Chapter 1: 1;
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Philza siempre busca cualquier pretexto para visitar la tienda perrona de Missa. Aunque eso signifique ir hasta dos o más veces en un mismo día.
—¿Philza? — dejando de hacer su trabajo Missa lo miró extrañado.
— El mismo.
Una vez teniendo al rubio frente suyo Missa soltó una risa al notar que llevaba en sus manos un pan de su tienda — ¿Otra vez pan?
— Me has atrapado.
— Pero, si en la mañana te llevaste una docena.
Encogió de hombros — Bueno, adoro el pan y el de tu tienda es el más exquisito de todo el pueblo.
Rodó los ojos divertido mientras negaba — A este paso me dejaras sin pan para los demás.
— No me importa, los otros deben llegar temprano por su pan— le mostró una sonrisa arrogante obteniendo más risas por parte de Missa.
Como adora su risa.
— Bueno — Suspiro deteniendo su risa pero sin quitar su sonrisa — Tendré que poner un cartel ahora anunciando que el pan se acaba muy rápido.
Antes de que pudieran seguro hablando Missa escucho como la puerta de su tienda sonaba anunciando un nuevo cliente que atender, ya que su hijo ahora estaba a cargo de cobrar en la caja.
— El trabajo llama — Missa miro a Philza dándole una sonrisa — Nos vemos Phil, espero verte otra vez.
Se despidió para emprender su camino nuevamente al trabajo.
— Yo también espero verte — Murmuró para si mismo una vez vió que Missa se alejo para atender al otro cliente, dejándole un cálido sentimiento en su pecho.
Si, alegraba su día con sólo ver y hablar con él.
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— Dadza ayer fuiste dos veces, ¿Por qué nuevamente vamos a ir a la tienda?
— Necesito una nueva caña para pescar.
Tallulah lo miro incrédula mientras seguía caminando con él a dirección de la tienda del pueblo.
— Ya tienes dos
Se encogió de hombros — Una nueva no vendría mal.
— Ni siquiera las utilizas, Dad
— Pero las colecciono — Noto como negaba a su dirección — Hey, si es verdad — Tallulah seguía viéndolo con el ceño fruncido haciendo que Philza reprochará por debajo. — Sólo vamos a la tienda.
Philza nuevamente estaba emprendiendo su visita a la tienda de Missa está vez acompañado de su hija Tallulah. Está vez tenia un plan en mente; para tratar de no verse ya tan obvio de ir muchas veces.
De por sí sabía que los del pueblo se sorprendían por verlo caminando, ya que siempre estaba en su granja apartado de todos, una parte de él sentía que Missa ya podría sentir extraño verlo a él todo los dias sin falta en su tienda.
Por lo que planeo algo nuevo; si llevaba a su hija con la excusa de que ella quiere ver y jugar con el hijo de Missa, Chayanne, podría tener una excusa perfecta en quedarse en la tienda y le daría tiempo suficiente para estar con Missa.
Si, tenía un buen plan en su mente.
Obvio que también contaba que probablemente Missa estaría entretenido atendiendo a los clientes de la tienda, pero igual contaba con solución, podría ofrecerle de su ayuda para atender la tienda. Así tendría tiempo con Missa.
Definitivamente, Philza ya tenía previsto bien de su plan.
Luego de una larga caminata desde su granja hasta la tienda, al final habían llegado pero algo era distinto.
La puerta de la tienda estaba cerrada; normalmente cuando Philza llegaba a la tienda siempre estaba abierta y con luces prendidas por el marco y llegando clientes para comprar.
Extrañado, tocó la puerta suavemente esperando alguna respuesta. Talvez había llegado muy temprano de lo planeado.
— ¡Ay chingadamadre! — Tanto Tallulah como Philza saltaron asustados por el repentino grito. Cuando voltearon a dónde se escuchó el grito vieron como se asomaba Missa desde aun lado de la tienda. — Una disculpa no abro la tienda ho-...¡Philza!
Missa una vez supo quién se trataba se acercó dándole una sonrisa llena de alegría — No pense que vendrías hoy, Phil, perdona si te asusté con el grito de hace rato, digamos que tuve un pequeño inconveniente.
Missa soltó una risa avergonzado mientras pasaba a saludar a Tallulah con igual alegría teniendo de resultado que la niña también lo saludo con la misma energia. Nuevamente miro a Philza un tanto extrañado al notar como no había reaccionado a su saludo y sólo estaba viendolo fijamente.
— ¿Eh? ¿Está todo bien? — Movió su mano en el rostro de Philza de un lado a otro tratando de llamar su atencion.
Philza, Philza estaba perdidamente entretenido mirando detalladamente a Missa; ya era una costumbre siempre verlo con su ropa de siempre, pero las pocas veces que lo llegó a ver con ese gorro café tapándolo del sol lo hacía ver tan resplandeciente, a pesar de que los rayos del sol no llegarán a su cara.
Pero su momento perdido se terminó al sentir como Tallulah lo jalaba de la ropa para poder nuevamente traerlo devuelta, por lo que rápidamente se recompuso dándole una sonrisa a Missa notando como él estaba ya preocupado viéndolo.
— Si, está todo bien, tranquilo Missa — Tomo de la mano de Missa para darle un suave apretón amistoso haciendo que dejara estar preocupado y pueda nuevamente ver su sonrisa.
— Si tú lo dices, ¿A qué venías hoy a mi tienda?.
— Venía a comprar una caña de pescar.
— Ouh — Missa ladeó la cabeza algo triste — Lamento decirte Phil, este día no abriré la tienda.
La expresion de tranquilidad en Philza decayó a tristeza ante la noticia — ¿Porque?
Missa le dió una señal a Philza y Tallulah para que lo siguiera hasta atrás de la tienda donde se encontraba Chayanne terminando de armar una canasta pero dejo de hacer su tarea al notar a los nuevos invitados por lo que los saludó alegre agitando su mano para nuevamente seguir con lo que hacía.
— Chayanne y yo iremos a recolectar frutas — Hablo Missa — Iría solo yo, pero está vez Chayanne quiere venir conmigo, así que la tienda no tendrá quien atienda por lo que este dia estará cerrado.
Philza asintió comprendiendo la explicación de Missa en porque no abrira hoy mientras veía como Tallulah iba corriendo hasta donde estaba Chayanne dejando a ambos adultos solos.
Una mueca se asomo en el rostro de Philza al notar que sus planes no resultaron como tenía ya previstos en la mañana, por lo que quedó pensando un momento dejando un tranquilo silencio en ambos.
— Pero — La voz de Missa nuevamente se escuchó —¿Necesitas urgentemente la caña de pes-...
— ¿Podemos Tallulah y yo ir con ustedes a recolectar frutas? — Interrumpió Philza mirando con una sonrisa a Missa dejando asombrado al contrario.
Si no podía estar en su tienda, no tenía que perder una nueva oportunidad que se le estaba brindando para poder pasar tiempo con Missa.
— ¿Quieren recolectar frutas con nosotros?
— Claro, entre más manos más fácil será el trabajo — La sonrisa en el rostro de Philza no disminuía para nada — Aparte así podemos darle tiempo más a los niños en que convivan.
Señalo Philza a Chayanne y Tallulah haciendo que Missa los mire notando como estaban en su mundo platicando y bromeando entre ellos.
Por lo que Missa quedó pensando un poco la propuesta del rubio entrecerrando los ojos cuando finalmente se le quedó viendo hasta que le dió una sonrisa divertida.
— Está bien, si tanto quieres venir — Caminó hasta donde estaban los niños tomando en sus manos la canasta ya lista que armó Chayanne para regresar con Philza y ponerla en sus manos — Sólo espero que no te aburras.
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— Lamento si fue algo aburrido recolectar frutas conmigo — Hablo Missa una vez que estaban caminando de regreso a su tienda teniendo en uno de sus brazos la canasta de frutas llena y en otra sostenía el brazo desocupado que Philza le estaba ofreciendo para caminar juntos teniendo detrás de ellos a los niños jugando.
— ¿Bromeas? — Exclamó Philza mirando a Missa incrédulo con una sonrisa — Yo lo adore, espero nuevamente poder acompañarte a recolectar frutas.
Una suave sonrisa apareció en el rostro de Missa haciendo que todo el ser de Philza quedará con una calma y alegría. Aunque su plan no fue como había contemplado en la mañana, no pudo estar más agradecido de poder tener un día completo con Missa haciendo otra cosa aparte de estar en su tienda.
Si recapitula todo, fue un aventura nueva para él y su hija Tallulah; siempre eran ellos dos recolectar la cosecha de su granja y no se quejaba para nada de esos momentos que tenia con su hija, es más, los atesora siempre que pasan, pero no negara que fue refrescante un aire nuevo de compañía con dos personas más y ver otra cosecha que no fuera la suya.
Un aire lleno de calma y tonterías en cada momento fue lo que disfrutaron todos. Aunque la tensión en varios momentos fue imposible no sentirla, bueno más que nada en Philza, ya que a la cosecha que fueron era del familiar de Missa que vive igual en el pueblo.
Y no esperaba recibir una bienvenida un tanto extraña.
— ¿Crees que le caí bien a tu hermano? — Pregunto Philza una vez que tomaba de la canasta de frutas para dejar que Missa abriera la puerta trasera de su tienda.
— Te amenazo y nomás no dejaba de verte como un alcón juzgando cada paso que dabas— Terminando de abrir la puerta tomo de la canasta de frutas agradeciendo en el proceso a Philza para poder ponerla en una de las mesas cercanas a la puerta — Supongo que le caiste bien — Bromeó Missa dándole una mirada burlona.
Suspiro con una mueca mientras recargaba su mejilla en el marco de la puerta — Si eso es caerle bien no me imagino caerle mal, probable no este para contarlo.
Al momento de escuchar la risa de Missa la expresión de Philza se suavizó con una sonrisa divertida, siempre será una victoria para él hacerlo reir como él lo hace reír.
— Ya es tarde — una vez la risa de Missa se detuvo suspiro para mirarlo todavía con una sonrisa — Enserio muchas gracias por acompañarnos, Phil.
— El placer es mío por dejar que te acompañará — Dejando de recargarse en el marco de la puerta tomo suavemente la mano de Missa para dejar un beso en el dorso de su mano obteniendo una mirada llena de sorpresa para luego tomar una sonrisa enternecida.
Sólo quedó un silencio.
Se quedaron viendo por unos breves momentos en tranquilidad. No había palabras que decir, todo se podría expresar con el silencio y la miradas que se daban.
Miradas llenas de un cariño acogedor.
— Oh, antes de que te vayas — Hablo Missa haciendo que el silencio se fuera; antes de que Philza respondiera lo dejo con las palabras en la boca soltándose de sus manos y yéndose adentro de la casa para después nuevamente asomarse teniendo consigo una caña de pescar y una bolsa donde se podía ver qué habia pan preparado — Ten.
Philza miro sorprendido lo que había traído Missa y como lo extendía para que lo tomara por lo que no tardo en agarrar de las cosas dudando un poco de su acción — ¿Por qué me das esto?
— Dijiste que venías por una caña de pescar en la mañana, así que tómala junto con el pan — Antes de que Philza reprochará Missa le cayo levantando su dedo índice — No necesitas pagar por ello, tómalo como un pequeño agradecimiento — Una sonrisa apareció en el rostro de Missa haciendo imposible que Philza casi no le de un ataque por tanta bondad que le estaba mostrando.
Si de por sí ya había quedado encantado con él, con este gesto fue inevitable no caer más.
— Muchas gracias — Pudo formular esas simples palabras luego de poder sacar su mente de la sorpresa mientras le daba una sonrisa llena de calma; aunque por dentro había una alegría que no podía expresar — Nos vemos luego, Missa.
— Claro, un gusto pasarla contigo y también contigo, Tallulah — Missa dirigió su atención a la hija de Philza dándole una suave palmadita en la cabeza recibiendo una sonrisa de respuesta — No duden nuevamente en visitarnos.
Después de unas últimas palabras de despedida Philza y Tallulah se fueron de la tienda emprendiendo ahora su largo camino hasta la granja donde viven antes de que llegue anochecer.
— Si vienes mañana a la tienda Dad, ya no traigas más pan, por favor.
Philza dejo de ver a su hija para mirar con una sonrisa la bolsa de pan preparado que le había dado Missa— No prometo nada.
Notes:
Está historia del deathduo está hecha para relajarte y divertirte en este universo alterno del deathduo cubitos (Ojo: No streamers!).
Está hecho sólo para fans.
Estaré colocando pequeños o largos escritos para que veas todo lo que creativo que tengo para este universo.
De igual forma si quieres ver dibujos del Au visita mi cuenta de Twitter: @CoffGigi
Chapter 3: 3
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Era un nuevo día.
Está vez Philza no había ideado un plan para ir a la tienda de Missa debido que hoy toca hacer trabajo en su granja.
Por lo que desde muy temprano en su casa hogareña una vez teniendo su ropa habitual de granjero puesta ya estaba alistando el desayuno para él y su hija. Aunque no sepa cocinar mucho, ya que la mayor parte se encarga su hija o en comprar comida, debía darle provecho a los montones de panes que tenía en la alacena así que optó en preparar panes de mermelada, mantequilla de mani y tomar en una de las bolsas de la alacena el pan de aguacate que Missa le había dado.
Una vez preparados los dejo en la mesa para poder ir hasta el cuarto de su hija. Suavemente abrió la puerta topando que todavía su hija estaba dormida, así que no dudo en acercarse para darle un suave beso en su cabello y dandole una sonrisa al notar que despertaba lentamente.
— Buenos días Lullah — Saludó mientras se sentaba en la orilla de la cama y dejaba que su hija se estira — Es hora de hacer trabajo en la granja por lo que ya hice el desayuno — Vio como Tallulah dejaba de estirarse para verlo prestándole atención — El menú de hoy será pan en tres diferentes preparaciones.
Una suave carcajada salió de Philza al notar como Tallulah soltaba un quejido y volvió acostarse en la cama al escuchar el dichoso menú del desayuno.
Ya iban varios días que seguían comiendo pan, debido a que Philza nomás no dejaba de comprar panes.
— ¡Oh, vamos, el pan es delicioso Lullah! — Exclamó Philza de broma viendo cómo Tallulah lo miraba en desacuerdo, por lo que le revolvió el cabello con cariño mientras reía — Aunque me pongas esa cara, se que te gusta el pan, así que a moverse.
Y sin esperarlo Philza tomo a Tallulah en sus brazos para llevársela a desayunar.
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Luego de un desayuno lleno de risas, quejas por parte de Lullah ante la cantidad de pan y muy malos chistes por parte de Philza, ambos se pusieron a trabajar en la granja.
Está vez el trabajo no era pesado sólo tenían que revisar que no haya hierba mala en el sembradío y regar la cosecha.
Y sin olvidar lo importante, debían darle de comer a los cuervos que cuidaban su granja.
Por lo que mientras Philza hacia el trabajo de quitar la hierba y regar, su hija Tallulah alimentaba a todos los cuervos con semillas y con pedazos de pan.
Si, Philza sabía que se pasaba en traer mucho pan a la casa, pero también podía sacar provecho en darles de comer a sus cuervos. Por lo que aparte de semillas les daba panes para poder sacar terminar con todo el pan que había y así tener más espacio para ir a comprar más después.
Así que era un ganar por ambas parte; a los cuervos de tener otra cosa que comer aparte de semillas y para Philza podría ir a comprar más pan y visitar a Missa.
— Me preguntó cómo estará Missa — Murmuró suavemente Philza para si mismo dejando de regar la cosecha para así agacharse para poder quitar la hierba mala que podría pudrir su cosecha — Debería darle algo por todo el pan preparado que me dió — De momentos que dejaba de quitar la hierba volteaba a ver a su hija y notaba como se divertía jugando y corriendo a todos lados con todos los cuervos de la granja, sonrió enternecido hasta que notó como uno de sus cuervos llegaba con él por lo que extendió su mano para que pueda aterrizar en su dedo y así acariciar sus plumas— ¿Y si lo invito a mi granja? — Escucho el graznido del cuervo haciendo que riera — Sería una buena idea, ¿No?
Antes de que siguiera entretenido hablando con el cuervo escucho más graznidos de cuervos aproximarse a él debido a que su hija se acercaba.
— ¡Dad! ¡Encontré una flor!
— ¿Enserio? — Notó como Tallulah asentía emocionada por lo que sonrió — Guíame para verla.
Tomando de su mano, ambos fueron hasta donde Tallulah había encontrado la dichosa flor teniendo detrás de ellos a varios cuervos siguiéndolos.
Una vez llegando al lugar era en unos de los tantos árboles de la granja, sólo que este destacaba entre los demás por el aspecto ya viejo que tenía.
— ¿Y dónde está la flor? — Pregunto Philza curioso al no notar nada en el lugar más que el árbol y la hierba algo alta que tenía. Tallulah lo jaló suavemente para llevarlo detrás del árbol para así tener ya en su vista la aclamada flor. Se quedó sin palabras ante el asombro, era una flor morada, parecía ser una petunia por su tamaño pequeño.
—¿Es hermosa, no?
— Si, es muy hermosa — Se puso en cuclillas junto con su hija para poder admirar de más cerca la flor. — Aunque es raro que esté aquí, este árbol viejo ya casi no tiene vida como los demás — Con la yema de sus dedos tocó suavemente la flor hasta que paso su atención a su hija al notar como jalaba de su ropa.
— ¿No piensas qué se parece a Missa?
— ¿Missa? — Ladeó la cabeza confundido.
— ¡Si! A mi si me recuerda a Missa, ya que es como un pequeño milagro llegando a un lugar ya viejo y monótono, así como te paso a ti, Dad.
Ante lo que dijo su hija, Philza no evito quedar pensativo mientras analizaba lo dicho y volvía a prestar atención a la flor.
'floreció una pequeña petunia en un lugar viejo y monótono, así como Missa llegó al pueblo dando un aire más alegre'
Pensó Philza y una suave sonrisa aparecía en sus labios. Si, definitivamente Missa se parecía a esta pequeña flor.
— ¿Que dices si le damos a Missa está flor? — Dio de sugerencia Philza a su hija notando como saltaba alegre ante su idea por lo que río — Siendo así, vamos por las cosas de jardinería para sacar la flor desde sus raíces y dársela en una maceta.
Teniendo plan en mente, ambos emprendieron su camino a la bodega de la granja teniendo de acompañantes los graznidos de los cuervos.
Philza ya tenía una nuevo plan para ir a la tienda de Missa.
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El suave tintineo se escuchó en la tienda llamando la atención de Chayanne que ahora le tocaba atender desde la caja, por lo que miro a la puerta notando que eran Philza y Tallulah llegando a la tienda, así que los saludó agitando de su mano de un lado a otro aunque quedó confundido al ver la maceta con una pequeña flor morada que sostenía Philza.
— ¡Buenos días, Chay! — Saludó alegre Philza una vez se habían acercado hasta la caja y habia revuelto el cabello de Chayanne — ¿Ahora te toco atender la caja?
— Si, mi papá está vez anda atendiendo a los clientes.
— ¿Y dónde está? — Chayanne apunto hacia una de las esquinas de la tienda haciendo que Philza mirara hacia esa dirección pudiendo ver a Missa.
Una suave sonrisa apareció en sus labios cuando en su visión se encontró a Missa, viéndose tan entusiasta hablando con el cliente aunque rápidamente la expresión de Philza fue reemplazada por una mueca al notar como la otra persona estorbaba en momentos su visión.
Pero si tarea fue interrumpida al sentir que jalan de su ropa volviendo la atencion en los niños.
— ¿Y esa flor para quien es?
— ¿Oh, la flor? — Chayanne asintió por lo que Philza le dió una sonrisa — Es para tu papá.
Chayanne antes de que pudiera hacer más preguntas tuve que prestar atención al cliente que se acercaba a pagar a la caja, por lo que Philza y Tallulah se hicieron a un lado para no interrumpir en el trabajo, aunque en ese momento Philza aprovecho que Missa ya no estaba siendo ocupado por ningún cliente y ahora estaba ordenando tranquilamente el estante para así acercarse hasta él escondiendo la maceta detrás de su cuerpo.
— Deberías tomar un descanso, Missa — Murmuró suavemente Philza obteniendo de reacción un grito de sorpresa y haciendo que Missa volteara a verlo.
—¡Dios mío! ¡Me vas a matar del susto! — Exclamó mientras suspiraba tratando de relajar sus nervios mientras notaba que Philza lo miraba con una sonrisa divertida — ¿Que es lo que te trae de nuevo a la tienda Philza? — Preguntó teniendo ya en su rostro una sonrisa más relajada.
— Para tu sorpresa está vez no vengo por pan.
— ¿No? — Ladeó la cabeza confundido mientras veía a Philza asentir confirmando su pregunta — Que bueno porque se acabó desde la mañana ahora que los demás clientes saben que alguien se lleva el pan muy temprano — Missa soltó una risa al notar la mueca en el rostro de Philza — ¿Entonces que es lo que te trae aquí?
— En primero, voy a llegar mucho mas temprano yo a tu tienda para comprar el pan — La risa de Missa incremento haciendo que Philza dejara a un lado su mueca y sonriera. Adora esa risa. — Y en segundo — Dejando de esconder la maceta detrás de su cuerpo deja que sea visible para Missa haciendo que esa risa que tanto ama disminuyera por una expresión de total sorpresa.
— ¿Una flor?
— Es para ti — Interrumpió Philza haciendo que aumentará más la sorpresa en Missa — Tallulah me dijo que se parece a ti, y tiene razón, es un pequeño milagro como tú.
Decir que Missa quedó sin palabras era una total verdad; no había ninguna palabra que saliera de su boca sólo una expresión de sorpresa y un gran sonrojo incrementaba en su rostro mientras su mirada seguía poniendo total atención a la pequeña flor sembrada en esa maceta.
Una pequeña flor morada, una petunia.
Y Philza, aunque los nervios lo estaban comiendo por dentro, su ser estaba enternecido por obtener una nueva reacción en Missa. Algo en si deseaba poder generar muchas más en futuro, así como sus sonrisas y risas.
— Tómala — Hablo Philza rompiendo el silencio tan acogedor — Como un pequeño regalo para ti.
Extendiendo la maceta espero paciente a qué Missa captará su acción, algo que lentamente fue entendido haciendo que sus manos se tocaran en breves momentos y pudiendo porfin entregar la maceta a la persona destinada.
— Oh Philza — Por fin la voz de Missa se escuchó como un suave murmullo mientras seguía mirando la pequeña flor que ahora sostenía en sus manos — No se cómo agradecerte este regalo.
— No hay necesidad — Tanto la mirada Philza y Missa se cruzará quedando profundamente viéndose — Tu sola presencia en este pueblo es un agradecimiento para mí.
Ahora un suave silencio estaba en ellos.
No había nadie más en su mundo que ellos dos. No habían palabras, no había necesidad de más palabras por más que Missa trataba de encontrar que responderle a lo que Philza le dijo; pero no había, nada se formulaba.
Y Philza tampoco buscaba una respuesta como tal, ya había consiguió lo que quería:
Ese brillo en los ojos de Missa.
Con solo ver ese brillo sabía que nuevamente se ganó en ver el cielo estrellado sin que la noche se haya asomado.
— Gracias Phil.
— Denada — Soltó un suspiro todavía sin apartar la mirada de Missa y su sonrisa no disminuyó — Te veo mañana temprano, nadie más me puede ganar ese delicioso pan.
La expresión de sorpresa en Missa disminuyó por su risa — Nos vemos mañana Philza.
Una última despedida de sonrisas fue lo suficiente para que Philza diera la vuelta y empezará a caminar junto con su hija Tallulah para irse a su granja.
Missa se quedó viéndolos como se iban y le dió una última despedida agitando a su mano alegre está vez a Tallulah cuando volteo a verlo.
Así Philza y Tallulah se fueron de la tienda de Missa.
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— ¿Te agrada mucho Philza, papá?
Missa detuvo de regar a la pequeña flor que había optado en dejarla en la ventana de su cuarto para mirar a su hijo con una sonrisa — Si, es un hombre muy agradable.
— Igual se nota que le agradas demasiado
— ¿Tu crees? — Preguntó mientras volvía a mirar a la pequeña flor con una sonrisa.
Desde que Philza le entrego la maceta la alegría de Missa no disminuyó en ningún momento, hasta a los últimos clientes los atendía con tanto entusiasmo de que por si ya tenia. Hasta al cerrar la tienda e irse junto con Chayanne hasta la parte de atrás de la tienda donde estaba la parte hogareña de su casa no dejaba de ver la flor que tenía ahora en su cuidado.
Hasta Chayanne también se alegro al ver la felicidad en el rostro de su papá.
— Yo si creo que a él le agradas demasiado papá
Soltó una suave risa mientras suspiraba— Eso espero.
Chapter 4: 4
Notes:
La festividad de pascua termino hace rato, pero escribí el capítulo inspirado en ese día y en ese mismo día JAJA
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Hoy era un día parcialmente nublado.
El sol se asomaba pero las nubes tapaban su resplandeciente brillo.
Está vez Missa solo abriría la tienda en la mañana para vender a las pocas personas que buscaban suministros, ya que todo el pueblo estaba decorando para la festividad de pascua que se realizaría esa misma tarde.
— ¡Vuelva pronto! — Despidió con una amable sonrisa al ultimo cliente. Una vez escucho el tintineo de la puerta cerrando suspiro y miro hacia la pared de atrás donde estaba su reloj de ardilla.
Eran las 12:40.
— ¿Philza no llego, papá?
— Al parecer no Chay — le revoloteo el cabello con una sonrisa — Supongo que se está alistando para el festival, igual está vez nadie se acabó su pan.
Soltaron una risa divertidos mientras proseguían en limpiar y acomodar lo que había quedado en la tienda para así pasado los minutos poner el cartel de 'cerrado por el festival' en la puerta.
— Bueno Chayanne — Llamó la atención a su hijo — ¡Vamos alistarnos para nuestro primer festival! — Con emoción ambos se fueron atrás de la tienda donde estaba su acogedora casa para poder organizarse para el festival.
Cómo se había aclarado, este es el primer festival que iban a celebrar Missa y Chayanne en el nuevo pueblo que fueron a vivir. Por lo que la emoción en ellos es muy grande, ya que por fin se sienten bienvenidos sin que existan los prejuicios que tuvieron que soportar en su anterior pueblo.
Así que para darles el agradecimiento a todos los pueblerinos, decidieron en llevar la comida y postres. Por lo que tanto los dos estaban ocupados preparando todo lo que llevarían para el festival.
Missa se encargaba de preparar lo de su especialidad, comida mexicana.
Y Chayanne preparaba los postres para degustar más tarde.
— Chayanne, mijo, ¿puedes ir a por más verduras para hacer una salsa picosa? — Pidió amablemente Missa obteniendo una respuesta afirmativa de su hijo que dejando el postre en el horno emprendió su caminata hacia el almacén que estaba afuera de su casa.
Una vez llegando tomo de la pequeña canasta para llenarla de las verduras que habían recolectado con su tío Spreen para la dichosa salsa, aunque su tarea fue interrumpida al escuchar el sonido de algo moviéndose por las cajas.
Con un aplauso Missa termino de preparar las últimas comidas para el festival mientras daba un suspiro.
— Bueno ahora sólo queda que llegue Chayanne con las verduras que faltan para la salsa — Se dijo a si mismo mientras procedía a revisar como iba el postre de su hijo en el horno.
Noto que no faltaba mucho para sacarlo por lo que le dejo la llama más bajita para que se cocinara con más calma y escucho los pasos rápidos de Chayanne viniendo hacia él por lo que volteo a verlo con curiosidad.
— ¿Chay? ¿Paso algo, patito? — Preguntó con curiosidad pero empezó a reír cuando vio que agarro un pan de la alacena y tomo de su mano para insistir en que fuera con él — Ya voy, ya voy.
Ahora los dos se fueron caminando hacia el almacén donde anteriormente Chayanne estaba recolectando las verduras; una vez llegando al lugar Missa quedó extrañado al ver cómo su hijo le daba el trozo de pan que agarro y le pidió amablemente que se agachara por lo que eso hizo. Pero antes de que Missa preguntara que hacían aquí escucho el graznido que hizo ponerlo en alerta y percatarse de un cuervo algo pequeño salía de su escondite en el almacén y empezaba a volar encima de ellos dejando asombrado a Missa y a Chayanne más emocionado.
— ¿Un cuervo? — Pregunto extrañado viendo cómo el graznido volvía a sonar por lo que extendió de su brazo haciendo que el ave aterrizará en sus dedos y lo mirara fijamente con esos ojos penetrantes — ¿Que hace un cuervo aquí?
Chayanne se encogió de hombros mientras daba pequeños saltos para poder alcanzar al cuervo y acariciar sus plumas obteniendo una respuesta encantadora del aviar.
Por su parte, Missa seguía observando con curiosidad al cuervo hasta que optó por acercarle el pan consiguiendo que el aviar dejara de prestar atención a las caricias que le daba Chayanne para empezar a picotear el pan que le era ofrecido sacándole una risa divertida a Missa por notar la insistencia en comer del pan y ver cómo le encantaba.
— ¿Por eso trajiste este pan? — Obtuvo una respuesta afirmativa de Chayanne por lo que sonrió — Me recuerdas a alguien que igual le encanta mucho el pan — Le hablo está vez al cuervo obteniendo un graznido de repuesta como si le respondiera — ¿Me preguntó si vienes por parte de Philza para obtener pan gratis? — Pregunto en modo de broma teniendo nuevamente en respuesta el graznido del cuervo que seguía comiendo entretenido su pan.
Aunque Missa no habia visitado la granja de Philza de lo que le lleva conociendo, sabe por parte de él y como algunos del pueblo le han confirmado, que es el único de todas las granjas que tiene demasiados cuervos cuidando de su cultivo.
Por lo que este pequeño cuervo puede ser uno de los tantos cuervos que tiene.
Aunque Missa todavía tiene la duda de que hacia esa criaturita en su almacén.
— Bueno, pequeño intruso — dándole el último pedazo al cuervo en su pico lo depósito suavemente en el cabello de Chayanne obteniendo risas divertida de su hijo al ver qué se acurrucó como si fuera un nido — Nos acompañaras mientras terminamos de hacer los preparativos del festival.
Ahora dando vuelta tomo de la canasta que su hijo había llenado de las verduras que faltaban para poder terminar las preparaciones y se fueron devuelta a la casa teniendo ahora en su compañía al pequeño cuervo.
Tenían que terminar pequeños detalles de la comida y alistarse ellos.
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Philza está vez no había ido a la tienda de Missa.
Algo triste para el mismo, pero tenía una buena razón de porque no fue; quería prepararse junto con su hija para el festival del pueblo.
Al ser alguien solitario casi no iba a las festividades del pueblo, o si iba, nada más era en corto periodo de tiempo y convivir con las pocas personas de confianza que tenía.
Y que Tallulah jugará con los demas niños del pueblo.
Pero está vez sería diferente.
Estaría Missa en el festival.
Obviamente no va a desaprovechar oportunidades como estás.
Por lo que desde muy temprano desde que el sol salió, organizo toda las tareas de su granja junto con su hija, y también estuvieron pensando que darle tanto a Chayanne como a Missa como muestra de cariño por su primer festival.
De tanto pensarlo, ambos llegaron en acuerdo en que darles; A Chayanne le darían una espada de madera con un pequeño patito tallado en la misma y a Missa le harían un collar escogiendo de las tantas preciosas gemas que aveces Philza recolecta.
Por lo que el resto de la mañana terminado el trabajo de la granja estuvieron preparando los regalos. Tallulah se encargaría de hacer la espada con la madera ya curada que tenían y haría el patito siendo supervisada por todo momento de Philza que no se cortará o encargará astillas; mientras Philza buscaría en su caja especial que gema podría dar en forma de collar.
Después de varios intentos y risas compartidas pudieron terminar los regalos como querían. Philza miro al reloj de su comedor notando que ya eran las 2:40.
Ya pronto se haría el festival.
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Dió un último vistazo en su atuendo dando un buen cumplido a si mismo. Está vez no tendría su atuendo de siempre, optó por ponerse su camisa abotonada verde con pantalones de mezclilla y sus botas favoritas de granja.
Sip, definitivamente quería verse presentable para la ocasión.
— ¡Tallulah! ¿Ya estás lista? — Saliendo de su cuarto busco a su hija encontrando la en la sala de la casa ya cambiada y alistando las flores en las canastas que podrían en el festival. — ¿Estás lista, pequeña?
Tallulah asintió con una sonrisa mientras tomaba el regalo de Chayanne en una de sus manos y con la otra tomaba una de las canastas de flores.
Philza guardo la caja donde tenía el collar para Missa en el bolso de su pantalón y tomo las otras dos cestas de flores para así emprender su camino hacia el festival.
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Las 4:30.
Ya la tarde se asomaba con el sol brillando sin que ninguna nuble lo tape.
Cuando Philza y Tallulah habían llegado al centro del pueblo donde sería el festival, saludaron a toda persona conocida del lugar mientras acomodaban las flores dónde debían estar en la decoración; aunque de momentos Philza miraba por la plaza por si ubicaba a la persona que queria ver.
A Missa.
Ya algunos de sus conocidos le confirmaron que si vino, ya que en el centro de la plaza estaba la mesa donde estaban algunas preparaciones de comida que había hecho Missa, pero tuvo que retirarse un momento con su hijo para ir por el postre.
Pero los nervios en Philza estaban intensificando un poco una vez que terminó de acomodar las flores y todavía no había presencia de Missa y Chayanne por ningún lado.
Iba tomar un respiro para poder relajarse y dar una última vista a la plaza, pero su respiración se detuvo cuando por fin lo vio.
Lo vio, llegando junto con Chayanne teniendo en sus manos una bandeja de los postres, eran cupcakes de diferentes a colores.
Aunque la atención de Philza estaba mas en Missa.
Era ya común verlo con su ropas que tenía para atender la tienda. Pero está vez, así como el, Missa tenía la vestimenta diferente.
Un suéter morado, pantalones negros, tenis del mismo color que su suéter, y lo que ya tenía identificado en él, su sombrero café para el sol.
Para Philza, era como ver una gema tan preciosa de entre tantas rocas.
— ¡Philza! ¡Tallulah! — La ensoñación del rubio acabo una vez que escucho la voz de Missa estando frente suya saludando lo con una sonrisa tanto a él como a su hija Tallulah — Me alegra verlos.
— Missa — Le dió una sonrisa alegre — A ti siempre verte me alegras el día — También saludo a Chayanne revoloteando su cabello amistosamente para luego extender sus manos a la bandeja para poder tomarla — ¿Quieres que te ayude con eso?
— Oh, claro, si no hay problema.
— Siendo tu, ningún problema existe — Tomo de la bandeja de los cupcakes para poder dejarlas en la mesa de la comida dejando a un Missa atónito por sus palabras.
Tanto Tallulah y Chayanne se rieron de la reacción de Missa mientras tomaban de sus manos para hacer que caminara para el centro de la plaza.
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La tarde avanzaba.
La apuesta del sol estaba ya en el cielo.
Los niños jugaban divertidos, ya que el evento era dedicado para ellos, mientras algunos adultos jugaban con ellos o si no se ponían a platicar entre ellos.
Tallulah ya había entregado el regalo que le había hecho a Chayanne, obteniendo una reacción de sorpresa y alegría, pero llevándose ella igual la sorpresa de que Chayanne le había cocinado un pequeño cupcake decorado especialmente para ella. Por lo que ambos niños estaban disfrutando de la compañía del otro dejando a sus padres solos.
Ya solo faltaba Philza en entregar su regalo.
Por lo que decidido se acercó hasta donde se encontraba Missa entretenido viendo a los niños del pueblo jugar.
— ¿Le permites a este granjero pasarla contigo en el festival? — Una vez cerca le extendió su brazo hacia Missa teniendo en su rostro una encantadora sonrisa.
Missa soltó una risa divertido mientras aceptaba en tomar de su brazo — Con todo el gusto.
Ambos empezaron a caminar tranquilamente por la plaza empezando a platicar entre ellos, diciendo halagos al otro, datos curioso e innecesarios que decía Missa pero que Philza escuchaba con tanta atención, momentos silenciosos pero cómodos dónde apreciaban la compañía del otro y ratos dónde se unían a jugar con los demás niños.
Una tarde agradable la estaban pasando entre ellos dos.
— Por cierto — Llamo la atención de Missa después de que habían decido en sentarse en una de las bancas de la plaza para mirar como el atardecer pronto se iría. — ¿Cómo te sientes en lo que llevas ya viviendo en este pueblo, Missa?
— La verdad me he sentido demasiado bien — Missa le dió una sonrisa cálida mientras volvía su vista al atardecer — Si lo comparo dónde anteriormente vivía, realmente agradezco estar ahora aquí.
— ¿Enserio? — Missa asintió haciendo que Philza tenga una sonrisa. — ¿Cómo era donde anteriormente vivías?
La mirada de Missa decayó un poco en tristeza alarmando a Philza que era algo que no debía haber preguntado.
— No me gusta hablar mucho sobre eso — Comentó soltando un ligero suspiro melancólico mientras desviaba su mirada — Pero sólo puedo decirte que no era un buen lugar para vivir.
Ahora la atmósfera en los dos había quedado en silencio; peor ya no era tan cómodo como anteriormente había estado, era tenso, agrio y triste.
Algo en Philza le daba curiosidad saber cómo había vivido anteriormente Missa, pero por esa reacción sabía que no era momento para saberlo o seguir haciendo que recuerde eso.
Tomo un respiro para luego acercarse un poco más hacia Missa para poder tomar delicadamente su mano entre la suya y entrelazar sus dedos consiguiendo en llamar nuevamente su atención.
— Lamento por como viviste antes — Apretó su mano suavemente — Pero, al menos ya estás lejos de ese lugar y ahora estás aquí — Le dió una ligera sonrisa una vez que tuvo su mirada en el — Siendo bienvenido por todos aquí — Missa le sonrió haciendo que Philza nuevamente sienta paz por lograr hacerlo sonreír. — Y también enamorando a todos con esa belleza que tienes.
Missa resopló mientras rodaba los ojos divertido aunque un ligero sonrojo se asomo en su rostro — Tampoco necesitas decirme mentiras Phil.
Philza río mientras con su mano desocupada acariciaba su mejilla — Hey, no miento, cualquiera sabría que digo la verdad, tu belleza es algo que no se ve todos los días — Apretó su mejilla de forma divertida al ver que consiguió dejar a Missa más rojo de la cara.
Antes de Missa trata de decir algo ante eso Philza desvío su mirada al cielo notando que ya pronto la noche vendría, por lo que significa que el festival pronto terminaría.
— Es hora de irnos — Murmuró suavemente dando un último apretón a su mejilla para poder al fin soltarla para levantarse de la banca y ofrecer de su mano — ¿Nos vamos?
Missa quedó un momento en silencio tratando de asimilar todo en tan solo unos minutos, pero su mente no podía todo fue tan de repente. Pero tampoco le incómodo. Fue algo tan agradable para su ser.
— Vámonos Philza.
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El festival había terminado por lo que todos del pueblo sé despidieron y empezaron a ir a sus casas para descansar.
Antes de que Philza y Tallulah se fueran hasta su granja decidieron primero acompañar a Missa y Chayanne a su casa. Aparte el rubio quería aprovechar de dar su regalo antes de que termine el día.
Por lo que duraron un poco más conviviendo entre ellos frente a la casa de Missa. También en ese rato Missa aprovecho en mostrarle al cuervo intruso que había visitado su almacén para saber si Philza lo conocía, teniendo una respuesta afirmativa junto con una mueca por parte del rubio.
— Si, ese travieso cuervo nunca me hace caso y siempre se va de mi granja a molestar a los demás.
— Ouh, pero no es molesto, es muy agradable.
Resopló — Eso quiere hacer que creas, pero es una pequeña mierda.
Missa soltó una risa divertido mientras veía como el cuervo graznaba a Philza y se iba volando lejos de su casa.
— Muchas gracias por acompañarnos — Habló Missa luego de un momento de silencio que tuvieron mientras veían como el cuervo se iba — De igual forma pasarla conmigo en el festival.
— Para mi siempre sera un total gusto acompañarte en dónde sea que estemos — Philza cambio su mueca a una sonrisa y antes de que hubieran más palabras de despedida, con su mano saco la pequeña caja que guardaba en su pantalón para extenderla — Esto es para ti, muestra de cariño y agradecimiento por tenerte aquí en este pueblo.
Missa quedó viendo atentamente la caja para después tomarla suavemente y abrirla pudiendo apreciar un precioso collar sosteniendo una gema verde.
— Philza
Lo callo tomando entre sus manos las suyas que seguían sosteniendo la caja — No tienes que agradecer o mortificar tu mente en buscar algo para darme de regreso, ya tenerte aquí viviendo en este pueblo es mi regalo eterno — Suavemente beso sus nudillos para darle una última sonrisa de despedida— Descansa, Missa.
Soltando sus manos lentamente llamo a Tallulah para así despidiéndose de Chayanne se fue junto con su hija en dirección al camino que tomaban siempre para llegar a su granja.
Ambos tenían muchas palabras que decir, más que nada Missa por todo lo que hizo Philza este día, pero teniendo en su cuerpo una profunda alegría.
Si, fue un día muy satisfactoria tanto para Philza como para Missa.
Chapter 5: 5
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— Está vez no lleves pan, Dad
— Pero el pan está delicioso.
— Todavía hay pan en la casa
Un suave mueca se asomo en el rostro de Philza — Está bien tu ganas, está vez no llevaré pan — Dejo las pinzas en el respaldo no sin antes tomar un pan dulce y guardarlo en la bolsa hasta que noto la mirada juzgadora de su hija haciéndolo reír divertido — Jamás dijiste que no podía un pan dulce.
Siguieron caminando por la tienda, notando cada objeto y suministro nuevo que tenía a la venta, aunque de vez en cuando Philza volteaba a ver a la persona que siempre esperaba encontrar cada que venía al lugar.
Missa.
Podía notar como estaba ocupado atendiendo a los clientes en la caja registradora teniendo siempre su sonrisa encantadora y llena de vida.
Su risa podía escucharse después de terminar sus chistes con el cliente haciendo el ambiente más ligero y acogedor.
Y algo más en que destacaba y que Philza no tardo en notarlo: ese precioso collar que le regalo, lo llevaba puesto, lo tenía luciendo en su cuello con orgullo.
Combinado con sus ojos.
Siendo tan deslumbrante.
Definitivamente Philza escogió la mejor gema; su felicidad no podía disminuir en ningún momento.
Talvez debería regalar más collares a Missa, era lo que su mente pensaba cada que lo veia.
Aunque su atención termino cambiando luego de tomarse por sorpresa como Chayanne llegaba con ellos con una de las cajas llenas de verduras.
— ¡Tallulah! ¡Señor Philza! ¿Están buscando algo?
— Sólo estamos viendo, Chay — Le revoloteó el cabello sacando una risa al niño — ¿Quieres que te ayude con eso? — Pregunto amablemente extendiendo una de sus manos pero al recibir la negativa de Chayanne aparto su mano. — Entiendo, eres el niño fuerte de la tienda, ¿Verdad? — Sonrió al notar como asentía eufórico y nuevamente tomaba su rumbo en acercarse al estante para poder dejar la caja de frutas para que sean vendidas.
Vio como nuevamente Chayanne volteaba a su dirección esta vez dirigiéndose para hablar con Tallulah por lo que prefirió en dejar a los niños solos para que pudieran convivir y así podría seguir explorando la tienda.
Y poder ver más a Missa.
Sabía que no podía interrumpir, aunque cuando llegó a la tienda se saludaron de lejos, no podía llegar hablarle ya que estaba trabajando.
Pero no podía quedarse así.
Necesitaba hablar con Missa.
¿Razón en específico? Debía nuevamente escuchar su voz.
Desde la última vez que vio a Missa en el festival, no fue a su tienda casi una semana completa por estar ocupado en el trabajo de su granja y haciendo tratos con vecinos cercanos para la compra de la cosecha; así que no pudo ver a Missa desde ese día.
Por eso hoy en la tarde, sin ya tener más trabajo por hacer vino con su hija Tallulah para poder relajarse.
Aunque no contaba que está vez habían llegado más clientes. Suponía que era por las nuevas cosas que pusieron en venta, ya que Philza admitía que si habían cosas interesantes para comprar y utilizar; tanto para el trabajo en la granja, cacería y preciosas manualidades de decoración.
Philza no era de comprar cosas, algo ya muy sabido de él, ya que todo lo tenía en su granja y las podía crear, pero viendo todas las cosas que vende Missa sin problemas llenaba su casa de cosas necesariamente innecesarias. Aunque sabía que no podría; Tallulah ya lo estaba regañando por tener mucho pan en la casa, si compraba otras cosas sabría que tendrá mas regaños por su hija por lo que debía moderar su compra impulsiva.
Pero llevar una bolsa de semillas para flores no era mala idea. Aparte su hija le gustan las flores y está en oferta, así que se salva de un regaño.
Siguió caminando por la tienda hasta que estuvo más cerca de la caja registradora. Ya solo faltaba una persona para que Missa esté desocupado por lo que para Philza era buen momento para tomar fila.
Para tratar de no verse tan obvio y esperar a que Missa terminara a atender al cliente seguía entretenido viendo la bolsa de semillas que tomo leyendo los instructivos y que tipo de flor saldrían de estás mismas.
— ¿Así que ahora en vez de pan van hacer semillas de girasol las que llevaras, Phil? — La voz que tanto espero escuchar estos dos días, por fin se dirigía a él. Su mirada dejo de ver la bolsa para poder mirar a Missa.
Su sonrisa tan alegre como juguetona. Sus ojos llenos de vida y brillantes. Su misma ropa de siempre para atender la tienda y ese precioso collar de gema que combinaba con el.
Al fin Philza pudo sentir como todo su cansancio de los dos días anteriores se iba.
— Bueno, ya fui regañado por mi hija por tanto pan — Se acercó hasta la caja para poder dejar la bolsa de semillas y su pan de dulce — Pero aún así no voy a evitar comprar un pan de dulce para comer de camino.
— Tramposo.
— No es trampa, ella dijo que no llevará pan pero solo específico el normal, más no el de dulce.
Una suave risa salió de Missa mientras negaba divertido. Una palmadita se dió Philza mentalmente, consiguió sacarle una risa después de dos días de no escucharla.
— Eres un caso perdido — Missa empezó a tomar las cosas que se llevaría Philza para registrarlas y poder cobrar — Es bueno verte otra vez.
— Igual para mí — Philza se recargo en la caja mientras seguia observando a Missa atentamente. — Después de un largo trabajo, verte es mi descanso perfecto.
Una suave sonrisa nerviosa se asomo en el rostro de Missa por las palabras mientras le entregaba a Philza su pequeño mandado — ¿El trabajo estuvo horrible? — Lo miro con algo de pena al escuchar el quejido mientras tenía una mueca en su rostro y se recargaba más en la caja— Así que si estuvo horrible.
— No tienes ni idea, fue como la mierda.
— Pues te comprendo, igual mi trabajo fue muy atareado — Tomo en sus manos el dinero de la paga para ponerlo en la caja mientras suspiraba y cerraba los ojos haciendo notar su cansancio — Tantos clientes vinieron que apenas hoy fue un día tranquilo.
La mueca en el rostro de Philza no disminuyó en ningún momento al saber que su persona favorita del pueblo que alegraba sus días de igual forma estaba cansado de tanto trabajo; por lo que se quedó pensando un poco antes de tomar una de sus manos llamando la atención de Missa que abrió los ojos con sorpresa para quedarse viendo fijamente ambos esperando alguna palabra que decir.
— ¿Cuando descansas?
Inclino suavemente la cabeza confundido — Sabes que no tengo un día de descanso preciso, los únicos días son cuando recolectó verduras con Chayanne, pero siempre trato de tener la tienda abierta para el pueblo.
— Pero no te vendría mal descansar, los del pueblo entenderán que su tienda favorita igual necesita relajarse — Le dió una suave sonrisa a Missa al notar que lo había dejado pensativo — ¿Que tal si mañana vienes a mi granja?
Ante la propuesta que había soltado quedo un suave silencio entre ambos, no era incómodo pero si había nervios y sorpresa que no se podía evitar.
— ¿A tu granja?
— Si, ya sabes, para descansar y estar alejado de tu trabajo — Empezó a explicar manteniendo todavía su mirada en él, confiado — Chayanne y tú necesitan descansar más y que mejor que hacerlo con nosotros.
— No lo sé — Agachó su mirada dudando mientras apretaba las manos de Philza que seguían sosteniendo las suyas — ¿Realmente no habrá problema en eso?
— Claro que no, sería un total gusto que vengas, así puedo enseñarte varias cosas y convivir más entre nosotros.
Luego de la explicación sólo había quedado más en silencio sin recibir más respuesta. Philza podía notar como Missa seguía dudando por lo que soltó una de sus manos para poder tomar suavemente de su mentón para hacer que lo mirara dándole una sonrisa tranquila.
Apesar de que Missa dudaba, se veía todavía brillo en su mirada.
Cómo Philza adora ver eso.
— Porfavor Missa — Empezó hablar suavemente —Haces mucho por trabajar para el pueblo pero necesitas relajarte más — Apretó su mejilla con cariño — No me gusta ver ese rostro agotado.
Y Missa.
Missa estaba en conflicto. Talvez sea absurdo que dude mucho, pero desde que llegó al pueblo a los únicos que ha visitado hasta su casa nada más es a su hermano y a uno de sus amigos que tiene aquí.
A otra casa que no sea de ellos se le hace tan extraño; y tampoco es la primera vez que le proponen eso, uno que otro del pueblo le dice lo mismo que merece descansar y lo invitan a salir.
Pero siempre rechaza amablemente su oferta.
Extrañamente con Philza no puede.
Porque una parte de Missa sabe que no debe desaprovechar la oportunidad, así podrá conocer mejor a Philza y convivir mas, como la vez que convivieron en el festival y recolectando una vez frutas con los niños.
Descubrió que le gusta pasar el rato con Philza, mas que con cualquier otro del pueblo.
— ¿Entonces? ¿Que dices Missa?
Le dió una suave sonrisa haciendo que el corazon de Philza se relaje completamente de los nervios que estaba teniendo por pensar que recibirá un rechazo.
— Mañana iremos a tu granja, Phil.
Chapter 6: 6
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Bueno, talvez las cosas habían cambiado como originalmente tenía pensado Philza.
Por la emoción se le olvidó por completo analizar más a detalle el plan; siempre cuando está con él se vuelve muy despistado.
Analizando, Missa no sabe donde quedaba su granja, por lo que era obvio que sin un guia se perdería por el bosque.
Pocos amigos le habían dicho que se perdían cuando iban a visitarlo, ya que su granja esta muy escondida, por lo que Missa al ser nuevo y no saber de más granjas aparte de los pocos conocidos confiables que tiene, era obvio que se perdería mas fácilmente.
Lo bueno que Philza tenía algunos cuervos entrenados que avisaban cuando alguien se acercaba a un rango aproximado a su granja por lo que le hicieron más fácil la búsqueda de Missa.
Por lo que aquí estaban, a la orilla de un lago no tan profundo que esta cerca de la granja de Philza.
Chayanne y Tallulah jugaban entre ellos echándose agua y corriendo.
Mientras los papás caminaban entre las piedras mojando sus pies con el agua.
Los planes cambiaron, pero al menos están juntos.
— Enserio perdón por no haber ido por ti — Ya era la cuarta vez que Philza se disculpaba por lo que para Missa nada mas le seguía dando risa por verlo tan apenado y con una mueca.
Las muecas de Philza siempre le daban risa.
— Oh Philza, no fue tan malo, tan perdidos no estábamos Chayanne y yo — le dió una sonrisa divertida — Pero para la proxima mejor te pido indicaciones a ti en vez de pedírsela a los del pueblo.
— Es que no debes de pedir indicaciones yo debí ir por ti — Soltó un suspiro mientras se agachaba un momento para recoger una de las rocas del agua y después aventarla lejos haciendo chapotear por el impacto.
— Vamos tampoco te eches más culpa — Missa coloco una de sus manos en el hombro de philza para llamar su atención para darle una sonrisa tranquila — Ya estamos juntos ¿No? Tampoco está todo perdido.
— Tienes razón.
Quedaron un momento en silencio, teniendo ambos la vista hacia el cielo.
Está vez el día estaba soleado, el sol resplandecía con tanto brillo que casi podría quemar la piel, por lo que si fue buena idea ponerse los gorros para el sol.
La vista de Philza se aparto un momento del cielo para mirar de reojo a Missa; apesar de que el sombrero le cubría el sol aún así podía notar lo tan brillante que es Missa.
