esto por semanas para que me dejes con las ganas –susurró sobre la boca ajena.

 

Luzu exhaló una risita nasal antes de cumplir la petición del lindo azabache. No podía negarse de todos modos, no es como si él no lo quisiera también. Además estaría dispuesto a cumplir cada uno de sus caprichos con tal de verlo sonreír, justo como lo hacía ahora sobre sus labios.

 

Estos besos se sentían diferente a cualquier otro que hayan compartido con cualquier otra persona. Encajaban perfectamente como si estuvieran destinados, hechos para estar juntos.

 

Luzu tenía razón, después de todo.

 

Porque cuando las cosas buenas tienen que pasar… simplemente, pasan.

 




Notes:

Pa q vean q si chambeo :3

Como sea, nos vemos en el siguiente.

-Blink ;]

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