Y lo importante ese collar lo seguía teniendo Missa puesto en su cuello.
Definitivamente Philza no podía pedir más.
— Tengo una duda — Habló Missa haciendo que Philza dejé de mirarlo para no verse tan obvio y solo hizo un sonido dando entender que tenía su atención — ¿Porque vives tan alejado del pueblo?
— Me gusta tener tranquilidad en mi vida.
— Pero, el pueblo tampoco es tan ruidoso — Philza volteo a ver a Missa con una mueca haciéndolo reír divertido — Me retracto, pero, ¿Realmente es la única razón por la que te fuiste a un lugar más alejado?
— Si — Notó como Missa lo miraba incrédulo ante su nula afirmación haciendo que suspirara— Antiguamente tuve situaciones con el alcalde del pueblo — Empezó a explicar — Esas situaciones por un momento no eran tan graves, hasta las podía ignorar, pero luego empezó a ser molesto que ya ni Tallulah y yo podíamos estar viviendo en el pueblo — Se quedó en silencio un momento haciendo que Missa lo mirara con tristeza.
— ¿Que problemas eran?
Philza quedó un momento en silencio haciendo que Missa se pusiera nervioso pero luego volteo a verlo con una sonrisa medio burlona.
— Si tú no me cuentas como era vivir en tu antiguo pueblo, yo no te contaré porque ando alejado de este pueblo — Obtuvo una mueca de Missa sacándole una risa — ¿Es justo no?
— Supongo que tienes razón.
Philza sonrió divertido y tomo de su mano entrelazando sus dedos para empezar a caminar nuevamente por todo el lago sintiendo como el agua se movía por la corriente y teniendo de fondo la risa de sus niños jugando.
Ellos sabían que todavía tenían cosas ocultas entre los dos. Era normal por el hecho de que se conocen apenas en estás salidas que están teniendo y nada más sus pláticas normalmente son variadas pero nunca llegando a ser tan serias para tomar temas delicados que no quería soltar.
Con el tiempo sabrían mas del otro.
¿Talvez?
— Sabes, algunos del pueblo me dijeron que tuviera cuidado contigo.
— ¿Enserio?
— Si — Hundió su mano en el agua para tocar los peces que nadaban siguiendo la corriente — Me decían que probablemente me convertirás en un cuervo.
Philza frunció con ceño con una sonrisa burlona — ¿Convertirte en un cuervo?
— Si, como eres amante de ellos y tu granja tiene mucho de ellos, me convertirás en uno para tenerme siempre contigo — Explico todavía pasando su mano por toda el agua — Eso según me dijeron.
Philza soltó una risa incrédula mientras seguía agachado junto con Missa mirando como los peces nadaban y el agua brillaba por el sol. Un lugar tranquilo; un paraíso totalmente para Philza.
— Pues talvez debes creerles.
— ¿En qué me convertirás en cuervo?
— No
Missa volteo a verlo con duda — ¿Entonces en qué les creo?
— En que quiero tenerte conmigo para siempre.
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El sol se fue.
La luna empezaba a ser el foco de atención en todo el cielo oscuro lleno de estrellas tan brillantes.
El paseo por el lago acabó por la tarde por lo que desde hace rato se habían ido ahora a la granja de Philza para poder preparar algo para comer debido que los niños ya tenían hambre.
Así que estando en la casa de la granja de Philza, Missa y Chayanne prepararon una rica comida haciendo que Tallulah celebre porque no comería está vez pan aunque si aprovecho para preguntarle a Missa que otras formas podía preparar el pan para poder acabar con toda la bolsa que había comprado su papá Philza.
— Si quieres, un día hacemos repostería y te enseño cuántas recetas puedes hacer para acabar con todo ese pan — Río divertido al notar como Tallulah asentía emocionada por su idea.
Pasaron toda la tarde y parte de la noche riendo y haciendo bromas muy tontas. Se sentía tan acogedor, un ambiente tan reconfortante y cálido.
Un ambiente familiar tan encantador.
Una familia.
Aunque no eran una familia.
— Buenas noches, no sé vayan a dormir tan tarde — Aviso Philza mientras se despedía de Chayanne y Tallulah que iban tan emocionados al cuarto de la niña para poder hacer una pijamada.
Cómo ya era tarde, Philza no quería arriesgar que Missa le pasará algo de camino de regreso al pueblo, por lo que le pidió que se quedara está noche en su granja. Missa dudo en su momento, pero termino aceptando ya que no quería poner en riesgo la integridad de su hijo o preocupar demás a Philza.
Además a los niños les beneficiaba porque querían seguir jugando.
— ¿Enserio no es molestia que nos quedemos aquí?
— No Missa, prefiero mejor que te quedes a dormir a que te pase algo en la noche — Philza se quito la liga de su cabello haciendo que todo su cabello rubio quede suelto mientras se estiraba haciendo que parte de su espalda truene — No me lo perdonaría si te pasa algo.
— Lo entiendo — Murmuró suavemente Missa estando sentado en la otra esquina de la cama — Pero tampoco era necesario que me dieras una pijama, podía dormirme con mi ropa, no era incómoda.
— Lo sé, pero prefiero mejor que estés más cómodo — Philza volteo a verlo dándole una sonrisa al ver cómo el azabache seguia mirando con duda la pijama que tenía puesta. Internamente Philza agradecía tener esa muda de ropa que le quedaba muy bien a Missa — Aparte te queda bien, hasta te la puedes quedar.
— Tampoco Phil.
— Bueno, solo decía — Río mientras se acercaba a la cama para poder tomar una de sus tantas almohadas y ponerla en medio de los dos — Tu espacio será el de haya — Señalo donde estaba sentado Missa — Y el mio aqui.
— Ay no, no quiero quitarte tu cama Phil, mejor duermo en el sillón.
— Tonterías duermes aquí — Una mueca se mostró en su rostro al ver cómo negaba — Está bien, entonces yo me iré a dormir al sillón.
— ¡Phil, es tu cama!
— Yo prefiero que tú estés cómodo antes que yo — Contraatacó — Duermes en la cama y yo me iré al sillón.
— ¡No! — Exclamó alterado al ver cómo Philza tomaba de su almohada — Está bien dormiré en el lado de la cama, pero no te vayas al sillón, que así no es justo.
Philza le dió una sonrisa victoriosa mientras volvía acomodar la almohada en su lado de la cama — Perfecto, vez que no era tan difícil, aparte la cama es grande podemos dormir sin ningun problema.
— Tu ganas.
Terminando de acomodar su lugar prosiguieron en acostarse cada quien en su lado teniendo de barrera la almohada que los separaba en medio. Aunque no había cansancio en sus cuerpos; apesar de que pasaron un agradable día de descanso juntos, todavía sus cuerpos seguía con algo de energía.
Cómo si faltará algo más.
Algo más que hacer.
Algo más que decir.
Philza que se había acostado boca arriba quedando unos momentos pensando mirando el techo hasta que al voltear a un lado divisó la gran ventana de su cuarto notando la luz de la noche asomándose. Un idea se pronunció en su mente, por lo que se volvió a levantar de la cama llamado la atención de Missa que seguía igual despierto para indicarle que lo siguiera hasta la ventana.
Una vez estuvieron ambos cerca de la ventana, Philza la abrió para poder dar bienvenida a la luz de la luna y estrellas.
— Me alegra que hayas aceptado — Hablo Philza una vez que se recargo en el marco de la ventana — En descansar conmigo — Explicó con una risa notando la confusión de Missa.
— Oh, pues era una oferta muy buena como para rechazarla — Missa se sentó en el gran marco de la ventana mirando hacia el cielo con una sonrisa.
— ¿Si alguien más te hubiera propuesto esto lo aceptarías?
— No — Volteo a verlo viendo la mirada sorprendida de Philza haciéndolo reír — Así que siéntete afortunado — Bromeó.
— Afortunado ya era desde que te conocí.
— Oh Phil — Negó con una sonrisa — Siempre tienes que salir con esas palabras.
— Porque son la verdad, eres como esa estrella tan deslumbrante en un lugar tan aburrido — Vio como Missa rodó los ojos divertido por lo que sonrió — No entiendo porque no me crees.
— No lo siento creíble.
— ¿Y es más creíble lo que dicen de mí que te convertiré en un cuervo? — Missa elevó los hombros con una sonrisa haciendo que Philza en broma ponga una expresión dolida — Mierda, justo en mi ego.
Ya sólo risas se escucharon por parte de ambos quedando nuevamente en un ambiente lleno de silencio y paz. No había incomodidad, solo calma.
Todavía seguían apreciando la vista del cielo desde la ventana teniendo un último momento de calma antes de nuevamente volver a la rutina.
Philza suspiro dando una última vista al cielo — Espero que siempre te sientas cómodo aquí — Murmuró suavemente antes de voltear su mirada a Missa y notar que había quedado dormido recargado su cabeza en el marco de la ventana. Dejando de recargarse en el marco y acercarse para ayudarlo a ir a la cama.
Ya el día había terminado para ambos.
Chapter 7: 7;
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Decir que Philza tuvo el mejor sueño en toda su vida sería una verdad que sin duda presumirá si le llegas a preguntar.
Durmió tranquilamente con Missa.
Obvio, cada quien en su lado de la gran cama de Philza, pero durmieron con tanta paz que al día siguiente no fue sorpresa que despertarán casi abrazados.
Si no fuera por la almohada del medio, si estarían abrazos.
Detalles molestos para Philza, pero eso no hará que su felicidad disminuya.
Su mañana también fue tan agradable.
Despertar y ver a Missa profundamente dormido, aprovecho para mirarlo detalladamente su rostro, podía notar sus facciones tan llenas de calma; no iba a desperdiciar la oportunidad, casi nadie tendría el privilegio que tenia él de verlo en ese estado.
Esperaba poder verlo más en esa forma.
¿Debería sentirse afortunado más de lo que ya está?
Obvio que si.
— Buenos días — Pudo apreciar la voz ronca de Missa mientras se estiraba quitando todo el sueño de su cuerpo y dándole una sonrisa a Philza.
— Buenos días, al parecer alguien durmió bien — Soltó una carcajada Philza al ver ese cabello tan desordenado una vez que Missa se acomodó en la cama para sentarse — Bonito nido, talvez mis cuervos quieran vivir en ese lugar — Bromeó obteniendo una mueca de Missa haciéndolo reír.
— Chistoso — Pero la mueca en Missa rápidamente se reemplazo por una carcajada al notar que igual forma Philza tenía su cabello un desastre — Al menos no soy el único con un nido.
Philza arrugó la nariz divertido apreciando la risa de Missa; tener privilegio de escuchar primeramente su risa antes que los demás es algo que claramente presumirá.
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Lastima que como todo lo bueno llega a su fin.
Missa ya se tenía que ir de su granja junto con Chayanne para trabajar en la tienda, aunque Philza estuvo insistiendo que siguiera descansando ya Missa no acepto su propuesta debido a que si tenía clientela que atender hoy.
Así que a regañadientes Philza tuvo que aceptar, igual el tenía que trabajar este día en la granja.
Por lo que terminando de alistarse todos y desayunar los cuatro una deliciosa comida preparada por Missa; nueva victoria para Tallulah en no comer pan; emprendieron el largo camino de la granja de Philza al pueblo.
Si no podía tenerlo más en su casa entonces lo acompañaría a dejarlo, nadie va arruinar sus planes si puede aprovechar la situación a su favor.
— Gracias por dejarnos dormir en tu casa, Phil — Termino de abrir la puerta de la tienda dejando que los niños entren para después entrar ellos dos y caminar hasta la caja registradora — No se cómo agradecerte.
— No hay necesidad de que lo hagas, con el hecho de que hayas aceptado ayer en descansar a mi lado yo me doy por servido — Missa le dió una sonrisa algo apenada haciendo que Philza igual tenga una en su rostro — Después de ayer puedes venir cuando quieras, pero está vez yo te recogeré de tu casa para que no vayas solo por todo el camino — Escucho la risa de Missa mientras veia como negaba divertido y se ponía su mandil negro de siempre junto con esos guantes grises — No te los pongas.
— ¿Porque no?
Tomo suavemente la mano de Missa que todavía no estaban cubierta por el guante para darle una suave caricia y una sonrisa — Tienes unas manos muy lindas para que las ocultes.
Missa quedó sorprendido por unos momentos hasta que solto pequeñas risas apenado mientras negada — No podía faltar tus palabras así, eh.
— Preocúpate el día que no te las diga — Le dió un pequeño beso en sus nudillos para luego soltar su mano una vez que consiguió que Missa se apenara más — Ya me tengo que ir, el trabajo llama, vámonos Tallulah — Notó como su hija volteaba y le daba una mueca — Tenemos que irnos ya — Una expresión desconcertante apareció en el rostro de Philza al notar como su hija se fue corriendo con Chayanne a esconderse — ¡Tallulah! — Exclamó alzando la voz mientras escuchaba como Missa se reía de la situación.
— Si quieres puedes dejarla aquí conmigo y cuando salgas del trabajo vienes por ella.
— ¿Seguro?
— Si, aparte tener unas manitas más para ayudarme en la tienda no vienen de mal — Missa le dió una sonrisa tranquila haciendo que Philza igualmente sonriera.
Bueno, Missa le propuse esto, que más da, si sería una nueva oferta para verlo más tarde claramente la tomaría.
— Está bien — Se acomodo su gorro para poder retirarse— Nos vemos más tarde, Missa, cuidate.
— Tu igual cuídate, Phil.
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El sol quema.
Está vez no había nubes; solo un humeante sol, resplandeciendo sus rayos en todo el pueblo haciendo que este dia sea caluroso.
Por eso todos optaban por cubrirse con sombreros y siempre estarse hidratando.
Philza no fue hasta su granja hacer el trabajo como tenía planeado; en el camino de regreso se topo a uno de sus tantos amigos del pueblo.
Fit.
Así que su plan cambio a dirigirse ahora a la granja donde trabaja su amigo Fit para ayudarlo.
Hace mucho que no trabajaba con el desde que se fue a vivir más lejos del pueblo; fue un aire familiar y melancólico para Philza nuevamente estar aquí haciendo trabajo en una granja que no es suya.
Ya había olvidado esto.
Trabajar tan duro en una granja que no es tuya para una miseria de paga.
Pero valía la pena ya que luego tendrías un reconfortante descanso recargado en los árboles cerca del sembradío; así mismo como estaban teniendo en estos momentos los dos luego de estar casi toda la mañana trabajando.
— Has cambiado, Phil.
Dejo de echarse aire con su sombrero para mirar a su amigo Fit con curiosidad — ¿De que hablas?
— Sabes a lo que me refiero — Fit sonrió al ver que todavía tenía mirada confusa el rubio— Missa.
— Oh — Dirigió su vista al sembradío donde habían estado trabajando mientras tenía una ligera sonrisa — No he cambiado en nada.
— Por favor Phil — Recargo su mano en el hombro del más bajo de estatura captando nuevamente su atención — Desde lo que te pasó con el alcalde era muy raro para cualquiera del pueblo verte por aquí seguido — Vio como Philza se le formaba una pequeña mueca en el rostro ante la mención — Pero, desde que llegó Missa, has estado viniendo más que de costumbre.
— Es porque necesito comprar cosas.
Fit lo miro alzando una ceja burlón — ¿Tu? ¿Comprar cosas? — Soltó una risa al ver todavía la mueca en Philza — Vamos Phil, hasta tu mismo dices que no necesitas comprar, si en tu granja lo tienes casi todo.
— Pero a veces no puedo tener todo, puedo llegar a necesitar cosas necesarias para la comida, mi granja, para mí o para Tallulah — Contraatacó Philza dejando un momento en silencio en ambos hasta que soltó un suspiro y agachó la cabeza — ¿Tan obvio es?
Fit solto una risa mientras negaba divertido — Claro que no, amigo — Se notaba el tono burlón en su voz mientras dejaba de recargar su mano en el hombro del rubio para poder seguir recargado en el árbol. — ¿Realmente te agrada demasiado, verdad?
Philza soltó todo el aire que tenía contenido en su cuerpo para nuevamente alzar la mirada poniendo su vista al sembradío con una sonrisa en su rostro — Como no tienes idea, Fit.
— ¿Por eso mismo has estado viniendo más al pueblo? — Philza asintió — ¿Y porque aceptaste ayudarme aquí?
— Bueno — Philza dirigió su mirada a Fit con una sonrisa entre burlona y alegre — Más tarde lo iré a ver para recoger a Tallulah
Fit sonrió mientras negaba — Ahora ya entiendo, se me hacía raro que aceptarás está vez ayudarme, cuando anteriores veces te preguntaba y me decías que no.
— Porque no quería ver al alcalde, ya que vienes a trabajar en su granja.
— ¿Y si es por Missa? ¿Que tengas que venir a ver al alcalde por él?
— Hasta hago que nuevamente me contraté para trabajar en su granja si eso implica estar mucho más cerca de él — Nada más se escucho como Fit soltaba una carcajada divertido haciendo que Philza igualmente se riera junto con él.
— Missa te tiene loco.
— Lo sé.
-------------
El atardecer se asomaba.
El sol dejo de quemar para irse a dormir y dar bienvenida a la luna.
Philza ya iba caminando de regreso a la tienda de Missa; luego de trabajar por la tarde, iba a seguir, pero ya se haria mas tarde así que ya decidió en ir a por Tallulah.
Y para ver nuevamente a Missa.
Apesar de que su cuerpo estaba realmente agotado su sonrisa no disminuía en ningún momento.
Un trabajo pesado sin paga no haría que su emoción se fuera por qué vería a Missa otra vez.
Claro que no.
Una vez que llegó a la tienda notó que estaba cerrada la puerta principal pero escucho varias risas detrás por lo que rodeo la tienda hasta llegar a la casa de Missa notando que estaban ahí.
Chayanne y Tallulah jugaban entre ellos a pelear en broma mientras Missa estaba sentado en el pasto frente a ellos riendo.
Philza tenía un cálido sentimiento en su pecho al escuchar la risa de Missa, aunque ya la haya escuchado en la mañana no evitaba seguir amándola.
Así como apreciarlo completamente.
Si definitivamente valía la pena la miseria de trabajo que hizo hoy para verlo.
— ¿Así que cerraste la tienda más temprano? — Pregunto una vez que se sento cerca de Missa sacándole un grito por el susto.
— ¡Philza! — Missa soltó un suspiro tratando de relajar su cuerpo — Dios, no me vuelvas asustar así — Escucho la risa del rubio haciendo que sonriera — Y si, cerré temprano la tienda.
— ¿Y como se comportó Tallulah? — Pregunto Philza mientras dirigía su mirada a los niños que seguían jugando sin prestar atención a los adultos.
— Oh, es una dulzura — Sonrió Missa — Atendió a cada cliente con una sonrisa.
— Me alegra saber eso.
Ya no había más respuesta, solo quedaron en un pequeño silencio. Las risas de Chayanne y Tallulah se escuchaban de fondo mientras los adultos seguían viendo a los niños, hasta que Missa dirigió su mirada a Philza notando en cansancio en su rostro apesar de tener una sonrisa.
— ¿Cómo estuvo tu trabajo?
— Bien — Quedo un momento todavía con su sonrisa hasta que suspiro y se mostro una mueca en su rostro haciendo preocupar a Missa.— Cansado.
Missa quedó un momento pensando mientras seguía mirando a Philza hasta que una idea llegó haciendo que una pequeña sonrisa se asomara en su rostro.
— ¿Ya comiste?
— No, todavía no — Philza observo como Missa se levantaba y le extendía su mano — ¿Pasa algo?
— Ven, vamos a comer algo antes de que te vayas.
Philza miro por un momento a Missa sin dar ninguna respuesta ante la propuesta, pero después correspondió en tomar de su mano para levantarse y darle una sonrisa.
— Con todo gusto para deleitar mi apetito con tu comida — Así ambos se fueron caminando hasta la casa de Missa tomados de la mano.
Philza ya podía concluir su día con esto.
Estar con Missa luego de trabajar era una victoria para él.
Cómo si fueran una familia.
Se seguía sintiendo en el ambiente.
Definitivamente Fit tenía razón; Missa lo estaba cambiando.
Chapter 8: 8;
Chapter Text
El día era completamente nublado.
No había sol alumbrando las mañanas; era un ambiente pesado por donde quiera que fueras. De momento la lluvia caía, por lo que era recomendado traer sombrillas o impermeables para evitar mojarse.
Aún así teniendo este día la tienda de Missa esta abierta para los pueblerinos que llegan de la lluvia para comprar sus suministros.
Aunque no eran tantos como comúnmente siempre llegaban.
— ¡Tenga un excelente día! ¡Vuelva pronto! — Despedía Missa alegre al último cliente que había llegado a su tienda, nada más escucho el suave tintineo de la puerta cerrarse y prosiguió en seguir ordenando los estantes de la tienda en nuevo producto que tenía en las cajas para al momento de terminar soltar un suspiro complacido. — ¡Chayanne! — Llamo la atención de su hijo que estaba detrás de la caja registradora. — ¿Podrías barrer mientras voy a dejar estás cajas al almacén de atrás? — Al obtener una respuesta afirmativa sonrió — Enseguida vuelvo patito, te juro que no tardo
.
Así Missa dejando un suave beso en la frente de Chayanne se fue caminando en dirección al dichoso almacén para poder dejar las cajas. Chayanne agarro la escoba que estaba en la esquina para poder empezar a barrer toda la tienda mientras se escuchaba de fondo como la lluvia empezaba a caer golpeando de momentos las ventanas.
A un momento Chayanne se detuvo cerca de la ventana para apreciar la vista al exterior, montones de charcos de lodo se veían, la lluvia caía con más fuerza y las personas del pueblo salían corriendo a refugiarse.
La lluvia empeoraba pero no tanto para ser grave.
No supo que tan absorto quedó Chayanne mirando la ventana que ni cuenta se dió cuando su papá Missa se acercó lentamente hasta él para lugar abrazarlo de imprevisto sacándole un susto al niño haciendo sonreír en respuesta el mayor.
— Tranquilo patito soy yo — Río Missa al notar la mueca en la cara de Chayanne por lo que le empezó a dar varios besos en sus mejillas sacándole risas a su hijo — ¿Que tanto estabas mirando a la ventana? — Pregunto Missa una vez dejo a Chayanne en el suelo para luego observar a la ventana una vez que le señalo con su dedo notando como las gotas de lluvia seguían golpeando.
Ahora tanto padre como hijo se quedaron viendo con total atención como las gotas golpeaban la ventana y hacían su recorrido hasta perderse en el borde de la ventana.
— Hace mucho no veíamos una lluvia así — Hablo Missa obteniendo una respuesta afirmativa de Chayanne.
Fue un momento de calma escuchar la lluvia de afuera hasta que de imprevisto un fuerte relámpago se escuchó sacándole un susto tanto a Missa como a Chayanne y haciéndolos gritar al ver que por ese trueno ocasionó que las luces de la tienda se apagarán.
Ya no había electricidad.
Y la lluvia empeoro está vez.
— Ay chingadamadre — Insulto en susurro Missa mientras empezó a caminar hasta la parte de atras de la tienda donde tenía la caja de la electricidad para bajar los interruptores y volver a subirlos consiguiendo que saltarán chispas haciéndolo retroceder hasta que dejó de soltar chispas para poder apagarlo. Definitivamente el relámpago había ocasionado que la electricidad se fuera y estropeó los fusibles.
Si los volvió a subir no quería que se ocasionará un incendió.
Definitivamente necesitaba repararlos.
Pero estando la lluvia así sería peligroso repararlos.
Missa suspiro derrotado mientras volvía a dónde se había quedado Chayanne viendo que tenía una expresión preocupada por lo que le dió una sonrisa para tranquilizarlo.
— Dos noticias — Empezó — No tenemos ya luz hasta que consiga quien lo repare — Obtuvo una mueca de Chayanne — Y la otra es que al menos no se incidió nada tenemos una victoria para nosotros — Vio como solo la mueca de Chayanne aumentaba haciendo reír a Missa y le revolvía el cabello. — Vamos Chayanne, al menos estamos bien, aunque sin luz no podemos vender nada — Esta vez a Missa se le formó una pequeña mueca — Supongo que tendremos que cerrar tempr-...
Pero antes de que Missa pudiera decir una palabra más escucho el tintineo de la tienda haciendo que ambos voltearan notando como entraba una persona junto con su hija completamente empapados mojando el piso de la tienda mientras trataban de regular su respiración.
Una vez analizaron bien se dieron cuenta que eran Philza y Tallulah.
— ¿Todavía sigue abierto? — Una vez que Philza recupero su respiración se enderezó para darle una sonrisa tanto a Missa como a Chayanne.
— ¡Dios santo! ¡Phil! — Exclamó Missa una vez se acerca hasta ambos todavía inspeccionando lo tan mojados que se encontraban — ¿Que haces afuera con esta lluvia?
— Quería verte.
— ¿Y tú paraguas?
— Lo deje en la casa.
— ¿Por qué?
— No sabía que iba a empezar a llover una vez que venía caminando desde mi granja al pueblo.
Missa nego con una mueca mientras se cruzaba de brazos — Eres un caso perdido Phil — Vio como Philza le seguía sonriendo cálidamente haciendo que al final Missa soltara un suspiro para luego sonreir — Pero ya cerramos la tienda — Vio que la sonrisa de Philza cambio a una mueca haciendo sonreir mas a Missa.
— Carajo — Murmuró Philza en un susurro — ¿Por qué tan temprano?
— Pues si no lo notas estamos a oscuras ahora.
Philza ahora presto atención a su entorno dándose cuenta que efectivamente estaba a oscuras la tienda. Por estar tan entreteniendo viendo a Missa no se percató de ese gran detalle.
— Y sin luz no puedo trabajar — Explico nuevamente Missa mientras agarraba una de las toallas que había traído Chayanne para envolver a Tallulah en ella y quitarle su gorro empapado y ahora proseguía a tomar de la otra toalla para esta vez envolver a Philza en ella haciendo que el mencionado deje de tener una mueca para sonreír con felicidad en su rostro.
— Entonces está vez la suerte no está completamente de mi lado.
— Al parecer no — Missa le quitó el gorro igual de empapado para poder lavarlos — Así que viniste en vano si querias comprar algo.
— Yo no diría en vano, porque te estoy viendo en estos momentos, así que aún así gane — Philza sonrió mas complacido al obtener un sonrojo en el rostro de Missa iba a seguir disfrutando del momento hasta que un estornudo salio haciendo que todo el encanto se fuera — Carajo.
— Dios mío, debes de tomar un baño Phil si no te vas a enfermar más.
— No — Nego Philza mientras sentía como su cuerpo se estaba poniendo más débil — Estaré bien, está simple lluvia no nos enfermará hemos pasado por peores.
— ¿Enserio?
— Si, no es la primera vez que nos pasa — Está vez se escuchó el estornudo de Tallulah haciendo que Missa lo mire incrédulo y Philza sonría apenado.
— Chayanne — Llamo la atención a su hijo — Guía a Llulah y a Phil para que sepan dónde está el baño para que puedan bañarse mientras yo seco el piso y consigo un cambio de ropa para ambos.
Chayanne asintió mientras tomaba de la mano a Tallulah para empezar a caminar junto con ella teniendo detrás de ellos a un Philza todavía apenado mirando a Missa antes de que se fueran de su vista.
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— Toma — Extendió una taza de té al rubio que estaba sentado en el sillón teniendo una de las cobijas de la cama de Missa encima de sus hombros.
Desde que Missa los mando a bañar tanto a él como a Tallulah les consiguió un cambio de ropa para los dos, que en si era ropa de missa y Chayanne ya que ni habia más ropa que pudiera prestarles. Y una vez ya secos y con nueva ropa los arropó con mantas tanto de su cama como la de Chayanne.
Philza utilizaba las mantas de Missa y Tallulah las de Chayanne.
— Gracias, aunque no había necesidad de todo esto Missa.
— Oh porfavor Phil, claro que había necesidad, no te iba a dejar irte a tu granja en ese estado y menos cuando la lluvia no disminuyó nada.
Y Missa tenía razón, la lluvia en ningún momento paró, siguió escuchándose como golpeaba de momento las ventanas de la casa de Missa.
Viendo el clima era pronóstico de que seguiría hasta en la noche.
Philza dio un pequeño sorbo a su té sintiendo que todavía seguía caliente apesar de haberle soplado por lo que lo dejo en la mesa enfrente de él para luego dirigir su mirada a la otra parte de la habitación notando como Chayanne parecía contarle historias a Tallulah por lo tan entretenido que se veían hablando ambos.
Sonrió sintiendo una cálido sentimiento en su cuerpo mientras volvía a dirigir su mirada a Missa viendo cómo estaba entretenido prendiendo velas para colocarlas en la mesita de la sala para dar más luz a la habitación.
Cómo todavía no tenía luz la casa y el día ya empezaba atardecer por lo que Missa optó en poner algunas velas en ciertos lugares de su casa para que no se sintiera tanto la oscuridad que estaba apareciendo.
Pero Philza estaba mas entretenido viendo cada detalle de Missa, cada facción que tenía su rostro. Sentía como lo cálido que tenía en su corazón se hacía más grande.
Cómo le alegra saber que lo malo de su vida ahora estaba cambiando desde que Missa llegó.
Missa era su flor llena de vida.
Tenía que cuidarlo.
— Listo — Aplaudió Missa una vez dejo la última vela que iba a prender en la mesa para tener más luz en la casa. Dirigió su mirada a Philza sonriendo al notar como estaba mirándolo fijamente con una cara boba y todo rojo — ¿Pasa algo, Phil?
— No — Nego lentamente mientras se recargaba en el sillón — Sólo te ando mirando.
— Si lo noto, ¿Acaso tengo algo en la cara? — Philza asintió haciendo a Missa arquear la ceja — ¿Enserio? ¿Y que tengo?
— Una belleza tan irreal — Missa se quedó unos momentos en silencio para luego reír apenado mientras negaba — Hey, no te burles.
— No me burlo, solo que no se cómo tomar tus palabras.
— Como verdades — Philza empezó acercarse a Missa con una sonrisa boba — Eres tan bonito, el mas bonito del pueblo — El azabache solo rodó los ojos — Es verdad, no solo lo digo yo si no varios del pueblo.
— Bueno "te creeré" — recalcó sus palabras en señal de comillas con sus dedos viendo cómo Philza lo miraba serio — ¿Que?
— ¿Por qué no me crees?
— Porque se que hay más personas bonitas del pueblo — Explico Missa — Aparte tu eres uno de ellos, tu eres mas bonito que yo.
— Tonterías — Reprochó — Yo ya estoy viejo y tengo barba, mientras que tú estás impecable por más esfuerzo que hagas en tu tienda — Iba Missa a reprochar ahora por las palabras de Philza pero se quedó en silencio al ver como el rubio se acercó más todavía con una mirada seria — Así que cree en mis palabras, eres el mas bonito del pueblo, un bonito milagro, algo que debí cuidar y proteger — Empezó a explicar Philza — Si supieras todo lo malo que hay en este pueblo hasta te irías de aquí a buscar otro pueblo como te fuiste de tu antiguo pueblo — Mientras más explicaba más su voz se hacía en un susurro, como si fuera un secreto todo lo que le esta contando a Missa — Pero eso no lo permitiré, eres una bonito flor como para dejarla irse o morir aquí, yo te cuidare — Philza estiro una de sus manos hacia Missa para acariciarla lentamente, un simple tacto hasta sentía que podría hacerle daño — Te juro que así será.
Luego de las palabras de Philza sólo quedaron en un profundo silencio apesar de que se escuchaba las risas y voces de los niños para ellos solo existía el silencio. Un silencio acogedor.
Tantas veces que se quedaban en silencio cuando pasaban estás cosas.
No había que decir.
Aunque hubieran más cosas que contar.
Después de minutos al fin cuando Missa decidió responderle quedó callado al ver cómo Philza caía dormido en su regazo.
Preocupado toco su rostro con su mano notando que ardía en fiebre. Cómo esperaba, si se enfermó con la lluvia apesar de haberse bañado y cambiado de ropa.
Aunque algo bueno era que Tallulah no se había enfermado tanto como el.
Missa suspiro mientras procedía a cargar a Philza en sus brazos para llevarlo a la habitación mientras llamaba la atención de los niños para que lo ayudarán atraer una bandeja de agua y una toalla.
Al parecer la toco ahora resguardar a Philza en su casa y cuidarlo.
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— Enserio muchas gracias Tubbo, pense que esté día no iba abrir — Agradeció Missa con una sonrisa una vez que Tubbo terminó de arreglar los fusibles de la electricidad haciendo que nuevamente tenga luz en su casa y la tienda.
— Denada, después de lo que haces por el pueblo tómalo como una muestra de gratitud Missa — Le sonrió Tubbo mientras tomaba sus cosas para retirarse — ¡Adiós Philza! — Grito Tubbo a dirección de Philza que estaba todavía envuelto en una cobija sentado en la silla que estaba detrás de la caja registradora junto con Chayanne y Tallulah.
Solo obtuvo un gruñido por parte de Philza antes de que se fuera de la tienda.
— Debes ir acostarte — Se acercó Missa hacia él para comprobar con su mano la temperatura que tenía haciendo que Philza le diera una sonrisa.
— Estaré bien, aparte no quiero quedarme solo en el cuarto — Obtuvo una risa por parte de Missa haciéndolo sonreír más.
Adora su risa.
— Bueno, pero si te pones peor le diré a Chayanne que te lleve a la cama y te encierre en mi cuarto — Amenazó Missa haciendo que philza le diera una mueca divertido antes de que se fuera para atender a un nuevo cliente que llegó a la tienda.
Solamente Philza se le quedó viendo con una sonrisa ahora en sus labios, definitivamente debía aprovechar estar enfermo y que Missa lo está cuidando así.
— ¿Te agrada mucho mi papá?
Philza se acurrucó más en la cobija de Missa mientras sonreía— Como no tienes idea.
La lluvia se fue dejando ver un precioso sol con todo su resplandor.
Chapter 9: 9;
Chapter Text
Una semana había pasado de que Philza se había enfermado y se quedó todo ese tiempo en la casa de Missa siendo cuidado por él.
Apesar de que al tercer día ya estaba mejor de salud fingió seguir enfermo para poder seguir al lado de Missa.
Era mentiroso, si, pero a conveniencia propia.
Si la vida le dió está oportunidad, quien era el para rechazar lo que la vida le otorga para estar más tiempo con Missa.
Aparte así pudieron convivir más.
Conocer un poco de experiencias y ver que compartían una buena química ambos.
Aunque algo a Philza todavia le quedaba pendiente era saber que había pasado en el antiguo pueblo donde vivía Missa; sabía que ese tema todavía no podría ser tocado en hablar ya que cuando lo intento en uno de esos días Missa no mostro interés en decir algo así que no volvió a insistir.
Igual sabía que el tenía que decir sobre la situación que pasó en el pueblo.
Pero no era momento.
En su tiempo lo sabran.
Pero no quita los buenos momentos que la paso en toda esa semana.
Ayudando en su tienda, sacándole risas, sonrisas, sonrojos y sin olvidar lo importante recibir cuidados y afecto por parte de Missa.
Si así iba a ser tratado por estar enfermo debería enfermarse más seguido.
Pero todo lo bueno llegó a su fin al terminar la semana.
Philza debía volver al trabajo en su granja.
Desgracia ahora tenía en su vida.
Por lo que en este nuevo comienzo de la semana ahora estaba en su granja trabajando en su cultivo; ya tenía que quitar la mayor parte de este y ver si todo estaba en orden.
Está vez estaba solo ya que Tallulah se quedó con Missa para ayudarle en su tienda junto con Chayanne y aparte le dijo que quería cocinar cosas con el.
No reprochará por eso tenía una razón para ir a la casa de Missa y verlo otra vez.
Aunque ya lo vió toda la semana completa.
Para Philza siempre era como si apenas lo estuviera viendo en esta semana.
Los suaves cántaros de sus cuervos se escuchaban cada que caminaba por su cultivo, uno que otro se posaba en su gorro o en la mano cuando buscaban que le diera pan que traía con el.
Está vez el sol quemaba.
No había nubes, por lo que tenía que tener en todo momento su gorro puesto al momento de quitar la hierba mala con la pala y recolectar parte de su cultivo.
Era un buen día para trabajar.
No habría algo que lo arruinara.
— Philza
El mencionado levantó la mirada haciendo que su sombrero dejara de estorbar en su vista para darle una sonrisa a la persona que visitaba su granja. Era Fit.
— Hey mate — Extendió la mano para darle un suave apretón amistoso mientras recargaba parte de su peso en la pala que estaba utilizando para quitar la hierba mala de su cultivo — ¿Que te trae por aquí?
— Te debería yo preguntar eso, la anterior semana te he venido a buscar a tu granja y no estabas — Explico Fit — Y me dicen rumores del pueblo que andabas toda la semana en la casa de Missa escondido del alcalde.
Philza sólo rodó los ojos divertido mientras negaba — Siempre rumores del pueblo.
— ¿Que hacías toda la semana en la casa de Missa?
— Bueno, digamos que me enferme y me cuido hasta que ya me recupere — Philza le dió una sonrisa burlona a Fit al ver que lo miro incrédulo.
— ¿Tu? ¿Descansando cuando te enfermas? — Pregunto Fit todavía incrédulo ante sus palabras — Yo no conocía a este Philza.
— Uno cambia.
— Te cambian — Corrigió — Querrás decir querido amigo
Philza se rió divertido — Ya que me encontraste, ¿Qué te trae por aquí?
La expresión de Fit cambio de estar tranquilo a ponerse algo serio haciendo preocupar a Philza; sabía que si su amigo hacia esa expresión no eran buenas noticas para él.
— Sólo para avisarte — Empezó hablar Fit ya con un tono más serio — Ya que supongo que no te enteraste por estar enfermo, pero, es sobre el alcalde — Philza suspiro irritado.
— ¿Ahora que quiere hacer?
— Que no quiere hacer dirás — Philza rodó los ojos — Es sobre Missa.
Se quedaron unos momentos en silencio mientras la expresión de Philza se hacía cada vez más sería.
— Antes que insultes — Nuevamente hablo Fit — Primero deja decirte lo que pasa — Philza en ningún momento quitó su expresión y tampoco respondió a Fit dando entender que lo escuchaba— Al parecer quiere quitar la tienda de Missa — Ahora la expresión de Philza quedó indignada — Teme que nuevamente lleguen tus cuervos al pueblo.
— Pero — Philza tomo un respiro antes de volver hablar — Si por algo me fui a vivir lejos del pueblo, así como acordamos el y yo, para que me deje de molestar con eso.
— Lo sé, pero noto hace días que uno de tus cuervos anda por las granjas — Philza suspiro — Dice que anda llevándose el cultivo del pueblo.
— ¿Y que tiene que ver Missa con esto para que cierren su tienda si el problema es conmigo?
— Porque noto que Missa alimenta a ese cuervo.
Ahora se quedaron ambos en silencio, no había repuesta mas que nada por parte de Philza que seguía indignado ante la situación. Dejo de mirar a Fit para dirigir su mirada a su cultivo quedando pensativo.
Lo único que se escuchaba eran los graznidos de sus cuervos, como si igual forma estuvieran indignados como su dueño.
— Phil — Luego de unos minutos la voz de Fit se escuchó mientras se acercaba a Philza para recargar su mano en el hombro para llamar su atención — Todavía no es oficial que vaya hacer eso a Missa, así que puedes hacer algo en respecto a ese cuervo — Philza sólo suspiro mientras Fit por su parte le daba un suave apretón en su hombro reconfortando lo — Todavía hay solución antes de que se agrande la situación.
— Tienes razón.
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Ya era de tarde.
El cielo tiene un precioso tonos entre amarillos y naranjos.
Era una bonita tarde.
Después de que Fit lo haya visitado para darle esa noticia y se haya marchado Philza pude terminar de su trabajo antes de que se hiciera más tarde para ir por Tallulah.
Por lo que ahora se encontraban caminando por el pueblo yendo directo a la tienda de Missa.
Apesar de que todavía tenía ya la mala sensación en su cuerpo ante la noticia trato de verse lo más tranquilo posible, no quería que los del pueblo lo notarán, era un hecho de que siempre hacían rumores así que no quería darles razones para formar uno nuevo de él.
De los que ya de por sí tenía.
Pudo notar a la lejanía que la tienda de Missa estaba ya cerrada, así que sabía que tenía que rodear para poder llegar a la casa.
Una vez estando cerca para llegar escucho risas y las voces que tan perfectamente conocía; se asomó pudo apreciar como estaban tanto los dos niños como Missa jugando y dándole mimos a un cuervo.
El dichoso cuervo que nunca le hacía caso a Philza y que ahora Missa cuida.
Nuevamente la sensación de malestar se presentó en Philza al recordar las palabras de Fit.
Nunca pensó que nuevamente tendría que afrontar esta situación.
Para no interrumpir se quedó recargado en la pared de la casa de Missa para poder seguir apreciando a la lejanía la bonita escena que tenía.
Adoraba la felicidad que transmitían.
Podía notar como su hija estaba feliz con estar con ellos dos.
No iba a decir que Tallulah no era feliz con él, pero sabía que desde lo que pasó con ellos en el pueblo casi no podía divertirse como le gustaría.
Ahora verla jugar animada con Chayanne y Missa hacia que el corazon de Philza estuviera en paz.
Missa y Chayanne hicieron un bien tanto para él como para su hija.
Tenía que resolver esta situación, no quería que se fueran.
Tenía que impedir que se agrandará más.
Tan absorto quedó en sus pensamientos que no se percató que Missa ya lo había visto y se había acercado a él llamando su atención preocupado al no recibir una respuesta a los primeros saludos que le dió; hasta que porfin reaccionó cuando Missa le acercó el cuervo al rostro de Philza haciendo que el aviar granizara sacándole un susto.
— Pequeña mierda — Murmuró hacia el cuervo con una mueca mientras el aviar lo miraba fijamente hasta que se fue volando de la mano de Missa para irse hasta donde estaban los niños.
— No lo insultes Phil — Reprochó divertido — Tenía que hacerlo porque nomás no me respondías.
— ¿Me estabas llamando desde hace rato? — Missa asintió haciendo que Philza lo viera apenado — Lo siento me distraje mucho.
— No te preocupes — Le dió una sonrisa tranquila — ¿Que tanto pensabas?
Philza quedó unos momentos en silencio teniendo nuevamente esa pequeña mueca en su rostro; una parte de él sabía que tenía que contarle a Missa, pero notaba que Missa estaba muy tranquilo como para arruinar su dia.
Y Philza no quiere arruinar el día de Missa en ningún momento.
— ¿Estás bien, Phil? — Pregunto Missa preocupado al nuevamente no obtener una respuesta por parte del rubio.
— Si — Respondió cambiando a una sonrisa tratando de relajar la preocupación de Missa — Sólo fue un día cansado de trabajo en mi granja — Soltó una pequeña risa mientras pasaba una de sus manos a su nuca para sostenerla queriendo reflejar cansancio en vez de preocupación.
Missa no quedó convencido ante la respuesta de Philza.
— ¿Seguro?
— Claro, solo es cansancio luego se me pasara con ver tu belleza — Philza le guiño el ojo haciendo que Missa solo rodará los ojos.
— Siempre tus halagos — Hablaron al unison haciendo que ambos rían.
— Sabe que nunca dejaré de halagar esa belleza que tienes.
— Lo sé — Ambos ahora empezaron a caminar hasta donde estaban los niños todavía jugando entre ellos — Pero algún día se te acabarán tus halagos.
— No — Contraatacó Philza — El día que se me acaben es porque me morí, pero mientras viva seguirás recibiendo palabras mías hasta por cartas si es posible — Missa solo se rio apenado mientras negaba.
— Ojalá siempre escucharlos.
— Siempre los escucharás.
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— Así que — Comenzó Philza observando todavía con atención el pequeño nido del cuervo — ¿Duerme aquí está pequeña mierda?
— Pachuca — Corrigió Missa — Si, aquí duerme, desde que llegó el día del festival se la ha pasado de vez en cuando en el almacén así que Chayanne y yo decidimos hacerle un pequeño nido — Explico Missa hasta que empezó a reír al notar como el cuervo le graznaba a Philza por tocar una de sus ramas del nido.
— Cria cuervos y te sacarán los ojos — Murmuró molesto Philza volviendo a recibir un graznido de Pachuca antes de que se fuera volando para acurrucarse en el cabello de Chayanne.
— No entiendo porque te cae mal — Hablo Missa divertido — Si es un amor de cuervo.
— Claro — Miro burlón a Missa — Es un ser con tanto amor — Missa se rió ante su expresión haciendo que Philza sonriera complacido.
Otra risa.
Logro obtenido para el.
— ¿No te ha ocasionado problemas?
— No, ha sido muy leal y tranquilo, hasta eso no se ha comido las verduras del almacén — Missa rio — Y como te digo no siempre está aquí, de vez en cuando viene a dormir pero la mayor parte del tiempo se va — Philza sólo asintió teniendo una pequeña mueca en su rostro algo que Missa lo noto — ¿Pasa algo?
— No — Negó haciendo que Missa nuevamente lo mire incrédulo haciendo que Philza se ponga nervioso y le da una sonrisa — Lo digo enserio no pasa nada malo.
— ¿Enserio? — Missa se cruzó de brazos.
Philza asintió todavía con una sonrisa, aunque muy en el fondo sabía que las cosas no estaban bien.
No quería arruinar nada.
No por ahora.
No a Missa.
Missa siguió viéndolo tratando de analizar la expresión de Philza hasta que le dió igual una sonrisa al ver que nada más le seguía sonriendo — Si tú lo dices, te creeré.
Dejaron de verse para voltear a ver a los niños que estaban corriendo y siendo perseguidos por todo el almacén por Pachuca haciendo a ambos mayores reír divertidos por la escena.
Talvez no era malo que su cuervo esté con ellos, pensaba Philza, se notaba que le gustaba estar en el lugar.
Tenía que resolver la situación con el alcalde.
Pero otro día será.
Philza se acercó hasta Missa para poder recargar su mejilla en el hombro de este llamando su atención de sorpresa.
— Espero que ese cuervo no me quite el lugar en tu corazón — Murmuró suavemente con una sonrisa burlona haciendo a Missa ahora reír apenado.
— Eres un tonto.
Si, amaba mucho a Missa.
Chapter 10: 10;
Summary:
Aviso!: está historia tendrá un cambio de nombre, no te asustes, seguirá teniendo deathfarm en el, pero ya no se llamará así.
Chapter Text
Malo.
Así podría describir el día Philza.
Bueno, se retracta un poco, tan malo no va a ser.
En la noche tendría planes con su persona favorita.
Pero aún así no quita que está mañana el mal humor lo tendría por lo que estaba pasando.
¿Por qué?
Por la reunión que se llevaría a cabo.
Como ya casi no es de convivir con el pueblo, no le gusta venir a las reuniones que se hacen dónde el alcalde habla de nuevos cambios o escucha quejas y sugerencias del pueblo.
A Philza no le gusta.
No por la temática, si no, convivir con el pueblo y el alcalde mas que nada. No era que no quisiera pero convivir con personas que hacen demasiados rumores de él, no era precisamente algo agradable que soportar.
Si por el fuera, no hubiera venido a esta reunión, pero, cómo Missa se tenía que quedar atender la tienda y quería saber la información que estarían dando, así que en este día ahora está aquí en el pueblo, recargado en un árbol evitando que el sol quemará su rostro y estar cerca de los demás pueblerinos escuchando de fondo como el alcalde hablaba de los cambios que habrían tanto en lo económico como en la cosecha.
¿Era interesante?
No, talvez sería más interesante para Philza si Missa lo estuvieras acompañando.
Pero no todo está a su favor.
— No pensé que vendrías — Philza ahora dirigió su mirada a Fit que se había acercado hasta el.
— Me gusta escuchar al alcalde.
— Eso dilo tanto hasta que te lo creas — Ambos hombres se rieron mientras seguían mirando a dirección donde se llevaba a cabo la reunión — Pensé que vendrías con Tallulah.
— Se quedo con Missa para ayudarlo en la tienda de Missa, así que estoy solo en esto ahora — Fit rio cuando Philza puso una mueca más grande en su rostro.
— Que desgracia para ti — Philza se hizo a un lado para dejar que Fit de igual forma se recargue en el árbol con el para poder seguir escuchando la reunion.
— No entiendo porque hace esto, si realmente no toma en cuenta nada de lo que él pueblo le sugiera.
— La imagen — Philza sólo se rió amargamente — ¿Ya le dijiste a Missa sobre lo que harán a su tienda? — Ahora el silencio quedó en ambos haciendo a Fit voltear a ver a Philza con duda — ¿Phil si le dijiste, verdad? — Al no recibir respuesta ahora la mirada de Fit cambio a seriedad — Philza.
— Puedo resolverlo yo.
— ¿Oh, enserio?
— Si, se cómo resolver la situación.
— Phil, no quieras hacerte el héroe con el — Contraatacó Fit — Esto no es un "problemita" del cual con palabras amigables se llega a un acuerdo, estamos hablando del alcalde.
— Lo sé, pero yo puedo resolverlo como lo hice en su momento conmigo.
— ¿Enserio? — Fit pregunto incrédulo — ¿Para llegar al resultado de que lo eche del pueblo con amenazas como a ti? — Philza se quedó callado teniendo en todo momento su mirada en la reunión. Fit suspiro mientras recargaba una mano en su hombro — Debes decirle a Missa.
— No quiero preocuparlo.
— Se preocupara de igual forma cuando el alcalde empiece actuar.
Silencio fue lo que quedó en ambos amigos.
Fit mirando todavía a Philza y el contrario sin dirigirle la mirada.
Fue un silencio tenso. Problemas existían.
Ya nada más se quedó escuchando de fondo la voz del alcalde dando por concluida la reunión y deseando buen día a los pueblerinos y retirándose ya del lugar.
Mientras Philza seguía atento mirando todo lo que pasaba pudo notar que el alcalde le dirigía una mirada de desprecio cuando noto su presencia en el lugar para después irse.
Nuevamente problemas, eso era lo que pensaba Philza sintiendo su cuerpo tensarse.
No dejaría que está vez las cosas escalarán a mayores.
— Debes decirle a Missa — Hablo Fit ya rompiendo ese silencio y haciendo reaccionar a Philza.
— Yo veré que hacer.
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— ¡Vuelva pronto! — Despidió Missa desde la caja registradora escuchando el tintineo de su puerta anunciando que el cliente ya se había retirado.
Teniendo la sonrisa en su cara rápidamente se esfumó para volver su mirada a los papeles que tenía en el mueble.
Le fueron entregados hace unas horas atras por uno de los trabajadores del alcalde.
Y no eran tan buenas noticias.
Ahora se arrepiente en no haber ido a la reunión del pueblo en la mañana con Philza para saber más información sobre estos cambio tan repentino; los papeles le informaban que los costos por mantener el local de su tienda iban a subir.
No sabía porque el repentino cambio de costos, pero al menos tan preocupado no estaba, en la venta de su tienda no iba mal, así que podría pagarlo sin problema.
Aunque quería ver el lado positivo de esto, por más repentino que fue, si estos costos eran por un buen mayor lo haría sin problema.
Escucho el cántaro del pájaro de su reloj anunciando que ya eran las 6 de la tarde.
Hoy iba a cerrar temprano.
Tenía planes para esta noche.
Volteo ahora su mirada para ver tanto Chayanne como a Tallulah como estaban dándose de empujones en modo de molestarse mientras estaban ordenando el estante que les encargó.
Era inevitable que una risa saliera de Missa al ver eso.
Desde el día que le propuesto a Tallulah ayudarlo en su tienda de vez en cuando, ahora la pequeña iba todo el tiempo.
En su momento se sintió mal ya que pensaba que le haría hacer mas trabajo a Philza por no tener ayuda ahora el en su granja, pero el no se molestó, hasta se alegro de que Tallulah haya decidido ir más seguido para ayudarlo en la tienda.
Philza era extraño.
Pero así lo quería.
— ¡Mijos! — Les llamo la atención haciendo que se asustarán. Una vez obtuvo que ambos se le quedarán viendo esperando algún regaño les dio una sonrisa para relajarlos — Ya es hora de cerrar, vamos a limpiar.
Nada más escucho los gritos de emoción de ambos niños mientras iban corriendo por las cosas de limpieza sacado mas risas a Missa.
Sabía que esa emoción era por el plan que tenía más tarde todos juntos. Unos pequeños traviesos, así eran para Missa.
Dio una última mirada a los papeles que tenía consigo para despues dejarlos apartados a un lado para proceder a limpiar de igual forma.
Una situación que luego se preocuparía.
Talvez luego le preguntaría a Philza por ese cambio, eso tenía en mente Missa.
— Limpie bien el piso, mientras yo me encargo de mover las cajas, el dinero y limpiar todos los vidrios — Comento Missa a los niños una vez que los vio volver con las cosas para poder empezar la limpieza obteniendo una respuesta afirmativa de los dos.
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6:45 pm
Ya casi eran las 7 de la tarde y tanto los niños como Missa quedaron exhaustos pero contentos de que la tienda por fin había quedado limpia.
Ya ahora solo quedaba Missa limpiando la última y gran ventana que tenía en su tienda por dentro mientras escuchaba de fondo como los niños corrían de un lado a otro dándose de empujones.
— Tengan cuidado de no caerse — Les decía Missa viéndolos por el reflejo del espejo, pero como los dos niños estaban tan entretenidos jugando a las luchas no lo escucharon.
Missa nego divertido mientras terminaba de limpiar por completo la última ventana que le faltaba pero abruptamente se detuvo al divisar al otro lado de la ventana a una cara que perfectamente conocia.
Philza.
Y como siempre teniendo una sonrisa boba.
Missa se rió mientras dejaba a un lado el trapo para poder abrir la ventana pudiendo ya ver perfectamente a Philza que este rápidamente aprovecho para recargarse en el marco de la misma y estar más cerca de Missa.
— ¿Como le haces para ser tan bonito hasta para limpiar las ventanas?
Missa rodó los ojos mientras negaba — Para ti cualquier cosa que haga ya lo consideras bonito.
— Obvio no cualquiera lo hace como tú — Nada más escucho la risa de Missa y la sonrisa de Philza aumento más.
— Ya mejor entra — Se hizo a un lado dejando que Philza pudiera pasar por el marco de la gran ventana y así luego poder nuevamente cerrarla — ¿Cómo te fue en el trabajo? — Pudo observar como la sonrisa de Philza ahora se hacía una mueca — ¿Tan mal estuvo?
— Ni que lo digas — Philza soltó un suspiro mientras se estiraba para así volver a la habitual sonrisa que tenia hace momentos — Pero eso no importa ahora, solo importa nuestra salida de hoy — Le guiño un ojo a Missa haciendo que rodará los ojos divertido — ¿Ya están listos?
— Los niños ya, solo falto yo — Explico Missa mientras empezaba a caminar directo a la parte detrás de la tienda siendo seguido por Philza que al final se terminó quedando recargado en la mesa de la caja registradora — deja me quito mandil, apagó los enchufes y le doy de comer a Pachuca para irnos
— Toma tu tiempo — Le respondió Philza alzando un poco la voz para que lo escuchará viendo cómo Missa desaparecía de su vista.
Así que mientras esperaba, Philza se puso a charlar un poco con los niños que se habían acercado a él para contarle cómo estuvo el dia en la tienda dándoles toda su total atención a cada detalle más cuando llegaban a mencionar a Missa en su relato.
Philza al estar tan entretenido hablando con ellos se recargo más en la mesa sintiendo al momento la sensación de hojas en su codo por lo que mientras seguía escuchando a los niños hablarle dirigió su mirada a los papeles analizando de que se trataban consiguiendo que de momentos después su mirada de felicidad cambiará a un tono más serio al ver de que hablaban esos papeles.
Ya los había visto antes.
Eso no era bueno.
Aumento de preciosos por mantener el local.
Nuevamente la mala sensación se presentó en su cuerpo.
El alcalde en ningún momento mencionó sobre estos cambios monetarios a los locales en su discurso ahora que lo pensaba Philza.
— ¿Sabes porque aumentaron los preciosos? — Philza escucho la voz de Missa por lo que levantó su mirada para poder observar que ya estaba en el lugar con ellos está vez sin su mandil y quitando sus guantes. Al no recibir respuesta del rubio lo miro preocupado. — ¿Philza?
— La verdad no lo sé, eso no lo comento.
— ¿Enserio?
— Si — Quedó un momento pensando. Temía que se estuviera presentando la misma situación que el paso pero ahora con Missa — ¿No sé te dificultará para pagarlo?
— No, me va bien en las ventas así que no hay problema con eso — Missa le dió una sonrisa pero eso aún así no quitaba la mala sensación que todavia tenía Philza.
— Está bien — Extendió de su brazo dando invitacion a Missa de tomarla cosa que no tardo en hacer — Pero si se te llega a complicar no dudes en decirme para ayudarte.
— Tranquilo Phil, si podré.
Missa le dió un ligero apretón a su brazo en forma amistosa para así empezar a caminar los dos juntos con los niños por delante de ellos para poder salir de la tienda e irse a dar por comienzo sus planes para hoy.
Y Philza, por más que viera a Missa con una sonrisa que siempre lo alegraba, todavía tenía una mala espina en su humor.
"Concéntrate en la salida, luego vez que pasa" Pensaba Philza mientras miraba como Missa y los niños reían y charlaban alegres.
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— ¡No coman tanta chucherías y no duerman tan tarde! — Solo se escuchó el regaño de Missa dirigido a los niños que solo se rieron divertidos mientras se iban corriendo al cuarto de Tallulah. — Traviesos.
— Pequeños demonios diría yo — Murmuró Philza haciendo reír a Missa mientras seguían limpiando la sala de estar para dejarla ordenada.
Si, el plan de salida que tenían era pasar la noche jugando y conviviendo en la granja de Philza.
Obvio el que propuso esa idea fue el mismo dueño de la granja.
Ya que el rubio sabía que después de estar probando varios juegos de mesa y cocinar todos juntos los niños tomarían su rumbo de irse al cuarto para convivir entre ellos y así Philza tener todo el tiempo restante para estar solo con Missa.
Si, es bueno para los detalles de su plan.
— Al fin descanso — Exclamó Missa una vez terminaron de ordenar la sala mientras se sentaba en el sillón para luego empezar a reír al tener ahora a Philza sentado al lado suyo completamente recargado hacia el — ¿No entiendes el espacio personal?
— Contigo no.
— Lo noto — Missa se movió un poco para poder rodear sus brazos al torso de Philza y así poder abrazarlo siendo correspondido de inmediato.
Philza podía sentir su corazón bombeando con tanta velocidad.
— Fácil me podría dormir aquí.
— ¿Tan temprano para dormir?
— Es que te sientes cálido, más que mis almohadas— Murmuró por debajo Philza para luego soltar un ronquido fuerte haciendo que Missa riera y lo empujara un poco.
— Eres un tonto.
Luego de las risas había silencio.
Silencio reconfortante.
Un cálido sentimiento, no había problemas, solo ellos dos en la tranquilidad.
Vivo y feliz, así se sentía Philza.
Adoraba este cambio que tenía en su vida si lo comparaba en cómo vivía antes. Tenía más emoción cada día de su vida.
Pero, ante todo lo bueno, tenía miedo.
Un miedo que sabía que se agrandaría más si no hacía algo.
No quería perder todo lo que estaba teniendo.
No con Missa.
— Quédate siempre a mi lado — Está vez fue un susurro tan bajo que soltó Philza mientras aferraba sus brazos en el cuerpo de Missa y cerraba los ojos.
Missa al no escuchar lo que había dicho solo se rio por la repentina fuerza que había en el abrazo.
— Me dejaras sin aire Philza — Exclamó mientras dabaa ligeros golpecitos en la espalda para que aflojara el agarre hasta que sintió como en un repentino cambio Philza empezó a generarle cosquillas a los costados haciendo que empezará a moverse y patalear de la risa tratando de quitarse lo de encima.
Hasta que en un momento como pudo se safo del agarre de Philza para así empezar a huir de él siendo perseguido por este mismo — ¡Niños salvenme!
— ¡Los niños no te salvarán!
Definitivamente Philza adoraba esto.
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11 pm
Luego de estarse persiguiendo por bastante horas dándose cosquillas y pelea entre los dos quedaron exhaustos.
Por lo que decidieron ya mejor descansar tranquilamente en el cuarto del rubio sentados uno al lado del otro platicando cosas triviales para tratar de conciliar el sueño mientras disfrutaban un momento agradable.
— Por eso no me gustan a mi las piñas.
— ¿Enserio? — Missa asintió haciendo que todavía Philza quede sorprendido — ¿Eso significa que no podré nunca regalarte una si quisiera?
— No — Philza hizo una pequeña mirada triste de broma sacándole una sonrisa a Missa — Bueno solo haría una excepción contigo.
— Igual no te regalaría cosas que no te gusten — Respondió Philza tomando de la mano a Missa Lara darle un suave beso a sus nudillos — Tu mereces lo mejor.
Missa solo se rio avergonzada mientras apartaba la mano riendo — Dios mío.
— ¿Que pasa? ¿No te gusta?
— No es eso, solo que me dejas sin saber que responderte.
— No hay necesidad que me respondas, sabes, mis palabras son para recibir no para responder — Philza coloco una de sus manos en la mejilla de Missa dando una pequeña caricia mientras seguía sosteniendo esa sonrisa en su rostro — Con tu sola sonrisa ya me respondes todas mis palabras.
Y Missa en esos momentos casi dejaba de respirar mientras sentía como todos los colores se le subían a sus mejillas y su mirada estaba sorprendida. Philza estaba complacido con eso.
— ¿Paso algo? — Pregunté Philza fingiendo ingenuidad ante la situación que hizo ocasionando que Missa solo se apartará tratando de calmar lo rojo que estaba haciendo reír a Philza.
Philza iba a seguir molestando a Missa para ponerlo más rojo hasta que dirigió su mirada a la ventana notando como la luna estaba brillando a esta distancia.
Ya las noches no eran oscuras.
— Mira a la ventana — Pidió Philza amablemente antes de que Missa le reprochará por lo anterior, por lo que el contrario hizo caso volteando para poder ahora observar también lo bonito que se veía el cielo quedando asombrado.
Las noches ya eran preciosas.
— Dios, desde tu granja el cielo se ve precioso — Murmuró Missa quedando todavía asombrado por como estaba iluminado la noche.
— Si, por eso adoro estar aquí.
Pero está vez Philza ya no veía el cielo con adoración, tenía su mirada ahora puesta en Missa, quedando más encantado con él.
— Te amo.
Missa volteo a verlo al no haber escuchado bien lo que había dicho Philza — ¿Mande?
— Dije que deberíamos dormir.
Si, Philza es un encantador cobarde.
Chapter 11: 11;
Chapter Text
El sol quemaba, no era una agradable sensación sus rayos está vez, por lo que era recomendado utilizar bloqueador y gorros de sol.
Mas que nada los granjeros que tenían que laborar horas bajo el sol.
Agradecía Philza que ahora Tallulah quiera trabajar con Missa y Chayanne en su tienda, si no, se aburriría estando sola o estar cargando con tantas horas de trabajo bajo el sol.
Pero lastimosamente el no tenía esa suerte.
El si tenía que trabajar con este clima.
Aunque ya estaba acostumbrado, trabajar toda su vida a ese estilo ya era el pan de cada día para el, así que molestia no tenía.
Podía sin problemas trabajar en la granja con este clima.
Pero trabajar en su granja sería en otro momento, ahora estaba tratando de resolver una situación con la persona que menos quería ver.
— No puede hacer eso — Los pasos de Philza se escuchaban firmes y tensos a comparación de la otra persona que eran más arrogantes.
— Claro que puedo.
— ¿Enserio? — Pregunto incrédulo — ¿Y donde quedó esa amabilidad que según dices tener para que todos del pueblo se sientan felices viviendo aquí? — Atacó haciendo que el alcalde frenará su caminar por el campo.
Quedó en silencio el ambiente; Philza por más que tenía la ansiedad en su cuerpo no quitaba el coraje que sentía.
Esto no lo iba a permitir más.
Se pudo haber salida con la suya cuando ocurrió el problema con el, pero con Missa no.
"Esto es por Missa, Chayanne y Tallulah" se murmuraba mentalmente. "Tu puedes"
Vio como el alcalde por fin le daba la cara luego de estarlo persiguiendo por bastante rato por toda su granja haciendo notar a Philza al fin esa mirada sin emoción que siempre tenía en el.
— Será mejor decir — Empezó hablar mientras se acercaba hasta el — ¿Dónde quedó uno de nuestros acuerdos que teníamos?
— No me cambi-
— ¿Dónde quedó? — Contraatacó impidiendo que Philza pudiera hablar — Tu y yo quedamos de acuerdo en esto — Freno su paso una vez estaba cerca del rubio — Te deje tener todavía tus cuervos a cambio de no ver ningún aquí — Ahora se quedaron viendo fijamente cada uno teniendo una expresión seria — Y ahora resulta que tenemos uno vagando por todo el pueblo otra vez.
— Pero no ha robado cosecha
— ¿Y quien te asegura que no lo hara pronto? — Philza se quedó en silencio pero su mirada no cambiaba de seriedad. Sentía el enojo crecer en el. — Tus plagas — Lo señalo con uno de sus dedos a su rostro — Volverán afectarnos.
En respuesta tomo de su muñeca bajando la con brusquedad todavía desafiando su mirada — No son plagas.
— Para nosotros si — Ahora quedó nuevamente silencio en ambos. Expresando desprecio en las miradas que se compartían. El alcalde le dió una última mirada antes de soltarse de su agarre con brusquedad limpiando parte de su traje blanco dónde Philza lo había agarrado— Te doy está condición — Hablo nuevamente — O te deshaces de ese cuervo en estos próximos días y te vas — Tomo una ligera pausa antes de continuar — O cierro el local a tu amigo — Volteo a verlo de reojo — Tu decides.
Y con eso dicho el alcalde se dió la vuelta dejando a Philza atrás mirándolo con desprecio.
— Lárgate de mi granja, no quiero verte aquí.
Con eso último dicho solo los pasos se escucharon alejarse de la zona.
El suave cántaro de los pájaros se escuchaban.
Y el sol todavía quemaba.
Philza soltó todo el aire que tenía contenido tratando de relajar ese amargo sentimiento que crecía en su pecho.
— Plagas — Murmuró con enojo y soltando una risa amarga — Aquí la plaga eres tu — Acomodo su sombrero para poder ya irse del lugar.
Esto no se iba a quedar así.
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— ¡Tengan cuidado con esa caja niños! — Grito Missa desde la caja registradora viendo cómo tanto Chayanne y Tallulah asentían mientras caminaban sosteniendo juntos una de las despensas para poder organizar el estante que ya había quedado vacío.
Una vez llegaron al destino empezaron a competir entre ambos de quién organizaba mejor haciendo que Missa negara divertido por la graciosa escena que tenían de competencia los pequeños para después seguir atendiendo a los clientes que llegaban a su tienda.
Aprovechando del espantoso clima de calor que se estaba teniendo en el pueblo, Missa y Chayanne decidieron vender deliciosas bebidas frescas como paletas de hielo para estar refrescante en este día.
Tenía que aprovechar días así para poder sacar mas ganancia a su tienda.
Mas por el hecho de que el costo por mantener su local seguía aumentando al pasar los días.
Era preocupante.
Y Missa no sabía el porque.
Tendría que preguntarle al alcalde personalmente, si no llegaría el momento que tendría problemas para pagar.
— ¡Disfrute de su día! — Despedía al último cliente con una sonrisa para luego soltar un suspiro y echarse aire con uno de sus papeles.
Apesar de tener las ventanas abiertas para que el poco aire que había en el ambiente entrara aún así se sentía sofocante la tienda, por lo que Missa tuvo que está vez agarrarse el cabello en una coleta y está vez no ponerse los guantes que siempre portaba en su trabajo.
Debía buscar una manera de estar fresco.
Cerró un momento los ojos disfrutando del aire que se estaba dando con ese simple papel aprovechando que no habían clientes llegando en estos momentos para poder tomar un respiro y analizar la situación que estaba presentando con los gastos.
En unos minutos de tranquilidad sintió como algo aterrizaba en su cabeza y se acurrucaba.
Sabía perfectamente de quien se trataba por lo que para él no había necesidad de abrir sus ojos.
— ¿Igual con calor Pachuca? — Pregunto missa obteniendo un graznido de su cuervo haciéndolo sonreír de lado — Si, te entiendo, este día es horrible.
Siguió dándose aire está vez procurando que su cuervo igual tenga.
Si que era un día muy caluroso.
— Papá — Llamo suavemente Chayanne haciendo que Missa emitiera un pequeño sonido dando entender que tenía su atención — Alguien te envía esto.
Missa abrió los ojos curioso teniendo ahora en su vista a su hijo Chayanne frente a la caja registradora con Tallulah detrás de él y sosteniendo en sus manos una pequeña carta.
— ¿Así? — Dejando el papel en la mesa la tomo suavemente en sus manos mirándola detenidamente. Miro a los niños con una sonrisa y mirada juzgadora viendo esa cara de travesura que tenían ambos — ¿Saben quién la manda?
Vio como los niños negaron mientras se retiraban soltando pequeñas risas para volver a su anterior actividad haciendo que Missa negara.
Volvió su atención a la cartita tomando ya le decisión de abrirla para leer el contenido de esta misma haciendo que ahora su sonrisa de confusión pase a una de diversión por el contenido que tenia en ella.
'Agradecido estoy por está calorcito para poder apreciar lo bonito que te vez con tu cabello así recogido. ¿Que tal si lo dejas así cuando salgamos más tarde? ;)
-Phil'
Missa sintió sus mejillas ponerse rojas mientras una pequeña risa salía de sus labios, no tenía que ponerse a pensar mucho de quien era el que le escribió la carta.
Soltó un suspiro tratando de calmar esa emoción que crecía.
Cosas tan pequeñas que hacia Philza y aún así lo ponían nervioso.
Y ni siquiera estaba presente.
— Es un tonto — Murmuró suavemente mientras volvía a leer la carta con una sonrisa hasta que finalmente la doblo para guardarla en sus bolsillos.
Un nuevo regalo que apreciar.
Sintió como Pachuca bajaba a su hombro y soltaba un pequeño graznido llamando su atención, por lo que volteo a verlo para acariciarlo con uno de sus dedos su plumaje.
— ¿Verdad que es un tonto, Pachuca? — Río al obtener un nuevo graznido de respuesta — Pero, es un tonto muy lindo aún así.
Definitivamente Philza alegraba sus días igual.
Siguió acariciando a su cuervo hasta que escucho el tintineo de la puerta haciendo que Pachuca se fuera del lugar y Missa pusiera nuevamente su disposición para atender al nuevo cliente que llegó.
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— Definitivamente te vez precioso con el cabello recogido — Murmuró Philza teniendo puesta su mirada en Missa consiguiendo que el contrario solo riera apenado.
— Pues no te acostumbres solo lo hago porque tengo calor.
Philza recargo su mejilla en el hombro contrario con una sonrisa todavía en su rostro — Entonces lo apreciare cada momento.
Luego de una mañana llena de trabajo de ambas partes, ya porfin había llegado el atardecer para poder disfrutar las últimas horas del día antes de que se oscureciera.
Ya era una costumbre que estaban tomando en salir una o tres veces a la semana después del trabajo. La mayor parte del tiempo los planes eran propuestos por Philza que lo hace para convivir con Missa y no solo quedarse con los momentos que puede verlo cuando va a visitarlo a su tienda.
Eso ya era antes.
Ya había más confianza para tomar la decisión de hacer planes y que Missa los acepte sin negarse a ninguno, por eso Philza aprovechaba cada momento para hacer mas planes.
Pero está vez el plan para este tarde lo propuso Missa.
Algo sorprendente para Philza.
Obvio que acepto sin pensarlo.
Por lo que ahora se encontraban los dos sentados en la sombra de un gran árbol vigilando de momentos que los niños no se lastimen al estar jugando en el lago que estaba frente a ellos.
Un agradable momento era como lo sentían.
Solo ellos cuatro en el lugar, conviviendo entre platicas y tonterías, comiendo de momentos las paletas que habían sobrado en la venta de la tienda.
Cómo una familia.
Bueno, así Philza lo sentía, un muy agradable momento de familia.
Aunque lastimosamente no lo eran.
— No entiendo porque los del pueblo no viene aquí — Murmuró suavemente Missa mientras quitaba algunos cabellos rebeldes que tenía Philza en la cara al momento que él mencionado decidido acostarse en el suelo recargando la cabeza en su regazo.
— Está muy escondido — Respondió teniendo todavía sus ojos cerrados disfrutando en sentir las manos de Missa en su rostro — Por eso está muy solitario
— Lastima para ellos en que no puedan disfrutar esto
— Si, que lastima — Antes de que Missa retirará sus manos Philza tomo una de ellas para entrelazar la con la suya — Pero así podremos disfrutar más este lugar solo nosotros — Abrió los ojos por fin teniendo ahora en su vista a Missa sonriéndole y ver esos brillosos ojos que tanto adora.
Si, Philza agradecía ser el único en saber de este lugar.
— ¿Así que no quieres que otros lo disfruten?
— ¿Y perderme de la tranquilidad que es tenerte solo para mí? — le dejo un suave beso en sus nudillos — Prefiero que el lugar siga así, sin que nadie lo conozca.
— Eres un tonto.
— Por ti, hasta sería un completo perdedor.
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— ¡Recuerden bañarse antes de que se vayan acostar!
— ¡Si! — Respondieron en sincronía los niños mientras se iban corriendo para llegar a la casa de Missa.
— Te aseguro que empezarán a jugar.
El azabache suspiro para luego sonreír — Lo se — Jalo a Philza del brazo para cambiar su caminata yendo directo al almacén — Vamos tenemos que alimentar a Pachuca.
— Ese malagradecido no morira si un día lo dejas sin comer — Protesto el rubio con un tono molesto haciendo a Missa reír mientras lo soltaba del brazo para poder tomar la pequeña cesta que tenía en un rincón del almacén donde guardaba las semillas y pan para su cuervo.
— No lo dejaré sin comer, es mi pajarito consentido
— Pensé que yo era tu consentido
Missa volteo a ver a Philza notando sus ojos tristes y una expresión dolida haciendo que sin evitar soltara una carcajada divertido mientras negaba.
— Me refiero a pájaros, Phil — Contesto Missa mientras se acercaba hasta el nido de Pachuca para dejar la combinación de semillas y pan para que comiera.
Por su parte Philza se quede recargado en una de las cajas del almacén teniendo a total libertad apreciar a Missa detenidamente como alimentaba tan feliz al cuervo.
Apesar de que Philza demostraba que le caía mal Pachuca, adoraba ver la escena que tenía en estos momentos.
Creo que en si Philza adoraba ver a Missa hacer cualquier cosa, es un hecho.
Era ver una obra de arte para el.
— ¿Realmente no te ha ocasionado problemas? — Preguntó luego de un rato en silencio y al notar que Missa dejaba un último monton de pan para poder dejar la cesta a un lado.
— ¿Pachuca? — Philza asintió — No, ya te había dicho que es un amor de cuervo.
— ¿Seguro?
— Completamente — Missa se acercó hasta el rubio para poder tomar de su brazo y caminar afuera del almacén para ir directo a su casa — ¿Porque siempre preguntas por eso?
— Curiosidad — Respondió dudando de sus palabras — Si es que te hace algo para encargarme y llevármelo a mi granja.
— No creo que quiera ir a tu granja — Contesto — Aparte tu mismo me dijiste que no te hace caso — Observo como Philza ponía una mueca en su rostro — Además, me gusta tener a Pachuca conmigo.
Con escuchar esas palabras Philza se me quedó viendo a Missa con duda viendo cómo el contrario lo soltaba para abrir la puerta y poder ambos entrar a la hogareña casa.
— ¿Te gusta tener a Pachuca contigo? — Missa asintió con una sonrisa — ¿Por qué?
— Porque así tengo una parte de ti conmigo — Se le quedó viendo a Philza todavía teniendo una gran sonrisa en el — Eres amante de los cuervos y tener uno de ellos conmigo es como si tuviera una parte de ti siempre a mi lado.
Y Philza, ahora había quedado sin palabras y con un sonrojo en sus mejillas.
Podía sentir su corazón bombear tan rápido.
Y su respiración volverse lenta.
Solo podía observar la sonrisa tan preciosa que tenía Missa en su rostro.
Para Philza tenía que ser un delito que Missa fuera tan bello.
— Así que déjalo conmigo ¿Si?
Y dicho eso, Missa se dió la vuelta para ir a buscar a los niños dejando a Philza todavía ido en el lugar.
Tenía tantos conflictos ahora.
No sabía que hacer.
Las palabras amenazantes del alcalde como las palabras tan llenas de dulzura de Missa taladran su mente.
Una parte de él sentía felicidad y otra la culpa.
Philza estaba perdido.
Soltó un suave suspiro tratando de relajar todos los sentimientos que tenía para solo quedarse observando a la dirección donde Missa se había ido.
— No dejaré que nada malo te pase.
Chapter 12: 12;
Chapter Text
Dicen que los días nublados es donde más refleja la calma en las personas.
Al ser un día donde el sol no sale alumbrar con sus rayos, puede ser opaco y tranquilo.
Pero, no siempre es señal de calma.
Aveces es donde más cerca está de ser una tempestad.
Este nuevo día iniciaba.
Y anunciaba el cielo que estaría parcialmente nublado.
— No entiendo — Exclamó Missa mientras dejaba caer su cabeza al mostrador siendo detenido por la mano de Philza antes de que pudiera golpear con la madera — No entiendo porque está bajando las ventas — Siguió hablando hasta vez en murmullos bajos— ¿Crees que les caigo mal a los del pueblo?
— ¿Eh? — Philza lo miro incrédulo mientras negaba — Que tonterías dices, tu no le caes mal a nadie — Aprovechando que sostenía su cara la elevó para que pudieran verse y apretar sus mejillas con cariño — Eres la luz para todos.
Missa suspiro — ¿Entonces?
— Simplemente son días difíciles — Explico — También las cosechas han estado afectadas por como ha estado el clima estos días — Le expresión de Missa siguió decaída haciendo que Philza le de una sonrisa tratando de calmarlo — Todo mejorará, Missa.
— Es que yo siento que hay algo más — Esta vez apartó su cara de la mano de Philza mientras se quedaba pensando — Días anteriores supe que solo a mi me han aumentado la renta del local — Volvió a mirar a Philza notando ahora una mirada preocupada en el — Sólo a mi, ni siquiera a los demas locales vecinos.
— ¿Enserio?
— Si — Empezó a jugar con sus dedos ante lo inquieto que lo dejaba la situación — Y está vez me llegó muy alto el costo del local.
— ¿Y lo has pagado ya?
— No, todavía tengo tiempo para pagarlo — Murmuró preocupado — Pero no entiendo porque solo a mi.
Quedaron un rato en silencio.
Está vez Missa agachó la mirada con preocupación evidente en su rostro mientras seguía moviendo sus manos inquietas entre ellas.
Teniendo la tensión de por medio, obvio cada uno tenía diferentes motivos que se entrelazaban.
Pero uno no quería comentarlo.
Philza suspiro mientras volvía a colocar su mano en las mejillas de Missa para poder dejar suaves caricias obteniendo nuevamente de su atención.
— Probablemente solo sea un error — Antes de que Missa pudiera interrumpir lo Philza apretó nuevamente sus mejillas consiguiendo una exclamación de Missa — Yo me encargaré, hablaré con el alcalde para que vea el error y lo corrija.
— Pero, tu me dijiste que no tienen buena relación.
— Bueno es verdad — Philza rio — Pero por ver nuevamente esos brillantes ojos alegres hago lo que sea — Le guiño el ojo confiado obteniendo una risa de Missa avergonzada mientras negaba y se separaba nuevamente del agarre de Philza. — Me gusta verte más así, tan brillante y lleno de alegría.
— Pensé que te gustaba cualquier faceta mia.
— Y es verdad — Respondió — Pero ver esa sonrisa tuya es mi debilidad — Philza vio como Missa solo sonreía más avergonzado haciéndolo reir.
No sé cansará siempre conseguirla.
— Aparte — Volvió hablar Philza — Tengo que ir con el por un asunto, así que aprovecho para que vea ese error y lo modifique.
— ¿Enserio? — Philza asintió — ¿Y que asunto?
— Cosas de mi granja — Vaciló un poco en sus palabras — Por cierto, ¿Pachuca está en su jaula?
Missa lo miro confundido ante el cambio de tema — Si, desde que nos la diste se la pasa en ese lugar todo el tiempo — Explico — Aunque no me gusta que esté encerrado.
— Lo se, pero solo será una pequeña temporada — Philza le sonrió.
Missa asintió con sospecha al notar la duda en su tono por lo que teniendo curiosidad iba a preguntar si pasaba algo más pero el tintineo de la puerta llamo la atención de ambos viendo que llega un cliente que rápidamente fue atendido por Chayanne y Tallulah al mismo, nuevamente estaban compitiendo entre ellos.
Eso ocasionó que los mayores rieran, era divertido verlos cada que hacían eso.
— El trabajo llama.
— Si — Philza se acomodo su gorro mientras suspiraba — ¿Más tarde te veo? — Pregunto sonriendo obteniendo de igual forma una sonrisa de Missa.
— Sería raro no verte.
Aumentando más su sonrisa Philza tomo suavemente la mano de Missa para poder retirar de su guante y dejar un suave beso en su nudillos descubiertos.
— Cuídate, flor mía.
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Las nubes tapaban más el sol.
Por lo que era difícil poder apreciar bien el atardecer que se estaba asomando ya.
Aunque eso no importaba en estos momentos.
No para Philza.
— Aquí está — Mostró Philza la jaula donde se podía apreciar un cuervo inquieto tratando de buscar alguna salida.
El alcalde solo pudo observar con detenimiento al cuervo mostrando una ligera sonrisa antes de que desaparezca.
— Primera vez haciendo caso — Respondió el alcalde — Felicidades, espero no ver nuevamente a esa plaga por aquí.
— No es plaga — Contraatacó a regañadientes — Pero ya no lo verá más, me lo llevaré conmigo y así evitamos más conflictos — Explicó seriamente apartando la jaula de la vista para poder tener ambas miradas fijas.
Llenas de amenaza y odio.
— Ahora cumple con tu parte — Hablo Philza sin apartar su mirada — Cucurucho.
— Tu ganas, bajaré el precio a como estaba antes — Se dió media vuelta para poder retirarse — Por cierto, si me entero que es mentira esto, considera perdido el local de Missa — Miro una última vez de reojo a Philza antes de empezar a caminar para irse — Lárgate de mi granja ahora.
La suave brisa se escuchó en el lugar.
Philza solo podía observar como la silueta del alcalde se alejaba antes de dar la vuelta ahora el para retirarse de la granja.
Una vez camino a una considerable distancia donde no podía ser observado más por el dueño soltó un suspiro mientras eleva la jaula a su rostro para poder darle una suave sonrisa al cuervo que tenía enjaulado.
— Tranquilo, ya pasó — Murmuró suavemente mientras abría la jaula para que pudiera salir y que se posará en su hombro. — Lo hiciste bien, así lo tendremos distraído un rato — Obtuvo un graznido en respuesta haciéndolo reír — Ya luego veré que más haré, Brian — Suspiro antes de elevar su mano al aire para dar la indicación al cuervo que volará — Ve a la granja antes de que te vean.
Solo aprecio como su cuervo se iba volando hasta ya no verlo a la vista así ya pudo soltar un suave suspiro mostrando todavía su cara de preocupación.
Sabía en su interior que esto no acabó.
Solo atraso más las cosas con mentiras.
Podía escuchar el sermón de su amigo Fit por lo que acaba de hacer, pero al menos tendría más tiempo.
Acomodando su sombrero empezó nuevamente a caminar está vez yendo directo a su granja todavía tenía cosas que hacer antes de la tarde.
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Apesar de que todavía estaba nublado el atardecer eso no impidió el plan que tenían de pasarla está vez en la granja de Philza.
Un plan simple para levantar los ánimos.
Aunque a este punto ya planes no eran, ya parecían más momentos en familia después de un día de trabajo.
Mientras los niños jugaban, los adultos estaban sentados, bueno mejor decir, Missa estaba sentado en el pasto teniendo puesto el sombrero que siempre portaba Philza con el mencionado estaba con su cabeza recostada en el regazo, disfrutando platicar y estar encerrados en su propio mundo.
Sin nada que pudiera interrumpir los.
— ¿Paso algo, Lu? — Pregunto Philza notando como los pequeños llegaban con ellos, luciendo algo desordenados y con tierra debido a estar jugando.
— Se enredo su cabello cuando nos caímos en las hojas — Explico Chayanne mientras ayudaba a quitar ramas del cabello de Tallulah.
— Ouh — Murmuró Philza mientras se levantaba de estar acostado en el regazo de Missa — Dejame te ayud-
— Yo me encargo — Interrumpió Missa a Philza con una sonrisa mientras le indicaba a Tallulah que se sentará con él obteniendo que la niña le hiciera caso.
Philza no dijo nada pero solo se le quedo viendo con una sonrisa a ambos aunque luego dirigió su atención a Chayanne viendo que se quedó con una pequeña mueca por no tener ahora a su compañera de juegos.
— No pongas esa cara Chay — Hablo Philza una vez se levantó del pasto — Mejor juguemos tu y yo — Y antes de que pudiera dejarlo responder se acercó para hacerle cosquillas haciendo que por inercia saliera corriendo divertido tratando de huir de él, iniciando un pequeño juego entre ellos.
Missa y Tallulah simplemente se rieron divertidos mientras seguían enfocados en estar sentado tratando de arreglar el cabello de la más pequeña.
Duraron un buen rato así en silencio solo teniendo de fondo las risas de Chayanne y Philza.
Ya no había ramas en el cabello de Tallulah, pero ahora Missa se estaba encargando de peinar su cabello para evitar mas accidentes.
— ¿Nunca se irán, verdad? — Missa al escuchar la voz de la pequeña detuvo su acción de peinarla para agachar su mirada y observar su rostro con curiosidad.
— Claro que no — Le afirmó con una sonrisa — ¿Porque esa preocupación, Lu?
— Es que — La pequeña empezó a jugar con sus manos — Desde que llegó he notado a mi padre más feliz todos los días — Empezó a explicar — Y antes era difícil verlo así todo el tiempo.
— ¿Enserio?
Tallulah asintió haciendo que Missa hiciera una mueca — Estaba feliz solo cuando estábamos a solas en la casa, pero cuando nos encontrábamos con los demas siempre estaba serio — Siguió explicando haciendo que la mueca de Missa aumente — Hasta incómodo.
— ¿Tan mal los ha tratado el pueblo? — Al no obtener una respuesta rápida observo con detenimiento a la pequeña viendo que tenía una mirada decaída ocasionando que se le achicara el corazón.
Le recordó la misma expresión que siempre tenía su hijo Chayanne cuando ellos vivían en el antiguo pueblo. Tan triste y apagada.
Tan diferentes no eran, ahora lo podía notar.
Era obvio que vivieron casi la misma situación.
Ser despreciados por el pueblo donde vivían en distinta forma.
Diferente situación, mismo sentimiento.
Luego dirigió su mirada a dónde estaban Philza y Chayanne jugando y siendo perseguidos ahora con los cuervos, se notaban felices como si no existiera más ese dolor.
Solo eran cuatro almas que necesitaban sanar.
Missa soltó un suspiro suave para proseguir en terminar de peinar a Tallulah para después dejar un suave beso en su cabeza llamando por sorpresas su atención.
— Tranquila Lullah — Le sonrió— No nos iremos a ningún lado — Pellizco su nariz con cariño sacándole una risa — Nos sentimos tan bien estando con ustedes dos.
Manteniendo todavía su sonrisa fue correspondido de igual forma por igual una sonrisa sincera de cariño.
Pellizco su nariz con cariño una última vez antes pararse del pasto para irse juntos a dónde estaban Philza y Chayanne para poder jugar todos juntos.
Cómo una pequeña familia.
— Te vez más bonito usando mi sombrero que yo — Le murmuró Philza con una sonrisa a Missa una vez se detuvieron para tomar aire.
Missa sólo rodó los ojos mientras sonreía agitado.
— Eres un tonto.
— Lo se.
Chapter 13: 13;
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
Dicen que las mentiras tarde o temprano caen para mostrar la cruel verdad.
Aveces más tarde, pero ya cuando el daño está hecho; era bien sabido por Philza que su mentira caería, pero tan ocupado estaba disfrutando de los días cálidos que ahora tenía que ni siqueira ponía atención a ese detalle.
Ya habían pasado casi un mes de lo sucedido y todo pintaba para mejor la situación.
Aún así sabía que era vigilado por el alcalde. ¿Era de sorpresa? La verdad que para Philza no tanto, sabía que pasaría, aún así siempre trato estar mas precavido para que no descubriera nada.
También, últimamente había aumentado las miradas de los pueblerinos hacia el y ni hablar de los rumores, esos solo aumentaron mas.
Igual tenía él la culpa; tenía que esperar que se iban a inventar más cosas desde que todo el mes que paso estuvo viviendo más en casa de Missa que en su granja.
Pero a Philza no le importaba eso.
De hecho le daba risa cada que Missa le contaba que más rumores se inventaron cuando regresaba de su granja.
Aunque en algo iba admitir que podía darle razón a uno de los tantos rumores que decían; algún día volverá a vivir otra vez en el pueblo.
Pero, todavía era una posibilidad, tenía que ver varias cosas para volver a su antigua casa.
Otra historia sería.
Hoy era un día perfecto.
Los días lluvioso habían terminando, aún así no podían darlo como finalizado las altas probabilidades de la lluvia aún estaban, pero al menos daba chance a los granjeros de recojer cultivo y plantar uno nuevo.
Por lo que Philza empezando con un precioso sol en la mañana que quemaba la piel se mantuvo en su granja recogiendo la cosecha que pudo salvarse de las lluvias.
Se encontraba solo en compañía de sus cuervos; su hija Tallulah como era ya costumbre de rutina se encontraba trabajando en la tienda de Missa.
Ahora tenía que llevarse solo el trabajo pesado.
Al menos al final sería recompensado con ver a su amada flor junto con los niños.
— No fue tanta cosecha — Exclamó Philza suspirando mientras dejaba el segundo costal de papas en la puerta de su almacén. — Apenas y pude recolectar dos costales — Estiró sus brazos haciendo crujir sus músculos mientras se quitaba su sombrero. De rato sintió como uno de sus cuervos se posaba en su cabeza haciéndolo soltar una risa al escucharlo graznar. — Para la próxima tendremos más suerte, ¿No crees? — El cuervo solo grazno haciéndolo reír — Con razón me llaman loco por hablarles siempre.
Estiró una de sus manos para que el cuervo pudiera posar sus patas en los dedos de sus manos para bajarlo a su altura del rostro, aunque al realizar dicha acción noto como el mismo tenía un pequeño rollo de papel amarrado en su pata izquierda.
— ¿Que tienes aquí? — Pregunto Philza mientras le desataba el rollo de papel de su patita — ¿Una carta para mí? — Y antes de que pudiera leer el contenido escucho como cosas caían cerca del almacén como igual a sus cuervos graznaban, por lo que se fue asomar a la puerta divisando quienes eran los intrusos.
Nada más observo como Chayanne y Tallulah corrían juntos dándose empujones y tropezando con sus pies siendo perseguidos por los cuervos.
Eso a Philza hizo soltarle una gran carcajada. Eran un caso perdido esos dos juntos.
— ¡Regresen con cuidado a la tienda, pequeños demonios! — Les grito Philza para que pudieran alcanzar a escuchar recibiendo por respuesta igual un grito unison de los pequeños afirmado su petición.
Negó divertido mientras volvía a la atención del papel enrollado. Le dió la seña a su cuervo de que se fuera volando con los demás para así tener privacidad en leer la carta con tranquilidad.
Una vez desenvolvió el papel una gran sonrisa se puso en sus labios una vez identifico la letra de quién era.
Missa.
" Holaaa granjero cuervo. ¿Todo bien? Ojalá que si lo estés.
Si es que no tienes mas cosas por hacer está tarde, ¿te gustaría acompañarnos a dar limonadas y pastelitos a los del pueblo conmigo y los niños? :)
Espero tu respuesta estaremos en el centro del pueblo ;)
— M"
Y Philza no tardo en soltar un grito de alegría.
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— ¡Disfrute de su pastelito! — Exclamó Missa contento mientras seguía caminando junto con los niños que se encargan de entregar pasteles y limonada a los habitantes.
Aprovechando este día caluroso optó por realizar una bonita acción a sus vecinos en darles bocadillos para degustar. Igual forma lo hacia, ya que desde que Philza resolvió su problema del local, los días han estado mejor y sin problemas de paga.
Eran dias buenos para Missa que no podía expresarlo mejor en darle cosas a sus vecinos por la grata bienvenida que le han dado a él y su hijo.
Así que estaban los tres caminando por todo el pueblo entregando pasteles y limonadas siendo recibidos de buen gusto.
— Provecho — Contesto Missa una vez su hijo entregó la limonada.
Iban a seguir con su camino, pero dicha acción fue interrumpida al sentir como su visión fue bloqueada por unas manos.
Por la textura callosa que sentía en su rostro, conocía perfectamente esas manos.
— ¿Crees que tengas más pastelitos para darme? — Missa soltó una pequeña risa al escuchar su voz.
— Pense que no vendrías.
— ¿Y perderme en acompañarte? — Philza destapó los ojos de Missa para así quedar ahora recargando su cabeza en el hombro contrario mientras le sonreía.
— Se me olvida que cancelas todo para verme — Río al ver cómo Philza le guiñaba el ojo — ¿Cómo te fue en la cosecha? — Ahora la sonrisa de Phil decayó un poco algo que Missa noto en los instantes — ¿Así que nada bien, eh?
— Han existido días mejores de cosecha — Suspiro mientras volvía nuevamente a poner una sonrisa en su rostro — Pero tu haces que mis días siempre sean los mejores.
Missa sólo rodó los ojos sonriendo ya acostumbrado de esto mientras hacia un ligero movimiento en su hombro para que Philza dejara de recargar su cabeza y pudieran caminar ahora los cuatro por todo el pueblo.
Está vez ambos pequeños estaban entregando tanto las limonadas como los cupcakes que faltaban a los del pueblo mientras los adultos iban caminando detrás de ellos platicando animados.
Cualquiera del pueblo que los veía podía pensar que eran familia, pero sabían que no era así.
— Mira — Señaló Philza a una de las tantas casas que estaban en el camino. Era la más alejada del centro del pueblo, aún así se veía en perfecto estado y decorada con flores bonitas — Yo vivía antes ahí.
— ¿Tu? — Pregunto Missa incrédulo — Me mientes.
Philza rio mientras negaba — Es verdad, no podría mentirte, si no me crees pregúntale a Tallulah — Menciono a su hija consiguiendo que la misma asintiera una vez que Missa se le quedo viendo esperando respuesta.
Ahora Missa de estar incrédulo quedó sorprendido. Mientras los niños siguieron su camino ahora ambos padres detuvieron su marcha y se quedaron mirando la casa.
— Si no mal recuerdo, ya se cumple siete años de que me fui — Explico Philza — Tallulah era muy pequeña cuando tomé la decisión de ahora vivir fuera del pueblo, solo tenía un año — Suspiro sintiendo un amargo sentimiento otra vez — Fueron tiempos difíciles.
— Me imagino — Missa murmuró volteando a ver a Philza notando como su mirada estaba decaída y sería — ¿Y no has pensado en volver?
— No — Respondió aunque luego desvío su mirada a Missa. Ambos viéndose. — Bueno, si, pero la única forma en que yo me propuse en volver es si todo mejorará.
— ¿Y? ¿Han mejorado las cosas? — Pregunto Missa está vez teniendo un silencio en ambos, solo habían miradas. Una llena de curiosidad y la otra mostrando ya calma.
"Si, porque estás tu viviendo aquí"
Cobardía.
Philza sólo elevó ambos hombros con una sonrisa mientras se daba la vuelta y empezaba a caminar dejando a Missa confundido.
— ¿Eso que fue? — Pregunto Missa — ¡Hey! ¡Responde, no huyas mientras te ríes! — Grito divertido empezando a correr para alcanzar a Philza.
Dejando atrás a la hogareña casa vacía.
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— ¿Otra festividad este fin de semana?
— ¡Si! — Missa volvió a tomar un mechón de los cabellos de Philza para poder unirlo con los demás para agarrar su cabello con una liga. El cabello de Philza ya había crecido un poco más a lo habitual —Me dijo Roier que será el domingo para festejar la cosecha que se salvó por las lluvias que estuvo pasando estos días, sería algo así como compartir entre los granjeros su cosecha — Explico — Aparte ya pasó rato desde el último festival.
— Tienes razón — Murmuró Philza.
Ya estaban en la casa de Missa, luego de haber entregado cada pastelito y limonada. Mientras los niños fueron al almacén a jugar con Pachuca ellos se quedaron en la sala teniendo su momento de privacidad. Missa estaba sentado en el sillón teniendo frente a él a Philza sentado en el suelo para poder peinar su cabello cómodamente.
— ¿Entonces? — Volvió a preguntar Missa, una vez que pasaron los minutos y habían quedado en silencio. — ¿Te gustaría acompañarme?
— A dónde sea — Murmuró Philza — Mientras sea contigo — Movió un poco la cabeza para verlo de reojo y darle una sonrisa sincera.
Missa correspondió a su gesto con una pequeña risa.
— Igual si no quieres ir está bien — Contesto terminado de hacer la coleta a Philza — Se que no te gusta estar aquí en el pueblo, no te obligues a ir si no quieres — Noto como Philza volteaba y recargaba su mentón en sus piernas teniendo consigo una sonrisa confiada. Eso hizo a Missa igual sonreír.
— Voy contigo — Contesto — Aparte así podemos darle más razón a los demás de seguir hablando tonterías de nosotros — Missa empezó a reír haciendo a Philza sonreír más.
"Realmente has mejorado mis días"
— Eres un sinvergüenza.
— No lo soy — Contraatacó — Simplemente quiero darles más contenido para que no se aburran — Explico — Aparte — Tomo suavemente la mano de Missa — Este granjero necesita un acompañante para la festividad, ¿no crees?— Le guiño el ojo haciendo reír más a Missa.
— Tonto.
— Lo sé — Se quedó pensando Philza unos momentos antes de nuevamente volver hablar — ¿Crees que podamos hacer algo ese día del festival?
— ¿Aparte de planear todo lo que vamos hacer de comer y decoración? — Philza asintió — Claro, ¿Qué quieres hacer?
— No es la gran cosa — Ladeó un poco la cabeza dejando acostada parte de su mejilla — Simplemente quiero ir en conjunto contigo.
— ¿Conjunto? — Lo miro curioso — ¿Así como una pareja casada?
— Buenooo no diría tanto así — Missa rio al notar los nervios de Philza en su expresión — Pero si, ir en conjunto de ropa junto con los niños.
— Aguanta — Missa se inclino a dirección de Philza con una sonrisa burlona — ¿Me estás proponiendo ir vestidos con conjunto como una familia tradicional granjera?
Philza rio nervioso — Tan obvio me ví — Vio como Missa asintió haciéndolo poner más nervioso — ¿Aceptarías?
Y ahora se había quedado en silencio la habitación. Solo quedaron sus miradas puestas en el otro, uno con más nervios que el otro.
Apenas Philza iba hablar al ver que no obtenía respuesta pero guardo silencio cuando sintió como Missa acomodaba parte de su cabello de enfrente y lo miraba con esa calida sonrisa que tanto ama.
— Solo espero que nos podamos organizar bien el día de mañana — Respondió está vez despeinado parte del cabello de Philza — Pero yo ya aparte en usar tu sombrero, granjerito.
Philza casi soltaba un segundo grito de alegría por este día.
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— ¿Así que vas a ir? — Philza asintió emocionado haciendo a Fit reír — Me sorprendería más que no fueras la verdad.
— ¿Tu crees que me iba a perder ir con Missa? — Philza volteo a ver a Fit viendo cómo este tenía una sonrisa burlona — Me conoces, mate.
— Mucho tiempo conviviendo contigo sirve de algo.
Ya el día de ayer se había terminando con promesas y teniendo fijo el plan que harían cada uno. Mientras Missa se iba a ocupar en atender de su tienda con los niños, para terminando su labor empezar a cocinar toda la comida con la cosecha de papas que recolecto Philza para llevar mañana; Philza por su lado estaría afuera ayudando a decorar el centro de la plaza.
Cómo siempre, se propuso a traer flores, petición de su hija en poner esa decoración.
Así que se encontraba acompañado está vez de su amigo Fit ayudando a los demás del pueblo que se pusieron a decorar, colocando cada detalle de flores en cierto puntos de la plaza.
— ¿Crees que sería bueno volver a vivir yo aquí?
Fit volteo a ver a Philza extrañado — ¿Cómo?
— Que yo viva otra vez aquí — Explico — Ayer me fijé que todavía seguía mi casa intacta después de siete años — Coloco la última decoración de flores en el sitio donde iba mientras tenía una sonrisa — ¿Sería bonito regresar, no?
— Para tener otra vez al alcalde fastidiando a tu puerta todos los días — Philza cambio su sonrisa por una mueca haciendo reír a Fit — Claro que si sería bonito.
— Arruinas el momento.
— Solo soy realista — Contraatacó — Aparte para que volver a tu antigua casa si ya vives casi en la de Missa.
— El quedarme a dormir en su casa varios días no significa que viva con el.
Fit lo miro incrédulo — ¿Cuánta ropa dejaste en su casa? — Philza se quedó en silencio — Vuelvo a mi punto.
— ¿Que ya no puedo volver a mi antigua casa?
— Si, pero sabes que tienes un trato con el alcalde — Vio a Philza suspira — Entiendo que quieras vivir devuelta aquí por Missa, pero sabes que no es el momento — Coloco una mano en el hombro contrario para darle un suave apretón — Y menos si ahora el alcalde te anda espiando hasta como respiras — Hizo una seña para que Philza volteara haciéndole notar como el que tanto hablan los miraba desde lejos serios.
Tanto Philza como el alcalde se quedaron viendo serios hasta que uno apartó la mirada, claro que Philza no fue el que la apartó.
— Algún día te va a descubrir que Pachuca sigue con ustedes.
— Tendrá que ser muy fisgón para que lo haga.
— Solo espero que todo te resulte bien.
Philza volvió a mirar a su amigo Fit para darle una sonrisa confiada, y antes de que pudiera responderle algo noto a la lejanía como Chayanne teniendo en sus manos canastas se acercaba por lo que optó mejor despedirse de su amigo para comenzar a caminar en dirección con una sonrisa.
— ¡Campeón! — Una vez cerca Philza despeinó su cabello haciendo reír a Chayanne — ¿No te toco atender la caja hoy? — Observo como Chayanne negaba — ¿Entonces que te trae aquí?
— Papá Missa quiere que vayamos a la granja de tío Spreen a recolectar verduras.
— ¿Así que solo iremos los dos? — Chayanne asintió — Siendo así cumplamos está misión pequeño — Iban a empezar a retomar el camino en dirección a la granja hasta que Philza noto el pequeño detalle en la ropa de Chayanne. Se movía mucho y había plumas.
Antes de preguntar noto como se asomaba el cuervo, Pachuca, y salía de su escondite para posicionarse en la cabeza de Chayanne.
Por un momento a Philza se le detuvo la respiración.
Pachuca.
Afuera.
El centro del pueblo.
El alcalde.
Rápidamente tomando de su cesta la coloco en la cabeza de Chayanne, ocasionando que lo viera extrañado.
— ¿Y eso que Pachuca este afuera? — Pregunto con algo de nervios.
— Papá Missa me dijo que lo saqué a pasear contigo.
— Oh — Philza rio nervioso mientras ya empezaba a retomar caminata con Chayanne a la granja — Siendo así vámonos de aquí los tres, tenemos mucho trabajo por hacer para mañana.
Y así ambos se fueron del lugar dejando atrás la plaza del pueblo; aunque teniendo Philza la incertidumbre de que lo hubieran visto, igual trato de irse confiado.
Lastima que el dia soleado empezó a nublarse otra vez.
Notes:
¿Emocionados?
Porque yo si
¡He vuelto!
Chapter 14: 14; pt 1
Notes:
Este capitulo se divide en dos partes
Disfrútalo y espero que hayas tenido felices fiestas patrias!
Chapter Text
— ¿Realmente me veo bien?
— Claro — Afirmó — Tu con cualquier prenda luces muy bien — Philza sentado en la cama termino de acomodar sus botas y volteo a mirar a Missa con una sonrisa apreciando como se estaba observando al espejo del cuarto — Simplemente divino.
Missa rodó los ojos — Tu me vas halagar aunque esté todo lleno de lodo.
— Serás lo más bonito que verán mis ojos siempre — Missa negó haciendo reír a Philza — Vamos, sabes que no miento — Se levantó de la cama tomando de su sombrero para colocarlo en su cabello y empezar a caminar en dirección a Missa poniéndose detras de él recargando su mentón en el hombro para verlo igual por el espejo — ¿Porqué no te convence?
Missa elevó sus hombros mientras volvía a suspirar — Casi no soy de vestirme así
— Lo sé — Paso suavemente sus manos por los brazos de Missa hasta llegar hasta sus manos y poder tomarlas delicadamente — Pero tu aceptaste en ir en conjunto conmigo y los niños — Le comento divertido obteniendo un bufido divertido de Missa haciendo a Philza sonreír — Aparte te vez bien de granjero, solo falta un pequeño detalle — Y antes de que Missa preguntara vio como el rubio se quitó su típico sombrero que no faltaba en usar para ponérselo a él — Hermoso.
Halago mientras ambos seguían observando el reflejo en el espejo. Por una parte, Missa no se sentía incómodo pero si era algo nuevo para el usar ropa de granjero, normalmente su ropa era holgada y cómoda para el trabajo, ahora el hecho de portar el overol negro, la camisa de mangas largas blanca y los botines alto de trabajo, si que lo hacían ver cómo un granjero típico del pueblo, más específicamente como se viste Philza la mayor parte del tiempo.
En cambio Philza no podía dejar de sonreír mientras observaba a Missa tan atentamente. Decir que está feliz era poco a comparado de la emoción tan grande que tenía por verlo vestido así. Hasta para ir iguales se colocó un overol negro y la camisa verde. Cómo una pareja en conjunto.
Si que le había resultado su plan; una victoria para Philza apuntada en su lista.
— Bueno — Volvió hablar Missa dejando de mirar su reflejo en el espejo para ver a Philza sobre su hombro con una sonrisa — Si me veo bien
— Te lo dije — Murmuró feliz mientras dejaba un suave beso en su mejilla haciendo reír a Missa.
Iban a seguir ambos encerrados en su propia burbuja llena de felicidad y calma hasta que escucharon como abrían la puerta del cuarto de golpe haciendo que ambos se espanten y se aferren al otro.
— ¡Se nos hace tardee! — Exclamaron ambos niños mientras se acercaban y empezaban a jalar de sus manos para que empiecen a caminar.
Y como era en conjunto con los niños, igual ellos portaban overoles y sombreros de paja. Cómo una familia tradicional granjera.
— Ya vamosss, ustedes no dejan tener un momento a solas — Bufó Philza con fingido fastidio haciendo reír a Missa mientras ambos se dejaban guiar por los niños para seguir con su plan del día.
Todavía era de día, específicamente las 10 de la mañana, cuando el sol ya estaba mostrando sus rayos de luz y el cielo daba una vista espectacular de colores; hoy era el día del festival de la cosecha está vez iniciaría más temprano, por lo que tenía que tener ya todo listo para ir a la plaza donde se llevaría acabó la celebración.
Lo bueno que ellos se habían preparado todo el día de ayer para no tener complicaciones con la comida.
Solo era ver últimos detalles en cocina antes de irse.
— ¿Tenemos que ponernos esto? — Pregunto Philza a su hija una vez observo como ella le colocaba como una especie de broche en su ropa cuando le pidió que se agachara a su altura.
A detalle se podía ver qué fue hecho a mano, muy probable que por ambos niños, y era como una insignia que tenia las letras "family" y el dibujo de una papa.
— ¡Si! — Tallulah sonrió después de colocarle el broche — Es para distinguir cada familia de la cosecha en el festival.
— ¿Cada familia? — Murmuró — Eso significa que Missa — Vio como Tallulah asintió y le señalaba al otro lado de la cocina pudiendo observar como Chayanne le colocaba igual un broche a Missa en la ropa.
Un broche distintivo para cada familia.
Missa volteo a verlo y se rió al notar como tenía una mirada perdida en el — ¿Se te perdió algo, granjerito? — Pregunto burlón mientras se daba la vuelta y seguía a los niños para terminar de preparar todo antes de irse de la casa.
Philza no respondió y solo se quedó observando todavía perdido, aunque minutos después una ligera sonrisa apareció en sus labios y sentía su pecho bombear.
Su familia.
— ¡Vamonos papá! — Escucho el exclamó de su hija haciéndolo volver a sus sentidos mientras rodaba los ojos divertido. Iba hacer un dia interesante.
— Ya voy, ya voy — Respondió incorporándose nuevamente para tomar en sus manos una de las bandejas que faltaba de comida para salir de la cocina.
Sería un día largo igual.
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Ahora Philza entendía a lo de diferenciar cada familia por el broche.
Cuando habían llegado a la plaza donde se llevaría acabo el festival y saludar a sus amigos que se acercaban a ellos pudo notar en cada uno un respectivo broche, dividiendo cada familia granjera con el respectivo cultivo que sembraban mas.
Philza en este caso, sembraba más papas, por lo que ahora entendía el dibujo que tenía su broche.
Y también descubrió su principal función, el cual le fue explicado por Roier, era porque más tarde se llevaría acabo varios juegos, más que nada por petición de los niños del pueblo, para poder convivir más en familias.
— Al menos nuestros broches son mas bonitos — Murmuró Philza a Missa una vez se separaron de sus amigos y se acercaban ambos a la gran mesa para dejar las bandejas de comida.
Missa lo miro curioso — ¿Por qué lo dices?
— Porque de todos los granjeros, soy el único que tiene un precioso acompañante — Le guiño el ojo consiguiendo que Missa se sonroje y le de un ligero empujón.
— Lo que dices no tiene nada que ver de porque nuestros broches son mejores.
— Lo sé — Se acercó a Missa tomando de su mano para elevarla y besar suavemente de sus nudillos — Pero me fue inevitable no halagar tu belleza.
— ¿No te cansas, verdad?
Philza negó — Menos ahora que estás en conjunto conmigo.
— Para la próxima mejor te digo que no.
Se acercó más a Missa colocando su mano desocupada en su cintura abrazándolo — ¿Oh, así que tu ya suponias que habría más veces en vestirnos así? — El pelinegro desvío la mirada todavía rojo y avergonzado haciendo reír a Philza — ¿No vas a responder, petunia?
— Uy, mira esas decoraciones — Desvío completamente el tema de conversación mientras tomaba la mano de Philza y caminaba hacia donde señalo la supuesta decoración que quería ver, obvio que lo hizo para relajar el latir tan rápido de su corazón por los nervios y el rubio solo rio contento, sabiendo bien la razon de porque lo hacía. Le gusta ponerlo así y sabía que a Missa no le incomodaba.
Iba a ser un día divertido; en hacerles creer más a los del pueblo que definitivamente son una familia era uno de sus planes para Philza igual, y sabía que lo estaba consiguiendo al sentir algunas miradas en ellos.
— Si que son bonitas — Murmuró encantado, obvio que si mirada no estaba en la decoración.
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Decir que en todo momento se la paso a un lado de Missa en el festival, era claramente una verdad que si alguien le preguntaba a Philza si era lo que quería, respondería tan feliz que si, ese era su objetivo principal.
Desde el primer festival que pasaron juntos, quería igual pasar todo el momento junto a él, aveces si iban con sus respectivos amigos para charlar, pero la mayor parte se la pasaban juntos; desde estar caminando por toda la plaza teniendo las conversaciones tan más absurdas hasta estar degustando cada platillo preparado de la mesa, cada mínima cosa que estuvieran haciendo para entretenerse se sentía tan cálido y tan bien.
Un momento intimo entre ambos, con tanta razón decían que pasarían una pareja disfrutando su momento sin niños.
Pero que importaba, a ellos les gustaba estar así juntos.
Philza le gustaba más que nada ver a Missa feliz.
Y si era feliz acariciando animalitos que veían en el festival mientras caminaban juntos, con total gusto iba apreciar eso.
Iban hacer bellas imágenes mentales que iba atesorar por la eternidad.
Iba a seguir viendolo hasta que noto algo más que llamo su atención y una idea le llegó en la mente a Philza.
— Missa — Lo llamo suavemente haciendo que el mencionado dejara de acariciar a uno de los tantos animalitos que se había topado está vez para voltear a verlo reaccionando de sorpresa al ver como Philza estaba tan cerca de él con una sonrisa.
Pocos centímetros los separaba. Podía nuevamente sentir a su corazón nervioso.
Missa vió como detenidamente Philza mostraba una flor sosteniendo la con su mano, se parecía a la que el le había regalado hace mucho con la diferencia de que era un color más rosado que morado, y antes de preguntar en dónde la había conseguido sintió como posaba su mano aun lado de su cabeza cerca de su oido sintiendo como el tallo de la rosa descansaba en su oido. No podía observarse, pero al ver la mano ahora vacía de Philza separarse de su rostro Missa sabía que la flor la tenia ahora con el en su cabello.
Ahora el pelinegro solo se quedó en silencio sintiendo su cara hormiguear y quemar. Nuevamente se había sonrojado.
Philza solo siguió sonriéndole lleno de cariño en su mirada.
— Definitivamente — Murmuró tan bajo para Missa — Eres mi flor mas linda del jardín, petunia.
Y en ese rato que siguieron acariciando cada animalito que encontraban, missa había quedado lleno de flores tanto su cabello como el sombrero que tenía puesto de Philza.
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Ya era más tarde, sin tener un reloj a la mano solo se podía adivinar por el cielo que ya las 3 de la tarde era.
El sol deslumbraba tan llamativamente dando comienzo a los juegos del festival ahora.
Luego de convivir amistosamente entre todos, por ya petición de los niños decidieron ya comenzar con los juegos de competencia entre familias.
Los juegos iban saliendo conforme lo que los niños se les ocurrieran que jugar y las reglas que iban a poner. Así que hubo de todo un poco; tanto en las atrapadas, como buscar objetos perdidos, jalar de la cuerda, entre más.
Y obvio que tanto Philza, Missa, Chayanne y Tallulah, dieron pelea en cada juego, aunque veces perdían siempre trataban de tener ventaja y ganar en la mayoria de juegos.
Aunque en si no lo hacían ya para ganar los premios en si, si no por la diversión que tenían los cuatro juntos. Dicen que los juegos amistosos hacen más unidos a las personas, y realmente lo estaba consiguiendo con ellos.
A Philza le gustaba ver eso.
Ver cómo se divertían los cuatro juntos tanto perdiendo como ganando en cada mini juego, le daba un cálido sentimiento en su cuerpo; realmente estaba agradecido en haber quedado cautivo desde el primer momento que vio a Missa el día que llegó al pueblo.
Si no, no pudiera estar observando ahora esta faceta tan competitiva de Missa, que hacía sus dias mejores, definitivamente había caído ya por el.
Lastima que por estar distraído viendo a Missa tan decidido jugando Philza termino perdiendo en el último juego que era de lanzar globos de pintura, por lo que ahora estaba apartado del juego observando atento y dándoles ánimos para que ganarán.
Sentía tan cálido su corazón; verlos tan extasiado y felices jugando en equipo para conseguir la victoria en familia, lo hacían sentir tan bien.
Llevaba tanto tiempo sin sentirse así y ver a su pequeña hija tan alegre era algo que lo volvía a dar vida; en definitiva Missa y Chayanne fueron un curita en su corazón para ellos.
Fueron hechos para encontrarse en definitiva.
Las ganas aumentaban más para querer hacer oficial una familia con Missa, para que ya no sean rumores si no la realidad.
Ser una familia de verdad.
— Que bonita familia tienes — Aquel murmullo hizo que toda la felicidad que tenía Philza y sus pensamientos alegres de su día se congelarán.
Su expresión fue cambiando a una de sopresa mientras giraba lentamente la cabeza topando a los instantes la cara del alcalde. Con su sonrisa tan llena de calma inquietante, esa sonrisa, misma que le dió cuando consiguió echarlo lejos del pueblo hace años atrás.
Antes de que Philza pudiera decir algo sintió como colocaba una mano en su hombro y le daba un apretón. No era para nada amistoso, sentía que quemaba.
— Disfruta tu último festival — Hablo con calma el alcalde — Terminando el evento, ven conmigo a mi granja para hablar, ¿si? — Más que un pedido fue una orden — Claro, si es que no quieres que le pase algo a tu familia — Ahora la amenaza en su voz se hizo presente, y sin mas palabras por ninguno, el alcalde se fue dirigiéndose con mas personas del pueblo.
En cambio Philza solo se quedó en blanco. No había reacción facial pero en su cuerpo sentía el dolor tan fuerte creciendo en su pecho y el sudor frío escalar por su espalda; culpa e ira.
Ya había pasado tiempo que se había sentido así nuevamente, mareado y sentir como cortaban las agujas su cuerpo.
— Philza — Iba a seguir perdido en su sentir hasta que escucho la voz preocupada de Missa haciéndolo voltear para verlo. Podía notar su expresión angustiada. — ¿Estás bien? Te vez pálido — Suavemente coloco una mano en su mejilla.
¿Era posible sentir ese suave toque quemarle tan dulce? Porque así Philza lo sentía. Se estaba sintiendo muy mal.
Pero no debía arruinar el momento. No con el.
Trago saliva mientras le sonreía o eso trato de formar su rostro que parecía más una mueca — Si, solo estaba pensando — Mentiras. Ya debió hacerse un hábito en estarle dando mentiras a Missa.
— ¿Seguro? — Todavía se notaba preocupado — Te llevaba hablando desde hace rato que termino el juego pero te miras perdido y muy pálido.
— S-Si — Aclaro su garganta al notar como su voz salía nerviosa — Estoy bien, mi flor, mejor sigamos disfrutando del festival ¿Si?
Extendió su brazo ofreciendo para que pudiera ser tomada; Missa solo se quedó viendo extrañado y angustiado mientras suavemente correspondía en poner su mano en el brazo.
— Está bien, Phil.
Philza le sonrió haciendo que Missa igual le sonría; ninguno estaba convencido, pero no iban a comentar nada, pronto el festival iba a terminar, por eso mejor prefirieron volver con sus dos niños que estaban llenos de pintura como ellos para sacar plática y bromear de como se la pasaron y como terminaron perdiendo el último juego por un tropiezo de Chayanne.
Un momento cálido en familia lleno de incertidumbre y sentimientos escondidos por parte de los mayores.
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Ya el festival acabo y el sol ya estaba ocultándose dando un atardecer tan bello al cielo.
— Estoy agotadaaaa — Bufó Tallulah mientras recargaba su rostro en el hombro de Chayanne, el cual la estaba cargando de caballito, debido que sus pies empezaron a doler.
— Tranquila Lullah — Missa acaricio suavemente el cabello de la pequeña — Pronto llegaremos a la casa para que descanses.
— No te pongas más pesada Lullah — Bufó Chayanne — Vas hacer que nos lleguemos a caer.
Y así mismo Missa solo pudo observar como ambos pequeños empezaron a tener una mini discusión haciéndolo reír entretenido. Discutían como dos típicos hermanos.
Apenas volteo para ver si Philza había presenciado lo que sucedía pero nuevamente una expresión preocupada aparecia en su rostro. Nuevamente estaba perdido y serio.
Desde que terminó el festival y ya se iban no había cambiado su expresion, y por más que le preguntaba Missa que le sucedía, no le decía nada.
No le estaba gustando eso.
— Philza — Lo llamó haciendo que se sobresalté y lo mire. Debía admitir que le daba risa la cara de Philza sorprendida, parecía niño pequeño que fue descubierto, pero no era momento de tomarlo con humor — ¿Realmente estás bien? — Le pregunto en susurro para que solo el pudiera escuchar.
Philza simplemente asintió dándole una sonrisa. Y Missa nuevamente no estaba convencido. — Si, no te preocupes, yo siempre estoy bien, mi flor — Por la cercania que estaban aprovecho para dejar un suave beso en su mejilla, pero Missa no se inmutó, siguió con una expresión preocupada. Y antes de que volviera a preguntarle, Philza se adelantó — ¿Unas carreras a ver quién llega primero a la casa?
Consiguió la atención de ambos niños quienes frenaron su paso y dejaron de discutir para mirarlo y darle una sonrisa cómplice.
— ¡Si! — Respondieron al unison — Que sea en equipo nosotros contra ustedes — Propuso Chayanne y antes de que aceptaran ambos adultos vieron como Chayanne salía corriendo todavia cargando a Tallulah — ¡El que llegue al último es un huevo podrido! — Solo se escuchó el grito de Tallulah a lo lejos.
— ¡Pequeños demonios! — Les grito Philza — Vamos Missa, que nos van a ganar — Le extendió de su mano para que tome su oferta.
Missa en cambio solo lo miro todavía sintiendo un mal presentimiento, pero suponía que Philza luego se lo diría en privado.
Que equivocado estaba.
Acepto en tomar de su mano con una sonrisa aunque luego soltó un grito del susto al sentir como fue jalado rápidamente para ser cargado en los brazos de Philza. Apenas dió tiempo de aferrarse a su cuello cuando ya el rubio empezó a correr tratando de alcanzar a los niños.
Cualquiera que los viera les daría risa ver cómo Philza corría riendo mientras en sus brazos Missa gritaba y le exclamaba que fuera más despacio.
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— ¡Huevos podridos! — Apuntaron ambos niños una vez divisaron como ya se acercaban sus padres ala casa.
Una vez estuvieron los mayores cerca, Philza ayudo a que Missa nuevamente pudiera estar de pie en el suelo mientras se reía por ver su cabello todo desordenado.
— Para la próxima mejor corremos separados — Murmuró Missa haciendo que Philza riera con más ganas.
— Tampoco fue tan malo, vamos a repetirlo otra vez, ¿Que dices? — Le guiño el ojo divertido haciendo que Missa lo mire con una expresión asustada y niegue rápidamente sacándole otra carcajada a Philza.
— Mejor ya vamos a bañarnos — Sonriendo con nervios haciendo sonreír más a Philza mientras proseguía en acercarse a la puerta de su casa para poder abrir la puerta y pudieran entrar. — Y comemos unas ricas palomitas — Los niños gritaron eufóricos.
Peor antes de poder abrir la puerta fue detenido al sentir como Philza colocaba suavemente la mano encima suya evitando girar la perilla.
Missa volteo a verlo extrañado igual los niños lo miraron con la misma expresión.
— ¿Pasa algo? — Vio como Philza se había quedado en silencio nuevamente con una expresión perdida.
— No — Murmuró a lo bajo — Nada más que tengo que ir hacer algo.
Missa levanto la ceja con curiosidad — ¿A estás horas? — Philza asintió — ¿Que es lo que vas hacer?
— El alcalde — Murmuró haciendo que Missa lo mire sorprendido ahora — Me pidió que fuera hablar con el a su granja — Explico — Así que tendrán que alistarse para comer palomitas sin mi — Le dió una sonrisa decaída a Missa.
En respuesta obtuvo que ambos niños se aferraron a sus piernas y exclamaban negativos ante el hecho de que tendría que irse, mientras Missa le daba una mirada preocupada y afligida. Tampoco Philza quería irse, pero no tenía otra opción.
— ¿Es importante que vayas? — Philza asintió haciéndolo suspirar — ¿Tardarás mucho?
— Espero que no.
Missa quedó pensando unos momentos mientras observaba como Philza consolaba a los pequeños que seguían quejándose por el hecho de que se tenía que ir, le dió ternura ver esa imagen.
Creo que sus amigos tenían razón, parecen una familia. Una pequeña familia, una parte de él siente que hizo bien, y más por el hecho de ver a su pequeño Chayanne tan encariñado con alguien mas que no sea el o sus tios.
Casi como si a Philza lo llegará a considerar como un segundo padre.
Sonrió acercándose a Philza y colocar ambas manos en sus mejillas para elevar su rostro llamando de una su atención.
— Siendo así, te esperamos aquí los tres hasta que regreses — Apretó sus mejillas con las palmas de sus manos con cariño haciendo que Philza le de haga una cara extraña sacándole una risa — Necesitamos estar completos para la noche de palomitas.
— ¿Seguro? — Murmuró con dificultad Philza haciéndolos reír.
— Claro, por mientras estaremos alimentando y jugando con Pachuca — Missa dejó de apretarle sus mejillas sin dejar en ningún momento su sonrisa desvanecer — Solo promete que volverás con nosotros.
Philza miro tanto a Missa como a los niños y pudo ver sus miradas de súplica y alegría; podía sentir como su corazón se partía en dos.
— Les prometo que volveré con ustedes — Les sonrió cálidamente aunque por dentro estaba muriendo de la culpa.
Hicieron una última promesa con su meñique los cuatro antes de que Philza tomara el rumbo de irse de la casa de Missa al destino que tenía que tomar, a la granja del alcalde.
Quien diría que sería la última vez que verían al sol brillar tan deslumbrante.
Chapter 15: 14; pt 2
Notes:
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Chapter Text
Tantas cosas pasaban al mismo tiempo.
Ya el cielo estaba oscureciendo haciendo anuncio el sol que ya pronto se iría.
Mientras en casa, Missa estaba entretenido jugando con los niños siendo perseguidos por Pachuca, no eran conscientes de que afuera de la casa habían algunas personas trabando las puertas de salida y esparciendo un líquido en cada parte de madera tanto de su casa como su tienda.
Por otro lado, Philza tan solo llegar a la granja del alcalde en vez de iniciar con una plática amable fueron directamente a insultos y empujones.
Diciéndose verdades a cada minuto escalando más el asunto llegando a los golpes. Philza quería desahogar todo el coraje que tenía en su ser, ya eran tantos años aguantando para que siga haciendo daño.
Apesar de que recibía varios golpes en la cara, el los regresaba de igual forma, estaba teniendo más ventaja en fuerza.
Desprecio era lo que impulsaba a seguir peleando.
Un último golpe, el alcalde se dejó caer al suelo.
Una botella de vidrio con líquido inflamable estaba siendo encendida con un trapo antes de ser lanzada por la ventana rompiéndola en el proceso asustando tanto a los niños como a Missa.
Philza con la respiración pesada se acercó hasta el alcalde para tomarlo de la camisa y hacer que lo mirará.
— Está vez no dejaré que te salgas con la tuya — Murmuró con enojo mientras levantaba su puño para dar nuevamente un golpe en su cara.
Cucurucho por su parte se rió haciendo enojar más al rubio — ¿Estás seguro? — Señalo hacia atrás.
Philza extrañado por su acción volteo hacia atrás y todo el enojo que había tenido en su cuerpo se esfumó.
Humo.
Humo negro haciéndose presente en el cielo.
— Creo que sí me salí con la mía.
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Pánico.
El corazon retumbaba a tanta velocidad en el que ni siquiera podía escuchar el sonido de su entorno, solo el sonido tan chirriante que daba sus oídos.
Era tanta desesperación.
Era lo que sentía Philza.
Ya ni siquiera presto atención al dolor que sentía en la cara y cuerpo por los golpes, ni siquiera le importo seguir dando pelea con el alcalde, ya nada de eso importaba. Había demasiada tensión en su cuerpo mientras corría alejándose de la granja.
"Lastima que el fuego pueda consumir la madera tan rápido, ¿No crees Philza?"
Su cabeza daba vueltas mientras las palabras de Cucurucho todavía resonaban en el cómo dagas aterrizando en su piel.
"Esperemos que cuando llegues todavia el fuego no los haya consumido a ellos también"
Esa maldita amenaza que le dió una vez se fue corriendo; el debió suponer que haría algo así, si se lo hizo antes a él era obvio que lo terminaría haciendo igual. Nada cambio.
Simplemente Philza se sintió imbécil por bajar la guardia.
— Missa — Murmuró — Mis niños, y-ya voy a llegar — Seguía corriendo tratando de llegar a su destino, al pueblo, específicamente a esa tienda que tanto adora visitar.
La cual fue su motivo para volver al pueblo. Que siempre le sacaba una sonrisa y sus días amargos se llenaban de color.
A la tienda donde estaban sus personas favoritas Missa, Tallulah y Chayanne.
Mientras corría por la plaza del pueblo podía divisar un humo negro a la lejanía, específicamente donde queria llegar.
Temor.
Sus pies dolían de tanto correr pero eso no lo detuvo para tener todavía fuerzas para llegar a su destino; su respiración cada vez se complicaba a la falta de aire que estaba teniendo, a este paso tendría un dolor insoportable en el abdomen, pero no le importaba, el solo quería saber si ellos estaban bien.
Ya estando más cerca pudo ver qué varios de los pueblerinos estaban gritando y huyendo a dirección opuesta a dónde el estaba corriendo, ocasionando que chocaran de vez en cuando con el haciendo que tambaleara su cuerpo, aún así no detuvo en llegar a dónde quería.
La tienda.
Pero una vez pude tener de frente el local que tanto ama, ya pudo saber que era de ese mismo lugar donde el humo negro salía; se estaba incendiando.
Freno sus pasos de golpe y su mirada no dejaba de estar horrorizada. En sus ojos podía reflejarse como el fuego quemaba tan llamativamente.
Su cabeza dolía y su visión era borrosa por todo el humo que hacía doler sus ojos. Todo había quedado en segundo plano, ni siquiera podía escuchar el grito de sus conocidos llamándolo desesperados.
El fuego estaba consumiendo todo, destruyendo cada recuerdo.
Cada promesa.
"Les prometo que volveré con ustedes"
Ahora las palabras de él retumbaban en su cabeza.
Las últimas palabras que les dijo a ellos antes de irse, jurando con el meñique al corazón ; debió haberse quedado.
Tantas cosas pasaban en su cabeza, tantas palabras estaban acumulándose repitiéndose y doliendo como agujas hasta que por último había quedado la imagen de Missa sonriéndole y deseándole suerte.
Su sonrisa.
Su preciosa sonrisa.
La imagen de los niños, sus niños dándole igual apoyo y sonrisas encantadoras, prometiendo que volvería con ellos.
Su familia.
— N-No — Murmuró caminando a pasos pesados hacia el local en llamas — ¡N-No! ¡No! — Exclamó está vez tratando de tomar el impulso de salir corriendo para poder acercarse.
No estaba razonando, no podía hacerlo, solo quería ver a su familia, solo quería saber si ellos estaban bien, se iba a lamentar si les hubiera pasado algo por su culpa.
Pero antes de que pudiera empezar a correr para entrar al local sintió como alguien lo detenía del brazo jalando hacia atrás deteniendo cualquier movimiento y apartando de las llamas antes de que lo pudieran tocar. Ahora Philza desesperado trato de zafarse del agarre hasta que fue complemente detenido una vez tomaron sus hombros y empezaron a sacudirlo notando ahora que se trataba de su amigo Fit, que parecía que le seguía gritando, pero sus oídos estaban todavía aturdidos.
— ¡Philza! — Ya poco a poco podía volver a enfocar en escuchar a su alrededor — ¡Mierda amigo! ¡Te estamos hablando hace rato!
— ¡Fit! ¡No hay tiempo de esto, mi familia está en ese local! — Exclamó exaltado y tratando de seguir zafando del agarre
— ¡Philza, ellos están aquí! — Exclamó haciéndose a un lado para darle la vista a Philza, así pudo observar que efectivamente estaban tanto Missa junto con los niños siendo atendido por sus amigos. Se notaban asustados, parte de su ropa casi la había alcanzado el fuego y estaban parte llenos del humo — Los pudimos sacar a tiempo antes de que el fuego se extendiera más, pero aún así deben ser atendidos — Está vez ya Fit trato de explicarle ya no tan alterado — Tu llévalos a la casa de Cellbit mientras nosotros nos encargamos aquí de apagar el fuego.
Y terminado de hablar Philza se zafo tan rápido del agarre de su amigo para ir corriendo hacia ellos y una vez estando cerca no evito en abalanzarse a ellos para poder abrazarlos. Lo necesitaba, necesitaba abrazarlos, sentir que ellos estaban bien, por unos momentos antes sentía que su mundo se derrumbaba si todavía ellos seguían dentro de la casa en llamas.
Sintió como fue rodeado por los tres, aferrándose a su cuerpo igual que él.
— P-Phil — Escucho el suave murmullo de Missa en medio del abrazo por lo que se separó un poco notando como estaba sollozando del pánico y miedo. Así pudo apreciar mejor su rostro estaba desarreglado y cubierta una parte de manchas negra por las cenizas del humo. No estaba esa hombre confiado, había uno asustado — N-No se que paso, te juro que estaba cuidando de los niños bien, y-yo-
— Tranquilo Missa — Dejo un suave beso en su frente y volviendo abrazarlo con fuerza para tratar de consolarlo — Yo sé que los estabas cuidando bien, perdóname a mi por no estar con ustedes.
Siguió Philza dándole palabras de consuelo a Missa mientras seguía aferrándose en abrazarlo siendo correspondido con la misma intensidad, podía sentir por la cercanía el pánico al igual como con sus hijos. Estaban en pánico todos.
Hasta que escucho como Missa empezó a toser por el humo que habían consumido al estar adentro, así que Philza volviendo a recordar las palabras de Fit se separó del abrazo para dar suaves golpes en la espalda de Missa.
— Vamos, tenemos que ir a llevarlos a curarlos — Murmuró consiguiendo una asentimiento por lo que rápidamente Philza tomo en brazos a su hija Tallulah y a Chayanne para tener a cada niño en uno de sus brazos, que no tardaron en refugiarse en el mientras seguían sollozando; a Missa se acercó más a él para que pueda sostenerse de su hombro y empezar a caminar los dos para ir a la casa de Cellbit.
Philza dió una última mirada atrás notando como sus amigos seguían tratando de apaciguar el fuego que ya cada vez ardía con menos intensidad, pero era de saber que habia quemado gran parte de la tienda y llevándose igual la casa.
Y sabía Philza que eso era su culpa.
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— Estarán bien — Le comento Cellbit a Philza una vez habían salido de la habitación donde habían dejando descansar tanto a los niños como a Missa y ahora se encontraban en el pasillo — No hay quemaduras graves y tampoco tragaron tanto humo como se debió esperar — Philza suspiro aliviado — Aún así necesitan descansar para tratar de calmar la conmoción por el accidente.
Philza asintió — Gracias Cellbit.
— No agradezcas, sabes que puedes contar conmigo — Cellbit recargo una de sus manos en el hombro contrario dando un suave apretón — Aún así lamento lo que les pasó.
Y Philza nada más nego sintiendo todavia más culpa en su cuerpo; antes de que pudiera hablar fue interrumpido por ver cómo Roier salía de la habitación con una sonrisa caída.
— Ya están un poco más tranquilos — Aviso — Missa quiere hablar contigo, Philza — Le comento haciendo que el mencionado sin esperarlo ni un momento más se adentrará en la habitación dejando a sus amigos afuera.
Una vez dentro pudo ver cómo los niños estaban sentados en la orilla de la cama platicando mientras miraban a la ventana que daba vista al cielo nocturno estrellado. Philza sonrió débilmente al notar como Tallulah era la que más estaba hablando mientras Chayanne solo estaba recargado en su hombro escuchando. Ya no se miraban tan espantados como hace momentos atrás.
Por otro lado, pudo ver cómo Missa estaba en la otra orilla de la cama sentado, ya no tenía rastro de mugre en su rostro, solo su ropa estaba sucia como la de los niños por el humo mientras tenía una mirada perdida y jugaba con sus dedos.
No le gustaba verlo así, y sabía que era su culpa que estuviera en ese estado.
Philza se terminando acercando hasta donde estaba para poder agacharse frente suyo y tomar de sus manos para llamar su atención cosa que consiguió al notar como de la mirada perdida que tenia ahora la tenía fija en el.
Le dió una pequeña sonrisa consiguiendo que igual Missa le de una pero más débil.
— ¿Cómo te sientes?
Missa suspiro — Todavía mal — Murmuró — Me siento culpable de que casi los niños salieran lastimados
— Sabes que no fue tu culpa — Vio como Missa lo iba a reprochar por lo que dejó un suave beso en sus nudillos haciendo que callara y solo lo mire — Tu no sabías que iba a pasar eso, nadie sabía, por eso no te lamentes — Le dio un suave apreton a sus manos sin llegar a lastimar — Hiciste todo para que los niños estén bien — Le dio la seña a Missa para que volteara a ver a la dirección donde estaban ambos niños todavía charlando ya más calmados y riendo.
Parecía que en ambos consiguieron algo de calma luego de lo sucedido.
Lastima que el lado contrario de los adultos, había muchas palabras ocultas y sentimientos guardados que impedían que hubiera tranquilidad.
Philza noto como Missa sonreía con solo verlos; todavía seguía esa sonrisa tan divina, aunque más lastimada, eso a Philza lo estaba matando por dentro.
— Ellos están bien, Missa, los cuidaste bien — Hablo Philza llamando nuevamente la atención de su contrario que volvió a dirigirle la mirada ya estando más calmado pero todavía mostraba tristeza en sus ojos.
— Me alegra verlo — Murmuró en respuesta — Pero — Tomo una pequeña pausa para tomar aire mientras agachaba su cabeza — M-Mi tienda, mi hogar — Philza pudo escuchar como quería quebrarse la voz — ¿Que voy hacer Philza? ¿Dónde podré mantener a mi hijo? — Murmuró lo suficientemente bajo para que los niños no escucharán pero si que Philza pudiera entenderlo — N-No tengo hogar, todo se quemó según me dijo Roier — Siguió manteniendo la cabeza agachada mientras sus manos apretaban un poco más el agarre que estaban teniendo — Es lo más probable que la mayor parte indispensable se quemó en totalidad, todo lo que hice, t-todo por lo que trabaje se quemó — Cada que explicaba su voz se iba quebrando mas hasta que casi fue un simple hilo de voz lo que murmuraba haciendo que Philza le sea más difícil entender lo que decía.
Y antes de que pudiera seguir hablando más, Philza actuó rápido en separar una de sus manos del agarre que tenían para colocarla suavemente en la mejilla y empezar a limpiar las lágrimas que habían comenzado a salir, haciendo que Missa solo recargue parte de su rostro en la palma y sollozaba tan bajo.
— Missa — Lo llamo — Mírame porfavor — Pidió todavía con suavidad con temor asustarlo haciendo que a los segundos el mencionado lo mirara todavía con lágrimas en los ojos haciendo que el corazón de Philza se rompa más — No estás solo, todavía tienes tu segundo hogar conmigo, se que no es mucho, pero solo no estás — Murmuró en lo bajo, como si fuera un secreto tan inocente que solo el tenía que escuchar — Yo te ayudaré a salir adelante, te puedes refugiar en mi hogar y buscaremos una forma de que tu negocio nuevamente este de pie — Siguiendo limpiando cada lágrima que soltaba todavía dejando suaves caricias con sus pulgares. Tan delicadas con temor a romperlo — Mi hogar, es también un hogar para ti, eso pensé que había quedado claro hace mucho.
Terminando de hablar solo se quedaron viendo fijamente. Uno con una sonrisa sincera pero llena de dolor y el otro estando en lágrimas por tantos sentimientos que no podía expresar.
Estaban delicados, asustados. Y con tantas cosas que decir.
— G-Gracias Phil — Ahora el murmullo quebrado de Missa se escuchó fuerte haciendo llamar la atención de los niños que voltearon y preocupados se acercaron hasta donde se encontraba para poder abrazarlo haciendo que el sollozo de Missa sea más alto.
Philza no tardo en levantarse del suelo para poder unirse al abrazo para tratar de consolar a Missa; le siguió dando palabras llenas de cariño y sinceridad, prometiendo le que todo estaría bien, mientras dejaba que siguiera llorando para desahogarse. De igual forma le daba palabras a los pequeños al ver que igual forma habían comenzando a llorar junto con Missa.
Se aferro más al abrazo dejando que las personas que más ama se puedan desahogar.
Pero, el dolor fuerte en su pecho no lo dejaba en paz; la culpa lo estaba matando.
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Soltó un quejido mientras pasaba la gasa llena de agua oxigenada en la zona de la mejilla y labio para desinfectarla; ya había pasado minutos de que se había ido de la habitación donde descansaban Missa y los niños, no por decisión propia más bien fue por petición de ellos en que fuera atenderse la herida una vez que se habían calmado en desahogarse y la pudieron notar.
Era obvio decir que cuando preguntaron a Philza como se la hizo el respondió sin contar los detalles importantes para abrumar más la situación.
Así que ahora, se encontraba en el baño de la casa de Cellbit curando de su herida; no quiso que los niños ni Missa lo acompañaran ni siquiera a sus amigos que estaban ya en la sala de la casa hablando de lo que pasó; quería estar solo con sus pensamientos que lo estaban atormentando.
En su mayoría torturando su mente.
"El lo merece saber, saber todo"
Se repetía mentalmente, pero si no se lo dijo en su momento, ahora menos podía hacerlo. Se sentía como un cobarde.
— Philza — El mencionado se sobresalto al escuchar su nombre ser pronunciado por lo que dejó a un lado sus pensamientos y al mirar por el reflejo del espejo se dió cuenta que era su amigo Fit, por lo que soltó un suspiro mientras volvía a retomar en curarse de su mejilla — ¿Fue duro el golpe que te dió, no es así?
— No tanto, yo le dejé más golpes graves a él — Respondió con una risa amarga mientras seguía curando su herida, aunque al momento detuvo su acción quedando solamente viéndose al espejo con la mirada perdida — ¿Cómo fue que pasó?
— Te soy sincero — Suspiro — No lo sé, paso tan rápido que ni siquiera nadie del pueblo se esperaba que la tienda de Missa empezará a prender en llamas estando ellos adentro — Explico — Hasta las puertas estaban selladas, apenas pudimos tumbar una para sacarlos — Fit se recargo en el marco de la puerta mirando seriamente a Philza — ¿Y tú sabes algo?
— No
— Philza — Reprochó — De aquí, tu eres el único que debe saber algo — Philza seguía mirando al espejo está vez sintiendo más el sudor frío recorriendo su cuerpo — No estabas cuando pasó el accidente, los del pueblo dicen que te vieron irte antes del incendio, es obvio que tú sabes que-
— Lo descubrió — Le interrumpió dejando un silencio ahora en ambos. Fit solo lo miro sorprendido mientras Philza en vez de mirarse al espejo tenía agachada su cabeza. Avergonzado — El lo descubrió — Volvió hablar está vez más apagado al notar que Fit no le decía nada — Ayer me vio con Chayanne y teníamos a Pachuca con nosotros, el ya descubrió que todo este tiempo le estuve mintiendo
Luego de las palabras de Philza. Había quedado un momento en silencio antes de que Fit respondiera.
— ¿Tú, tu ya sabías que el iba a incendiar la tienda de Missa?
— ¡No! — Exclamó alterado — ¡Mierda! ¡Yo no sabía que el haría eso! — Su respiración empezó acelerarse — ¡Si hubiera sabido no los dejaría solos!
Fit suspiro mientras negaba — Te lo dije — Le recriminó — Te dije que le contarás a Missa la verdad
— P-Pensé que yo podría solucionarlo
— ¿Enserio? — Contraatacó — Mira en lo que resultó, tu estás con varios golpes y las tres personas que amas casi mueren, simplemente porque no quisiste decirle la verdad de lo que pasaba a Missa desde un inicio
— ¡Porque yo pensé que lo iba a solucionar! — Philza interrumpió a Fit de golpe mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Tristeza, vergüenza e impotencia era lo que sentía. — Y-Yo ya había solucionado el problema de su negocio que yo soy culpable de que casi lo pierda y aún así lo solucione, solo tenía que ser mas precavido en ocultar a Pachuca y esto jamás hubiera pasado — Cada que explicaba sentía como su respiración se agitaba — Y-Ya tenía todo en mis manos, sin necesidad de que el se enterase — Trataba de tomar bocanadas de aire para impedir hiperventilar — S-Solo necesitaba ser mas precavido y todo hubiera resultado bien, solo-
— ¿Que?
Tanto Philza como Fit voltearon en sorpresa a la puerta del baño una vez reconocieron esa voz, Missa. Quien mismo los estaba mirando, más específicamente a Philza; tenía una expresión llena de sorpresa, pero no una sorpresa buena como para alegrarse.
Y Philza ante su ataque de respiración que estaba teniendo por un momento sus pulmones parecieron que dejaron de funcionar y solo observo con igual sorpresa. Toda la sensación de su cuerpo frío volvió a presentarse.
Aveces hasta las mentiras más absurdas al ser descubiertas terminan quemando más que un simple fuego.
Ya no hubo más palabras, solo un profundo silencio en la habitación; ya no era un silencio cómodo, se sentía como sin en cualquier momento de lo tan delgado y filoso que estaba iba a cortar algo.
— Mejor los dejo a solas — Murmuró Fit una vez se atrevió hablar dando una última mirada a Philza para retirarse de la habitación dejando a solas a las personas involucradas que tenían mucho de que hablar.
— M-Missa — Tartamudeo Philza luego de que hayan pasado más minutos así y empezaba acercarse lentamente a él — Yo puedo explicarlo.
— ¿Explicar que? — Contraatacó lleno de impotencia haciendo a Philza detener su caminar — ¿El hecho de que tú sabías todo y yo fui un pendejo que te creía todas tus mentiras?
— N-No eran mentiras.
— ¿No? — Missa rio amargado mientras negaba — ¿Entonces que eran? — Interrumpió a Philza todavía mostrando esa inquietante calma pero cargada de enojo — ¿Tus bonitas palabras que siempre me dices para endulzarme el oído?
— ¡N-No! — Contraatacó exaltado — No eran mentiras, simplemente no quería preocuparte.
— ¿No preocuparme? — Solto una última risa amarga antes de cambiar su expresión a una llena de enojo mientras trataba de respirar tratando de tranquilizar su impotencia — Y tú mejor solución fue no decirme la verdad, decirme puras mentiras llenas de tantas palabras tontas para que yo como un pendejo siga creyendo que todo está bien — Cada palabra que soltaba más se acercaba a Philza haciendo que el contrario se empiece alejar de él hasta terminar casi acorralado — ¡Cuando realmente las cosas se estaban yendo a la mierda con mi negocio y todo este tiempo tu lo supieras poniendo en riesgo tanto tu vida, como la mía, y mas importante la de tu hija y de mi hijo! ¡Me hiciste vivir en una mentira! — Exclamó con impotencia Missa estando ya frente de Philza, mirándose tan fijamente a los ojos. Solo unos pocos centímetros los separaba a ambos.
En otra situación hubiera sido una emoción tan alegre para Philza estar tan de cerca con Missa, admirando cada rastro de belleza que tiene su rostro.
Pero ahora, se sentía tan inútil y cobarde.
— ¿Por qué no me dijiste la verdad? — Soltó la pregunta Missa una vez noto que Philza no decía nada, y solo se le quedaba viendo, con tanto pánico y angustiado. Por otro lado, Philza solo podía observar como esos preciosos ojos morados que tanto amaba ver feliz llenarse de lágrimas ahora por culpa suya.
Lo había arruinado.
— Porque yo podía solucionar este problema mejor que tú.
Era su total culpa. Y sabía que merecía su desprecio.
Noto como la expresión de Missa pasaba de enojo a corromperse en llanto total, haciendo que toda esa preciosa cara que tanto ama Philza ver quedé empapada de lagrimas y amargura, y todavía sea él quien lo ocasionó.
Vio como Missa levantaba la mano para darle una cachetada por lo que solo se quedó quieto en su lugar esperando recibir el golpe en su mejilla lastimada; sabía que lo merecía totalmente. Pero, nunca llegó, en cambio solo observo como Missa negaba mientras recargaba su mano hecha puño en su pecho y el llanto solo aumentaba.
— Debí creerle a las personas que me advirtieron de ti — Murmuró en pausas por la causa de que su voz se estaba quebrando por el nudo en la garganta que tenia — No debí haberte hablado ese día que nos conocimos, tu solo arruinas y te aprovechas de todos.
Y diciendo eso último, se dió la vuelta y se apresuro a salir del lugar, dejando atrás solo a Philza quien se había quedado estático en su lugar teniendo todavía su mirada fija a dónde Missa había huido.
Su respiración volvió a establecerse, pero era inestable, sentía sus mejillas ponerse húmedas y sus ojos se estaban nublando, había comenzando a llorar.
No sabe cómo pasó, solamente su cuerpo reaccionó por inercia en cobrar sentido e ir detras de Missa para tratar de detenerlo.
No le importo que sus amigos lo vieran en ese estado tan lamentable, tratando de impedir que Missa se fuera del lugar junto con Chayanne, pero solo consiguiendo más escándalo por ambas partes. Uno quería hacer que se quedara, el otro quería ya no verlo jamás.
— ¡S-Sueltame Philza! — Missa le gritó exaltado y con esa hermosa voz quebrada.
Todo fue tan rápido que apenas asimiló que ahora se encontraba en el suelo con un nuevo golpe en su mejilla observando como Missa se iba del lugar teniendo en sus brazos a Chayanne y siendo acompañado de Spreen cerrando la puerta tan fuerte dejando la señal clara de que ya no iban a regresar.
Lo último que pudo ver Philza fue la preocupada cara de Chayanne sin comprender nada, y a su Missa estando completamente destrozado por su culpa.
Era una imagen que no lo dejaría en paz. Se lo merecía.
Siguió tirado en el suelo hasta que sintió como alguien lo abrazaba, por lo que volteo topando en su mirada a su hija, Tallulah, igual preocupada y sin comprender nada de que lo paso.
No tardo en corresponder del abrazo de su hija, aferrándose a la idea de que todavía podía solucionar las cosas.
Aferrándose a su último rayito de sol.
— Philza — Apenas pudo escuchar la voz de su amigo Cellbit detrás suyo por lo aturdido que todavía estaban sus sentidos — ¿Estás bien, amigo?
Y patéticamente más lágrimas salieron de él haciendo preocupar más a su hija.
— L-Lo arruine todo
Su flor de petunia se había marchitado por su culpa.
Notes:
¿Que te pareció el capitulo?
¿Crees que haya solución? :)
¡Ya casi se acerca el final de esta historia!Agradezco mucho el apoyo que me han dado para Crown of petunias, realmente lo aprecio demasiado, cada apoyo y dibujito hecho es una enorme felicidad para mí
¡Los quiero mucho!Bueno ya dejo de hablar solo jsjsj
Chapter 16: 15;
Notes:
El segundo capítulo más largo
Estamos casi al final
¿Te esta gustando?
Chapter Text
Las hojas del otoño se hacían presente.
Caian tan vagamente al suelo llenando por donde quiera el suelo de las mismas. Los días ya se miraban más con un ambiente cálido y anaranjado.
Los días fueron cálidos.
Lastima que para Philza no fue así.
Para el solo era el mismo día de arrepentimiento y martirio.
Luego de lo sucedido de aquel día, no se volvieron a ver más, uno sintiéndose traicionado que evitaba verlo, y el otro tratando de nuevamente acercarse pero no consiguiendo buenos resultados solo mas problemas.
Philza intento durante una semana y media acercarse a Missa para hablar, no quería que las cosas quedaran así, pero por mas que intentaba siempre era detenido por Spreen, prohibiendole la entrada a su granja donde ahora Missa se quedaba a vivir junto con Chayanne al ya no tener un hogar a donde ir.
— Solo quiero hablar con el, Spreen.
—¿Y hacerle daño otra vez? — Soltó una risa amarga mientras negaba — No me trago ese cuento, eh.
Philza bufo manteniendo todavía su mirada seria — Dejame hablar con el.
Pero Spreen no se inmutó, siguió manteniendo su porte desafiante mientras se acercaba al rubio quedando a pocos centímetros de el — Mejor largate — Su voz se sentía pesada, llena de enojo — Si piensas que con palabras bonitas arreglas todo, pues estas equivocado, estando en mi granja no — Y sin dejarlo reaccionar coloco una mano en su pecho procediendo a aventarlo haciendo que cayera al suelo — Vete, antes de que te de otro golpe en la cara como aquella vez, que ganas no me faltan.
Y antes de que pudiera exclamar pudo divisar por detrás de Spreen como Missa lo veía desde la puerta de la casa todo lo que pasaba.
Sus ojos se conectaron y pudo ver esa mirada llena de impotencia y tristeza, no quería verlo y lo confirmo cuando aparto la mirada. Philza agacho la cabeza, una simple acción, rechazo.
— Lo siento — Murmuro por lo bajo levantándose del suelo e irse del lugar.
Por lo que desde ese día prefirió ya no insistir más en hablar con el yendo a la granja de Spreen. Si Missa no quería, el no iba a insistir de esa forma.
Aún asi no desistió.
Asi pasaron las primeras semanas del mes sin verse. Por más que Philza trataba de toparse con el pelinegro en alguna parte del pueblo, le era difícil ya, apesar de que Spreen no lo cuidaba todo el tiempo aun asi cada que por un simple segundo que sus miradas toparan, Missa le dedicaba miradas de indiferencia haciendo que el animo de Philza cayera más.
Simples miradas, llenas de tantas palabras que todas apuntaban a no querer hablar con el.
Talvez debió detenerse ya en insistir asi, pero estaba desesperado, por más que Fit tratara de detenerlo en que dejara a Missa en paz no podía hacerlo, ya su cuerpo actuaba por inercia.
— Philza — Lo llamó a regañadientes Fit tratando de detener los pasos del rubio pero solo obtuvo que este lo ignorara y pasara de largo para poder oponerse en el caminar de Missa.
— Missa — Lo llamó una vez estuvo frente suyo pero solo vio como pasa a su lado sin tomarle importancia a su persona — Porfavor, escuchame — Exclamó y por inercia volteo tomando de su mano que rápidamente fue apartada sorprendiendole.
— No te atrevas a tocarme y ya deja de buscarme — Apesar de que fue un murmullo tan suave que soltó Missa aun así se pudo escuchar, un tono de indiferencia como su mirar — Porfavor
Y sin esperar respuesta, Missa se fue de lugar dejando a Philza con la amargura del rechazo.
— Deberías dejarlo en paz ya — Le murmuro Fit una vez se acerco hasta donde estaba— El no quiere hablar contigo y lo sabes.
Philza se quedo unos momentos quieto viendo como la silueta de Missa se alejaba haciendo que su amigo se le quedará viendo extrañado hasta que se asusto una vez que el rubio se dejo caer el suelo de rodillas mientras apretaba sus puños con coraje.
— ¿Philza? — Lo llamó pero guardo silencio al observar como el mencionado empezó a llorar desconsolado. Se agacho a su altura para poder darle suaves palmas en su espalda dejando que se desahogara.
— ¿P-Por qué fui tan estúpido, Fit? — Su voz se escuchaba agitada por el llanto — ¡Fui un estúpido, un cobarde! ¡D-Debi hacerte caso de decirle en un inicio todo! — Su respiración se complicaba a cada palabra que soltaba.
Fit suspiro mientras seguía dando suaves palmadas en la espalda de Philza, hasta que noto de reojo como algunos del pueblo que estaban cerca los miraban empezando a susurrar. Fruncio el ceño, tenía que sacar a Philza del lugar.
De por si hablaban mal de el, ahora lo hacían más después del incendio y que lo vean así, no ayudaba en nada.
Por lo que sin decir palabra lo levanto del suelo y colocando un brazo en sus hombros empezó a caminar en dirección contraria a donde Missa se había ido ya.
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— Si de por si me da pena cuando andas de amargado ahora verte así con los ojos hinchados me da cosa — Comentó el castaño mientras inclinada más su silla de la mesa sin aparta la mirada de Philza.
Luego de que Fit se lo llevara prefirió pasar a la casa de Tubbo que quedaba cerca de la zona para que Philza pudiera calmar su llanto antes de que se fuera a su granja donde su hija lo esperaba.
Ahora Philza ya no lloraba, sentado en la otra silla su mirada estaba perdida en la mesa, no habia emoción para responderle a Tubbo, se sentía decaído.
— Tubbo — Le recriminó Fit haciendo que el otro levantara sus hombros inocente — ¿Estas más calmado? — Ahora miro al rubio viendo que solo le respondía con un débil asentir de cabeza haciéndolo suspirar — Tu sabias que iba hacer difícil poder hablar nuevamente con el — Vio como Philza hacia una mueca.
— Si yo perdiera todo, igual estaría como Missa — Fit volvió a ver a Tubbo recriminandolo con la mirada — ¿Qué?
Fit negó suspirando — Aun así — Coloco su mano en el hombro de Philza para darle un apretón amistoso — Solo necesitas encontrar una forma de poder llegar a el sin que sea así.
— Si — Afirmó Tubbo — Y mas porque dicen que probablemente Missa se vaya del pueblo en estas semanas — Y ahora la mueca de Philza se convirtió en una expresión de sorpresa mientras dirigía ahora su atención al castaño.
— ¿Q-Que dijiste?
— Oh, cierto no te enteraste — Tubbo aclaro su garganta mientras se acomodaba en la silla — Mira Phil, esto me lo dijo Roier ya que en estos días Missa fue hablar con el, y según le dijo que trato junto con Spreen de ver si habia solución de construir en el lugar para poder tener su casa y tienda denuevo, aunque fuera mucho el gasto — Explicó — Pero, cuando fue hablar con el alcalde para que le diera aprobación de eso, le negó rotundamente la oportunidad de hacerlo sin darle explicaciones.
— Si — Esta vez la mirada de Philza se dirigió a Fit — Y por más que estuvieron tratando de convencerlo con otras alternativas para que al menos Missa tenga nuevamente su tienda, les siguió diciendo que no.
— Por eso — Otra vez Tubbo hablo — Me dijo que probablemente si sigue las cosas igual, que Missa tomara la decisión de irse para ir a vivir con otro de sus hermanos que vive muy lejos de aquí.
Ahora con la información recibida Philza quedo perplejo teniendo nuevamente su mirada perdida. Podia soportar que Missa ya no lo quiera ver, que lo mirara con desprecio, hasta con asco, pero el hecho de que se vaya, lo hacia sentir tan horrible en el pecho.
— P-Pero — Murmuró — ¿Por qué no se queda a vivir con Spreen?
— Porque de por si Spreen tiene muchas deudas que pagar — Habló Fit — Asi que supongo que por eso Missa no quiere ser un carga más junto con su hijo.
Si tuviera más lágrimas que derramar, Philza lo haría sin dudar, pero no habia más, solo sentía su ojos picar y en su cuerpo quedo ese amargo sentimiento de culpa, sentía como quemaba tan fuerte que le complicaba poder tomar aire.
Missa irse del pueblo, eran las palabras que menos quería escuchar y que combinarán en algún momento.
No podía imaginarse ya no ver más a Missa aquí, lo hacían marear, quería vomitar por la presión tan horrible que sentía en el pecho.
Su mente empezó a tratar de encontrar alguna solución, ahora el plan para poder hablar con el no importaba, si no buscar solución para que Missa no se fuera, porque Philza sabia que el hecho de que Cucurucho no quería acceder a Missa de darle la oportunidad de construir y empezar de nuevo, era por culpa de el.
Mientras más perdido estaba en sus pensamientos tratando de encontrar algo en que pueda hacer, sus amigos solo se le quedaban viendo extrañados y con lastima.
— Oye — Nuevamente habló Fit — Phil — Trato de llamar su atención con una sacudida en el hombro al no recibir respuesta — ¿Amigo, estas bien?
Aunque luego quedaron sorprendidos en como de la nada Philza se levantaba de la silla acomodando su sombrero y empezando a caminar a la puerta de la casa.
— ¡Hey, Philza! — Grito Tubbo — ¿A donde vas?
— Tengo algo que hacer — Sin voltear a ver a sus amigos giro la perilla de la puerta y se fue de la casa.
Ya sabia que hacer para solucionarlo.
Pero, sabia que una vez haciendo eso, ya no habría vuelta atrás para el.
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Missa.
Tampoco la estaba pasando bien. Se sentía destrozado.
De casi experimentar la adrenalina y desesperación de casi morir quemado en su propia casa con los niños hasta enterarse que la persona que más ama y confianza entregó sin dudar sea causante de lo que paso, realmente lo tenia horrible.
Luego de haberse ido devastado con su hijo de la casa de Cellbit, fueron directo a la granja de Spreen por petición del mencionado para que se pudieran refugiar.
Al ya no tener a un hogar a donde ir, era lo único que le quedaba, su hermano.
Y también, para que Philza no lo fuera a buscar, si es que se atrevía hacerlo, Missa realmente no quería verlo.
— Es un imbecil — Exclamó Spreen una vez entraron a la casa — Y mira que me empezaba a caer bien, pero ahora con el hecho de que te lastimó, dios, debi de golpearlo más — Mientras más quejas soltaba Missa solo escuchaba mientras caminaba detrás de el teniendo todavía en sus brazos a Chayanne.
Se sentia perdido, desorientado.
Fueron tantas cosas y sentimientos de golpe, que sentía como todo su mundo se caía encima, lo único que le quedaba es su hijo y su hermano.
— Pero no te preocupes, no dejaré que se acerque a ti — Volteo topandose con la mirada tan desorientada de Missa y ver como seguía llorando en silencio, mientras su sobrino estaba tratando de secarle las lágrimas. Solto un suspiro mientras se acercaba a el para acariciar su cabello — Sera mejor que vayan a descansar, ya mañana resolvemos todo, ve a mi cuarto, yo me quedaré en el sillón.
Haciéndose a un lado dejo que Missa caminara a donde era su cuarto sin esperar que le respondiera.
Una vez estando en el cuarto y dejando a Chayanne en el suelo para poder cerrar la puerta, nada más escuchando el click de la cerradura Missa no pudo aguantar más y termino cayendo de rodillas en el piso llorando nuevamente haciendo preocupar a su hijo que rápidamente se acerco para abrazarlo.
Missa sabia que tenia que ser fuerte por su hijo ahora, pero no podía, se sentía tan mal, perdió la mayor parte de sus cosas en tan solo minutos, todo lo que trabajo, el esfuerzo que trato de hacer para que pudieran vivir mejor después de tener una vida tan mala en su anterior pueblo eran nada. Se perdió.
Y con el hecho de que escucho como Philza, la persona que le deposito gran parte de su confianza, ya supiera todo lo que estaba pasando desde hace mucho sin decirle, se sentía tan estúpido.
— ¿P-Porque? — Susurro tan bajo entre hipos por el llanto que no paraba — ¿P-Porque t-tu Philza?
Ahora, la semana habían pasado desde ese incidente, todavía se sentía tan bajoneado y lloraba en las noches cuando no aguantaba más el sentimiento, pero tenia que salir adelante, por su hijo tenia que hacerlo.
En ese tiempo fue con Spreen para ver las ruinas de su casa y la tienda, lo único que le reconfortaba un poco es que algunas cosas pudieron salvarse, lo indispensable de ropa como artículos tanto de Chayanne como suyos seguían bien, pero ya lo demás fue consumido por el fuego, le daba una opresión tan amarga en el pecho.
— Tendremos que ir hablar con Cucurucho para ver si podemos construir denuevo tu hogar — Le murmuro Spreen mientras seguía moviendo escombros para ver si algo más podían rescatar de la casa.
Missa solo asintió mientras seguía sosteniendo la gran caja donde tenia las cosas que pudieron rescatarse y observaba todo lo demás. Su hogar ya era irreconocible, solo hacían qué sus ojos quisieran picar más por querer llorar de nuevo, una parte de él agradecía haber dejado a Chayanne con Roier para que no viera el estado que quedo la casa, porque aparte de estar quemada hasta parecía que la habían destrozado más.
Se separo de su hermano para caminar a otra dirección de la casa, su cuarto. Y como esperaba destruido, soltó un suspiro tratando de apaciguar el nudo en su garganta mientras caminaba por el lugar, buscando si algo se había salvado.
Pero cuando ya iba a darlo por perdido al no ver nada, algo llamó su atención una caja. Por lo que curioso, dejo a un lado la caja que cargaba para poder agacharse y tomarla para observar su contenido, aunque lastimosamente una vez la abrió pudiendo ver que era deseo no haberlo hecho al sentir como nuevamente las lágrimas empezaron a salir por si solas.
El collar, el mismo collar que Philza le había regalado en su primer festival.
Durante toda esa semana, estuvo evitando hablar con el cuando iba a buscarlo a la casa de Spreen o se topaba con el en el pueblo. Admitia que lo trataba con indiferencia, pero no lo culpes, realmente se sentía tan lastimado que no quería hablar con el, aparte Spreen le había dicho que hiciera eso, que empezará a tratar a Philza así, no merecía tratos amables luego de lo que ocasionó, pero Missa le dolía, le dolía tanto tratar a Philza así.
En muchas de esas ocasiones quería lanzarse a sus brazos para poder refugiarse en ellos, quería sentir la calidez de que todo estará bien, pero su parte egoísta no lo dejaba. No podía. Tenia mucho conflicto el cual tenía que tragarse para tratar de salir adelante.
Cerró la caja para poder abrazarla mientras seguía sollozando en silencio. Queria que solo fuera una pesadilla lo que estaba viviendo y que al despertar todo estuviera bien. Lastimosamente eso no iba a ocurrir.
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Missa no entendía, trato de todo para que Cucurucho le diera la aprobación de que pudiera construir en donde fue su hogar, pero no se lo permitia.
Ni siquiera le decía la razón, solo la negación y pidiendo que se fuera de su granja. No importaba que tanto insistia, no lo sacaba de la misma respuesta.
Por lo que ahora estaba en casa de Roier tratando de desahogar sus penas ante lo que ocurria.
Esta vez Chayanne se quedo con Spreen.
— Es raro — Murmuro Roier — ¿Ni siquiera te da explicaciones? — Missa negó haciendo que el castaño suspirara — No entiendo, si es tu hogar te debe ayudar para que luego se lo pagues.
— Pero no me deja — Contestó — No se que hacer, y quedarme en la casa de Spreen no es opción.
— ¿Por qué?
— No quiero darle más carga de la que ya tiene con tratar de pagar deudas — Explicó — Y se que me dira no importa, pero no quiero eso, ya hizo mucho por mi antes como para que nuevamente dejar que me mantenga a mi y a Chay — Suspiro mientras miraba la taza vacía donde habia bebido — Por eso creo que lo mejor será que me vaya a vivir con mi otro hermano.
Roier se atraganto empezando a toser — ¿Q-Qué? — Exclamó sorprendido — ¿Irte de aquí?
Missa asintió — Le comente a otro de mis hermanos lo que pasaba, y me dijo que si la situación no mejoraba nos fueramos a vivir con el para no darle más peso a Spreen.
— Missa
— No se que más puedo hacer — Apretó con fuerza la taza tratando de aguantar el llorar. Ya se sentía patético de estar llorando tanto estos días.
— Talvez — Empezo hablar entre pausas Roier — ¿Hablar con Philza? — Missa se puso tenso — Es probable que el hecho de que Cucurucho no te deje sea por el, si le hablas talvez puedas resolver la situación, amigo.
— No — Contesto tan rápido haciendo que Roier callara de golpe — No quiero hablar con el.
— Missa — Le reprocho — Sabes que tienes que hacerlo, no puedes seguir evitando algo que sabes que pasara — Siguio explicando — Debes darle la oportunidad de que te hable, se nota que se esfuerza por hacerlo — Guardo silencio unos momentos para dejar que el pelinegro respondiera, pero no decia nada, solo se notaba perdido y viendo como nuevamente quería empezar a llorar, por lo que suspiro y tomo de su mano para darle un suave apretón — Lo siento, es solo...
— S-Se que tengo que hablar con el — Missa habló haciendo que el castaño se quedara callado — Yo lo se muy bien, pero n-no puedo — Empezó a respirar pausado tratando de calmar sus emociones — Cada que el se acerca, para tratar de hablarme, tengo el conflicto tan grande conmigo, una parte de mi quiere correr a refugiarse en sus brazos y escucharlo, la otra solo recuerda ese día del incidente donde me enteré que el ya sabia todo y solo quiero alejarme de él — Mientras más explicaba su voz se quebraba y sentía sus manos temblar — M-Me siento tan estúpido, tan confundido, y-ya no se que hacer — Y diciendo eso último coloco sus manos en la cara tratando de limpiar cada lagrima que salía.
Agradeció que Roier ya no dijera nada y simplemente lo abrazara consolando su dolor en silencio.
Sabia que tenia que hablar con el y dejar de ignorarlo tan horrible, pero no podía, sentía un conflicto tan grande en su cuerpo que impedía poder hacerlo.
No quería sentirse así.
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Las hojas del otoño relucian más en cada día.
Y Missa más confundio se sentia.
Luego de que siguiera intentando inutilmente que el alcalde le diera la oportunidad de construir su casa, se rindió, y prefirió mejor prepararse mentalmente para irse del pueblo junto con su hijo con las pocas cosas que tenia.
Pero cuando pensó que sería la última semana que estaría viviendo en ese lugar, algo tan repentino paso, que todavía no sabia como asimilarlo.
En esa mañana donde ya se cumplía casi el mes de lo sucedido, Cucurucho apareció en la puerta de la casa de Spreen informándole que le siguiera para tratar de un asunto de importancia.
Por lo que extrañado y desconfiado lo siguió, sin que Chayanne y Spreen lo supieran.
Ni siquiera sabia a donde iban, hasta que repentinamente todas sus dudas fueron resueltas; terminaron llegando a la pequeña casa que estaba algo alejada del centro del pueblo.
La pequeña casa vacía donde Philza le había dicho que vivió hace mucho, pero ahora estando adentro tenia pocos muebles adornando para que sea nuevamente habitada.
— ¿Q-Qué hacemos aquí?
— Es tu nueva casa — Le contesto con firmeza el alcalde — No se podrá que arreglemos pronto la que fue tuya, pero, alguien personalmente te quiso dar esta casa para que vivieras en ella — Missa solo observo como volteaba a verlo todavía manteniendo ese porte firme, arrogante — No necesitas pagar nada, y sobre abrir nuevamente tu tienda puedes hacerlo aquí, no cobrare nada.
— P-Pero — Mientras trataba de hablar, más tropezaba con sus palabras — N-No entiendo, esta casa, y-yo no pued...
— Tómelo — Lo hizo callar mientras le extendía las llaves haciendo que Missa las tomara dudando un poco de su acción. Y antes de que pudiera decir algo más, solo vio como Cucurucho paso a un lado suyo para irse — Es alguien importante para este pueblo, bueno, para esa persona — Le susurro — Gracias por deshacerte de la plaga, vive una buena vida — Y antes de que se fuera Missa pudo notar una sonrisa arrogante en su rostro.
Solo se quedo estático en su sitio sin saber que hacer ante lo que le fue dicho.
"¿Plaga? ¿Se refería a Philza?"
Se preguntaba mentalmente mientras miraba con detalle la casa; camino lentamente por el lugar viendo cada rincón y los pocos muebles que había. La casa es pequeña, pero se sentía extrañamente acogedora.
Siguió explorando el lugar hasta que llego a la que era el único dormitorio que tenia la casa. Tampoco había muchas cosas, solo una simple cama y una pequeña mesa, pero a Missa le llamo la atención que en esa mesa se encontraba un garrón de bastantes flores. Flores de petunia.
La flor que había recibido de regalo por Philza.
Se acerco hasta la decoración teniendo cuidado de tocar cada delicada flor que había hasta que vio una nota escondida en las mismas; tomándola la acerco para poder leerla.
"Se que no tendré tu perdón, y tendré que aceptar que ahora tu indiferencia es lo que me vas a entregar, pero, porfavor, no te vayas.
Quedate a vivir aquí, acéptalo como un arrepentimiento mio tanto para ti como para tu hijo.
Ya no te insistiré más y te dejare vivir en paz sin verme nuevamente, pero te ruego que no te vayas de aquí.
Porfavor.
— P"
Y Missa no evito en derrumbarse en lágrimas otra vez.
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Sus planes de irse del pueblo ya no estaban en mente, pero aun así su animo no aumentó para nada, se sentía todavía mal.
Ahora ya siendo para dos meses de lo ocurrido vivía junto con su hijo en la pequeña casita; apesar de que no tenía mucho, aun asi varios de sus amigos le daban cosas para poder establecerse nuevamente, pero, se sentía todavía vacío en su interior. Ni siquiera ánimos le daba para iniciar nuevamente su tienda apesar de que le llegaban cosas para poder vender.
Porque si, no solo sus amigos le daban cosas, alguien que no ponía nombre le mandaba más cosas; como objetos echos a mano y decorativos, hasta vegetales para comer. Y con eso venían cartas sin tener la firma de quien las escribe, pero Missa sabia de quien eran.
Philza.
Conocía bien su letra; no habia ni un solo día desde que se fue a vivir a esa pequeña casa que no le llegara cartas de ese estilo, deseándole un buen día y dándole su arrepentimiento, pero cumpliendo con lo que había puesto en la primera nota. Missa ya no volvió a ver por ningún lado del pueblo a Philza, ni siquiera a Tallulah.
Y aunque trataba de preguntar a los amigos de Philza, simplemente le evitaban decir.
Eso solo lo frustraba.
Missa suspiro mientras dejaba la carta la mesa del comedor. Era ya la número catorce qué recibia y solo con leer cada carta se sentía más en conflicto consigo mismo.
¿Porqué Philza le estaba dando todo esto?
La mayoría de pueblo rumoreaba que Philza habia planeado matarlo en ese incendio. Que Philza quiso aprovecharse de el quitándole todo. Que Philza esto y el otro, eran tantas cosas que decían que a Missa solo lo mareaban.
" ¿Deberia ir a buscarlo? " Se preguntaba mientras salía de la cocina para ver a Chayanne en el cuarto que compartían ahora.
Una vez llego y se asomo a la puerta pudo ver como su niño estaba sentado en la orilla de la cama leyendo entretenido una carta, por lo que extrañado se acerco hasta el y se sentó a un lado suyo sacandole un susto.
— Tranquilo pollito, soy yo — Le dio una pequeña sonrisa una vez vio como Chayanne luego del susto le dio igual una, aunque luego quedo extrañado al ver como escondía la carta detrás de el —¿Qué estabas leyendo?
— Oh, nada, solo una receta de cocina — Le respondió con una sonrisa nerviosa aunque luego se desvaneció mientras se encogió de hombros al notar la mirada de su padre. La misma mirada que le daba cuando no creía en sus palabras — Es una carta de Tallulah.
— ¿Tallulah? — Chayanne asintió — ¿Lulah te manda cartas? — Chayanne volvió asentir dejando de esconder la carta para mostrársela a su padre.
— Nos hemos estado mandando cartas estos días, porque extrañamos convivir con el otro — Empezó a explicar algo decaído — Como tu no quieres ver a su papá, es la única forma que vimos para seguir hablando los dos — Missa formó una mueca en su rostro por la culpa.
Tan enfocado estaba en como se sentía, que se había olvidado que ante su situación también perjudico a los niños, que culpa no tenían de lo que pasaba.
Suspiro mientras veía la carta que Tallulah le mando a su hijo, ante lo que decía se podía notar igual triste por lo que estaba pasando.
— ¿Realmente no quieres disculpar a Philza, papá?
— E-Es difícil, Chay — Respondió agachando la cabeza decaído — Pero, quiero hablar con el, solo que ya no lo veo por aquí.
— Es que no puede venir ya al pueblo — Missa sorprendido volteo a ver a su hijo, y antes de que pudiera preguntar fue interrumpido — Eso me dijo Lulah, que su padre y ella ya no pueden venir aquí — Siguió explicando — Me dijo que no sabe porque, ya que Philza no le quiere decir.
— ¿Asi que ellos no pueden venir? — Chayanne asintió mientras Missa se quedaba ahora perdido en su mente mirando a la nada.
Solo mas preguntas y dudas, pero ninguna respuesta favorable que lo hicieran tener calma, nada más lo hacia sentir más ansioso.
¿Que realmente estaba ocurriendo en este lugar?
Simplemente lo confundía más.
Y sabia que la única forma de tener respuestas, era ir a buscarlo. Buscar a Philza para hablar con el.
Tenia que tragarse su egoísmo de protegerse para poder ya enfrentarse y que le dieran respuestas.
Volteo a ver a su hijo y vio como el se le quedo viendo preocupado.
"Al menos hazlo por los niños"
Se repetía mentalmente.
Le dio una pequeña sonrisa para tranquilizarlo y pasar su mano para acomodar los cabellos rebeldes que tenía Chayanne.
— ¿Chay, quieres que mañana vayamos a ver a Tallulah?
No habia vuelta atrás.
Chapter 17: 16;
Notes:
Este capitulo es muy extenso y hasta algo pesado por la lectura, será el primer capitulo tan largo que he escrito, pero, se lo merecen completamente luego de mucha espera :)
Toma tu tiempo para leerlo tranquilamente y coméntame, me gusta leerte!
Ya pronto esta bonita historia tendrá su digno final
Nos vemos pronto!
Chapter Text
Dicen varias personas, que no es bueno atrasar lo inevitable sabiendo que la situación solo va a empeorar.
Philza, tercamente, tuvo que aprender a la mala. El hombre que ama no quería verlo más, y todavía tenia planeado irse para siempre del pueblo. Todo por su culpa.
Y ahora, luego de siete años, esta aquí, frente al alcalde, no precisamente a pelear como aquella vez, aunque las ganas no le faltaban para romperle más la nariz.
Pero no, es ese día no esta aquí para eso. Esta para humillarse.
— Asi que — Murmuró mientras veía como Philza le entregaba las llaves — Al final te terminaste rindiendo — Le dio una sonrisa arrogante.
— Es lo que querías, ¿no? — Contestó manteniendo su porte firme — Deshacerte de mi desde hace mucho, pues ahora lo conseguiste, ya no me veras más aquí.
— ¿No crees que nos hubiéramos ahorrado toda esta situación? — Inclino la cabeza — ¿O los siete años? — Aumento su sonrisa al ver como Philza le dio una mirada de desprecio — Bueno, fue bonito tener esta "amistad" contigo — Rio amargamente, guardando las llaves en su bolsillo, le paso la jaula qué tenía en el suelo, donde un cuervo graznaba desesperado — Le daré tu antigua casa a Missa como tu última petición, te doy permiso de decorarla un poco, pero antes de terminar la semana te largas de aquí — Colocó un dedo en el pecho del rubio dándole un empujón — Ni tu, ni tus cuervos volverán a pisar aquí al pueblo, y es definitivo, no te daré la libertad de visitarlo como antes — Le recriminó — Ni siquiera a tu hija.
Philza fruncio el ceño. Eso no estaba contemplado que pasaría — Mi hija no debe ser metida en esto.
Elevo los hombros con indiferencia — Si tu no cumpliste, yo menos lo haré — Se dio media vuelta — Largate de una vez antes de que te eche de una.
Pero antes de que Cucurucho pueda irse sintió como Philza lo tomaba del brazo con fuerza impidiendo que siguiera caminando.
— Con mi hija no.
Volteo a verlo notando esa mirada de desprecio y enojo que le daba Philza. Se quedaron viendo unos minutos antes de que Cucurucho se acercara hasta el con una sonrisa burlona.
— Vivan una buena vida fuera de aquí — Le murmuro — Y hazme caso de una vez, no querrás que tu hija se quede sin padre, ¿cierto?
Y antes de que Philza pudiera responder ante tales palabras de amenaza solo sintió como Cucurucho se separaba con fuerza de su agarre para ya dar comienzo a caminar lejos de el haciendo que ahora solo sus palabras queden trabadas en su garganta.
Solo le quedo bufar por bajo sacando todo el sentimiento amargo que crecía en el una vez ya no estuvo a la vista. Una parte de el se sentia estúpido, el se había prometido que no haría esto. No haría en darle el gusto a Cucurucho de que logro lo que hace mucho le quiso hacer, deshacerse de el, pero, la situación no estaba a su favor ahora, y menos ahora teniendo en juego que la persona que más ama se fuera por su culpa.
Podía aceptar desprecio pero no que se fuera.
Dirigió su mirada a la jaula del suelo notando como, Pachuca, seguía desesperado mientras granzaba. Tomando de la agarradera, la alzo a su rostro para poder calmarlo acariciando su cabeza con uno de sus dedos.
— Tranquilo, Pachuca, ya estarás bien — Le murmuro mientras seguía acariciando su cabeza consiguiendo que su cuervo se tranquilice. Sonrio debilmente, al menos, si Missa ya no quería verlo más tendría ahora una parte de lo que había sido de el. Lo que el le regalo — Vámonos, tenemos cosas que hacer.
Dando media vuelta se fue de la granja del alcalde.
El sol ya dejaba de quemar, solo lo nublado del día lo acompañaba.
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Luego de lo que paso con Cucurucho, Philza se dedicó a tratar de restaurar su antigua casa para que Missa pueda vivir en ella, con poco tiempo que le dio de una semana apenas se ajusto para dejarla limpia por dentro y con pocos muebles.
Muebles que su amigo Fit le ayudo a construir con la madera suelta que tenia en su granja.
Sabia que no iba hacer mucho, pero ya tenía resuelto como podría darle más cosas apesar de que no esté más aquí.
— No me puedo creer que realmente te vayas — Murmuro Fit mientras se encontraban recargados en el marco de la puerta viendo el resultado que pudieron realizar en tan solo una semana — Te juro que yo ya te veía viviendo en casa de Missa.
Philza hizo una pequeña sonrisa que tan pronto se desvaneció mientras suspiraba — Gracias por ayudarme.
— Es lo menos que puedo hacer — Colocó una mano en el hombro del rubio dejando un suave apretón amistoso — Solo espero que todo te resulte bien ahora.
— Yo igual — Philza se quedo viendo todo el interior de la casa haciendo que un sentimiento de nostalgia aparezca.
Igual arrepentimiento.
Sabia que todavía tendría que conseguir hablar con Missa, pero con el hecho de que ya no podría estar más aquí en el pueblo, le iba a dificultar las cosas.
Dirigió su mirada al suelo donde quedaba una última cosa que acomodar para la casa. El florero de varias petunias que el junto con ayuda de Tallulah decidieron realizar para Missa.
Lo tomo suavemente mientras veía cada pétalo de las petunias, coloco venticinco en total haciendo que se vea abundante. Todavia seguía vivas y llenas de color, solo esperaba que Missa las recibiera con el último amor que probable sienta por el.
Separandose de su amigo camino hasta la habitación para poder colocar las flores en la mesita de noche. De su bolsillo saco una carta para terminar de ponerla junto las mismas.
Una carta de arrepentimiento desde su corazón para su amada flor.
Aun asi, las cosas no se quedarían así para Philza.
— Oye — Murmuro una vez salió de la habitación para ver a su amigo que terminaba de recoger las últimas maderas — ¿Crees que puedas hacerme un último favor?
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Dos meses habían pasado.
Philza y Tallulah ya no volvieron más al pueblo.
Sus amigos sabían la razón, pero los demás que no eran cercanos solo inventaban rumores, como siempre. Unos más graves que otros, pero eso ya a Philza no le preocupa, a fin de cuentas ya no estaría más ahí para saberlos.
Durante en ese tiempo Philza y Tallulah mandaban sin falta cartas a sus amigos del pueblo. Aunque específicamente escribían más para Missa y Chayanne.
Tallulah si las firmaba con su nombre. Philza en su caso, no lo hacia, pero era obvio que sus cartas las escribía el, Missa conocía bien su letra.
El último favor que le pidió Philza a su amigo es que el pueda entregar las cartas a su destinatario. Sabia que si las mandaba por el cartero, era obvio que le terminarían diciendo al alcalde, así que para no arriesgarse prefirió que Fit personalmente le entregue las cartas a Missa.
También en ese tiempo trataron de distraer su mente, más que nada Philza, por lo que se dedicó realizar bastantes tareas en su granja junto con su hija.
Desde las más sencillas como cultivar nueva verdura hasta realizar pequeños arreglos de carpintería para decorar, o si no, para mandar a Missa y Chayanne.
Si, la mayor parte lo hacían para ellos.
Otras también para no sentirse mal por el cambio tan repentino de su vida.
— ¡Listo! — Exclamó Tallulah una vez acomodo el cabello de su padre. Ese día habían decidió cortarse el cabello, más que nada Tallulah le pidió ayuda a su padre para poder hacerlo, pero aun vez terminaron con ella, Philza le pidió que igual le ayudara a cortar el suyo — No pense que te cortarías el cabello, dad.
— Necesitaba un cambio, ¿no crees? — Volteo a ver a su hija con una sonrisa — ¿Me veo como todo un galán? — Poso en modo burlon haciendo que su hija riera y lo empujara.
Trataba de hacer que sus días fueran buenos.
Aunque una parte le dolía a Philza; el único que respondía las cartas era Chayanne, pero en cambio Missa, no mandaban nada, ni siquiera respondía alguna carta suya. Eso en parte lo deprimía, pero no iba a desistir, al menos con Chayanne sabia como la estaba pasando Missa.
Algún momento pasaría que Missa iba a querer hablar con el.
Solo tendría que esperar.
Jamas imagino que luego de dos meses justo este día llegaria.
El comienzo fue tranquilo, aunque desanimado como todos los días para Philza, pero siempre trataba de ocultarlo por su hija.
El clima asomaba a un aire tan fresco, por lo que el sol no quemaba para poder realizar trabajo.
Este día decidió en trabajar en su granero.
Si, Philza tenia un granero, pero casi no lo utiliza, la única vez que fue utilizado fue cuando Tallulah era más pequeña porque le gustaba quedarse a dormir en el lugar.
Era algo mediano el granero, pero era cómodo, perfecto para tener animales, aunque lastima que Philza no tenía al haberlos vendido hace mucho para tener dinero y criar a su hija.
Asi que este día se dedico a trabajar en el lugar, quería ordenarlo más y ver que más usos podría hacerle.
Mientras el realizaba ese trabajo Tallulah se la pasaba paseando de un lado a otro en el lugar jugando con los cuervos y alimentando a Pachuca que se encontraba en su jaula afuera de granero (precauciones para que no se fuera a buscar a Missa al pueblo).
Estaba siendo un día cálido para ambos.
— Deja de estar jugando y ayúdame con el heno, Lulah — Pidió Philza aunque luego negó divertido al ver como su niña corría sin siquiera prestarle algo de atención. Sabía que lo hacía con intención — Pequeña demonio.
Iba a seguir acomodando los costales de abono en el rincón hasta que llamo su atención como los cuervos empezaron a graznar y salir del granero, dando aviso de que alguien había llegado.
Extrañado, Philza dejo a un lado su tarea para asomarse junto con Tallulah en la puerta del granero para ver que ocurria llevándose una sorpresa que lo hizo helar y que su respiración se detuviera.
Missa.
Missa caminaba tan tranquilamente junto con Chayanne mientras eran recibido por el montón de cuervos que graznaban a ellos y algunos se posaban en su cabeza.
Su Missa, esta aquí.
Luego de estos dos meses sin verlo, se encontraba tan radiante visitando su granja.
Verlo le dio un revoltijo de emociones en su cuerpo; iba a seguir estático hasta que el trance se fue al momento de que su hija Tallulah gritara con emoción el nombre de ambos para ir corriendo hacia ellos con los brazos extendidos.
Solo pudo divisar como los mencionados la miraban igual emocionados correspondiendo de su gesto abrazándola. Primero Chayanne y luego Missa que no dudo en levantarla en sus brazos para poder abrazarla cómodamente.
Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Philza, al menos con su hija todavía seguía siendo el mismo de siempre, pero, sabia que con el no iba a ser así.
Y lo confirmo al momento de que Missa bajo a Tallulah de sus brazos y dirigió su mirada hasta donde el una vez su hija lo señaló donde se encontraba. Seriedad, ya no estaba esa sonrisa de hace momentos.
Una fuerte presión sintió en el pecho por eso. Trago saliva mientras decidia ya emprender su camino hacia ellos.
— Bienvenid- — Una vez cerca y sin terminar su saludo recibió un fuerte abrazo de Chayanne en sus piernas haciéndolo tambalear — ¡Campeón! — Exclamó emocionado mientras pasaba a tomarlo de los brazos para poder igual abrazarlo — ¿Te has portado bien? ¿No le has generado ningun problema a tu papá? — Obtuvo en respuesta la negación del niño mientras seguía contento mirándolo — Es bueno saberlo.
Dando una despeinada a su cabello lo bajo al suelo para luego pasar en mirar a Missa haciendo que su sonrisa diminuyera al ver como seguía viéndolo con seriedad.
Hoy, hoy era el día que tenían que hablar.
"Mierda"
Se dijo mentalmente Philza mientras volvía a tragar saliva tratando de apaciguar el sentimiento que sentía que empezaba a quemar.
— Niños — Escuchó la voz de Missa, tan suave como seria — Si quieren vayan a jugar, nosotros tenemos que hablar a solas, ¿si?
Philza esperaba que al menos los niños se quisieran quedar un rato más con ellos pero tan rápido fue traicionado por su hija al escuchar como aceptaba la petición de Missa y tomaba de la mano a Chayanne para irse juntos.
Ahora ambos se quedaron en un profundo silencio una vez los niños se fueron a jugar con los cuervos.
Ya no existía ese silencio calmado, había tensión, muchas cosas que decir en ambos pero no sabiendo quien iniciará la conversación esta vez.
Philza suspiro nervioso mientras se acomodaba su sombrero y se ponía a un lado de Missa para ver cómo los niños jugaban, de ratos lo miraba de reojo y se sentía nuevamente que le podría faltar el aire.
Sentía que estaba viendo algo prohibido.
Tan bello como siempre.
Después de no estar con él durante estos dos meses completos deslumbraba más su presencia. En definitiva, aunque haya pasado el tiempo su petunia era la más bonita de todo el jardín.
Y ver cómo tenía el collar que le había regalado en su tiempo adorando su cuello, al parecer eso fueron de las pocas cosas que se salvo del incidente, sentía que podía morir.
Aunque si puede decir que cambio; mantenia un porte defensivo, con sus brazos cruzados y manteniendo firme la mirada viendo a los niños jugar. Verlo así le partia el corazón en parte, porque ya no estaba relajado a su lado, tomando de su brazo mientras se sonrojaba con sus coqueteos, se notaba la incomodidad y Philza sabia que el era la razón de que este así.
El rubio aparto los ojos una vez que noto como Missa igual lo estaba mirando de reojo.
Lo atrapó viéndolo.
Ahora se sentía patético, Missa se veía tan precioso a sus ojos y probablemente a los ojos de el se veía todo descuidado.
Pero eso no importa ahora, Philza sabía que tenía que hablarle, era su oportunidad de solucionar todo, pero se sentia cobarde, una parte de él sabía que merecía ese desprecio.
Pero, otra parte de él decía que tenían ya que hablar, el hecho de que haya venido hasta aquí, no suponía que solo era para dejar a Chayanne y ya, venía por algo más. Y era obvio si le pidió a los niños que los dejaran a solas.
Philza tomo un poco de aire dándose ánimos el sólo.
— Missa
— Philza
Ambos voltearon a verse sorprendidos una vez que notaron que habían hablado al mismo tiempo; fue un silencio en que ya no hubo nuevamente palabras, solo sus miradas estaban fijas en el otro, aunque después de minutos estar así Missa soltó una pequeña risa haciendo que Philza sonriera un poco y su corazón pudiera tener alegria luego de tanta tensión.
Nuevamente escuchaba su risa.
Ya extrañaba esa dulce melodia reduciendo en el más amargo sentimiento de incomodidad.
— Habla tu primero.
— Está bien — Soltó un suspiro dejando a un lado la risa que soltó — Vamos al grano, ¿Por qué no me dijiste la verdad? — Y soltó la pregunta, esa misma que había soltado aquella vez, pero por el pánico y tensión de aquella ocasión hizo que las cosas empeoraran en los dos. Philza noto como Missa nuevamente estaba serio, pero está vez su mirada no pesaba, no se sentía como dagas atravesando su corazón como aquella vez, aún así lo dejaba temblando.
— Y-Yo pensé — Empezó hablar tropezando con sus propias palabras, pero se detuvo un momento para nuevamente tomar aire y seguir hablando — Pensé que podría solucionarlo yo solo — Vio como Missa frunció su ceño haciéndolo tragar saliva — No lo digo en mal plan, solo, como ya anteriormente había tenido problemas con el alcalde, yo pensé que podría hacerlo sin que tú tuvieras la preocupación de solucionarlo — Explico ya más calmado; ya no habia pánico que lo hiciera decir palabras que no eran suyas. Quería mostrar su sinceridad está vez — Por eso te oculte la verdad, pero no para hacerte daño, si no para protegerte de ese daño y tu siguieras pensando que vivir en este pueblo era tu mejor opción— Suspiro — Aunque aun asi te dañe sin querer.
Y nuevamente guardo silencio esperando una respuesta de la otra parte, Missa simplemente lo observaba todavía con la seriedad en su mirada pero podia notar algo de comprensión en ella; vio como suspiro mientras dirigía su mirada a donde nuevamente los niños jugaban tranquilos.
En cambio Philza solo mordio su labio nervioso e igual volteo a ver a los niños, no sabia como tomar esa reacción, al menos en su cuerpo se sentía aliviado que no haya dicho esas palabras hirientes que todavía dolía recordarlas.
Nuevamente silencio, nada más se escuchaba como las plantas bailaban con el aire que había y los cuervos graznaban.
Philza sonrio ligeramente mientras saludaba a los niños una vez los miraron a su dirección. Al menos ellos se encontraban bien ante el conflicto.
— Lo agradezco — Philza se sobresalto — Agradezco lo que hiciste por mi, en darme un hogar para quedarme a vivir en el pueblo — Lentamente volteo a mirar a Missa otra vez, pero el contrario no lo estaba viendo — Es muy generoso de tu parte, a pesar de que yo te trate muy mal durante todo estos dos meses — Vio como soltaba el aire para mirarlo ahora. Sus mirada volvieron a conectarse. Ya no estaba serio, se miraba con dolor — Pero, igual debiste haberme dicho lo que realmente pasaba en un inicio.
Philza agacho un poco la cabeza avergonzado — Lo se.
— Casi los niños y yo pudimos morir, hasta tu también pudiste hacerlo — Le recriminó— No creas que no termine sabiendo que te agarraste a golpes con el alcalde cuando te fuiste ese día antes del incendio — Fruncio el ceño — Sabia que aquella vez que nos dijiste que te caíste mientras ibas de camino al incendio era mentira — Ahora Philza se encogió de hombros más avergonzado y agachaba su cabeza, podia sentir como su cara se ponía roja por lo mismo. Sabia que su mentira no duraría — ¿Que tal si te hubiera matado?
— La verdad yo tenia más ventaja, es más viejo que yo — Murmuró aunque luego se arrepintió de lo que dijo al ver de reojo la mirada recriminadora del otro — Lo siento.
Missa negó — Volviendo a mi punto — Esta vez se suavizo su mirada — Pasaron tantas cosas ese día solo por el hecho de que no me dijiste lo que pasaba, preferiste ocultarlo y hacerme creer que no pasaba nada, haciendo que no solo perdiera todo lo que construí — Sus ojos mostraban la tristeza que tenia ocultando, se estaban cristalizado, por querer ser fuerte para enfrentar la situación y recibir las respuestas que necesitaba — Si no que me demostraste que no confías en mi.
— Si confío en ti
— ¿Enserio? — Missa le lanzo una mirada incredula — Porque tus acciones me mostraron lo contrario.
Philza levanto la mirada sintiendo más la vergüenza en su ser como el arrepentimiento cayendo en sus hombros. Se sentía como un perro regañado por su dueño, un patético a toda palabra porque sabia que Missa tenia razón, sus palabras no cuadraban a las acciones que tomo, se malinterpretaron muy mal por no saber llevar bien la situación.
Ya no hubo más palabras, ambos esperando que el otro hablara, uno esperando más regaños y el otro explicaciones, pero nadie decia nada, simplemente se miraban.
Dichos existen que las miradas se dicen más que mil palabras.
— Solo — La voz de Missa esta vez se escucho en un susurro. Parecia que queria llorar — Solo respondeme esto — El rubio solo se quedo en silencio dejando que todavía hablara. Missa trago saliva tratando de que el nudo en su garganta se calmara — ¿Tu, tu sabias que eso pasaría? ¿Qué nos querían matar a mi y a los niños, y por eso te fuiste?
Philza apesar de la vergüenza aun asi negó con firmeza y con un claro ceño fruncido — No — Habló — No sabía que el alcalde haría eso, de haberlo sabido no los hubiera dejado ese día en la casa, simplemente ese día me fui por que el mismo me amenazó que fuera con el para hablar — Explicó mientras apretaba sus manos en puños. Todavia sentía coraje recordar — Pero soy consciente que debi haberlo sabido, yo fui el estúpido que baje la guardia pensando que no haría nada hacia ustedes y solo a mi — En todo momento que explicaba no aparto la mirada de Missa, sus ojos estaban fijos, demostrando tanto en gestos que no mentía a lo que decía.
En cambio el pelinegro simplemente solto todo el aire acumulado en su ser sintiendo un alivio en su cuerpo; sabia una parte de el que decían los pueblerinos que Philza realmentels quería matar ese dia no era verdad, ahora entendía una parte, aun asi tenia más dudas que todavía no habia respuestas.
— ¿Sobre mi tienda? — Nuevamente hablo. Si quería respuestas tenia que ser ahora — ¿Por qué hizo eso?
— Por Pachuca — Missa frunció el ceño confundido haciendo a Philza rascarse la nuca claramente apenado — Es difícil explicarlo
— ¿Y me lo vas a ocultar como siempre? — Si las palabras golpearan, esa le hubiera quitado el aire a Philza.
— No — Ahora la firmeza de su voz se fue haciendo que saliera exaltado — S-Solo — El rubio noto como Missa seguía manteniendo el mismo ceño fruncido pero se notaba decepcionado, la estaba cagando, por lo que detuvo un momento su hablar para tomar aire para no entrar en pánico. Tenía que ser sincero con el — Realmente fue por mi — Missa quedo sorprendido ya no habia decepcion en su mirada solo más confusión, y antes de que pudiera hablar Philza lo callo — Se que no entiendes por eso te digo que será difícil explicarte, pero, como te dije hace mucho yo me fui del pueblo por el alcalde — Explicó — Habíamos tenido acuerdos, y uno de esos fue que mis cuervos no estén más en el pueblo, si no, habría problemas nuevamente — Le dio una debil sonrisa — Pero como ya te das cuenta, yo rompí esa promesa.
— Por eso — Respondió entre pausas tratando de asimilar la nueva información que obtuvo — ¿Por eso querías que mantuviera a Pachuca escondido? — Philza asintió — ¿Y porque no me dijiste bien? Te lo puede haber dado en un inicio para que se fuera contigo a tu granja.
— Lo se, pero cuando dijiste que querías tenerlo porque era tener algo mio — Soltó una pequeña risa mientras la memoria de ese momento llegaba a él, todavía le generaba una agradable sensación llena de nostalgia — No pude resistirme.
— Philza
— Se que fui muy inconsciente al hacerlo por el desastre que hice — Lo interrumpió todavía con una debil sonrisa en el — Pero, realmente no te miento cuando te dije que yo haría cualquier cosa por ti — Camino lentamente hacia el cuidando cada paso que daba — No te echo la culpa, claro que no, se que aquí el único culpable soy yo por no decirte nada en un inicio y hacerte malinterpretar todo, ocultando te las cosas como un cobarde y manchar mis manos para que tu vivas tranquilo — Una vez estuvo cerca cuido de la distancia para no incomodar al notar como Missa lo miraba todavía con sorpresa y se alejo un poco. — Simplemente quiero que sepas lo arrepentido que estoy por todo lo que te hice pasar, se que soy un imbecil y merezco tu desprecio — Solto una risa decaída — Pero solo quiero saber si podría tener al menos una oportunidad de volver a ganarme tu confianza, de solucionarlo todo, si no, igual lo entenderé y me iré de tu vida si así lo deseas.
Dando por terminado en hablar ambos se quedaron nuevamente viendo; no hubo más que decir, apesar de que habían tantas cosas por las cuales seguir hablando. Solo silencio y tensión en ambos.
Philza se mordió el labio nervioso esperando alguna respuesta, Missa solo seguía sorprendido tratando de asimilar todo lo que fue dicho, ahora esa faceta de firmeza y confiada se estaba cayendo rápidamente, se sentía nervioso y el corazón latía tan fuerte. Tantos sentimientos encontrados que se sentía abrumado.
— Y-Yo — Tartamudeo — N-No quiero perderte — Respiro tratando de tragarse ese nudo en la garganta que hacia que su voz saliera en tan cortada — Realmente no quiero perderte, pero, no se si pueda confiar en ti nuevamente sabiendo que me ocultaste las cosas en un inicio — Aparto la mirada — Pense que realmente teníamos confianza, pero, veo que realmente tu y yo no nos conocemos — Volteo a mirarlo nuevamente haciendo notar el cristalizar de su mirada — Solo quiero pensarlo, ¿si?
Y Philza podia sentir como su corazón se quería romper de la tristeza, aun así trato de apaciguar su reacción con una debil sonrisa comprendiendolo, era lo que merecía, aun asi parte de el se sintió aliviado de no ser rechazado del todo.
— Entiendo.
Ya ninguna palabra salió, apesar de que tenían tantas que decir nuevamente se sintió incómodo el ambiente.
No hubo rechazo, pero sabían que las cosas habían cambiado.
— Me tengo que ir — Missa se aparto dejando más distancia entre ellos — T-Tengo cosas que hacer — Vio como el rubio solo se le quedaba viendo sorprendido — Gracias por aclararme algunas cosas, luego Spreen vendrá por Chayanne, nos vemos, Philza — Murmuró suavemente dándole una ligera sonrisa llena de tristeza.
— C-Claro, cuidate Pe- Missa — Apenas pudo responder en un tartamudeo tan ridículo viendo como se daba la vuelta para irse de su granja.
No más palabras.
No más aclaraciones que dar, por más que sabían que tenían más de que hablar.
Philza sintió como su cuerpo se ponía tenso viendo como se empezaba alejar de él, su corazón palpitaba tan rápido por la desesperación.
No, el no quería esto.
Habia pasado ya dos meses sin hablarle como para dejar las cosas así a medias nuevamente.
Fue cobarde, lo admitía, pero ya se había cansado.
No quería perder a su flor, ya no más tiempo sin verlo, si tenia que mandar al carajo todo por tenerlo nuevamente con el, entonces lo haría.
Si tendría que rogar manchando más sus manos lo haría, solo por el.
Su cuerpo por inercia empezó a caminar para poder impedir que se fuera.
— ¡N-No, espera Missa! — Apenas terminó de gritar para llamarlo cuando fue interrumpido por otros gritos a la lejanía haciendo que abruptamente se detuviera a solo unos metros de estar cerca de Missa.
Vio como volteaba a verlo extrañado hasta que nuevamente los gritos a la lejanía se escucharon haciendo que ahora ambos quedaran sorprendidos. Parecían ser la voz de sus hijos.
— ¿Philza? — Habló — ¿Donde están los niños?
— Estaban jugando en el cultivo — Respondió mientras giraba para señalar a donde habia visto la última vez a los niños, pero no había nada, solo estaban sus cultivos intactos y solo uno que otro cuervo volando. Los niños no estaban en ningún lado.
Pero, no podían ir lejos, Tallulah sabia hasta donde llegar y nunca iba más allá sin compañía. Al único lugar que se le pudo ocurrir que podría estar era en el granero.
Granero.
Philza lo miro a la distancia, nuevamente escucharon los gritos pero esta vez pudieron ver que venían de ese lugar.
— Los niños — Murmuraron y sin evitarlo corrieron juntos hacia los gritos escuchando ya más claro que era de ahí donde gritaban.
— ¡Papá, ayudanos! ¡La puerta no abre! — Ahora estando cerca de la puerta del granero escucho como su hija Tallulah lo llamaba desesperada mientras golpeaba del otro lado la puerta. Philza intento abrirlo pero no pudo, por más que ponía fuerza no podía abrir, la puerta habia quedado trabada.
— Mierda — Exclamó en un susurro bajo mientras seguía intentando mover la puerta.
— ¿Philza? — Lo llamó Missa preocupado viendo como seguía tratando de abrir la puerta.
— Al parecer se trabó — Le comento haciendo que Missa quede angustiado mientras se unia con el empujando de la misma puerta para tratar de abrirla pero algo impedía abrirla — ¡Ahgg! — Exclamó — Siempre esta puerta se atora — Suspiro mientras seguía intentando abrirla — Tallulah — Llamó a su hija obteniendo una respuesta al otro lado — Intenten ver si no hay algo que la obstruya.
— Okey — Contesto y nada más pudieron escuchar como trataban los niños de jalar la puerta pero no conseguían nada — No papá, no hay nada que se vea a la vista.
— Carajo — Siguió empujando esta vez impulsando su hombro con fuerza para hacer presión.
— ¿No hay una ventana por la cual puedan salir? — Preguntó Missa mientras seguía intentando empujar junto con Philza la puerta.
— Igual esta cerrada y aparte muy arriba — Explico — La única forma de abrirla es estando adentro con las escaleras, pero las deje afuera, por lo que no podría salir los niños — Missa asintió comprendiendo a su explicación mientras seguían empujando ambos para adentro para tratar de destrabar la puerta. Siguieron así por unos minutos hasta que pudieron sentir como se movió un poco — ¡Niños, háganse a un lado! — Escuchó como los niños afirmaban su petición, volteo a ver a Missa, no hubo palabras que decir pero ya ambos sabían que tenían que hacer ahora que la puerta se sentía más floja. Suspirando y dando un vuelo dieron un último empujón con todas sus fuerzas haciendo que ahora obtuvieran un resultado positivo, la puerta abrió, pero con ello escucharon como más cosas del otro lado caían al suelo y una madera se rompía.
Ambos adultos se adentraron al lugar pudiendo ver el interior del granero, para Philza ya era habitual hace rato estuvo ahí, en cambio Missa solo se quedo cerca de la puerta quedando fascinado por observar lo que había.
— ¿Niños? — Llamó Philza mientras observaba a todos lados tratando de ver donde estaban, pero no habia rastro de ellos, aunque si pudo notar algo curioso y ahora entendía porque no podían abrir la puerta en un inicio; había varios costales apilados junto con maderas rotas atravesando la puerta. No se había trabado por cuenta propia, alguien la trabó apropósito.
Más dudas hubo en él que no tenía respuesta.
Los niños no estaban.
Y la puerta fue trabada a propósito.
Aunque varios murmullos no muy lejos de la puerta se escucharon.
Philza suspiro mientras frunció el ceño; una travesura es lo que fue.
— ¡No estén jugando, niños! — Exclamó enojado mientras se dirigía a la puerta para salir junto con Missa pero dicha acción fue interrumpida al ver como unas pequeñas manitas empujaban al pelinegro haciendo que chocaran consiguiendo que cayeran al suelo, junto a eso la puerta del granero se cerró.
Habian quedado encerrados ahora ellos.
— Carajo — Solto un quejido abriendo los ojos luego de sentir el impacto de caer al suelo, aunque rápidamente su dolor fue reemplazado por la sorpresa una vez se fijo que Missa estaba recostado encima suyo también quejándose del dolor.
Philza mentiría si negaba que no sentía una gran emoción en su cuerpo por estar así, porque claramente lo estaba, pero no tenía que enfocarse en eso, no ahora que sabia que ellos no estaban bien.
Por lo que tomo la decisión de incorporarse y tomar suavemente de la mano de Missa para ayudar a ponerse igual de pie.
— ¿Estas bien?
— Si — Murmuro suavemente — ¿Tu estas bien? Caí encima tuyo.
Philza hizo un gesto despreocupado — Tranquilo, estoy bien — Le sonrió, y tontamente sabía que podia perderse en mirar sus ojos y esa pequeña sonrisa que igual le dio, pero mentalmente se golpeó, todavía tenia que regañar a los niños por sus travesuras.
Y también no merecía verlo así ya.
Dejando a Missa se acerco hasta la puerta del granero dando golpes a la misma llamando la atención del otro lado mientras intentaba abrirla jalando de ella.
— ¡Niños, abran la puerta!
— ¡No! — Escucho a ambos contestarle al unísono.
— ¡No estamos para juegos, niños! — Les regaño — ¡Missa se debe ir!
— No saldrán del lugar hasta que se perdonen — Ahora escucho a su hija Tallulah hablar — Por eso los dejaremos encerrados aquí — Esta vez hablo Chayanne decidido.
— Tallulah — Llamó a su hija con un tono de regaño consiguiendo al momento que la puerta del granero se escuchara un sonido de cierre. Le habían puesto llave impidiendo en definitiva que se abriera — ¡Tallulah!
— ¡Resuelvan sus problemas! — Nuevamente escucho la voz de los niños contestarle al mismo tiempo y antes de que pudiera replicar escucho como se alejaban junto con el graznido de los cuervos haciéndolo suspirar y recargar su frente en la puerta.
Philza sabia que los niños no lo hacían en mal plan, pero aun así era difícil para el. Si tuvo un momento incómodo en tratar de explicarle hace rato a Missa sus razones, ahora que están encerrados solos en el granero sin posibilidad de salir lo hacían poner más nervioso.
Una parte agradecía, la otra maldecia.
— ¿Por qué nunca me llevaste aquí? — Philza dejo de recargar su cabeza en la puertas para voltear su vista topando con Missa que caminaban tranquilamente por el granero viendo con detalle lo poco que había.
— Oh — Murmuró — Casi no lo utilizo, y como ves, son muy pocas cosas que tengo.
Missa seguía vagando por el lugar fijándose en cada corral vacío. Solo había heno regado en el suelo. Philza por su parte igual forma empezó a caminar en dirección a Missa para poder estar a un lado de el, cuidado la distancia en ambos.
— ¿Y los animales? — Volvió a preguntar esta vez mirándolo.
Philza solo suspiro mientras una ligera mueca apareció en su rostro — Los vendí hace mucho — Volteo a verlo de reojo notando la mirada preocupada en el — Tenía que buscar alguna forma para poder mantener a Tallulah, por lo que ya llevo seis años sin que tenga alguno.
— Entiendo — Murmuró desviando su mirada mientras nuevamente caminaba hasta mirar que el penúltimo corral no solo tenia heno, si no, igual tenia una especie de camita formada con almohadas y cobijas.
Se miraban ya algo desgastadas como si hubiera sido usada por los años.
— Antes dormíamos ahí — Habló Philza antes de que Missa pudiera preguntar — Cuando nos fuimos del pueblo, yo solo tenia este granero aparte de la casa que ahora tienes, así que tuvimos que dormir algunos años aquí hasta que porfin pude terminar de construir la casa que ya conoces — Explicó con una debil sonrisa mientras observaba como Missa se acercaba más al lugar para luego agacharse — Asi que ese pequeño lugar, es todavia un refugio para Tallulah.
Ahora ambos se habían quedado en un profundo silencio viendo ese lugar. Lleno de tantos recuerdos nostálgicos como dolorosos para Philza.
— Realmente — Murmuro Missa llamando la atención de Philza qué no dejaba de verlo — Realmente la han pasado mal.
— Tiempos difíciles, pero ahora estamos bien — Desvío su mirada mientras soltaba un suspiro — Bueno, eso me quiero creer yo — Solto una risa amarga para luego nuevamente quedar en un silencio algo incómodo entre ambos. De momentos Philza volteaba a ver a Missa notando como todavia seguía esta vez incado en el lugar sin transmitir alguna reacción — Sabes — Murmuró suavemente tratando de llamar su atención — N-No, no necesitas obligarte a seguir hablando conmigo si todavía no te sientes listo para hacerlo, yo entiendo que todavía me sigas odiando por no haberte dicho nada y como me dijiste necesitas tiempo para asimilar lo que te dije hace rato — Suspiro mientras desviaba la mirada — Y sabes, yo lo entiendo, no te obligare a nada, así que, deja busco alguna forma de salir para que puedas irte y-...
— Lo siento — Al momento que Missa habló Philza no dudo en callar de sus palabras para voltear a verlo, no habia cambiado de posición, solo agacho su cabeza.
— P-Pero — Extrañado Philza se acerco hasta el cuidando aun asi la distancia para no incomodarlo — ¿Por qué te disculpas? — Missa ya no dijo nada haciendo preocupar más a Philza al ver como de la nada empezó a temblar — ¿Missa?
Ya cuando iba a tomar la decisión de acercarse por completo sin importarle ya la distancia que tenia que poner en los dos, fue detenido al ver como Missa al fin elevaba su rostro y lo volteaba a ver, pero, estaba lagrimeando, aguantando su respiración para que no se escucharan los sollozos que estaba produciendo.
Esa faceta intimidante y seria que habia visto de el hace rato ya no estaba. Esta vez se miraba tan lastimado, y Philza no pudo negar que verlo así le rompió el corazón.
— Y-Yo — Ahora su voz se escuchaba quebrada, y Philza ya no pudo aguantar más verlo así.
— Oh, petunia — Lo hizo callar mientras se acercaba hasta el e incarse frente suyo para poder colocar suavemente sus manos en sus mejillas. Sus miradas conectaron, y solo pudo ver como más lágrimas salían de Missa haciendo que el corazón de Philza se estruje más — No tienes que pedir perdón, entre los dos, sabemos que yo soy culpable, mi petunia — Con su pulgar fue limpiando sus lágrimas aunque no servía de mucho ya que seguían saliendo más — Porfavor — Philza ahora sentía su vista cristalizarse — No te eches la culpa.
Pero, consiguiendo la reacción que no esperaba, Missa solo pudo romper más en llanto y lo termino abrazando con fuerza, aferrandose a el, sollozando escondido en su hombro dejando sorprendido a Philza que los minutos correspondió rodeandolo con sus brazos.
Dos meses sin poder sentirlo tan cerca.
Este abrazo se sentía tan reconfortante como pesado. Como si lo hubieran anhelado todo este tiempo; suaves caricias dejaba en el cabello de Missa mientras trataba de consolarlo, aunque igual Philza quería romperse a llorar.
— T-Te odio — Con la voz quebrada, Missa, empezó hablar mientras hipaba — O-Odio el hecho de que me h-hayas ocultado todo y lo haya perdido — Con sus manos apreto con fuerza la ropa de Philza — O-Odio que apesar de eso y me haya aferrado a querer odiarte, t-te necesite tanto conmigo — Philza solo sentía como sus mejillas empezaban a mojarse poco a poco— Estos d-dos meses anhele tanto que vinieras abrazarme y decirme que t-todo esta bien, que solo fue una pesadilla, pero, Spreen me decía que debia tratarte mal, que era lo que te m-merecías por lo que hiciste — Mientras más hablaba Missa solo su respiración aumentaba y el llanto no paraba — ¡Mierda, e-enserio odie tratarte así, pero o eran mis sentimientos o la vida que queria darle a mi hijo!
— M-Missa
— ¿P-Por qué me confundes? — Se separo unos centímetros de el haciendo que ahora sus miradas toparan. Ahora ambos estaban llorando, ya ni había una faceta en la cual esconder su dolor — P-Porque si los del pueblo me dicen que tu planeaste todo eso, en arruinar mi vida así, me estuviste dando todas esas cosas, una nueva casa y enviando esas cartas — Teniendo ahora sus manos en el pecho de Philza las hizo puño — Realmente si eres tan malo, ¿q-que quieres de mi? — Empezó a dar golpes en el pecho de Philza mientras cerró sus ojos consumido por el llanto — ¡T-Tontamente caí a ti, ciegamente confie en ti, pero luego de lo que paso, no se que creer si nadie me dice la maldita verdad de lo que esta pasando aquí!
— M-Missa — Murmuró tan suave como dolido mientras lo seguía sosteniendo — P-Porfavor respira.
— N-No nos conocemos — Dejo de pegar en el pecho de Philza mientras volvía agachar su cabeza — T-Tu solo me sigues diciendo que te fuiste del pueblo por pleitos con el alcalde, que fue por Pachuca, que tu fuiste la causa de todo, p-pero ni siquiera me dices como fue para que al final orillara a todo esto, s-solo me sigues ocultando las cosas — Volviendo a levantar la mirada esta vez sus ojos se miraban tan hinchados y rojos.
— P-Porque tu — Tragó saliva tratando de apaciguar el nudo en su garganta mientras más lágrimas silenciosas salían de el — Tu tampoco me has contado como has vivido antes.
— ¿¡Quieres saber!? — Exclamó exaltado mientras seguían saliendo más lágrimas en sus ojos, a este punto su cabeza ya empezaba a doler — ¡M-Mi maldita vida en mi antiguo pueblo fue un infierno! ¡T-Todos me despreciaban tanto a mi como a mi hijo, no habia un solo día en ese lugar que mi hijo no llegaba con golpes a la casa producto de que otros niños orientados por sus padres se lo dieran! ¡O que a mi me llegaban cartas desenado mi muerte o me denigraran! — Tenía un ceño fruncido en su mirada demostrando enojo en el, pero aun así sus ojos se miraban con dolor. — ¿Y sabes por qué? ¡Todo porque mi padre estafó a todos de ese pueblo y se fue, dejándome nada más a mi solo para pagar deudas que ni siquiera eran mías! — Terminando de hablar solo se quedo viendo a Philza todavía con la respiración exaltada mientras el mencionado lo miraba sorprendido y angustiado.
— ¿Y Spreen, y t-tus otros hermanos?
— N-Ni siquiera son mis hermanos de sangre — Esta vez hablo ya sin gritar tan abrumado, pero su voz se escuchaba ya ronca de tanto llanto. Sus ojos dejaron de lagrimear pero se sentia tan liberado de soltar un peso tan grande de su cuerpo — P-Pero yo los considero así, porque fueron los únicos que me trataron bien a mi y a mi hijo en ese pueblo y nos defendían cuando podían antes de que se fueran para tener su vida aparte — Esta vez su mirada se suavizo, pero habia dolor en ella, estaba apagado — Y-Yo fui el último con mi hijo en irme de ese lugar cuando termine de pagar toda deuda y aquí fue el lugar que vine para iniciar desde cero, porque Spreen me lo recomendó— Su labio inferior empezó a temblar. Apesar de estar ya sin lágrimas que soltar todavia sentía sus ojos cristalizarse. Ya su voz se escuchaba en un susurro tan ronco — Y ahora, l-la persona con la que deposite toda mi confianza, ni siquiera me quiere decir la verdad completa, s-solo a medias — Philza de estarlo mirando todo el tiempo termino agachando la cabeza mientras empezaba a respirar ahora el agitado. Se empezaba a sentir mareado, a sentir muy mal — P-Porfavor, dime algo, ya no quiero ser estúpido y dime que esta pasando — Pero hubo silencio, un largo silencio tan tenso y cortante. Missa frunció el ceño mientras tomaba aire para nuevamente hablar, se estaba cansando — ¡Mierda, al menos dime que valió la pena venir hasta aquí para que hable-...
Fue callado tan abruptamente al sentir como nuevamente fue rodeado por los brazos de Philza, casi pierde el equilibrio si no fuera que se pudo sostener con una de sus manos en el suelo. Ahora el rubio era el que estaba escondiendo su rostro en su hombro mientras se aferraba en abrazarlo con tanta fuerza que parecía que quisiera quitarle el aire.
— P-Philza
— P-Perdoname, la has pasado tan mal y todavía yo lo aumente más — Nuevamente Missa guardo silencio una vez escucho la voz del rubio, pero, se escuchaba como la suya hace momentos, rota — T-Te contaré todo, solo, porfavor, vamos a tranquilizarnos, ¿si?
Y diciendo eso, ya no hubo más palabras que decir, simplemente quedaron en silencio mientras trataban de regularizar su respiración y seguían sollozando tan bajo. Ya no más lágrimas, pero todavía podia sentir la sensiblilidad por tantas emociones abruptas que sintieron.
No saben cuanto duraron así, pero, si fue lo suficiente para que pudieran estar un poco más tranquilos; ya sus respiraciones estaban calmadas pero los ojos les ardían de tantas lágrimas que soltaron. Philza todavia seguía aferrado en abrazar al pelinegro, mientras que el contrario solo se quedo estático recargando su cabeza en el hombro mientras exhalaba todo el aire contendió y cerraba los ojos.
— Fue hace diez años — De golpe Missa abrió sus ojos al escuchar ahora la voz ronca de Philza hablar luego de esos torturarte silencio — En ese tiempo habia llegado el alcalde al pueblo, más que nada siendo como un millonario queriendo dar beneficio a los más necesitados, pura mierda disfrazada — Río amargamente — Pero, en un inicio nadie le tomaba atención, y menos al hecho de que yo fui el que mas protesto en su contra.
— ¿Tan malos eran?
— Si — Philza dejando de abrazar al pelinegro lo miro a los ojos — Digamos que la mayor parte era regalar trabajo pesado para una miseria de beneficios — Suspiro mientras tomaba suavemente las manos de Missa tratando de buscar alguna calma, la cual fue recibida con un tímido apretón — Asi fue unos meses, hubo una pequeña rivalidad en ambos que la verdad se me hacia estúpido — Volvió a reír esta vez más amargo al estar reviviendo nuevamente ese sentimiento, Missa en cambio solo siguió mostrando una mueca — Pense que se quedaría así, pero no, empezó a ser más personal conmigo llegando a puntos de querer hacer daño a mis cuervos, a quemar mi cultivo en las noches haciendo que pierda gran parte de mis propias ganancias, todo para llegar a puntos de que termine aceptando en trabajar con el cuando me habia quitado todo a propósito
— ¿Por qué?
— Por Tallulah — Sonrió debilmente — Cuando la tuve conmigo, no me quedo que morder la lengua y aceptar sus propuestas para recuperar lo perdido, así que durante un año trabaje para el, pensé que ya asi me dejaría en paz.
La mueca en Missa aumentaba combinando a una angustiante mientras más lo escuchaba — No paso.
Philza negó — Solo empeoro, no se como le hizo para que ahora las personas que me tenian confianza, empezarán a mirarme y hablar mal de mi, y esta vez me dio miedo de que le fuera hacer algo a mi hija, cuando uno de esos dias lastimó a mis cuervos — Mordio su labio inferior sintiendo como una mezcla de enojo y resentimiento sentía — Soy consciente que fui realmente estúpido ese día del incidente por no pensar que no haría algo hacia ustedes, luego de lo que me hizo antes a mi.
Ahora la mirada de Missa paso de tener una mueca a una mirada preocupada — Philza.
El rubio negó e inhalaba más aire para seguir — Cuando decidí irme, para que me dejara en paz, me dio más condiciones a mi que yo a el, una ya la sabes — Missa asintió — La otro fue, que yo una vez tomara esa decisión de irme, no volvería al pueblo — Ahora la mirada del pelinegro cambio a una de sorpresa — Nada más podia visitarlo pero no quedarme, y otra también es que yo ya no opinará nada sobre los cambios que el haría al pueblo.
— ¿Y tus acuerdos hacia el? — Preguntó Missa — ¿Cuales fueron?
— Que no metiera a Tallulah en esto, a nadie de hecho — Agacho la mirada mientras con su pulgar acariciaba suavemente el dorso de la mano de Missa — Y así fueron siete años, ya todo estaba en paz en ambas partes, bueno, para el si, a mi cada día solo me tomaban más de oveja negra para hacer rumores, que solo hacia que me alejara más del pueblo — Dejando de acariciar el dorso de sus manos las entrelazo suavemente con las suyas para volver a mirarlo, ya no teniendo una mirada amarga, si no una sonrisa, una debil sonrisa llena de arrepentimiento y cariño — Pero llegaste tu, ese precioso día que te vi la primera vez — Missa ladeo su cabeza confundido.
— ¿El primer día que fuiste a mi tienda? — Philza negó tranquilamente — ¿Entonces?
— Cuando estabas entregando bolsas de galletas junto con tu hijo Chayanne dando promoción a tu tienda — Ahora la expresión de Missa cambio a sorpresa — Me acuerdo bien que yo estaba regresando luego de haber tenido una nueva discusión con el alcalde ese día, y por estar tan distraído en mi rabieta sin querer choque contigo — Empezó a explicar mientras su sonrisa aumentaba más — Me acuerdo tan bien que te disculpaste, apesar de que fue mi culpa, pero, dios mio, ver tu rostro y esa preciosa sonrisa me habia dejado sin palabras — Ahora Missa sintió como sus mejillas se ponían rojas y seguía sin aparta la mirada en el rubio — Es probable que no lo recuerdes, fue tan poco ese momento que interactuamos, pero, para mi fue imposible no añorar en ver nuevamente tu rostro — Ladeó su cabeza manteniendo todavía esa sonrisa en el — ¿Enserio pensabas que yo iba a tu tienda a comprar cosas que realmente necesitaba? Yo solo iba para ver a ese precioso vendedor luego de tanta amargura a un pueblo tan podrido.
Y Missa realmente estaba sintiendo como su cara estaba poniendo demasiado roja y como su respiración empezaba agitarse, esta vez no de llanto, si no, de tantas emociones que trataba de asimilar todo en tan poco tiempo. Era tanta la información que recibió, mucho más que la anterior, que no sabia que decir.
Pero de algo si sabia ahora en sus pensamientos.
"Ambos fuimos jodidos y destrozados por nuestro pueblos, de distinta forma"
Philza en cambio noto su reacción, por lo que dándole un suave apretón en sus manos para tranquilizarlo prefirió seguir hablando.
— Pero volviendo, yo fui el culpable desde un inicio en romper esos acuerdos que tenia con el alcalde, solo para ver a la flor más deslumbrante de un jardín tan podrido, y yo mismo la dañe— Philza siguió manteniendo esa sonrisa en su rostro aunque lentamente fue disminuyendo para convertirse en una mueca llena de pena — Se que fui estúpido, arriesgue muchas cosas solo por no querer decirte nada en un inicio, pero tengo la intención de nuevamente darte todo lo que perdiste — Los nervios empezaron a presentarse en Philza al ver como Missa desvio la mirada haciendo que parte de su cabello tapara su rostro impidiendo verlo e igual forma separaba lentamente sus manos de el — Tu tienda, tu casa, tu vida, nuevamente te la entregaré, solo dame una oportunidad — Mordio un poco su labio inferior tratando de apaciguar los nervios que seguían creciendo en el — Porfavor, si la vuelvo a cagar estas en tu derecho de irte de aquí y odiarme más, solo-...
Aunque abruptamente fue callado ahora el rubio al sentir como una suave mano fue colocada en su boca impidiendo que más palabras salieran impulsado por los nervios y lo asinsioso que estaba. Solo en silencio observo como Missa nuevamente lo estaba mirando, esta vez tenía una debil sonrisa, y sus ojos todavía hinchados tenían un pequeño brillo.
Ya había extrañado verlos así, tan deslumbrantes y sin dolor.
Lo habia extrañado.
— Te la daré poco a poco, solo, deja de ser tan estúpido — Su voz fue un susurro tan tranquilo — Porfavor.
Si, ya lo había extrañado
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— ¿Crees que fue buena idea dejarlos encerrados todo el día de ayer en el granero, Lu? — Preguntó Chayanne mientras se tallaba un ojo todavía adormilado.
El plan originalmente era dejarlos hasta la noche para luego sacarlos, pero Tallulah propuso que mejor los dejen hasta la mañana siguiente. Igual, ella sabia que su padre no buscaría una forma de salir y lo tomaría a su favor para solucionar las cosas con Missa.
Asi que ya siendo la tranquila mañana donde el sol se asomaba y los cuervos graznaban, ambos niños estaban frente a la puerta del granero, todavía algo adormilados, pero, esperanzados de que sus padres se hayan perdonado.
— Era necesario, Chay — Contesto mientras se ponía de puntas para poder insertar la llave en la cerradura y abrir la puerta — Yo quiero que nuestros padres vuelvan hacer los mismos de antes — Chayanne asintió mientras se acercaba para ayudar a Tallulah abrir la puerta del granero.
Una vez pudieron abrirla y se adentraron para buscarlos se sorprendieron al ver que a simple vista no habia nadie.
— Lu — Murmuró Chayanne mientras la miraba. El sueño ya se había quitado — ¿No dijiste que la llave de repuesto te la llevaste?
— Y así fue — La pequeña empezó a caminar por cada lado tratando de ver si estaban acostados en algún corral, grande fue su sorpresa que al fijarse en el penúltimo los encontraría.
Acostados en el montón de cobijas y almohadas que simulaba una pequeña cama. El mismo lugar que habían utilizado hace mucho su papá y ella cuando se fueron a vivir a este lugar e iniciaban desde cero, ahora lo utilizaban ellos para dormir.
Mientras que su papá Philza estaba acostada boca arriba con uno de sus brazos detrás de su cabeza y el otro rodeando el cuerpo de Missa, su típico gorro tapando su rostro para que los rayos del sol que se filtraba en la madera no le fastidiaran a su vista, Missa en cambio estaba acurrucado a su lado recagando parte de su peso en el cuerpo de Philza, usando su pecho cubierto para almohada. Se miraban tranquilos, a excepción de que Missa tenia rastros de lágrimas secas en sus mejillas, pero, apesar de eso, se notaban tan calmados.
Y el hecho de que estén así de juntos solo significaba una cosa.
Una cálida sonrisa apareció en Tallulah mientras seguía mirandolos. Se habían perdonado; ya su padre no estaría triste como estuvo estos dos meses.
Al fin pudieron resolverse.
— ¡Lu! — El llamado de Chayanne se escucho a un lado de ella — ¿Si encontraste a nuestros pa-... — Una mano fue puesta en su boca impidiendo que pudiera terminar de preguntar y antes de replicar por la acción observo a donde Tallulah le señaló percatandose de la escena — Oh — Murmuró mientras se quitaba la mano de Tallulah de su boca para poder hablar esta vez en un susurro — Asi que si se reconciliaron.
— Si — Respondió con una sonrisa la contraria mientras los seguían mirando.
Tuvieron un buen plan en dejarlos encerrados aquí.
Con triunfo, ambos pequeños chocaron la mano con una gran sonrisa dándose el reconocimiento de que pudieron hacer que sus padres ahora sean los mismo de antes, aunque luego guardaron silencio al escuchar los pequeños gruñidos de Philza. Al momento que voltearon a verlo otra vez, ahora tenia su cara destapada viéndolos con un ceño fruncido claramente adormilado, y también confirmando el rastro de lágrimas secas en su rostro.
Ambos niños tímidamente le sonrieron nerviosos.
— Luego a ustedes los regañare — Habló todavía ronco por el sueño consiguiendo que los niños ahora cambien su sonrisa a una mueca — Ahora dejenos dormir — Murmuro suavemente mientras volvía acomodarse esta vez rodeando a Missa con ambos brazos acercandolo más a el — Gracias — Susurro lo último mientras escondía parte de su cara en el cabello de Missa haciendo que ahora los pequeños vuelvan a tener una sonrisa en su rostro.
— Denada — Respondieron al unísono igualmente en susurro para ya no interrumpir el sueño de sus padres.
Lentamente se fueron del granero, no sin antes arroparlos con una cobija suelta que estaba en el lugar para así dejarlos a solas. Esta vez la puerta estaria abierta para cuando despertarán puedan salir.
— ¿Tienes hambre? — Preguntó Chayanne mientras se dirigían a la casa.
— Ahora que lo mencionas — Alzo una de sus manos dejando que uno de los cuervos se posara en ella para empezar acariciarlo — Si, vamos a preparar algo los dos.
Ahora con un nuevo plan se fueron ambos pequeños a la casa.
El día anunciaba que el sol se asomaba con gran brillo.
Hoy sería un buen día.
Chapter 18: 17;
Summary:
Advertencia:
Este capitulo es igual de extenso, toma el tiempo igual de leerlo y comenta que tal te pareció!
También, habrá mención de sangre, por lo que ten discreción en esa parte
Dentro de unos días se hará público el epílogo de esta historiaAdvertencia 2:
Si viste el escrito doble, lo siento, se me trabó bien gacho el Ao3 (q vergüenza)
Chapter Text
— Te la daré poco a poco, solo, deja de ser tan estúpido — Su voz fue un susurro tan tranquilo — Porfavor.
La calidad brisa del frio en la noche resoplaba en el ambiente, ocasionaba que tímidamente las hojas de los arboles se movieran al compás haciendo eco. Un perfecto acompañamiento en una noche tan llena de sentimientos y disculpas.
Todavia en el granero, se encontraban Philza y Missa, acurrucados en el pequeño rincón de cobijas y almohadas desgastadas mientras seguían charlando para tratar de conocerse más uno al otro; ya no habia nada que esconder, menos cuando todavia seguían sensibles por lo que paso. Missa estaba sentado con las piernas cruzadas teniendo en el pequeño hueco de su regazo la cabeza de Philza; peinando con suavidad sus cabellos rebeldes de la cara era lo que hacia el pelinegro mientras escuchaba atento lo que decía.
Para ellos era el hecho de que sus hijos no los iban a sacar este día, eso ya lo supieron una vez llego la noche y la puerta seguía cerrada.
Pero no se quejaban, preferían estar así y caer dormidos por el cálido momento.
— ¿Tu, alcalde? — Preguntó Missa con sorpresa e incredulidad consiguiendo que Philza asintiera — No te creo.
El rubio hizo una ligera mueca — Pero, a las personas que decían que yo era el que incendio tu local si les ibas a creer — Vió como Missa desviaba la mirada con un claro ceño fruncido y rojo por la vergüenza haciendo que el rubio sonría levemente de lado.
— Bueno — Murmuro suavemente todavia con la mirada desviada por la pena — Igual fue tu culpa por no decirme en un inicio todo.
— No querías hablar conmigo — Le recriminó señalando lo — Poco te faltaba en lanzarme repelente las veces que intente hablar contigo.
— En mi defensa, estaba herido porque no confiaste en mi desde un inicio para decirme las cosas — Contraataco esta vez volviendo a mirarlo sin disminuir su ceño fruncido. Philza, en cambio, todavía siguió sonriendo esta vez calidamente.
Ante lo bueno de la reconciliación, es que pueden bromear un poco sobre lo sucedido. Dicen que un manera de burlarte de tus desgracias para aligerar más el sentimiento puede ser bueno; en algunos casos.
Y eso no iban a desaprovechar ambos. Tanto tiempo sin verse y convivir como antes, realmente les había afectado demasiado.
Ahora, una paz tan llena de satisfacción era lo que se sentía en el ambiente con ellos luego de una tormenta horrible que había amargado sus emociones.
Ya no habían más tensiones entre los dos por las cuales sentirse mal.
— Lo acepto, tengo la culpa — Philza elevo los hombros calmado para luego nuevamente relajarlos cerrando sus ojos poco después dejándose llevar nuevamente por las suaves caricias que dejaban las manos de Missa en su cabello — Pero, si, antes me consideraban como "alcalde" a mi en el pueblo, antes de que llegara Cucurucho — Remarcó haciendo comillas en la palabra con sus dedos sin abrir los ojos todavía — Se que suena estúpido y esta parece mentira — Río levemente.
— Por como te tratan algunos del pueblo en hacerte rumores — Murmuro en respuesta Missa todavia con una mueca, peor ya no tan notoria — Realmente si es difícil creer.
— En si los rumores los empezó Cucurucho como te había dicho — Respondió con algo de molestia en su tono — Pero, es verdad, antes me consideraban así algunos, en si no me gustaba que lo hicieran pero entendía por ser una de las pocas personas junto con mi madre que ha vivido más tiempo aqui — Recalco con una devil sonrisa — Se podría decir que fuimos parte importante de que el pueblo fuera creciendo a como es ahora — Abrio los ojos dejando nuevamente a relucir sus ojos zafiros con un cálido brillo mientras miraba a Missa, el cual, con una sonrisa y un leve fruncir en sus cejas por la clara angustia que empezaba a sentir.
— ¿Asi que, ese fue el primer motivo de que Cucurucho empezó hacerte la vida imposible? — Philza asintió.
— Si, el hecho de que yo me estuviera negando a sus propuestas para cambiar al pueblo solo lo orillo más a cometer lo que hizo — Suspiro desviando la mirada — Solo por un estúpido titulo que el quería proclamar como suyo y que a mi ni siquiera me importaba — Hizo una ligera mueca — Por eso hizo hasta lo imposible para echarme del pueblo, que todos se fueran a mi contra apesar de que yo viví más tiempo ahí, me quito muchas cosas de las que tenia dejándome sin nada para poder cuidar de mi niña — Mientras más explicaba su voz solo se hacia más baja haciendo que nuevamente ese amargo sentimiento volviera, algo que no paso desapercibido por Missa el cual su expresión cambió a una de tristeza y sus caricias en el cabello pasaron a sus mejillas, notando como el rubio no tardo en reposar sus mejillas en las palmas de sus manos buscando alguna forma de sentir el consuelo.
— Lamento por lo que pasaste — Susurro tan bajo llamando su atención. Sus ojos nuevamente estaban brillosos y con sentimiento de angustia en su ser — Y yo todavia tratándote mal estos dos meses haciéndole caso a los del pueblo y a mi hermano en que tu fuiste el culpable de todo y merecías desprecio— Su expresión solo se entristeció a punto de qué pequeñas lagrimas se formaban en la esquina de sus ojos avisando que caerían nuevamente — Fui imbecil en tratarte tan mal — El rubio solo le dio una suave sonrisa para extender su mano para limpiar las lágrimas que traicionaban en bajar, haciendo un perfecto contraste en lo calloso de sus dedos a la piel suave del pelinegro.
— Era entendible que me hayas tratado asi — Una vez termino de limpiar las lágrimas apreto suavemente su mejilla jalando de ella con cariño tratando de disminuir esa mirada llena de tristeza del contrario — Yo no te dije nada de esto en un inicio, obvio, ibas a creer de las cosas que te dijeron los del pueblo.
— Y fui tan estúpido en hacerlo.
— Yo fui el estúpido por no decirte la verdad en un inicio y solo romper tu confianza hacia mi — Alejo su mano del rostro de Missa para así poder reincorporarse quedando ahora el sentado frente al pelinegro para poder mirarse fijamente con más comodidad — Tu igual la pasaste muy mal, hasta peor que yo — Missa desvio la mirada la cual no duro mucho así cuando nuevamente lo volvió a mirar al sentir como el rubio sostenía sus manos para entrelazarlas — No entiendo como pudieron tratarte así a ti y a tu hijo cuando no tenían la culpa.
El pelinegro suspiro con una amarga mueca apareciendo en su rostro — Al ser su único hijo, era obvio que buscarian no quien la hizo si no quien la pague.
— Tremenda estupidez tenían.
— Asi como lo que paso contigo — Apreto suavemente sus manos buscando el consuelo en ambos — En vez de confiar por la antigüedad que tienes, prefirieron en creerle a alguien que apenas había llegado.
— Tampoco es que haya hecho mucho para detenerlo — Murmuró encongiendose de hombros — Lo deje pasar tantas veces que al final solo empeoro.
Ahora ambos se habían quedado en silencio con sus miradas llenas de impotencia y malestar ante lo que el otro ha vivido anteriormente. Sus miradas puestas en sus manos entrelazadas tratando de buscar fuerza en el otro.
Y solo confirmar más de lo que ellos ya pensaban; habían sido tratados mal por su pueblo de origen de diferente forma.
Solo eran almas rotas tratando de buscar alguna felicidad en su vida luego de mucho dolor.
— Oye — Nuevamente hablo el pelinegro haciendo que Philza lo mirara — ¿No hay forma de que Cucurucho sea el que se vaya del pueblo? — Alzo su mirada topandose con la del rubio. Una mirada llena de confusión y desconcierto.
— ¿Que el se vaya? — Missa asintió, ahora el rubio desvio la mirada indeciso — No creo que eso sea posible.
El pelinegro fruncio el ceño ante la clara molestia — ¿Pero a ti si te puede echar del pueblo?
— Porque a mi ya me hizo una reputación mala, me convirtió en la oveja negra la cual culpar de cualquier delito, Missa — Contraataco volviendo a mirarlo igual forma con un ceño fruncido — Se nota que la mayoría del pueblo no me quiere ahí y prefieren mejor seguir creando más historias mías, en vez de cuestionar las acciones de ese sujeto — Siguieron viéndose así, mostrando la clara molestia ante la situación, uno tratando de ver si habia una pequeña esperanza de solución, el otro ya decidido en que no habia más que luchar. A los minutos, Philza suspiro relajando su expresión hasta solo tener una ligera mueca — ¿Para que pelear en algo que yo ya perdí hace mucho, petunia?
Ya no hubo más respuesta por el contrario, al final, la pregunta terminó quedando al aire sin saber si realmente había solución a las cosas. Solo quedo el tenso ambiente en ambos, esta vez no contra ellos, si no, por saber el causante de que ahora sus vidas cambió. Missa agacho su mirada todavia manteniendo ese ceño fruncido en el para mirar ahora sus manos entrelazadas, se sentía disconforme por la situación, ahora saber la verdad de lo que paso solo le generaba malestar en su estómago.
Philza por su parte se quedo observando a su contrario con una mueca. Sabia que no estaría conforme con la situación, ni siquiera el se sentía conforme, pero, no habia mucho que puedan hacer ahora; no quería volver arriesgar la vida de las personas que ama otra vez, si no se pudo hacer antes no habia algo que pudiera cambiarlo todo.
¿O si?
El rubio desviando su mirada noto, en la cima, la ventana del granero donde se presencia una parte de la estrellada noche que los acompañaba. Aunque no se podía apreciar bien el cielo al estar todavía encerrados, los cálido rayos de la luna que se infiltraban hacían dar un espectacular tan calmante.
Un pequeño plan se le ocurrió para aligerar las cosas.
— Ven — Lo llamó suavemente una vez volvió a mirarlo. Missa esta vez con curiosidad dejando a un lado su tensar, solo pudo responder ante la petición acompañando en levantarse junto con Philza del pequeño lugar para poder seguirlo hasta donde el quería, terminando en llegar a dónde los rayos de la luna apuntaban,en el centro del granero donde estaba apilado varias cuadrados de heno.
Todavía con duda, Missa se le quedo viendo a Philza al ver como dejaba de tomar de su mano para sentarse en el suelo recargando parte de su espalda en los cuadrados de henoa atrás. Antes de que pudiera cuestionar su acción, Missa terminando siendo callado ante el gesto que hacia Philza, invitándolo a sentarse a su lado, algo que claramente no se negó en hacerlo.
Ahora los dos estaban sentados muy juntos mirando a la gran ventana donde ahora los rayos de la luna apuntaban a ellos.
— ¿Es bonita, no? — Cuestionó Philza sin disminuir su sonrisa — Talvez, no es un buen lugar para poder apreciar este bonito cielo que nos da esta noche — Río — Pero, hace mucho que no vemos una noche así estando juntos luego de lo que paso.
— Si — Murmuró suavemente con una pequeña sonrisa el pelinegro sin dejar de mirar a la ventana — Y extrañaba esto.
Unos minutos de silencio quedaron en ambos sin apartar la vista del lugar. Tímidamente la luna se quería asomar haciendo que los cálidos rayos se hicieran más fuertes. Era luna llena y ellos se sentían más unidos que nunca.
— Sabes — Un suave murmullo de Philza anunció que tenia su total atención puesta en el — Sigo sin entender porque lo hiciste.
— ¿Sobre que?
— Arriesgar todo — Philza dejo de mirar la ventana para ver a Missa de reojo — Por mi — En cambio el pelinegro seguía sin apartar la mirada, pero su expresión mostraba duda — ¿Por qué? ¿Qué es lo que viste en mi? — Cuestionó — Se que me dices que yo fui un motivo para que te quedaras aquí en el pueblo todavia, pero, siento que no te he entregado nada de lo que tu has hecho por mi — Ahora ya el rubio giro por completo su cabeza haciendo que su mirar se enfoque en Missa, topandose que igual el lo miraba todavía con esa duda creciendo en el — Realmente es lo que no entiendo, cualquier otra persona ni siquiera lo hubiera hecho, pero tu si — Ladeó la cabeza sin dejar de mirarlo — ¿Por qué?
Y Philza. Oh, el solo quedo hipnotizado por lo tan resplandeciente que se miraba Missa teniendo ahora las brillantes luces de luna apuntando a su rostro. Para el, debería ser un delito que se vea tan bien así, apesar de que las lágrimas secas adornaban parte de sus mejillas y los ojos hinchados delito de lo que paso, no evitaba que se viera tan bien ante sus ojos. Podía sentir como sus latidos tan calmados del corazón empezaron acelerar.
En definitiva, habia caído hacia el.
Ridículamente como puede ser en la palabra.
Extendiendo de su mano la coloco suavemente en la mejilla contraria, ahuecando tiernamente de esta misma para dejar suaves caricias con su pulgar haciendo que la duda en el rostro de Missa cambie a una de sorpresa al hacerle notar la cercanía que estaban teniendo ahora.
Una cercanía tan íntima y con el corazón dispuesto a ser amado otra vez.
— Porque yo no soy cualquier persona que te topes en tu camino — Comenzo hablar tan bajo y calmado. Como si fuera un pequeño secreto para los dos sabiendo que son los únicos presentes en el lugar —Yo soy el imbecil que estaría dispuesto a quemar mis manos por ti, si eso significa tener de premio esa preciosa sonrisa en tu rostro nuevamente — La distancia en ellos era tan diminuta. No apartaban las miradas del otro como si tuvieran el miedo de que todo esto fuera mentira — El hecho de que no entiendas que hago todo esto por ti es porque no te das cuenta de lo maravilloso que eres para mi, tu ya me has entregado todo lo que estaba buscando desde hace mucho — Pasando ahora de su mejilla a su cabello para acomodarlos detrás de su oreja — Un motivo más para sonreí — Acercando más su rostro recargo suavemente su frente con la contraria cerrando sus ojos como si batallara para decir lo demás. No por mentiras, si no por lo cobarde que se sentía al abrir su corazón de esta forma. Apesar de lo tan coqueto que llega serlo con el, era diferente a decirle lo que sentía. Se sentía tan patético — Un motivo más para creer que no todo esta perdido aquí — Ya antes de continuar en seguir hablando inhalo un poco de aire para tratar de relajar su corazón para luego abrir sus ojos quedando ahora sus miradas nuevamente conectadas — Un motivo para amar.
A Missa se le corto la respiración en unos breves minutos sin dejar de mirarlo. Sentia el temblar de sus manos como el palpitar de su corazón retumbar en sus oídos por tanta cercanía y esas palabras lle as de sinceridad — Philza.
— Solo — Lo callo suavemente separando un poco sus rostros y colocando ahora su mano encima de la boca de Missa haciendo que esa diminuta distancia de sus rostros fuera interrumpida por la misma. Todavia sus profundos ojos azules lo miraban, brillando tan intenso, haciendo una perfecta combinación con los ojos amatistas que lo miraban anhelando algo — Pido que entiendas eso, ¿si?
Y quedando callado espero paciente una respuesta de su contrario qué pausadamente asintió. No habia necesidad de decir más palabras, pero, si sentían como los nervios estaban subiendo hasta hacer que sus corazón siguieran latiendo con tanta intensidad.
Bajando de su mano no habia más obstaculo entre ambos, solos sus miradas tan penetrantes observando atento a cualquier acción que el otro haga, esperando algo más, pero esta vez no eran palabras lo que necesitaban.
Parecia una eternidad estar así sin haber algo más; hasta que, dando iniciativa y haciendo que el contrario exclame tan bajo, Philza acercando más sus rostros deposito un suave beso en la comisura de sus labios cerca de sus mejillas consiguiendo que terminen pintando de un suave tono rojizo.
Su respiración se hizo irregular.
Su corazón estaba a nada de querer explotar de la emoción.
— Missa — Murmuró tan bajo una vez se acerco a su oreja. Esta vez su voz tan segura, se convirtió en un pequeño lío de nervios ante el hecho de que sentía como cualquier instante explotarian sus emociones — Yo te am-
— Por favor — Esta vez Missa habló interrumpiendo las palabras que iban a salir del rubio, no por no querer escucharlas, sino, porque sabia que este no era el momento. Todavia habia más cosas que resolver, y sabia que el rubio igual lo sabia por la timidez que lo decía. Colocando una mano en el pecho de Philza sintiendo con el tacto los fuertes latidos de su corazón — Porfavor, dime eso, cuando esta situación ya no nos atormente más — Empujando suavemente de el separo de nuevo la distancia haciendo que otra vez sus miradas toparan. Dandole una sonrisa tímida por su interrupción obtuvo igual una sonrisa, a diferencia de que le mostraba tranquilidad entendiendo su punto sin molestia — ¿Si?
Tomando suavemente de su mano la elevo cerca de sus labios para besar suavemente sus nudillos sin dejar de mirarlo — Por ti, esperare todo el tiempo que quieras.
Sonriendo con el rostro rojizo por la muestra de afecto que le dio Philza, nuevamente se acomodaron para ver a la ventana y seguir en tratar de apreciar el cielo nocturno que estaba afuera, pero, ahora estaban acurrucados juntos. Un último momento de tranquilidad antes de caer dormidos.
— Solo espero que todo se resuelva.
— Y si no es así — Susurro — Mi petunia, te aseguro que estaremos juntos afrontando cualquier situación — Elevo de su meñique hacia el pelinegro con una leve sonrisa — Por nosotros y los niños.
Una última promesa sellada con sus meñiques, esta vez con la sinceridad de que no hay nada oculto entre ambos y que podían confiar. Una última promesa antes de irse a dormir en las desgastadas cobijas y almohadas del penúltimo corral.
Por fin pudieron dormir con tranquilidad luego de tormentosa noches de sufrimiento.
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— Sabes — Un suave murmullo lleno de calma se escucho haciendo que su momento de silencio donde lo único que se escuchaban eran las risas de los niños y el aire golpeando la hierba fuera interrumpido — Deberías de abrir tu tienda otra vez — El rubio miró de reojo a Missa que seguía tan relajado en sus brazos. Sentado en su regazo teniendo su cabeza escondida en su cuello dejándose llevar por el cálido momento.
Una paz tan llena de satisfacción. Ya no habia tensión en ambos.
Habían pasado exactamente dos días luego del arreglo que tuvieron en el granero con su última promesa en ambos. Missa, esta vez, no quiso separarse de Philza en ningún momento, aunque sabia que tenia que irse ya, si no luego su hermano se preocuparía, pero, no podia. Luego de esos dos meses rechazando su afecto y de no querer tenerlo cerca, ahora se sentía insoportable que no podía despegarse de el. Philza no le importaba, hasta le gusta que Missa estuviera así porque igual el así se sentía.
Se sentían tan sensibles, una herida que apenas esta sanando.
— Lo se — Contestó tan tranquilo y bajo que si no fuera por la cercanía, Philza probable no lo hubiera escuchado — Pero — Dejo de esconder su rostro en el cuello del rubio para solo dejar recostada su cabeza en su hombro teniendo nuevamente a la vista el paisaje del lugar. La mañana se miraba tan tranquila y el sol iluminaba tan brillante pero no quemaba — Realmente no se si vuelva a resultar en que me vaya bien como antes — Escuchó al rubio suspirar mientras sentia como colocaba una mano en su cabello para empezar a dejar suaves caricias — Aparte, no tendría a mi cliente número uno comprándome como siempre — Ahora escucho la risa de Philza tan calidamente haciendo sonreír al pelinegro.
Se sentia tan tranquila sus caricias, como si todavía existiera el miedo de hacerle daño.
— ¿Y quien dice que no te voy andar comprando todavía? Esos panes que horneas solo deben ser míos, era esta lo imposible con solo de ir a comprarlos, no importa si me tengo que disfrazar de un anciano para que no sospechen que soy yo — Contesto con un tono algo burlon haciendo que Missa ruede los ojos y le de un ligero golpe en el pecho haciéndolo reír — Lo siento — Deposito un suave beso en su cabello mientras seguía dejando suaves caricias en el cabello. — Pero, hablo enserio debes volver abrir tu tienda, Missa, es algo por lo que has estado trabajando desde que viniste al pueblo, no puedes dejar que solo muera en las cenizas.
Missa negó con una mueca en su rostro mientras se separaba del abrazo del contrario consiguiendo que el mencionado se le quedo viendo com curiosidad por el repentino alejamiento, aun asi seguía sentado en su regazo.
— Lo se, pero, aun así siento que talvez no me resulten las cosas — Murmuró con una voz decaída — Ni siquiera Cucurucho me quiere dejar construir en mi terreno — Ahora la mirada de Philza cambio a una ligera mueca — Apesar de que me dijo que podia nuevamente tener mi tienda sin afectar en gastos, no entiendo porque no me deja reconstruir en donde era mi hogar.
— Ese imbecil — Murmuró tan bajo y lleno de enojo el rubio.
— Aunque sabes — Esta vez Missa agacho la cabeza haciendo que parte de su cabello cubriera su rostro decaído — Si aun así me dejara, igual no tengo los fondos para mantenerla o volver a reconstruir — Ahora la mueca de Philza aumento más al verlo así.
— Oye — Acercando su mano la coloco debajo de su mentón para elevar nuevamente su rostro para que se pudiera ver otra vez — Sabes que puedo ayudarte con los gastos.
Missa sonrio levemente mientras negaba — Ya me ayudaste con darme una casa nueva donde quedarnos, no quiero abusar de que me ayudes demás — Solto una risa al ver el ligero puchero en el rostro de Philza por lo que acercando ahora el su mano jalo de su mejilla con cariño — No lo digo en mal plan, tonto, pero siento que esta vez yo tengo que resolver esta situación.
— Bueno — Ahora le sonrió y devolviendo el afecto ahora el se acerco hasta Missa para depositar un suave beso entre la unión de su cuello y mentón consiguiendo que soltara una risa por las cosquillas que le provocó — Aun así te daré de mi ayuda para que puedas lograr nuevamente tener tu tienda, no importa si tengo que recurrir a hasta lo imposible para hacerlo.
El pelinegro rio — Gracias, Phil — Aprovechando la cercanía deposito un suave beso en la frente descubierta del rubio consiguiendo que por reacción se le quede viendo sorprendido y con las mejillas algo rojas. Missa sonrío frunciendo su ceño e inclinada su cabeza — ¿Qué paso?
— Nada — Murmuró — N-Normalmente siempre te los termino dando yo, y menos pensé que lo harías luego de lo que paso — Soltó una risa nerviosa que fue callada al haber recibido otro beso esta vez en su mejilla. Si ya de por si sentia sus mejillas rojas, ahora sentía como ardían más.
Podrá verse ridículo, pero, entiendo lo, que Missa le demuestre ese afecto luego de todo lo que paso, podría fácilmente morir ahora.
— Te vez adorable con tus mejillas así — Dijo en un tono burlon el pelinegro mientras volvía a jalar con cariño una de las mejillas de Philza, el cual seguía perdido mirándolo — Eres un tonto — Pero antes de que Philza reprochara por eso sus palabras fueron atascadas en su garganta al recibir otro suave beso en su frente — Pero, adoro que seas así, un tonto cuervo.
Y Philza con el corazón latiendo con tanta intensidad que pareciera que en cualquier momento podría darle un ataque solo pudo observar perdido como Missa se levantaba de su regazo dándole una última sonrisa divertida antes de tomar camino a donde estaban los niños jugando con los cuervos.
Empezó a inhalar y exhalar con su boca tratando de relajar sus palpitantes latidos intensos mientras una suave sonrisa apareció en su rostro.
El sabia que lo tenia a sus pies. Que solo era un tonto a sus pies.
Oh, que cruel.
— ¡Vuelve aquí! ¡No puedes irte y dejarme así! — Ahora exclamó con una fingida molestia mientras una gran sonrisa adornaban su rostro para luego levantarse ahora del suelo y correr detrás de Missa el cual no dudo en igual empezar a correr lejos de él soltando risas divertidas.
En definitiva, ya extrañaba estos momentos.
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Ya era el tercer día.
Con la tristeza en su corazón y jurando verse nuevamente y hablarse por cartas, Missa y Chayanne partieron de la granja de Philza y Tallulah para ir al pueblo. Despidiéndose por último en la lejanía agitando sus manos con sonrisas en sus rostros.
Otra vez se tenian que distanciar.
Aunque, la ganas de quedarse más tiempo en el lugar no faltaban, todavía habían cosas que resolver en el pueblo.
Una de ellas era su tienda.
Por insistencia de Philza, Missa tuvo que ya retomar el plan de volver a poner su tienda luego de estar dos meses sin motivación de hacerlo; aunque teniendo en mente que esta vez tendría cambios. Al ya no disponer de su local como el que antes tenia, las opciones se tenían que ajustar al presupuesto que disponía tanto de el como con la ayuda del rubio para nuevamente tenerla, y también, por Cucurucho al no permitirle usar su antiguo terreno si no tenia de los gastos para hacerlo.
Por lo que, con su plan en mente para recaudar fondos para construir en su antiguo terreno; puso una pequeña pancarta con mesas afuera de la pequeña casa donde ahora vivían para poder volver a la rutina de vender a los del pueblo junto con su hijo.
Con las cosas que Philza le había mandado el anterior mes y que había resguardado podía sacar provecho para dar inicio a su plan.
Aunque una parte de el sentía que no lo lograría y habia pesimismo en que, talvez, ya nadie le iba a comprar por lo que paso, agradeció con tanto entusiasmo que le hayan demostrado que estaba equivocado al ver como varios del pueblo, tanto amigos como conocidos, volvieron a comprarle de lo que ofrecía, que por la falta de recursos solo le quedo en iniciar en vender ricos postres qué podia realizar con su hijo, y su gran especialidad en los ricos panes recién horneados que hacían.
A pesar de que era poco con lo que anteriormente tenia en su tienda, estaba agradecido y sorprendido que, apesar de todo, algunos los del pueblo le hayan agarrado mucho cariño para darle apoyo en volver a poner su tienda como antes, dándole palabras de consuelo por lo sucedido y ayudarle a recaudar más fondos. Por otra parte, no le gustaba como seguían hablando tan mal de Philza de las pocas veces que podia escucharlos cuando venían a comprarle, seguían hablando tantas cosas malas ante el hecho de que seguían aferrados a la idea de que el rubio le quería hacer daño.
Lo hacían marear ahora que sabia todo el trasfondo que había detrás, y como algunos estaban tan cegados en seguir escuchando mentiras tan crueles.
Al menos agradecía que sus amigos que igual conocían a Philza no pensaban así. Hasta logró que su hermano Spreen igual forma cambie su pensamiento luego de haberle contado bien lo sucedido y como ahora ya estaban reconciliados. Obvio, amenazas de que si nuevamente el rubio le hacía daño no dudaria en golpearlo no se hicieron esperar, pero al menos ya no habría malos pensamientos hacia el.
Pero aun asi, Missa, todavia siguió cuestionando qué tenía que hacer algo para que eso cambiará para los del pueblo, a pesar, de que el rubio le dijo que no tenia que darle nada a cambio y ahora tenian que quedarse las cosas así, sentía que tenía que hacer algo.
Sabia que algo se le iba a ocurrir, para cambiar esos relatos, talvez no los antiguos qué ya llevan desde mucho antes que el llegara, pero si podía tratar de cambiar ante lo que pensaban las personas de que Philza fue el que inicio el incendio.
Aunque no sabia como, algo pronto se le llegaría a ocurrir.
Tres semanas pasaron desde que abrió su pequeña tienda. Los fondos que estaba recaudando ya estaba a la mitad de la meta para luego dar comienzo a construir de su tienda, no faltaba mucho.
Una gran alegría en su cuerpo se instaló. Pronto iba a tener de su tienda nuevamente, tenia que contarle a Philza la buena noticia, aunque era probable que el ya sabia por parte de Fit, pero aun así no le iba a evitar querer contarsela.
— Empecemos a recoger, patito — Volteo a mirar a su hijo con una sonrisa al ver como ahora llegaba con una nueva bandeja de galletas para vender — Este día vamos a cerrar temprano — Al ver como exclamó con entusiasmo su hijo lo hizo reír de ternura. Despeinando de su cabello empezaron con la tarea de empezar a recoger de las mesas ya vacías mientras vendían los últimos postres qué les quedaba a las pocas personas que llegaban por ultimo.
Ya solo les quedaba una última mesa que recoger junto con un pequeño pastel para vender, apenas Missa iba a tomar la decision de mejor comérselo ellos para ya poder terminar de limpiar e irse a dirección a la granja de Philza, cuando, tomándolo de imprevisto una última persona llego al lugar.
La persona que menos quería ver luego de enterarse la verdad.
— Missa — Con una voz firme y una sonrisa arrogante era como llegaba el alcalde frente al pelinegro. Haciendo que ahora toda tranquilidad qué estaba teniendo en el día, fue reemplazada por un tensar horrible en el cuerpo.
Tension.
— Asi que — Siguió hablando al no haber recibido alguna respuesta del contrario — Al final te decidiste en abrir de tu tienda — Ladeo la cabeza todavía con esa sonrisa en su rostro haciendo que Missa tenga una opresión en el estómago — Felicidades.
Odio.
— Gracias — Murmuró tan bajo mientras su expresión cambiaba de calma a un ligero ceño fruncido.
Ambos adultos siguieron manteniendo sus miradas fijas en el otro antes de que Cucurucho la desviara a un lado de Missa notando ahora la presencia de Chayanne en el lugar que igual forma lo miraba pero con una expresión de enojo. Su sonrisa arrogante aumento más.
— Asi que, ese es tu pequeño hijo.
Missa por inercia se coloco frente de su hijo tapandolo con su cuerpo haciendo que ahora el alcalde nuevamente lo voltee a ver.
— Si — Murmuró — Es mi hijo Chayanne.
— Vaya — Contesto — No es por ofender, pero, no se parece en nada a usted, hasta parece que es el hijo de la plaga como varios dicen en el pueblo — Ahora la opresión en el pecho se sentía tan horrible y la mueca en el rostro de Missa se hizo presente.
— Chay, ve adentro de la casa, por favor — Le pidió amablemente a su hijo consiguiendo que el siga a su petición mientras tomaba el bote de los fondos recaudados por el día de hoy y se iba a la casa dejando ahora ambos adultos solos.
— Lo crio muy bien — Murmuró — Lo felicito.
— ¿Que quiere? — Contraataco haciéndolo que ahora la sonrisa del alcalde disminuya un poco.
— Solamente vengo a ver al más aclamado del pueblo — Se cruzó de brazos — Es muy querido por aquí, tanto, que hasta lo están ayudando para que nuevamente tenga su tienda.
— Si — Susurró tranquilamente mientras sentia la fuerte opresión en su estómago. Realmente se estaba sintiendo mal — Es lo que me doy cuenta.
Quedaron ahora en un profundo silencio tan cortante e incómodo sin apartar la mirada ningun de los dos. Haciendo un profundo debate de quien aguantaría más, antes de soltar una bomba.
— Dime — Nuevamente hablo Cucurucho cortando la incomodidad en el ambiente — ¿Cómo se ha sentido, Missa? ¿Ha estado bien luego de lo que paso? — El pelinegro desvio la mirada indeciso de saber como responder a lo que queria decir. Era un revoltijo de emociones tan fuertes que no sabia como soltarlas — Me importa mucho saber como la estan pasando mis pueblerinos.
Apretó con fuerza su puño mientras su mueca seguía en su rostro. Bueno, eso fue señal suficiente para Missa en soltar la bomba.
— Oh, enserio — Volteo nuevamente a mirarlo, esta vez su mueca se convirtió en una cara de incredulidad — Que agraciado es en importarle a los de su pueblo — Murmuró con seriedad con un toque de burla — Pero, para ser sincero no me siento conforme con las cosas que han pasado — El acalde elevó una ceja con duda.
— ¿Enserio? — Missa asintió — ¿Con que cosas no se ha sentido conforme?
— En primero, ante el hecho de que no me deja construir en Mi terreno — Recalcó en la palabra mientras su ceño fruncido se hacia más notorio, ahora, la expresión de Cucurucho cambio de duda a una calmada.
Eso solo lo hizo enojar más.
— Oh, de eso — Cambio su expresión a una fingida preocupación mientras colocaba una mano a su pecho — Lo hice para que no tuviera que soportar un trauma que le genero el incendio — Ladeo la cabeza — Ya sabe, no creo que usted quiera revivir esa inquietud de que la persona que más confío lo quiso matar junto con su hijo.
Un ligero y bajo gruñido salió de los labios de Missa ante las palabras del alcalde. Ahora de saber que la persona que casi lo matar junto con los niños y haya arruinado su vida este frente suyo realmente estaba aguantando las ganas de darle un golpe en estos momentos. Pero no, el no era de golpear como su hermano, tenia que calmarse.
— También por eso — Volvió hablar Cucurucho al no haber recibido alguna respuesta de Missa más que solo reacciones, las cuales decían más que palabras — Agradezca igual que ya no este esa plaga aquí, por fin podrá vivir en paz, Missa, iniciar desde cero en esta nueva casa con su pequeño local — Ahora su expresión de preocupacion cambio a una ligera sonrisa. Llena de veneno y arrogancia como su persona — ¿Por qué no se sentiría conforme con lo que tiene?
— Porque usted arruinó todo lo que yo tenia — Ahora la sonrisa que se mostraba en su expresión se esfumó ante las palabras que soltó Missa. Ya no quería darle más vueltas al asunto — ¿Qué? ¿Piensa que no se que fue usted que me quiso matar? — Contraátaco — ¿El que quiso que tanto mis niños y yo casi nos quemaramos en mi propia casa y culpar a Philza de lo que sucedido para que todos lo odien más? — Ya no habia sonrisas hipócritas por ninguna parte, solo miradas llenas de odio y repulsión que eran dedicadas a ambos — Y si, Philza, no es ninguna plaga para que lo este nombrado así, y menos frente de mi — Murmuró mientras su respiración se hacia más pesada — ¿Que queria lograr con eso? Solo arruino mi vida, la de Philza y la más importante de todas la de mis niños, solo por un cuervo — Diciendo eso último quedaron en un profundo silencio, ya no incómodo, pero si lleno de tanta molestia por ambas partes. La bomba ya había sido soltada, por lo que no habia vuelta atrás en lo que llegara a pasar ahora en adelante.
Siguieron unos minutos así sin decir absolutamente otra palabra más, hasta que, sacando de improvisto a Missa vio como el alcalde nuevamente sonrío. Una sonrisa escalofriante que hacia su piel erizar, pero, aun así siguió manteniendo su postura firme e intimidante.
— Asi que al final si se reconciliaron, eh — Solto una risa fría mientras dejaba de tener sus brazos cruzados para recagar uno en la mesa y acercarse más al pelinegro — Missa, usted no debería meterse en asuntos que no le corresponden, ¿No cree?
— Pues debió pensarlo mejor usted que fue el que incendio mi local y hogar en primer lugar — Ahora una mueca se dibujo en el rostro del alcalde haciendo ahora Missa tenga una ceja alzada con una mirada incredula — ¿No cree?
Y quedando en mirarse fijamente tratando de ver quien era el que resulte más intimidado de los dos, una reacción saco de imprevisto a Missa al sentir como tomaban con fuerza de su mandil para acercarlo quedando ahora sus rostros a la misma altura y solo centímetros de separación. Por inercia coloco su mano con fuerza sobre la que ejercía la presión en su ropa sin dejar de apartar su mirada.
El pelinegro podia notar en esos ojos como irradiaba tanto desprecio y vacío en el, como si no tuviera miedo de hacerle daño. Tragó saliva nervioso, pero no se dejaría intimidar.
— ¿Y que si fui yo el que intento asesionarlo? Yo lo hice para joderle la vida a Philza, usted no me importa, Missa — Murmuró tan bajo y burlón, como su estuviera escupiendo veneno en cada una — Nadie aquí le cree a Philza, y lo consideran un asesino, solo escuchan lo que yo digo, aunque intente él reparar el daño provocado y limpiar su nombre, no lo logrará, solo obtendrá más desprecio, no me puede hacer daño cuando yo se como golpear bajo — Ahora una sonrisa tan grande como fria se puso en el — Ni siquiera pruebas tiene de que yo fui.
— ¿Y quien dijo que lo hara Philza en irse contra usted y hacer que todos lo odien? — Contraátaco haciendo que ahora Cucurucho cambiara su expresión a una ligera sorpresa — Usted tampoco puede hacer nada contra mi, así como usted dijo, los del pueblo me quieren tanto, si se enteran que fue usted el que intento asesinar a un pobre pueblerino que vino a buscar una mejor vida con su hijo — Sonrió de lado con seguridad ante las palabras que decia. Aunque, una parte de el no sabia de donde salían, talvez, eran el coraje que sentía en el momento — ¿A quién cree que le irá peor? ¿A mi, un pobre pueblerino sin culpa, o a usted, un alcalde arrogante y con cola que le pisen?
Una última mirada llena de amenazad y desprecios se dieron antes de que Cucurucho con un ultimo gruñido lo termine empujando haciendo que Missa tambalee un poco pero volviendo a recomponer su postura a los segundos sin disminuir su coraje en el.
Solo observo como el alcalde, de su traje, sacaba una cartera y con un manotazo en la mesa dejar el dinero para después tomar del ultimo postre que estaba en mesa.
— Veremos que tan bueno es para tratar de buscar pruebas para culparme, Missa — A pesar de que habia seriedad en su voz, se podia notar le tensión en el. Un pequeño orgullo creció en Missa, le dio en el clavo — Disfrute su nueva vida — Y diciendo eso último sin esperar alguna repuesta del pelinegro se fue del lugar con pasos firmes.
Una vez ya no estuvo en su visión, Missa soltó todo el aire contenido mientras se sostenía en la mesa para tratar de relajar todo los nervios que sentía por la previa discusión que acaba de tener.
Tenia que ir con Philza para contarle lo que paso.
Dio un pequeño salto al sentir como unos pequeños brazos lo rodeaban por lo que volteando para abajo noto que era su hijo, el cual estuvo presenciando todo lo que paso escondido en la casa, lo miraba preocupado y angustiado.
— ¿Papá, estas bien?
Missa le sonrió calidamente mientras asentía — Si, mi pollito, estoy bien — Acaricio con cariño sus cabello para tratar de relajar su angustia — Mejor terminemos de recoger para ir con Philza y Tallulah.
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Ya era por la tarde en la granja.
El sol pronto se iba a esconder por lo que ya pronto el aire frio del mes se iba a ser presente. Ahora la pequeña familia, estaban tranquilamente en la cocina de la casa. Mientras Philza y Chayanne jugaban algunos juegos de mesa compitiendo entre ellos dos luego de haber comido, Missa y Tallulah se encargaban de terminar de hornear las galletas que faltaban mientras hablaban entre ellos.
— Recuerda, Campeón — Habló Philza mientras sacaba la última pieza de madera que estaba estable del juego — Luego de esta partida se define quien se come ese último muffin, y es probable que sea yo — El niño bufó por la arrogancia burlona de su mayor haciéndolo reír.
Una vez Chayanne saco otra pieza estable de la torre , teniendo algo de dificultad al estar ya la mayor parte de la torre esquelética, nuevamente Philza se iba a preparar para poder sacar la última madera estable.
Ahora ya Missa y Tallulah estaban prestando atención entretenidos a lo que estaba pasando una vez las galletas habían salido y las dejaran junto con las demás en el tazon.
El pelinegro noto como estaba a nada Philza de sacar la última pieza estable que se encontraba por lo que, para darle la victoria a su hijo, decidió intervenir.
— Phil — Escuchó el murmullo del mencionado informando que tenia su atención mientras seguía concentrado en sacar la pieza — Sabes, hoy Cucurucho vino hablar conmigo — Y tan rápido como dijo eso noto como ahora la atención estaba puesta en el con sorpresa, ya sin importar que por eso mismo ocasionó que la torre tan inestable cayera haciendo que Chayanne sea el ganador, el cual, no dudo en festejar y tomar rápidamente del último muffin de la mesa para comérselo.
— ¿Qué? — Murmuró sin dejar de mirarlo — ¿Cómo que fue hablar contigo?
— Pues — Apenas iba a empezar hablar hasta que volteo a ver a ambos niños los cuales rápidamente captaron la mirada que les dirigía el mayor. Querían privacidad.
— ¡Platica de adultos! — Exclamaron al unísono mientras tomaban los juegos de mesa y el tazon de galletas para irse corriendo a dirección de la sala haciendo reír a los adultos por la divertida escena.
Adoraban a sus hijos.
— Ahora si — Habló Philza dejando a un lado su risa mientras se levantaba de la silla para dirgirse hasta donde estaba Missa — ¿Qué fue lo que paso? — Se recargo en la mesa estando frente a frente con el pelinegro el cual suspiro mientras recagarba parte de su peso en la alacena para empezar a explicar lo sucedido hace unas horas atrás.
A medida que explicaba a detalle lo que paso, la expresion de Philza paso de sorpresa a una sombría llena de seriedad. Y mas ante el hecho de que le fue explicado como el alcalde trato de amenazar a Missa de esa forma.
— Y eso fue lo que paso — Soltó un suspiro mientras ponía una ligera mueca en su rostro y desviaba la mirada — Ahora entiendo porque dices que es difícil hablar con el, se pone en un carácter horrible cuando te enfrentas con el — Solto una pequeña risa tratando de ligerar el ambiente, pero nuevamente volteo su mirada una vez sintió como el rubio colocaba una mano en su mejilla mientras seguía teniendo una expresión seria pero con un brillo de preocupacion en sus ojos.
— ¿Seguro que no te hizo nada más? — Preguntó en un tono bajo — Porque te juro que lo mato, si fue así.
Missa sonrió mientras negaba para colocar ahora su mano encima de la de Philza para darle un ligero apretón amistoso.
— Tranquilo, no paso más que eso — Contestó tranquilo — Aparte, si me hubiera hecho algo me se defender y mi hermano sabe golpear — Le guiño el ojo divertido haciendo que ahora la expresión de Philza se relaje con una sonrisa.
— Tienes razón — Suspiro — Más que nada tu hermano, no se me olvida el fuerte golpe que me dio ese día — Hizo una mueca dolida al haber venido a su memoria como ese día Spreen casi le rompe la nariz con un solo golpe.
— En mi defensa, te lo merecías.
Exclamó con fingida molestia — ¿Perdón? — Pero al ver la mirada incrédula de Missa prefirió mejor callar haciendo reír al mencionado.
— Te lo merecías — Apreto con cariño su nariz haciéndolo que el rubio bufe para luego soltar un suspiro y qeudar pensativo — Pero ahora, necesito buscar pruebas de que fue Cucurucho el que ocasionó el incendio, para ayudarte a solucionar esta situación — Ambos se quedaron pensando ante alguna idea de como podrían conseguir pruebas para que las cosas cambien teniendo ahora a Cucurucho amenazado.
Y que haya resultado favorable a su situación.
Duraron unos minutos en silencio tratando de encontrar algo que pueda ayudar a buscar alguna prueba a su favor hasta que algo se le vino a la mente de Philza. Una pequeña chispa que podría ayudar.
— ¿No crees que haya algo que lo pueda delatar en tu hogar? — Missa lo miro con duda elevando una ceja — Me refiero, obvio el no se ensucio las manos para quemar tu casa, pero si sus trabajadores por el hecho de que el dio la orden, talvez alguno se le pudo caer algo ese día — Ahora la expresión de Missa cambio a una de entendimiento pero todavía pensando ante la situación puesta.
— ¿Tu crees que pueda haber una pista?
Philza elevo los hombros — No perdemos nada en intentar buscar algo alrededor de tu hogar para ver si no se les habrá caído algo — Contestó — Aparte no creo que hayan limpiado tu hogar.
— Tienes razón — Suspiro para luego darle una sonrisa al rubio recibiendo una de igual forma — ¿Me acompañarías a buscar?
— Mientras sea en la noche — Tomó suavemente de su mano para besar de sus nudillos — A donde tu quieras.
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Una vez dieron la petición a los niños que no se fueran a dormir tan tarde mientras ellos regresaban de hacer su investigación, partieron de la granja de Philza para ir directo al pueblo yendo directo a la antigua casa de Missa que seguía igual como ese día. Llena de escombros y cenizas señal del recuerdo del incendio.
Al ser ya de noche, no habría nadie en el pueblo despierto en la noche por lo que Philza podría ir sin problema, aunque, aun asi tomo precaución de cubrirse la cara por si algún chismoso se encontrara en la zona.
Duraron unos minutos vagando por el lugar tanto adentro como desde afuera tratando de encontrar alguna pista que señalara alguna culpa a Cucurucho de este crimen, pero, las esperanzas solo empezaron a disminuir al ver que no habia algo más que escombros. A pesar de eso, no iban a desistir en encontrar algo, aunque sea pequeño que ayude.
Pero cuando ya se iban a dar por vencidos, Philza noto que cerca de la casa había un pequeño broche. Un broche desgastado. Con curiosidad se agacho para tomarlo para inspeccionarlo notando a los segundos que eran de los broches que se habían utilizados ese fatídico día del festival. Los broches para distinguir a cada familia granjera. El broche que distinguía la granja del alcalde.
El rubio sonrió de lado, al menos encontró algo. Cucurucho estaba perdiendo el toque para no dejar pistas.
— Missa — Lo llamó haciendo que el mencionado se dirija a el dejando de buscar en algunos escombros. Una vez estuvo cerca de el le mostró el broche obteniendo una mirada sorprendida de el — ¿Crees que esto nos ayude?
El pelinegro lo tomo para mirarlo detenidamente — Talvez — Murmuró — Si según el les hizo creer a todos que no estaba enterado de que tu ibas a incendiar mi hogar, no tendría sentido que uno de sus broches este aquí — El rubio asintió a las palabras que decia Missa mientras se cruzaba de brazos.
— Aunque conociéndolo — Ladeó la cabeza con una mueca — Es probable que diga que yo puse apropósito su broche para culparlo.
Ahora ambos quedaron con una mueca mientras quedaban sumidos en sus pensamientos, hasta que Missa se le vino una idea luego de recordar las palabras del alcalde.
"Es muy querido por aquí"
— A menos, — Empezó hablar llamando la atención de Philza — de que alguien más manipule la historia, alguien que de igual forma le crean su versión, aunque la modifique a conveniencia — La expresion de Philza paso de una mueca a una mirada sorprendida al ver como Missa le sonreía — ¿No crees?
— Te refieres a-
— Si — Lo interrumpió — Nadie sabe mi versión de lo sucedido ese día, solo la que Cucurucho les dijo para que anden esparciendo rumores de ti, pero, si consigo hablar con las personas adecuadas sobre mi versión de lo que paso realmente ese día, talvez consiga que dejen de señalarte no solo a ti, si no, que ahora Cucurucho sea igual señalado como el culpable — Explicó todavía sin disminuir su sonrisa — Puedo utilizar a favor el hecho de que el no me quiere dejar construir en el lugar, para no encontrar más pruebas que lo culpen a el.
Missa siguio manteniendo una sonrisa decidida mientras seguía explicando ante el plan que se le estaba ocurriendo en estos momentos, y Philza, simplemente lo miraba con una expresión de sorpresa y con un destello de adoración.
Se olvido que las flores igual podían dañar por sus espinas.
— Realmente fui un imbecil por no decirte en un inicio todo, eh — Contestó luego de que Missa terminara de hablar consiguiendo que el mencionado riera y lo terminara pellizcando a los segundos sacandole un quejido.
— Ahora sabes que no debes ocultarme las cosas otra vez — Philza le sonrió nervioso haciendo que Missa ruede los ojos divertido mientras negaba.
Apesar de que la prueba que tenían no era mucho, podia ayudar a Missa a relatar su versión de las cosas.
Si tenia que resolver las cosas, no quedaba de otra que usar la misma estrategia con la que usaron con ellos.
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Al principio, Missa podia admitir que fue algo difícil en tratar de convencer a las personas que Philza no era del todo culpable de lo que sucedió ese día, y menos sabiendo como lo tenían ya catalogado con los rumores, pero, algo que puede considerarse experto Missa es tratar de persuadir a las personas.
Talvez, en su anterior pueblo no habia funcionado por la situación que había formado su padre con las deudas, pero ahora, estando en uno nuevo donde todos lo habian etiquetado como un inocente, podia sacarle provecho a eso.
Por lo que, cada que abria su pequeño puesto para vender los postres y seguir recaudando fondos, y le daban el pésame por lo sucedido aprovechaba para contar su versión de las cosas, mostrando en cada momento el mencionado broche que había encontrado el otro día con Philza, consiguiendo como resultado que ahora las personas se termine cuestionando si realmente fue Philza como les hicieron creer.
Era como estar fertilizando toda la hierba mala de un sembradío para matar las plagas escondidas. Aveces resultaba favorable, otras veces solo atontaban pero seguían ahí.
Lo hacía por un bien, tanto para el, como sus niños y sobre todo, Philza, quería devolverle el favor en tratar de que lo dejaran de señalar como un asesino. Aunque sabia que Philza le seguiría diciendo que no habia necesidad, a fin de cuentas, Missa quería que igual se le solucionaran las cosas para el.
Si querían vivir con tranquilidad, tenian que arrancar desde la raíz la hierba mala. Y es lo que estuvo haciendo durante estas tres semanas.
— Lamento lo que pasaste, Missa — Exclamó con lamento su amigo, Phillip, mientras el mencionado solo negaba con una mueca. Missa lo conocía desde los primeros días que había llegado al pueblo, debido a que fueron vecinos en su antigua casa, pero nunca habían entablado una conversación más haya que charlas pasajeras y divertidas — No pensé que realmente el alcalde haría algo así con uno de sus pueblerinos.
— Ni yo — Cerró los ojos disconforme — No entiendo que lo orillo a que lo hiciera, ni siquiera le hice nada — Aumento más su mueca mientras se cruzaba de brazos mostrando la clara frustración por la situación — Y luego todavia atreverse a culpar a Philza, que ni siquiera sabia que sucedería eso — Suspiro — Realmente es injusto.
— Y si, no tiene sentido, porque ese día claramente se vio como llegaron unos tipos extraños a tu casa — Missa ahora volteo a ver a Phillip con una cara sorprendida — No Philza, como se nos había creído.
— Espera — El castaño se le quedo viendo con duda al notar la cara sorprendida de Missa — ¿Tu viste lo que paso ese día? — Asintió.
— Y no solo yo, también algunos vecinos cercanos se nos hizo extraño ver a esos hombres ir a tu casa luego de que Philza se haya ido, para cuando iniciará el incendio saliran corriendo en vez de ayudarte — Explicó con un ceño fruncido — Hasta pensábamos que irían en busca del alcalde, pero, con lo que has dicho ahora, parece que no fue así.
Y ahora Missa con esa nueva información ahora entendía porque algunos vecinos cuando les contó su versión le creyeron sin poner tanta duda a su juicio. Era obvio que algunos verían lo que paso ese día, pero, como la historia se hizo un revoltijo quedando como Philza el único culpable de lo sucedido, no quisieron decir nada. Aparte, eran una batalla perdida de solo pocas personas contra mayor cantidad que culpaban a Philza por la insinuación del alcalde.
Ahora entendiendo todo eso, Missa sentía como su estómago se revolvía. Solo lo hacia sentir tan mal y con cólera como una persona con sed de poder podría llegar a tales extremos.
Hablando del alcalde. También al estar haciendo eso, Missa si notaba en algunos días como aveces pasaba frente a su pequeño puesto mirándolo con seriedad. Era obvio que ya sabia lo que hacia, pero, no actuaba. Era como si estuviera esperando el momento para hacerlo. Y eso solo lo hacia tragar saliva nervioso.
Se despidió de Phillip luego de seguir charlando con el por un buen rato más para seguir priorizando con la venta de sus postres junto a su hijo. Ya estaban a nada de conseguir la meta, solo faltaba muy poco para que sus fondos queden al tope y empezar a planear la construcción de su tienda.
Algunos del pueblo se ofrecieron en ayudar a la construcción una vez terminara de recaudar lo necesario, por lo que a Missa le alegraba saber que tenía ayuda. Y gran parte le agradecía a Philza, aunque el decía que no hacía nada y todo lo conseguia con sus méritos, una parte del pelinegro sabia que algo estaba haciendo el rubio para que le este yendo bien.
Talvez convencer a más conocidos en ayudarlo o que le sigan comprando. No sabe, pero sabia que una parte estaba haciendo Philza para que le resultaran las cosas. Estaba cumpliendo su parte de la promesa, ayudarlo para tener su tienda nuevamente.
— ¡Missa! — El mencionado levanto la mirada una vez terminaba de levantar la última mesa que le quedaba para cerrar de su tienda, con una sonrisa saludó con su mano desocupada a Fit, el cual una vez termino de acercarse lo ayudo para dejar la mesa recargada en la entrada de su casa.
— Fit — Ahora ambos estrecharon sus manos amistosamente — ¿Que te trae por aquí?
— Ya sabes — Se cruzó de brazos — Me traen de paloma mensajera Philza y tu — Missa rio avergonzado mientras rescaba su nuca.
— Lamento eso, te lo recompensare en hacer más postres para que los compartas con Pac.
— Tranquilo — Colocó una mano en su hombro dándole un apretón amistoso — No me molesta hacerles ese encargo, pero, esta vez no vengo a traer una carta — Missa ladeo la cabeza curioso.
— ¿No? — Fit negó — ¿Entocnes?
— Solo un aviso por parte de Phil que se vean ahora en el lugar que solo tu y el conocen — El pelinegro rio calidamente, ya sabia a lo que se estaba refiriendo con el lugar que solo ellos conocen — Asi que, solo vengo a darte ese aviso, y que me llevare a Chayanne para cuidarlo junto con Tallulah en mi casa mientras ustedes están haya.
Y Missa, no le quedo otra que sonreír mientras negaba, aunque Philza no pueda estar aquí, le daba gracia como trataba lo imposible para seguir estando juntos.
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La suave brisa del lugar hacia un tranquilo ambiente al compás de las hojas de los arboles. Era un cálido clima del atardecer que los acompañaba a los dos, mientras, sentados juntos a la orilla del pequeño lago sus pies estaban siendo remojados por el agua.
Una tranquila tarde llena de confianza y una charla tan tranquila.
— Vaya — Murmuró suavemente Philza sin apartar su mirada — Quien diría que realmente hubieron pocas personas que vieron lo que paso — Missa asintió.
— Al menos eso me ayudo a que creyeran más mi versión — Sonrió al escuchar la suave risa del rubio mientras seguía viendo el agua tan cristalina del lago. Ya había pasado tiempo que no estaban en su lugar seguro. Se sentia tan bien volver a el, luego de estar peleados y poder ya reconciliarse, era un aire tan pacifico — Por cierto — Volteo a verlo notando como ahora Philza tenia su vista puesta al frente — ¿Qué era lo que me querías contar?
— Bueno — Nuevamente volteo a verlo. No habia una sonrisa en su rostro, estaba tranquilo aunque si podía notar la seriedad — Si sabes que el alcalde tiene planeado en hacer un pequeño festejo mañana, ¿no?
Missa asintió — Me contó Roier a medio día, suponemos que lo hace por los rumores que han estado haciendo a él por mi culpa.
— No dudes que si — El pelinegro rio al ver la mirada burlona de Philza — Pero, a lo que voy, es que me invito a mi hija y a mi que fuéramos — Ahora la expresión de Missa cambio de una sonrisa a una mirada incrédula.
— ¿Ustedes? — Philza asintió — Eso es extraño.
— Ni lo digas.
Ahora ambos se quedaron viendo hacia el frente con seriedad, habían quedado pensativos ante ese hecho tan extraño. Era obvio que el alcalde hacia ese festividad para arreglar su reputación, pero, con el hecho de que haya invitado a Philza para que igual fuera, nada más dejaba más dudas.
¿Qué tenía planeado hacer?
— ¿Irás? — Preguntó suavemente Missa mientras miraba de reojo al rubio, el cual solo suspiro mientras ladeaba su cabeza.
— Aunque me quiera negar, realmente esto solo me trae mala espina de que pueda hacer — Volteo ahora a verlo haciendo notar su mirada preocupada — Más que nada a ti, que tiene puesto un ojo en ti.
Le sonrió calidamente, aunque igual sentía una pequeña incertidumbre creciendo en el — Tranquilo, no me hará nada.
Philza hizo una pequeña mueca no convencido — Prefiero mejor ir, así me evito que te pase algo a ti y a Chayanne.
Missa negó todavia manteniendo su sonrisa, aunque por dentro agradeció en que Philza le haya dicho eso, ya que, a pesar de que queria actuar fuerte no iba a mentir que le generaba un mal sabor de lo que podría ser capaz Cucurucho para detenerlo. Una pequeña incertidumbre estaba creciendo en su cuerpo al pensar en el día de mañana, es como si una parte de el le decía que algo muy malo iba a pasar.
Algo realmente muy malo.
Recargo parte de su peso en el cuerpo de Philza, dejando que ahora su cabeza descansara en su hombro sintiendo a los segundos como era correspondido en su afecto al sentir ahora la cabeza de Philza recagarda arriba de la suya. Al menos, no estaban solos ahora.
— Missa — Philza lo llamo suavemente consiguiendo que el mencionado haga un pequeño ruido dando a entender su atención — Sin importar cual sea el resultado, te prometo que estaremos juntos — Extendio su meñique frente al rostro del pelinegro consiguiendo que corresponda a su gesto uniendo ambos meñiques, sellando una dulce promesa para los dos.
— Siempre juntos, Phil.
¿Verdad?
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Para el día siguiente, la mañana fue tranquila.
Apesar de que todavía estaba el sentimiento presente en sus cuerpos, de que algo muy malo pasaría, trataron de estar lo mas tranquilos posibles para sus hijos.
Este día Missa no iba abrir su puesto, debido a que hoy se llevaría acabo la pequeña festividad por parte del alcalde, por lo que preferio mejor pasar el rato con su hijo planeando en como alistarse, debido que más al rato llegarían las personas que más aprecio le tenían.
En cambio; Philza ya había acordado como irse vestido con su hija. Esta vez había dejado que ella lo vistiera y colocará tanta decoración a su gusto. Mientras ella portaria su vestido floreado abrigador junto con su gorro tejido de hongo por el clima frió que se iba a presentar más al rato, el en su caso tendría puesto su conjunto de pantalon mezclilla con una camisa de cuadros acompañada de su chaqueta igual de mezclilla, y con su característico gorro. No era algo que comúnmente usaría pero tampoco se quejaba.
— Vámonos Lu — La llamó desde la puerta de la casa — Tenemos que llegar a tiempo a la casa de Missa para irnos juntos — Sonrió una vez noto como salía su hija lista para empezar a caminar juntos directo al pueblo.
Philza no iba a negar que se sentía nervioso. Era casi tres meses que ya no volvía al pueblo para pasear, y por más que Missa le diga que ya no era tan juzgado por lo que había pasado, aún asi no le daba la buena espina.
Pero, ya cuando llego al pueblo y camino por el largo sendero para llegar a dónde ahora vivía Missa, si podía sentir miradas puestas en el, esta vez no se sentian pesadas como meses atrás. Ya no se sentían como cuchillas atravesando en su cuerpo, si no, como si estuvieran sorprendidos de verlo nuevamente en el lugar.
Más a Philza no le importaba, el tenia un objetivo en mente, ir a la casa de Missa y pasar el día con el.
Por lo que, una vez estuvo frente a la casa que antiguamente era suya, sonrió de lado al notar nuevamente color en ella. Luego de estar siete años vacía, habia recuperado vida. Ahora si se veía como una pequeña casa hogareña como lo fue antiguamente en su tiempo.
Suavemente toco la puerta escuchando ruido de adentro e insultos extraños, por lo que se quedo estático junto con su hija aguantando las risas, sabían perfectamente que se trataban de Missa. Solo esperaron unos minutos a que abrieran la puerta, la cual al cabo del tiempo fue hecho dejando relucir a la persona que más quería ver el rubio.
Missa.
Su tan adorado Missa, que portaba una sonrisa tan calida como su misma persona. Portando uno de sus tantos suéteres extravagantes color morado junto con sus pantalones morados y dejando a relucir ese brillante collar que le había regalado.
Philza sonrio tan bobamente con un brillo en sus ojos, haciendo notar lo tan deslumbrado que había quedado. Podria Missa estar desarreglado y aun asi se vería tan espectacular a sus ojos.
— Llegaron justo a tiempo para irnos, eh — Río suavemente mientras salía de la casa siendo seguido por Chayanne que se dio a relucir saludando animadamente a ambos.
Ahora Philza pudo notar como el pequeño estaba igual vestido como Tallulah. Teniendo un overol de mezclilla con flores moradas con su respectivo suéter. Hasta parecía que se habían puesto de acuerdo ambos niños en hacerlos vestir en conjunto.
— Yo siempre seré puntual para apreciarte más tiempo — Le guiño el ojo con una sonrisa divertida recibiendo como respuesta en que Missa ruede lo ojos divertido mientras entrelazaba su brazo con el suyo para empezar a caminar junto a los niños donde se llevaría a cabo el pequeño festival.
Ahora; ya pasada por la tarde, es donde las cosas empezaron a portarse algo tensas en el ambiente. De una era porque la mayoría del pueblo no se sentía agusto a presencia de Cucurucho ahora. Despues de ser firmemente señalado por Missa en estas semanas como un culpable más, realmente la gente estaba empezando a cuestionar si era buena idea estar aquí.
Apesar de eso fue tranquilo, bueno, eso querian hacer creer Missa y Philza al momento que estaban ambos conviviendo con sus amigos; más que nada, la mayoría de ellos se alegraban de que Philza y Tallulah estuvieran nuevamente en el pueblo aunque sea en este pequeño festival. Al pasar más el rato conviviendo con los diversos juegos amistosos que habían, como degustar de la comida ofrecida, lentamente el atardecer estaba asomándose en el cielo adornandolo con tonos naranjosos dando anunció que ya pronto iba a oscurecer, y es donde tanto Missa como Philza sintieron realmente la punzada crecer más en su cuerpo.
Más que nada, cuando estaban juntos y notaban que de ratos el alcalde los miraba de lejos, esa mirada tan penetrante como llena de odio.
Como si les dedicara tantas palabras llenas de repudio.
Como si estuviera esperando el momento adecuado para atacar.
— ¿Que planea hacer? — Murmuró suavemente Missa al oído de Philza una vez vieron como nuevamente volvía a desviar la mirada de ellos para seguir saludando a los del pueblo.
— Realmente no lo se — Respondió igual bajo y con seriedad — Pero, es mejor que sigamos juntos por si acaso — Missa asintió decidido al plan que le propuso para nuevamente moverse de sitio tratando de alejarse más de el.
Parecia que por más que intentaban alejarse de el más cerca lo encontraban, como si fuera un estúpido juego de las atrapadas y estaban a nada de perder.
Estaban a nada de cansarse en estar así.
Huyendo del que debería estar huyendo.
Pero, ya pasada más la tarde, en donde el sol estaba a nada de ocultarse fue donde por fin se dio por finalizado ese absurdo juego de huir. Ya cuando ambos iban a decidir irse del lugar con los niños una vez que el festival iba acabar fueron abruptamentes detenidos por Cucurucho que portaba una sonrisa tranquila, clara diferencia a como estaba hace rato, con odio en sus ojos.
— Por fin puedo hablar con ustedes — Habló confiado y manteniendo esa mirada — Pareciera que se esconden de mi cada que trato de acercarme.
Ante inercia ambos mantuvieron una mirada firme hacia Cucurucho mientras escondían ambos niños detrás de ellos.
Ahora esa inquietud, se estaba haciendo presente.
— Pues dígame como estaría usted — Habló Philza mientras ladeaba la cabeza con un ceño fruncido — Si ve que lo andan acechando desde hace rato — El alcalde solto una pequeña risa mientras negaba.
— Lamento lo inportuno de eso — Dio una pequeña reverencia haciendo que Philza quede extrañado ante ese gesto — Es solo que, es difícil ahora acercarme a mis pueblerinos sin que no sientan miedo por lo que cierta persona ha estado rumoreando de mi — Ahora su mirada cambio a Missa, el cual solo fruncio más el ceño mientras seguía escondiendo a sus niños detrás de él — Tu me entiendes, ¿verdad, Philza?
— Claro — Río amargamente — Siete años viviendo así, no crea que no olvido — El alcalde sonrio haciendo que solo el ceño fruncido del rubio aumentara — Mejor diga que es lo que quiere con nosotros.
— Bueno, es algo muy simple, hasta los alegra en saberlo — Le susurró para después aclarando su garganta empezó a llamar la atención de los pueblerinos para que voltearan a verlos con duda — Antes de que finalice este pequeño convivió, quiero darles las gracias a todos ustedes por venir, a pesar de que ya se me ha señaló mucho en estas semanas — Miro de reojo a Missa para nuevamente volver su vista enfrente para seguir con su discurso — Aun así, agradezco que vinieran, pero, la razón por la que hice este convivió fue para dar mi despida como alcalde en este pueblo.
Ante esas palabras dichas todos habían quedado sorprendidos, por lo que no faltaron en empezar a hablar por debajo haciendo que solo se escucharan murmullos. En su caso, Missa y Philza voltearon a verse igual con sorpresa pero con un mal presentimiento. Algo no estaba cuadrando para ellos.
— Es verdad — Luego de un tortuoso momento donde solo los murmullos de los pueblerinos se escuchaban al fin Cucurucho hablo. Con una voz tan calmada y con una expresión de arrepentimiento total — Se que es muy repentina mi despedida, pero ya no tiene sentido ocultarme en mentiras, y tampoco tengo derecho a que me perdonen ante tales acusaciones que son verdaderas — Ladeó la cabeza para mirar fijamente al pelinegro — Lo lograste, Missa, hiciste que todos se fueran en mi contra para enterarse que realmente yo fui el que mando a quemar tu local, no me queda remedio que felicitarte — Empezó a caminar para acercarse más a él, pero fue abruptamente detenido por Philza. El cual se interpuso en el camino haciendo que ahora quede frente a el.
— Ni creas que te dejare acercarte a él — Murmuró con desprecio todavia sosteniendo su mirada firme. Ahora ambos hombres se quedaron viendo fijamente, ya no había hipocresía, ahora solo eran miradas recordando todas aquellas veces que estuvieron así, enfrentandose cara a cara, demostrando que tanto odio podían tener a una persona.
— Philza — Pronunciando su nombre con una sonrisa de lado — ¿Quien diría que tu situación cambiaría luego de siete años, no? Ahora supongo que yo soy el que me debo de ir de aquí, ¿no? — El rubio solo se mantuvo firme en su mirada sin mostrar algun rastro de emoción más que el enojo que sentía hacia él, en cambio Cucurucho solo mantuvo su sonrisa. Una sonrisa arrepentida — Y no te preocupes, si me iré, se que ya no me querrán aquí — Murmuró — Pero, no sin antes pedirte perdón a ti, el primero que le cause tanto daño luego de largo siete años de conocernos — Y tomando de imprevisto al rubio, como a los demás presentes, el mayor de los dos se acerco completamente a Philza para darle un abrazo. Un abrazo que no fue correspondido — Espero que vivas una buena vida de ahora en adelante con tu hija, eres nuevamente bienvenido al pueblo — Le susurro a su oído — Te deseo la mejor suerte — De reojo Philza pudo notar como esa sonrisa de arrepentimiento que tenia el mayor cambio a una sonrisa siniestra. Mentiras e hipocresía, eso fue lo que fueron — Claro, si es que sigues con vida.
Y antes de que pudiera reaccionar en apartarlo de él sintió una fuerte punzada en la zona baja de su estómago haciendo que al aire se le perdiera a los segundos. Podia sentir como su contrario apretaba más el agarre en el abrazo impidiendo que pueda forcejear. Se sentia que quemaba, solo ocasionaba que más quejidos salieran de Philza.
Luego de seguir forcejeando logro separarse de ese doloroso abrazo haciendo que ahora todos los presentes en el lugar exclamaran horrorizados.
— ¡Philza! — El rubio escuchó tan lejano el grito desgarrador de Missa mientras agachaba su cabeza a la zona de su abdomen bajo; sangre, su ropa estaba empezando a empaparse de su propia sangre.
— ¡Un último regalo de mi para ti antes de irme! — Volteó a verlo notando ahora esa mirada llena de hipocresía y satisfacción mientras sostenía ese objeto filoso igual empapado de su sangre.
Asi que, eso era lo que queria hacer, la mala espina que se había formado tenia la razón.
"Si no me oponía, ¿Esta apuñalada iba a terminar en Missa?"
Pensó mientras caía al suelo siendo sostenido rápidamente por Missa que lo refugio en sus brazos mientras con una mano trataba de hacer presión en su herida impidiendo que más sangre saliera, sin importarle que ahora quedara manchado.
Para Philza, todo habia quedado en segundo plano, solo un fuerte zumbido se escuchaba en sus oídos mientras su visión, algo borrosa, todavía podía captar lo que pasaba a su alrededor. Algunos pueblerinos estaban rodeando a Cucurucho, solo se escuchan exclamos de enojo ante la discusión que se estaba generando, pero su atención ahora se enfoco en total a Missa, él cual estaba llorando horrorizado tratando de llamarlo para que siguiera consciente; de reojo podia ver a sus pequeños, Chayanne y Tallulah, estaban igual a su lado llorando aferrandose a su brazo mientras parecía que le estaban llamando igual desesperados.
Su cuerpo se estaba empezando a sentir débil.
Solto un quejido al sentir como apretaban con más fuerza su herida evitando que la sangre siga saliendo.
— ¡P-Porfavor sigue conmigo Philza! — Mas lágrimas siguieron empapando las mejillas de Missa sin dejar de mirar al rubio que parecía que poco a poco quería perder la consciencia por el fuerte dolor que sentía — T-Te ayudaremos solo sigue conmigo, sigue con nosotros, porfavor, n-no te mueras — Mientras más lágrimas salían terminaban cayendo en el rostro de Philza, el cual solo lo miraba fijamente a los ojos tratando de mantenerlos abiertos mientras su respiración se hacia cada vez más relajada. No era buena señal.
Una vez llego Cellbit a su lado lo ayudo a presionar más de la herida para envolverla con un trapo de ropa limpia para así impedir que se siga desangrando mientras llegaban a la enfermería del pueblo para tratarlo.
Mientras Cellbit seguía en tratar de apretar la tela, Missa sintió como Philza colocaba una mano en su mejilla haciendo que volteara a verlo.
Tenia una expresión tranquila, una sonrisa dulce y sus ojos estaban a nada de cerrarse.
— P-Petunia — Murmuró tan bajo — P-Prométeme que vivirás feliz y te cuidaras bien junto con los niños — Missa cambio su expresión a una de sorpresa mientras negaba.
— N-No te estés despidiendo como si te fueras a morir Philza, por favor — Su respiración se hizo inestable mientras más lágrimas caian — V-Vamos a vivir juntos y felices con los niños, no digas tonterías — El rubio siguió sosteniendo su sonrisa en el rostro mientras secaba las lágrimas de Missa.
— S-Siempre me gustó que me incluyeras en tus planes, mi petunia, aunque yo solo fuera un idiota— Lentamente la respiración de Philza se fue haciendo más calmada mientras sus ojos estaban a nada de cerrarse.
Un pequeño hipo salió de los labios de Missa mientras sus palabras tropezaban con sus sollozos — S-Sabes que siempre te incluire, eres mi vida, cuervito.
La sonrisa de Philza se hizo más grande, mientras una suave risa salia de sus labios ocasionando que el dolor solo aumentara y soltara al final un quejido. Podia sentir su corazón latiendo tan tranquilo, no sabia si era por el sentimiento de estar en los brazos del pelinegro o el hecho de que estaba perdiendo mucha sangre — Te amo, Missa — Un último suspiro fue lo que soltó antes de que su mano cayera y su cuerpo quedara rendido en los brazos que lo sostenían.
— ¿Philza? — Lo llamó suavemente, sacudiendo su rostro pero no obtuvo respuesta. Ahora el aire se le escapó a Missa mientras sus ojos se mostraban espantados — ¡Philza! — Exclamó su nombre con pánico mientras trataba de hacerlo reaccionar, pero, no habia resultado. Cellbit acercó sus dedos al cuello del rubio comprobando que todavía su pulso se sentía, pero muy bajo. Tenian el tiempo contado.
— ¡Vamos, Missa, solo quedo inconsciente! — Tomando ya el impulso de levantarse del suelo se fueron corriendo a la enfermería del pueblo siendo seguido por sus pequeños que no dejaban de sollozar llamando a Philza.
Teniendo en sus brazos al rubio, el pelinegro se aferraba a él mientras seguía pronunciando su nombre con desesperación y mas lágrimas seguían bajando de sus ojos. Se sentia tan destrozado, no quería que muriera. No quería que las cosas hayan pasado así.
"Sin importar cual sea el resultado, te prometo que estaremos juntos"
Las palabras de Philza ahora martillaban en su corazón haciéndolo añicos. Una última promesa sellada con sus meñiques directo al corazón, ahora habían quedado en palabras vacías mientras sentia como su vida se la quitaban en cada segundo que pasaba.
— P-Porfavor resiste Philza — Susurro con la voz tan quebrada mientras seguía corriendo junto con Cellbit para llegar a tiempo a la enfermería.
La suave brisa del frio los acompañaba.
Mientras la luna tan brillante, se escondía tímidamente con las nubes.
Hoy era una noche tan fría y melancolica.
Que desgracia.
Chapter 19: Petunia
Notes:
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Chapter Text
— Papá — Exclamó el pequeño mientras caminaba a un lado del mayor seguido de su hermana — Tu nos prometiste que si terminábamos con los deberes a tiempo podríamos salir a jugar este día.
— Lo sé, mi patito — Missa rió al ver los pequeños pucheros de ambos niños dirigidos a su dirección — Aunque, no entiendo porque tanta la urgencia de ir de una vez a jugar — Elevo su ceja con una sonrisa incrédula — ¿Acaso están tramando algo?
Ambos niños negaron inmediatamente, aunque, sus caras se mostraban los nerviosos que estaban.
— No, Papá Missa — Esta vez hablo la pequeña — Solo queremos jugar con los cuervos.
Ante la caminata que estaban llevando Missa se detuvo para voltear a ver por fin a ambos niños que igual forma se detuvieron detrás de el, mientras tenían una gran sonrisa en su rostro. Sonrisa que mostraba los nerviosos que estaban. Missa entrecerro sus ojos de manera acusadora para después reírse mientras negaba.
— Esta bien mis niños — Colocó cada mano en los cabellos de los pequeños para darles una pequeña caricia — Solo, no hagan tantas travesuras, ¿entendido? — Les recriminó haciendo que ambos asintieran — Mas tarde los quiero en la casa, no olviden eso.
Afirmaron al unísono manteniendo todavía sus sonrisas para después despedirse con un fuerte abrazo e irse a la dirección contraria de la que estaba caminando el mayor hace unos momentos.
Missa solo quedo en verlos unos breves momentos como se iban para luego negar divertido y nuevamente retomar su caminata a donde tenia que llegar.
Dos meses se fueron igual.
La temporada de invierno se estaba yendo poco a poco; solo faltaban pocas semanas para que nuevamente el verano viniera al pueblo y tener nuevamente esos dias tan soleados que quemaban la piel.
También pronto la primavera se acercaba, por lo que ya iba hacer tiempo en que los arboles nuevamente recuperarán sus hojas verdes y las flores nacieran.
Este día estaba con sol. Un sol cálido acompañado de un frio aire que hacia temblar si no estabas bien abrigado.
Muchas cosas habían pasado; mayoritariamente malas por todo el drama que paso en el pueblo. Las opiniones habían quedado divididas, y era obvio, la mayoría seguía con el afán de aferrarse a las mentiras repletas de falsas esperanzas, mientras que otros se arrepetian de las acciones cometidas en el pasado, buscando de alguna forma el perdón por lo sucedido.
Para no sorpresa de nadie, el ex alcalde termino huyendo del pueblo cuando iba hacer reprendido por sus acciones cometidas, solo dejo su granja deshabilitada, y llevándose gran cantidad de dinero de los pueblerinos. Esto a Missa le recordaba la misma situación que vivió en su antiguo pueblo, solo con la diferencia de que esta vez no fue señalado en que el pague por los trastes rotos.
Pero, ahora el ambiente estaba más calmado.
Varias cosas iban a cambiar; ya no tenían más de un alcalde el cual guíe algunas ventas de cosecha a los pueblos vecinos, por lo que la mayoría de los granjeros tenían que empezar a dar movimiento por si mismos de seguir con sus ventas. Las deudas de los cuales varios fueron atados cesaron, por lo que nuevamente podían tener una vida tranquila para sus familias tratando de nuevamente juntar el dinero perdido. A pesar, de que ya no tenían gran recurso de dinero, aun asi trataban todos de darse apoyo.
El pueblo se hizo más unido.
Obviamente, algunos no conformes con la situación se terminaron yendo, haciendo que solo el ambiente sea más calmada.
Los días empezaron hacer muy calmados.
— ¡Tenga una excelente tarde! — Exclamó el pelinegro agitando su mano de un lado a otro con entusiasmo mientras el cliente se iba de la tienda satisfecho de su compra.
Una vez quedo solo suspiro para luego mirar la hora que marcaban su reloj. Eran las tres de la tarde, ya pronto tendría que cerrar su tienda. Por lo que sin esperar volvio a retomar su actividad de limpiar lo que le faltaba y dejar impecable el lugar.
Su tienda.
En ningún momento a Missa se le cruzó que su tienda, la cual estuvo trabajando arduamente cuando llego al pueblo para poder sustentar a su hijo y fue incendiada completamente dejándola en completo desastre junto con su casa, volvería a nuevamente estar de pie. Con varios cambios, pero, seguía siendo su antigua tienda.
Fue difícil, pero no imposible empezar nuevamente desde cero, con diferencia de que esta vez tendría mucha más ayuda a comparación a cuando habia llegado al pueblo el primer día. Varios de sus amigos y conocidos le ayudaron a nuevamente restaurar lo poco que había quedado en las cenizas una vez había conseguido la meta de recaudar fondos.
Por lo que el lugar que habia quedado abandonado donde estaba su tienda y hogar nuevamente habia recuperado sus colores. Sin rastro de que hace mucho fue incendiado, eso habia quedado ya en el pasado.
Ahora tenia que afrontar las nuevas cosas del presente.
Y una de esas. Es la melancolía que todavía estaba en Missa.
— ¡Listo! — Exclamó con entusiasmo una vez termino de limpiar la última ventana del local para luego estirarse haciendo que parte de su cuerpo se relaje. Nuevamente se fijo en la hora, las cuatro y media, ya tenía que cerrar.
Era una hora muy temprana para hacerlo, pero, tenía cosas que atender en su casa y era tiempo perfecto para poder iniciar y terminar lo más pronto posible.
Una última revisión dio a su local antes de salir y cerrar con llave para despues voltear el cartel anunciando que estaba cerrado. Con pasos firmes fue caminando en dirección a la casa mientras empezaba a planear en mente que era lo que podría preparar para comer.
El cálido frio acompañaba la tarde.
Un cálido frio que lo hacía recordar a esa melancólica noche; la noche de su desgracia.
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Una vez habían llegado a la enfermería, Missa le entrego a Cellbit al rubio que todavía seguía inconsciente por el dolor. A pesar de estar su herida cubierta por la tela, ya estaba empapandose de sangre; no iba a resistir mucho.
Para Missa fue difícil separarse de Philza, pero, sabia que estaría en buenas manos para ser tratado.
— P-Porfavor — Le murmuro con una voz tan quebrada antes de que Cellbit entrara a la habitación — Salva su vida — Solo vió como el castaño volteaba a verlo de reojo dándole una sonrisa reconfortante antes de meterse a la habitación haciendo que ya no estuviera a la vista de los presentes.
Sin poder soportarlo más, Missa termino cayendo al piso de rodillas siendo rodeado por sus niños que igual estaban llorando desconsolados por lo sucedido. Entre los tres se dieron un fuerte abrazo, buscando alguna fuerza para sobrellevar la situación.
Missa sabia que tenia que ser fuerte para que sus hijos no sientan el pánico. Pero, era imposible, saber que la persona que más aman estaba en ese filo hilo entre la vida y la muerte, solo lo hacia marear.
No quería que Philza muriera.
Las cosas no debieron salir así.
Se estaba empezando a sentir culpable, sentía como su estómago se revolvía por las náuseas.
La impaciencia empezaba hacer latente.
"¿Si no hubiera insistido más, el estaría bien, no?"
Tantas preguntas interrogando sus acciones era lo que se formaban en la mente del pelinegro haciendo que solo empeore más su estado de ánimo.
No sabe cuanto tiempo paso, pero cada hora que pasaba fue una completa eternidad en no saber que estaba pasando dentro de la habitación. Ya no habia más llanto que soltar, solo una profunda ansiedad de no saber alguna noticia.
Sus amigos estaban ahora con ellos, consolandolos mientras esperaban pacientes alguna respuesta. El unico que entro a ese cuarto fue Fit, por petición de Cellbit, dejando a los demas afuera. Ahora Missa estaba recargando parte de su peso en su hermano, Spreen, mientras tenia en su regazo a ambos niños en cada lado que seguían buscando refugio en sus brazos.
Tenia una mirada perdida.
Ni siquiera estaba prestando atención a lo que hablaban los demás, seguia tan sumergido en su pensamientos deseando algún milagro. Alguna buena noticia de que Philza, su Philza este bien.
— Fue mi culpa — Murmuró suavemente llamado la atención de su hermano que volteo a verlo — Fue mi culpa que le haya pasado esto.
— Missa — Lo recriminó Spreen — Nadie sabía que algo así pasaría, a todos nos tomo por sorpresa.
— Pero — Ahora el pelinegro volteo a verlo teniendo nuevamente sus ojos cristalizados. Por más que quisiera llorar, no podia, sus ojos ya ardían y la cabeza le dolía. Spreen suspiro mientras se quitaba los lentes para poder verlo mejor.
– Nadie sabía que esto pasaría — Afirmó nuevamente — Deja de culparte, porfavor — Colocó una mano en su mejilla derecha para poder limpiar el lagrimal de su ojo — Philza estará bien
Missa apreto sus labios tratando de tragarse ese horrible nudo de su garganta. Quería volver a replicar qué fue culpa suya lo que paso, pero, sabía que debería dejar de hacerlo. Lo más importante ahora era, desear que Philza estuviera bien.
Que siguiera vivo.
Antes de que Spreen pudiera decir algo más, escucharon la puerta ser abierta, rápidamente Missa junto con los niños se levantaron del suelo para poder dirigirse al pasillo topandose tanto con Fit como Cellbit saliendo de la habitación mientras terminaban de limpiar sus manos haciendo que ahora los trapos queden cubiertos de sangre.
— Chicos — Murmuró suavemente Missa haciendo que ambos hombres se le quedaran viendo — ¿C-Cómo esta Philza? — Cuestionó esta vez ansioso sin dejar de mirarlos.
Y sus ansias como la confusión fueron creciendo más al observar como ambos le daban una sonrisa decaída mientras Cellbit se acercaba hasta el para darle un suave apretón en su hombro.
— Esta bien, pudimos llegar a tiempo para poder salvarlo — Empezo a explicar — No perforo tan profundo como se esperaba en los órganos importantes, aún asi ocasionó algunos daños, pero, esta todo bien — Missa suspiro aliviado sintiendo como nuevamente todo el aire quería volver a el. Era la buena noticia que quería escuchar luego de tanto martirio — Aunque — El pelinegro abrió nuevamente los ojos para mirar al contrario, notando como ahora desvío la mirada algo decaído, como si le costará decir las siguientes palabras — No sabemos si Philza va a llegar a despertar.
Un profundo silencio se instaló en la sala. Un silencio tan filoso como doloroso.
— ¿Q-Qué?
— Perdió mucha sangre — Está vez habló Fit haciendo que Missa lo viera — Por lo que, no sabemos cuando su cuerpo decida en despertar.
— O talvez ni siquiera despierte.
Y si ahora habia sentido como ese alivio estaba en su cuerpo hace unos momentos poco a poco fue disminuyendo hasta convertirlo en un revoltijo en su estómago. Con esa noticia, Missa sentía como nuevamente toda su ansiedad volvía, ya ni siquiera prestaba atención a lo que los demás decían una vez empezaron a replicar, ni siquiera al llamado de sus pequeños igualmente angustiados por la noticia.
Solo un fuerte sonido tan chirriante se escuchaba en sus tímpanos mientras nuevamente las náuseas venían a el.
"No, esto debe ser una pesadilla..."
— ¿Missa? — Spreen volteo a verlo una vez noto como agachaba su hermano la cabeza mientras apretaba sus manos en puños — Oye — Apenas iba a colocar una mano en su hombro cuando nuevamente vio como alzaba la mirada.
Se mostraba decidido, pero, el brillo de sus ojos se había apagado y suaves lagrimas bajaron en sus mejillas nuevamente. Lágrimas llenas de dolor en cada una, un sentimiento tan profundo de tristeza como martirio. Estaba destrozado.
— E-Esta bien — Llamó la atención de todos que no dudaron en voltearlo a ver igual decaidos al notar su ánimo. Un ánimo tan decidido como melancólico — Los niños y yo cuidaremos de Philza — Sonrió suavemente. Aunque fue haciendo más una mueca, tratando de tener alguna falsa esperanza de que todo estaría bien — S-Sin importar si despierta o no.
Una promesa sellada para si mismo fue lo que hizo.
Si quería que la promesa de estar juntos qué le dio Philza se cumpliera, entocnes Missa lo haría realidad.
Aunque uno de los dos no este consicente en estos momentos.
Luego de horas, abriendo suavemente la puerta del cuarto de la enfermería, entro Missa con pasos lentos asomándose topando en su mirar con la imagen de Philza recostado en la cama. Se veía tan calmado, con sus ojos cerrados y una respiración tan baja, conectado al único equipo que todavía le podia dar seguridad de estar con vida. La parte de su pecho estaba descubierta dejando relucir un buen ventaja en la zona de su abdomen bajo donde fue la apuñalada.
Todavía a pasos lentos, Missa se acerco para poder arrodillarse s un lado de el quedando a la altura de la cama para poder observar de mejor forma las facciones de su amado.
Con su mano, tan tímida como su tuviera miedo de dañarlo, fue acariciando sus mejillas hasta su mentón, acomodando cada cabello rebelde que estaba en su rostro dejando apreciar más sus facciones.
Sus ojos empezaron a picar. Era absurdo como todavia tenia tantas lágrimas que soltar, pero, estaba tan destrozado. Ver a la persona que se robo tu corazón de la manera más única estar en estas condiciones donde posiblemente no vuelva a despertar no era fácil de procesar en tan solo horas.
— P-Philza — Un patético susurró tan quebrado como sensible salió de sus labios — P-Porfavor, deja de ser tan tonto y despierta — Su mirada empezó a cristalizar mientras su expresión cambiaba a una mueca. Suaves sollozos salian de sus labios. Sabia que era inútil, pero su mente ya no podía pensar por la tristeza — Apenas te iba a decir que t-tambien te amo, que eres lo mejor que me ha pasado en este pueblo, pero no tiene sentido decirte eso mientras tu no me escuchas — Hipo — Porfavor, despierta, deja de bromear conmigo — Dejo su mano reposando en su mejilla dando una suave caricia sintiendo en el tacto lo rasposo de su barba. No habia señal de que lo estuviera escuchando, solo esa suave respiración. Levantándose un poco acerco sus labios a la mejilla contraria para depositar un suave beso el cual seguido salió un sollozo más fuerte. A este paso su cabeza dolería por tantas lágrimas que soltaba, que ahora, empapaban la mejilla contraría — D-Despierta
Lo único que se pudo escuchar en la habitación fuera los tan lastimados sollozos de Missa murmurando el nombre de Philza mientras se aferraba a estar cerca de él.
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Fueron dos meses difíciles.
Asi como ocurrieron buenos cambios, también fue el mes donde Missa estuvo más deprimido. Como era de esperar, Philza no dio señales de despertar en ningún momento, solamente seguía en un coma, un profundo sueño, el cual lo único que les daba señal de vida de el era su suave respiración.
Aun así, trataban de tener esperanza de que algún momento despertará, por lo que siempre cuidaban de el, velando por su despertar, como igual forma seguian manteniendo impecable su granja y alimentando a sus cuervos. Fueron días tan ocupados para todos.
Y aunque el desanimo se presentaba, aún asi Missa sonreía. Una parte de el decía que Philza probablemente despertaría, y podría contarle todo lo que hizo en ese mes.
Podían ser una familia feliz.
¿Talvez?
A este punto también habia otra parte del pelinegro que solo le hacia recordar que eran sus delirios los que hablaban por desear que nuevamente Philza este aquí.
Le estaba afectando no escuchar su voz.
No escuchar sus bromas. Sus palabras hermosas que erna dirigidas hacia el.
— ¡Ya llegué! — Exclamó con alegría Missa una vez entro a la casa luego de dar su larga caminata para llegar. Dejo colgado su mandil en el soporte para luego empezar a caminar por la pequeña casa extrañado al no recibir alguna respuesta.
"¿Todavía no llegan?"
Se preguntó mientras pasaba de la sala a la cocina y no ver alguna señal de sus pequeños. Nunca llegaban tarde a la casa cuando salían a jugar; suspiro mientras negaba con una sonrisa.
"Supongo que se entretuvieron demás esta vez"
Se dijo mentalmente para luego dirigir su caminar ahora a donde estaba el único dormitorio de la casa. Ese cuarto que anteriormente habían usado su hijo y el en dormir cuando Philza les dio la casa, pero que ahora, estaba siendo ocupado por el mismo rubio. Si iba a cuidar de el, tenía que adaptar el cuarto de la pequeña casa de tal forma para que pudiera estar descansando con ellos.
No queria tenerlo lejos de él.
¿Y donde dormían ellos?
Igual forma en el cuarto, solo que tuvieron que adaptar con cobijas y almohadas un espacio para que pudieran dormir aunque sea en el suelo; aunque aveces cuando estaban demasiado sensibles iban y se acostabas con el rubio, refugiado su cuerpo para darle calor. Hacian lo posible para no separarse de Philza cuando tenían oportunidad, y por más que sabían que no iba a responder a su gesto, una parte sabían que estaría agradecido.
Extrañaban mucho a Philza.
Hacia tanta falta con ellos.
Lentamente Missa abrió la perilla del cuarto para poder asomarse para ver como se encontraba Philza, pero, su expresión cambió a una total de sorpresa.
No estaba.
Abrio por completo la puerta para ya poder tener vista completa del interior, pero, no habia nada. Ni una señal de que el rubio estuviera aquí.
Iba a empezar a entrar en pánico hasta que de reojo vio que en la cama estaba una pequeña nota, por lo que sin dar tanta vuelta fue a tomarla en sus manos para poder leerla; cada palabra que leía lentamente su pánico fue disminuyendo, pero, la sorpresa seguía latente en su corazón que sentía que empezaba a bombear tan rápido.
Terminando de leer la nota, no tardo en soltar la misma para luego irse corriendo.
Tenia que llegar a un lugar ahora.
Una esperanza.
'Es probable que cuando veas esta carta sabrás que ya no estoy aquí en el cuarto, no entres en pánico petunia, estoy bien, simplemente los niños y yo quisimos ir a mi granja.
Hace mucho no la veo. Mis cuervos me deben extrañar.
¿Crees que puedas venir aquí y traer pan?
Quiero ver nuevamente esa preciosa cara tuya que tanto extrañe, hace mucho que tampoco la veo.
En mis sueños delire con verte nuevemente, porfavor, cumple mi fantasía ;)
— P'
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A Missa realmente no le importo que los demás del pueblo lo miraran extrañados mientras exclamaban su nombre al observar como corría tan rápido y exaltado. A Missa no le importaba nada de su alrededor, ya nada importaba ahora para el.
Sentia su corazón bombeado tan rápido.
Ahora entendía porque sus niños no llegaron a casa, y en la mañana estaban tan insistentes en ir a jugar.
Siguió corriendo saliendo del pueblo para empezar a pasar por todo el sendero que daba a la granja de Philza. Por más que ahora su aire le estuviera fallando, eso no lo detuvo en seguir corriendo, ya luego se ocuparía en el dolor que le dejaría en el cuerpo por la falta de aire.
Ya una vez llego a la entrada de la granja tomo unos minutos en frenar sus pasos para poder tomar aire al sentir como un fuerte dolor se presento en el abdomen mientras cerraba los ojos, pero, a los minutos escucho graznidos de cuervo a la lejanía haciendo que nuevamente los abra alzando su mirada.
"Philza..."
Esta vez a paso calmado, una vez recompuso su aire, empezó a caminar pasando a un lado de la casa para ir a la parte trasera donde estaba el cultivo de la granja, cada que se acercaba más podia escuchar los graznidos de los cuervos más fuertes como ahora también las voces de sus niños.
— Ahora si me extrañan, cuervos desgraciados — Esa voz — Pero cuando estaba despierto hasta me ignoraban — Missa sintió como su aire se detuvo una vez percibió la voz que tanto esperaba escuchar todo este tiempo. Se escuchaba tan ronca a la última vez que la escucho, era obvio que estaría así por todo el tiempo que estuvo en reposo.
Podia sentir sus ojos cristalizarse mientras más se acercaba hasta que al fin lo tuvo en la vista. En la lejanía podía notar en el cultivo como varios cuervos volaban y graznaban animados dandole compañía a sus dos pequeños, estando ambos junto a la persona que le quito el aire a los minutos.
Philza.
Su Philza.
Tan reluciente y calmado, portando una de las ropas holgadas de Missa en el tiempo que estuvo dormido; sus facciones seguían igual como si no hubiera pasado nada, esta vez no tenia el cabello recogido por lo que estaba desordenado.
Tan entretenido estaba hablando con sus cuervos y bromeando con los niños que ni siquiera prestaba atención a que Missa lo estaba viendo a lo lejos, hasta que Chayanne se dio cuenta, el cual rápidamente empezó agitar su mano animado siendo seguido por Tallulah haciendo que ahora Philza voltee a la dirección pudiendo ahora notar al pelinegro.
Ambos adultos se quedaron viendo, uno sorprendido a punto de llorar mientras que el otro tenía una gran sonrisa en su rostro igual forma con sus ojos cristalizandose.
Un brillo tan deslumbrante estaban en ambos.
Añoranza y cariño.
Missa vio como el rubio empezó a caminar a su dirección, aunque sus pasos eran un poco lentos, parecía que todavía le dolía la herida, aun así hacia lo posible para caminar a su dirección. Por lo que, para evitarle más caminata y dolor igualmente el pelinegro empezó a caminar, apesar de hacer sus pasos más rápido habia inseguridad.
Como si tuviera miedo, miedo de que todo fuera falso.
Solo fuera una fantasía dolorosa por estarlo extrañando todo este tiempo.
Pero, no era así.
— Missa — Murmuró suavemente su nombre el rubio una vez estuvieron cerca del otro. Su gran sonrisa no disminuyó mientras miraba cada facción de su rostro, definitivamente, podia sentir como su corazón bombeaba tan fuerte de la emoción.
Missa es hermoso a los ojos de Philza.
Tanto tiempo que estuvo dormido sin poder verlo más que esa última vez del incidente, podía sentir que nuevamente caería encantado por el.
Su petunia seguía siendo la más hermosa de su jardín no importa que tanto tiempo pase.
— ¿C-Cuando despertaste?
— Desde ayer — Respondió — Los niños ya lo sabían, pero queríamos darte la sorpresa hoy — Colocó suavemente su mano en la mejilla del pelinegro limpiando esa lagrima tímida que se le escapó sin dejar de mirarse.
Eran tantas palabras que querían soltar al otro, pero solo quedaban atoradas en sus gargantas y dejando que sus miradas pudieran tratar de transmitir todo lo que querían decirse.
— Definitivamente te vez hermoso como la última vez que te vi — Su sonrisa se siguió manteniendo en su rostro mientras observaba como el pelinegro paso de una sorpresa a una suave mueca haciendo que sus ojos por si solos empezaran a lagrimear empapando sus mejillas.
No basto más minutos para que los brazos de Missa rodearan el cuerpo de Philza uniendo sus cuerpos en un fuerte abrazo que fue correspondido con la misma intensidad teniendo el cuidado de no lastimar mas su herida del abdomen. Aunque, poco le importaba al rubio si los puntos se abrían de la herida, si su recompensa era estar en los brazos de su amado luego de tanto tiempo separados, realmente le restaba importancia a ese detalle.
— E-Eres un tonto — Entre sollozos empezó hablar Missa mientras escondía su rostro en el cuello del contrario dejando que sus lágrimas se ahoguen en ese lugar.
— Lo sé — Suavemente las lágrimas en Philza bajaron mientras seguía sonriendo — Perdóname.
— N-No vuelvas hacer eso — Hipo mientras se aferraba más al abrazo — Porfavor
— No prometo nada — Murmuró mientras recargaba su mentón en el hombro contrario disfrutando de la cercanía. Estar tanto tiempo separado de su petunia, realmente le había afectado igual — Si tengo que dar mi vida para que tu vivas, ten en seguro que lo volvería hacer — Susurró en su oído, un secreto tan profundo desde su corazón hacia su amado — Tantas veces que me sean otorgadas.
Missa negó mientras seguía sollozando en el cuello de Philza, poco a poco estaba perdiendo la fuerza en sus piernas por lo que no evito en que ambos terminaran cayendo de rodillas al suelo todavia aferrando sus cuerpos a estar unidos en ese tranquilizante abrazo.
Un abrazo que demostraban el cariño y la añoranza en el otro.
Un abrazo en donde sus corazones nuevemente pudieran estar en paz.
Era inevitable no sentirse así.
— T-Te extrañe.
Philza mantuvo su sonrisa en alto mientras cerraba sus ojos dejando que sus lágrimas fluyan con tranquilidad. Eran tantos sentimientos encontrados en estos momentos, tan buenos sentimientos.
Definitivamente, Philza ama a Missa.
— También te extrañe.
El suave graznido de los cuervos se escuchó a la lejanía, mientras los niños corrían hacia ambos adultos también buscando unirse al gran abrazo en familia.
Porque es lo que eran, ¿no?
Una gran familia; tantas cosas pasaron como para que no sean considerados así.
— A-Aún asi los regañare por andarme ocultando las cosas — Suaves risas fueron la respuesta a las palabras de Missa mientras seguían enfocados en disfrutar del abrazo.
Los tonos naranjosos del cielo acompañaban el ambiente.
Un cálido sentimiento de alegría.
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Dos semanas habían pasado.
Philza nuevemente estaba integrado con el pueblo, ya podia fácilmente vagar por todo el lugar sin tener esa mala espina de que algún momento sería expulsado nuevamente.
O en lidiar de ver a esa persona que lo atormento tantos años a el y sus cuervos.
Ya no más.
Fue difícil en unos inicios por la condición de su salud, todavia la herida seguía sanando por lo que no podía hacer tanto trabajo pesado o esfuerzo como le gustaría, así que esas dos semanas se dedico en ayudar a Missa en su tienda siendo en todo momento cuidado por sus hijos y el mismo pelinegro temiendo que se volviera a lastimar.
Al rubio le daba risa lo tan dramáticos que se ponían por su salud.
— Saben — Habló mientras estaba sentado detrás de la caja registradora mirando como tanto los niños y Missa se movian de un lado a otro en la tienda limpiando — También puedo ayudar acomodar las cajas, no me voy a morir.
Missa negó mientras se acercaba hasta el rubio — Prefiero que estés ahí, a que nuevemente te llegues abrir la herida, no creas que no supe que nuevemente tuviste que ir con Cellbit a que te volviera a coser los puntos — Apretó su mejilla sacándole un quejido al contrario.
— Perdón — Hizo una ligera mueca de fingida molestia — Pero, es aburrido no poder ayudarles en algo más.
— Me estas ayudando a cobrar.
— Pero yo quiero ayudar en algo en que implique estar más cerca de ti — Suavemente tomo de la mano de Missa para poder acercarla a sus labios y dejar un suave beso en sus nudillos — Mucho más cerca que estar aquí cobrando a los clientes — Le sonrió calidamente — ¿O acaso ya no me extrañas? — Hizo una ligera mueca a los segundos haciendo que ahora Missa ruede los ojos divertido mientras una tímida rojez en sus mejillas se asomaban.
Oh, Philza ya extrañaba verlo así por el. Solo el podía ocasionar eso.
— Tonto — Acercándose más deposito un suave beso en su frente consiguiendo que el rubio sonriera nuevamente complacido — Ya pronto saldremos, no te quejes más.
Y dándole un suave apretón nuevemente a su mejilla, Missa se fue para poder seguir con su trabajo dejando a un Philza risueño mirándolo desde la caja registradora.
Por más risa que le daba, tenia que admitir que adoraba que Missa lo cuidara tan bien.
Que bendecido se sentía Philza.
— Son unos tontos — Exclamó Tallulah mientras miraba a los dos mayores.
— Y son nuestros padres — Ambos niños rieron para luego seguir trabajando en la tienda.
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Risas.
Era lo que se escuchaba en todo el lugar junto al alboroto que se hacia.
La decoración adornaba cada árbol como casa que estaba cerca del centro del pueblo.
En cada parte se podía escuchar el tan alegre ambiente que se pasaba en el festival.
Hoy era el día.
El festival para darle la bienvenida a la primavera, aunque, esta vez habia sido más pequeño a diferencia de los años pasados, aun así no quitaba la alegría que muchos sentían. Nuevamente las flores iban a nacer, como el cultivo igual forma iba hacer más abundante que otros meses por lo que iba hacer una prosperidad para varios granjeros.
Los meses difíciles habían quedado atrás.
Este nuevo comienzo en primavera iba hacer un cambio tan grande para muchos.
Para Philza, fue el que más se sorprendió de los cambios que fue notando con los días, nuevemente podía respirar un aire tan calmado en el pueblo. Ya no habia más miradas juzgandolo ni siquiera había rumores por los cuales enterarse que hacían sobre el, por el contrario hasta habia sido recibido con alegría; fue un cambio tan drástico en su rutina.
Siete años sintiendo un martirio y soportando tan malos tratos, era un cambio tan significativo lo que estaba teniendo.
Sus cuervos nuevemente podían vagar por todo el pueblo en el día y para en la noche volver a la granja a descansar.
Nunca imagino que algo así pasaría.
Y todo gracias a Missa.
Su Missa.
Nuevamente podia estar en el pueblo. En su pueblo donde habia crecido cuando era más joven y crió los primeros meses a Tallulah antes de irse.
Al final, si se cumplió lo que el quería, volver al pueblo una vez la situación se haya solucionado.
Missa había logrado algo que el no pudo hacer en su tiempo.
Que alegría.
— ¿Quien lo diría, no? — Con pasos decididos era como estaban caminando tanto Fit como Philza por todo el centro del pueblo saludando a cada que se topaban algunos vecinos — Luego de siete años de ser la oveja negra de varios a estar nuevamente al mando para el pueblo, es algo inimaginable, alcalde.
Philza rodó los ojos divertido — Te dije que no me llamaras así.
— Has ayudado a muchos, Phil, eso te hace un alcalde, ¿no? — Le dió un codazo amistoso haciendo reír al rubio — ¿Y dígame, me va a dar mis vacaciones, o tendre que ir a trabajar en su granja hasta en mis fines de semana? — Philza bufó burlon mientras Fit mantenia una sonrisa divertida.
— Si sigues así hasta te quitare tus vacaciones del próximo año, granjero — Fit exclamó con fingida molestia haciendo reír más al rubio mientras seguían caminando.
A pesar de que a Philza no le gustaba que lo llamaran así realmente no se quejaba, aún asi se sentía extrañado. Tanto tiempo que ya no fue nombrado así no era algo de lo que fácilmente se iba acostumbrar, si antes se le hacia raro ahora con lo que paso en estos años iba hacer más complicado.
Hasta en su momento iba a negar en nuevemente tomar el mando del pueblo una vez que hicieron la convocatoria antes de primavera, pero, ante la insistencia de sus amigos como conocidos y principalmente de la única persona que puede mandar sobre él, Missa, no le quedo más remedio que aceptar nuevemente el titulo.
Esta vez haría que el pueblo crezca sin mentiras ni falsas esperanzas para nuevamente volver a restaurar todo lo perdido.
Ya nada iba a hacer como antes. Todo iría para mejor.
Mientras más caminaba por el centro de pueblo y saludaba a todo aquel que se acercaba a dar su felicitación por ser el nuevo alcalde, a la lejanía, Philza lo pudo ver. Aunque, ya lo había visto en la mañana al momento de despertar como igual forma mientras se estaban alistando, no iba a negar que aún asi su corazón latía con tanta fuerza como si fuera la primera vez que lo veía.
Missa.
Tan animado y risueño entregando postres y galletas junto con ambos niños mientras charlaba con algunos pueblerinos. Deslumbraba tan radiante con los rayos del sol pegando en su rostro apesar de que el gorro de paca trataba de impedirlo.
Era como ver algo tan prohibido y subreal. Una obra de pintura hecha especialmente para ser apreciada. Oh, Philza realmente es afortunado.
"¿Será el momento?"
Philza tocó por encima de la bolsa de pantalón donde estaba una pequeña caja escondida en los mismos.
— Fit — Llamó a su amigo una vez que estuvieron nuevamente solo ellos dos, ocasionando que el mencionado voltee a verlo esperando alguna petición — ¿Crees que me puedas ayudar en una última cosa?
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— ¿No deberíamos quedarnos hasta el final del festival, alcalde? — Bromeó Missa con suaves risas mientras seguía con pasos decididos a Philza que lo guiaba con sus manos entrelazadas por todo el sendero hasta su lugar secreto.
El unico lugar que solos ellos y sus hijos sabia donde quedaba.
— Tengo otros asuntos que resolver contigo — Le siguió la broma igual con una sonrisa burlona — Aparte, Fit puede cubrirme — Seguían caminando por todo el sendero hasta por fin llegar a su lugar de destino.
El bonito paraíso donde fue su primera salida. Ese día donde Missa junto con Chayanne se perdieron tratando de buscar la granja de Philza.
Ese precioso día de descanso para ambos donde sus corazon se entregaron tímidamente al otro.
Ahora estaba rodeado de preciosas flores. La primavera estaba haciendo sus milagros.
— ¿Qué hacemos aquí? — Cuestionó una vez Philza soltó su mano y solo quedaron en verse ambos con una gran sonrisa estando en sus rostros. Missa estando con una curiosidad creciendo en su cuerpo, mientras el rubio sentia como ls nervios empezaban a subir haciendo sudar frio.
"Tu puedes"
Dándose ánimos a si mismo, Philza soltando un suspiro se acerco más a Missa para tomar nuevamente de sus manos con tanta suavidad como si tuviera el miedo de dañarlo o hacerle entrar en pánico. El pelinegro simplemente mantuvo su sonrisa con un ceño fruncido haciendo notar todavía su confusión.
— Philza
— Tu me dijiste — Murmuró suavemente haciendo que las palabras del contrario queden atascadas en su garganta — Qué te confesara esto cuando la situación ya no nos atormetara más, y creo, que ya es el momento de hacerlo, ¿no? — El rubio sonrió tímidamente mientras Missa cambio su expresión a una de sorpresa. Ya estaba empezando a cuadrar a donde estaba yendo la situación, sus mejillas suavemente empezaron a tornarse de un suave rosa — Missa — Tomando aire y exhalando a los segundos volvió hablar — Yo te amo — Apretó suavemente sus manos tratando de buscar alguna fuerza para poder seguir. Era tonto ponerse así, cuando tantas veces le decía cosas dulces para hacerle sonrojar, pero, esta vez se sentia tan distinto, tan íntimo — Te ame desde el primer momento que nos topamos hasta el día de hoy lo sigo haciendo, no se como lo hiciste, no se que me hiciste a mi para que yo caiga rendido a ti, pero porfavor, sigue haciendo — Tragó saliva antes de continuar — Sigue ocasionando que caiga a ti, que solo sea un imbecil por ti, porque es lo que soy, un tonto que haría lo que sea por ti.
— P-Philza
— Por eso — Y ahora con la sorpresa deslumbrado en sus ojos, Missa observó como el rubio se arrodillada delante suyo separando una de sus manos del agarre para buscar en los bolsillo de su pantalón donde dejo a relucir la pequeña caja que escondía consigo. Como pudo la abrió dejando a relucir un pequeño anillo que hacia en conjunto con su collar, la misma piedra amatista — ¿Puedo ser tu compañero de vida? — Propuso extendiendo su mano donde sostenía la caja hacia el pelinegro, una sonrisa tímida pero confiada en lo que hacia — Tu único compañero de vida el cual velara tanto en vida como en muerte tu bienestar, ¿me lo permitirías?
Silencio.
Solo la suave brisa del aire se escuchaba golpeando con las hojas verdes de los arboles, mientras tímidamente las flores bailaban por el lugar.
Missa, que quedo expectante de la sorpresa por lo ocurrido lentamente se fue formando una gran sonrisa en sus labios mientras sentía como sus ojos se cristalizaban.
Oh, vida cruel y amorosa, solo haciendo lo que sabe hacer, juntando a dos corazón heridos para sanar mutuamente.
El rubio solo siguió esperando alguna respuesta ante su propuesta teniendo el pánico de talvez ser rechazado por el contrario al no recibir alguna palabra; algo que claramente no iba a pasar al observar como Missa se arrodillaba para estar igual a su altura mientras con una de sus manos tomaba el pequeño anillo de la caja para ponerlo en donde debería ir. El dedo anular que conectaba al corazón.
Missa se quedo viéndolo con una cálida sonrisa haciendo relucir más sus mejillas tan rojas por la emoción.
— Solo, si prometes que seguirás siendo el mismo tonto que conocí.
Una gran sonrisa apareció en el rostro de Philza y sin evitarlo más se abalzando hacia el contrario para rodearlo con sus brazos siendo correspondido igual forma haciendo que ahora terminen cayendo al suelo mientras soltaban varias risas divertidas.
Una promesa sellada ante la primavera.
Sus corazones porfin pudieron sanar las heridas del pasado, para poder disfrutar del presente que se les acercaba.
Solo un simple granjero encantado con su flor.
Unos simples tontos.
Es lo que eran.
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— Papá — Exclamó Chayanne mientras limpiaba el sudor de su frente con su antebrazo una vez había quitado gran parte de la hierba mala — ¿Por qué estamos haciendo esto?
— Porque habíamos prometido a tu hermana ayudarla ampliar su nuevo jardín — Respondió el rubio mientras se daba aire con su sombrero para tratar de bajar el calor.
— Pero, ya tiene muchas flores.
— Lo sé, pero recuerda que a ella le encanta tener más, campeón — Ambos rieron mientras volvían a retomar su tarea de quitar la faltante de hierba mala que todavía estaba.
Hoy el día estaba soleado. No habia una sola nube en el cielo, por lo que estaba despejado dejando que el sol desmunbre con sus rayos haciendo que el calor sea insoportable.
Hoy no habia día de trabajo para el pueblo, es un día de descanso, por lo que quisieron aprovechar para pasar tiempo en familia.
Tiempo de familia en su granja.
Si, la granja familiar.
Philza consiguió cambiar el propietario haciendo que ahora tanto Missa y el sean dueños de la granja, haciendo que por resultado igual sus hijos sean propietarios cuando la lleguen heredar.
Y no solo es lo único que cambio de propietario, varias cosas que eran de Philza ahora terminaron siendo igual de Missa.
Lo que es suyo obvio se lo dará a el. Es justo.
— ¡Listo! — Exclamaron al unísono ambos mientras porfin se sentaban frente al gran arbol viejo de la granja. Apesar de que poco a poco estaba perdiendo vida, aun asi seguía dando lo que podía de hojas verdes, por lo que todavía estaba una agradable sombra en la cual descansar.
Philza estaba apunto de cerrar sus ojos para relajarse hasta que noto como a la lejanía se acercaban Missa y su hija hasta ellos con vasos de jugo, sonrió enternecido ante tal gesto.
Una familia.
— ¿Trabajando duro? — Cuestiono el pelinegro una vez llegaron con ellos mientras le pasaba el vaso a Philza para que pudiera refrescarse, algo que no desaprovecho el mencionado, realmente había quedado agotado.
— Todo sea por la princesa — Murmuró mirando a su hija que le daba una sonrisa contenta mientras proseguia en seguir charlando con su hermano Chayanne — ¿Y ya tienen las flores que van a poner? — Missa asintió mientras proseguia a sentarse a un lado suyo una vez los niños decidieron irse para alimentar a los cuervos.
— Si, eligió flores muy bonitas — Respondió — Aunque si fue un caos porque no encontrábamos las semillas que ella quería y no las tenia en mi tienda — Rasco su nuca soltando una risa nerviosa mientras Philza carcajeo divertido, ya se imaginaba la escena.
— ¿Y que flores eran?
Missa ladeo la cabeza todavía manteniendo una sonrisa en sus labios, aunque esta vez era una sonrisa incrédula — Petunias — Ahora Philza comprendió el caos que paso — Por suerte, todavia tenian en tu almacén.
— Es que esas son únicas — Explicó — Son una flor que nada más se puede conseguir con un milagro de la primavera — A medida que más explicaba un brillo tan peculiar estaba en los ojos de Philza sin dejar de mirar a Missa.
Admiración.
Cariño.
Un brillo que claramente Missa noto por lo que no evito sentir sus mejillas enrojecer mientras rodaba los ojos divertido.
— A este punto, no se si lo que me dices es enserio o otro de tus coqueteos — Le dio un ligero golpe haciendo reír a Philza.
— Lo digo enserio — Tomó suavemente de la mano de Missa donde estaba colocado el precioso anillo que le regalo para darle un suave beso — Solo las petunias crecen en los lugares que menos te los esperas, como si fueran un milagro que te anuncia qué habrá luz luego del desastre — El pelinegro solo sintió sus mejillas ponerse más rojas, pero en ningún momento su sonrisa disminuyó.
— Tonto
— Lo se, por ti — Guiño un ojo sin disminuir su sonrisa decidida y coqueta — Siempre lo estaré.
Dos corazón heridos habían sanado, encontrando porfin su hogar.
Un dicho tan común se fue formando con el tiempo.
Del árbol más viejo de la granja nació una bella flor de petunia. La flor más apreciada del jardín.
Y Philza, fue el granjero más afortunado de poder descubrir esa preciosa flor en su granja.
Crown of petunias
Chapter 20: Agradecimientos
Notes:
(See the end of the chapter for notes.)
Chapter Text
¡Muchas gracias!
Los quiero mucho
Notes:
Soy muy malo con las palabras, pero, enserio agradezco a a todos ustedes por leer mi historia y que hasta me confiesen que la vuelven a leer tantas veces, me alegra mucho saberlo, solo hacen que tenga más ganas de escribir para darles más contenido de calidad del deathduo.
En serio, desde mi corazón, muchas gracias, no es todo lo que verán de mi
¡Tengo más para ofrecerles, y estén atentos a eso!
Chapter 21: Garden
Notes:
Especial para este día de navidad, un capitulo el cual probablemente te quedaste con la intriga de como pasaron las cosas.
Como fue el momento en que CoP!Philza conoció a CoP!MissaFelices fiestas y espero que hayan tenido una muy feliz navidad
Recuerden que los quiero mucho y me alegra saber que les encanta como escribo
Recuerda, no es un adiós, es un hasta pronto, todavía tengo muchas cosas que ofrecerte!
Mantente atento!
Chapter Text
Furioso.
Era como se encontraba el rubio mientras caminaba alejándose de la granja del alcalde.
Cada paso que daba se sentía tan pesado y lleno de coraje. Igual su expresión tampoco ayudaba a que su porte sea tan relajado, aparte no había alguna razón por la cual sentirse relajado en estos momentos, no luego de recibir tan ofensa a su persona.
“Lo siento, pero, así son las cuestiones. O haces las cosas como yo digo, o ve diciendo adiós a venir nuevamente al pueblo junto con tu hija”
Bufó.
“Total, todo por lo un día trabajaste murió en las llamas”
Gruño mientras recordaba las palabras tan llenas de burla que le había dicho el alcalde a él. No entendía cómo una persona puede tener tanto odio en su cuerpo, pero con el lo puede confirmar que sí existen.
“Que porquería”
Fue caminando por todo el pueblo para poder llegar al sendero que da camino a su granja para poder irse de aquí. Realmente no quería seguir viviendo aquí, a parte de tener que aguantar los malos tratos del alcalde todavía tenía que morderse la lengua ante las miradas y murmullos de los pueblerinos que lo miraban mientras pasaba de largo.
No es sorpresa de nadie; Philza es la oveja negra de todo el pueblo. Cada rumor, cada historia, cada chisme que lo involucra a él siempre era señalado como el ser más detestable que algún momento te puedes cruzar.
Philza, un ser lleno de odio, desprecio y egoísta, el cual haría lo que sea para poder arruinar tus cultivos con sus cuervos. Si te cruzas con él o llegas a querer ser cercano él te arrebata todo dejándote como un ser miserable. Claro, eso era lo que decían los rumores, habían incluso unos más fuertes que otros, o hasta esos que ya involucran actos totalmente estúpidos los cuales Philza sólo le daban risa.
Era obvio que Philza no era así, pero luego ya para casi siete años en que el alcalde cambió toda la historia a su conveniencia, ya realmente no pudo hacer mucho para que dejaran de señalar así su persona.
Solo le quedó soportar el maltrato de todos en el pueblo.
Una desgracia.
— ¡Hey, Phil! — Abruptamente detuvo sus pasos una vez sintió como una mano conocida se posaba en su hombro. Volteando de reojo noto que se trataba de Fit, su gran amigo y mano derecha del pueblo. Una de las pocas personas la cual no lo trataban mal y seguía apoyándolo incondicionalmente — ¿A donde tan enojado, amigo? Realmente estás echando humo por los oídos, eh.
Philza sonrió levemente haciendo que un poco de la amargura se quitará, pero no del todo — Ya sabes, el alcalde — Fit asintió comprendiendo ahora su emoción.
— Parece que nunca te puede dejar en paz aunque ya no estés viviendo aquí — Philza suspiro haciendo que Fit le de un apretón en su hombro amistoso.
— Ni que lo digas — Nuevamente una mueca apareció en su rostro — A este paso realmente ya no suena mala idea irse por definitivo del pueblo.
— Philza — Le recriminó.
— Esta vez habló en serio, Fit, creo que lo mejor sería que yo me vaya junto con mi hija de aquí por definitivo — Suspiro mientras se cruzaba de brazos algo decaído — La verdad no siento que sería lo mejor para ella en seguir aquí.
— ¿Y ya hablaste con ella? — Philza asintió — ¿Y cómo se lo tomó?
— Para nada bien — Río amargo mientras desviaba la mirada — Se lo dije esta mañana, antes de venir con el alcalde debido a que ya estoy harto de todo esté estupido juego, y la verdad no se lo tomó tan bien, creo que todavía sigue molesta.
— Es entendible, aquí tiene a varios de sus amigos, obvio no querrá irse de aquí como si nada
— Pero, no veo algo bueno en que yo siga aquí junto con ella, tampoco es que yo me quiera ir, para nada — Explicó mientras cada vez su mueca aumentaba hasta tener un ceño fruncido — Pero ese hijo de perra tampoco ayuda a que las cosas estén en paz, por lo que a falta de opciones mejor me largo de aquí — Ahora Fit suspiro mientras negaba.
Realmente no había nada que pueda hacer Philza. Ya había aguantado mucho para seguir aquí.
— Si es la decisión que quieres tomar, te apoyaré amigo — Philza volvió a ver al contrario para darle una sonrisa llena de angustia. Al menos sabía que todavía podía contar con alguien.
— Gracias — Ahora fue el rubio que colocó una mano en el hombro de su amigo para igual darle un apretón amistoso — Me tengo que ir — Fit asintió comprendiendo — No creo que quiera seguir aquí con la mirada puesta encima — Señaló de reojo a algunos pueblerinos que pasaban a su lado que los miraban juzagadoramente.
Fit rió — Nos vemos, amigo, igual antes de irte trae a Tallulah para que se despida de todos.
Una última despedida se dio antes de que Philza nuevamente tomara la decisión de retomar su camino para poder irse a su granja de una vez. A pesar de que hablar con su amigo Fit le haya bajado los humos, solo fue momentáneamente, seguía enfadado.
Tan solo recordar esa discusión y como más anteriores habían pasado hizo que apretara los puños del enojo y su semblante nuevamente fuera serio, fastidio.
Efectivamente, se iba a ir de aquí, de una vez por todas. Aunque eso sea cumplir el capricho del alcalde, prefería mejor eso a seguir soportando más días en que lo sigan atormentando así.
Era tanto el coraje que sentía todavía corriendo en su cuerpo, que ya solo estaba caminando en automático recordando el recorrido que tenía que hacer para llegar al sendero mientras seguía haciendo corajes en su mente por lo que pasó en la mañana.
Estaba tan inmerso en su rabieta que ni siquiera prestaba atención a su entorno.
No tenía necesidad de hacerlo.
Pero, creo que esta vez Philza se iba a arrepentir, o tal vez, darle una última esperanza.
Un último milagro para su desastrosa vida.
Fue tan rápido lo que sucedió, con eso Philza dejó de estar con el coraje en su cuerpo, por estar así no pudo ver a la persona frente suya caminando animado que iba junto con un niño ofreciendo galletas a cada pueblerino que se topaba.
Un golpe duró, ambos cuerpos se tambalean perdiendo el equilibrio; por suerte Philza cayó atrás evitando caer todavía encima a la persona con la que chocó. Ambos soltaron un quejido por el golpe que se dieron.
Philza cerró los ojos mientras tenía todavía su ceño fruncido, deseaba por todo que no fuera uno de esos pueblerinos que hablaban mal de él, ya tenía suficiente con el pésimo día en la mañana.
Vaya sorpresa que se llevó.
— Lo siento mucho — El suave murmullo. Como si fuera una brisa cálida de la primavera, tan suave y tranquila — Espero que no te hayas lastimado — Philza abrió los ojos para alzar la mirada haciendo que todo el aire se le fuera a los minutos y su mirada quedará en sorpresa.
Esa cara. Nunca la había visto por aquí.
Tan bello y majestuoso, era como se veía en los ojos de Philza aquel hombre que estaba frente suyo.
Ese largo cabello negro, su piel tan bronceada y esos ojos preciosos amatistas mirándolo con pena mientras en su rostro tenia esa gran sonrisa llena de sinceridad y nada de hipocresía como varias qué habia visto estos años.
Oh, ahora Philza quería que la tierra se lo tragara.
Acaba de chocar con ese ser tan divino.
Qué vergüenza.
Y ahora al ver como alzo esa mano hacia él, para ofrecerle ayuda en levantarlo podía sentir más sus nervios en la cuerpo.
— N-No — Tragó saliva para aclarar su garganta al ver como quería salirle extraña la voz — No te preocupes, i-igual fue culpa mía — Correspondió de su mano para seguidamente levantarse con su ayuda y ahora quedar ambos viéndose. Ahora si Philza pudo notar un nuevo detalle de ese hombre, era más alta que él.
Ahora sentía sus mejillas tan rojas tanto de vergüenza como de impresión.
El rubio tosió al sentir que tal vez estaba incomodando al pelinegro por no decir nada más y solo ver como ladeo su cabeza curioso.
— Y-Yo espero que tu estés bien.
— No te preocupes, estoy bien, aunque si me sacaste un susto — Río suavemente haciendo que Philza quede más embobado viéndolo — Me alegra que igual estés bien, espero que tengas ahora un buen día — Ahora Philza noto al pequeño niño que estaba con ellos al momento que el pelinegro se giró para verlo. Mismo niño el cual lo miraba de forma acusadora ante lo sucedido, el rubio le sonrió nervioso saludándolo para nuevamente dirigir su atención al otro hombre una vez vió como le dió una pequeña bolsa de galletas. En el pequeño papelito que estaba enredado en la bolsa decía las palabras: “Tienda perrona”, ahora Philza quedo con duda — Toma, espero que nos puedas visitar, eh.
— C-Claro — Tan solo fueron esas palabras que soltó y como el pelinegro agitaba su mano despidiéndose de él es donde ya la conversación terminó.
El pelinegro pasó al lado del rubio de manera tranquila siendo seguido por el pequeño niño que seguía viendo acusadoramente a Philza por lo sucedido. Por el contrario en su caso, simplemente se giró para ver cómo se iba del lugar entregando a uno que otro vecino sus respectivas galletas.
El rubio ahora bajo su mirada a su mano notando todavía la bolsa de galletas que tenía consigo viendo ese dichoso nombre.
“Tienda perrona, interesante”
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— ¡No me voy a ir papá! — Exclamó con molestia la pequeña mientras se sentaba en el sillón cruzándose de brazos y cerrando sus ojos indignada — Si quieres puedes irte tú, pero, yo aquí me quedo en la granja, no me puedes alejar de mis seres queridos — Explicó — Así que, si quieres que vaya contigo, tendrás que convencerme.
Apenas Philza había llegado a su granja fue recibido por su niña la cual no tardó mucho en tan solo verlo empezar a reclamar por la plática que habían tenido en la mañana ambos. Debido a que todavía ella seguía en mente de que se iban a ir del pueblo.
Sorpresa se llevaría que Philza ahora estaba dudando.
Tallulah solo quedó viendo a su padre de manera juzgadora hasta que curiosamente ladeo la cabeza al notar como se sentó a un lado suyo con una mirada algo perdida mientras seguía sosteniendo en sus manos la bolsa de galletas.
“Okey, eso es extraño”
Pensó la pequeña sin dejar de ver a su papá. Era un cambio drástico, en la mañana se veía decidido y hasta molesto, pero ahora, lo notaba tan aislado de todo.
— ¿Papá? — Lo llamó — ¿Está todo bien? — Preguntó suavemente dejando de cruzar sus brazos para tocar de su hombro viendo como a los minutos volteaba a verla todavía algo perdido — ¿Papá?
— Creó — Murmuró — Creó que tienes razón — Le dió una leve sonrisa todavía la confusión de sus ojos se podía notar — No deberíamos irnos de aquí todavía.
Ese día Tallulah durmió confundida por lo que acababa de pasar.
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Era un nuevo día.
Philza caminaba nervioso mientras trataba de acomodar su gorro de vez en cuando tratando de evitar algunas miradas inoportunas que seguían murmurando cosas de él. Ni siquiera quería prestar atención a eso en estos momentos, ahora estaba enfocado en algo más importante.
Ir a esa tienda.
Luego de haberle comentado a su hija lo que pasó el día de ayer, ella no evitó emocionarse mientras proseguía a encargarle algunas cosas que buscará en ese dichoso lugar, y él como buen padre que es, claro que cumpliría el capricho de su hija amada.
Aparte, quería verlo.
Ver a ese hombre del día de ayer.
Ni siquiera su nombre sabía, pero Philza se sentía desesperado por verlo otra vez. Algo en él necesitaba verlo, no sabia porque, pero estaba ansioso por querer nuevamente ver ese rostro.
Ni la noche pudo dormir por estar desvelado pensando en ese momento.
Ese momento tan fugaz.
Hacia su estómago hormiguear. Probablemente se iba a enfermar.
Mientras más cerca llegaba al destino podía notar como algunos pueblerinos entraban y salían del lugar emocionados, solo eso hizo que su corazón empezara a latir con fuerza y una duda creciera en su interior.
“¿Realmente es tan buena la tienda?”
Se preguntaba mentalmente una vez llegó al lugar y pasaba de largo algunos pueblerinos que no evitaron verlo extrañado ante el hecho de que se encuentre en ese lugar. Sabía que tenía la fama de no necesitar nada del pueblo porque él se encargó de proveer todo en su granja para que a su hija no le faltara nada, pero, realmente necesitaba venir a la tienda.
Era una necesidad que no entendía dónde venía.
Se sentía extraño.
“¿Cómo es que Fit no me contó de que iban abrir esta tienda?”
El suave sonido de la campana resonó en el lugar una vez Philza entró y le daba el paso a la otra persona que iba de salida. Una vez la puerta se cerró a su espalda podía observar detenidamente todo el interior de la tienda.
Era algo espaciosa y extrañamente se sentía hogareña. A pesar de que no contaba con los suficientes suministros, parecía que la gente quedaba encantada con lo que ofrecía para vender.
O, tal vez era el vendedor.
– ¡Espero disfrute de su compra! — La voz. Philza volteo de inmediato a donde se había transmitido ese bello acento topándose a la lejanía, específicamente en la caja, a ese hombre que impidió que pudiera conciliar el sueño. Se miraba tan radiante como ayer, hasta podría decir que más.
Qué delito debe ser la existencia de ese hombre que esté en el pueblo. Parecía irreal.
Tragó saliva mientras caminaba por inercia en el pasillo para empezar a dirigirse a donde estaba.
Ya su cuerpo reaccionaba por voluntad propia. ¿Qué diablos le pasaba a Philza?
No sabía.
— ¡Buenos días! — Exclamó con alegría el pelinegro una vez el rubio se acercó hasta donde estaba — ¿Buscabas algo en especial? — Pero, no hubo respuesta del contrario. El oji-morado ladeo la cabeza con una sonrisa mostrando su duda ante la clara reacción pérdida de su contrario— ¿Pasa algo? — Cuestionó. Nuevamente sin respuesta — ¿Hola? — Volviendo a preguntar esta vez agito su mano frente a él haciendo que Philza dejará de estar en trance y lo mirara ahora con vergüenza.
Pero tampoco quería saberlo.
— Y-Yo — Tosió tratando de componer su voz haciendo que su contrario riera — Yo estaba buscando semillas de flores
— Oh — Murmuró — Por el momento tengo hortensias y gardenias, ¿está bien? — Philza asintió a los segundos — ¿Cuál de esas dos quieres?
— Me podrías dar una bolsa de ambas — Vió como el pelinegro asintió con una sonrisa mientras se iba de la caja registradora para poder buscar las dichosas bolsas de semilla.
En todo momento Philza no apartó la mirada de él hasta que sintió que alguien no le quito la mirada de encima por lo que volteando de reojo para ver de quien se trataba noto cómo era ese pequeño niño que lo seguía mirándolo de forma juzgadora como ayer.
El rubio sonrió mientras alzaba la mano en forma de saludo consiguiendo que a los minutos el niño igual lo saludara sin disminuir en ningún momento su mirada.
Era la misma mirada que le daba su hija cuando él hacía algo malo. Río suavemente una vez que el niño desviara la mirada para atender a una persona que le habló.
— Aquí está — Philza giró su rostro volviendo a tener a la vista el dichoso pelinegro extendiendo le las dos bolsas de semilla — Deseas algo más.
— Saber tu nombre — Murmuró en alto consiguiendo que el contrario se riera por lo tan imprevisto que fue eso consiguiendo que el rubio sintiera sus mejillas ponerse rojas. No lo dijo en su mente — N-No, digo, si seria todo lo que estoy buscando — Río nervioso haciendo que el contrario solo riera por lo tonto que se veía. Philza sentía como quería que nuevamente la tierra se lo comiera ya.
“¿Por qué actuó como idiota? ¿Qué me está pasando?”
Por lo menos, el rubio agradeció que su contrario no lo viera extraño, aun así sentía que quería morirse de la vergüenza ahora. Pagando la cantidad que era por las bolsas, Philza iba a tomar el camino de dar la vuelta e irse para dejar de pasar pena con ese hombre.
— Missa — Detuvo su acción para voltear a verlo. Esa preciosa sonrisa adornando su rostro. Qué pecado — Ese es mi nombre.
El rubio sonrió cálidamente sintiendo su corazón bombear tan calmado — Philza — Respondió — Ten un buen día.
— Igualmente.
Bueno, ahora el rubio entendía porque algunos pueblerinos estaban emocionados por ir a la nueva tienda.
Los entendía perfectamente.
Y él actuando como imbécil. Qué vergüenza sentía.
-------
Philza iba caminando de regreso a su granja mientras tenía en sus manos las dichosas bolsas de semillas.
Una gran sonrisa adornaba su rostro mientras sentía su corazón bombear tan emocionado.
Todavía tenía tan presente esa preciosa sonrisa como esa singular belleza vista de ese hombre. Parecía un imbécil estar así, pero es que era imposible no ponerse en ese estado.
Si quedo atontado.
“¿Se verá raro si trato de ir todos los días a buscar algo a su tienda, aunque no lo necesite?”
Cuestionó mentalmente.
“Ojalá no me mire extraño”
Tan sumergido estaba en sus pensamientos que no captó al momento que su amigo, Fit, lo llamaba a la lejanía hasta que por fin lo detuvo poniéndose frente a él consiguiendo que Philza frene de golpe su caminar y lo mire todavía embobado.
— ¡Amigo! — Exclamó con duda y una sonrisa al verlo tan contento — Te estoy hablando desde hace rato
— Oh, lo siento Fit, tan sumergido que estaba en mis pensamientos que no me di cuenta — Respondió mientras soltaba una risa nerviosa.
— Si lo note — Murmuró mientras ladeaba la cabeza con duda — ¿Y eso que andes tan sonriente?
— ¿No puedo?
— Si puedes, pero, verte así es muy raro viniendo de ti — Se cruzó de brazos frunciendo su ceño — Y más por lo que hablamos ayer.
— Bueno, digamos que fui a conocer la nueva tienda del pueblo — Respondió — Cosa que no me dijiste que abrirían una.
Elevó los hombros inocente — En mi defensa, te iba a decir ayer, pero lo tan enojado que estabas y diciendo que te irías ya del pueblo bien decidido, fue difícil decirte esa noticia — Explicó consiguiendo que ahora el rubio guardará sus palabras, sabiendo que tenía razón en cada una de ellas. Pero, aun así Fit quedó extrañado, ver a Philza todavía tratando de mantener esa sonrisa boba en su rostro y teniendo sus mejillas rojas, era raro verlo así.
— Pues al menos me pude enterar a mi forma de esa tienda.
Fit asintió aunque no del todo convencido, todavía había duda en su rostro, y más por ver a Philza tan embobado.
Era como si hubiera visto algo que llamó su atención.
O más bien, alguien.
— Hey, Phil — Nuevamente habló dudando algo en sus palabras mientras el rubio solo lo miraba — ¿Al final si te vas a ir? — Cuestionó. Tenía que sacarse esa duda en su mente, ver a Philza tan feliz no era normal, y menos si ya le había dicho ayer el plan que tenía de irse de aquí.
No era para que esté tan alegre.
¿Qué vió en esa tienda?
El rubio desvió la mirada manteniendo en todo momento esa cálida sonrisa y sus mejillas cada momento tornaban a ponerse más rojas. Fue inevitable, la imagen del pelinegro, Missa, vino a su mente haciendo que se sintiera más estúpido de lo normal. Su corazón bombeaba tan tranquilo.
— Creó que no…— Definitivamente Fit quedó más confundido.
¿Qué pasó?
-------
Su pequeña exclamó emocionada una vez recibió las semillas de flores para su pequeño jardín que estaba empezando, agradeciendo a su papá las tomó con sus manos para irse corriendo al cultivo para dar inicio a su plan.
Dejando a su padre todavía risueño sentado en el sillón pensando en lo que había pasado.
Soltó una suave risa emocionado mientras negaba.
Era un tonto definitivamente.
— Espero que no le incomode que vaya todos los días…— Murmuró suavemente para si mismo mientras cerraba los ojos dejándose llevar por el sentimiento mientras seguía pensando tan vivido el momento que pasó al lado de él.
También tan fugaz, pero, al menos ya sabía su nombre.
Tal vez, ya no serían tan fugaces sus encuentros. Y de eso Philza se iba a encargar.
Ahora tenía un nuevo plan en mente.
Y esta vez, no era sobre irse del pueblo.
Claro que no.

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